La magia del nonius. Medir más allá de lo posible.

10 septiembre 2019

El nonius es uno de esos “cacharros” que parecen magia por mucho que conozcas las reglas que lo rigen o seas capaz incluso de construirlos, lo mismo que pasa con el giróscopo.

Lo primero que tenemos que saber hacer es dividir un segmento en el número de veces que queramos, aunque numéricamente no sea demasiado sencillo.

Por ejemplo, dividir un segmento cualquiera en un número de partes arbitrario. Aquí podéis verlo, es sencillo.

Ahora, asumiendo que podemos hacer eso, vamos a por el nonius.

Imagina que tenemos una regla usual que llega hasta los milímetros y que estamos interesados en poder medir DÉCIMAS de milímetro.

El truco consiste en añadir una regla móvil de la siguiente manera.

Fíjate que lo que hemos hecho es tomar NUEVE milímetros y dividirlo en DIEZ partes, algo que podemos hacer con el truco del que acabamos de hablar. Hasta ahora no hemos necesitado ningún instrumento más preciso que nuestra regla convencional de partida.

La regla inferior es la móvil. A partir de ahora vamos a empezar a moverla y a observar cuidadosamente lo que ocurre.

Todas las figuras que vamos a usar son de Dnu72 y pueden encontrarse en esta página de la Wikipedia.

Primero, y dado que “nos falta” un milímetro, verás que sólo nos coincide la primera línea de la regla inferior con una de la regla superior. Es resto están un poco desplazadas.

¿Qué ocurre si hago coincidir el 10 de ambas escalas? Pues sería una situación parecida, coincidirían las líneas del 10, pero ninguna otra. ¿Cuánta distancia habríamos movido la regla inferior? Un milímetro, que es justo lo que habíamos querido quedarnos cortos.

¿Qué pasa en las situaciones intermedias? Pues si pongo la regla en la posición inicial y la desplazo un poco a la izquierda, coincidirá la línea del “uno de abajo” con una de las de arriba, como podéis ver aquí. Y es la ÚNICA que coincide.

Si lo muevo un poquito más, ahora coincidirá la “línea del dos” y, de nuevo, es la única que coincide. Al “faltar” un milímetro en la escala móvil, sólo nos va a coincidir una línea cada vez.

Total, que según nos vamos moviendo, nos irán coincidiendo las líneas una a una hasta llegar a que nos coincidan los dos 10.

Aquí, por ejemplo, coincide la línea del seis (recuerda, nos importa la línea que coincide abajo, no con quien coincide arriba. La de arriba es la línea de los siete milímetros, pero ¡la de abajo es la del seis!)

Resumamos, porque acaba de producirse la MAGIA.

  • Desde que nos coinciden los ceros hasta que nos coinciden los 10, la distancia recorrida es un milímetro.
  • Durante ese movimiento van coincidiendo las diez líneas dibujadas, una a una.
  • Que están igualmente espaciadas…

Pues, compañeros, cada vez que te coincida una línea habrás avanzado ¡UNA DÉCIMA DE MILÍMETRO!

¿No es impresionante?

Con una regla que sólo puede medir milímetros y un poco de ingenio, puedo medir ¡décimas de milímetro!

Aquí tenéis un simulador en el que podréis ver cómo sucede lo increíble

Este artilugio que se llama nonius va acoplado a multitud de aparatos de medida, quizá el más común, el calibre.

Es una herramienta imprescindible en cualquier taller, como ves, lista para medir exteriores (abajo), interiores (arriba) y profundidades (derecha), leyendo la medida siempre en la misma escala.

De la página del simulador os pongo esta captura para contaros cómo se lee la medida.

La manera de leerlo es la siguiente. Primero leemos los milímetros que llevamos pasados, es decir, que ya haya superado el cero de la regla móvil. En nuestro caso 12.

Después sumamos tantas décimas como el número de línea de la escala inferior que coincida con una línea de arriba. En nuestro caso 4.

Así que esta medida son 12,4 mm.

Si te fijas en el dibujo, efectivamente el cero ha pasado del 12 y está ligeramente por debajo de la mitad de ese milímetro.

Por supuesto os he contado una versión sencilla para que entendáis el ingenioso artificio. El que quiera ver diferentes maneras de implementarlo para obtener distintos alcances en la medida y sus fórmulas generales, puede consultar la entrada de Wikipedia, donde encontrará un detallado análisis.

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Importancia del contenido, tiempo dedicado y peso en la nota

9 septiembre 2019

Fuente: Wikipedia

Estas tres cosas: Importancia de un contenido, tiempo/esfuerzo que se le dedica y peso en la evaluación final, son tres elementos que deberían tener una fuerte relación entre ellas y no siempre ocurre así.

En estos comienzos de curso es extremadamente importante que le paséis este “test” a vuestros diseños de asignaturas, de cualquier nivel. ¿Le dedico tiempo suficiente a este contenido que considero tan importante? ¿No es este trabajo demasiado costoso para el peso que tiene en la calificación final?

Es una manera sencilla de repartir tiempos, esfuerzos, partes en exámenes y pruebas.

Hay tendencias que nos apartan de esta sencilla lógica. Por ejemplo, le solemos dedicar mucho tiempo a cosas que son difíciles, aunque sean excepciones, asuntos tangenciales, o no vayan a tener peso en la calificación final.

También es frecuente que nos extendamos en asuntos que nos interesan a los docentes o de los que sabemos más sin tener en cuenta la importancia relativa que puede tener en el contexto de la materia que impartimos.

Además en estos tiempos absurdos (matemática y pedagógicamente) de “estándares”, rúbricas y demás formas de atomizar la evaluación, nuestra incoherencia entre estas tres “magnitudes” puede ser detectada por nuestros estudiantes cosa que hace que dejen de pensar en aprender y se vuelvan “calculadores”.

Por ejemplo, si les mando leer dos libros y hacer dos trabajos escritos y esto va a ser un punto en la calificación final. ¿No harían mejor en dedicar ese tiempo a estudiar mi materia u otra y sacarme un NUEVE, tranquilamente?

Esta actitud, que nos molesta profundamente a los docentes que queremos enseñar, no sumar decimales, también se minimiza manteniendo las tres cantidades (importancia, tiempo y peso) en un mismo orden, de forma que quien obvia algo poco importante, gana sólo un poco de tiempo y pierde sólo un poco de nota, en cambio quien pretende soslayar algo de importancia crucial, aunque ganará mucho tiempo, no será capaz de pasar la asignatura.

Hazlo una y otra vez. Otro ejemplo, si tienes que confeccionar un examen “final”, adscribe porcentajes a los contenidos y limita la participación de cada uno en el conjunto del examen.

No es nada difícil y da muchas alegrías. Que tengáis buen curso.

Por cierto, ¿y si hacemos eso también con el resto de elementos de nuestra vida: buscamos la proporcionalidad entre tiempo, importancia y recompensa (a cualquier nivel)?

Esto, como tantas cosas, lo aprendí de mi hermana Mª Carmen Fernández Panadero, a quien dedico este post.


¿Por qué aplaudes? El mediocre del que hablan, eres tú

8 septiembre 2019

Hace pocos días apareció un artículo criticando la mediocridad que fue muy aplaudido y compartido en redes.

Es curioso que nadie se siente aludido, cuando la inmensa mayoría, por pura estadística, no podemos ser otra cosa que mediocres. Así que, queridos, estaba hablando de nosotros, y no demasiado bien.

Supongo que, ahora sí, miráis con el ceño fruncido al bufón que dice la verdad descarnada, pero si me tenéis un poco de paciencia creo que nos entenderemos.

Desde el punto de vista absoluto, no somos excelentes, eso es algo tremendamente escaso. No te tropiezas en el metro todos los días con Cervantes y Cajales.

Tampoco es cierto que todo el mundo sea excepcional en algo, en cambio, lo que sí que es cierto, es que todo el mundo es mediocre en la mayoría de las cosas, incluidos aquellos que destacan en alguna actividad.

Sin embargo, desde el punto de vista relativo, se viven enormes proezas a diario. Todos estamos en nuestra frontera particular en cada campo luchando por ganar unos metros. Desde un niño que intenta colorear “sin salirse” al deportista que busca mejorar su marca personal (por poco competitiva que sea comparada con el record mundial).

Estas aventuras, estas hazañas, estas emociones que suceden en “La zona intermedia” son la pura representación de lo que es ser humano, en toda su pluralidad y diversidad. Quien quiera negar eso, se niega a sí mismo.

Ese es uno de los graves defectos de ese artículo, aplicar con carácter negativo el adjetivo “mediocre” sobre los resultados y no sobre los procesos. Ese sandwich mixto que critica (una de mis cenas favoritas) puede ser una gesta culinaria de un niño que esté aprendiendo a cocinar.

Otro defecto es aludir de forma implícita a un pasado mítico. En este caso, donde todo estaba en manos de gente de maestría incomparable. Se parece a cuando te dicen que te imagines en la Edad Media, y te ves como un príncipe, caballero, erudito… no como un siervo viviendo media vida. Y ese es tu lugar, querido mediocre, el correspondiente al nivel de la escala social a la que perteneces hoy.

Las cifras nos dicen lo contrario: nunca ha habido más cultura, libertad o salud y, sobre todo, accesible a más gente.

Y el gran error final es no darse cuenta de que las ideas: “Estamos mejor que nunca” y “Aún no es suficiente” no son contradictorias.

Disfruten de sus aventuras en la Zona Intermedia, celebren sus logros y no renuncien a ser mejores. Así de sencillo, queridos mediocres… ¡y a mucha honra!


SPSS y Python, cómo leer y escribir datos

5 septiembre 2019

SPSS es un programa para hacer estadística bastante popular (y propietario, IBM).

Por supuesto tiene muchas funciones de las más comunes integradas y, como en cualquier software, si tienes experiencia no es difícil ir bastante rápido en las tareas más comunes.

El problema es cuando quieres hacer algo no tan común, pero para eso se pueden hacer pequeños “pedazos de código”, scripts, en lenguajes como Python y r, siempre que estén instalados los plugins correspondientes.

Me veo en estas cosas por echar un cable (como tantas veces me lo echan a mí). La cuestión es que para calcular el valor de una variable en un registro necesitábamos acceder a otras variables de OTROS registros y hacer algunos bucles. Algo trivial en Python, pero que no acabábamos de ver cómo hacer en SPSS (quizá mi desconocimiento). El caso es que al final, después de unas cuantas vueltas y de consultar en varios sitios, conseguí encontrar la manera de leer una variable, convertirla en una lista (lo que me permite hacer los cálculos en Python que desee) y luego escribir otra lista en la variable que quería calcular.

Quizá os parezca sencillo… pero a mí me hubiera encantado encontrar este post el tiempo que anduve buscando, así que lo escribo.


BEGIN PROGRAM.

import spss                                #cabecera
spss.StartDataStep()
datasetObj = spss.Dataset()
numColumnaVar1=0               
#aquí tienes que poner el número de la columna en la que está cada variable, empezando a contar por 0
numColumnaVar2=1
numColumnaVarResultado=2
var1=[]                               
#inicializamos los arrays vacíos para luego usar el método append e ir rellenando
var2=[]
varResultado=[]
for i in range(len(datasetObj.cases)):               
#leemos ambas variables (los índices empiezan en cero)
    var1.append(datasetObj.cases[i,numeroColumnaVar1][0])   
#cases lee como si fuera un vector de un componente, así que al poner [0] elegimos el primer elemento
    var2.append(datasetObj.cases[i,numeroColumnaVar2][0])    

AQUÍ HACEMOS EN PYTHON LO QUE QUERAMOS CON LAS LISTAS QUE HEMOS CREADO var1, var2, etc.

FINALIZAMOS SUBIENDO LOS VALORES A LA VARIABLE VACÍA EN LA TERCERA COLUMNA QUE HABREMOS CREADO A MANO EN SPSS

#escribo la variable en la tabla usando el varResultado
for i in range(len(datasetObj.cases)):                   
#i es un índice que recorrerá todos los registros
    datasetObj.cases[i,numerocolumnaVarResultado]=varResultado[i]            
spss.EndDataStep()                    #finalización
END PROGRAM.

Del código que ves escrito sólo tienes que tocar los números de columna origen y destino, recordando que empieza la cuenta en cero.

numColumnaVar1=0                
numColumnaVar2=1
numColumnaVarResultado=2
Por supuesto, tendrás que repetir el código si quieres “tomar” más variables de la base de datos o si quieres al final escribir más variables como resultado.
Paso a explicaros el código paso a paso.
Todo el código está encapsulado entre las instrucciones BEGIN PROGRAM. y END PROGRAM.
“Cabecera”
import spss                                
spss.StartDataStep()
datasetObj = spss.Dataset()
Con estas instrucciones conseguimos que Python pueda tratar el conjunto de datos como un objeto, con sus correspondientes atributos (propiedades) y métodos (funciones), que serán las que usemos para extraer los valores, primero ,y subirlos, después.
Identificación de variables por columna
numColumnaVar1=0                
numColumnaVar2=1
numColumnaVarResultado=2
Usamos estas variables numéricas para luego decirle al programa de qué variables de SPSS tiene que leer los datos y en cuál escribirlos. Ojo en esta última, porque, si te equivocas, vas a sobreescribir una variable en la que podrías tener datos. Asegúrate de que está vacía y de elegir bien los números ANTES de ejecutar el código.
Lectura de datos.
for i in range(len(datasetObj.cases)):                
    var1.append(datasetObj.cases[i,numeroColumnaVar1][0]) 
Hacemos un bucle con tantas iteraciones como longitud (len) tenga la base de datos.
Añadimos cada lectura en una posición de la lista que habíamos creado para ello (var1).
Importante el [0] del final, porque cada lectura la toma como un lista, aunque sólo tenga un componente. Al añadir esto, le decimos que lea el valor de la variable i (lo tomará como lista), que elija el primer valor de esa lista de números, que sólo tiene uno (!) (el número [0]) y que lo guarde como elemento i de nuestra lista, la var1.
Si no pusiéramos que cogiera sólo un elemento nos quedaría un vector de vectores: var1= ([35],[22],[17]…)
Cuando ya tenemos las variables en Python, ya tenemos toda la libertad y facilidad que nos da programar en un lenguaje tan versátil.
Subir datos
Después de haber hecho todas las perrerías que quieras en Python, sólo te queda subir los datos que has ido añadiendo a varResultado.
Como definimos varResultado como un array vacío, en tu código acuérdate de llenarla usando el método append. Si esto te viene mal o te da problemas, inicia el array dando valores.
for i in range(len(datasetObj.cases)):                   
    datasetObj.cases[i,numerocolumnaVarResultado]=varResultado[i]
Así que hacemos un bucle en el que vamos escribiendo en cada registro (hasta completar la longitud de la base de datos) los valores calculados, en la columna elegida al principio. No tiene por qué ser sólo una variable, podéis subir tantos resultados como deseéis.
OJO DE NUEVO, que si escribís esto en una variable en la que ya tengáis datos, los perderéis.
Cerrando
spss.EndDataStep()                    #finalización
END PROGRAM.
Con esto se completa el script.
Es un código muy simple, también se pueden crear y dar formato a las variables desde Python, pero creo que un usuario básico de SPSS hace eso con la gorra y meter esto por aquí os haría más lío.
Como lo más probable es que no tengáis que crear un conjunto grande de variables, estamos hablando de que tardáis un minuto. Si necesitas automatizarlo, porque sean muchas, considera hacerlo desde Python o desde r.
El detalle de todo esto y muchas más cosas podéis encontrarlas aquí en la Python Reference Guide for IBM SPSS Statistics
Lo nuestro está en la página 55 y siguientes.
Espero que os sirva.
Juntos somos más.

¿Son cuidadosos los jóvenes con la privacidad online?

25 julio 2019

Publicado simultáneamente en Naukas.

Como sabéis, soy profesor de secundaria y hablarles sobre privacidad es mi obligación, no sólo como docente, sino como parte de mi temario.

Pero me resulta tremendamente difícil. Mirad, conversación de clase.

– Chavales, si ponéis una foto de dónde estáis comiendo en RRSS va a verlo mucha gente.

– ¡Claro! ¡Qué bien! PARA ESO lo hacemos.

¿Dónde quedaron Raphael o Alaska con sus “Qué sabe nadie” y “A quién le importa”? Porque parece que hoy, lo tuyo, le importa a mucha gente y LO SABEN.

Preguntados algunos amigos de Naukas, le he estado dando vueltas y os cuento cómo veo el asunto.

Hay quien apunta a que pudiera ser que la privacidad, tal y como la concebíamos hace 20 años ha quedado obsoleta, estando en un nuevo tiempo, con nuevas reglas, como apunta Santiago Campillo, o como también sugiere Joaquín Sevilla recomendando un vídeo de la youtuber Ter hablando sobre el origen de los selfies para reflexionar sobre el concepto de imagen virtual.

Pero es muy interesante la respuesta de Víctor Ruiz sobre este “nuevo” concepto de privacidad, en la línea de que los adolescentes de hoy en día siguen respondiendo a sus padres, como siempre: ¿Donde has estado? Por ahí. ¿Con quién has salido? Con “estos”… y eso si les pillas comunicativos y pasan de los monosílabos, o ruidos guturales. Es quizá, más ajustado, como dice Víctor, que creen que lo que publican no es, en realidad, “público”. En este sentido a veces le digo a un alumno que voy a proyectar su cuenta de Twitter en clase, por ejemplo, y se ponen bastante nerviosos. Le pregunto que por qué, que si la tiene abierta la puede ver alguien en Ulan Bator sin mayor problema. Algunas veces, para hacerles reflexionar sobre la privacidad les he dicho que ese día no la iba a abrir, pero que al día siguiente sí, así que, que revisara sus contenidos o que la pusiera privada… y la ponían privada. Conclusión, no les da igual que cualquiera pueda verlo… aunque su configuración sí lo permite.

Por supuesto sigue habiendo cosas que se quieren proteger, los datos sensibles que entienden como “secretos” y no sólo como privados, el PIN de la tarjeta de crédito o las contraseñas de los distintos servicios online, las RRSS, etc.

Iván Rivera opina que quizá no se trate de un “nuevo” concepto de privacidad, sino el retorno al de siempre, al de la tribu, vaya… a la ausencia de privacidad, donde las viejasdelvisillo tenían información puntual de todos, y la compartían con bastante buena disposición. Disfrutamos de un cierto paréntesis de intimidad en nuestras “deshumanizadas” ciudades, pero volvemos al redil… aunque con una importantísima diferencia: Las viejasdelvisillo de hoy en día no comparten su información con la misma ilusión que recopilan la nuestra. Para muestra este momento impagable (min 0:46) en una comparecencia de Mr. Facebook en el Senado, que debería ponerse a diario en la tele y os transcribo.

– Mr. Zuckerberg, would you be comfortable sharing with us the name of the hotel you stayed in last night?

– Um, (chuckles), (pause), uh, No (smiles).

¿Por qué tanta duda? ¿Por qué no? ¿Por qué no quieres compartir esa información que deseas de mí y para la que has generado toda una estrategia comercial de alertas, likes y demás. Una estrategia, como nos recordaba Víctor.

Fijaos que es un ejemplo estupendo de “si no tienes nada que ocultar, ¿qué tiene de malo que sepamos el hotel en el que has estado, y que habrás dejado ya?” Es una información que parece que no tiene ningún valor o peligro pero que no es de la incumbencia de nadie… aunque parece que sí que les importe.

Distinción muy importante esta entre lo que te incumbe y lo que te importa o te apetece saber/inmiscuirte.

Os recuerdo, ya lo hacía Mark también en la comparecencia, que él VENDE esta información a terceros, para que hagan publicidad dirigida, por lo que cobra muuuuucho dinero. Aprovechamos también para traer al foco que nosotros no somos los CLIENTES de las redes, clientes son los que pagan por la publicidad que nos hacen, nosotros (nuestros datos) somos el producto.

¿Y qué tipo de producto somos? ¿Qué harán con esos datos?

Pensemos que para que algo sea un negocio hay que conseguir que produzca dinero. Saber que yo he ido al cine o a correr tiene que tener un interés que pueda traducirse en dinero, si no, nadie pagará por esa información.

Por un lado está la publicidad dirigida, ya sabéis, mucho mejor (más barato y efectivo) mandar anuncios de zapatillas a gente que sé que corre varios kilómetros al día que buzonear en una ciudad portal por portal, piso por piso.

Pero entonces, ¿por qué partidos políticos, seguros médicos y otros agentes similares están comprando esa información? ¿Qué pueden hacer con ella?

El escándalo de Cambridge Analytica (documental en Netflix pronto) y otros parecidos nos muestran que, sabiendo cuáles son nuestras “teclas”, pueden hacernos tomar decisiones que pensemos “libres”, vaya lo que lleva haciendo la publicidad toda la vida, pero con mucha más capacidad de influencia. Respecto a por qué querría una compañía de seguros médicos conocer tu día a día, te dejo que lo pienses tú.

¿Podría ser entonces que esa distinción que hacemos en la información sensible, entre información secreta y privada, sea un error, porque en el fondo toda la información sensible debería protegerse como si fuera secreta?

Pues diríase que sí, que deberíamos compartirla sólo con quien fuera necesario, controlar a quién se la damos y con quién va a compartirla.

Hace poco hablaba en Twitter con dos buenos amigos que opinaban que no tenía mayor problema poner las fotos de tus peques en Facebook si tenías tu cuenta cerrada y sólo a gente de la familia agregada, pero hay que recordar que Facebook se queda con los derechos de las fotos que sube, y que si no has visto la cara de tu peque en un anuncio es sólo porque los publicistas no piensan que haya salido tan guapo como tú crees. Hay aspectos muchos más sórdidos, por ejemplo, hace poco supe que, pederastas, comentaban vídeos de youtube con una marca de tiempo, para que otros supieran donde iban a encontrar material que pudieran usar para sus fines.

Un punto muy importante que señalaba Javier de la Cueva (experto en estos menesteres) es que lo que “te importa” puede ser un concepto muy dependiente de tus coordenadas espaciales y temporales y lo resumía en tres puntos.

1. El consenso social de hoy puede cambiar.

Lo que haces hoy podría no tener mañana un consenso social. Pone como ejemplo la imagen de la mujer en la publicidad de los años sesenta.

Añado yo, que en el caso de los chavales más jóvenes, olvidan que tendrán varias “vidas”: ahora son hijos y jóvenes, pero mañana serán trabajadores, padres, figuras públicas o con responsabilidades privadas, y que ese vídeo cantando borrachos en cueros no tiene la misma aceptación en todos esos “mundos” diferentes.

2. Lo que se acepta en tu país podría no tener consenso en otro.

Un homosexual puede ser condenado a muerte en determinados países, por ir al ejemplo más claro.

3. Tu comportamiento cotidiano sirve para crear un perfil, que podría hacerte sospechoso de tener conexiones con gente que hubiera ido al mismo sitio que tú en el mismo momento, acusaciones de conspiraciones terroristas, por ejemplo.

Concluye que una cuestión es estar “conectado” y otra la prudencia al dar datos en esas conexiones, al menos bajo estos tres argumentos: temporal, espacial y de perfilado.

José María Mateos compartía un artículo que profundiza sobre la definición de privacidad y “nothing to hide” (nada que esconder) principalmente desde un punto de vista de monitorización desde el estado.

 José Cuesta abunda sobre la peligrosidad de los posibles usos que hagan los bancos, aseguradores… o simplemente, quien te vaya a hacer una entrevista de trabajo y se ponga a mirar en tus redes, o en las bases de datos que hayan comprado.

También fue Jose quien nos informó de que podíamos acceder a (alguna) información que va recopilando Google en la página MyActivity. Personalmente me quedé alucinando cuando vi que me grababan desde el micrófono del móvil aleatoriamente y guardaban esas grabaciones. Cosa muy diferente a estar escuchando y esperar a que se diga “OK Google” para empezar a guardar (mis alumnos pueden atestiguar que salía cantando por Camarón mientras conducía). Recientemente han reconocido que (algunas) de esas grabaciones están siendo analizadas incluso por operadores humanos.

Esta es otro enlace que nos facilitó Jose donde podéis ver cómo se nos están identificando los intereses por parte de Google.

Y otro enlace más para ver qué empresas están recopilando datos nuestros, de nuevo vía Jose Cuesta.

Esto respecto al asunto puramente técnico y de seguridad, pero quizá también cabría preguntarnos sobre aspectos más filosóficos o psicológicos.

¿Por qué querría exponerme tanto? ¿Qué interés tiene mi postre, mi nueva camiseta para el “público general”?

Es cierto que hay quien “monetiza” sus seguidores y en realidad está haciendo un trabajo publicitario pagado para un restaurante o tienda de ropa, pero no es el caso general.

Somos animales sociales, por supuesto, y necesitamos el refrendo y el cariño de los otros, lo que pasa es que esa necesidad suele y quizá debiera (?) proveerse por parte de los círculos cercanos, los amigos (los de verdad) y la familia. Me pregunto si es psicológicamente sano depender del apoyo de mis “seguidores/lectores/fans” para tener el coco medianamente en orden.

Desde luego, que cada uno haga lo que quiera, hay quien dice “empoderarse” subiendo fotos desnudo (hablando de exposición íntima), y frecuentemente no responde a una reivindicación de cuerpos “no normativos”, quizá una lucha necesaria, sino a gente que está muy bien, buscando que se lo digan.

A mí me chirría. De hecho he “desgastado” el botón de silenciar en Twitter y he reducido la interacción con quien sólo viene a molestar, porque sí tienen una influencia en mi estado de ánimo. Aunque sigo pecando en pensar que cualquier subproducto de mis procesos mentales, es algo que el mundo debería conocer. A veces serán ideas inspiradas o inspiradoras, pero en otras ocasiones creo que tienen más que ver con recibir un refrendo y psicológicamente, esto ya os digo que me parece que tiene aristas. En fin, estos aspectos, ya que se los mire cada uno.

Conclusión.

La información privada dice mucho de nosotros y si somos descuidados al compartirla puede llegar a quien no queramos que lo hiciera, y que lo usará con fines que no nos gustarán, influyendo en nuestra vida, capacidad de elección, incluso uso de servicios como la medicina.

Difícil camino y difícil de enseñar en un mundo en el que los adultos son los primeros que no hacemos un uso adecuado de las RRSS ni por el tiempo dedicado ni por las actitudes. Así que aprovechemos esta reflexión sobre cómo educar a nuestros jóvenes, para mirarnos en el espejo. Ya que, como acierta a indicar Fernando de la Cuadra (que ya visto mucho, experto en seguridad informática), sus comportamientos son poco diferentes a los nuestros, para mal, seguimos buscando ser el macho alfa, el más popular del recreo. Además de sugerir que usemos mejor el término intimidad, en lugar de privacidad.

Gracias a todos los compañeros de Naukas por sus reflexiones, enlaces, información, controversias… Es un privilegio poder contar con vosotros.

ACTUALIZACIÓN

@Mininacheshire nos alerta de q al pedir precaución a las víctimas podemos incurrir el culpabilizarlas y  en dejar de exigir a los abusadores q sean legales y éticos.

 


¿Deben los profesores tener un comportamiento ejemplar??

6 julio 2019

Fuente: Wikipedia

En realidad, esta pregunta se suscita por otra más grave aún: ¿Cómo se enseña el Bien?

Creo que hay tantos intentos de responderla como escasos resultados en la práctica.

Muchos diréis que analizando o hablando sobre la empatía, poniendo a la gente físicamente en el lugar de otros más desfavorecidos, recibiendo ejemplos de bondad por parte de figuras como padres o maestros, o incluso la experiencia del dolor o la limitación en diversos grados.

Pero sabréis, como yo, que nada de eso asegura el resultado, incluso el paso por experiencias dolorosas, que pudieran activar la empatía, también produce seres amargados y vengativos contra “el mundo en general”.

Pero centrándonos en “dar ejemplo”, que es el título original del post, se nos presentan enormes problemas.

El primero es común a casi todas las disciplinas y es la creencia de que los razonamientos puramente formales producen conclusiones aplicables en lo concreto. Me explicaré.

“Un profesor debe vestir adecuadamente” parece una frase que cualquiera firmaría y tan llena de sabiduría que concluye el debate para satisfacción de todos… hasta que hay que concretar “qué me pongo”.

Lejos de ser una idea iluminada es un razonamiento circular: “Los profesores deben ponerse lo que deben ponerse”, y rinde homenaje a varios ex-presidentes de gobierno que hacían “lo que debía hacerse”. Este tipo de expresiones son, en realidad un intento de llamarnos lelos, que confirmamos al aceptarlas.

En ocasiones funcionan, porque hay un acuerdo concreto, no formal, preexistente. Por ejemplo, que haya que ir con corbata. Si todos los participantes ya han pactado esa cosa tan concreta de manera explícita o tácita, la frase formal no añade nada al acuerdo con el que ya contamos.

Pero, ay, cuando nos ponemos a concretar. Sólo hacen falta unos minutos para que andemos midiendo cuantos centímetros sobre la rodilla nos llegan las faldas o como de abiertas pueden ir las camisas. Unos momento y la imagen que te devolverá el espejo será la de un censor totalitario, un mojigato o un guardián de la fe.

Pasa igual en todos los campos. ¿Cuál es la exposición pública adecuada en redes sociales que debe tener un docente, respecto de su ideología política, identidad sexual, actividades fuera del trabajo?

Por supuesto, hablo más allá de las estupideces que se oyen sobre “no adoctrinar” en las que se niega nuestra obligación LEGAL de formar en el respeto a los derechos humanos o de los incumplimentos de la ley. Eso está fuera de discusión.

Me refiero a cosas como: ¿Es inadecuada…

… la militancia política explícita?

… la actuación no anónima en redes sociales sobre temas variados?

… que haga porno gótico por las tardes?

Todas ellas actividades DENTRO DE LA LEY y, en el caso de que se dé el acceso de menores a contenidos para adultos, no es la responsabilidad de los productores de esos contenidos, sino de los adultos a cargo de esos menores. Si unos chavales de doce años ven Pesadilla en Elm Street, no culparé de ello a Freddy Kruger, sino a sus tutores legales.

¿Hay “una moral” que pueda imponérseme más allá del respeto de la ley?

Los docentes que trabajan para organizaciones privadas se ven obligados a pasar por el aro, si quieren mantener el puesto de trabajo, pero esto no es un deber moral, sino el mismo instinto de supervivencia que tiene cualquier otro trabajador que traga para comer.

Pero no creo que nadie a estas alturas defienda que haya docentes que escondan su identidad sexual para que no les echen del colegio religioso, o que simulen estar casados por la iglesia, o que acudan (y lleven a sus alumnos) a actos religiosos para poder mantener los ingresos de los que vive su familia.

¿Habéis oído esta frase: “Claro, si enseñas las tetas en las redes es normal que los alumnos te digan cosas.”?

No, no es normal. No. Nadie tiene derecho a decirme nada sobre mi forma de vestir, de vivir la sexualidad o de comportarme (dentro de la ley) cuando no estoy en mi entorno de trabajo.

Está completamente fuera de lugar y es una falta de respeto que un chaval levante la mano en mi clase y pase a reírse del poco pelo que tengo en la cabeza o del mucho que tengo en el cuerpo (cosa que me hace un peluchín encantador, por cierto). Tampoco tiene ningún derecho a comentar que mis libros le parecen una puta mierda, o que mis películas góticas no son de su agrado.

Si alguien piensa que al ir sin sombrero estoy provocando esos comentarios y tienen derecho a hacerlos en cualquier entorno, se equivoca, y puede que alguna denuncia se lo aclare al que albergue dudas.

¿Os dais cuenta de lo cerca que están estas cosas de “se vestía así, iba provocando”, “ella se lo ha buscado”, “cómo va a ser violación, si era una puta (no puede elegir tener sexo o no)”, etc.?

Las actividades extralaborales son nuestra libertad, en ellas hacemos lo que nos parece, nadie tiene derecho a afeárnoslas o a comentarlas a su antojo en nuestro entorno de trabajo. Es un delito, es acoso laboral.

Que haya quien tenga un entorno laboral tan abusador que tenga que tragar,  que no olvide que está siendo abusado. No lo normalicemos.

Os recuerdo que el respeto no se “gana”, el respeto se EXIGE. Es un derecho.

Una amiga me ponía esta pega: “No se trata de si debes o no debes, si no de qué te facilita más tu trabajo”.

Pero esto es extremadamente peligroso, porque en un entorno desequilibrado y hostil, efectivamente me resulta más “cómodo” no decir nada si mi sexualidad no es “la normal”, o callar mis ideas políticas… o llevar burka.

Otra amiga decía: ¿Cómo podemos conseguir enseñarles que deben tener una actitud prudente en redes sociales si nosotros no la tenemos?

Interesante pregunta, pero vayamos un paso más arriba (ya sabéis cómo me gusta).

¿Debemos entonces alinear nuestras vidas con todo lo que enseñamos? De acuerdo. Empecemos entonces por comportamientos que acortan la esperanza de vida, vaya, que MATAN.

Espero que ningún docente consuma tabaco o alcohol, ni en el centro o sus proximidades (que es ilegal), pero tampoco en el resto de su vida. ¿Qué os parece? Un poco nazi, ¿verdad? Pues mirad, como ejemplo para los chavales peor que publicar “demasiado” tu vida en redes me parece llevar un comportamiento MORTAL.

Como os digo es un asunto extremadamente peliagudo, en el que, si no hay un consenso previo sobre “lo normal y bueno”, es necesario concretar, y ese es el momento en el que te conviertes en algo terrible.

Dicho esto y recordando (para algún comentarista despistado) que este que os habla es de las personas más coherentes que conozco (con mis luces y sombras) y que, como podrían atestiguar mis alumnos y compañeros, me oiréis decir las mismas cosas en clases, en claustros, en libros, en posts, en conferencias, en la radio o en la tele… NO puede exigirse ese “ejemplo debido”.

Así que, una vez más, en un estado de derecho no hay más moral exigible que la legal.


¿Podría derogarse una ley si todos la respetásemos?

30 junio 2019

Fuente: Wikipedia

Mucha gente se siente ofendida cuando se señala la necesidad de legislar y cómo la “educación” resulta insuficiente, siendo además parte de la educación que se reclama el propio acto de legislar.

Una de las razones es porque nosotros siempre somos “los buenos” y no queremos que nadie nos diga qué tenemos que hacer.

También se añade que no pocos vivimos en confortables burbujas de seguridad física, económica y social, en la que no parece ser necesario regular, porque las cosas “funcionan solas”.

Por supuesto, se trata de un error, pero aquí estamos para reflexionar entre todos y alcanzar mayor cordura.

Os propongo un simple ejercicio.

Hace poco se creó una zona en el centro de Madrid de exclusión de tráfico, en distintos grados y según diferentes escenarios de contaminación, precisamente para limitar esta y todos los problemas de salud asociados, entre los que se encuentran MUERTES tempranas.

Muchos ponemos el grito en el cielo ahora que ha cambiado el gobierno municipal y ha expresado su voluntad de revertir esta medida, que incluso nos acarrearía multas por parte de Europa al incumplir los compromisos sobre contaminación a los que nos debemos.

Pero no os quería hablar tanto sobre esto, como sobre el hecho de que nosotros PODRÍAMOS MANTENER MADRID CENTRAL.

Es muy sencillo. Se trata sólo de obedecer la misma normativa que se puso, aunque no sea bajo la amenaza de ser multado, en caso de incumplirla.

Fijaos que una ley no puede ser derogada en sentido profundo si una abrumadora mayoría de la sociedad elige seguirla, más allá de lo que diga este político o el otro.

Bien, no es tan sencillo de llevar a cabo, ¿verdad? Ni siquiera por los más convencidos y beligerantes… no somos tan buenos, aún no.

Mirad vuestro compromiso con algunas leyes que no os parecen bien, o que no os convienen mucho, miraos dentro y sabréis por qué es necesario legislar aún. Ojalá un día seamos mejores personas, todos, ojalá. Por mi parte no es sólo un buen deseo, es a lo que he dedicado mi vida laboral. Pero hay una diferencia fundamental entre luchar por algo y creer que ya se ha conseguido.


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