Los jóvenes y sus coordenadas

9 mayo 2019

Bueno, empecemos mejor, diciendo: Algunos jóvenes y sus coordenadas.

¿Dónde andan nuestros chavales? ¿Por qué no nos entendemos?

Es difícil entenderse cuando se hablan distintos idiomas, cuando no se comparten intereses, o ni siquiera valores que quizá estemos dando por supuestos.

También es difícil entenderse cuando los adultos mantenemos un discurso de cara a la galería y unos principios (o la ausencia de ellos) en nuestro fuero interno o nuestro proceder.

La verdad es que me parece estupendo el cuestionamiento de valores, siempre que sea parte de un camino hacia “arriba” y no el comienzo de la ley de la jungla.

Por ejemplo, “hay que respetar a los mayores”. ¿Por qué? ¿Es que no hay que respetar a los que no sean tan mayores?

Me parece interesante el cuestionamiento, siempre que acabe en: Hay que respetar a todos. Hay que considerar que quien lleva más rato por aquí quizá se haya hecho una opinión interesante de escuchar sobre las cosas.

Si eliminamos la convención social incuestionable sobre el respeto a los mayores, para ir dándoles patadas en el culo por la calle, pues creo que poco hemos avanzado.

Aunque esto es una reflexión de hace tiempo, se me ha revivido con este artículo, cuya lectura os aconsejo porque muestra bastante de lo que estamos hablando.

Artículo de EL PAÍS.

El youtuber que humilló a un mendigo alega que era “en plan coña”

Divertido que incluya el omnipresente “en plan”.

Voy a incluir unos extractos:


“Vacila al fiscal (…) tutea a los abogados y lanza preguntas impertinentes”. Ausencia de respeto por las personas e instituciones.

“21 años”. No es una niñería… bueno, sí, pero no de un niño.

“todo era en plan de coña”. “Mi intención no era ofender. Vosotros vais muy a tope con la ley”. Ir muy a tope con la ley… ya veis.

“Dejé el instituto para dedicarme a este trabajo. Lo estaba haciendo bien. Y luego pasó esto. La prensa me ha jodido”. Putos periodistas.

“Ya pidió disculpas cuando el vídeo desató una amplia polémica, pero en el juicio ha admitido que lo hizo para contrarrestar las “críticas”.” Muy común esto de decir lo que queremos oír sin ningún tipo de cambio de actitud o aprendizaje. Es lo que tiene no tener que pagar las consecuencias de las acciones. Puedes decir que lo sientes mucho y seguir haciendo lo mismo. No nos suena de nada, ¿verdad?

“Le preguntan también por otros retos en los que ofrecía bocadillos rellenos de excrementos de gato a niños y ancianos. “¡Era en plan de broma! ” Sin comentarios.


¿Lo veis? ¿Lo notáis? Nula empatía, nula responsabilidad, “me han jodido”, a él (!).

¿Cuáles son los referentes, las coordenadas para este tipo? ¿Cómo puedo hablar con él?

¿Hablamos de la dignidad de las personas? ¿Del respeto al débil? Lo vende sin tapujos por unos likes y el dinero que le reportan. Por supuesto dejó los estudios por el dinero que le da hacer bromas. ¿Hablamos entonces del placer de saber, de conocer, de aprender, de crecer como persona? ¿Hablamos de la ley, de lo común, de lo pactado, de la vida en sociedad?

Pues así, queridos, es el pensamiento de muchos jóvenes y de muchos adultos, y por eso es necesario un sistema que ponga límites a quien no desee tenerlos. La otra opción es un rifle para defender mi rancho, pero creo que ya pasamos esa etapa, al menos por aquí.

Insisto, jóvenes y adultos. Mirad, ¿cómo podemos decirle a los chavales que hacen un mal uso de las redes sociales, que exponen indebidamente su privacidad, cuando es exactamente lo que hacemos los adultos todos los putos días de la semana, poniendo fotos de lo que comemos, de nuestros pies “aquí sufriendo” en la playa, del recorrido y el tiempo que hemos hecho corriendo, (perdón, haciendo running), o de nuestros musculitos incipientes después de una semana de gimnasio?

Es complejo, pero no es cierto que no haya maneras.

Una es el sistema social de garantía de derechos que hemos pactado, lo que incluye, la compensación a las víctimas y la responsabilidad de quien lo incumple. Por eso, es más que posible que el youtuber de marras se lleve una buena condena y una buena multa. Sólo queda desear que, como hacemos con la educación, la justicia sea rápida y proporcional, de forma que resulte “educativa” para aquellos que sólo asumen comportamientos basándose en una evaluación coste/beneficio. Bien, pues humillar al débil como lo ha hecho esta persona debe tener asociado un precio que le haga a él, y a otros, replanteárselo.

Repito, la otra opción, es la ley de la jungla… y ojo, la mayoría de nosotros no somos leones.

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En este mundo de blancos y negros… somos todos negros

15 abril 2019

Fuente: Wikipedia

Vivir mancha. Punto.

Es imposible moverse en un estado de pureza prístina sin participar en la tupida red de abuso, explotación, desigualdad que constituye el mundo. Imposible… totalmente.

Así que somos todos negros, todos nos manchamos, unos más, otros menos. Punto.

No pasa nada por decirlo, no pasa nada por reconocerlo.

No es necesario que justifiques que todo lo que haces está bien y es lo más correcto que podría hacerse. No, mentira. ¿Ese ultimo trocito de pastel también es un acto ético, madurado, justificable… o lo haces porque te sale de tus gónadas?

Pues ya está bien, que da mucha pereza oír cómo justificáis vuestros comportamientos con consecuencias éticas como perfectos, que no, hombre.

Tenéis un plus si además se los justificáis a las víctimas de ellos. Sí, a las víctimas. ¿Por qué pensabas que tu comportamiento no era ético? ¿Porque es “feo”? Tu comportamiento no es ético porque daña a otros.

El mero acto de comprar ropa suele ser el final de una cadena en la que hay varios puntos de abuso y explotación, comportamientos que sólo se validan si finalmente hay alguien que compra.

Insisto en que es imposible no mancharse. Y fíjate que tendría una oportunidad estupenda de deciros que vosotros sí y yo no. Soy funcionario, profesor de adolescentes y divulgador científico. Podría pretender que es posible tener una actividad “limpia”, “sin ánimo de lucro”, bla, bla… pero sería un puto guay si diera a entender eso. Pero vaya, que cualquier acto cotidiano tiene implicaciones éticas, o incluso cualquier omisión: ¿has donado médula, te has apuntado para donar los órganos o donas sangre (por decir solo tres cosas que cuestan bien poco)? En España, dentro de nada toca votar. ¿Hay una opción que no lleve aparejados serios problemas éticos, incluida la de no votar?

Sé que hay mil guerras y que no tenemos el poder ni las fuerzas de luchar todas, pero sí que tenemos una responsabilidad personal ineludible, que habrá que matizar con la presión socioecónomica a la que estemos sometidos y que, efectivamente, podrían justificar algunas acciones, pero esto no pasa con la mayoría de las cosas que haces, ni en el caso de la mayoría de la gente. Un ejemplo de mi profesión, entras a una clase y te piden seis ir al baño. No sé si hay un urgencia de alguno, pero estoy seguro que los seis, no, al igual que estoy seguro que de los diez conductores que te han hecho “pirulas” hoy, la gran mayoría no tenía una urgencia especial. Lamentablemente, preferimos una pequeña comodidad, antes que el daño de otro.

Es necesario, si no queremos volvernos unos idiotas, que analicemos la responsabilidad de nuestros actos y que asumamos las consecuencias, las incoherencias, la falta de ética de algunas cosas, mientras también podemos ir mejorando nuestro proceder, ¿o sois de esos que dicen que son “así”?

Por lo tanto, todo el mundo tiene su parte de responsabilidad en las cosas que participa, lo que incluye a todo el puto planeta, aunque es importantísimo también definir si es más o menos… pero no me digas que es cero porque sea pequeña (que luego me enfado y escribo posts). Nunca os han dicho esa frase: “Entre todos lo mataron pero el solito se murió”, o el famoso “episodio de las lentejas” de la obra de teatro “Las bicicletas son para el verano”.

Ya sabéis que no hace falta ser santos, héroes o mártires, a veces basta con que no andemos dando demasiado por saco a los demás.


¿Cómo “de imposible” es eso que dices?

14 abril 2019

Fuente: Wikipedia

Una de los problemas más sencillos y con los que nos gusta atormentar a nuestras inteligencias artificiales, para enseñarlas (no para matar la creatividad, para eso tenemos a los alumnos), es el problema de clasificación.

Se trata de adscribir elementos a una de dos categorías que son excluyentes, por ejemplo: resultar moroso o pagar un crédito, aprobar o suspender una materia, etc.

Es de los problemas más sencillos que se pueden plantear, basta con una salida entre cero y uno, entendiendo que cuanto más cerca del cero mayor probabilidad de ser de una categoría y viceversa.

Ya está en uso, por ejemplo para el tema de los créditos, y así estima la IA si merece la pena prestarte dinero o es un riesgo alto… con todos los problemas que tiene esto, pero hoy iremos por otro lado.

Hoy, la cosa va de imposibles. En realidad es un problema de clasificación, el “uno” sería la seguridad de que algo va a ocurrir y el “cero” la imposibilidad metafísica de que ocurriera.

Supongo que ya veis por donde voy… los matices… ñiñiñiñiñi

Convengo en que desglosar todo hasta la última partícula hace inviable la resolución de cualquier asunto, igual que si empezamos a considerar que todo es “lo mismo”. Esto último se usa incluso como estrategia para manipular. Por ejemplo, si ponemos en la misma “categoría” cosas de muy distinta intensidad, acabamos minusvalorando lo verdaderamente grave. No podemos usar el mismo término para un tetrapléjico gran dependiente que para ti si te has dado en el dedo meñique del pie con la pata de la cama. Si cualquier cosa es discapacidad, nada lo será verdaderamente.

El otro día, un poco enfadado, ponía en Twitter, para los “absolutistas”, que al final todo son campos y no hay nada más que hablar de la realidad. Bueno, puse un ejemplo con mi culo, que no sé si lo aclaraba más… los curiosos, que busquen.

El lenguaje es una herramienta para comunicarnos (al menos para los que lo usamos para el bien), así que se trata de buscar el detalle necesario, sin volvernos locos. Para mí, imposible es una palabra demasiado grande y que nos lleva a acciones muy diferentes. Y ya dijimos que la pregunta que te espeta la vida es: ¿Qué vas a hacer?

Creo que, como mínimo, deberíamos distinguir estos “imposibles”

  1. Metafísicamente imposible… o sólo apto para hacedores de milagros
  2. Extremadamente costoso en recursos personales
  3. Necesitado de consenso y coste de otras personas con difícil acuerdo
  4. Extremadamente trabajoso de llevar a cabo
  5. Tremendamente impopular y con una posible reacción adversa fuerte

Las acciones a tomar en las distintas categorías no tienen nada que ver.

En la primera, por ejemplo, nos toca tragar y seguir camino.

La segunda requiere de una evaluación personal de costes y beneficios, en la que te puede “apetecer” (o no) apostar por algo.

En la tres puedes llegar rápido a desistir mientras musitas “Que os den por culo”.

En fin, muchas acciones posibles, dependiendo de “cuán imposible es ese imposible del que usted me habla”, no ya en una escala continua entre cero y uno de probabilidad, sino en el tipo de obstáculos con los que se encuentra.

Pensando en esto recordaba a mi profesor de la parte teórica del permiso de conducir. Un día nos dijo: Si al cambiar de dirección te encuentras con un peatón que está cruzando indebidamente la calle, el peatón tiene preferencia. Los alumnos, sorprendidos, nos quejamos, porque la preferencia la teníamos nosotros. Su respuesta: ¿Y qué vas a hacer? ¿Le atropellas? Encogimiento de hombros general, asentimos y pasamos al siguiente punto.

¿Por qué os cuento esta historia? Pues porque me recuerda mucho a la “imposibilidad” de pagar pensiones dignas. Para mí no entra en la primera categoría, sino todo lo contrario, en algo que no voy a dejar de hacer. ¿Qué opción tenemos? ¿Dejarlos morir de hambre? Así que esto es uno de esos “imposibles”, que hay que hacerlos posibles buscando el camino necesario.

Así que, queridos míos, cuando alguien os hable de que algo es “imposible” que os diga de qué obstáculos os está hablando, que ya somos todos un poco viejos y hemos visto muchas cosas “imposibles” suceder, muchas que hubieran provocado revoluciones, ser aceptadas sin rechistar y otras cosas que no creeríais.


¿Decís lo que queréis decir?

19 marzo 2019

¿Qué diferencia hay entre “Vaya día de mierda en el trabajo” y “Mi trabajo es insoportable y quiero cambiar”?

¿Qué diferencia hay entre “Mis hijos hoy están inaguantables” y “Quiero renunciar a la custodia de mis hijos”?

¿Qué diferencia hay entre “Me encanta la programación” y “Todos los estudiantes deberían aprender programación”?

¿Qué diferencia hay entre “Mi situación vital me resulta durísima” y “No hay nadie con una pena como la mía”?

¿Qué diferencia hay entre “Qué bien vivís los solteros” y “Me quiero divorciar”?

¿Qué diferencia hay entre “Esto TIENE que estar para mañana?” y “Sería ventajoso que esto estuviera para mañana”?

Pues lo mismo de siempre… confundir lo particular, lo privado con lo universal.

El lenguaje está para entendernos y ya he contado más de una vez que he elegido ser claro con mi expresión y no “interpretar” a la gente. Digo lo que quiero decir y escucho lo que se dice. Esto me ahorra mucha manipulación que se hace con lo sugerido, y mucho malentendido.

No es difícil elegir entre las expresiones de arriba. Por supuesto que todo el mundo tiene derecho a tener un día de estar hasta la gónadas y cargarse en los dioses propios y ajenos, pero tengamos cuidado, porque en estos subidones de universalidad, a veces proponemos iniciativas que pueden tomarse en serio, tomamos decisiones (personales o laborales, para nosotros o para otros) que tienen consecuencias o hacemos entender a los amigos que tu situación vital es de cierta manera y les preocupamos, o les hacemos perder el tiempo en intentar ayudarnos en algo que era un simple “Joder, estoy hasta las pelotas, me tomo una Fanta contigo y se me pasa”.

Me resulta curioso ver qué intensos se ponen algunos con la ortografía, particularmente con reglas que cambian de un día para otro por el puro acuerdo de un puñado de personas, y lo poco que importa expresarse universalmente cuando no toca, lo que sí retuerce el lenguaje y dificulta la comunicación, lo que era su objetivo primario.

También es curioso escuchar a la gente quejarse de que no se le haga caso, cuando frecuentemente usan palabras que dicen lo que después resulta que no querían decir.

No es tan difícil elegir los términos. No es tan difícil evitar palabras como siempre, nunca, todo, nada… universales, vaya.

Hay mucha diferencia entre “Nunca me haces caso” y “Algunas veces no me haces caso”. Es tan evidente que lo primero es falso como que lo segundo es casi imposible que no sea cierto.

Por esto, uno de los protocolos que os proponía en La Cordura de Saberse Loco es ser literal y subrayar lo que decís con vuestros actos.

Todos sabemos lo en serio que nos tomamos a la gente que sabemos que no habla por hablar. ¿No quieres ser uno de ellos?


El respeto ni se pide ni se gana, se exige.

15 marzo 2019

Lo primero sería precisar de qué hablamos, porque algunos definen respeto como admiración, otros cortesía (digamos un mayor miramiento que el que la educación básica pide), otros “auctoritas” (esa autoridad que te conceden por admiración o méritos y que lleva a que te sigan u obedezcan por voluntad y no por acatamiento), y así, variantes hasta el infinito.

Podría ser que mucha discrepancia venga de que no hemos acordado qué significa el término para nosotros.

Para mí tiene dos aspectos básicos y de esto es de lo que voy a hablar aquí:

Uno es la consideración a la condición de persona de cualquiera, lo que incluiría los derechos básicos, la integridad física, el honor, la intimidad, etc. Algunos prefieren llamarlo educación o civismo.

Otro tiene que ver con la situación en la que se está o la labor que se  desempeña. Por ejemplo, un moderador te da o quita el turno de palabra y eso debe respetarse en el ámbito de un debate.

Es frecuente oír decir que “El respeto hay que ganárselo” o que “Si respetas, te respetan”. Son dos frases que me activan diez mil alarmas.

Los derechos no se ganan, son derechos. Punto.

En este caso, que hablamos de puros derechos humanos, soy acreedor a ellos por mi propia condición de persona. No hay nada que ganarse, que pactar, de lo que deba convencer a nadie o que esté en la voluntad o capricho de nadie concederme. También me preocupan aquellos que respetan o piden respeto por “cosas” como la edad, los estudios, la posición social… ¿qué hacemos entonces con los que carecen de esos “atributos”? ¿No les respetamos?

Hablando como profesor, supongo que habréis oído más de una vez la enorme cantidad de tiempo que se pierde en las clases intentando poner orden. Si no sois profesores, quizá no sepáis cuánto trabajo y cuánto tiempo se invierte en encontrar maneras, estrategias, “inventos” (alarmas, semáforos, gráficos…) para conseguirlo. Creo que hemos perdido el norte.

¿Estamos diciendo entonces que cosas como el cuidado del entorno, que callen cuando el profesor u otro alumno está hablando, que no agredan verbal o físicamente… deben ser “ganadas”? ¿Que si al muchacho no le “gusta” la materia o tu forma de explicar, puede elegir incumplir algunas de esas facetas del respeto a las personas?

Pues mira, no.

Sería maravilloso que la gente fuera respetuosa de por sí, pero ya sabéis que unos lo son y otros no, que hay quien depende cómo le pille el día o le venga el aire, y ahí está el problema, ¿cómo debemos actuar con quien no nos respeta, con quien le explicas y le explicas que somos personas, que estamos en cierto entorno, y no le “convences”?

Porque hay chavales que son así. Y no es sólo por la edad, no os engañéis, los adultos también somos así, también está el que no entiende (o no quiere entender) qué hay cosas que son de otro, que hay cosas que son de todos… y no es porque no se le haya explicado, o porque tendría que ser evidente. No todos somos tan buenos como tú (te crees que) eres.

Me parece que venir de un mundo educativo mucho más autoritario, en el peor sentido, nos ha llevado al otro extremo del péndulo con malas consecuencias tanto para el trabajador como para los estudiantes (y los padres).

Y digo trabajador con toda la intención, porque fijaos: ¿Qué diríais si en vuestro trabajo se os insultase/agrediese dependiendo de la voluntad de vuestro jefe o compañeros? ¿No diríamos que es acoso laboral? ¿No hay leyes contra eso? ¿Es obligación contractual de los profesores tener que soportar esto? Podríamos decir lo mismo del personal sanitario… con el agravante de que ahí son adultos, mayormente.

En el entorno educativo se añade además que el profesor es la autoridad que debe garantizar el derecho a la educación (y el resto de derechos) de los menores que allí se hallan. Así que no sólo no tiene que asumir la falta de respeto, sino que está ahí para garantizar que no se produzca.

Por supuesto que deben explicarse y razonarse las normas… Y después, por supuesto también, deben hacerse cumplir. Cuando te cuesta media hora diaria explicar la misma norma, es que te están tomando el pelo. Cualquiera que trate con público general, con chavales… o que se mire al espejo… o se acuerde de cuando era niño, lo sabe.

Una derivada de eso de “ganarse el respeto” que no suele contemplarse es lo que estamos diciendo de aquellos que no son respetados, de los que reciben abusos puntuales o sostenidos. Les estamos culpando de lo que sufren. Precioso. Así que, el chaval al que roban el bocadillo, que insultan, que pegan… debe ganarse el respeto. Muy bien. Y el profesor, también. Si le insultan, que se esfuerce, que se lo gane, ¿verdad que sí? Es algo muy miserable, que espero se medite mejor cuando se dicen esas cosas.

Es respeto es un requisito para la interacción humana civilizada, no un objetivo, ni un deseo… ni un, “si os apetece”.

Curiosamente, estas cosas que se les “permite” a los muchachos, este elegir si respetan o no a los profesores y los centros de enseñanza… se acaban de manera abrupta a la mayoría de edad, cuando se les lanza sin miramientos a un mundo lleno de obligaciones, límites, frustraciones, porcojonismos… Un lugar donde tienes que llegar a la hora al trabajo o a la ventanilla, un lugar donde eso que le decías al profesor, si se lo dices al jefe te despide, si al policía te multa, si al juez… igual te vas a la cárcel. Un lugar donde el uso o la amenaza del uso de la fuerza te “explica” que debes acatar las normas. No es extraño que así tengamos a muchos chavales aterrizando en el mundo con un despiste considerable y llevándose unas cuantas tortas según salen al MundoReal.

Profesores, enseñemos lo que son los derechos y hagámoslos respetar, esa es una parte importante de enseñarlos. Es nuestro puto trabajo, somos los garantes de los derechos de esos menores. Respecto de nosotros, somos trabajadores, con nuestros derechos laborales (¡y humanos!). Cuando el entorno sea hostil, toca reivindicarlos y exigirlos, con los medios legales a nuestro servicio. No es tu culpa, no “va con el trabajo”. Hay entornos amables y entornos que no lo son, y cuando toca ponerse en tu sitio, hay que hacerlo. Es una incomodidad y una injusticia, pero así es la vida. Crezcamos.

Creo que hay que hacer hincapié también en esa terrible frase de “Si respetas, te respetan”.

Joder, ¿cómo puede decirse eso? Cualquiera que lleve diez minutos en este puto planeta sabe que esto no es necesariamente así. ¿Ha sido así en la vida de alguien?

Esto es el típico sesgo de la ilusión de control. A nuestro cerebro le encanta pensar que está en nuestra mano controlar los acontecimientos haciendo o dejando de hacer ciertas cosas. Es como aquello de “Si te esfuerzas, lo conseguirás” y todas esas mierdas que obvian la multitud de causas que influyen en cualquier fenómeno, que son generadas por otras personas, condiciones actuales (o previas) o el propio azar y que pueden ser completamente determinantes en el resultado.

No señores, puede que yo respete mucho a todo el mundo y que cualquiera me falte el respeto, pasa todos los putos días en todos los putos lugares. Vaya, te ha pasado a ti innumerables veces. Recuerda las mil veces que te han tratado mal sin que hubiera provocación alguna por tu parte… y si quieres hacer un ejercicio de humildad, piensa en las veces en que tú has tratado mal a otros sin provocación o justificación alguna.

Así que no, profesor, tu obligación es enseñar tu materia y civismo. Si todos los días debes invertir la mitad de la clase en convencerles de que te concedan el respeto al que tú y los otros sois acreedores por vuestra propia condición de persona, lamento decirte que te están tomando el pelo y lo que hacen es conseguir que se pierda la clase y tú habrás fracasado en tu deber de garantizar el derecho a la educación de esos menores.

P.S.: Me veo pisando charcos más de una vez que no son “míos”, quiero decir, que no son cosas a las que esté expuesto personalmente, por ejemplo, si hablo del paro juvenil, yo que soy funcionario y no tan juvenil. Pero es que sí son míos, porque son de todos.

En este caso en particular, habrá quien piense que soy un profesor que no se “sabe imponer”, al que los chavales no respetan porque “no tiene ni idea” y no le conceden la auctoritas aquella, o que me odian, que soy de “la vieja escuela”… en fin, cualquier cosa salvo leerse la argumentación e intentar entenderla. Desde luego no voy a discutir con trolls, pero sería divertido apostar, en lugar de discutir, y que se viniesen un día conmigo para ver que, en realidad, estoy más cerca del otro extremo en todas esas cosas.

¿Debería, entonces, callarme y dejar que cada uno hable de sus problemas? ¿Culparles de la hostilidad que sufren? Este Panadero vuestro, no.

Insisto, es mío también porque es de todos. Eso es ser un ciudadano en mi opinión.


¿Evidente? ¿Para quién?

12 marzo 2019

Ayer hubo cierto revuelo entre compañeros profesores y divulgadores porque se volvió viral un “truco” matemático.

Resulta que calcular el 4% de 75 es lo mismo que calcular el 75% de 4.

Si pensamos que el 75% son las tres cuartas partes de algo

El resultado es sencillamente 3

¿De dónde viene el revuelo? Pues de que es algo “evidente”, veamos.

(4 x 75) / 100 en el primer caso

(75 x 4) / 100 en el segundo caso

El “truco” es la simple aplicación de la propiedad conmutativa de la multiplicación, aquello que todo el mundo sabe recitar de memoria: El orden de los factores no altera el producto.

Y si es tan sencillo, ¿por qué es una novedad? Pues porque mucha gente no se había dado cuenta. No había reparado en las consecuencias de una propiedad que sabe recitar de memoria, en una operación que sabe hacer y que lleva a cabo casi todos los días. Así que, de nuevo, toca eliminar la palabra “evidente”, porque no es claro y distinto para cualquiera. En realidad, nada lo es.

Como profe de tecnología tengo que enseñar a mis alumnos a calcular tolerancias de resistencias y les tengo que enseñar que el cinco por ciento se puede calcular como la mitad del diez por ciento, que es simplemente “quitar un cero” o mover la coma una posición a la izquierda. Vaya, que el cinco por cierto de 240, es 24/2 = 12.

Bien, de nuevo una “tontería”… que a algunos chavales les sigue sin parecer evidente después de oírlo (!) y continúan calculando el cinco por ciento con el algoritmo de siempre, multiplicando por cinco y dividiendo por cien.

Recuerdo cuando me contaron cómo en los enfriadores de cerveza se cortaba el cable del dispositivo refrigerante y se dejaba que fuera el agua la que cerrase el circuito hasta que el hielo los cubriese y lo interrumpiera. Esto me lo explicó alguien sin estudios a mí, un licenciado en física… que no había reparado en que esa propiedad (que os aseguro que conozco bien) podría ser usada así.

Otro caso similar se da con uno de los life hacks más celebrados de mi libro Como Einstein por su casa que consiste en envasar al vacío sumergiendo una bolsa de congelados en agua, aprovechando algo tan conocido como que la presión aumenta con la profundidad y actúa en todas direcciones. Curioso pensando en que tanto el principio de Pascal como los asuntos de la presión hidrostática son bien conocidos desde el cole, o para cualquiera que meta la cabeza bajo el agua al nadar. Bueno, tampoco se me ocurrió a mí hasta que me lo contaron.

Si todo fuera tan evidente, todos fuéramos tan racionales y tan consistentes con nuestro conocimientos no veríamos a nadie fumar, beber ni embarcarse en conductas de riesgo o formas de vida poco saludables… y lo hacemos, queridos humanos, lo hacemos todos, cada uno en lo que flaquee, en las matemáticas, la dieta, las relaciones…

Es labor de los docentes y divulgadores contar lo que sabemos, tantas veces como sea necesario y hasta que sea necesario. por más evidente que nos pueda parecer y por más veces que se haya dicho ya.

El desconocimiento del público es la razón de la enseñanza.


“Haz tú lo que quieras y déjame que haga yo lo que quiera” Suena bonito, pero es falaz.

11 marzo 2019

Fuente: Wikipedia

Te juro, querido lector, que no me gusta discutir o polemizar, pero mi motor para escribir es decir aquello que no se dice (y debería), o no lo suficiente, o no cómo creo que debería hacerse. Por lo que, a veces, me toca meterme en charcos, muy a mi pesar.

La frase del título “Haz tú lo que quieras y déjame que haga yo lo que quiera” es muy curiosa, porque suena extramadamente mesurada, respetuosa, que invoca el uso de la libertad y respeta la del otro… y no deja de usarse, en la mayoría de los casos de manera muy falaz.

Partamos del triste hecho de que la gente, en general, es bastante indolente y egoísta, por lo que las cosas de los demás suelen importales un pimiento… hasta que les afecta (o así les parece a ellos).

Os pondré un ejemplo que repito mucho a mis alumnos. Ellos se quejan de que no les dejen beber en la calle, hacer “botellón”, y parecen estar convencidos de que es para que no consuman bebidas alcohólicas. Ejem, qué inocentes. Ya sé que eso es lo que dice la ley, pero venga… ¿pensáis realmente que se pone un empeño sincero en que los menores no consuman bebidas alcohólicas? ¿Nadie más que yo relaciona ese hecho con que dejasen las plazas llenas de mierda y estuviesen tocando los tambores y dando voces hasta las tantas? ¿Pensáis que los jóvenes no consumen con extrema facilidad todo el alcohol que desean y a edades muy tempranas? ¿No sabemos todos dónde y cómo consiguen las bebidas? ¿Os parece tan difícil de perseguir?

Por lo tanto, cuando alguien te viene a tocar las narices es porque entiende que, lo que tu haces, le salpica. Así que, dejemos de decir “A ti qué te importa”, porque le importa, si no estaría callado, como con tus enfermedades raras, tu enorme tasa de paro, la pobreza extrema y todas las demás cosas que te pasan y que no se comentan. Fíjate que podría darse el caso de que le importase, pero no fuera de su incumbencia, como quien se preocupa por si tal actor y tal cantante tienen una relación romántica o no, pero fíjate que sí que les importa.

Dicho esto, a por los charcos.

“Déjame que aborte yo si quiero, eso no te obliga a abortar a ti”.

Quien se opone al aborto piensa que defiende el derecho a la vida de un tercero, por lo que decirle que no es cosa suya está fuera de lugar. Aquí el asunto central es si ese conjunto de células es un ser humano ya con derechos o no. Decir que sí lo es, o asumir que es parte del cuerpo de la mujer, es dar por hecha la conclusión (de una parte o de otra) en lugar de discutirla.

Lo mismo podría decirse de las técnicas de reproducción asistida, de la píldora del día después, o de cualquier sistema en el que se destruya o se manipule un embrión. Quien se opone, cree estar defendiendo algo bastante parecido a un bebé, ¿cómo podemos decirle que no lo haga él si no quiere, pero que nos deje hacerlo a nosotros si queremos?¿Hacer qué, cargarse a un ser humano?

Para evitar haters que no sepan leer, hay que decir que no estoy en contra del aborto, sino de los argumentos pueriles. En concreto me parece muy interesante, como principio general para poder avanzar en este límite (que no conocemos) ligar la condición de ser humano a la actividad cerebral, como se hace para dar a alguien por muerto, por lo que, personalmente y con carácter genérico, estoy a favor de una ley de plazos. Aquí te lo explica estupendamente Sergio Acebrón.

“Déjame que yo me case con quien quiera (no heterosexual) y cásate tú con quien tú desees”.

Esta afirmación con todas sus derivadas: “Cada uno que haga lo que quiera en su cama”, “La sexualidad es un asunto privado”, etc.

Pues tampoco. Casarte es un acto legal que te concede unos derechos y acarrea ciertos deberes. Y eso no es un asunto baladí ni privado. Por ejemplo, la adopción. Quien entiende que lo “no heterosexual” es moralmente condenable pretende proteger a un tercero cuando pide que en esas uniones no se puedan adoptar niños, porque su educación sería perjudicial para esa tercera persona. El derecho a heredar, la viudedad, poder tomar decisiones médicas sobre tu pareja, y otro montón de cosas, van aparejados con esa condición… además del propio nombre del vínculo. Y es una lucha política y filosófica de primer orden establecer el estatus de igualdad entre cualquier unión, o bien marcar una como la “buena” y las otras como “menores”.  Por lo tanto es algo que nos compete a todos y que afecta a más gente de los que se meten en la cama juntos.

Una vez más, para haters con problemas de lectura: Estoy absolutamente a favor del matrimonio igualitario, de que todas las uniones tengan el mismo nombre y los mismos derechos asociados. Y andar discutiendo sobre la etimología del término con alguien que lo que quiere es distinguir su opción de otras, para marcarla como “moralmente válida”, es una pérdida de tiempo. Ni el quiere que se llame de otra manera por etimología, ni yo quiero que se llame igual por etimología.

“¿Qué problema hay con la eutanasia (activa, pasiva, no reanimación, etc.)? Si tú quieres sufrir, sufre, y déjame a mí morir en paz”.

El problema de esto es remangarse a escribir la ley y contemplar todos los casos que también habrá que contemplar para que tú puedas hacer “lo tuyo”: enfermos en coma, evaluar estados de ánimo y demás.

Se puede hacer una redacción de la ley que quede muy bonita, por ejemplo: Si alguien ha sido informado suficientemente y tiene una decisión clara e irrevocable en pleno uso de sus facultades… Todo lo que os pongo en cursiva es difícil de evaluar, no imposible, pero muy difícil. ¿Y si el paciente está en coma irreversible (o no) y no ha dejado nada escrito y ahora los familiares se ponen a discutir si en la cena de Navidad él dijo que prefería morirse a verse así, el otro que dice que no, la pareja (con la que no formalizó vínculo) dice que le había dicho otra cosa? ¿Qué hacemos? Y si cambia de voluntad después de un percance grave (en el sentido que sea), ¿cuándo asumimos que pensaba con claridad, entonces o ahora?

Y, ¿qué pasa con los malintencionados que hay en el mundo real? Algunos de nuestros viejitos, no sólo están enfermos, están rodeados de gente de mala voluntad, o de médicos sin escrúpulos, o de sistemas sanitarios que priman el ahorro por encima de otra cosa. ¿Cómo garantizamos que no se mate enfermos que dejarían cuantiosas herencias, o que son caros de mantener, o que son más o menos molestos? Supongo que conoceréis casos de enfermos terminales que se les sedó un poco “de más” para ahorrar su sufrimiento, y quizá conozcáis casos de alguno enfermo no tan terminal que se le sedó también “de más” porque daba mucha guerra… y se murió.

Suponer que todo el mundo es bueno y que nadie va a usar las leyes torcidamente es ser muy inocente o muy ignorante.

De nuevo, en estos tiempos, y para haters faltos, habrá que decir que estoy a favor de que se haga una ley de la mejor manera posible para permitir la muerte tranquila e indolora a quien lo desee y que así muchos médicos puedan dejar de jugarse el tipo por aliviar el sufrimiento de otro ser humano.

Por lo tanto, hablemos claro y argumentemos claro.

Tú quieres que no aborte (o destruya embriones o los manipule) porque piensas que es un ser humano desvalido y yo pienso que no. Hablemos de eso y busquemos la información científica que arroje luz ahí.

Tú quieres que si me emparejo con un hombre no me dejen adoptar y no me den ciertos derechos porque crees que lo que hago está mal, y yo creo que no. Hablemos de eso y de quién tiene derecho (o no) a imponer su moral en una democracia.

Tú quieres que si prefieres morir a sufrir eso pueda llevarlo a cabo un médico en las mejores condiciones, pero legislar eso es peliguado y puede costarle la vida a gente muy desamparada. Así que hay que concretar bien eso antes de poder abrir una puerta sin saber quién va a entrar detrás de ti. Hablemos de eso.

O bien, no hablemos de nada. El tiempo es demasiado escaso, hay tanto por aprender y tanta gente con la que quererse que discutir de idioteces, o con quien se comporta como si fuera idiota, es un despilfarro intolerable.


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