Experimento: ¿Hierro en los cereales? Tomemos un imán…

13 noviembre 2019

El hierro es hierro… pues ¡saquémoslo con un imán!

Un experimento más de mi libro: Experimentos para entender el mundo


Proyectos y gruñones

10 noviembre 2019

Fuente

Voy a gruñir un poco, así que apaguen si les molesta.

Hoy me ha llegado el enésimo vídeo de “ese proyecto molón con el que sí que aprenderían los alumnos y no estudiando la lista de los reyes godos”.

No importa cuál es, en concreto, es uno de tantos.

En este caso, un chaval canta, acompañado con música, sobre unos contenidos.

La música es interesante, pero la asignatura no es de música, así que ni la composición (si es suya) ni la búsqueda de esa música tiene que ver con lo que debería haber aprendido en la asignatura en cuestión. Es el medio, no el fin.

El texto que ha compuesto es un trabajo escolar, no una obra brillante de valor propio, y el contenido que en él hay, bastante escaso y fácilmente comprensible sin más que escucharlo.

Mi gruñido reflexión de hoy es la de siempre ante cualquier propuesta educativa:

¿Para qué?

¿A cambio de qué?

Algo que nos enseña la ingeniería es que los recursos son limitados, en particular, el tiempo.

¿Cuánto “ha costado” este trabajo a ese chaval? ¿Cuánto ha aprendido? ¿Cuánto podría haber aprendido dedicándole el mismo tiempo a esa materia? ¿Ha descuidado alguna materia por dedicar ese tiempo a este trabajo?

Las respuestas son claramente decepcionantes. Mucho tiempo y poco aprendizaje.

Conozco la parte positiva: cultiva una mejor disposición personal hacia la materia y genera memoria valiosa.

No se olvidará de lo aprendido, de acuerdo, pero es muy poco.

Y esa mejor disposición es un “cheque a futuro”, que alguien debe cobrar en algún momento para enseñar contenidos en “serio”, en importancia y cantidad. ¿En qué momento vamos a empezar a dedicar el tiempo a la enseñanza de saberes sofisticados en lugar de “abonar el terreno? ¿Para qué sirve abonar y abonar si nunca sembramos?

Quien lea aquí una crítica personal a los chavales, incluso a los profesionales que hacen esto de buena fe (aunque equivocadamente, en mi opinión), que lea mejor o que dedique este tiempo a aprender a leer, incluso puede hacer un proyecto usando mis libros.

Aquí lo que se discute es el carácter de “indiscutible” de ciertas metodologías y su efectividad.


Experimento: Girando en una silla

6 noviembre 2019

Un divertido experimento casero para empezar a introducir de manera sencilla el concepto de momento de inercia y cómo la distribución de masa influye en cómo giramos.


La ilusión de control, ¿enemigo o aliado?

3 noviembre 2019

Fuente: Wikipedia

Ya hemos hablado mucho de los sesgos cognitivos y es típico que se etiqueten como “errores” o como en el enlace: “juicios inexactos o distorsiones”, aunque a mí me gusta mucho más otro término: ATAJO.

Los sesgos cognitivos son juicios rápidos usando información incompleta o posiblemente inexacta. Son un desastre… digo, una NECESIDAD.

Os pongo un ejemplo:

  • ¿Quieres salir conmigo? RESPONDE AQUÍ Y AHORA.

Esto… no sé. ¿Eres buena gente o sólo lo pareces? ¿Tienes un armario lleno de cadáveres o de tortillas? ¿Somos compatibles? ¿Morirás mañana? No puedo SABER la respuesta a esa pregunta. Es imposible decidir adecuadamente.

Pero TENGO que responder ahora. Si no lo hago la respuesta es NO, y entonces ya no estoy decidiendo, estoy dejando que las cosas sucedan.

Otro ejemplo:

  • ¿Esto se come o me va a comer a mí?

De nuevo, respuesta inmediata, ya. Puede que me muera de hambre o que me coman.

(Si eres estudiante -o profesor- igual te apetece leer Te jodes y decides)

Nuestra máquina de pensar ha evolucionado por la presión de la selección natural, lo que significa: sobrevivir lo suficiente para pasar tus genes.

Y, como ya debierais saber:

Tener razón no siempre resulta evolutivamente favorable

Hace años me dijo una amiga: Espera, no entres en ese cruce, exigiendo tu preferencia, a las dos de la mañana, quizá seas el único conductor que no va borracho. Frase que me recuerda esta otra: El cementerio está lleno de gente que tenía razón.

Así que, el exceso de prudencia, o incluso ser miedoso, han podido tener un efecto “protector” para nuestro bagaje genético, por muy absurdo que ahora sea dar un brinco cada vez que cruje la madera de tus muebles.

De la misma forma, un comportamiento borreguil… estoooo, quiero decir, dejarse influir demasiado por la presión del grupo, puede haber sido también un elemento protector al mantenernos en la tribu, a salvo de un entorno demasiado hostil para un individuo de nuestra especie en solitario.

Pero vayamos al sesgo con el que titulábamos: La ilusión de control. Me gusta analizarlo en dos vertientes.

  1. Pensar que tomando acciones presentes puedo controlar el futuro
  2. Concluir que las circunstancias presentes son consecuencia de mis acciones pasadas.

Estas dos ideas son tremendamente y aterradoramente falsas, sobre todo en su acepción fuerte, que es como suelen entenderse.

No podemos controlar el futuro, hay múltiples factores y agentes influyendo en cualquier situación, incluido el azar.

Esto que acabo de decir es una obviedad, pero lo que no suele contemplarse es que muchos de ellos, por sí solos e independientemente de cómo de propicios sean los demás, pueden decantar el futuro en una dirección u otra.

No pensamos en ello porque quizá es aterrador. Convivir con la incertidumbre no es nada fácil y lo más frecuente es que se ignore o se niegue.

Muchos se preguntan: ¿Para qué voy a hacer nada, si puede pasar cualquier cosa?

En la segunda acepción también encontramos cierta “paz”, a la par que vuelve a invitarnos a la acción:

  • Si lo que sufro fue por algo que hice o dejé de hacer, puedo evitarlo en el futuro.
  • Si lo que disfruto fue por algo que hice o dejé de hacer, puedo conseguirlo de nuevo, o mantenerlo.

Así que la ilusión de control nos mueve a la acción… pero, Panadero nuestro, ¿no nos has dicho que la acción es “inútil”?

No, querido lector imaginario, he dicho que hay muchos factores y agentes… y resulta que TÚ eres uno de esos agentes.

Una vez más serán las matemáticas las que nos saquen del apuro, en este caso las no suficientemente valoradas probabilidad y estadística.

Efectivamente puede pasar cualquier cosa, y hay hechos que se deciden azarosamente… pero no todos los futuros son igualmente probables.

No puedo “obligar” un resultado, pero puedo aumentar su probabilidad.

Por poner un ejemplo común. La educación y la formación no aseguran el empleo ni que tengas uno mejor pagado (todos conocemos contraejemplos), pero sí mejoran muy sensiblemente la probabilidad de que eso ocurra, por lo que es una medida inteligente tomar ese camino. Busquen datos, si dudan.

A veces cuesta mucho entender esto, porque una vez que la cosa ocurre, ha ocurrido al “cien por cien”, más allá de lo probable o improbable que fuera. La falta de conocimiento estadístico nos hace pensar que ir con casco o sin él en una moto es equivalente en cuestión de peligrosidad, y NO lo es.

De esta forma, cabalgar la incertidumbre, como me gusta decir, es la única manera razonable de vivir.

No puedo forzar a que me toque un sorteo, pero puedo comprar papeletas.

El esfuerzo personal en nuestro ámbito de acción es lo único que podemos hacer, lo único que puede exigírsenos… y lo único que les queda a los que no tenemos talentos especiales, patrimonio, acceso a crédito o contactos.

Rendirse a la impredicibilidad de la vida, en lo bueno y en lo malo, entender que lo que nos sucede puede no ser culpa o mérito nuestro, es además de una fuente de serenidad, a mi parecer, un justo juicio de lo que las cosas son.

Será frecuente quien sepa encontrar excusas para evitar esa “culpa”… a veces negando su responsabilidad evidente, pero, mucho menos frecuente es quien sabe ver la falta de proporcionalidad o la falta de relación causal necesaria entre sus méritos/esfuerzo y el resultado obtenido.

¿Cómo no establecer un nexo entre lo mucho que me lo “curré” y que saliera cojonudamente? ¿Quieres decir que es mentira que me esforcé?

Así, queridos lectores, sólo nos queda concluir que la ilusión de control ha sido, efectivamente un buen amigo que nos ha llevado muy lejos, pero con engaños, un progenitor que nos hizo tomar la sopa para que no viniera el coco, pero ya somos mayores. Pensemos entonces, ¿estamos preparados para aceptar la verdad? Es tan simple como terrible, pero quizá en la aceptación de lo inevitable esté la tan buscada serenidad.

Hagamos lo que podamos porque es lo único que podemos hacer.


Experimento. Efecto Coanda. ¿Por qué vuelan los aviones?

25 octubre 2019

No es fácil explicar por qué vuelan los aviones y con frecuencia se cometen errores e imprecisiones (este que os habla incluido).

Una de las mejores formas de acercarse, en mi opinión, es el efecto Coanda.

Aquí tenéis vídeo explicándolo con esos cacharrismos que tanto nos gustan.


¿Es ciencia si no se comunica? ¿Es lo mismo investigador y científico?

19 octubre 2019

Fuente: Wikipedia

Tenemos debate en las redes a cuenta de esto.

Todo esto va precedido por IMHO… bueno, mejor, IMNSHO (In my not so humble opinion).

Creo que se trata básicamente de un problema de terminología, aunque pudiera haber por debajo una discrepancia más filosófica.

La ciencia es la aproximación empírica a la búsqueda de la verdad. Intentamos evitar creer a pies juntillas en lo que las cosas “parecen” ser, tanto por su apariencia como por cómo las percibimos e interpretamos.

El criterio para solucionar esto en otras aproximaciones al conocimiento puede ser el argumento de autoridad (lo que dice papá/mamá/el profeta/el libro sagrado…), el pensamiento propio, lo que “sientes” por dentro o por fuera. Pero en la ciencia somos empiristas.

Eso tiene que ver con el contraste de lo que “nos parece” (nuestras hipótesis) con lo que consideramos real. Esto tiene serios problemas, en ciencia se suele zanjar con decir: hagamos experimentos y que estos sean reproducibles e independientes del observador (objetivos vs. subjetivos).

No siempre es tan sencillo ser reproducible (en observaciones de eventos astronómicos, por ejemplo) y la independencia del observador (o del sujeto experimental (en ciencias sociales o medicina, por ejemplo) tampoco. Para eso arbitramos experimentos a doble ciego y otras técnicas.

Pero sobre todo esto sobrevuela nuestro gran “truco” para ser objetivo que es la revisión por pares. Los descubrimientos a los que llegamos son puestos por escrito en detalle y esos textos leídos por investigadores que dilucidan si lo que decimos suena razonable y confiable, permitiendo su publicación en caso afirmativo. Ojo, no se replica el experimento antes de publicarlo, sólo se evalúa lo que decimos. Más adelante otros investigadores de nuestro campo intentarán replicarlo y ver si sus resultados están de acuerdo con los nuestros.

Este sistema adolece de muchos defectos y da lugar tanto a publicaciones falsas como a rechazos de investigaciones ciertas, pero es el menos malo que conocemos.

Lo que no hay que olvidar es que todo esto no forma parte del empirismo inicial, sino que es una manera de intentar garantizarlo. Para algunas materias, como los estudios médicos, es imposible llegar a ninguna verdad científica en la que no concurran miles de personas, entre investigadores y pacientes. En cambio, hay leyes físicas que pueden descubrirse y redescubrirse en la soledad del laboratorio las veces que queráis, como las ondas electromagnéticas.

De esta forma, podemos asumir que la comunicación a la comunidad científica de los descubrimientos es, a día de hoy, parte imprescindible de la garantía empírica de la producción científica.

¿Es eso “divulgación”? Pues depende.

El término divulgación está tan cambiado de significado (como tantos) que si no pactamos antes qué significa no tiene sentido que sigamos conversando.

Si entendemos por divulgación cualquier comunicación científica más allá de los investigadores implicados, entonces diremos (bajo la obligatoriedad de la revisión por pares para garantizar el empirismo): Algo no es ciencia si no se ha divulgado.

Si entendemos como divulgación la transmisión de conocimiento sofisticado al público lego en esa materia, al vulgo, entonces, podemos tener ciencia sin que esta haya sido divulgada.

¿Queremos decir que la divulgación, en esta acepción, no es buena o necesaria? En absoluto.

Como nos recuerda con acierto, siempre que puede, Natalia @bynzelman, no solamente es necesaria o conveniente, es un DERECHO HUMANO reconocido y firmado por la mayoría de los países.

Voy más lejos, es un puro contrato mercantil, tan antiguo como el trueque.

¿Quién paga las investigaciones en organismos públicos? ¿Quién paga las subvenciones a la investigación en las empresas privadas? Efectivamente, la sociedad. Nosotros.

Por lo tanto, la divulgación a la sociedad en su conjunto es, no sólo un derecho, es además la justa retribución a quien paga de los resultados obtenidos con su dinero.

Así que, alguien debe hacerse responsable de divulgar ese descubrimiento a la sociedad, por derechos humanos y porque estamos pagando… pero no se convierte en ciencia en ese momento, lo es desde antes.


Y me disculparéis que os añada la segunda pregunta en el título, pero me recuerda mucho una controversia a otra.

¿Cómo definimos científico? Ya lo discutimos en otro post. Os resumo.

Si científico es sólo aquel que produce ciencia, entonces son sólo un puñado de personas, en momentos puntuales (salvo que demos por válido todo el proceso, incluso si no llega a ningún resultado positivo), deja de serlo en cuanto abandona la actividad investigadora, aunque haya estado cuarenta años dedicado a ello.

Cuando una definición deja fuera a gente que el sentido común nos indica que deberían estar dentro… quizá sea el momento de revisarla.

Yo no le quitaría el estatus de científico a un investigador jubilado.

Quizá podríamos usar el término investigador, para que el que está o ha estado dedicado a la labor de la producción científica, pudiendo matizar aún más diciendo “investigador en activo”.

¿Qué hacemos con el término científico?

Perdonad que me ponga como ejemplo.

Soy físico, especialidad física fundamental. Sólo por conocimientos sobre la naturaleza de las cosas, me niego a que nadie me tilde de “no científico”… en tanto que no quiere adjetivarme como “científico”.

Pero es que además, llevo más de dos décadas dedicado a la enseñanza de la ciencia y por lo tanto a la imprescindible formación de algunos que luego han devenido en investigadores. ¿No soy, por esto tampoco, parte de la comunidad científica?

Aquí podemos establecer una zona intermedia y llamar científicos a aquellos que por su formación o por su trabajo andan necesariamente implicados en actividades que se relacionan intensamente con la ciencia.

Pero a mí me gusta extenderlo aún más, me gusta hablar, más que de científicos, de personas con actitud científica. Y aquí cabemos todos.

Una persona con mínimos estudios que, habiendo escuchado un “rumor” sobre que algún “remedio” cura o no cura, acude a una fuente de la comunidad científica que se base en la evidencia conocida, me parece que puede ser mucho más científica, en su actitud, que un químico que consuma homeopatía.

Así que yo lo dejaría así: Investigadores en activo, investigadores, científicos y personas con actitudes científicas.

Una vez más, me preocupo de poner la ciencia al alcance de todos… no digáis que no molo.


Dibujar en isométrica a partir de vistas (II) Rampas

17 octubre 2019

Segunda entrega para ver cómo dibujamos de manera SIS-TE-MÁ-TI-CA (y no tirando de talento) piezas en isométrica a partir de las vistas.

De nuevo nuestro agradecimiento a

http://www.educacionplastica.net/index.html

El primer post lo tenéis aquí:


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