¿Quién está al mando?

7 enero 2023

Pensando sobre este hilo tan bueno de mi querido amigo Andrés (excelente docente y experto en actividad física) sobre los periodos de recuperación en el ejercicio, al que añado este otro sobre procrastinación os quería hacer algunas consideraciones.

Sabemos que hay quien entiende el ejercicio, la nutrición o cualquier actividad casi en un sentido religioso imposible de seguir (e inadecuado) salvo para quien haga de eso el centro de tu vida. Pero también sabemos que hay otros que nos proponen cambios de conducta fácilmente asumibles y sostenibles. Ya os he hablado en otra ocasión de Andrés o Daniel en otra ocasión, el segundo es nutricionista.

Y lo que me pregunto, y me preguntaba en mi libro La Cordura de Saberse Loco, es: ¿»Quienes» son esas voces que están en mi cabeza? Esa que dice que no me coma otro trozo de roscón, la que me dice lo mucho que me apetece… y las de siempre, la que me dice que soy un mierda, la que me dice que lo queme todo, la que me dice que molo muchísimo, la que me dice que me zumbe a todo lo que se mueve, o la que me dice que nadie me quiere? ¿Quiénes son y cuál está al mando? Siempre me hace gracia los que te dicen que vivir es tan sencillo como escuchar tu voz interior… ¿¿Cuál??

¿Por qué no recojo esas cosas, son literalmente diez minutos? ¿Por qué no arreglo ese mueble, son otros diez o quince? ¿Por qué no asumo esa rutina de ejercicios sencillo de quince minutos cada tres días o por qué no empiezo con los buenos consejos de Daniel, si no les pongo racionalmente ni un solo pero?

Creo que muchas veces la respuesta es «me apetece» o «no me apetece».

Recordando a mis profes de lengua me pregunto, ¿a quién le apetece? ¿Quién es el sujeto de esa decisión que es la que marca el rumbo de mi vida en ese momento?

Y luego me pregunto: ¿Quién es aquel al que una hora después «le apetece» empezar rutinas de ejercicio, dietas y demás?

Independientemente de que asumamos cierto dualismo o que pensemos en nuestro cuerpo como ese «quien» que va cambiando de opinión, me interesaría saber quién es el que decide qué cosas me apetecen y cuándo, ya que voy a abandonar mis decisiones a los «caprichos» de esas apetencias.

¿Qué es la voluntad, otra apetencia temporal? ¿Podemos hablar de voluntad si siempre se rinde ante «las apetencias»? ¿Debemos ejercer la voluntad «en contra» de esa otra apetencia temporal? ¿Cómo queremos vivir? ¿Cabe desear vivir en contra de esas «apetencias», es realista?

¿Debería tomar decisiones en el estado en el que me siento más «yo» y aplicarlas más allá de mis variabilidades, apetencias momentáneas? Bueno, esta es la tesis de La Cordura de Saberse Loco.

Particularmente, me produce cierto enfado pensar en que mi vida y mis decisiones dependen de por dónde sopla el viento o le «apetece» a un cuerpo, con bastante ausencia de mi control y voluntad, me siento esclavizado… pero quizá es otro sesgo de un mono que ha perdido algo de pelo.

Anuncio publicitario

Matarte puede ser un ahorro.

29 diciembre 2022

Ya habrán oído mil veces la descripción de ese «funcionario» que desayuna tres veces y te impide hacer una gestión por una nimiedad mientras él se gestiona en su ordenador del trabajo las próximas vacaciones en sus días de libre disposición. Por supuesto, esto no es inocente, se toma esa imagen como la representación de lo público y se procura entonces la privatización en aras de la adorada «eficiencia».

No es mi intención el análisis de la falacia de la falsa dicotomía, es obvio para quien quiera pensarlo que aquel que la usa lo hace movido por intereses espurios o por su incapacidad de razonar más allá.

Tampoco voy a dibujar al empresario defraudador de impuestos, abusador de sus empleados, enchufado a la «teta» de las concesiones públicas gracias a sus amigos, de fortuna heredada y celebrando sus éxitos en un puticlub de carretera. Estos también existen, como aquellos funcionarios. Echar cuentas de su número, influencia y representatividad en su colectivo no es mi objetivo de hoy.

Hoy quiero hablar de incentivos y costes.

Pensemos un momento en la inteligencia artificial. Digamos que pongo una a cargo de la calefacción del instituto. Quiero que sea eficiente y para ello le pongo dos «objetivos»: Reducir el gasto energético y las quejas de los usuarios. No parece una mala idea.

A los pocos ciclos de entrenamiento ya tiene la solución. Comienza una combustión incompleta del gasoil, se produce monóxido de carbono y mata a todos los estudiantes. A partir de ahí apaga la calefacción con un ahorro total de combustibles y cero quejas. Ha optimizado su funcionamiento con la función coste que le dimos.

Como veis no siempre la maldad es un acto intencionado de alguien perverso, puede ser un efecto colateral de quien no está pensando adecuadamente las soluciones que propone. Aquello del camino al infierno empedrado de buenas intenciones, ya sabéis. Por esta razón no me canso de pedir «corazón y cabeza» y por esto decimos, y les decimos a nuestros alumnos, que estudiar es un acto revolucionario.

Lo «empresarial, emprendedor o gestión privada» como sinónimo de «eficiente» tiene en la teoría y, sobre todo en la práctica, el problema de centrar todo en el balance económico. Pero esto deviene malvado cuando hablamos de servicios, de proveer derechos… de ciudadanos.

Llevar agua, luz, el correo o una línea telefónica a la casa del pueblo de tu abuelita es económicamente poco «eficiente», y pongo TU abuelita, para que los egoístas vean que también hablamos de lo que les conviene a ELLOS.

Si todas estas cosas las va a hacer una empresa cuya función objetivo es maximizar el rendimiento económico y la ley no le obliga a dar provisión a todos los ciudadanos… no va a darle servicio a esa señora. Cuesta más de lo que va a pagar la pobre mujer y ese dinero invertido en un activo más en una gran ciudad reporta mucho más. Es obvio.

Es lo mismo si pienso en un servicio, digo no, en un NEGOCIO sanitario. La quimioterapia es cara. Saca tus propias conclusiones.

Espera, mejor, piensa que uno de cada dos/tres de vosotros vais a desarrollar un cáncer y mira cuántos sois de familia. Egoístas, esto es también para vosotros.

Hace poco decía alguien que el gobierno «ganaba» con cierto impuesto. ¿Ganaba? ¿Es que reparte beneficios, como tu empresa? Eso es el dinero de todos, el tuyo también. Con el que se proveen servicios. El policía al que llamas cuando alguien ha entrado en tu casa, el bombero al que llamas cuando empieza a arder o la ambulancia a la que llamas cuando tienes una parada cardíaca… Esos servicios.

También recientemente, una baja por enfermedad de un pediatra hizo que no hubiera nadie para atender adecuadamente a un pequeño que llegó muy grave a un centro sanitario… y murió.

Esto no es nuevo, amortizar plazas de jubilados, «tardar» en reemplazar bajas (anunciadas con meses) y otras prácticas similares son económicamente favorables. Reducen «gasto» de forma inmediata. Ese mes hay menos sueldos que pagar. Como debería ser evidente, «menos gastos y menos servicio» no es la definición de eficiente (recordad la calefacción). Eficiente es dar el mismo (¡o mejor!) servicio con menos gasto.

Con toda intención he puesto «gasto» que es el término del que gustan abusar los que consideran una «inversión» a las «ayudas» públicas a su empresa, y un «gasto» a la medicación de tu madre… ese camino hará que la acabemos llamando un «lujo», olvidándonos de que es un DERECHO.

Resumiendo, no es tanto por los algunos de esos psicópatas que están a cargo de puestos de poder en lo público y en lo privado, sino por cuáles son nuestros «objetivos», nuestros «costes», nuestros «incentivos» y sus efectos colaterales. ¿Qué es lo que intentamos maximizar cuando hablarmos de «eficiencia»? ¿El alcance del servicio, su calidad o el ahorro de la partida correspondiente?

Por supuesto no me dirijo a los malvados, contra ellos sólo cabe la lucha, despojarles de su poder y mandarles a la cárcel por todo el daño hecho y para evitar males mayores. Mi intención es que quienes tienen buenas intenciones (o un egoísmo poco reflexivo) vean la necesidad de regular y de establecer qué es lo primero y principal, qué es lo que hay que maximizar cuando usamos NUESTRO dinero para proveer NUESTROS servicios.

No podemos hacer que el bien común dependa de héroes, mártires o la pura casualidad. Debe ser la consecuencia de un sistema bien diseñado. Hagmos que así sea. Corazón… y cabeza. Urge.


«Yo no puedo hablar de lo general» Es justo al revés

17 diciembre 2022

El otro día, comiendo con unos compañeros, hablábamos de la brecha de género en los ingresos.

Les comenté que tenía una práctica hecha, usando datos masivos, que «cantaba por soleares».

Que hay una brecha es una obviedad estadística en la que no cabe discusión. Sobre su tamaño y razones, sí.

Les conté que los estudios apuntan a que una parte tiene que ver con los trabajos a tiempo parcial «no deseados», que recaen estadísticamente más en ellas por cuidado de ascendientes o descendientes, por ejemplo.

Aquí surgió una discusión sobre si se elige libremente, si se disfruta ese paréntesis por la crianza… y una compañera dijo la frase del título: Yo no puedo hablar de lo general.

Pues es, precisamente, de lo ÚNICO que podemo hablar/discutir. Las experiencias privadas, cómo se viven, qué razones llevan a cada uno y qué intereses les motivan es algo que de lo que sólo saben sus protagonistas, y a veces ni eso. Algunos me miraron raro cuando dije «¿Quién es libre aquí, quién no está mediatizado?» Solo un compañero asintió a esto como la obviedad que a mí también me parece.

Cuando seis alumnos me piden ir al baño durante la clase, les digo que los seis no se mean, que no sé quién, pero los seis, no.

Los patrones generales y su estudio son los que nos muestran lo que pasa de fondo. Cada caso particular será un mundo, y tú sabrás si eres un ejemplo de la tendencia o una excepción… si es que lo sabes, repito.

Es una pérdida de tiempo discutir sobre casos particulares, ojo DISCUTIR, digo. Nos los contamos y nos escuchamos las reflexiones que hemos hecho sobre nuestra historia personal porque nos tenemos aprecio, pero, como suele decirse, «el plural de anécdota no es dato».

Así que, seguiré aconsejando a mis alumnas que no pierdan su independencia económica ni descuiden su «trayectoria laboral», porque es un excelente consejo general en el mundo en que vivimos. Si alguna escoge otro camino y le va bien, pues chupi. Su vida, sus decisiones, sus resultados… son suyos para bien o para mal. El consejo general sigue siendo el mismo, porque la tendencia general y los datos siguen indicando lo mismo.

Dejo este fantástico gráfico que cuenta muchas cosas. Tomado de Educando en Igualdad. Quien tenga duda, que busque otro, hay multitud… porque es un HECHO.


Nos queda el viaje. Sobre humanos e IA

9 diciembre 2022

Un estudio afirmaba que una determinada metodología era poco efectiva si no iba acompañada de una reflexión durante y después del proceso de aprendizaje.

Me quedé un poco sorprendido…

A ver… NADA en la vida tiene sentido sin ser vivido desde esa reflexión durante y después.

Lo contrario hacen aquellos de los que decimos que «Ellos pasan por la vida, pero la vida no pasa por ellos». Gente a la que experiencias (casi inevitablemente) transformadoras no les hacen ni una muesca.

Suelo decir que «El viaje siempre es interior» refiriéndome a esta actitud de vivencia profunda y revisión propia.

Dicen que Verne, el escritor de viajes por antonomasia, no salió mucho de su región.

En este rato que llevo triscando por el mundo, os puedo asegurar que mucho puede aprenderse también de las experiencias y vivencias de otros; a la luz de la observación, de escucharles o de leerles.. sí, leerles, también a los muertos que nos hablan desde las páginas. ¿No es mágico esto?

Por supuesto, la educación, en tanto que faceta de la vida, no escapa de este principio general. Y tanto los buenos aprendices (que los hay malos), como los buenos maestros (que los hay malos), andan en revisión continua y en una dialéctica constante… más allá de los requisitos burocráticos que cargan sobre unos y otros.

Por los tiempos que vivimos, se hace necesario decir que la revisión no es necesariamente «cambio radical», a veces es acentuar, también radicalmente, aquello que funciona.

Y llegó el subidón actual de la inteligencia artificial.. cuya parte más interesante es siempre como nos interpela como humanos.

¿Tiene sentido programar si una IA lo hace mejor que yo?

¿Tiene sentido escribir si una IA lo hace mejor que yo?

Pero mirad, no son preguntas nuevas.

¿Tiene sentido pintar si una foto es mucho más precisa?

¿Tiene sentido tornear una vasija si una máquina lo hace mejor?

De hecho, ¿tiene sentido escribir o pintar si otro humano lo hace mejor que yo?

Hubo tiempos donde esas actividades humanas era necesarias por los productos que generaban, y de ahí toda la labor artesana, pero hoy se siguen haciendo. ¿Por qué?

Por el viaje, queridos.

¿Qué me pasa cuando pinto, torneo, escribo, pienso un algoritmo?

¿Qué me queda después? ¿Quién emerge después?

Pueden enseñar a jugar al ajedrez a sus hijos y nietos, más allá de que las máquinas son ya imposibles de alcanzar en ese aspecto, pueden mirar un paisaje y analizar sus formas y colores para hacer una acuarela, pueden intentar pensar y pensarse, para después contarnos y contarse en sus escritos.

Pueden y deben.

El viaje aún no ha terminado.

Exploren conmigo La zona intermedia.


Te hacen decidir tu futuro con diecisiete años

15 octubre 2022

¿Os suena la frase, verdad?

Esto probablemente venga de algún universitario. Si no, «tu futuro» en el sentido al que se refieren, se decide bastante antes, preguntemos a los que dejan los estudios o van a formación profesional.

Aunque ya hice probablemente uno de los escritos que me sobrevivan sobre la elección (Te jodes y decides), hoy quería enfocarme no sólo en la urgencia de la decisión, que ya ilustré con el río, sino en la inevitabilidad.

Cuando la gente se expresa en el sentido del título me recuerda a aquel que le preguntas: ¿Qué hacemos hoy, vamos al cine? No. ¿Al parque? No. ¿Al teatro? No… no, no, no…

O tiene el plan de dejarse morir en el sofá o está obviando el hecho de que no se puede «no elegir».

Cualquiera que trate con adolescentes sabe que reclaman poder «decidir» y «elegir» sobre multitud de cosas ya a partir de unos años antes que esos diecisiete.

Eso es crecer, eso es ser adulto: Tomar tus decisiones, asumir sus consecuencias. ¡Tomad, aquí lo tenéis! No es tan diver como nos lo imaginábamos, ¿verdad?

Solo un paréntesis para hablar de educación y expresar lo paradójico que resulta que esta crítica del título coexista con la «necesidad» actual de poner la dirección del proceso educativo en los «intereses» y «elecciones» de los adolescentes, incluso de los niños. Ambas cosas a la vez no pueden ser, queridos. O te quejas por tener que decidir o por no poder hacerlo, pero no ambas.

Sí, tienes que decidir con diecisiete, y con quince… y con sesenta. Y asumir las consecuencias de tus decisiones. Volver a decidir de nuevo al día siguiente: si quieres seguir el camino que llevas, modificarlo, o variarlo radicalmente. Todos los días, todos los putos días.

Quizá es solo la queja de que no mola «hacerse mayor», en cierto sentido. Y eso lo puedo comprender e incluso compartir, sobre todo si estás en la parte más favorecida de la sociedad (porque para otros, ese tiempo juvenil o universitario no ha sido un lugar tan cómodo), pero entonces, quéjate de esto y tendrás nuestra comprensión. No lo maquilles.

O puede ser que quizá te quejes de un SISTEMA educativo que no te está atendiendo debidamente, que no te permite una formación más completa o que no tiene como objetivo que seas un obrero especializado sin mucha cultura. Ajá, pero entonces, tampoco parece que te estés quejando a quien corresponde ni de lo que corresponde. Entonces, quizá seas uno de esos (muchos) que nos faltan cuando luchamos por una educación pública de calidad. Piénsalo.

También puede ser que te quejes de un «mundo adulto» que mastica y escupe a un altísimo porcentaje de la sociedad, que limita cruelmente su capacidad de decisión y desarrollo. De acuerdo, pero de nuevo yerras en tu queja y en su destinatario. ¿Hacemos algo para cambiarlo?

Antes de que me contestes, te dejo con una pregunta que suelo hacer a mis alumnos y revela muchas cosas: ¿Quieres ser rico (y escaparte de esto tan malo) o que no haya «ricos»? ¿Estás en desacuerdo con el sistema o con el puesto que te ha tocado? Porque hay maneras para vivir todos mejor pero son incompatibles con el concepto de «riqueza» actual.

Piensa primero esto, porque si tu problema es que lloriqueas porque no puedes estar en la cumbre mientras pisoteas al 90% de la población y nos dejarías tirados en cuanto pudieras escaparte de donde estamos… pues, puedes llorar solito.

Ah, y por cierto, malas noticias, no podrás escaparte… Sí, sí, sé que has visto vídeos de historias de superación y tal. Yo también he visto vídeos de gente brindando porque le ha tocado la lotería, pero no seré yo… y no serás tú.

Y parece que me he ido del tema, pero no. Os lo resumo: Tu problema no es elegir optativas en segundo de bachillerato.


Mbappé y Galtier han perdido el tren

7 septiembre 2022

Es posible que ya hayáis visto el polémico vídeo. Si no, aquí lo tenéis.

Un periodista les pregunta si se han planteado desplazarse usando el tren de alta velocidad francés en lugar de los aviones privados y ambos se ríen.

Podría ser un caso de risa incontrolable e inoportuna, que a todos nos ha pasado, pero nuestras dudas se despejan cuando el entrenador responde que están considerando ir en barco de vela… y vuelven las risas.

Me hago muchas preguntas y consideraciones que compartiré con vosotros.

La primera, ¿habrá perdido Mbappé un céntimo en sus ingresos por esto o es un caso similar al de Trump cuando decía que podía disparar a alguien en una plaza y no perder un voto? Digamos, ¿sale gratis?

Para que busquéis en la red: ¿Cuánto cuestan/contaminan esos viajes en jets privados? ¿Cuánto ir en tren? ¿Cuánto es el volumen total de contaminación que proviene de estos usos (y otros) de las clases altas y cuánto el ahorro de nuestras medidas privadas?

Y ahora, cuando vuelva a la realidad, ¿qué hago y qué enseño? Como ellos se comportan así, ¿dejamos de reciclar o de separar basura?

A mis estudiantes les explico que en sus vidas hay una dimensión personal y una política relacionada con la sociedad y lo común. Está claro que tenemos que hacer nuestra parte, pero lo que no podemos abandonar es la acción común que ponga coto a las grandes empresas, a las grandes fortunas, a quienes en realidad están moviendo los grandes números de estos problemas que luego sufrimos todos… pero no por igual, ya sabes.

De nada vale que andes reutilizando bolsas si permites (si permitimos) que los grandes contaminadores, los que deciden las líneas de actuación, los que establecen las leyes y los mercados, sigan moviéndose en la dirección contraria. Y para eso hay que unirse, asociarse, votar y acudir a las leyes… como poco.

Lo personal y lo político son dos ámbitos que deben ser ocupados. No puedes compensar el uno con el otro, tienes el derecho y la responsabilidad de actuar en ambos.

Finalmente, me quería centrar en el hecho de la risa y que recordemos actitudes parecidas de otros personajes similares. No se trata de que no sepan lo que pasa, o cómo podrían cambiarlo… no DESEAN hacerlo, incluso disfrutan o les parece divertido seguir como estamos.

Esto no es un malentendido, no es un asunto de ignorancia. Es una lucha, una pelea, una confrontación.

Ellos se van a oponer con toda su capacidad, que es enorme. Nosotros tenemos nuestro número, que somos muchos, y la ley. Hay que ponerse manos a la obra. Y por esto es tan importante legislar, que los derechos y las buenas intenciones se escriban en papel de boletín oficial, con dotación específica y con garantías de cumplimiento. Porque, como decía aquel magnate, esto es una guerra y los de abajo la están perdiendo.

P.S.: Si os interesa el papel del tren en un transporte sostenible os recomendamos que sigáis a Iván Rivera, estupendo amigo y gran conocedor de ese campo.


La actividad regulera…

22 junio 2022

Hoy quiero compartir con vosotros una actividad que no ha salido muy bien, en la que nos hemos encontrado problemas, hemos tenido que recular, topado con inconvenientes, se ha ido de tiempo… lo que un gurú quizá encontraría inconfesable, pero que para los profes de a pie es el día a día.

Lo hago recordando ese sesgo de no publicar resultados negativos que hay en la investigación y que nos lleva a tener gente repitiendo cosas que no funcionan, simplemente porque no es sexy contar ni publicar errores o cosas que llegan a callejones sin salida.

La actividad.

Quería hacer algo sobre historia de la tecnología, pero no de la manera habitual. Así que pensé en que investigaran sobre inventos “relevantes” de la historia y yo les preguntaría alguna cosa sencilla sobre ellos (cuándo, quién, qué ventaja aportaron, etc.)

Primer error: Recogida de datos.

Subestimé lo majos que sois.

Pues un mensaje en una lista de correo de divulgadores y por tuiter esperando cuatro o cinco ideas. Bien, pues aluvión de propuestas con listas infinitas de inventos superinteresantes. Cabrones…

Emails, listas puras, listas con explicaciones, tuits, mensajes directos… tocó un buen rato de proceso.

Así que, si lo hacéis vosotros, pasad un formulario… o no tengáis amigos tan majos.

Primer problema: ¿Cuáles?

El trabajo no puede ser infinito, así que hay que elegir. ¿Qué criterio usar? Hay mil y probablemente lo mejor sea una mezcla de unos y otros. Está claro que hay algún fijo como “la imprenta”, pero luego puede haber muchos criterios: por vidas salvadas, por mejora de la calidad de vida, por gente implicada, por ayuda grande aunque sea a un colectivo solo…

Esto te va a llevar casi a tantas posibles compilaciones como personas, pero bueno, como os digo, todas son pensables. Así que no es tanto un error, como una decisión a tomar.

Siguiente problema: ¿Qué preguntar?

Tomé la idea de las cinco W del periodismo e hice una tabla con los inventos como entradas y como campos: Quién, Cuándo, Dónde, Qué beneficio produce y la fuente donde se ha encontrado la información. Quise añadir otra sobre posibles usos peligrosos que acabé descartando por no alargar.

No tiene mala pinta, ¿verdad?

En este punto, como superinnovador, les dejé a su suerte en esa red de redes donde están todas las respuestas, para que las buscaran (colaborando si querían) y luego les preguntaría yo el fruto de sus pesquisas.

Empecemos con la lavadora (invento que me encantó incluir por el gran cambio que supuso en la vida de las mujeres).

¿Cuándo se hizo?

Y ya empiezan las discrepancias… ¿Qué es una lavadora?

Porque si pensamos en esas que se hacían girar manualmente, el origen es uno, pero si pensamos en que tiene que ser un “ELECTROdoméstico” entonces nos tenemos que ir a otro momento en el tiempo y a otras personas…

“Javi, pero entonces, ¿cuál es?”

Todas y ninguna. Depende del criterio y hay varios criterios pensables. Tenemos que elegir uno para que cuando lo pongamos en común hablemos de lo mismo.

“Pero entonces, ¿cuál?”

La que queráis, pero tenemos que elegir un criterio…

“Pero es que a mí me sale…” “Y a mí”…

Mi propuesta es ambigua. Pero no solo en esto.

Mirad qué pasa en la imprenta, Si entráis a este enlace veréis que fue posible gracias a la existencia de muchos inventos previos sin los que NO sería posible. ¿Cuándo y en quién ponemos el origen? ¿En el primero de los archiperres necesarios?¿En el momento en que se juntan todos?

Mirad qué pasa con la anestesia. La movida empieza con Llull, pero él ni siquiera experimenta con animales, sólo sintetiza una sustancia que otro se da cuenta de que le da risilla, otro la usa con pollos… este dedito compró un huevo, este le puso sal…

En este caso a mí me mola empezar con el primero que hace una intervención en humano usando anestesia, pero es un criterio arbitrario y discutible.

Como veis, que rellenen esa tabla de manera autónoma y lleguen a las mismas conclusiones que las mías es algo imposible. Así que no puedo hacer este ejercicio de búsqueda autónoma y terminarlo con una prueba donde rellenen sus datos, porque no vamos a coincidir. 

Más problemas.

¿Qué pasa con los errores y las leyendas urbanas? ¿Qué pasa con Meucci y el teléfono? ¿Con Julio Cervera y la radio?¿Y con el cine y otro español… que os dejo como ejercicio a vosotros, lectores?

¿Cómo pueden saber que lo que leen en sitios confiables y libros de texto puede estar mal? “Todo está en Internet, ¿verdad?

En este punto al menos han quedado claras varias cosas interesantes:

  1. Según el criterio y la definición, buscamos cosas distintas
  2. La ciencia y la tecnología son un esfuerzo conjunto y dilatado en el tiempo y quien “corona” es sólo parte del proceso. Y esto, por el machismo histórico, incluye a las esposas de tantos investigadores que los han mantenido vivos y a las que nadie pensará en incluir en un paper por cocinar o lavar la ropa… pero sin esas tareas no habría investigado aquel. Ni sin el carnicero que le trajo la carne, sin quien limpió su calle, quién construyó su casa. La ciencia y la tecnología son un producto social, por más que se quieran privatizar sus beneficios.
  3. Todo está en Google, pero yo sé que si hablo de asepsia quiero hablar de Semmelweis y sé que si me sale Marconi, tengo que seguir buscando. Mis ojos no ven lo que ven los suyos. Ni yo veo el bosque como lo ve un botánico.

Soluciones… o intentos.

A la vista de esto lo que tocaba era una revisión de “experto” de lo que habían encontrado. Así que pasamos a invertir otros días en que yo les contase sobre cada cosa, sus ramificaciones, etc. (ya habíamos invertido en las búsquedas suyas que hicieron en horas de clase).

Esto consumió unos días, claro. A mi parecer muy interesantes porque les iba abriendo páginas, relacionando cosas (flipan con cómo y qué cosas relaciono)… pero también había quien caía catatónico sobre la mesa y quien resoplaba invocando piedad a algún dios. Vaya, que para ellos no eran (todos) tan interesantes.

Evaluamos

¿Qué mido yo ahora para saber el aprovechamiento? Sus hojas rellenas están plagadas de errores, asunciones no explícitas… Así que les paso una mía.

Pero entonces no les puedo preguntar sobre esa hoja porque el ejercicio consistiría en buscar un dato por su fila y columna… y estos están en cuarto de la ESO.

Así que pacto con ellos que de la primera selección de 51 les voy a preguntar cosas concretas y sencillas sobre 20-25, que marco en mi tabla y comparto. Y finalmente les paso un test preguntando sobre esas invenciones humanas…

Aftermath

Muertos por aburrimiento, unos cuantos. Horas invertidas, demasiadas. Aprendizaje final conseguido, debatible.

Es cierto que la búsqueda principal nos arroja varias conclusiones excelentes sobre la búsqueda de conocimiento en la red, en esos tres puntos que os puse antes. Pero para ese aprendizaje usar dos o tres horas se me antoja excesivo.

Si al final, lo que va a funcionar es una “clase magistral” donde este experto pueda dar un conocimiento elaborado que ellos no están en condición de generar, pues entonces empecemos por ahí.

¿Qué otra cosa podría hacerse?

Quizá, si lo que queremos es un ejercicio de búsqueda tendríamos que ir a preguntar cosas muy, muy concretas sobre esos inventos. ¿Quién operó a un humano por primera vez bajo anestesia? ¿Quién sintetizó el éter por primera vez? ¿Quién lo llamó éter?

¿Es posible que esto le dé suficiente profundidad al conocimiento de lo que significa el invento? Lo dudo.

¿Trabajos en grupo por inventos? Tenemos el problema de “digerir” la información como lo hacemos nosotros y que suelen descuidar escuchar las exposiciones ajenas. Si al final tengo que corregir sus exposiciones para que no enseñen errores… caemos otra vez en la clase magistral.

Así que, queridos míos, no tengo demasiado claro cómo hacer esto de manera efectiva, quiero decir, que no acapare miles de horas y que produzca un aprendizaje de calidad.

Aquí os dejo estas reflexiones para quienes puedan ser de provecho y si tenéis a bien comentar vuestras propias reflexiones, experiencias o propuestas… por malas que hayan sido… seguro que su lectura le es de provecho a otros compañeros.

También os dejo por aquí la selección inicial de “inventos” por si os sirve de semilla para vuestras propias actividades.


Me han hecho una putada… lo que sucedió a continuación le sorprenderá

31 mayo 2022

Como ya ha hecho usted click le anuncio que le contaré una serie de sucedidos y las reflexiones que me suscitan, por si no quisiera dedicarme más tiempo.

Allá voy.

Pues sí, me han hecho una putada. Algo sobre un objeto mío que me consumirá tiempo y dinero, ni pizca de gracia me ha hecho.

Uno de los primeros pensamientos que te asaltan es «¿por qué a mí?». Soy un tipo justo y benéfico como decía La Pepa que debíamos ser. Y este es uno de los primero errores a descartar. Los derechos son derechos, no se «ganan» o se «merecen». Mi integridad física o la de mis cosas no pasa porque a alguien le parezca mal lo que hago, piense que le debo algo o que el mundo se lo debe y se «cobre» con el primero que pase. Por lo tanto no soy de los que menos «se lo merecen», soy uno más de los que no se lo merecen, que somos todos.

Otro pensamiento es: ¿Qué hubiera pasado si pillo en el acto al interfecto? Esta educación que nos dio la sociedad y mis propios desequilibrios hacen que te surjan ciertas ganas de explicar la tercera ley de Newton con ejemplos prácticos e ilustrativos. Pero la capa de socialización que modera mi animalidad me recuerda que una cosa son las personas y otra los objetos, y que hay un estado de derecho al que poder acudir para no tener que resolver las cosas a hostias entre «bandas». Ya, ya, soy tan consciente como vosotros de las fallas de este estado de derecho. Así que, pensemos en cuál es la otra opción, la ley de la selva, y luchemos por mantener la estructura que queda y construir lo que falte.

Por supuesto, el ánimo ha estado bastante bajo, me sigo resistiendo a la idea del mal, incluso del poco mal que me llega dada mi posición socio-económica y mi red de apoyo personal. Pero de esto hablaremos al final.

Como os decía, el ánimo ha estado bajo, pero a partir de aquí han pasado muchas cosas buenas e interesantes.

Primero he recibido cariño y ayuda de quien más cerca está, quien a diario prueba algo que suele negarse: que se puede querer de manera profunda, apasionada y pacífica(!). Así que, tomen nota. Es posible. No se conformen con menos.

Después ha venido la acogida de compañeros de trabajo, que alguno bueno hay, teniendo lugar un pequeño acto de cariño cotidiano que a veces pasamos por alto y es de suma importancia. La simple comprensión, empatía ya supone un alivio que no debe desdeñarse. Esto se acentúa cuando alguien cae en el error de sugerir que quizá TE pusiste en «ocasión». Pero de esa falacia de «merecimiento» ya hemos hablado, así que pasamos página.

El estado de ánimo un poco plof me ha recordado que los estudios indican que bastan dos o tres golpes fuertes de la vida para que la salud mental peligre, muchas personas sin hogar pueden atestiguar esto. Lo mío ha sido algo muy leve, pero me ha hecho pensar en la fragilidad de nuestra estabilidad mental. Dado lo azaroso que es el vivir y la diversidad de cosas que nos podrían venir de camino, aprovechamos de nuevo para recordar la importancia de la atención sanitaria, la protección laboral, las redes de apoyo de clase o gremio que puede dar un sindicato, por ejemplo y, sobre todo, la red de apoyo personal (familiar y amistosa) sin la que podríamos caer un profundos abismos de los que no saldríamos con facilidad.

Más tarde me he puesto a intentar arreglar el asunto, y en ese momento ha aparecido un buen amigo de muchos años, que me ha hecho ver… lo que no estaba viendo: Que había un camino mucho más fácil y apropiado para resolver el problema. Así que, de nuevo he pensado en lo frágil que es también nuestra capacidad mental cuando nos encontramos en un estado «alterado»: tristes, enfadados, preocupados o estresados,, por ejemplo. Es como si tu CI bajase unas decenas de puntos. Es curioso, me tengo por una persona bastante resolutiva, pero en ese momento no era tan hábil o inteligente como en mi estado fundamental. Este hecho debería tenerse muy en cuenta en trámites administrativos, por ejemplo, de esos que hay que hacer cuando las cosas están jodidas: fallecimiento, pobreza, desahucios o similares.

Este amigo ha intentado (y podido) cambiar la hora de un asunto de trabajo para acercarse a echarme una mano… aunque no ha sido la «mano» lo que me ha echado al final sino la cabeza. Ha puesto la cordura y la claridad que me faltaba en mi estado «alterado» de conciencia.

De nuevo un bonito acto de amistad, que me recuerda que me quieren. Recuerdo también que los actos de ayuda involucran a alguien que la necesita y a alguien dispuesto a darla. Que en cada momento nos tocará un papel y que son todos dignos. Es una oportunidad para quererse. Con la misma buena voluntad que ayudamos, debemos aceptar la ayuda (¡y pedirla!), que a veces somos un poco tozudos.

Tomo nota y ejemplo de mi amigo para no dejar que la prisa me prive de ayudar a quien lo necesita, hay cosas que pueden esperar, y quizá deban hacerlo, frente a cosas más urgentes o importantes.

Después he recibido más apoyo y comprensión de otros amigos, familiares, profesionales que han hecho su trabajo acompañado de una sonrisa. Lo que me hace pensar en que se puede aliñar la obligación con buenos sentimientos sin que suponga un cargo extra. Así que, de nuevo he aprendido de ellos, y he marcado de buena actitud y buenas palabras mi interacción como cliente.

Aún quedan unos flecos, pero creo que podemos dar la historia por concluida, después de una reflexión final.

Primero. Ha sido una putada, no es una crisis, una oportunidad… es una putada. Punto. Otra cosa diferente es cómo vivimos las situaciones en las que nos vemos envueltos y qué aprendizajes podemos obtener o refrescar. Pero vamos, que no recomiendo desear estas situaciones de aprendizaje.

Y la siguiente es: ¿Qué hacemos con el mal?

De esto hemos hablado en el blog mas de una vez. Insisto de nuevo en que ha sido algo de una intensidad despreciable comparado con lo que viven a diario tantos: agresiones, violaciones, desahucios, abusos, pobreza, guerras… Lo mío es un leve roce del mal, pero nos ha servido para la reflexión.

¿Cómo luchamos contra él? ¿Qué armas tenemos? ¿La educación? ¿La ley? ¿Ambas? ¿Es erradicable o tendremos que convivir con él para siempre? ¿Es innato o fruto de la sociedad?

Lo que sí veo claro es que, en el tiempo que se me conceda, no creo que vea el final del mal, por lo que voy a tener que convivir con él. También es cierto que hay una parte de mi actividad profesional y humana que intenta incrementar el bien y reducir el sufrimiento de este mundo nuestro, pero mi parte es mínima y mi influencia en el mundo muy pequeña.

Pero mi parte es MÍA, lo único sobre lo que tengo capacidad. ¿Hago lo que puedo con «lo que puedo»?

¿Y qué pasa con mi serenidad? ¿Debo estar siempre indignado por el mal que existe? ¿Es posible la acción sin esa «indignación»? ¿Ayuda o entorpece? ¿Puedo irme a dormir tranquilo? ¿Puedo reírme con los que me quieren o tengo que estar siempre triste por el dolor de millones?

¿Es posible y deseable una acción serena en la esfera propia, personal y política?

¿Debe el mal, además de ganarnos la partida material, envenenar nuestro mundo mental y emocional, haciéndonos infelices más allá del daño concreto?

Bueno, ahí os dejo deberes.

Gracias a los que habéis hecho del día algo mucho mejor que como comenzó, los que abrigáis mi alma y me mostráis el camino… y un mojón bien gordo para los otros.


Igual el porquero de Agamenón solo hablaba de mierda

14 mayo 2022
Cerdos ibéricos

Atribución: comakut, CC BY-SA 3.0 http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/, via Wikimedia Commons

Quizá hayáis oído el dicho «La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero», dando a entender que el carácter veraz de algo es independiente de quien lo exprese. (*Al final te cuento una curiosidad sobre la cita).

Esto es algo muy querido por aquellos que practican el pensamiento científico-materialista-crítico: «Creo lo que veo».

En matemáticas funciona como un tiro: Dos más dos, cuatro. Fin. Lo puede decir cualquiera. Lo puede probar cualquiera que sepa cómo hacerlo.

En las ciencias experimentales se pone la cosa más complicada porque los experimentos no son tan claros ni tan «decisivos» como nos gustaría.

En las ciencias sociales… bueno, ahí hay que tener muy buena cabeza y corazón para mantener honrosamente el término «ciencias».

Saliendo de las matemáticas, muchas de los experimentos, de los razonamientos no llegan a través de personas y necesitamos una dosis de fe en ellos, en su proceder y en su ética, para aceptar sus resultados como buenos. Imagina que tuvieras que reproducir en tu cocina un estudio clínico para aceptar sus conclusiones.

Así que «la fuente» de lo que oímos, no es un puro altavoz, un reproductor de una verdad incontrovertible y verificable, es uno de los elementos que consideramos para dar veracidad a lo que oímos.

Así que, no será lo mismo un frutero o un carnicero hablando de fruta y la recíproca.

Pero a esto se añade que conozco a muy pocos que usen el lenguaje como una herramienta de comunicación dedicada a transmitir algo que creen cierto. La mayoría la usa como una herramienta a favor de sus intereses, más o menos éticos. «Diré lo que me conviene o lo que le conviene a mi causa».

A mí también me entristece esta conclusión y me encantaría que no fuera cierta, pero el mundo no es como yo quiero… en esto tampoco.

Tan frecuente es que le han puesto nombre a este comportamiento. Por ejemplo, greenwashing es la actitud de esas compañías cuya principal actividad es muy contaminante (y no pretenden que lo sea menos) pero toman acciones, elaboran discursos para «lavarse» y verse «verdes. Algo similar ocurre con el pinkwashing, en este caso intentando parecer feministas. Este divertido bot de Twitter se dedica a poner la diferencia de sueldos que hay en empresas que tuitean a favor de la igualdad… revelando muchos casos de pinkwashing.

Ya os conté en este otro post sobre las lealtades de cada uno y sus posibles contradicciones usando una divertida metáfora, al menos para mí, con los sistemas de ecuaciones.

Muchos bienintencionados piden que se reconozca, se señale y nos congratulemos cuando conocidos destructores del sistema y luchadores en contra los derechos más básicos dicen algo razonable, pero yo no lo haré por lo siguiente.

Es parte de una estrategia que podríamos llamar CommonSenseWashing. Gente que quiere y busca una apariencia de normalidad, y de sensatez, para colar en el momento adecuado y con la audiencia incrementada sus discursos de odio y las semillas del mal que buscan. No es que se hayan dado cuenta de su error, no han tenido una epifanía, no se han caído del caballo, como el de Tarso. El caballo en el que van es el de Troya, por lo que mis puertas estarán cerradas.

Javi, ¿cómo sabes que no ha habido un cambio de dirección, algo que sería estupendo?

Sencillo: MIRAD LOS HECHOS. Lo sé porque no hay tal cambio en los hechos. ¿Siguen en el mismo partido que quería quitar derechos? ¿Siguen cobrando del mismo malnacido y trabajando para los mismos oscuros intereses? ¿Ha ocurrido otras veces y luego han vuelto a las andadas? Que hablen sus actos y entonces nos plantearemos considerarlo. Escuchemos el lenguaje de los hechos, menos manipulable.

De esta forma, ya me disculparán, pero aquel porquero es muy posible que en el fondo esté hablando de mierda y aquel Agamenón, de las bondades de la monarquía.

*Curiosidad sobre el origen de la cita… y su ERRÓNEA interpretación

En contra de lo que creía y de lo que pudiera parecer. No se trata una cita que provenga de la Grecia clásica. Es del libro Juan de Mairena, de Antonio Machado.

Curiosamente, el sentido del texto es muy diferente al que suele dársele al extracto que toman como cita.

La cita completa sería…

La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.

AGAMENÓN: Conforme

EL PORQUERO: No me convence.

Precisamente resulta ser el porquero es el que duda de aquella frase que parecía en su favor…

Una buena manera de cerrar el post en el que queremos recordar que no todo es lo que parece. Mostrando que ni siquiera la cita con que se iniciaba es lo que parece.


¿Tienes una necesidad? Yo tengo la solución

23 abril 2022

No se me apelotonen… es una forma de hablar. Bueno, algo más. Me explicaré.

En el mundo tecnológico en el que vivimos hay que ir desarrollando algunas actitudes que nos vendrán muy bien. Hablaba de esto en mi artículo Tecnolerdos. Hoy quiero referirme especialmente al punto tres.

No somos pioneros. En casi nada. No eres el primero al que se le ha atascado el fregadero, tiene que purgar los radiadores, usar una hoja de cálculo, etc.

Por lo tanto, BUSCA Y PREGUNTA. Particularmente si tu tarea es larga y repetitiva.

Dado que no eres el primero, es casi seguro que alguien ya ha visto una forma de automatizarla y lo ha explicado en algún lugar de nuestra querida red.

Veamos un ejemplo:

Digamos que te llega una tarea. ¿Cuánto voy a tardar?

  • Cinco minutos o menos. La hago y listo.
  • Media hora, horas o días. Entonces, primero, gastaré cinco o diez minutos en ver si puede hacerse de manera más eficiente. Si no fuera posible, la pérdida de tiempo es irrelevante.

Os voy a poner un par de ejemplos de esta misma mañana.

Ejemplo 1. Tengo un documento de texto con imágenes y me piden que las extraiga todas en una carpeta aparte.

En mi caso son veintipico. Tendría que coger cada imagen, llevarla a un programa, guardarla como un archivo… Uy, uy. No. Me canso 😉

Busco en Internet (y en esta época no hace falta ser muy preciso con la pregunta, además suelen aparecer sugerencias que te apañan).

Y me sale este enlace. Resumen: Guarda el documento como HMTL y te crea una carpeta con las imágenes.

Primer problema resuelto. Ya tengo todas las imágenes en una carpeta sin esfuerzo.

Ahora me toca reemplazar cada imagen por una referencia al archivo correspondiente.

Y aquí he visto que no era inmediato y lo he hecho a mano. Veintipico cortar y pegar «imagen03» me compensa buscar cómo hacerlo. Además ha aparecido un problema añadido que es que no las estaban numerado en orden de aparición.

Pero no dudéis que hay una manera automática de reemplazar en ese HTML la imagen por el texto «imagen06» y luego convertir ese HTML en un documento de texto «habitual». Si hubiera sido un manual de cien páginas, buscar esto hubiera sido la estrategia correcta.

Ejemplo 2. En una hoja de cálculo tengo una celda con varios elementos que quiero separar en distintas columnas.

Para que se me entienda, es como si en una celda tuviera el nombre y los dos apellidos separados por espacios y quisiera que eso se repartiera en tres celdas, una con el nombre y las otras, una con cada apellido.

Esto me surge porque estoy preparando la liquidación de los derechos de mis libros del año pasado (¡gracias por comprar!) y como son tantos (!) pues tengo que ir recopilando el ingreso bruto, la retención de Hacienda, el ingreso neto…

He abierto el móvil para ir sumándolo con la calculadora… pero he pensado, no. Paso. Me canso.

Así que he abierto una hoja de cálculo, he copiado la línea del documento con esos valores para cada libro y los he pegado en una hoja de cálculo.

Problema, que tenía los tres números en la misma celda.

Pregunta: ¿Soy el primero en todas estas décadas de ofimática en tener este problema?

Respuesta: No.

Busco en Internet

Y, efectivamente, en el menú Datos, puedes separar eligiendo si es por espacios, por comas, por otros símbolos, por varios de ellos, que sea el programa el que los detecte automáticamente (!)

Un par de clicks. Sumo columnas… y listo.

Añado que, para los que somos despistados (o estamos a mil cosas, o tenemos prisa… o todas las anteriores), estos sistemas automáticos os van a librar de errores que son fáciles de cometer en tareas repetitivas. Es todo ganancia.

Aprovechemos el conocimiento colectivos, somos seres culturales… y contadlo luego para otros (como estoy haciendo yo, jeje).

Aprovecho también para recordaros que tengo por aquí mucho material, video tutoriales y demás para los que necesitéis enseñar (o aprender) estas cosillas tecnológicas nuestras.

Juntos somos más.


A %d blogueros les gusta esto: