Cuando elijo, ya no puedo elegir. Sobre la libertad

27 marzo 2020

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En estos complejos tiempos me acordaba de algo que aprendí jugando al ajedrez.

Una posición “elástica” es buena… pero no se puede mantener indefinidamente, hay que decantarse.

Sobre esto también hablaba en “Te jodes y decides”.

Dice el diccionario de la RAE

“Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.”

Facultad para obrar… fíjate también me recuerda al concepto de energía que manejamos en ciencia “Capacidad de producir un trabajo”. Para explicar la energía a los chavales les hablo del dinero. No es comida, pero puede “convertirse en” (comprar) comida, no es un medio de transporte, pero puede “convertirse” en él.

En todos estos casos es la posibilidad de hacer algo, algo que sólo adquiere sentido justo cuando se pierde, cuando por fin me decido y tomo uno de los caminos, abandonando el resto. Cierto que en el futuro volveré a decidir, pero ya no será el mismo lugar ni la misma decisión, ni siquiera yo seré el mismo. Así que renuncio a mi condición de soltero para emparejarme, a mi horario para trabajar o a unos estudios eligiendo otros.

Hoy confinados, percibimos una falta de libertad de la que algunos se duelen, aludiendo a su individualidad y reclamando su capacidad para elegir aquello que les apetezca más allá de “órdenes” o “disposiciones”.

Creo que es el momento de recordar que una de las cosas que se puede hacer con la libertad es cederla, renunciar a parcelas de decisión por un bien común o un bien personal mayor.

Y esto es lo que hemos hecho como país en instituciones supranacionales y como individuos al aceptar el compromiso de vivir en sociedad y recibir los innumerables beneficios que nos reporta.

Así que, efectivamente, aceptar órdenes es fruto de mi elección de vivir en sociedad y de la cesión de libertad que ya hice en su momento. Por eso os contaba hace tiempo que Tu vida no es tuya, y que esto tiene dos aspectos: soy sujeto de derechos y obligaciones. Tu vida no es tuya porque a veces tus intereses personales deben dejar paso a los intereses comunes y en otros momentos porque los demás tendremos que considerarla como nuestra y tendremos la obligación de cuidarte, protegerte y proveerte.

No hay que olvidar que para que esto no se convierta en una distopía necesitamos los controles de la administración, la política, las organizaciones supranacionales, la prensa, el ejercicio del derecho… y agradecemos mucho la labor de tanta gente que se ocupa de esto de primera mano, pero seguimos bajo el contrato social.

En todo caso, acabo con el mismo último párrafo que en “Tu vida no es tuya”.

Por supuesto, nadie puede impedirte “romper” todos tus contratos, incluso dejando “deudas” aquí y allá, y largarte a una isla desierta o a la puta jungla, pero… mucho ojo… puede que allí te veas en los debates de los que huías aquí, discutiendo de política alimentaria con un león (en tu nuevo papel de comida) o sobre soluciones habitacionales con un oso en la cueva donde ibas a dormir. Quizá tengas mejor suerte con ellos que con nosotros.


Mis dos últimos libros GRATIS. Tiempos de Virus

14 marzo 2020

Queridos, vivimos momentos complicados con la pandemia.

En tiempos como estos andamos tan ocupados de lo más básico que a veces se nos olvida que descansar un momento, pensar o reírnos, también son derechos humanos.

Si tienes un rato y te apetece, aquí te dejo mis dos últimos libros, de forma gratuita, para hacer más llevadera la espera.

Un granito de arena, ojalá os sirva.

Un abrazo, cuídense mucho, cuiden al resto, civismo y sensatez.

Espero la comprensión de quienes fueron tan amables de comprarlos estos meses pasados, fue una gran alegría para mí que lo recibierais y vuestras respuestas.


De publicación de resultados negativos, sindicatos y hombres

27 febrero 2020

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Como sabréis hay un problema en la comunicación científica que es la escasa publicación de los resultados negativos. Hay muchos “culpables” en este asunto, y es que no es algo atractivo, pero sí muy importante. Si descuidamos esto, tendremos a otros investigadores intentando lo mismo aquí y allá, perdiendo tiempo y recursos. Los resultados negativos SON resultados y deben publicarse.

Otro problema a evitar es que a la vista de los resultados de un experimento, cambiases de hipótesis y, con mayor o menor voluntad, intentases sacar conclusiones ad hoc, lo que tampoco constituye una práctica científica ejemplar. Insisto, aunque sea involuntaria.

Para luchar contra esto últimamente empieza a instalarse la costumbre de “inscribir” los experimentos antes de realizarlos: Voy a hacer esto, de esta manera, si los resultados son de cierta forma, pasando ciertos umbrales, consideraré que la cosa funciona y si no, pues no. Por adelantado.

Les conté esto a mis alumnos cuando intentamos ver si WhatsApp usaba el micrófono para pasarle datos a Facebook y generar anuncios. Antes de hacer el experimento, establecimos los valores de los parámetros para los que considerábamos probado el asunto. Aquí podéis ver el experimento y sus resultados.

Y aquí entran los sindicatos en mi post.

Discutía hoy, como tantos días, sobre la pregunta: ¿No hago huelgas porque no me convocan los sindicatos o no me convocan los sindicatos porque no secundaría la huelga?

La verdad es que si no soy convocado, nunca podremos contestar a la pregunta, porque por las particularidades de mi trabajo creo que no puedo hacer una “huelga de fábrica”, pero la cuestión para mí es que, ¿cómo se puede afirmar que la gente no secundaria SIN MEDIRLO? ¿Hay que asumir lo que “le parece” al sindicato o a algún dirigente? ¿No ocurrirá (como ha ocurrido otras veces) que la decisión de no convocar se toma de manera independiente de la voluntad de los trabajadores y esto es sólo una excusa? Insisto, como ya ha ocurrido antes, en mis propias narices.

¿Cómo se resuelve esto? Muy sencillo. “Inscribe tu experimento”.

Si un sindicato quiere que crea en que realmente tiene la intención de seguir la opinión y las ganas de participar de los trabajadores… que las MIDA.

Elige una forma de medirlo. Hay mil y todas tienes sus problemas, pero elegir una en lugar de darnos tu “veredicto a priori” da impresión de que realmente te importa. Podría ser la asistencia a una asamblea en la que se vaya a votar eso, un cierto quorum, representación de centros, encuesta muestral, encuesta más amplia… lo que quieras, pero eso sí, que sea vinculante.

Elige tu umbral. De nuevo, el que quieras. Un 30%, un 50%, un 75%. Lo que quieras, pero a priori y vinculante.

No quiero ir a una asamblea a desahogarme o a oír desahogos. Esto es muy serio, quiero tener un orden del día, una lista de asuntos a decidir y una manera en la que van a decidirse. Quiero ser eficiente y operativo.

Empezamos cuando queráis.


Experimento: Midamos el movimiento del ascensor con el móvil

21 febrero 2020

ACTUALIZACIÓN

Vídeo con la resolución

Os dejo con el experimento que nos enseñó Pablo Rodríguez en su estupendo artículo Un empollón en mi ascensor

Pablo hacía los cálculos con Python, mi aportación es hacerlos usando una hoja de cálculo, para que lo hagan como ejercicio alumnos míos que están en ello, y quizá otros estudiantes con menos habilidades en programación.

Que lo disfruten.

Compartan y, si les gusta/quieren y pueden… colaboren. KO-FI

 


Soluciones a los ejercicios sobre Hojas de cálculo y datos públicos

19 febrero 2020

Para los que estuvierais interesados en el manual de prácticas de hojas de cálculo enfocado al tratamiento de datos de acceso público. Aquí os dejo unos vídeos con las soluciones. Espero que os sirva a los interesados… y a los profes os dé alguna idea para hacer que nuestros chavales puedan cotejar información y sean menos fáciles de engañar.


Las ideas no tienen derechos

17 febrero 2020

Fuente: Wikipedia

No, las ideas no son sujeto de derechos. Las personas sí.

Por lo tanto puedo argumentar y atacar una idea tanto como crea conveniente, siempre que con ello no menoscabe los derechos fundamentales de las personas. Por eso es muy diferente que yo diga que tu equipo de fútbol es un desastre a que tú digas que por mi orientación sexual no debería poder contraer matrimonio.

Contra ideas como la última es mi derecho luchar y ponerlas en su ridículo lugar, por mal que te sientas. En realidad es más que mi derecho, es mi deber de ciudadano para ayudar a aquellos a los que se les está intentando quitar derechos… y más aún, es un acto de cariño hacia ti, precisamente, intentar que se abra alguna grieta en tu certeza y que veas un poco más profundamente lo que tú y yo somos, lo que las cosas son.

La verdad, tan profunda, tan limpia como alcancemos a percibirla, es el regalo que los seres pensantes nos hacemos entre nosotros. En mi opinión, es un acto de amor.

No sé si alcanzáis a ver qué monstruos hubiéramos podido llegar a ser si hubiéramos crecido y vivido en entornos más tóxicos o más hostiles… y qué monstruos fuimos, en algunos aspectos, y aún podemos llegar a ser. Necesitamos del esfuerzo conjunto para avanzar.

La verdad, la que dolía y la que no, me hizo más libre y más feliz. Y agradezco a los que me la dijeron en persona y a los que la escribieron ayer o hace mil años, su acto tan irrespestuoso con mis creencias a la vez que amoroso para con mi persona.

Así que es mi deber cagarme en ciertos “dioses”, en ideas que hacen las vidas de otros más duras, aquellas que atan pesadas cargas y las ponen sobre las espaldas de los hombres… y de las mujeres, y de todas las variedades de personas que somos y podemos llegar a ser. Precisamente contra lo que luchaba cierto melenudo.

Y esto lo digo siendo una persona con creencias trascendentes y que cree en un Ser superior, pero el mío se sonríe si me cago en él. Está a otras movidas.


A cuestas con la vocación y la implicación

16 febrero 2020

Fuente: Wikipedia

Si vas a buscar trabajo y hablan mucho de “implicación”… o estás entrando en una banda de delincuentes o vas a echar más horas que un reloj.

Estos dos términos, vocación e implicación, son de uso muy común en los entornos laborales. Quizá el primero más frecuente en los trabajos que conllevan atención directa a usuarios, como en sanidad o educación, y el segundo, más genérico. Lo puedes oír en un banco o en una fábrica de tornillos.

Les repito mucho a mis alumnos lo siguiente (y lo contaba en ¿Cómo le explico esto a un extraterrestre?):

“Para evitar el miedo abstracto… concrétalo. Arroja luz sobre el monstruo. Así verás cómo es, hasta donde llega y cuáles son sus debilidades”.

Veamos.

Si pregunto “¿necesita un médico vocación para su trabajo?”, la mayoría de la gente me dirá que sí.

Pero, qué me dirían si preguntase: Exactamente, ¿qué parte del trabajo necesita de la vocación? ¿Qué tarea necesaria para esa labor sólo puede hacerse si se posee esa cualidad, supuestamente “imprescindible”?

Y aquí es donde creo que se revelan las miserias del “monstruo”.

Si me dices que:

  • Es que tenías que haber querido ser esa profesión “desde siempre”, que sería la definición del diccionario de vocación que no implica a dios (!), creo que se cae solo, pero vaya, aquí podéis leer más detalle (Profesores por azar).
  • Es que si no te preocupan tus usuarios serán un mal profesional. Correcto. Pero eso se llama empatía y abarca mucho más que profesiones “vocacionales”. Todos hemos sufrido horrores y recibido enorme ayuda de administrativos más o menos empáticos. Benditos sean los buenos con que me he cruzado.
  • Es que un profesional sin vocación no se seguirá formando. Bueno, eso es profesionalidad, no vocación. Por cierto, si esa formación no me la provee aquel para quien trabajo y en horario de trabajo, entonces hablamos de explotación (si no puedo elegirlo) o autoexplotación (si puedo elegirlo).
  • Es que el sistema falla y los “implicados” llenan los huecos. Ah, bien, entonces de nuevo hablamos de “héores” o “mártires” que tapan agujeros del sistema a costa de echar horas y trabajo. Ayudando en lo local, temporalmente, mientras en lo general se perpetúan y tapan deficiencias de un sistema inadecuado, se asumen costes que se ahorra el dueño o el Estado, se destruyen puestos de trabajo a cargo de tu trabajo no remunerado y, en el caso de los docentes, se enseña a los chavales que ser “bueno” es ser un “pringao”, extremo este último por el que digo que los que nos conducimos así de vez en cuando damos mal ejemplo (Los profesores son un mal ejemplo). No hay que olvidar nunca que es un buen sistema lo único que garantiza la provisión del derecho de todos, no un puñado de “héroes comprometidos” y hay que luchar por lo primero en lugar de vanagloriarse de lo segundo.

No olvidemos también que sólo con el corazón no se consiguen las cosas, aunque las corrientes guays modernas aludan constantemente a ello. Sin la “cabeza” suficiente (conocimientos, profesionalidad…) para hacer lo que debe ser hecho, corremos un grave peligro de errar el tiro o incluso ir en dirección contraria. No es nuevo el dicho: El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones o El diablo está en los detalles.

Una buena amiga tuitera señalaba con mucho acierto que es curioso que se le pida vocación a un médico y no a enfermeros o auxiliares, los que van a tener un trato mucho más cercano y delicado con el paciente.

Ronronia

“Es que esto de la vocación es muy tramposo. En Sanidad, por ejemplo, se exige más vocación a médicos que a enfermeros y nadie pretende que auxiliares tengan vocación, siendo que los auxiliares tienen el trato más directo e íntimo con el enfermo”

Luchemos por un sistema que no “necesite” que andemos tapando agujeros con un elevado coste personal y por esas condiciones laborales justas para todos, en lugar de utilizar términos como “vocación” que con tan buenas intenciones nacen y que devienen en explotación y autoexplotación.

Así que, salvo que algún comentarista nos arroje más luz, no nos queda más que concluir que lo que necesitan estas labores “vocacionales (y las demás!) es empatía y profesionalidad, recordando de nuevo que gente muy “implicada” y sin la profesionalidad necesaria podrían estar dando peor servicio al usuario.


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