En La Ventana (SER)

24 julio 2016

Este verano me he asomado a La Ventana en la SER de la mano de Roberto Sánchez (@_RobertoSanchez), que, desde que me entrevistó en Semana Santa había mostrado mucho interés en hacerle un huequito a la ciencia en su programa.

Como siempre, cercana, divertida y casera… Ya sabéis, entre lo pedestre y lo poético.

Aquí os dejo mi primera intervención, que puede sea el comienzo de una bella amistad. Al principio de la hora se habla del cambio climático y después ya voy yo😉


Llegó el día, adiós septiembre

23 junio 2016

Escenas de exámenes

Se anuncia para el final del próximo curso en la Comunidad de Madrid la eliminación de los exámenes de septiembre para primaria y secundaria. En realidad, su paso a finales de junio, como ya ha ocurrido en la universidad y alguna otra comunidad autónoma. Dicen que no lo aplicarán sin consultar a los profesores, en fin, sería la primera vez que consultaran antes de aplicar una medida.

En mi opinión, un error.

Dicen que:

Los chicos tienen derecho al descanso del verano.

Si le quedaron cuatro, ¿no descansó ya en otoño, invierno y primavera?

Prefiero repetir el curso y no andar agobiado en verano

Estupendo, pues no vayas TÚ

Lo que se debe evaluar de forma continua no puede hacerse en un sólo examen en septiembre

¿Y en junio sí?

Con los exámenes de septiembre no da tiempo a organizar el curso y empezar a tiempo.

Cuando empezábamos en octubre o a finales de septiembre sí daba tiempo

Los alumnos tienen más frescos los conocimientos en junio

Han suspendido, no tienen esos conocimientos, quizá pudieran adquirirlos en dos meses, pero no en diez días.

Les darán clase en esos diez días para recuperar la asignatura

Les hemos dado clase nueve meses, necesitan algo más personalizado o un trabajo continuo en el verano.

Los alumnos que están a punto de aprobar pasarán si lo hacen en junio

A los alumnos que están a punto de aprobar, los hemos aprobado. No les hemos dejado con un 4,9


Y así, hasta el infinito… si queréis seguimos en los comentarios, pero permitidme unas reflexiones más.

¿No estaremos mezclando, como siempre, un problema laboral de conciliación de los padres con supuestos argumentos educativos?

¿Cómo se conjuga la demanda paterna de bajada de los deberes con esta ampliación de 20 días de clase (diez más en junio y otros diez a la vuelta, porque ahora empezaremos el primero de septiembre?

¿Es un problema organizar el estudio en verano, por horas y recursos? Por supuesto, que lo es. ¿Es necesario para el chaval? Porque si hablamos de educación, esa es la pregunta.

Como siempre, muchos de estos problemas no existirían si las clases no estuvieran masificadas y los chavales tuvieran los apoyos que precisan, quiero decir, la educación a la que tienen derecho constitucional.

Para los profesores, esto supondrá un mes de trabajo extra, los veinte días de los chavales que mencionábamos y otros diez que le calculo en julio para evaluar, reuniones, organización del nuevo curso, etc., porque, el uno de septiembre a las ocho y media, tengo 3ºB. Laboralmente es un abuso, un cambio de condiciones unilateral que requeriría una respuesta contundente… pero este colectivo mío es más de globos y canciones.

Una de las cosas que más me duele en todo esto es que los estudiantes me dejan sin argumentos.

Las evaluaciones de septiembre son un desastre: un buen número de no presentados, algunos que llegan preguntando qué examen tienen (imagina la preparación), muchos suspensos bajísimos, alguno que se saca del tirón cuatro y pasa de curso, y algunos aprobados. Datos insuficientes para defender esta convocatoria.

Pero, claro. Imagina esto en junio, con los mismos muchachos y la misma actitud. El que se pegó la paliza para sacarse cuatro en dos meses… olvídate, y del resto, lo dudo mucho… piensa que no son diez días para una asignatura, son diez días para todas las que te han quedado.

Así que, finalmente, con el tiempo, ante la nula efectividad de ese examen, se eliminará. Resultado: los chavales con una oportunidad menos, con casi un mes más de clase, los profes con un mes menos de descanso (que se jodan, bastante bien viven)… y todos más felices, o no.

Inexplicablemente (y tristemente, además) hay profesores están a favor de esta medida.


De estándares, competencias, espacios vectoriales y hombres

27 mayo 2016

Yo no sé vosotros, pero cada vez la vida me parece más metafórica… os cuento.

Si sois jóvenes desde hace mucho, recordaréis cuando en la enseñanza se trataba de aprender unos contenidos concretos, te los preguntaban y según tus respuestas eras evaluado.

Más adelante empezaron con lo que llamaban “competencias” cosas más abstractas, como: La competencia digital, podemos leer en la web del MEC:

La competencia digital (CD) es aquella que implica el uso creativo, crítico y seguro de las tecnologías de la información y la comunicación para alcanzar los objetivos relacionados con el trabajo, la empleabilidad, el aprendizaje, el uso del tiempo libre, la inclusión y participación en la sociedad. (…)”

A partir de entonces seguíamos enseñando la ley de Ohm, pero en realidad nuestro objetivo era conseguir desarrollar estas competencias, así que de alguna manera había que expresar en nuestras programaciones cómo cada contenido ayudaba a esa consecución. Como si la enseñar la ley de Ohm fuese un 10% de competencia digital más un 25% de “aprender a aprender” (otra competencia), etc.

Eso se parece mucho a lo que hacemos para representar puntos en un plano. Para nosotros es un espacio de dos dimensiones y hay infinidad de manera de describir un punto.

Cartesian-coordinate-system

A esto lo llamamos coordenadas cartesianas. Necesitamos dos, que podríamos enunciar como:

x: ¿Cuánto a derecha o izquierda?

y: ¿Cuánto arriba o abajo?

El punto verde lo represento por (2,3) porque doy dos pasos a derecha y tres pasos hacia arriba.

El punto rojo será (-3,1) porque doy dos pasos a la izquierda y un paso hacia arriba.

Hay otras maneras, por ejemplo en coordenadas polares. Ahí usaremos también dos cantidades, una será la distancia al centro y otra el ángulo girado respecto a un origen (el eje horizontal, p.ej.)

 Coordenadas polares

Algo interesante en estos dos sistemas de coordenadas es que son “independientes”, quiero decir que lo que ande hacia arriba o abajo no influye en mi desplazamiento de izquierda a derecha, o en el caso de las coordenadas polares, lo que me aleje del centro es independiente del ángulo girado respecto de la parte positiva del eje horizontal.

También se puede caracterizar el plano usando coordenadas que no sean “totalmente independientes”, por ejemplo.
base no ortogonalAquí el eje “vertical” no lo es tanto, y avanzar por él significa ir también un poco hacia la derecha.

Así que si decimos que un punto se caracteriza en este sistema como (2,3) eso significa que andamos dos “pasos” en el eje horizontal y tres en el otro, pero si pensamos sólo en términos de izquierda/derecha; arriba/abajo, desplazarnos 3 unidades en el eje inclinado nos lleva un poco menos de 3 unidades “hacia arriba” y nos lleva un poco también hacia la derecha.

Volvamos a la educación.

¿Son esas competencias una manera de describir los “distintos ejes” de la formación de nuestros chavales?

¿Son “perpendiculares”? Quiero decir: ¿Son la competencia digital y la matemática “independientes”? ¿No estamos midiendo parte de una cuando medimos la otra y viceversa?

Imaginemos ahora por un momento que asumimos que eso de las competencias es una buena aproximación en el sentido de representación que decíamos, pero fíjate qué ocurre en la práctica.

Si estuviéramos tratando con un sistema detalladamente pensado para saber la competencia digital de un estudiante compondríamos los resultados parciales en las distintas materias (con sus pesos relativos y tal) para dar un “resultado final” del grado de consecución de ese chaval en esa competencia… pero no. Lo que hacemos es colapsar toda esa información en una nota única para cada asignatura.

Te lo voy a resumir (quizá chungamente, quizá exageradamente… quizá no tanto).

Yo voy a preguntar la ley de Ohm como siempre, pero primero atomizo ese contenido en distintas componentes, que estimo por separado y que luego vuelvo a juntar en una nota única (que va de entero en entero: 6, 7, 8…). ¿Seguro que hacía falta tanto viaje para eso?

Y ahora tenemos más risas…

Ahora aparecen decenas (sí, decenas) de estándares de aprendizaje. Una manera más de atomizar algo para luego volver a colapsarlo.

Es genial que además todo se llene de números, sin que parezca que nadie tiene ni puñetera idea de medida, estimaciones o errores, pero sí que tenga esa apariencia de exactitud que tanto daño nos hace.

Así que usaremos rúbricas (de las que ya os hablé) atomizaremos la evaluaciones en tres mil items, de los que no nos preocuparemos si nos independientes o no, los promediaremos a lo bestia, o bien asignaremos pesos relativos en el promedio (interesante escuchar el por qué de esos diferentes pesos) y después volveremos a colapsar esa información para poner un 6 o un 7.

Eso sí, no os preocupéis, que todos estarán felices y contentos, profesores y estudiantes, porque las cuentas salen.


Cuando 6 y 7 son lo mismo

25 mayo 2016

¿Son 6 y 7 el mismo número?

La pregunta no es tan imbécil como parece.

Si hablamos de los números puros y abstractos, más allá de cualquier representación de algo real, pues no, no son el mismo número.

Pero…

Si esos números representan una realidad física, les falta algo, algo que debe acompañar SIEMPRE a una magnitud física fundamental o derivada, y no me refiero a sus unidades, me refiero al ERROR.

Cualquier cantidad medida directamente o calculada indirectamente a través de otras medidas directas lleva un error asociado, y DEBE escribirse siempre o ser deducible (por ejemplo, podría darse a entender que el error está en la última cifra que se escribe).

Digamos que tu altura no es 175 cm, sino 175 cm ± 1 cm

Eso quiere decir que no sabemos con exactitud tu altura (porque NO puede saberse con exactitud infinita nada, todo está modelizado y aproximado).

Pensamos que estará con bastante probabilidad entre los valores máximos y mínimos que estamos dando.

En realidad es un poco peor aún… pensamos que la probabilidad de que esté en ese intervalo es del 68% más o menos. Un 95% para una ventana el doble de grande y un 99,7% para una ventana tres veces mayor.
Empirical Rule

Y ahora, vuelvo a la pregunta… ¿son 6 y 7 iguales?

Me falta la precisión, ¿verdad? ¿Qué pasaría si tuvieran una precisión de 0,2?

¿Son 6±0,2 y 7±0,2 iguales? Esos primeros intervalos de error no se solapan, quizá pudiéramos decir que no es muy descabellado pensar que la primera medida es menor que la segunda medida.

¿Pero y si los errores asociados fueran de ±2? Eso sería como decir que la primera medida es 6, sí, pero que también pudiera ser 7, 5, 8… ¿Podemos afirmar ahora que la primera medida es menor que la segunda? ¿Podríamos afirmar que son diferentes?

Si aún no te he convencido prueba esto.

Pide a un amigo que te diga un número entre cuatro y seis.

Pide a otro amigo que te diga un número entre cinco y siete.

¿Será el primero siempre menor al segundo?

En ciencia, cuando dos números solapan sus márgenes de error, entendemos que son “la misma medida”, que no son distinguibles.

Por lo tanto.

Profesor, cuando pongas un 4,9 y suspendas a un alumno, que sepas que estás distinguiendo una décima de precisión en 10 puntos. Un 1% de error. ¿Es esa la precisión de tu sistema de corrección? Ala vete…

Opositor, cuando te evalúen con cuatro cifras significativas, eso quiere decir que su precisión es de uno entre DIEZ MIL, quiere decir que… bueno, cágate en lo que te pille más cerca. Es una vergüenza científica. Querido funcionario que te convoquen o te sugieran que vayas a formar parte de un tribunal, pero con sus reglas incorrectas… no lo hagas.

Enfermo, cuando te muestren la mejoría del grupo que tomó una cosa de esas que te venden como medicinas frente al grupo de control (si lo hay, mira aquí)

En fin… una vez más:

Si no usas los números a tu favor, los usarán en tu contra.

 


Feria del Libro de Madrid

25 mayo 2016

Queridos, llega la Feria y, como todos los años andaré por allí con la ilusión de encuentros y reencuentros.  Estaré en la caseta de Páginas de Espuma…

Domingo 29 de mayo por la mañana

Domingo 5 de junio por la mañana

Sábado 11 de junio por la mañana  TARDE

DISCULPAS, ERROR MÍO. ESTE SÁBADO POR LA TARDE

Caseta 216

(truqui, año 2016, caseta 216, no hay excusa)

Aquí tienes el plano en PDF


Rúbricas y anumerismo

23 mayo 2016

Las llamadas “rúbricas” están de moda en educación. Estar de moda no las hace malas, pero tampoco las hace buenas, necesariamente.

Primero, qué son.

Se trata de una herramienta de evaluación del desempeño de alguna tarea. Suele representarse con una tabla.

Por ejemplo, en una fila pones el “descriptor”, i.e. “Conocimiento del tema”, y en las columnas los diferentes grados de consecución, “Dominio completo”, “Buen dominio”…  redactados, o bien, por números.

A la hora de evaluar vas marcando los distintos grados de consecución en cada descriptor y finalmente con esa información concluyes la evaluación final de la tarea.

¿Y cuál es tu problema, Javi?

Pues el de siempre… que parezca lo que no es.

Esta manera de evaluar es más vieja que la tos, otra cosa es que ahora se haga con aparatejos o que esté de moda, como os decía, pero este dividir y vencer tiene unos siglos.

Del anumerismo ya hemos hablado mucho, y dotar a la gente de herramientas contra él es el motor de mi último libro (Aproxímate).

Una de las maldades del anumerismo es la falsa percepción de exactitud.

Imagina una clase con 21 alumnos.

Dos han faltado.

El porcentaje de faltas es de (2/21)·100 = 9,52%

¡Qué bonito! !Qué exactitud!…

¡Qué porquería!

Fíjate, si tengo 21 alumnos, cada persona representa casi un 5%, entonces, ¿qué puñetas representa 0,52%? De hecho cualquier variación de menos de un 5% no significa nada… de hecho, ni siquiera una del 5%, sería sólo lo que le pasa a una persona. Estamos haciendo estadística, ¿no?

Y, ¿qué pasa con las rúbricas?

Pues eso… divido la evaluación en varios items, asigno categorías y puntúo cada categoría por separado. Ahora cojo esas categorías y las promedio, o bien les asigno distintos pesos, digamos que una categoría vale un 50%, y las otras un 10%, o como me parezca. Finalmente hago el cálculo y me sale un 6,2, como las notas sólo van de punto en punto, pues un 6. Perfect.

Es increíble como se confunde objetivo con justo. Objetivo es solamente, no subjetivo. Un criterio objetivo sería suspender a todos los que estuvieran menos calvos que yo. No sujeto a opiniones, medible… objetivo.

Los alumnos y los profes, meten los números, hacen los cálculos y se quedan tan a gusto. Un alumno suspenso, se irá conforme si le enseñas los numeritos y le muestras que efectivamente salía 4,73.

¿De verdad nadie ve el error asociado a la asignación de categorías, a la asignación de pesos en cada categoría? Si cambias eso la nota puede ser bien diferente. Esto no es un asunto menor, esas asignaciones se basan en un modelo, en asumir que la teoría es más importante, o que la fluidez verbal es crucial, o despreciable, o lo que sea… Da igual lo precisos que sean tus números a partir de ahí, llevas asociado un error en tu apreciación de qué y de cómo debe evaluarse.

Si a eso le sumamos que al final, después de “medir con un láser vas a cortar con un hacha” y a poner la nota “de punto en punto”, lo que supone que a los que van desde el 6,5 hasta el 7,4 les vas a poner un 7, ¿de qué narices estamos hablando?

En fin, usad lo que queráis, yo mismo las uso en ocasiones para mí o para que mis alumnos se evalúen. Ahora, no pretendáis que lleváis a cabo un proceso preciso, ni lo vendáis como tal.

Finalmente, un abrazo para los profesores que se presentan a las oposiciones, donde serán evaluados con cinco cifras significativas de precisión, lo que constituye una vergüenza legal y científica. A aquellos profesores que colaboran voluntariamente con ese proceso incorrecto de evaluación, no les mandamos un abrazo.

 


¿Qué leches os pasa con los libros de texto?

16 mayo 2016

Desde hace un tiempo parece que estén proscritos los libros de texto entre los profesores “bien pensantes” signifique eso lo que sea. Estos ojos míos pintureros han leído que un profesor que use un libro de texto es un mal profesor.

Joder, ¿qué os pasa? ¿De verdad? ¿Tan malos?

Una recopilación de material de consulta y guía para profesores y alumnos, adecuado al nivel, al currículum, a la edad, con ejercicios progresivos, mesurados… ¿En serio que es el horror?

También he leído por ahí cosas como que lo que no es “colaborativo” es la mierda. ¿Seguro? A ver, ¿SE-GU-RO? ¿No somos capaces de pensar en obras geniales llevadas a cabo a lo largo de la historia por una sola persona y mierdas hechas en grupo? Por cierto, ¿y los libros de texto que tienen varios autores?

Quizá vuestro problema sean los malos libros de texto. Pésimas compilaciones, mal explicadas…

Quizá que os obliguen a seguir al pie de la letra un libro de texto. Todos completamos con otros materiales o bien explicamos cosas por nuestra cuenta. La pregunta es, ¿sigue siendo una buena guía, sobre todo para esos chavales que no cogen apuntes bien… o directamente no los cogen?

Quizá sea el precio de los libros de texto, que os parezcan caros. La verdad es que escribir es un trabajo que debe pagarse. Que muchos profesores los hagan gratis no significa que no se esté pagando ese trabajo. Lo están pagando ellos.

Quizá no sea el precio, sino que lo tengan que pagar las esforzadas familias, ya en situaciones bastante precarias. La solución a eso se llaman becas de libros, reutilización… No regalar el trabajo.

Aprovecho para decir que escribir apuntes o un libro entero no es mi obligación como profesor.

Finalmente, no, lo que yo hago puede estar más adaptado a mí, pero no ser “mejor” en un sentido absoluto, aunque lo hayamos hecho en superpandi. Y sí, hay fantásticos libros de texto, por ejemplo los de @EugenioManuel, para los andaluces, qun son el fruto del trabajo de un experimentado profesor que investiga, actualiza… ¿Seguro que son mierda, un objeto a conseguir gratis, o a regalar?

Una cosa es estar en contra de los libros de texto malos, caros, pagados por quien no debe… Y otra, estar en contra de los libros de texto.


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