¿Podría derogarse una ley si todos la respetásemos?

30 junio 2019

Fuente: Wikipedia

Mucha gente se siente ofendida cuando se señala la necesidad de legislar y cómo la “educación” resulta insuficiente, siendo además parte de la educación que se reclama el propio acto de legislar.

Una de las razones es porque nosotros siempre somos “los buenos” y no queremos que nadie nos diga qué tenemos que hacer.

También se añade que no pocos vivimos en confortables burbujas de seguridad física, económica y social, en la que no parece ser necesario regular, porque las cosas “funcionan solas”.

Por supuesto, se trata de un error, pero aquí estamos para reflexionar entre todos y alcanzar mayor cordura.

Os propongo un simple ejercicio.

Hace poco se creó una zona en el centro de Madrid de exclusión de tráfico, en distintos grados y según diferentes escenarios de contaminación, precisamente para limitar esta y todos los problemas de salud asociados, entre los que se encuentran MUERTES tempranas.

Muchos ponemos el grito en el cielo ahora que ha cambiado el gobierno municipal y ha expresado su voluntad de revertir esta medida, que incluso nos acarrearía multas por parte de Europa al incumplir los compromisos sobre contaminación a los que nos debemos.

Pero no os quería hablar tanto sobre esto, como sobre el hecho de que nosotros PODRÍAMOS MANTENER MADRID CENTRAL.

Es muy sencillo. Se trata sólo de obedecer la misma normativa que se puso, aunque no sea bajo la amenaza de ser multado, en caso de incumplirla.

Fijaos que una ley no puede ser derogada en sentido profundo si una abrumadora mayoría de la sociedad elige seguirla, más allá de lo que diga este político o el otro.

Bien, no es tan sencillo de llevar a cabo, ¿verdad? Ni siquiera por los más convencidos y beligerantes… no somos tan buenos, aún no.

Mirad vuestro compromiso con algunas leyes que no os parecen bien, o que no os convienen mucho, miraos dentro y sabréis por qué es necesario legislar aún. Ojalá un día seamos mejores personas, todos, ojalá. Por mi parte no es sólo un buen deseo, es a lo que he dedicado mi vida laboral. Pero hay una diferencia fundamental entre luchar por algo y creer que ya se ha conseguido.

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¿Información parcial => Resultado aproximado?

27 junio 2019

Fuente: Wikipedia

Me encuentro con esta afirmación en discusiones de manera implícita o explícita… y es más falsa que las promesas educativas de la administración.

El problema de la información limitada, incluso aunque sea cierta, es que puede dejarse factores fundamentales que den la vuelta completamente a nuestras conclusiones.

Permitidme este ejemplo tan sencillo.

Tengo una multiplicación de dos números, uno es menos dos (-2) y el otro, bueno, del otro sólo conozco el valor absoluto, el cual sé que es cuatro, pero desconozco el signo.

Fíjate, conocemos de qué operación se trata, sabemos uno de los factores completo y, del otro factor, sólo desconocemos el signo. ¿Podemos entonces dar un valor aproximado de la operación? La respuesta es no, puede ser 8 o -8, bastante lejos uno del otro, uno positivo y otro negativo… no tenemos ni idea del resultado, no sabemos si tenemos superavit o déficit, no sabemos si nuestra nota es un notable o nos han restado tantos puntos en un test que ni llegamos al cero.

Lo sé, queridos lectores, tenemos que decidir, tenemos que pensar con lo que sabemos, no nos queda otra… ni siquiera es un acto inmoral, es el único acto posible. Lo que sí se nos puede pedir es relajar el dogmatismo de nuestras conclusiones provisionales, pero no que las tengamos. Os lo contaba en Te juzgo, sí, ¿qué pasa? y en Te jodes y decides.

Cuando pensemos sobre algo, no podemos dejar de valorar que, justo el factor que no has considerado o un agente externo con suficiente influencia, o el propio azar, puede “cambiar el signo” de tu conclusión.

No hay una receta mágica, y menos puramente formal, para distinguir lo acertado de lo incorrecto (más allá de errores de lógica formal, como las falacias), pero “La sustancia X causa cáncer”, es una afirmación que necesita del conocimiento experto para ser refutada o confirmada, y que, podría ocurrir que mañana, aparecieran elementos que pusieran todo patas arriba. Por eso las “verdades” de la ciencia son provisionales.

Por esto es tan importante que se siga haciendo hincapié en los conocimientos, en la formación específica, precisamente hoy que encumbramos abstracciones como las “competencias” que, en realidad, se aprenden abstrayendo de la experiencia concreta, se evalúan haciéndolas trabajar sobre elementos concretos y que aplicarán finalmente de nuevo sobre elementos concretos. Es lo que tiene ser una abstracción.

No hay algo así como un “espíritu crítico” abstracto, no dependiente del contenido y que, una vez aprendido, pueda aplicarse a cualquier campo del conocimiento para ver si aquello es verdadero o falso. ¿Cuándo nos olvidamos de que nuestro saber científico es empírico?

¿Os dais cuenta de que precisamente por esto es posible el engaño, el propio y el ajeno?

La gente no se engaña porque sea imbécil, tienes información parcial (incluso incorrecta) que te conduce de forma “razonable” a conclusiones equivocadas. Puede que estés muy a favor de hacer biodiesel con maíz, hasta que alguien te diga lo que pasa con el precio del alimento básico de millones de latinoamericanos. De repente, lo que parecía una medida estupenda, ecolochupi, provoca el horror a multitudes. Un detallín que faltaba… pero en general, estaba bien “profe”. No, estaba muy mal.

La información limitada arroja conclusiones provisionales, no necesariamente aproximadas. La vida no era tan fácil.


Setenta veces siete

24 junio 2019

Fuente: Wikipedia

¿Debo ser un buen cristiano y perdonar hasta setenta veces siete o ser un buen troyano y temer a los griegos hasta cuando traen regalos (2)?

Ayer sucedió, una vez más, que un político de un sector “crítico” dentro de su partido, se quejase de que el partido había tomado una dirección diferente a la que se prometía en su fundación. Hay que reconocer que es una sorpresa que, en esta ocasión, la queja se acompañe de una dimisión.

Vayamos más allá de la mera anécdota a ver qué podemos aprender.

Contaba el político que había sido “leal” y había expresado sus quejas una y otra vez en los órganos correspondientes del partido sin que repercutiera, viéndose, por tanto, abocado a esta decisión. Por supuesto me recordó aquel post “Los críticos tienen fecha de caducidad”.

Eso quiere decir que no ha sido una respuesta inmediata a un cambio de dirección, sino que después de “aguantar” que se traicionaran esos ideales un número no pequeño de veces, la cosa acabó en divorcio.

Como os comentaba en aquel post, es muy curioso el papel de los críticos que viven de una organización con la que están en desacuerdo, mientras que esta usa el atractivo personal de aquel o la pluralidad aparente de la que se viste al acogerlo entre sus filas, para blanquear sus acciones.

Mas allá de esto me gustaría señalar, algo que cualquier educador experimentado conoce:

Aprender pasa por asumir los costes de las propias acciones.

Y yo me pregunto, ¿quién paga estos “errores de confianza”, estas “traiciones” de las que se quejan los críticos? Claro, tú y yo, como siempre. Los ciudadanos.

Estas “paciencias”, estos “perdones”, de los que nadie parece arrepentirse, están muy lejos de ser experimentos con gaseosa, inocuos y bienintencionados. Se parece mucho más a probar fuegos artificiales en el salón de mi casa, y después irse a la suya, sin recoger.

Se parece más a la retahila típica de niños y adolescentes “perdón, perdón, perdón, perdón…” que sólo busca pasar de largo, esquivar las consecuencias, evitar la reparación del daño. Los que nos dedicamos a educar sabemos lo improbable que es la comprensión del error sin que se tenga que asumir un coste por él. De hecho, no veo en los adultos un comportamiento muy diferente, en general, que no se mueva por evaluación de coste y beneficio, por mucho que me entristezca y trabaje contra ello.

Hay una responsabilidad en traicionar unos principios. Hay una responsabilidad en recomendar a alguien y que luego resulte perjudicial para aquellos que asumieron tu recomendación.

Si jugamos a ser el “crítico”, el “verso libre” deberemos asumir nuestra responsabilidad, en lugar de “perdonar” a la organización y dejar que los demás paguen los platos rotos. Hemos participado en el engaño a otros, hemos sido imprudentes y atrevidos, y alguien ha resultado dañado.

Y, los ciudadanos, consumidores y votantes, haríamos bien en pasar costes a quienes actúan así de irresponsablemente (o de malintencionadamente). Y hacerlo en la moneda que les importa: el dinero… u otros elementos monetizables, como los votos.

(1) Mt 18, 21-22

Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?

Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.

(2) https://es.wikipedia.org/wiki/Timeo_Danaos_et_dona_ferentes


Tendremos que ser los funcionarios

27 mayo 2019

La educación y la salud son derechos humanos. Como tales y, según se hagan las cuentas, no resultan “rentables”.

Atender a determinados enfermos y a determinados alumnos, bien por su “gravedad” o simplemente por su situación geográfica, puede ser un asunto caro. Sólo por esto ya debería verse que asegurar la provisión del derecho para cualquier ciudadano no puede quedar en manos de empresas privadas, que evitarán a estos, como ya lo hacen en los lugares donde está privatizada. Hace poco volvió a salir en las noticias que la primera causa de bancarrota en USA son las facturas médicas.

La redistribución de la riqueza no parece ser una idea que cale muy profundamente en todos los que están en el lado (injustamente) favorecido. Puede ser por puro egoísmo, pero también hay quien ha construido un relato de “merecimiento” y se lo ha creído, parece que sin conocer a quienes se parten el lomo tanto o más que ellos, y cuyo único demérito consiste en la diferencia sobre cuánto ha establecido la sociedad que debe cobrarse por hora limpiando váteres o jugando al fútbol.

En un sistema público de provisión de derechos nos encontramos con la figura del funcionario, término malentendido por muchos… entre los que se incluyen, paradójicamente, demasiados funcionarios.

Para ser funcionario hay que pasar unas oposiciones, típicamente unas pruebas y una evaluación de méritos. Una vez superadas, el funcionario disfruta de una protección laboral superior al resto de trabajadores. Hay quien cree que lo segundo es consecuencia de lo primero y se equivoca. Muchos compañeros funcionarios creen que se “han ganado” esa protección laboral por haber pasado las oposiciones. Gravísimo error.

Las oposiciones tienen como objetivo escoger a los profesionales mejor cualificados para ejercer la función pública. Que conste que discrepo mucho en cómo se llevan a cabo, hablo de su espíritu.

La protección laboral tiene como objetivo que pueda ejercerse la función pública con independencia (política, intereses empresariales, presiones de superiores o usuarios, etc.), por eso también existe un régimen de incompatibilidades (y también con muchas pegas en su concreción).

Así que, como veis, todo está orientado a que la provisión de derechos sea efectiva. Es nuestra obligación como funcionarios defender el servicio, lo que significa, en el fondo, defender a los ciudadanos.

De esta forma, cuando voy al médico, cuento con que si me manda a casa porque “no tengo nada” no sea por ahorrarse pruebas o tratamientos, o porque su supervisor le ha dicho que no pase de un número determinado de resonancias. Y si realmente tengo algo, cuento con que me mande todo lo necesario sin tener otras consideraciones más que las sanitarias.

Me entristece tener que contaros esto, que debería ser de cajón, pero el momento es delicado.

En España los que se denominan “liberales”, los que se retratan con símbolos fascistas y los que se denominan “derecha” parecen olvidar o no saber nada de lo dicho más arriba. Curiosamente, también aquellos votantes de menos recursos y para los que los sistemas públicos son la única garantía de derechos ante eventos graves, como un cáncer (algo que tiene o tendrá con mucha probabilidad uno de cada tres).

Los derechos civiles también están viéndose atacados y mermados, así como los laborales. La situación es bastante grave. (Sé que siempre es más grave en otros lugares, y sabéis que lo recuerdo por aquí de vez en cuando, pero, si me permitís el símil, también quien sólo tiene un hueso roto -y no un cáncer, necesita de que le curen).

Vienen tiempos difíciles donde servicios que llevan décadas siendo atacados y recortados, pueden recibir el golpe de gracia y quedar convertidos en algo testimonial y asistencial.

Un asunto que debería haber quedado claro por la historia o, al menos, por los sucesos más recientes, es que los recortes, los pasos retrocedidos en unas líneas de un boletín oficial, que aparece hoy, no se recuperan, o tardan muchos años.

Y, por fin llego al título del post: Tendremos que ser los funcionarios.

¿Quién debe encabezar la defensa de esos derechos, si el poder político no sólo no nos abandona sino que verbaliza y actúa en contra de esos servicios públicos?

¿Quién en una situación laboral tan degradada tiene la capacidad de asumir huelgas y movilizaciones?

¿El puesto de quienes debe su razón de ser al servicio público?

¿Cómo puedo pedir a un falso autónomo, a un joven sin experiencia laboral, a quien sólo por cumplir 45 le han convertido en un parado de larga duración, a quien encadena contratos de días o semanas, a quien renueva cada año… cómo puedo pedirles que sean ellos los que se pongan a la cabeza y se jueguen el pan?

¿No tendremos que ser nosotros, los funcionarios, quienes no vamos a ser despedidos (o no “renovados”) por hacer un día de huelga, quienes podemos asumir varios días de huelga en la seguridad de un sueldo que seguirá llegando?

Si aún, compañero funcionario, no lo ves claro. Te recuerdo que tu sueldo razonable, se convertirá en claramente insuficiente si te privatizan la sanidad. Un cáncer pasará a ser la ruina económica del que lo padece y la de su entorno familiar, como ocurre en tantos países.

Y, por último, te recuerdo también… que estás a un par de leyes de convertirte en un “contratado laboral” y en ese momento, ya será, probablemente, demasiado tarde.

Si sólo fuésemos egoístas o ignorantes, nos salvábamos, porque defenderíamos lo público por empatía o por ser lo que también nos conviene a nosotros, pero, lamentablemente, es muy frecuente padecer los dos males.

Compañeros, si encabezamos nosotros, con decisión, sin ceder aquello que representa la salud, los derechos de sus hijos, la vida o la muerte para muchos, quizá sirva para que la sociedad se nos una y reclame a los políticos que sean, efectivamente una representación del pueblo, que gestionen NUESTRO dinero para el mejor interés de todos y que nos defiendan frente a los que no les importa nuestro daño.


Los jóvenes y sus coordenadas

9 mayo 2019

Bueno, empecemos mejor, diciendo: Algunos jóvenes y sus coordenadas.

¿Dónde andan nuestros chavales? ¿Por qué no nos entendemos?

Es difícil entenderse cuando se hablan distintos idiomas, cuando no se comparten intereses, o ni siquiera valores que quizá estemos dando por supuestos.

También es difícil entenderse cuando los adultos mantenemos un discurso de cara a la galería y unos principios (o la ausencia de ellos) en nuestro fuero interno o nuestro proceder.

La verdad es que me parece estupendo el cuestionamiento de valores, siempre que sea parte de un camino hacia “arriba” y no el comienzo de la ley de la jungla.

Por ejemplo, “hay que respetar a los mayores”. ¿Por qué? ¿Es que no hay que respetar a los que no sean tan mayores?

Me parece interesante el cuestionamiento, siempre que acabe en: Hay que respetar a todos. Hay que considerar que quien lleva más rato por aquí quizá se haya hecho una opinión interesante de escuchar sobre las cosas.

Si eliminamos la convención social incuestionable sobre el respeto a los mayores, para ir dándoles patadas en el culo por la calle, pues creo que poco hemos avanzado.

Aunque esto es una reflexión de hace tiempo, se me ha revivido con este artículo, cuya lectura os aconsejo porque muestra bastante de lo que estamos hablando.

Artículo de EL PAÍS.

El youtuber que humilló a un mendigo alega que era “en plan coña”

Divertido que incluya el omnipresente “en plan”.

Voy a incluir unos extractos:


“Vacila al fiscal (…) tutea a los abogados y lanza preguntas impertinentes”. Ausencia de respeto por las personas e instituciones.

“21 años”. No es una niñería… bueno, sí, pero no de un niño.

“todo era en plan de coña”. “Mi intención no era ofender. Vosotros vais muy a tope con la ley”. Ir muy a tope con la ley… ya veis.

“Dejé el instituto para dedicarme a este trabajo. Lo estaba haciendo bien. Y luego pasó esto. La prensa me ha jodido”. Putos periodistas.

“Ya pidió disculpas cuando el vídeo desató una amplia polémica, pero en el juicio ha admitido que lo hizo para contrarrestar las “críticas”.” Muy común esto de decir lo que queremos oír sin ningún tipo de cambio de actitud o aprendizaje. Es lo que tiene no tener que pagar las consecuencias de las acciones. Puedes decir que lo sientes mucho y seguir haciendo lo mismo. No nos suena de nada, ¿verdad?

“Le preguntan también por otros retos en los que ofrecía bocadillos rellenos de excrementos de gato a niños y ancianos. “¡Era en plan de broma! ” Sin comentarios.


¿Lo veis? ¿Lo notáis? Nula empatía, nula responsabilidad, “me han jodido”, a él (!).

¿Cuáles son los referentes, las coordenadas para este tipo? ¿Cómo puedo hablar con él?

¿Hablamos de la dignidad de las personas? ¿Del respeto al débil? Lo vende sin tapujos por unos likes y el dinero que le reportan. Por supuesto dejó los estudios por el dinero que le da hacer bromas. ¿Hablamos entonces del placer de saber, de conocer, de aprender, de crecer como persona? ¿Hablamos de la ley, de lo común, de lo pactado, de la vida en sociedad?

Pues así, queridos, es el pensamiento de muchos jóvenes y de muchos adultos, y por eso es necesario un sistema que ponga límites a quien no desee tenerlos. La otra opción es un rifle para defender mi rancho, pero creo que ya pasamos esa etapa, al menos por aquí.

Insisto, jóvenes y adultos. Mirad, ¿cómo podemos decirle a los chavales que hacen un mal uso de las redes sociales, que exponen indebidamente su privacidad, cuando es exactamente lo que hacemos los adultos todos los putos días de la semana, poniendo fotos de lo que comemos, de nuestros pies “aquí sufriendo” en la playa, del recorrido y el tiempo que hemos hecho corriendo, (perdón, haciendo running), o de nuestros musculitos incipientes después de una semana de gimnasio?

Es complejo, pero no es cierto que no haya maneras.

Una es el sistema social de garantía de derechos que hemos pactado, lo que incluye, la compensación a las víctimas y la responsabilidad de quien lo incumple. Por eso, es más que posible que el youtuber de marras se lleve una buena condena y una buena multa. Sólo queda desear que, como hacemos con la educación, la justicia sea rápida y proporcional, de forma que resulte “educativa” para aquellos que sólo asumen comportamientos basándose en una evaluación coste/beneficio. Bien, pues humillar al débil como lo ha hecho esta persona debe tener asociado un precio que le haga a él, y a otros, replanteárselo.

Repito, la otra opción, es la ley de la jungla… y ojo, la mayoría de nosotros no somos leones.


En este mundo de blancos y negros… somos todos negros

15 abril 2019

Fuente: Wikipedia

Vivir mancha. Punto.

Es imposible moverse en un estado de pureza prístina sin participar en la tupida red de abuso, explotación, desigualdad que constituye el mundo. Imposible… totalmente.

Así que somos todos negros, todos nos manchamos, unos más, otros menos. Punto.

No pasa nada por decirlo, no pasa nada por reconocerlo.

No es necesario que justifiques que todo lo que haces está bien y es lo más correcto que podría hacerse. No, mentira. ¿Ese ultimo trocito de pastel también es un acto ético, madurado, justificable… o lo haces porque te sale de tus gónadas?

Pues ya está bien, que da mucha pereza oír cómo justificáis vuestros comportamientos con consecuencias éticas como perfectos, que no, hombre.

Tenéis un plus si además se los justificáis a las víctimas de ellos. Sí, a las víctimas. ¿Por qué pensabas que tu comportamiento no era ético? ¿Porque es “feo”? Tu comportamiento no es ético porque daña a otros.

El mero acto de comprar ropa suele ser el final de una cadena en la que hay varios puntos de abuso y explotación, comportamientos que sólo se validan si finalmente hay alguien que compra.

Insisto en que es imposible no mancharse. Y fíjate que tendría una oportunidad estupenda de deciros que vosotros sí y yo no. Soy funcionario, profesor de adolescentes y divulgador científico. Podría pretender que es posible tener una actividad “limpia”, “sin ánimo de lucro”, bla, bla… pero sería un puto guay si diera a entender eso. Pero vaya, que cualquier acto cotidiano tiene implicaciones éticas, o incluso cualquier omisión: ¿has donado médula, te has apuntado para donar los órganos o donas sangre (por decir solo tres cosas que cuestan bien poco)? En España, dentro de nada toca votar. ¿Hay una opción que no lleve aparejados serios problemas éticos, incluida la de no votar?

Sé que hay mil guerras y que no tenemos el poder ni las fuerzas de luchar todas, pero sí que tenemos una responsabilidad personal ineludible, que habrá que matizar con la presión socioecónomica a la que estemos sometidos y que, efectivamente, podrían justificar algunas acciones, pero esto no pasa con la mayoría de las cosas que haces, ni en el caso de la mayoría de la gente. Un ejemplo de mi profesión, entras a una clase y te piden seis ir al baño. No sé si hay un urgencia de alguno, pero estoy seguro que los seis, no, al igual que estoy seguro que de los diez conductores que te han hecho “pirulas” hoy, la gran mayoría no tenía una urgencia especial. Lamentablemente, preferimos una pequeña comodidad, antes que el daño de otro.

Es necesario, si no queremos volvernos unos idiotas, que analicemos la responsabilidad de nuestros actos y que asumamos las consecuencias, las incoherencias, la falta de ética de algunas cosas, mientras también podemos ir mejorando nuestro proceder, ¿o sois de esos que dicen que son “así”?

Por lo tanto, todo el mundo tiene su parte de responsabilidad en las cosas que participa, lo que incluye a todo el puto planeta, aunque es importantísimo también definir si es más o menos… pero no me digas que es cero porque sea pequeña (que luego me enfado y escribo posts). Nunca os han dicho esa frase: “Entre todos lo mataron pero el solito se murió”, o el famoso “episodio de las lentejas” de la obra de teatro “Las bicicletas son para el verano”.

Ya sabéis que no hace falta ser santos, héroes o mártires, a veces basta con que no andemos dando demasiado por saco a los demás.


¿Cómo “de imposible” es eso que dices?

14 abril 2019

Fuente: Wikipedia

Una de los problemas más sencillos y con los que nos gusta atormentar a nuestras inteligencias artificiales, para enseñarlas (no para matar la creatividad, para eso tenemos a los alumnos), es el problema de clasificación.

Se trata de adscribir elementos a una de dos categorías que son excluyentes, por ejemplo: resultar moroso o pagar un crédito, aprobar o suspender una materia, etc.

Es de los problemas más sencillos que se pueden plantear, basta con una salida entre cero y uno, entendiendo que cuanto más cerca del cero mayor probabilidad de ser de una categoría y viceversa.

Ya está en uso, por ejemplo para el tema de los créditos, y así estima la IA si merece la pena prestarte dinero o es un riesgo alto… con todos los problemas que tiene esto, pero hoy iremos por otro lado.

Hoy, la cosa va de imposibles. En realidad es un problema de clasificación, el “uno” sería la seguridad de que algo va a ocurrir y el “cero” la imposibilidad metafísica de que ocurriera.

Supongo que ya veis por donde voy… los matices… ñiñiñiñiñi

Convengo en que desglosar todo hasta la última partícula hace inviable la resolución de cualquier asunto, igual que si empezamos a considerar que todo es “lo mismo”. Esto último se usa incluso como estrategia para manipular. Por ejemplo, si ponemos en la misma “categoría” cosas de muy distinta intensidad, acabamos minusvalorando lo verdaderamente grave. No podemos usar el mismo término para un tetrapléjico gran dependiente que para ti si te has dado en el dedo meñique del pie con la pata de la cama. Si cualquier cosa es discapacidad, nada lo será verdaderamente.

El otro día, un poco enfadado, ponía en Twitter, para los “absolutistas”, que al final todo son campos y no hay nada más que hablar de la realidad. Bueno, puse un ejemplo con mi culo, que no sé si lo aclaraba más… los curiosos, que busquen.

El lenguaje es una herramienta para comunicarnos (al menos para los que lo usamos para el bien), así que se trata de buscar el detalle necesario, sin volvernos locos. Para mí, imposible es una palabra demasiado grande y que nos lleva a acciones muy diferentes. Y ya dijimos que la pregunta que te espeta la vida es: ¿Qué vas a hacer?

Creo que, como mínimo, deberíamos distinguir estos “imposibles”

  1. Metafísicamente imposible… o sólo apto para hacedores de milagros
  2. Extremadamente costoso en recursos personales
  3. Necesitado de consenso y coste de otras personas con difícil acuerdo
  4. Extremadamente trabajoso de llevar a cabo
  5. Tremendamente impopular y con una posible reacción adversa fuerte

Las acciones a tomar en las distintas categorías no tienen nada que ver.

En la primera, por ejemplo, nos toca tragar y seguir camino.

La segunda requiere de una evaluación personal de costes y beneficios, en la que te puede “apetecer” (o no) apostar por algo.

En la tres puedes llegar rápido a desistir mientras musitas “Que os den por culo”.

En fin, muchas acciones posibles, dependiendo de “cuán imposible es ese imposible del que usted me habla”, no ya en una escala continua entre cero y uno de probabilidad, sino en el tipo de obstáculos con los que se encuentra.

Pensando en esto recordaba a mi profesor de la parte teórica del permiso de conducir. Un día nos dijo: Si al cambiar de dirección te encuentras con un peatón que está cruzando indebidamente la calle, el peatón tiene preferencia. Los alumnos, sorprendidos, nos quejamos, porque la preferencia la teníamos nosotros. Su respuesta: ¿Y qué vas a hacer? ¿Le atropellas? Encogimiento de hombros general, asentimos y pasamos al siguiente punto.

¿Por qué os cuento esta historia? Pues porque me recuerda mucho a la “imposibilidad” de pagar pensiones dignas. Para mí no entra en la primera categoría, sino todo lo contrario, en algo que no voy a dejar de hacer. ¿Qué opción tenemos? ¿Dejarlos morir de hambre? Así que esto es uno de esos “imposibles”, que hay que hacerlos posibles buscando el camino necesario.

Así que, queridos míos, cuando alguien os hable de que algo es “imposible” que os diga de qué obstáculos os está hablando, que ya somos todos un poco viejos y hemos visto muchas cosas “imposibles” suceder, muchas que hubieran provocado revoluciones, ser aceptadas sin rechistar y otras cosas que no creeríais.


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