¿Para qué divulgamos?

16 noviembre 2017

Voy a aportar mi granito de arena a un debate que tenemos entre tuits y posts unos compañeros divulgadores.

Todo empieza con un tuit de un gran divulgador. Daniel Marín, del blog Eureka

A lo que responde mucha gente y hace un post el velocísimo Francis Villatoro

Francis concluye que él divulga principalmente para aprender, idea muy secundada y celebrada. Yo creo que confundimos términos. Escribiré unas ideas a ver si me explico.

Escribir vs. Publicar

  1. Una cosa es escribir y otra PUBLICAR.
  2. Cada uno escribe para lo que quiera: Para recordar, para organizar, para “sacárselo de dentro” y meterlo en un cajón…
  3. Pero publicamos para hacer público, para que sea visto por otros.

Objetivos

  1. Cuando nos preguntamos si estamos llegando al gran público, preguntémonos primero: ¿Estábamos escribiendo para el gran público? ¿Estábamos popularizando o era divulgación para “conocedores”, profesores, aficionados informados, expertos? Si no era nuestro objetivo, no hay por qué lamentarse.

Responsabilidad individual y resultado

  1. El resultado de las cosas no es consecuencia directa de lo que hago con mi parte.
  2. El resultado no es mi responsabilidad, lo que haga con mi parte sí.
  3. Si mi intención es llegar al gran público y sólo llego en parte, es un acto fallido… en parte.
  4. Puede que no sea mi responsabilidad, que mi parte estuviera hecha de una manera digna.
  5. Puedo querer buscar otra manera, sin que necesariamente estuviera mal pensado mi último intento, pero es que sólo puedo actuar sobre mi parte.

El gran público

  1. La divulgación al gran público, la popularización, busca llegar a extender la cultura a la mayor parte de gente posible, y la consideraremos más exitosa cuanta más cultura provea y a más gente llegue.
  2. La calidad de la divulgación para el gran público no sólo tiene que ver con la sofisticación de lo que se enseñe, sino con que sea rigurosa, cercana, entendible… y luego ojalá llegue a mucha gente.
  3. Así que, en popularización, por muy encomiables que sean nuestros esfuerzos y aunque la responsabilidad de un corto alcance no haya sido nuestra (visibilidad, medios, oportunidad, etc.) es PEOR cuando llegamos a menos que cuando llegamos a más, con el resto de variables constantes.

No tengamos miedo a las palabras. Pues claro que nos jode trabajar como mulas, en tiempo libre, sin remuneración, esforzarnos muchísimo, hacer más de lo que nos corresponde y que no funcione tanto como querríamos o debería. Jode y mucho y es un fracaso parcial.

El futuro.

  1. Yo no puedo decidir por el mundo, sólo por mi parte.
  2. ¿Vuelvo a intentarlo? ¿Sigo en la brecha? ¿Cada “vida” salvada vale un universo? En mis manos está hacer esa elección.
  3. Nada me asegura el éxito o fracaso, total o parcial.

Creo que el análisis de las cosas debe ser objetivo, aunque nada me impide después tomar una acción optimista, apostar por un resultado poco probable, si ese es mi deseo.

Así que, aunque cada vez creo menos en la posibilidad de comunicación real entre las personas, no deseo dejar de intentarlo. Ese es mi ámbito de decisión, y esa es mi decisión. Como decía, puedo elegir mis actos, no los resultados.

Sólo puedo terminar mandando un abrazo a Daniel, a Francis, y a todos los que conozco (y a los que me falta por conocer) que divulgando luchan por hacer una sociedad más libre y más feliz. Es una labor sagrada y es un honor compartir esta trinchera con vosotros, termine como termine cada batalla, lo que nos une es la decisión de luchar esta guerra en este bando.

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Comunicadores, ¿a quién estáis hablando?

17 mayo 2015

Faust-F2

Preparemos nuestra charla, artículo, intervención…

  1. ¿Cuál es la idea que queremos transmitir?
  2. ¿A quién queremos contársela?

¿Ya está escrita? ¿Qué tal ha quedado?

¿Nos hemos puesto guays y sólo podrán entendernos quienes ya conocen la idea?

¿O no ha sido tan grave y simplemente alternamos párrafos donde explicamos cosas básicas con párrafos sólo al alcance de expertos?

¿Quién abandonará antes, el experto por aburrimiento o el lego por no comprender nada?

Decídete.

  1. Si es un artículo técnico, para profesionales, no expliques asuntos básicos.
  2. Si tu audiencia no es experta, explica las cosas para su nivel: Expertos en campos afines, público general, niños… piensa qué es lo que cada grupo sabe y lo que ignora.

Un camino sencillo es hacer artículos autocontenidos, que se entienden por cualquier público sin necesidad de acudir a ningún tecnicismo, o donde se explican los necesarios para comprender lo que queremos contar.

Puede que no te lo parezca, pero son tecnicismos: “un poco de sal”, “una dosis de medicación razonable”, “dinero suficiente para empezar un negocio”. Quien no pertenezca a cada uno de esos entornos no sabe ni aproximadamente de cuánto estamos hablando.

Da órdenes de magnitud, aproximaciones. Por ejemplo: Una cucharada sopera de sal, dos pastillas, diez mil euros… son cosas que entiende cualquiera.

En otras ocasiones es tan sencillo como… no explicar nada, porque la audiencia ya está comprendiendo del “tecnicismo” lo suficiente para seguir adelante. Por ejemplo: Si digo que en el plátano hay un isótopo del potasio que emite bajas dosis de radiación. Cualquier audiencia entiende “una variedad del potasio que echa rayos chungos, pero pocos”, por lo tanto está en condiciones de escuchar justo después que “no es peligroso”. No me extenderé en explicar qué es un isótopo, qué tipo de radiación es la que emite, etc. Si esto os incomoda porque hay gente que quiera saber un poco más, no hay problema tampoco, ponéis unas referencias o un enlace a Wikipedia para cada término y listo.

Hasta aquí la teoría, ahora los deberes.

Mirad artículos y ved si son coherentes, si las personas a las que va dirigido son las mismas que lo pueden entender. Para los más valientes… mirad vuestros propios artículos.


Tus alumnos te oyen pero, ¿te escuchan?

12 abril 2015

Este post se publicó anteriormente como una colaboración en el blog El arte de presentar

Imagen Wikipedia

Captar la atención de un alumno de instituto no es cosa fácil.

Tenemos algunas cosas en contra:

– No han venido voluntariamente

– Puede que no les interese el tema o incluso que tengan una predisposición en contra

– Y, sobre todo, son adolescentes y preadolescentes… ¿hay que decir más?

Aún así no es imposible. Dominarlo es un arte, pero a mejorar podemos empezar desde ya.

Enunciemos primero una idea que nos iluminará todo el camino:

Los alumnos son personas.

1. Ama a tus alumnos.

Como el resto de animales, como el resto de humanos, como tú y como yo… respondemos al cariño.

Por muchos trucos que conozcas sobre cómo hablar en público, no podrás engañarles por mucho tiempo. Se te notará la impostura, se verá el “decorado”.

Si, por ejemplo, vas a clase por pagar las facturas, pero en el fondo no te interesan los chavales, te molestan o incluso les desprecias… se nota. Eso genera una distancia difícil de salvar. Por el contrario muchos estudiantes estudiarán tu asignatura y quizá no es esfuercen tanto en otras porque notan tu cariño y ellos también te aprecian.

Si tú no tienes un interés verdadero en ellos, ¿por qué crees que lo tendrán por ti o lo que digas? Y, recordad esa etapa de vuestra vida y cómo eran casi inseparables las asignaturas de quienes las enseñaban, para bien y para mal.

2. Ama lo que enseñas

Cuenta con pasión lo que te apasiona.

“Tenéis que aprender esto porque es muy útil/importante” no es un mensaje que cale muy hondo y no es de extrañar. Fíjate, ¿es ese conocimiento directamente útil o importante en su mundo cotidiano? Aunque el motor de su coche funcione gracias a la Termodinámica, ¿deben ellos saber Termodinámica para arrancarlo o conducirlo? ¿Necesitan saber Electromagnetismo para usar el Whatsapp?

Por otra parte, y no menos importante, ¿es esa la razón que te convenció a ti para estudiar esa disciplina? O lo hacías porque te encantaba, porque… molaba?

¿Por qué usar un argumento para convencerles a ellos que no te convenció a ti?

Aquí viene muy a cuento la conocida cita atribuida a Feynman: “La Física es como el sexo, puede que sirva para algo, pero esa no es la razón por la que lo hacemos.”

3. Olvida las palabras “obvio” y “evidente”

El abuso que se hace de estas palabras es escandaloso.

Nada es obvio ni evidente… y menos en frases del estilo: Esto es obvio, porque…

Si tienes que explicar por qué, es que no es obvio. De hecho, si es obvio, no habría ni que mencionarlo, porque todo el mundo sería consciente del hecho… por su obviedad. Así que descartemos ese par de términos, por favor.

Piensa qué asunto les quieres contar, de uno en uno. Piensa en el camino que necesitas para contarlo, de manera que no andes suponiendo conocimientos (aunque debieran saberlos) y que no te despistes con el montón de cosas que sabes y que te pasan por la mente… eso te estorbará. Genera “unidades explicativas” autocontenidas, píldoras que se las pudieras dar a cualquiera que vaya por la calle y que las entendería

4. Ellos ya saben cosas

Tus chavales no han nacido ayer. Si te paras a hablar con ellos de otras cosas, te darás cuenta de que tienen experiencias, y no son pocas, ni desdeñables… acuérdate de que dijimos que eran personas.

Enlaza lo que cuentas con lo que saben, con lo que les preocupa, con lo que les suscita curiosidad en su mundo… en su mundo… no en el tuyo, en el suyo. De nuevo recuerda, son personas y, como a la mayoría, les interesa lo que sienten que les afecta y no mucho más.

Cosas como, ¿Habéis visto el capítulo de los Simpsons cuando Homer tira muelles por el retrete? o ¿Sabéis ese dolor de cabeza cuando os dan “garrafón”? o ¿Sabes la cafeína que lleva esa bebida que tomas? son muy interesantes para que te acompañen a lo que les quieras contar.

5. Estudia algo que no sepas

En mi opinión, uno de los principales males del profesor es que se ha olvidado de cómo se sentía cuando estaba aprendiendo. Así que, ponte a aprender algo, sé un alumno tú. Y no vale que seas Físico y te matricules en Matemáticas… ponte a aprender a patinar. Siente la incomodidad de que te digan: Ponte en pie, di tu nombre y cuéntanos algo de ti. Fíjate en cómo te sientes cuando te dicen que hagas algo y tú lo has entendido, pero no te sale y tu profesor te dice: “¿Es que no lo entiendes?” o  “Tú déjate llevar” o “Hazlo según te lo vaya pidiendo” o cualquiera de esas instrucciones inútiles y frustrantes que a veces damos nosotros. O mejor incluso, a ver cómo llevas la regañina ese día que se te ha olvidado el material, o que no has hecho los “deberes”.

Si no tienes empatía natural y no te puedes poner virtualmente en lugar del otro, lo mejor es que te pongas “materialmente” en el lugar del otro… allí lo verás claro.

Mucho más podría decirse (os esperamos en los comentarios), pero creo que un buen resumen sería:

Quiérelos a ellos y a lo que enseñas, sin imposturas, sin vender motos, y así podrán ver en lo que les cuentas lo que te enamoró a ti y puede que se enamoren también.


Pero cuéntalo bien…

26 enero 2015

Si tienes poco tiempo, cuenta menos cosas, pero cuéntalas bien.

Si tu contenido es muy complejo, profundiza menos, pero cuéntalo bien.

 

Si vas a contar algo, cuéntalo bien. Ya.

 

Caminante no hay cansino,

se hace cansino al cansar.

Al cansar se hace cansino

y al volver la vista atrás

verás huir a la audiencia

que no volverás a cansar.

 

Que Dios y Antonio Machado me perdonen… y un poquito Serrat.

 


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