Los ladrones hacen “lo suyo”. La línea base de la negociación

28 enero 2020

Fuente: Memegenerator

  • ¿Te has dejado el coche abierto? Pues claro que te lo han robado. Los ladrones hace lo suyo, así que la culpa es tuya.

¿Cuántas veces has oído razonamientos parecidos?

Asumimos como base del análisis que algunos agentes harán cosas poco éticas/razonables/legales sin cuestionar su calidad, para luego, claro, cargar las tintas sobre el que queda, que eres tú.

Lo más triste es cuando somos nosotros mismos los que nos hacemos esa trampa.

Pues yo estoy un poco harto y cada vez me suenan antes las alarmas.

El otro día en Twitter, me quejaba de que se diga que el que se deja explotar es el primer culpable (porque el primer culpable será el explotador, ¿no?).

Bueno, comprendo que a quien yo me dirigía había tenido un momento de despiste, pero luego terció otro tuitero para decir que el explotador hace “lo suyo”, insistiendo en que la culpa es nuestra. Estupendo.

Ocurre también en múltiples negociaciones: Uno modifica su primer impulso para ir con una propuesta que considera intermedia, y el otro extrema su postura y negocia desde ahí contra tu posición donde YA has cedido. Joder, no. O buscamos ambos una solución intermedia, o negociamos a “cara de perro”, pero entonces mi postura inicial será como la tuya “TO PA MÍ”. En estas ocasiones a veces les digo: No te líes que vengo “negociado de casa” y les muestro lo que sería mi extremo para que lo entiendan.

Es un elemento más de la pérdida tremenda de coordenadas que siento en jóvenes y no tan jóvenes. Lo que las cosas son, lo que significa la convivencia, lo que es exigible y lo que no, y mil cosas más andan muy lejos de estar claras y en muchos casos están muy claras… y muy erradas. Como educador, ando muy preocupado por esta situación en mis alumnos.

En fin, seguiremos intentando poner las cosas en su sitio, al menos las que seamos capaces de ver desde donde estamos.


Qué poco crees en la razón si piensas que se pierde con las formas

27 enero 2020

The Thinker, Rodin

La razón, la verdad, el por qué de las cosas (el de las causas intermedias de la ciencia o el de las preguntas últimas de la filosofía), las regularidades que oculta y que exhibe la naturaleza, la multitud de los mundos que creamos con las matemáticas…

Todo eso, en su profundidad asombrosa y temible, resulta que vale nada si lo acompaño de la palabra CULO.

Bien, pues… CULO, CULO Y MÁS CULO.

Qué falta de respeto y qué atropello a la razón, como cantaba el tango, si pensáis que por un momento mis exabruptos menoscaban un ápice lo que tanto nos costó pensar e idear.

Y UNA MIERDA BIEN GORDA, añado.

Es posible que vivas en una comodidad física, y quizá de clase, que te permita vivir en el mundo de las “opiniones equivalentemente respetables” donde no tengas que discutir tu supremacía con nadie, o te ocupes de objetos que ignoren las leyes de la física… aunque esto último no se ocurra cómo pudiera ser… o quizá que tu negación de la verdad la arreglen después otros menos afortunados.

Podrías ser el jefe que dice barbaridades, se lleva el crédito y el beneficio, mientras los que están por debajo hacen las cosas como se debe, salvando los platos y el día.

Podrías ser aquel de discurso vacío a posteriori que siempre explica lo pasado, pero cuyas ideas nunca se aplican al presente o anticipan el futuro. Que sólo se ofendan los economistas aludidos.

Podrías ser quien reparte consejos inútiles sobre cosas que no conoce a quien le ignorará, por el mayor bien de su salud, y luego vuelve a su acomodada comodidad.

Podrías ser cualquiera de ellos o todos. Alguno o varios. Siempre o a ratos. Lo que todos comparten es el desprecio a la verdad, a la mejor aproximación que conocemos a ella o a cualquier acercamiento sincero.

Quizá no sabes lo que es la verdad, lo que es luchar por la verdad. En sitios tan duros como un juicio, una reclamación sanitaria, por la memoria de un familiar… o tan cotidianos como quien cuadra las cuentas para llegar a fin de mes, o el que busca la solución de un problema matemático. Cualquiera de estos sabe bien el valor de la verdad frente a vendehumos, entretenedores o aquellos con la serenidad que les concede la indolencia.

Otra cosa muy diferente es que no quieras hablar conmigo por las razones que te parezcan, por mi forma de hablar, por mi cara o sin razón alguna, pero no oses decir que eso me quita la razón, son muchos años de búsqueda y de lucha, solitaria y solidaria, así que, NO ME JODAS, SI NO TIENES NI PUTA IDEA DE LO QUE HABLAS.

Más de una vez he hablado aquí del respeto, y es bastante probable que vaya por delante tuya y que tú necesites justificarlo mientras yo lo reclamo como derecho inalienable. Así que, eso es otra cosa muy diferente, y te recuerdo que el respeto es a las personas y no a las ideas.

Aunque quizá no hayas entendido nada, espero no verte levantándote de tu sillón de orejas para decirle a la enésima madre que reclama A VOCES el cadáver de su hijo, en lugares donde le dicen que “no corresponde”, porque llevan años sin hacerle NI PUTO CASO, que ha perdido la razón debido a sus formas… porque entonces tendremos que concluir que sois gente como vosotros lo que habéis perdido el juicio.

Gracias a Dios, aún queda gente con la profundidad de visión suficiente para entender que muchos que hablamos con menos elegancia que verdad, con menos buenas maneras que cariño, somos de mucha más valía y honestidad que aquellos que envuelven MIERDA en puntillas y me hablan de usted para dejarme sin comer.

CULO.


Elogio del burlete

25 enero 2020

Sólo por hacer buenos los refranes “En casa del herrero, cuchillo de palo” y “Consejos vendo y para mí no tengo”, he pasado mas de veinte años explicando qué es un burlete y lo útil que es, mientras por mis ventanas correderas entra un biruji bastante desagradable.

Fuente: https://www.definiciones-de.com/Definicion/de/burlete.php

Empecemos.

El frío no existe.

No creáis, queridos lectores, que esto es un post de “autoayuda” en el peor sentido, es que el frío, en realidad NO existe.

En el mismo sentido que la oscuridad no existe, que lo que hay es la ausencia de luz, y que nadie trata de “meter oscuridad” en una habitación o evitar que “la oscuridad salga”, con el frío pasa algo parecido.

Y entonces, Panaderito nuestro, ¿qué ******* es lo que siento cuando toco un cubo de hielo con la mano? ¿No es el frío que entra en mi cuerpo? No, es el calor que sale.

Cuando pensamos en calefactar un local, intentamos compensar el calor que se escapa a través de paredes, cristales de ventanas… no el frío que entra.

PEEEERO lo que sí que existe es el aire frío. Si tienes una rendija, una puerta que cierra mal, o que debe abrirse y cerrarse… lo que puede que entre en tu casa no es frío, sino aire frío, que tendrás que calentar pagando calefacción, a la vez que el aire caliente que se escapa dilapida la energía que le diste en el exterior. Dos pagos a la basura.

Las rendijas son algo a lo que hay que presentar mucha atención, antes de invertir en grandes reformas o en subir la temperatura de la calefacción.

Puedes usar un papel fino sujeto por un extremo para intentar encontrar esas corrientes de aire que quizá no veas y que existan. Buenos lugares para mirar son: los antiguos cajones de las persianas, huecos demasiado grandes bajo las puertas o ventanas que no cierran suficientemente bien.

Para los cajones de las persianas, quizá lo mejor sea sellar esas rendijas con silicona, ya que no deben “abrirse y cerrarse” de manera normal.

Una forma muy barata de solucionar las rendijas en puertas y ventanas son los burletes. El objeto es barato, fácil de colocar y la mejora en muy considerable.

El de la imagen superior es para ventanas. Mira en tu tienda de bricolaje, porque hay modelos diferentes para ventanas correderas o batientes.

Para las puertas existen muchas variantes. Algunas muy “pro” y otras tan simples como poner un “peluche” contra la puerta o improvisar con gomaespuma una variante de alguno convencional. De nuevo, asequibles de precio y muy fáciles de instalar.

En resumen:

Ponga un burlete en su vida… la hará más cálida.

y

No seas como Javi, aplica el conocimiento que tengas.

 


Manual de prácticas de Hojas de Cálculo y datos estadísticos

23 enero 2020

Aquí os dejo un manual de prácticas de hojas de cálculo (usaremos Google Sheets por la facilidad de trabajar online) pero aplicado a la obtención y tratamiento de “microdatos” tomados de fuentes públicas, de forma que quien lo use se sienta con el “poder” de comprobar por sí mismo esas afirmaciones en los medios, por ejemplo.

Gracias en gran parte a las aportaciones de Guillermo Peris y a la ayuda técnica de Gaby Jorquera.


El que mide, sabe. El que no, sólo opina.

19 enero 2020

Este era el leitmotiv de la gira de mi libro Aproxímate y una de las cosas que como profesor del área de ciencias más me gustaría que aprendiesen mis alumnos.

Ando pensando en qué podía hacer en el mundo de las hojas de cálculo y resulta que Guillermo Peris y yo andábamos pensando en cosas muy parecidas.

Pues gracias a la pericia de Gaby Jorquera aquí os dejo cómo sacar datos del Instituto Nacional de Estadística, para poder hacer luego nuestras cuentas y sacar nuestras propias conclusiones, o comprobar si esos números que vemos por ahí son verdad.

Hay mucho que podéis mirar o usar con vuestros alumnos. Incluso podéis ver directamente gráficas. Mirad, esta es la de la tan “discutida” brecha salarial por sexo (haz click para ver bien).

Por supuesto el INE no es el único sitio donde podéis consultar y visualizar datos, tenéis:

Gapminder el legado del enorme Hans Rosling (os dejo enlazada una de sus más famosas conferencias)

Google Public Data que agrega datos de varias fuentes

CIVIO donde tenemos a nuestro admirado Javier de la Cueva

EuropaPress con unas gráficas online muy vistosas.


Trabajar en lo tuyo

7 enero 2020

¿De quién son mis talentos?

¿Quién se beneficia de ellos? ¿Yo? ¿Otros?

¿Cómo se reparte el valor que añado?

Últimamente, personas de la generación que me precedió, de bajo nivel socioeconómico y en épocas complicadas de guerras y posguerras, me han contado historias sobre la vida hace cincuenta o sesenta años. Suenan como algo de película para nosotros, sus hijos, ya en otras circunstancias geopolíticas y socioeconómicas (en gran parte por el esfuerzo que hicieron ellos por nosotros).

Me ha llamado mucho la atención la concepción del trabajo: muy dependiente de las circunstancias (se trabajaba de lo que “había”, un familiar te decía que había plaza en su fábrica e ibas para allá), desde muy niños y muy trabajosamente. Como veis bastante alejado de la concepción de trabajo que tenemos sus “acomodados” descendientes que tuvimos acceso a formación, que queremos trabajar en lo “nuestro” y que definimos buena parte de lo que somos por el trabajo que desempeñamos.

Muy lejos de mi intención caer en “antes estaban mejor”, pero creo que hemos distorsionado el papel del trabajo en nuestras vidas, para perjuicio nuestro… y beneficio de otros.

¿Quién no quiere trabajar en lo suyo? ¿No es una ventaja poder desempeñar una labor que te agrada? Por supuesto que es una ventaja. Mi pregunta es: ¿Para quién debe serlo?

En tiempos confusos hay que repasar conceptos básicos. Recordemos que en el trabajo por cuenta ajena, cedo parte de mi tiempo, capacidades, conocimientos a otro que obtendrá un rédito económico por ellos, del cual yo recibiré una parte. Y ese es mi pago, esa parte del rédito económico, motivada porque quien me contrató consigue también un rédito económico.

Esto que parece evidente cuando encaramos un trabajo “alimenticio”, algo que hacemos porque tenemos que trabajar, pero que no nos agrada particularmente, se desdibuja bastante cuando hablamos de trabajos “vocacionales” o de trabajar en lo de uno. En estos casos parece que poder desempeñar esa labor ya es un privilegio y, por lo tanto, un pago, parte de tu “salario”. En algunos casos se extrema tanto, que poder hacer lo que te gusta se convierte en el único pago: escritos que te dejan “firmar”, apariciones en medios que te dan “visibilidad”, charlas o conferencias gratis, obras artísticas gratis, actuaciones musicales por las cervezas, etc.

Así que resulta que tengo cierto talento y gusto por una actividad, pero, en lugar de ser una ventaja para mí, se convierte en un inconveniente. No soy yo el que saca beneficio de escribir un artículo con gusto, es el propietario de la revista quien deja de pagarme gracias a mi “gusto”. Pues vaya negocio que he hecho.

Me recuerda también el caso de las personas con ciertas características físicas o mentales que se convierten en una carga o una obligación en lugar de ser una baza que pudieran jugar en su beneficio. Personas altas que deben jugar al baloncesto, personas de altas capacidades que deben estudiar varias carreras o hablar tres mil idiomas. Por supuesto, el problema está en el deben.

Mis talentos, mis habilidades, mis características sobresalientes… comparten algo, y es que son MÍAS. Así que seré yo quien deba beneficiarse de ellas o disponer su uso para bien de otros a mi personal criterio. Serán MI baza, ni una carga, ni algo que usa mi empleador u otros a su antojo para su beneficio y, en ocasiones, para mi perjuicio.

Para los que nos precedieron era la presión vital de la subsistencia la que obligaba a que el trabajo mediatizase la vida: horas sin cuento, cambios de ciudad, vivir lejos de los suyos, viajes interminables… lo que fuera por tener un trabajo, lo único que daba acceso a comer y vivir bajo techo a la gente de clase trabajadora. Hoy, aquellos a los que nos repartieron más cartas y mejores, andamos también mediatizados por el trabajo. Es cierto que seguimos siendo clase trabajadora, tenemos que trabajar para vivir, pero no parece que le estemos sacando ventaja a las más y mejores posibilidades objetivas que tenemos respecto a ellos. Seguro que muchos os reconocéis en “horas sin cuento, cambios de ciudad, vivir lejos de los suyos, viajes interminables…” pero no desde la cabina de un camión cargando y descargando lo que fuera, sino con vuestro título universitario y vuestros trabajos de “corbata”. ¿Qué ha pasado?

¿Más carga de trabajo es tu premio por trabajar rápido y bien? ¿Menos sueldo es tu premio por disfrutar de tu actividad? ¿Trabajar gratis “como hobby” es tu premio por tu vocación?

En mi opinión, otros han capitalizado lo que somos y sabemos. En algunos casos hay un miedo más o menos fundado al desempleo y eso puede justificar todo lo que tragamos, pero a los que somos funcionarios sólo nos queda el sesgo, y no penséis que se diferencia mucho del de otro trabajador. Creo que incurrimos en confundir lo que somos y en lo que trabajamos. Olvidamos que la vida tiene múltiples facetas, que no somos profesores o médicos, algo que sabía el operario, o que al menos no somos sólo, ni principalmente, profesores o médicos.

Hay mucha gente protestando porque “deciden” prolongar su actividad laboral como “hobby” y se les critica. Más allá de las múltiples derivadas problemáticas que tiene eso para su trabajo, la estimación de su carga laboral, la externalización de costes en formación o equipamiento, y las implicaciones para otros trabajadores que no pueden, o quieren, hacer eso… bueno, pues más allá, está la dimensión simplemente humana del asunto. ¿Cuántas horas tiene el día? ¿Cuántas le dedicas a esa actividad? ¿Cuántas quedan (el día es limitado) para otras? ¿No hay nada (o nadie) más importante o urgente y que está recibiendo menos atención de la que le corresponde… incluido tú?

Bueno, no sé si se me entiende… resumiendo.

No olvidemos que trabajamos para vivir y no a la inversa, que nuestros talentos y capacidades están, primero, a nuestro servicio y que somos mucho más que una profesión, por interesante que sea, somos personas con toda la grandeza que esconde esa palabra.


Algoritmos, datos, sesgos e inteligencia artificial

18 diciembre 2019

Hablamos mucho de estas cosas, y no siempre da la impresión de que el conocimiento llegue al público, aunque fuese en los aspectos más generales. Pero, para eso tenéis a vuestro Panadero.

Últimamente oigo demasiado hablar sobre los “algoritmos” y su “maldad”.

Recordemos que un algoritmo es una secuencia de pasos para resolver un problema, como una receta de cocina.

Hoy en día, si pensáis en una inteligencia artificial como un robot que “siente”, tiene “voluntad”, “creatividad”, etc., al menos en la medida que nosotros podamos tenerla… no existe.

Lo que sí tenemos son sistemas “expertos” que son capaces de tomar decisiones en campos concretos de manera similar o superior a humanos expertos en esas materias. Por ejemplo, los programas que juegan al ajedrez o al go.

Si hay algoritmos interesantes en esas máquinas son los que les llevan a “aprender”, a comprender la situación para luego poder desenvolverse, tomar decisiones y demás.

El más avanzado programa de Go lo que hizo fue jugar muchísimas veces contra “sí mismo”, en realidad contra versiones anteriores, hasta conseguir tener un desempeño lejos del alcance del mejor humano.

Aunque el sistema de entrenamiento más conocido es el supervisado, en el que le facilito a la máquina una base de datos y espero que ella los “entienda”, extraiga patrones y conclusiones que le permitan tomar decisiones en el futuro.

Por ejemplo, un banco quiere entrenar una IA para que evalúe la posibilidad de que esta persona que está pidiendo un crédito termine siendo un moroso. Lo que se hace es dejar que la máquina eche muchas “cuentas” en algo que podíamos llamar (que me perdonen los puristas) “estadística con esteroides”, hasta que encuentra unas ciertas “reglas” que le permite “anticipar”, conociendo tus circunstancias (sexo, edad, dirección, nivel de estudios, etc.) si vas a ser moroso o no. Vaya, lo mismo que antes tenía que hacer un humano, tirando de su experiencia.

De esta forma, los datos que le damos a la IA son su “única” experiencia… y eso es muy peligroso.

Veamos un ejemplo, vamos a jugar a que tú eres la IA, yo te daré un conjunto de datos de una población que me he inventado y luego te preguntaré si concedemos el crédito a unas personas nuevas que vienen a pedirlo.

Estos son tus datos.

Venga, ¡échales un ojo que ya vienen los clientes!

Acaba de aparecer Guillermo, hombre, de raza negra, del que no sabemos si tiene hijos o dónde vive. ¿Qué hacemos?

Otro, Luisa, mujer, de raza blanca, de la que tampoco sabemos más.

Uno más, Pepi, mujer de raza blanca y con hijos.

Atención, olvídate de todo lo que no sean tus datos, tú, como IA sólo tomas información de ellos. Y, estos datos, míralos, nos dicen que alguien como Guillermo, no será un buen pagador.

Así que, nos vamos a otro banco con otra IA, que ha aprendido de estos datos

Si le planteamos los mismo casos de antes, Guillermo, Luisa y Pepi, verás que, en este caso, las conclusiones no serán muy halagüeñas para Luisa y Pepi.

Lamentablemente eso es lo que “dicen” los datos. En el primer caso, que las personas de raza negra serán morosas y en el segundo que las mujeres no serán muy proclives a devolverlo.

¿Es verdad que eso es lo que pasa con las personas que comparten esas características en mi población inventada? ¿Son “mentira” esos datos?

No son mentira… son un SUBCONJUNTO del total, una visión parcial que puede malinterpretarse, porque estamos tratando de forma incorrecta esa muestra de datos. Mira la población que me inventé y mira cómo son, efectivamente, subconjuntos. Siendo la población completamente equilibrada respecto a los indicadores de raza, hijos o sexo.

Las mismas personas que estaban en los subconjuntos están en el total, no se han manipulado sus datos, sólo que habíamos tomado muestras sesgadas. Como quien pregunta a dos personas por la calle dónde está el cine y concluye que nadie en el pueblo lo sabe porque el cien por cien de los encuestados (DOS!) no lo sabía.

¿Qué diferencia hay entre estos sistemas y las estadísticas tradicionales?

Pues que aquí, ni en los datos, ni en la máquina final es tan sencillo interpretar si están sesgados, qué sesgos tienen o cómo eliminarlos. En la práctica se puede caer en ir a “lo fácil”: He pagado un pastón por la máquina, le he metido muchos datos y me dice que no le dé el préstamo a Pepi. Pues no se lo doy.

Lo gordo es que a Pepi no le das el préstamo ni ninguna otra explicación, no sabe por qué ha sido excluida (quizá ni los propietarios lo saben) o por qué no contrataron el otro día a su primo David, o por qué es tan cara la póliza del seguro de su padre.

Como os decía es algo bastante complejo. Mirad, intentemos arreglar la base de datos primera, la que estaba sesgada por raza, para que no aplique ese sesgo. Borremos directamente la información racial, y veamos qué conclusión sacamos.

En este caso lo “poco recomendable” es prestarle dinero a alguien de la ZONA2… y ahora os animo a que vayáis a la base de datos y veáis que en los distintos barrios predominan distintas razas, con lo que, incluso quitando la información sobre la raza, mi base de datos conserva un sesgo racista.

Si añadimos a esto que LAS RAZAS HUMANAS NO EXISTEN y que NO SE CONSIDERA AL “SEXO” COMO UNA OPCIÓN BINARIA terminando con un doble mortal, nuestra máquina sesga a personas (sin que seamos conscientes) y además por características que están mal definidas o recopiladas. La pera.

Como veis, la “maldad” no está en el algoritmo, ni en las matemáticas, ni en particular en la estadística o en la programación… las máquinas heredan los “prejuicios” que están contenidos en los datos con las que se las entrena. No tienen la capacidad de entender que si hay un colectivo marginado al que nunca se le concede el acceso a crédito, jamás podrá salir de la pobreza y pagar esos créditos, o que es normal que otros colectivos no hayan tenido nivel alto de estudios, si se les prohibió acceder a ellos(!!) y tantas cosas, que no se infieren de conjunto de datos limitado y sesgado con el que las “alimentamos”. El diablo está en los datos.

Por cierto, ¿esto no os hace pensar en esas pequeñas criaturitas que se (mal)educan en entornos terribles y llegan a ciertas conclusiones sobre los otros y la vida, porque no han tenido los pobres otro input que ese, y van repitiendo consignas que ni siquiera resisten el mínimo análisis lógico. Uno de los ejemplos más claro de esto son los inmigrantes de Schrödinger que pueden A LA VEZ quitarte el trabajo y estar en casa sin hacer nada mientras cobran ayudas públicas.

Quizá os parezca que digo cosas raras o que pasarán en el futuro, pero dejadme que os ponga dos ejemplos del pasado bastante llamativos.

Un bot de Twitter que, al dejarle que aprendiera de la interacción con los usuarios (ya sabemos cómo es Twitter), terminó convirtiéndose en un troll, maleducado, sexualizado, fan de Hitler y de Trump.

Un programa de reconocimiento de fotografías que, al haber sido entrenado para reconocer a personas fundamentalmente de piel clara… confundió a una pareja de piel oscura con… ejem… con… gorilas(!!)

Y es por asuntos como este, de los que no se habla lo suficiente, por lo que se pide que estas cosas que se hacen con IAs estén abiertas al escrutinio público, ya que nos afectan a todos y pueden atentar contra derechos tan fundamentales, como que te consideren humano, pero claro, también está el dinero…

Un recuerdo siempre a Helena Matute que es un referente en esta lucha por lo que es de todos.


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