No somos tan buenos

4 marzo 2019

Ya dijimos hace tiempo que tampoco éramos tan listos, y que en realidad te insultaba quien no te llamase tonto. Pues resulta que buenos, tampoco somos.

Este post surge del debate con unos amigos tuitero sobre educar vs. legislar, un tema frecuente.

Creo que se sobrevalora el poder de la palabra y el argumento, del discurso racional y de la influencia de la formación sobre el carácter de los individuos.

Nada me gustaría más, creedme. Soy profesor, divulgador, escritor, conferenciante, nada me haría más feliz que creer en lo poderoso que soy en todas esas facetas, pero no es así.

No somos seres racionales y nuestras decisiones están influidas por múltiples factores genéticos, culturales, afectivos, la situación actual, tu salud o simplemente el estado físico en el que estés (cansado, con hambre, etc.)

Por lo tanto, variar una creencia, opinión o idea por medio de la palabra o pruebas más o menos empíricas, es algo muy optimista, cuando la mayoría de ellas ni se “eligieron” ni se mantienen por argumentos racionales.

Es cierto que hay personas y momentos en los que uno está “maduro” para un cambio y hay un disparador que puede ser una conferencia, una lectura, una cita… pero atribuir todo el mérito a eso es culpar del desbordamiento del vaso a la última gota que lo colmó.

Dos factores “extra-racionales” de gran fuerza en nuestra conducta son el miedo y el egoísmo, con sus interacciones, ramificaciones y derivadas.

Fíjate que no hablo de maldad en el sentido de procurar y solazarse en el dolor ajeno. Hablo de quien no te deseará ningún mal de primeras, pero elegirá tu dolor frente a una molestia suya o un leve beneficio.

Supongo que soy el único que ha visto caer muy cacareados “principios” a la mínima de cambio, cuando su mantenimiento ocasionaba el mínimo coste, o el peligro de tenerlo. En el trabajo, en la familia…

No somos tan buenos como nos gusta pensar, (tampoco tan malos, en general). Somos más como un adolescente indolente, que no le preocupa mucho de entrada lo que no le afecta directamente y peca un poco de hedonista.

El problema en estas cosas es que esa indolencia y despreocupación acumulada acaba produciendo maldad. Como la tolerancia a la enorme pobreza severa que vivimos en lo local y en lo global.

Vean las noticias y descubrirán muchos problemas que escalan o que se mantienen simplemente porque no están en la agenda política y no olvidemos que no están allí porque ocuparse de ellos o ignorarlos no tiene un coste electoral, esto es, porque a la ciudadanía no nos importa. Al menos, no lo suficiente.

A los educadores nos preocupa, nos ocupa, nos desespera y nos aterra el asunto de enseñar el Bien, y no sabemos ni siquiera si está en nuestra mano, por mucho que lo intentemos. Os lo contaba aquí.

A veces se piensa que lo hemos conseguido cuando les hemos mostrado que debían ocuparse del problema porque también era suyo, o porque les podría afectar en el futuro, pero eso, pensadlo, es una forma de egoísmo más inteligente que comprende lo que puede interesarle.

No es solidaridad cuando te ocupas de lo “tuyo”, solidaridad es cuando te ocupas de lo del otro por consideración a él, más allá de te afecte.

Si aún no estáis convencidos os animo a que participéis en alguno de los actos de El día internacional para la erradicación de la pobreza. Una causa justa, no politizada y que causa mucho dolor a mucha gente. Bien, pues no va ni Dios.

Por esto, y por lo que decíamos antes de los principios, suele decirse que si quieres saber si alguien es una buena persona observes cómo trata a aquellos a quienes no tiene la obligación de tratar bien, ni va a obtener beneficio de hacerlo.

Como no somos tan buenos, hemos llegado al Contrato social (en aquellos lugares donde tenemos la suerte de tener sociedades más o menos estables). Hemos cedido el monopolio de la fuerza al estado para que yo no tenga que partirte la cara cuando me rayes el coche, o tenga que amenazarte con una pistola para que me pagues lo que me debes. Estamos un poco más civilizados y tenemos un estado de derecho y sus mecanismos. Pero no debemos olvidar que detrás de eso, dándole autoridad, está la amenaza o el uso de la fuerza. Que la gente no se para en un control policial porque se lo pidan o por principios, sino porque no hacerlo tendría consecuencias.

Si esto os parece muy feo, recordad lo que ha ocurrido cuando ha habido apagones, catástrofes naturales, guerras y demás. En lo casi ridículo, tenemos al tipo que tira un ladrillo y se lleva diez pares de vaqueros durante una inundación; en lo espeluznante, los asesinatos y violaciones de adultos y menores. Simplemente en la última crisis de refugiados en Europa se cuentan por miles los menores desaparecidos. Niños que no sabemos donde están, si están vivos o muertos, esclavizados o torturados, descuartizados y vendidos sus órganos o metidos en una zanja, violados y asesinados. Vaya, no hace falta que lo diga, porque al ser algo tan importante, supongo que es una prioridad política e informativa, ¿verdad?

Así que, sí, también hay monstruos entre nosotros. No creo que sean los más, pero sí los hay sí.

La ley, el estado de derecho y la defensa de esas leyes con la amenaza y el uso de la fuerza son necesarias con la sociedad de hoy, con cómo somos nosotros. Te puede enfadar que así sea, te puede entristecer (a mí, mucho), pero no voy a negar la realidad. Para mí ser optimista no es hacer un juicio sesgado. El juicio de una situación debe ser justo, la acción que tomemos, esa sí puede ser optimista, si se quiere, buscando y apostando por un final positivo que fuera improbable.

Si nos sobreponemos un poco a la tristeza y nos miramos a nosotros mismos, veremos que también funcionamos así en lo personal, tomando el dolor como ese maestro que nos hace recapacitar, cuando no lo entendemos por las buenas. Desde el empacho cuando nos gusta una comida, hasta lavarnos los dientes por miedo al dentista, cambiar nuestra forma de vida cuando nos da un arrechucho, mejorar en nuestras relaciones cuando las vemos peligrar, y un interminable etcétera si eres sincero contigo mismo.

Ahora os pregunto, ¿creéis que en el aprendizaje de niños o adultos es diferente?

“¿Esto va a entrar en el examen?” es una pregunta que a nadie le suena, supongo.

Lamentablemente (o humanamente) actuamos en nuestra mayoría y la mayoría de las veces con la evaluación de coste-beneficio o, directamente, un sesgo. Aquellos que hacen las cosas por la pura convicción de su bondad y haber llegado a eso por un razonamiento discursivo, son una minoría y no en todas las ocasiones.

Así que, las normas constituyen un referente y una presión para que nuestros comportamientos estén dentro del margen de lo “socialmente tolerable”. Creo que algunos me mirarán con una ceja arqueada sintiendo que ellos son superpuros y supermorales y muy fieles a sus principios. A vosotros os diré que igual sois la excepción, o igual sólo estáis mirando aspectos de vuestra vida en los que verdaderamente sois así, pero, ¿qué pasa con los otros?

Como este es el marco en el que vivimos (bendito sea), esto también tiene un efecto tremendo en lo educativo. Os pondré un ejemplo, la homeopatía. Ya se ha explicado muchas veces que no funciona y que es algo muy peligroso porque te puede hacer dejar de acudir a tratamientos que sí curan, perjudicando tu salud y en algunos casos, ocasionando tu muerte, como ya ha sucedido. Bien, pues cuando explico en alguna conferencia esto, siempre surge la misma pregunta: Si no funciona y es peligroso, ¿por qué es legal venderlo? Se crea una paradoja en la mente del que escucha.

Que algo esté prohibido dificulta su práctica y crea el ambiente necesario para que se entienda que no es bueno, así que la dicotomía entre legislar y educar es falsa. Legislar, educa. Y no legislar, dificulta la educación.

Si a lo dicho añadimos a aquellas personas que no irán por debajo del límite de velocidad o de alcohol si no les multan, a los que no respetarán la propiedad ajena si no les detienen por robo, a los que no cumplirán sus compromisos si no les ata un contrato, veremos la necesidad de legislar… porque no somos tan buenos.

Como habréis visto, no se trata de legislar EN LUGAR de educar. Se trata de hacer ambas cosas y de que se apoyen mutuamente. Dejemos también de dejar de pensar que todo el mundo es super-bueno, super-racional y super-coherente, empezando por nosotros mismos.

Además en los últimos tiempos hemos visto como leyes que parecía que iban a traer el Apocalipsis resulta que se acataron sin más, por ejemplo, la prohibición de fumar en los bares y lugares de trabajo en España. Por lo tanto, en mi opinión, es estupendo que se prohíba la venta de homeopatía en las farmacias, que se obligue a la vacunación de los niños, que se prohíba fumar en los trabajos, que se obligue a que se lleve el cinturón de seguridad y mil cosas más.

Esto no es óbice para que aquel cuyos principios sean tan elevados que la norma les sepa a poco hagan un análisis más profundo y sean más justo y más éticos de lo que la sociedad les demanda. Maravilloso y ojalá cada vez haya más personas así.

Advierto que mucho ojito con las críticas a este post, porque este que os habla cree que el mundo necesita mejorar pero ha dedicado toda su vida profesional a la educación, así que los que se enfaden conmigo porque digan que el mundo es chupi mientras no mueven un músculo para colaborar, pueden irse a ese lugar lejano y marrón.

Seamos justos en el análisis, no porque la educación sea mi actividad principal voy a sobrevalorar su poder transformador ni, desde luego, nuestro nivel ético.

La educación y la comunicación son esas cosas en las que cada vez cree uno menos… pero que no te resulta posible dejar de intentar.

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La importancia de contar lo básico

24 septiembre 2018

En nuestra sociedad hay una falta de conocimiento sobre lo más básico de la ciencia que hace que seamos más débiles, menos libres, más fáciles de manipular, menos felices.

Los que me conocéis, ya sabéis que esa es mi batalla y mi trinchera.

Os dejo mi intervención de Naukas Bilbao 18, donde veréis claro que contar ciencia fundamental puede ser, además de necesario, divertido, entendible e incluso aplicable al día a día.

Desde aquí hago de nuevo un llamamiento a los medios para que se den cuenta de que este tipo de contenidos son de mucha calidad y entretenidos, además de un servicio público.

Agradecemos mucho a eitb su diligencia con el streaming y con esta provisión de vídeos.


¿Para qué divulgamos?

16 noviembre 2017

Voy a aportar mi granito de arena a un debate que tenemos entre tuits y posts unos compañeros divulgadores.

Todo empieza con un tuit de un gran divulgador. Daniel Marín, del blog Eureka

A lo que responde mucha gente y hace un post el velocísimo Francis Villatoro

Francis concluye que él divulga principalmente para aprender, idea muy secundada y celebrada. Yo creo que confundimos términos. Escribiré unas ideas a ver si me explico.

Escribir vs. Publicar

  1. Una cosa es escribir y otra PUBLICAR.
  2. Cada uno escribe para lo que quiera: Para recordar, para organizar, para “sacárselo de dentro” y meterlo en un cajón…
  3. Pero publicamos para hacer público, para que sea visto por otros.

Objetivos

  1. Cuando nos preguntamos si estamos llegando al gran público, preguntémonos primero: ¿Estábamos escribiendo para el gran público? ¿Estábamos popularizando o era divulgación para “conocedores”, profesores, aficionados informados, expertos? Si no era nuestro objetivo, no hay por qué lamentarse.

Responsabilidad individual y resultado

  1. El resultado de las cosas no es consecuencia directa de lo que hago con mi parte.
  2. El resultado no es mi responsabilidad, lo que haga con mi parte sí.
  3. Si mi intención es llegar al gran público y sólo llego en parte, es un acto fallido… en parte.
  4. Puede que no sea mi responsabilidad, que mi parte estuviera hecha de una manera digna.
  5. Puedo querer buscar otra manera, sin que necesariamente estuviera mal pensado mi último intento, pero es que sólo puedo actuar sobre mi parte.

El gran público

  1. La divulgación al gran público, la popularización, busca llegar a extender la cultura a la mayor parte de gente posible, y la consideraremos más exitosa cuanta más cultura provea y a más gente llegue.
  2. La calidad de la divulgación para el gran público no sólo tiene que ver con la sofisticación de lo que se enseñe, sino con que sea rigurosa, cercana, entendible… y luego ojalá llegue a mucha gente.
  3. Así que, en popularización, por muy encomiables que sean nuestros esfuerzos y aunque la responsabilidad de un corto alcance no haya sido nuestra (visibilidad, medios, oportunidad, etc.) es PEOR cuando llegamos a menos que cuando llegamos a más, con el resto de variables constantes.

No tengamos miedo a las palabras. Pues claro que nos jode trabajar como mulas, en tiempo libre, sin remuneración, esforzarnos muchísimo, hacer más de lo que nos corresponde y que no funcione tanto como querríamos o debería. Jode y mucho y es un fracaso parcial.

El futuro.

  1. Yo no puedo decidir por el mundo, sólo por mi parte.
  2. ¿Vuelvo a intentarlo? ¿Sigo en la brecha? ¿Cada “vida” salvada vale un universo? En mis manos está hacer esa elección.
  3. Nada me asegura el éxito o fracaso, total o parcial.

Creo que el análisis de las cosas debe ser objetivo, aunque nada me impide después tomar una acción optimista, apostar por un resultado poco probable, si ese es mi deseo.

Así que, aunque cada vez creo menos en la posibilidad de comunicación real entre las personas, no deseo dejar de intentarlo. Ese es mi ámbito de decisión, y esa es mi decisión. Como decía, puedo elegir mis actos, no los resultados.

Sólo puedo terminar mandando un abrazo a Daniel, a Francis, y a todos los que conozco (y a los que me falta por conocer) que divulgando luchan por hacer una sociedad más libre y más feliz. Es una labor sagrada y es un honor compartir esta trinchera con vosotros, termine como termine cada batalla, lo que nos une es la decisión de luchar esta guerra en este bando.


Diversión y divulgación científica

17 abril 2016

Es un viejo dilema, que ha sido puesto en foco hoy domingo por el genial @Scientia.

“La divulgación no tiene que ser divertida”

“Si lo es, mejor, pero lo que tiene que ser es atractiva”

Parafraseo, si hay errores que me perdone y me los indique el Señor Oscuro.

¿Cuál es mi problema con esto? La forma de enunciarlo.

Literalmente estoy de acuerdo, pero, ¿cómo llega? ¿Cómo se entiende? ¿Cómo se propaga después esta idea?

¿Cómo creo yo que debe decirse para evitar que se distorsione la idea que queremos transmitir?

Primero tenemos un problema con la definición de las palabras.

¿Qué es divertido? ¿Lo risible? ¿Es divertido sinónimo de chistoso?

¿Qué es algo si no es divertido? ¿Serio? Serio, no, perdonad, hay comedias que son muy serias. ¿Es quizás, aburrido?

Si algo resulta atractivo, como pedía (con razón) José, ¿no es también divertido de leer/ver/estudiar?

Insisto, ¿cómo creo yo que debe decirse?

El objeto de la divulgación es la transmisión del conocimiento científico.

A partir de aquí, lo demás es secundario. El vehículo que elija cada uno, una opción, y ninguna única.

El problema que creo que ve el Señor tenebroso de la Murciandad, y en el que coincido, es cuando los elementos secundarios se convierten en primarios, o incluso se pierde el objetivo principal, la transmisión de la ciencia.

Entonces tendremos entretenimiento usando la ciencia, música con excusas científicas, etc. Cosas que no son malas, pueden incluso ayudar cierta visibilidad de “lo científico”, pero no son divulgación, porque no enseñan.

Aquí reivindicamos la buena divulgación, la que enseña, y en la que se encuadra en puestos de cabeza la de José Manuel López Nicolás, que es instructiva, primero, atractiva y, joder, muy divertida.

Finalmente os dejo una foto de mi último bolo en Pamplona (gracias Javier y Joaquín, de nuevo), charla extremadamente seria sobre el uso de las matemáticas para crear una actitud científica en el público general y niños, promoción de mi último libro Aproxímate y que fue realizada en pijama.


NUEVO LIBRO: Aproxímate

10 marzo 2016

Aquí está, mi sexto hijito: Aproxímate.

Un vistazo a sus Primeras páginas

Lo presentamos en Madrid en la FNAC de Callao el sábad0 19 de marzo (día del padre).

Presentación Madrid marzo 2016

Los amigos de otras ciudades no os despistéis que andaré de gira

Un libro donde te entregamos la fórmula secreta para ser verdaderamente científico y poder llegar TÚ MISMO a tus propias conclusiones. Mide, calcula, aproxima… decide.

A veces te decimos cómo son las cosas (y tienes que creernos), a veces te enseñamos problemas divertidos de matemáticas pero que tratan sobre camellos, cerillas y cosas así.

¿Te imaginas poder usar lo que YA SABES (sumar, restar, multiplicar, porcentajes…) para poder conocer el mundo por TI MISMO y además pasarlo estupendamente?

¿Cuánto peso aguanta un pelo? ¿Cambia mi altura durante el día? ¿Cómo sacar ventaja en un examen tipo test? ¿Cuánto pollo hay en una pastilla de caldo de pollo?

No me creas, ¡mídelo!

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Comunicadores, ¿a quién estáis hablando?

17 mayo 2015

Faust-F2

Preparemos nuestra charla, artículo, intervención…

  1. ¿Cuál es la idea que queremos transmitir?
  2. ¿A quién queremos contársela?

¿Ya está escrita? ¿Qué tal ha quedado?

¿Nos hemos puesto guays y sólo podrán entendernos quienes ya conocen la idea?

¿O no ha sido tan grave y simplemente alternamos párrafos donde explicamos cosas básicas con párrafos sólo al alcance de expertos?

¿Quién abandonará antes, el experto por aburrimiento o el lego por no comprender nada?

Decídete.

  1. Si es un artículo técnico, para profesionales, no expliques asuntos básicos.
  2. Si tu audiencia no es experta, explica las cosas para su nivel: Expertos en campos afines, público general, niños… piensa qué es lo que cada grupo sabe y lo que ignora.

Un camino sencillo es hacer artículos autocontenidos, que se entienden por cualquier público sin necesidad de acudir a ningún tecnicismo, o donde se explican los necesarios para comprender lo que queremos contar.

Puede que no te lo parezca, pero son tecnicismos: “un poco de sal”, “una dosis de medicación razonable”, “dinero suficiente para empezar un negocio”. Quien no pertenezca a cada uno de esos entornos no sabe ni aproximadamente de cuánto estamos hablando.

Da órdenes de magnitud, aproximaciones. Por ejemplo: Una cucharada sopera de sal, dos pastillas, diez mil euros… son cosas que entiende cualquiera.

En otras ocasiones es tan sencillo como… no explicar nada, porque la audiencia ya está comprendiendo del “tecnicismo” lo suficiente para seguir adelante. Por ejemplo: Si digo que en el plátano hay un isótopo del potasio que emite bajas dosis de radiación. Cualquier audiencia entiende “una variedad del potasio que echa rayos chungos, pero pocos”, por lo tanto está en condiciones de escuchar justo después que “no es peligroso”. No me extenderé en explicar qué es un isótopo, qué tipo de radiación es la que emite, etc. Si esto os incomoda porque hay gente que quiera saber un poco más, no hay problema tampoco, ponéis unas referencias o un enlace a Wikipedia para cada término y listo.

Hasta aquí la teoría, ahora los deberes.

Mirad artículos y ved si son coherentes, si las personas a las que va dirigido son las mismas que lo pueden entender. Para los más valientes… mirad vuestros propios artículos.


Tendrían que hacerlo, pero no lo hacen… ¿qué hago yo?

10 diciembre 2013

Esto viene de una conversación con mis muchachos, como casi siempre… Espero ser un estímulo para ellos. Desde luego, ellos lo son para mí.

Se lo dedico a Lucía, que se llevó una parte grande de la chapa, pero vamos al grano.

Los chavales deberían interesarse por la ciencia… guay, pero no lo hacen. ¿Qué hago yo ahora?

Los chavales deberían interesarse por la política… guay, pero no lo hacen. ¿Qué hago yo ahora?

Los chavales deberían esforzarse, estudiar lo que les digo que tienen que estudiar, tomar las notas precisas, hacer los ejercicios… guay, pero no lo hacen. ¿Qué hago yo ahora?

Los chavales deberían ponerse el casco en la moto, el cinturón de seguridad, colocar a sus hermanos en sus sillas, no fumar… bla, bla.

Ya os hacéis cargo, ¿no? Además, si cambias chavales por ciudadanos también funciona.

Digamos que, en general, la gente “debería” hacer cosas que no hace (siguiendo mi particular criterio). La cuestión es que ellos tienen la libertad de hacer lo que les dé la gana y vuelve a tocarme a mí, a ser mi turno para jugar… ¿qué hago yo ahora?

Básicamente tenemos dos respuestas:

1. Recorro mi parte del camino y si el otro no lo hace, que le vayan dando: que aprenda, que se fastidie con j, que se esfuerce más, etc.

2. Recorro también la parte del camino que le queda al otro, haciendo más de lo que la “justicia” me debería pedir.

Gran parte de mi actividad vital es la enseñanza y la divulgación, así que mucho de mi trabajo es acercar cosas que ya están publicadas, explicadas, escritas en mil sitios y de mil maneras a la gente que aún no ha llegado a ellas, las ha rechazado, no comprendido, etc. En muchas ocasiones ando recorriendo ese “trecho extra”.

En muchas ocasiones también me paro donde la dignidad, mi capacidad o mi entendimiento me dictan que está mi límite y quedo ahí esperando.

No podría decir cuál de las dos estrategias es la “correcta”, si es que tal cosa existe, pero creo que es crucial que pensemos sobre ello en cada ocasión.

Para cuando nos sentimos “injustamente” forzados a andar un camino extra que no debería correspondernos… propongo algunas reflexiones:

– ¿Es libre la decisión del que rechaza algo que le beneficia o abraza lo que le perjudica? ¿No es víctima de sugestiones, presiones y demás? Si apelamos a que está eligiendo eso, ¿es un juicio justo respecto a esa persona?

– ¿En qué circunstancias viven o se desenvuelven esos que “no se esfuerzan”, no trabajan lo suficiente, no “emprenden” y demás? ¿En qué circunstancias interiores y exteriores? ¿Has pensado que quizá no tengan los recursos materiales que tú tienes, el acceso a crédito, la red social que te sostiene, o los talentos que te adornan a ti?

– A mí nada más nacer me pusieron una vacuna, me alimentaron, dieron cobijo y cariño, y yo no había hecho nada para ganarme todo eso. ¿Crees de veras que te has ganado todo lo que tienes? ¿Crees que otros que no tienen eso se esforzaron menos? ¿Es el resultado siempre proporcional al esfuerzo?

– ¿Nadie recorrió nunca ese espacio extra para ti en el pasado?

Y en el otro sentido, también alguna reflexión…

– ¿Hasta cuándo debe durar el paternalismo o debemos dejar a nuestros hijos/alumnos que hagan lo que quieran y asuman las consecuencias? ¿Por graves que sean y desproporcionadas respecto al error que puedan cometer?

– Y el paternalismo del estado sobre sus ciudadanos, ¿hasta dónde debe llegar? Me multan si no llevo el casco en la moto, pero sólo yo soy el perjudicado, me multan igualmente si no me pongo el cinturón. ¿No puedo tomar yo la decisión de ponerme en riesgo si me da la gana? Y si me pongo en riesgo, sin necesidad, haciendo estas cosas, ¿funciona bien mi coco? ¿Cómo saberlo? ¿Quién lo decide?

Sí me gustaría finalizar con dos ideas.

1. No juzguemos a la gente antes de andar un kilómetro con sus botas

2. Sólo somos responsables, pero lo somos mucho, de lo que hacemos y de cómo respondemos ante lo que la vida y los otros nos proponen con sus hechos. Esa es nuestra esfera de acción.

Ahí tenéis los comentarios para explayaros…

Para una selección justa todo el mundo tiene que hacer el mismo examen: Por favor, suban a ese árbol.


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