Si vas a enseñar hazte estas dos preguntas

20 julio 2021

1. ¿Para qué?

2. ¿A costa de qué?

Antes de lanzarte a montar algo piensa en si las respuestas te satisfacen y, una vez finalizado, piensa si ha funcionado como pensabas.

Difícil que encuentres algo más corto y más útil.

¡A seguir disfrutando las vacaciones, profes!

P.S.: ¿Y si te haces esas mismas preguntas en otros ámbitos? Eso ya bajo tu responsabilidad.


¿Por qué escribir?

16 julio 2021

Esta es una pregunta que nos hacen mucho a los que escribimos… ya veréis por qué no he dicho a los “escritores”.

Cada uno tiene su respuesta, claro. Os comparto la mía porque creo que tiene cierto interés más allá de que sea el motivo de este escritor en particular.

Yo escribo cuando siento que sucede lo siguiente.

Algo debería decirse y…

  1. No se dice
  2. No se dice lo suficiente
  3. No se dice como creo que podría/debería decirse

Y entonces me pongo a hacerlo.

Creo que esto es interesante más allá de mi circunstancia personal porque me produce varias ventajas psicológicas.

Primero, al centrarme en decir lo que debe ser dicho, me olvido de mi ego, tanto si se crece como si anda de capa caída. Me centro en servir a la idea. No es el nuevo libro de Panadero, es un libro donde se cuenta esto tan importante que debe ser dicho. Curiosamente, sorteando así mi complejo de impostor, luego resultará erosionado al contemplar la obra hecha y ver que es buena. Así que es una manera de poder trabajar sin andar cuerdo del todo y a la vez ir mejorando un poco.

Segundo, amplía mi rango de trabajo y me permite florecer. Me explicaré. Si pienso en lo que (creo que) soy para ver qué tareas puedo acometer, mi visión es muy estrecha. En cambio, si entiendo que algo debe ser hecho y veo claro el camino, me embarco en tareas que desde mi autoevaluación no consideraría posibles. Al final del camino veremos si efectivamente teníamos razón y podía ser hecho. La riqueza de nuestra humanidad, que normalmente minusvaloramos, os llevará a muchas más sorpresas positivas que negativas.

Y aquí os lo dejo para quien le pueda servir tanto para acrecentar su obra como para florecer y descubrir todo su potencial.

Ya sabéis, pensé que debía decirlo porque… no se suele decir, o no lo suficiente, o no de esta forma.


Audiolibro La Cordura de Saberse Loco

2 julio 2021

Es una alegría enorme para mí compartir por fin con vosotros el audiolibro de este querido título.

LO TENÉIS EN ESTE ENLACE.

Muchos ya conoceréis el texto, os recuerdo que son una colección de protocolos y reflexiones para sobrellevar esos hábitos mentales que nos hacen caer una y otra vez en situaciones que nos perjudican. Yo los uso como señales en el camino para intentar perderme lo menos posible y recuperar, al menos, la única cordura accesible, la de saberse loco.

Solo son los consejos bienintencionados de un compañero de viaje, por si os sirven de provecho.

La locución va a cargo de Ana Nieto Pardeiro, con su inconfundible estilo: claro, cercano, intenso y a quien agradecemos la estupenda labor que ha llevado a cabo con tanto esmero y cariño.

Por supuesto, se agradece mucho la difusión.

Portada de La Cordura de Saberse Loco

Buenrollismo y calmantes

4 junio 2021

Ayer, después de leer la última llamada al buenrollismo me enfadé y pensé: El buenrollismo es privilegio. Punto.

Pero un segundo después me di cuenta la persona que decía aquello ha visto no pocas dificultades y tiene un compromiso de esos que te ocupan todos los días durante años, no sólo un esfuerzo puntual. Así que, privilegio, mis cojones.

¿Qué pasa entonces? Mi propia familia es de esa vieja escuela, luchadora incansable con una sonrisa. ¿Qué es entonces lo que me chirría?

Y esta mañana ya lo he visto más claro. Creo que un símil con los calmantes lo explica bien.

Ya sabéis que el dolor es nuestro aliado, Es una alarma de que algo no está funcionando bien. Resulta molesto, pero más molesto es no saber que has puesto la mano sobre la vitrocerámica o que te está comiendo un cáncer.

¿Qué hacemos cuando duele?

Miramos qué falla y tomamos medidas… y calmantes. Pero primero analizamos y tomamos medidas.

Lo que me molesta de la llamada al buenrollismo generalizada y la crítica a la crispación o a la denuncia es que se parece mucho a esos trabajadores de Estados Unidos que se atiborran a ibuprofeno porque no tienen ni los derechos laborales ni el acceso a la salud para hacer otra cosa que matarse trabajando.

“Entregarse” al buenrollismo para sobrellevar una situación jodida, SIN haber tomados las acciones personales o políticas adecuadas es similar a tomarse calmantes ante dolores intestinales, para acabar muriendo de cáncer de colon.

El dolor no es la enfermedad, es el aviso. Benditos calmantes, bendita anestesia… mientras me trato el problema subyacente del que el dolor es sólo un síntoma.

“Sonríe y no seas tan quejica”. ¿Esto lo hago mientras me joden y me aguanto o mientras lucho? ¿O es que lo damos todo por tan perdido que ya solo queremos emborracharnos (con alcohol, risas o entretenimiento) y olvidar hasta el día siguiente?

Curiosamente el símil también nos sirve para hacernos esta otra pregunta: ¿Me opero sin anestesia? ¿Intento aguantar el dolor mientras me repongo de algo sin tomar calmantes? Lo que equivaldría a ¿seguimos de mala hostia continua mientras luchamos hasta que todo acabe? ¿Les entregamos también nuestra serenidad, además de lo que ya nos han usurpado?

Bien, os propongo un trato.

Crispados del mundo, ¿ya estáis haciendo lo posible? Entonces, defended vuestra serenidad, la integridad de vuestro espíritu y la vida amable con los vuestros… calmándoos un poquito.

Happy Flowers del mundo, ¿estáis haciendo lo posible? ¿No? Entonces poneos a hacer vuestra parte individual y política antes de lanzar guirnaldas y cantar canciones.

Y así podremos vernos ambos después, con los deberes hechos, y celebrar la comunidad de los bienintencionados que lo llevan a la práctica.

Quizá hubiera sido más fácil escribir sólo: “A Dios rogando y con el mazo dando”.


La certeza de la incertidumbre

2 junio 2021

Sé que no resulta fácil cabalgar la incertidumbre, precisamente porque yo también deseo certezas a las que asirme.

Muchos de nosotros vivimos en burbujas de una cierta certidumbre, justicia, capacidad de control o propósito. No le damos muchas vueltas y encontramos cierto confort ahí.

“Si trabajo bien, no me despedirán”. “Si me cuido no caeré enfermo”. “Si no he hecho nada malo, ¿por qué una persona o la administración va a ir contra mí.”

¿Os suena? ¿Alguien lo ha dicho en vuestra presencia? Quizá reconozcáis alguna de esas ideas “corriendo en segundo plano” en vuestro cerebro.

Pero esto no va así. Un día te pones malo… o muy malo. Tienes un accidente. Te despiden y, contra toda “lógica”, no consigues encontrar trabajo por más que tengas buena formación y seas un trabajador responsable. O puede que te cruces con alguien que te da una paliza… a la que quizá quieras poner sentido porque eras de un equipo de fútbol o le miraste mal o no tienes una orientación sexual mayoritaria. Pero, ¿es que cualquiera de esas cosas es una “razón” para lo que te acaba de suceder”?

Queremos irnos a la cama y que todo lo que ha pasado en el día encaje, más o menos, pero esto no funciona así.

Quizá te baste con aceptar los golpes de suerte, la buena y la mala, organizar un relato que te cuadre y seguir en tu ilusión de un mundo bajo tu control, bajo la lógica o bajo la justicia… pero esto no funciona así.

Lo saben bien aquellos que tratan con la cara más amarga de este mundo, que la tiene y que llena densamente de abismos nuestra “amable” cotidianeidad, cosas terribles que pasan en el piso de al lado o entre los cartones a la puerta de tu banco. Podrías asustarte si supieras lo cerca que estás de esos que llamas “ellos” y de los que te crees que te separa una distancia grande o un muro grueso, pero estás a dos o tres golpes de mala fortuna de caer en esas simas de desesperación, donde dejan de funcionar todas aquellas “palancas” que parecían las causas de tus derechos o tus privilegios como los contactos, el patrimonio, la salud física o los talentos.

Últimamente veo cierto pensamiento filosófico/religioso poco serio que pretende darte esa confianza que anhelamos. A ver si consigo explicarme.

Según ciertas concepciones el mundo que percibimos es irreal, nuestras cuitas partidas de Monopoly y la sangre, salsa de tomate, en tanto que seríamos espíritu trascendente no afectado por lo que pasa aquí. Así que, en puridad, desde aquí no nos ofrecerán consuelo material, más allá de alcanzar el estado de conciencia donde tampoco a nosotros nos importe vivir o morir, sufrir o gozar.

Según otras, habrá un balance. Eso que un buen amigo dice “El tiempo pone a cada uno en su sitio”. Pero ojo, ese balance se hace a escalas de tiempo cósmicas. El dharma y el karma (digamos el debe y el haber de mi cuenta) se ajustará, pero no hoy, ni después de dos años que llevo sufriendo… quizá no ocurra en toda esta encarnación. Por lo tanto, el consuelo material que te quieran dar por aquí, entendiendo que ese balance va a poner justicia en tu situación en un periodo de meses, es que no están entendiendo el asunto que pretenden predicar. De hecho, si finalmente quieres abandonar la incesante rueda de reencarnaciones tendrás que acabar renunciando a “cobrar” tu dharma en tanto que seguir pensando en esa dualidad te ata precisamente a permanecer en el ciclo para recibir lo que te “mereces”.

Y según otras hay una posibilidad de intervención trascendente en el mundo material. Digamos, milagros. Bien concedidos por alguna deidad o subalterno, bien porque tu propia conexión con la fuente consigue aplicar una leyes de orden superior al mundo material. Vaya, que eres el Neo de Matrix, esquivas balas y atraviesas muros. Pero en este caso, de nuevo, el mundo material es ilusorio, en tanto que sometido a otras leyes superiores. Desde este punto de vista si te cortan un brazo no es que “aprendas a afrontar el desafío de tener solo uno y sacar lo mejor de la experiencia”, es que eres capaz de hacerlo volver a aparecer. Si ese nivel de consciencia es accesible, tus cuitas materiales pasarán a no tener mucha importancia, al no afectarte o estar bajo tu control.

¿Qué hacemos entonces, Javi, si nos duele el vivir?

La incertidumbre no es estar condenados a un destino horrible e inevitable. Es tener reducida nuestra capacidad como agentes en esta situación. Es tener que contemplar las acciones de otros agentes o las del puro azar como posiblemente determinantes.

Pero ya os haréis cargo que no es lo mismo lanzar un dado y apostar a que sale seis o apostar a que sale impar. En un caso tengo una probabilidad de éxito de 1/6 y en el otro de 1/2, mucho mayor.

Lo que tenemos que hacer es devolverle la mirada al horror en lugar de negarlo. Hacer “lo posible” (¿qué otra cosa si no?) y protegernos tanto como podamos y usar las cartas que tengamos para jugar nuestra mano lo mejor que sepamos.

Algo que debería ser obvio es la poca capacidad que tenemos como individuos y lo mucho que mejoran nuestras posibilidades como grupo. Por eso la defensa que hago siempre de sistemas y estructuras, de servicios públicos, de que entre todos podemos superar mucho lo que venga. No sabemos si serás tú o seré yo el que se tuerza un pie, pero si el otro le ayuda, los dos podremos seguir caminando.

Esta aterradora falta de propósito, de control, de que haya alguien haciéndose cargo de lo que pasa y por qué, no parece más que acrecentarse por lo que nos vamos encontrando en la ciencia pero, ¿sabéis que es una certidumbre? ¿Sabéis qué podemos hacer? ¿Sabéis qué es cierto y está en nuestra mano elegirlo?

Querernos.

Dotarle nosotros de sentido en lugar de ver si lo encontramos bajo una piedra o contemplando una galaxia.

Podemos trabajar en lo individual, en las relaciones que tengamos y en la sociedad para acrecentar la amabilidad y el cariño entre los que quieran participar.

Y eso será cierto y muy cierto. Que nos quisimos. Que nos dimos amor y compañía aunque no podamos hacer nada contra ese meteorito que se acerca, esa enfermedad incurable o esa pobreza.

Y si somos muchos y ese amor se traduce en los hechos (como no puede ser de otra manera si de veras lo es) encontraremos en la colectividad la mejora de muchas de esas condiciones que sí ceden ante el grupo, pero no ante el individuo débil, inerme o desvalido.

Así que, o bien mientras Dios se desvela, vuelve, lo encontramos en nuestro interior, o bien mientras el universo se congela, tenemos en nuestra mano crear la certeza que andábamos buscando y hacerla tan real y patente como nos atrevamos a soñar.


La Ciencia del Titanic

1 junio 2021

He participado en el ciclo que ha organizado el Museo de Ciencia de Valladolid sobre la ciencia del Titanic con esta charla donde lo aprovecho como excusa para poner la ciencia básica al alcance de todos, hacer algunos experimentos caseros y proponeros otros más. Cacharrista irredento.

Muchas gracias al personal del Museo por su trabajo y, especialmente a Inés, por contar conmigo.

La Física y el Titanic ¿Amigos o enemigos?


Luchas “compartidas”, medios y fines

9 mayo 2021

¿Habéis oído eso de que “el fin justifica los medios”?

Casi seguro que no estáis de acuerdo, ¿verdad? Si los medios no están a la altura ética del fin que se persigue, nos habremos “perdido” por el camino, y quizá nos hayamos convertido en los monstruos contra cuyos males luchábamos.

De esta forma, admitimos que los medios no pueden ser demasiado “malos” si quieren servir a un fin. Hoy me pregunto, ¿deben tener un cierto “mínimo”? Intentaré explicarme… las conexiones de mi cabeza no son siempre claras. Tampoco para mí.

Recuerdo un chiste de mis admirados Faemino y Cansado. “Soltemos una jauría de perros rabiosos por la paz.”

¿Qué os parece? ¿Puede argumentarse que eso es un medio para conseguir la paz por más que se enuncie así? ¿Llega siquiera a acto simbólico? Y vaya esto sin criticar la hipocresía y falta de efectividad de muchos actos simbólicos, que eso ya lo podéis leer aquí.

De esta forma, ¿podría ser que tuviéramos una lucha compartida si hacemos cosas muy “diferentes”? ¿Cuál es ese límite?

En mi opinión hay un límite, quizá con una frontera difusa, como todas, pero con zonas claras de comunidad y separación.

¿Estaban los funcionarios que trabajaban en Vichy diciendo que sí a todo en la misma lucha que la resistencia francesa? ¿Y si te digo que en los bares y en sus casas hablaban con profundo desacuerdo sobre la política colaboracionista?

Soy consciente de que hay mucho indolente que se quiere engañar y otros que quieren engañarnos a los demás pero que, cuando se miran al espejo, saben que están en otra cosa.

También soy consciente de que hay mucha gente que vive engañada y que cree sinceramente estar en la misma lucha, pero de lo que no me cabe ninguna duda es de la certeza de abandono que sufren los que sí que están de veras en esa lucha, sobre todo de los que pagan un precio más caro por estar en primera línea.

No todo se puede hacer con los medios que te parezcan adecuados o te resulten más cómodos, hay fines que requieren de la participación en ciertos medios. Si tu interés en una causa es sincero, dale una vuelta, hay muchos de los que te sientes, y te quieres sentir, compañero que te echan de menos.


Acatar y respetar

5 mayo 2021

Hoy es a cuenta de las elecciones, pero otros días es a raíz de sentencias judiciales o cualquier discurso que aparezca en los medios.

Estoy en un estado de derecho y la ley no me pide respeto a las decisiones judiciales o al resultado de las urnas, me pide que los acate. Bueno, en realidad no me lo pide, me lo exige, lo que en un estado de derecho se traduce en que puedo incluso no hacerlo y aceptar las consecuencias, como hacen tantos infractores que asumen las multas como costes de hacer lo que les parece. Podéis verlo en lo personal con aquellos conductores que van “a los suyo” o en el comportamiento medioambiental de muchas empresas.

Pero Javi, aquí hablamos de ciudadanía. Efectivamente podemos matar a alguien y asumir los años de cárcel, pero queremos un análisis ético. La pregunta es si éticamente debemos respetar esas decisiones o sentencias.

Pues es que yo ya di mi amor a alguien…

En este post, De ligaduras y hombres, ya os contaba que tener muchas lealtades puede llevar a conflictos entre ellas. Y yo ya le he declarado mi amor a la verdad y a los derechos humanos.

Este compromiso previo me obliga a respetar a todos los humanos pero a despreciar profundamente ciertas opiniones, decisiones, sentencias y leyes, precisamente las que atentan contra los derechos fundamentales.

Esto no significa, como algunos apuntan, que te parezca odioso todo lo que no sea tu opinión, pero jamás me alegraré ni pensaré que es respetable que haya quien quiera tener diputados nazis y menos aún de que lo consiga.

Las decisiones humanas son falibles, como cualquiera que lleve en la tierra más de quince minutos debe saber por propia experiencia. Lo son las mías y lo son las tuyas, por lo tanto es perfectamente posible que tus decisiones sean perjudiciales para otros e incluso para ti mismo, por más que sea tu libertad tomarlas. Si alguien necesita un ejemplo, puede usar su libertad para arrancarse un dedo de la mano de un bocado y reflexionar sobre ello. Es cierto que mi análisis sobre lo erróneo de la decisión de otro puede estar equivocado… como el suyo.

Así que, no tengo ningún respeto por los resultados de las urnas de ayer (que traerán mucho dolor y algunas muertes por el destrozo de los servicios públicos), ni por que quien coquetea con lo más despreciable de la xenofobia tenga algo de poder, ni por que la mentira y el acoso sean las nuevas armas preferidas de la política. 

Pero no se preocupen, todo aquello será acatado y tendremos asientos de primera para ver el mundo arder.


¿Demasiado joven para opinar? No, demasiado joven para publicarlo

1 mayo 2021
Árbol. Foto propia
Árbol en Burgos. Foto propia.

Se ha hecho viral el vídeo de una joven que propone hacer experimentación con presos en lugar de con animales porque unos son inocentes y otros no. Y, ante la que se ha liado, reconoce que su propuesta es radical, pero la mantiene.

Al hilo de esto me viene a la memoria la cara de horror de una buena amiga cuando opiné una barbaridad en un bar en nuestros tiernos veinte años con la única compañía de un grupo de amigos, que gracias al cielo aún nos conservamos como tales.

Es imposible no tener opinión, ya lo discutimos aquí, pero, ¿es necesario expresarla a los cuatro vientos, que se publique y permanezca, persiguiéndome por los siglos de los siglos? ¿Es necesario que ese registro de mis primeros “balbuceos” con la lógica, las ideas, las ideologías, empiece tan pronto?

Quizá hayáis oído hablar del derecho al olvido, pero si andáis en ello también sabréis lo difícil que es hacer valer ese derecho… vaya, como tantos otros.

Esta joven quizá no ha tenido quien le explique que la dignidad humana es un derecho inalienable, a pesar de los delitos que haya cometido, que se lo haga entender tranquilamente, parsimoniosamente, dándole el tiempo necesario para que su raciocinio acalle la llamada de sus tripas que piden la peor tortura para quien daña a los tuyos. Esto quizá requiera unos años. O puede que esta persona necesite experimentar lo fácil que es pasar “al otro lado de la ley” y la vida se lo muestre en sus carnes o en las de alguien cercano.

También pudiera ocurrir que todo ese esfuerzo sea inútil y simplemente estemos ante una joven que en el futuro anhele la ocasión de ser algún Menguele o verle trabajar con delectación, que espere el momento de unirse a las ideologías que se escondieron unas décadas y ahora vuelven a mostrar con orgullo su maldad. Ahora mismo es difícil saberlo. Ahora mismo es una joven con la cabeza hecha un lío, cosa que podría tener solución o no tenerla, pero cuyas barbaridades no deberían ser públicas y cuya educación debería suceder en el ámbito de lo privado.

¿Es injusto entonces el vapuleo que está recibiendo en las redes? Pues no sé. ¿Debemos permitir que prosperen y ocupen lo público los discursos de odio, en contra de los más básicos derechos humanos, como el de la salud?

Sin duda su discurso está obteniendo lo que merece, pero ¿y ella? ¿Merece ese escarnio y exposición? ¿Quién es responsable de que la tenga? ¿Quién se lucra de ello? ¿A quién le importa?

Pues a ella debería importarle, porque, por ejemplo, mañana, cuando vaya a buscar trabajo, busquen su nombre por la red y aparezcan estas palabras terribles es posible que pague un precio. Y es posible que también suceda pasado mañana. Y al otro.

Una cosa que creo les enseñamos poco a los jóvenes es la falta de proporcionalidad entre los errores y el coste que la vida te pasa por ellos, por exceso y por defecto. Y si se lo tiene que enseñar la vida, igual va a doler mucho.

Si no sois ya tan jóvenes, pensad en lo que habéis hecho, en lo dicho y en la bendición que es que sólo quede el rastro en alguna foto amarillenta o en algún recuerdo.

Cuidemos a nuestros jóvenes.


Bienvenidos a la distopía

8 abril 2021
Cielo reflejado en la arena mojada de una playa. Foto propia

En el diccionario nos encontramos con esta definición:

“Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana.”

Pues ya está aquí, en realidad ya lo estaba y siempre lo ha estado.

Lamentablemente nuestro anumerismo y pensamiento sesgado hace que no reparemos en ella… o quizá sea el egoísmo y la incapacidad de cambiarlo lo que hace que miremos hacia otro lado con horror y vergüenza.

Pensamos regular. Nadie mete la mano en el fuego porque se quema el cien por cien de la veces, pero a la lotería sí echamos… por si acaso. No evaluamos bien las cosas que no ocurren de manera constante, cíclica o al “cien por cien”.

Y eso le pasa a la distopía, que no es constante, no es uniforme para todos los humanos. De esta forma es muy sencillo que los que estamos un poco lejos del borde pensemos que todo es una meseta, como nuestro pequeño entorno local.

Lo curioso de esta meseta es que está llena de agujeros, de pequeños abismos en los que podemos caer en cualquier momento y son tan profundos como los bordes exteriores.

Un día vas por una calle de tiendas lujosas y ves un tipo sentado en unos cartones lleno de heridas.

Otro día estás en la playa tomándote un mojito y de repente desembarca una patera llena de ilegales que corren por sobrevivir.

En otra ocasión recibes un diagnóstico que te aboca a la muerte porque requiere un tratamiento que no puedes pagar.

O un despido te “transforma” en un parado de larga duración…

O una discapacidad sobrevenida te convierte en un gran dependiente…

Y muchas de estas situaciones pueden producirse por azares que escapan del control de tu voluntad o tu esfuerzo.

De repente, necesitas ese sistema que despreciabas, al que no querías contribuir, del que ahora dependes. Qué triste que nos demos cuenta en la cola para que te den algo de comida para tus hijos o desahuciado y durmiendo en la calle o necesitando una máquina que te permita respirar o a una persona que te limpie el culo.

Ninguna de estas situaciones son indignas, aunque así lo perciba (o se lo hagan percibir) el que las sufre, la indignidad es la de una sociedad incapaz de proveer los derechos humanos básicos. Recuérdalo cuando te pase. Un día nos toca ayudar y otro pedir ayuda. Nada más. Eso es vivir en comunidad.

Convivimos con el horror, con la distopía.

Fantaseo con que nuestros descendientes sean incapaces de entenderlo y nos pregunten “Abuelo, ¿por qué había gente pasando necesidad si había recursos?


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