Conversaciones sobre ciencia en La Semana de la Ciencia de Benicarló

13 julio 2020

Un año más, incluso sobreponiéndose al confinamiento, la buena gente detrás de la Semana de la Ciencia de Benicarló me ha invitado a participar.

En este caso hablamos con Rafael Sánchez, responsable de cultura y Angel Alberich-Bayarri de ABACS. Buenos amigos, además de gran artista el primero y relevante científico el segundo en el ámbito del procesado de imagen médica.

 


Electrónica desde cero. VIDEOTUTORIALES con simulador

2 julio 2020

Como ya sabéis, me gusta ir a por aquel que quiere saber por pocos conocimientos que pueda tener. En este caso me he liado la manta a la cabeza con la electrónica.

En estos vídeos empiezo desde cero, cero… así que no tengáis miedo y lanzaos si os apetece.

También puede ser una herramienta de referencia para alumnos y profesores, en estos tiempos de educación online.

Las explicaciones se hacen a través del simulador “realista” que tiene Tinkercad y que es gratuito previo registro con tu correo o acceso mediante Google o Facebook.

Como no todo el mundo puede tenerme de profesor de prácticas en grupos de quince o menos (en realidad, ni mis alumnos disfrutan de ese privilegio) este simulador puede servir de remedo cuando nos falta la imprescindible práctica en el mundo real con componentes de verdad.

A día de hoy (dos de julio de 2020) ya tenemos SESENTA Y CUATRO VÍDEOS, pero la idea es seguir ampliándolo.

Espero que os guste. Se agradecen comentarios, correcciones, sugerencias y el apoyo (por aquí podéis dejarme un cafelillo https://ko-fi.com/javierfpanadero)

 


Despedida para mis alumnos

14 junio 2020

Fuente

Les he escrito un texto a mis alumnos de despedida del curso que os comparto por aquí por si pudiera ser de utilidad para alguien más.

Queridos, ya casi acabando el curso, quería mandaros un mensaje de despedida.

Os ha tocado aprender una lección demasiado pronto y demasiado duramente: La vida es impredecible y lo que tenemos hoy puede cambiar mañana.

Sé que la incertidumbre da mucho miedo, pero es la naturaleza real del mundo.

Esto no significa que todo dé igual porque puede pasar cualquier cosa, sino todo lo contrario, que cada momento que vivís es precioso y único.

Y pensad que la incertidumbre no es sólo la posibilidad de la pérdida, también es la posibilidad de mil oportunidades nuevas, situaciones distintas y personas a conocer.

Así que no se trata de quedarse atenazados por el miedo, sino viviendo intensamente el presente y preparados para vivir el futuro que nos venga de la mejor forma posible.

Los planes concretos van a sufrir cambios casi seguro, pero podéis tener principios que os servirán de guía.

Os pondré un ejemplo. Si yo quedo con unos amigos para ir al cine, es posible que hayan quitado la película, esté cerrado el cine, se nos estropee el coche… mil cosas, pero pase lo que pase, será un tiempo para disfrutar juntos y quererse, el plan material es secundario, el primario es estar con mis amigos. ¿Me explico?

Por eso es importante que nos demos cuenta de que el tiempo es precioso y que no debemos malgastarlo. ¿Quedas con gente con la que no estás a gusto? ¿Tienes una pareja con la que no eres feliz? ¿Haces una actividad extraescolar que no te agrada? ¿Te gustaría hacer otra pero no te decides?

Preguntémonos si la vida que vivimos es la que queremos vivir y qué margen de maniobra tenemos, porque es posible que haya cosas que no podamos cambiar, pero algunas otras sí.

En mi opinión, no hay mejor principio guía que el amor en todas sus formas. Tanto en disfrutar con la gente que te quiere como en intentar que tu tiempo se dedique a actividades que amas. Digamos que mi idea es: querámonos mucho y luego vamos haciendo planes materiales.

Así que, dentro de las posibilidades de cada uno, intentad amad lo que hacéis, haced lo que amáis, y compartid el tiempo con quienes consideren tu compañía una suerte y tú la suya un privilegio. El cariño es un regalo mutuo, no son migajas de cariño o un “favor” que te hace alguien porque tú no mereces más.

Tu vida es tu aventura, escríbela día a día como te gustaría que fuera, en la medida de tus posibilidades.

Finalmente, os dejo un enlace para quien quiera descargarse dos libros míos gratis que terminé de escribir en mi larguísima baja del año pasado (porque no podía andar, pero sí escribir, ¿veis a qué me refiero?).

Uno habla de estas reflexiones sobre el vivir con las que os aburro en clase de cuando en cuando (La cordura de saberse loco)

El otro es de humor y reflexión sobre lo (micro)miserables y (mini)egoístas que somos a veces (Putos guays)

https://lacienciaparatodos.wordpress.com/2020/03/14/mis-dos-ultimos-libros-gratis/

Seguimos hablando estos días. Un abrazo virtual.


Reflexiones sobre del trabajo voluntario

11 junio 2020

He pensado que este era un buen momento para sugerir a mis alumnos que reflexionaran sobre la motivación, lo voluntario y lo obligatorio, ordenar o convencer, normas, incentivos costes y otras hierbas.

Para esta reflexión tenemos de fondo el estado de alarma y sus múltiples fases, sus normas obligatorias sus actitudes “sugeridas” y, por otro lado, algunas actividades que les había sugerido que podían hacer de cierta significación para su vida (cómo buscar en Internet) pero sin que fueran a tener un reflejo en sus notas.

Primero les llevé a un cuestionario donde pusieran cuántos vídeos han visto de los últimos cinco que les grabé.

Los vídeos son bastante cortos (alrededor de tres minutos y pico, salvo uno de seis y medio)

Estos son los resultados:

Como veis el número de respuestas ya dice algo, hay 133 respuestas y el número de participantes posibles (disculpando a los que andan con mucho lío) podría rondar los cien más.

Estos son los visionados declarados por ellos mismos.

En ese punto les aparecía un enlace a un documento con el siguiente texto en el que se propone precisamente la reflexión de cómo somos respecto al trabajo voluntario (TODOS, adultos también). Cómo respondemos principalmente a incentivos y costes. Cómo muchas actividades onerosas son necesarias y cómo mucha de la actividad voluntaria suele hacerse por afinidad más que por “deber”.

En el texto les añadía un enlace a los resultado que os he mostrado para que vieran el panorama general y otro enlace para que pusieran los comentarios que quisieran sobre todo este asunto, de manera anónima.

Los comentarios han sido muy interesantes, empezando por su número: 25.

Hay un par muy divertidos: uno de ellos, con toda sinceridad, declara que vio los vídeos porque pensaba que habría una actividad posterior. Otro me plantea al final de sus consideraciones si yo haría algo voluntario, curiosa pregunta en una actividad que me saco de la manga y a la que no me obliga nadie. Permitidme que, (medio) en broma, tome nota mental de que hay que trabajar la comprensión lectora.

En el resto me ha parecido muy curioso que algún estudiante haya notado un mayor descubrimiento sobre su forma de ser en este periodo (no a través de esta actividad), ya me ocurrió en una actividad anterior. Como apuntaba en el documento, las cosas que nos suceden más o menos graves son oportunidades de reflexión sobre el mundo y uno mismo, y parece que hay quien lo ha vivido así. También hay quien se observa y se encuentra en proceso de construcción sin saber muy bien cómo es ni cómo quiere ser. Me hace pensar que bendita sabiduría a edad tan joven, porque todo el que se observe con detenimiento (y esté entre el sabio y el ignorante) andará bastante cerca de ese sentimiento.

Muchos coincidían con las ideas que trasluce el texto de la necesidad del reconocimiento de nuestra humanidad y la necesidad que tenemos de conducirnos por costes e incentivos, a la vez que la debilidad de nuestra voluntad, como cualidad personal y más enfocada a lo no apetecible o escogido, por más que nos parezca “importante”.

Algunos llaman a aquello de convencer en lugar de ordenar o subyugar, de la apelación al diálogo a la razón y a la interiorización de las “normas” que fueran necesarias. Algo con lo que no puedo estar más de acuerdo como deseo y como intento, que, en mi opinión, debe ser respaldado por una normativa asociada a costes e incentivos porque nuestro nivel humano no da para funcionar sólo con eso, salvo en muy pequeños grupos o con individuos muy concretos y, posiblemente, sólo en áreas particulares.

Visto todo esto, ¿qué conclusiones saco y os cuento por aquí por si a alguien le suscita algo interesante?

Pues, como os decía, nuestra humanidad no da el nivel. Ya os decía hace mucho que somos una civilización con candados y cerraduras, y es por algo.

En la educación reglada y obligatoria tratamos con todos nuestros jóvenes ciudadanos y tenemos como objetivos formarles como personas y dotarles de ciertas herramientas que (nosotros) consideramos que son las mejores para que profundicen en su humanidad y mejores sus posibilidades de vivir en sociedad.

Por mucho que nos esforcemos, de todas esas cosas, algunas no les gustarán (quizá muchas), o les gustaría verlas de otra forma, o aprender otras cosas… y vaya, nadie critica sus gustos, sólo su capacidad de decidir con lo que saben y su edad madurativa, qué elementos y en qué profundidad son los que mejor convienen a su formación. Ya sé que queda muy guay decir lo contrario, pero es un error. En casi ningún otro campo se plantean cosas parecidas. Desde las actividades más sencillas hasta las más complejas.

Creo que la conclusión que tenemos que sacar es además de intentar hacer lo más interesante, motivador, apasionado, significativo, etc. lo que contamos, “tunear” correctamente el sistema de costes e incentivos que nos lleve a conseguir las mejores conductas para su educación.

Como les decía a ellos mismos, recordad que hay adultos que tienen que pagar un gimnasio para obligarse a hacer el deporte que “podrían” hacer por ellos mismos, pero que en la práctica no pueden, por esa falta de voluntad. Y no es el único ejemplo que podemos dar, ¿verdad? Así que, parece inteligente, siendo consciente de cómo somos actuar para andar más fácilmente el camino que nos lleve al mejor destino.

Algo que los docentes tenemos que pensar una y otra vez es que las tareas, su importancia en la materia y su peso en la evaluación debería tener cierta proporcionalidad. Es algo que a veces se nos escapa.

Hablamos mucho de la importancia de unos buenos apuntes o resúmenes, de un cuaderno de clase, pero, ¿tenemos la voluntad o la posibilidad de corregirlos adecuadamente? ¿Cunde lo mismo, en “puntos”, el tiempo que hay que dedicarle que otras actividades de menor duración?

Este tipo de descuadre “legal” es un problema a la hora de que se produzcan los comportamientos que queríamos provocar, porque desincentivan. Lo mismo pasa en el mundo adulto cuando las multas son menores que lo que se consigue incumpliendo ciertas normas, por ejemplo.

Como os decía, tenemos que tener también la posibilidad de llevar a cabo nuestros planes. Por ejemplo, para profesores como yo con 270 alumnos aproximadamente, es imposible supervisar ese trabajo.

Pero como hay mucha gente pensando sobre esto, nos hemos encontrado con esta propuesta tan interesante del “examen de cuaderno“.

Más allá de la actividad en concreto, me ha encantado la filosofía y creo que es lo que debe extenderse a nuestra práctica educativa. Me explicaré.

  • Coherencia: El cuaderno es importante… repercute en la calificación. (Lo que os decía antes)
  • Responsabiliza al alumno de su material de estudio: Los apuntes son tu elemento de trabajo y tu responsabilidad. No se trata de que me parezcan bonitos a mí, sino de que te sean útiles a ti, por lo que plantearé una prueba donde se ponga de manifiesto que es una herramienta funcional.
  • Escalable: No puedo mirar 270 cuadernos, pero sí corregir una prueba, incluso automatizarla si quiero hacerlo más frecuentemente.
  • Fomenta competencias (muy) básicas, pero poco frecuentes: Es demasiado frecuente que alumnos, incluso de secundaria o bachillerato carezcan de la suficiente comprensión lectora y aquí podría trabajarse. También echamos de menos cierta agilidad en los procedimientos sencillos, por ejemplo, problemas “tipo” como los que hacemos en clase. Algo que nos facilitaría luego para construir sobre eso conocimiento más sofisticado. De esta forma, si tiene un problema resuelto en clase y es capaz de, a su vista, resolver otro parecido, pues ya tenemos sobre qué apoyarnos.
  • Y más cosas que, cuanto más las pienso, más me gustan. Como hacerlos por sorpresa también para fomentar ese tener los apuntes al día, completos y “controlados”.

Sigo con más conclusiones…

Con carácter general, como os decía, revisaré mi práctica para buscar esa proporcionalidad aproximada entre importancia, tiempo y peso en la evaluación de todo lo que hagamos.

Algo que ha quedado claro también es que, como conjunto, necesitamos ese “empujón”, así que intentaremos ser justos y contemplar las excepciones, pero no caer en la trampa de los que esconden su pereza en incapacidad o en tragedias como esta, que hay quien ha aprovechado para el escaqueo (los adultos también, como sabemos). Por lo tanto, habrá que graduar el trabajo, y exigírselo, ayudarles a que crezcan en lugar de regirnos por los vaivenes de sus apetencias o apetencias.

En este sentido creo que hay que distinguir dos tipos de elementos.

Los que no necesitan talento (escribir el nombre completo en un trabajo) y los que sí lo necesitan (hacer un dibujo correctamente).

Para los primeros seguiré el siguiente esquema.

  • Explicaré su necesidad y cómo debe hacerse.
  • Dejaré una referencia para que consulte quien se olvide.
  • Lo exigiré como un requisito

Que cuando mandemos un trabajo nos lleguen tarde, sin nombre, con manchas, en un porcentaje tan alto como sabemos, no es una cuestión de incapacidad, sino de un descuido que no corrige su voluntad, ni el coste que les pasamos en este momento. Creo que debemos reservar nuestra comprensión para casos muy concretos y excepcionales, si no, es laxitud que les enseña que “no importa” eso que les decimos que “sí que importa”.

Para las cosas que necesiten talento, como buen patoso que soy, creo que son necesarios sistemas y protocolos. Así que, no exigiré que sea capaz de trazar una línea recta a mano alzada, sino que les hablaré de la escuadra, las plantillas, y demás. En estos casos cada uno llegará hasta donde pueda y quiera, acorde con eso recibirá la calificación correspondiente, y por supuesto el feedback y las referencias que necesite, pero no devolveré el trabajo como si viene con manchas de chorizo.

No sé si aún queda alguien al que le haya parecido que las pruebas online han sido justas, equitativas y con las garantías adecuadas… pero no es a mí.

Por eso también creo que habrá que estar bien preparado para pasar a trabajo online y, en buena parte autónomo, en periodos intermitentes. Volvamos al coste y a los incentivos. ¿Cómo se puede llevar ese trabajo a cabo si después acaba en una “evaluación” que va a trampearse o un conocimiento que va a dar igual se adquiera o no? En mi opinión, hay que hacerlo presencial.

Volviendo a la filosofía del examen del cuaderno. Tú, alumno, deberás ahora tener la disciplina de atender al contenido online (textos, vídeos, videoconferencias) y hacer actividades autoevaluadas, por ejemplo. ¿Cómo puedo incentivarte y a la vez garantizar que se ha adquirido lo que se buscaba? Pues teniendo un horizonte de una prueba presencial a la vuelta.

Si por ejemplo, paramos una semana, estará claro y disponible el material correspondiente y creo que deberá ayudarse con mucho material autoevaluable que además de buen feedback de dónde están los fallos y las referencias para solucionarlos, y todo eso dependerá del alumno hacerlo de la manera adecuada, pero está en mi mano hacer una prueba presencial sobre todo eso el día siguiente al que volvamos. Esto servirá de aliciente al que haya estado trabajando y de motivación al que no consiga encontrarla en otros factores que nos gustarían más.

No quiero que se vuelvan peseteros ni volverme yo, quienes me leéis sabéis lo poco que me gusta, pero así somos los humanos y así es el condicionamiento clásico.

Esto por supuesto no descarta que puedan hacerse actividades voluntarias o de ampliación, pero creo que podríamos decir, como resumen, que:

  • Si consideras que una actividad es importante… no la pongas voluntaria 😉
  • Si algo es importante, que se note (en tiempo, control, feedback y evaluación).
  • Lo que no necesita talento se explica y se exige.
  • Para lo que necesita talento o aprendizaje, demos sistemas y protocolos que ayuden a los menos dotados.
  • Costes e incentivos son el motor de la mayoría de la gente en la mayoría de los ámbitos.
  • Cumplir debe tener un beneficio e incumplir un coste, si queremos favorecer comportamientos.

Espero que el camino que andamos os ayude a otros y se agradece difusión y comentarios para la mejora de todos.


Más vídeos sobre habilidades TIC básicas

4 junio 2020

Como sabéis estoy haciendo unos vídeos sobre habilidades TIC básicas pensando en que sirvan de referencia a mis alumnos, hoy añadimos cuatro más. Se agradece: difusión, comentarios y sugerencias para otros vídeos.

Distintos buscadores

Control+F para buscar en un navegador

Usar Wikipedia para acceder a más contenido en inglés y “traductor”

¿Cómo saber si una información o una fuente es fiable?


Predicciones para septiembre

29 mayo 2020

Hay gente muy hábil para esconder la mentira… pero incluso en el diccionario queda claro lo que es mentir.

Para mí es evidente que quien usa literalmente expresiones correctas, pero su intención es inducirte a creer lo que no es cierto, sabe que lo has creído y no hace nada para sacarte de esa creencia, te ha MENTIDO. (Y me parece increíble que haya que explicarlo).

Los razonamientos circulares son una de esas maneras con las que se induce a error.

Quizá os suene el Principio de no contradicción, algo fundamental en la lógica binaria, donde los enunciados pueden ser verdaderos o falsos.

Básicamente diremos que una cosa y su contraria no pueden ser verdad a la vez, y que una cosa es igual a sí misma.

Os preguntaréis si tengo que añadir esto a vuestro sufrimiento vital, pero es importante, mirad.

“Tenemos que hacer lo que debe hacerse”

Esto es un razonamiento circular que SIEMPRE será cierto, que en el fondo se apoya en esa no contradicción. ¿Cómo vamos a tener que hacer lo que no debe hacerse o cómo vamos a no tener que hacer lo que debe hacerse?

¿Dónde está el truco?

En pretender que te han dicho algo concreto, que te han solucionado tu problema. ¿Acaso sabes qué es concretamente lo que va a hacerse?

Legalmente, la falta de concreción produce indefensión.

Imagina una atracción de feria.

Si yo como administración digo: Sólo deben pasar personas de la altura “adecuada”.

¿En quién recae la responsabilidad de establecer esa altura? ¿En quién la responsabilidad si hay un accidente?

Qué diferente es si la administración dice: Solamente personas de más de un metro de altura podrán pasar. ¿Verdad? Ahí la administración asume concretar qué es lo debido y asume la responsabilidad de esa decisión.

Vamos con la educación.

A estas alturas aún no sabemos si nos obligarán a volver antes del verano, pero ni siquiera se establecen adecuadamente las condiciones en septiembre.

Voy a PREDECIR el futuro.

No es mérito, es un simple trabajo de observación de patrones y predicción de series temporales 😉

A día de hoy ya nos han dicho que es responsabilidad de las direcciones de los centros el establecer las medidas NECESARIAS. Interesante… sin incremento de presupuesto, sin dotación suficiente, sin un experto en seguridad y sin el puñetero espacio físico mínimo. Pero fijaos, ya tenemos la inconcreción en la norma y a quien culpar. (Increíble que los directores pasen por esto).

Bien, ya os adelanto lo que pasará en septiembre.

Volverán a decir lo MISMO:

Tenéis que ir.

Tenéis que absorber todos los alumnos.

Tendréis los mismos recursos humanos o con menos.

Tenéis que tomar las medidas NECESARIAS.

Si pasa algo, la culpa será vuestra por no haber tomado las medidas NECESARIAS.

Respecto a los chavales que pudieran tener una patología que les hiciera personas de especial riesgo…

Padres, si CONSIDERÁIS que el riesgo es DEMASIADO alto. No los llevéis.

(Aquí ya tenemos a los culpables de la muerte de los chavales y la inconcreción en determinar concretamente si tienen que ir o no)

Profesores, tenéis que proveer de los medios SUFICIENTES para que se garantice el derecho de los alumnos que no acudan. Sin dotación extra, claro.

(Ya tenemos aquí a los culpables si los chavales ven mermados sus derechos)

Direcciones, tenéis que garantizar que todo esto se produzca.

(Por si hace falta un culpable extra).

Así que, la administración, que ES la responsable de la PROVISIÓN del derecho, no de dar voces para que se provea de cualquier manera, de dar ella la provisión; la administración, decía, se lava las manos a la hora de determinar con detalle número y capacitación de profesionales, infraestructuras, presupuestos y otros parámetros y carga a los demás con todo ello.

Ya me perdonará quien deba por decir la verdad, pero quien hace esto es muy negligente o muy malvado. Ambos motivos para hacerles abandonar sus puestos.


Reflexiones… sobre las reflexiones de mis alumnos en la educación confinada

28 mayo 2020

Fuente

Este post nace de la siguiente actividad, en la que pedía a los alumnos que formatearan un correo de manera adecuada y que me contasen cómo han visto estos tiempos (en lo educativo, principalmente). Mis objetivos eran por un lado que adquiriesen esa “habilidad TIC básica” (aquí podéis ver videotutoriales de otras) y también conocer su punto de vista, que seguro que ayuda mejorar los sistemas para el curso que viene. Intercalaré mis opiniones propias o soluciones que veo, diferenciando claramente unas cosas de otras. Esto no es la publicación de una encuesta, es una reflexión educativa.

La primera sorpresa es son seres humanos (fíjate tú).

Así que, les gusta que se les considere, que se les pregunte, que se les faciliten las cosas, se animan y se desaniman, se preocupan, procrastinan, tienen vidas aparte de nuestra materia, si les pinchan sangran y esas cosas que nos pasan a todos, y que solemos olvidar cuando “objetivamos” demasiado a la gente. Ellos también lo hacen con nosotros, a veces nos ven como un “objeto” de la clase, se asombran cuando nos encuentran comprando en una tienda y otras actividades de “humano”. Así que, primera cosa a anotar: Hablemos entre nosotros, si nos preocupa nuestro bienestar (fíjate tú, de nuevo). Aunque ya sabíamos que éramos muy parecidos.

La segunda cosa es que, a pasar de ser muy parecidos, son muy diferentes… por lo que cosas que les van bien a unos, no les van bien a otros. Comentaremos ambos aspectos y por qué ocurre, pero a la hora de atenderlos de manera más individualizada nos vemos limitados por… ¿a que no lo adivináis? Efectivamente, la ratio. De hecho, las potenciales respuestas a esta actividad andan en torno a las 250 o más pero las que se han producido han sido unas cien. Aún así, el tiempo para leerlas, pensarlas y responderlas no es desdeñable.

Todos se duelen de la falta de contacto humano directo tanto con sus iguales como con los profesores. Bueno, lo normal.

Con los profesores se da en dos aspectos, por un lado la pura humanidad, claro, pero también ellos detectan (oh, sorpresa, de nuevo) que no es tan sencillo eso de “pues leed el libro” o “todo está en Internet”. Echan de menos a los profesores como facilitadores de conocimiento y, sobre todo, en contenidos nuevos echan de menos la instrucción directa (y siguen las sorpresas).

También es cierto que en las cosas más sencillas han dado pasos en la autoorganización y en la colaboración. Supongo que aquí habrá muchas escalas según la ayuda que puedan tener de familias o el tamaño de su red social.

En este contexto cada vez tengo más claro que hay que distinguir entre aquellas cosas para las que no se necesita un especial talento (poner el nombre y el curso, usar el papel adecuado, poner cierto asunto en un correo) y las cosas que lo necesitan (como dibujar una pieza en perspectiva). Ambas son susceptibles de aprender y de mejorar, pero las primeras creo que debemos ir pensando en que sean requisitos. Sobre todo porque no tener esos hábitos puede darles muchos disgustos en su vida adulta (entregar cosas fuera de plazo, sin los certificados que pedían, etc.)

En mi opinión puede ser tan sencillo como

  1. Explicarlo con detalle y que todo el mundo lo vea claro.
  2. Dejar una referencia de consulta
  3. Exigirlo

El trabajo que te mando analizando las causas de la primera guerra mundial, podrá estar equivocado en su desarrollo, pero no debemos permitir que esté hecho en hojas medio rotas, con manchas de chorizo, se entregue dos días tarde persiguiéndote por un pasillo y venga sin el nombre o con su apodo. Nada de eso necesita talento, cualquiera puede hacerlo mejor si tiene voluntad.

Puede que alguno esté pensando en chavales que hayan tenido problemas puntuales o tengan una situación personal compleja. Son excepciones, y las excepciones son… excepcionales y se pueden contemplar sin problemas. Lo que ocurre en la actualidad (más allá de estos tiempos de confinamiento), y debe dejar de hacerlo, es que se pidan unos requisitos y sea mayoritario el grupo de los que no los cumplen. Así no les educamos.

Respecto al vídeos o clases a través de videoconferencia, hay más diferencias. Hay quien prefiere el contacto más directo con la videoconferencia y quien prefiere tener un vídeo y el plazo para verlo tranquilamente cuando mejor le venga. Además las clases online a veces han tenido dificultades técnicas o por parte de asistentes o “intrusos”.

Aunque yo he optado por los vídeos, creo que deberemos ir a una variante mixta, en la que además las clases puedan grabarse y quedar a disposición de los alumnos, pero ojo, digo mixta y no doble. También habrá que aportar sistemas de videoconferencia que permitan una mejor gestión de los asistentes y tener en cuenta el horario. Concepto este, horario, que se ha revelado como algo de gran importancia.

Hay un problema que permea todo, como siempre ha sido, que es el nivel socioeconómico de las familias. Si vamos a un futuro con una parte ineludible tecnológica y no presencial, habrá que dotar a las familias de los medios y las oportunidades de las que muchas carecen. Porque todo lo que no es presencial (deberes, estas modalidades de enseñanza) profundiza las desigualdades si no te toman las medidas correctoras necesarias.

Tampoco es menor el asunto de la “estructura tecnológica” del sistema, ni de la falta de provisión de medios técnicos a los trabajadores de la educación, pero de esto hablamos en otro momento.

Es curioso, pero los chavales han agradecido que se haya continuado con su educación, no querían estar triscando por ahí sin hacer nada. Al final necesitamos alimento para el espíritu y el aprendizaje lo es, por sí mismo y por las posibilidades de crecimiento que nos da cada puerta que nos abre.

Pero, relacionado con esto, se ha comentado uno de los mayores problemas, la organización.

Es cierto que el virus ha sido algo imprevisto (aunque no imprevisible, mucho ojo), pero es que los sistemas educativos estaban funcionando “de prestado” gracias a tolerar muchas malas condiciones, hacinamiento, multitud de trabajo no remunerado… y esa manera de funcionar no ha sido algo imprevisto por las administraciones, todo lo contrario, ha sido fruto del abandono o de acciones intencionadas para socavar ciertos servicios.

Tener un accidente en una moto es algo imprevisto, pero la cosa irá muy diferente si llevas casco o no. Y eso sí que puede pensarse y hacerse antes de que ocurra nada.

En nuestro caso íbamos tres subidos en una moto con problemas mecánicos y sin casco. Además nos hemos encontrado una enorme piedra en medio de la carretera, y nos hemos dado un golpe bien gordo.

Los problemas de organización se dan a todos los niveles, desde la administración central, hasta los chavales, cada uno tendremos que revisar y ajustar lo que hacemos.

En secundaria se ha visto claramente que necesitamos, además de organizar mejor nuestras asignaturas, coordinarnos más entre todas las materias.

Hay una queja generalizada, y seguro que con razón, de la fluctuación de carga de trabajo y la desproporción (tanto por exceso, como por defecto).

En mi opinión algo que tenemos poco reglado es el tiempo de trabajo no presencial que conllevan nuestras asignaturas, haciendo cada profesor un poco lo que le parece más conveniente, seguro que con las mejores intenciones, pero no siempre con los mejores resultados.

Hace tiempo os contaba en un post cómo creo que podríamos organizarlo. Básicamente es contemplar un horario no presencial y “repartirlo” entre materias, como hacemos con el presencial. Por ejemplo, si tienen seis horas en el centro, supongamos que entendemos que necesitan dos horas más al día en casa. Bueno pues esas 10 horas semanales no presenciales habrá que distribuirlas entre las materias de forma que no se multipliquen hasta el infinito o se acaparen sólo por algunas, aquí os dejo el artículo con más detalle.

Por supuesto que todo esto tiene sus márgenes de error, sus variaciones por curso, sus variaciones por persona, pero tener un marco aproximado seguro que nos ayuda a regular el trabajo no presencial. El horario, de nuevo.

Voy con el horario. Ha sido un disparate para todos. Ayer contestaba a chavales a la una de la mañana porque en esta época me he rendido. También me he pasado noches en vela trabajando porque funcionaba mejor la red, he dormido a deshoras… y los chavales han vivido también estas cosas. Les hemos mandado tareas con prisas, convocado a reuniones en horas que no les venían bien o con poco aviso. Hemos andado todos como pollo sin cabeza y ha sido un horror.

Más de una vez os he hablado de la organización del tiempo y mi convencimiento de que pasa por tener una agenda por tiempos y no por objetivos. Para los que andamos en mil salsas o los perfeccionistas, no limitar los tiempos es un horror. No sabemos cuando parar y no podemos hacerlo, por eso lo mejor es concederle a una tarea el tiempo que “merece” y hacer lo mejor posible con esa restricción.

Después de pagar muchas facturas en salud física y mental por estas cosas, el curso que viene voy asumir el horario y creo que eso nos beneficiará a todos y generará mucha de esa organización que nos ha fallado ahora. (De nuevo, las excepciones son excepcionales y se contemplarán… ya no lo digo más, tenedlo en la cabeza para todo lo que leáis)

Es cierto que destapará muchos problemas y quizá ponga muchas cosas en su sitio, pero vaya, es un desastre que les mande una actividad un viernes por la noche y que el chaval tenga que hacerla para el lunes por la mañana, pero también es un disparate que esté todo el sábado corrigiendo o mandando correos o preparando clases.

Tengamos un horario, presencial y no presencial y adaptemos nuestro trabajo a ello. Ya os decía que esa regulación no presencial se la debemos a los chavales, los profesores, como trabajadores, la tenemos por contrato aunque la incumplamos de manera mayoritaria y sistemática para que el sistema no se caiga. Bueno, pues quizá deba caerse, para que se vea la falta de medios materiales y, sobre todo, humanos.

Esto pasará sin duda por dimensionar tareas. Los chavales se quejan del tiempo que se demoran nuestras correcciones, el feedback que tan necesario es y tan buenos resultados probados tiene como elemento educativo.

Así quizá toca que los docentes echemos cuentas de los alumnos que tenemos, las materias que impartimos, las horas de trabajo disponibles y quizá mandemos menos cosas pero demos realimentación pronta y adecuada, y todos tengamos mejor salud.

Es posible que esto pase por un mayor trabajo en el aula, (difícil con la ratio, insisto), en una mayor necesidad de controlar la disrupción que conculca el derecho a la educación de los que más lo necesitan (esto puede pasar por tener que ser más contundente en la disciplina), en preparar sistemas de autoevaluación para el propio alumno también tenga un feedback de su progreso.

Creo también que toca una organización muy detallada del trabajo en clase, lo que se suele llamar una “programación de aula”. Los que trabajamos en esto sabemos que es algo quimérico y las mil situaciones nos llevan a tener que adaptarnos cada minuto y cambiar de plan constantemente, pero podría ser que no nos quedase más remedio que ser menos flexibles y tener mejor capacidad de reacción a eventos como este. Yo soy de esos superflexibles que podía transformar una clase entera por una pregunta de un chaval, pero quizá ese tiempo ya ha acabado.

Pondré un ejemplo. Si mañana vamos a ver tal cosa y a hacer tal actividad, pues es lo que debe ocurrir… pase lo que pase. Si procuramos que todo el material esté accesible (online y offline) y las tareas definidas, la “clase” podrá hacerse presencial (ojalá), si me pongo enfermo podrán hacerlo con los compañeros de guardia, y si hay un problema como este y nos confinan ese día, podrán hacerlo en casa.

Tenemos que tener los escenarios listos para que se pongan en marcha de manera inmediata, como un generador eléctrico de emergencia. De forma que la clase que tocaba mañana se lleve a cabo, mejor o peor, en cualesquiera circunstancias.

También se quejaban los alumnos de no tener clara la manera en la que se iba a evaluar o a puntuar las tareas. A poco que veáis las noticias, sabréis que esto no era un asunto que partiese de los profesores principalmente.

Los que me leéis sabéis que estoy muy en contra (por poco pedagógico e incorrecto matemáticamente) de toda esta atomización desquiciada de la puntuación en estándares incontables, y creo que lleva a los estudiantes a tener una actitud pesetera (decíamos en mis tiempos), quiero decir más preocupada de ir sumando décimas como sea que en buscar un aprendizaje real. ¿Tendremos también que caer en esa concreción milimétrica y generar comportamientos que ayuden poco al aprendizaje profundo?

También es cierto que a los profesores se nos ha pedido más o menos veladamente y más o menos públicamente hacer lo que las administraciones no se han atrevido a hacer, olvidarse de llegar a una calificación con las mínimas garantías, que los chavales pasen y el año que viene, hablamos. En lo que he venido en llamar un “Aprobado general en diferido con simulación de evaluación”, recordando a cierta figura política.

Así que esta falta de “detalle” sobre la puntuación convive con millones de medidas excepcionales, repescas y recontrapescas, recortes de contenido, trabajillos y demás, para intentar justificar el aprobado que la administración quiere que vaya firmado por mí, por pocas garantías que tenga de que esté midiendo lo que se supone que certifico. Hay chavales que se han quejado de esto, del agravio comparativo que supone, añadiendo las “ayudas” que (los más favorecidos, siempre, claro) tienen en forma de familiares, profesores particulares, dispositivos electrónicos o servicios de pago, directamente.

En mi opinión, esto no tiene solución alguna no presencial. Y muchas de las medidas que se han tomado, simplemente abren de nuevo una brecha tecnológica y socioeconómica, porque nuestras cortapisas se saltan con el suficiente dinero o contactos.

Se lleva toda la vida dando enseñanza a distancia… y toda la vida pasando por exámenes presenciales para obtener la certificación. Creo que no hay otro camino.

A veces se piensa que un suspenso es un “castigo” y la nota ha perdido el valor de certificación de que se domina una materia. Esto es un grave error.

El título de la ESO no es la garantía de haber estado escolarizado, es una certificación de que se tienen ciertas destrezas y conocimientos que facultan para acceder a otros estudios o que pueden ser interesantes en el mundo laboral. Lo mismo para cualquier título. ¿Confiarías tu salud a un médico que nunca hubiera pasado una prueba presencial? Yo tampoco quiero eso para la educación de nuestros chavales.

Si convertimos el título de la ESO en un certificado de escolaridad, es equivalente a que en el DNI ponga que tienes más de 16 y que has vivido en España, que aquí la escolarización es obligatoria. Es un papel inservible.

Si me matriculo en un curso de electricista y falto porque he cogido hepatitis, no entiendo que mi suspenso sea un castigo ni que deban darme el título porque mi falta esté “justificada”. Creo que se me entiende.

Hay algo que no todos contemplan y es el “estado de ánimo” que provocan este tipo de cosas. ¿Cómo pensáis que van a estudiar, a hacer trabajos los chavales, si “da igual”, si no importa? ¿Cómo pensáis que va a degradarse la vida en las aulas? A los que me vengan con que los chavales deben aprender por el gusto y no por las notas y tal, estupendo, mirad al mundo de los adultos maduros, ¿es así como se comportan? Sí, sería lo deseable, pero, ¿son los humanos así? ¿Eres TÚ así? Haces un montón de trabajo voluntario que no se concreta en ninguna ventaja… espera, espera. No el que tú eliges. ¿Haces un montón de trabajo voluntario del tema que a mí me dé la gana? No, sé. Igual vosotros sí, sois personas sin hábitos perjudiciales, con vidas ordenadas y entregados al bien común… pero el resto, no.

Por todo esto entiendo que la evaluación durante el curso será presencial u online, lo mejor que podamos, pero quizá estemos abocados a tener una prueba presencial con garantías, en situaciones donde los periodos online se alarguen mucho. Supongo que habrá que escalonarla, habilitar espacios y demás… pero no veo más lejos, lo demás es dar certificaciones sin saber quién o cómo hace las cosas que evalúas.

Siguiendo con el baño de realidad, los chavales procrastinan. Locamente. Como muchos de nosotros.

Es posible que les enseñemos a mejorar en eso (a ver si lo hacemos nosotros), pero también parece una buena medida generar sistemas y estructuras que favorezca que no se haga. Por esto muchos de ellos piden tareas más cortas, en lugar de plazos más largos, que se acaban comiendo y haciendo las cosas tarde, mal y con agobios. Algunas tareas son por su propia condición de “gran tamaño”, como portfolios o diarios de clase. En esos casos, creo que habría que habilitar entregas intermedias para ayudar a reducir los tiempos y carga de la procrastinación.

Aunque es cierto que hay a quien le encanta y es capaz de organizarse en esas tareas largas. Aquí también reconocer la labor de muchos padres en este cuidado y ayuda a la organización. En esos casos, no creo que le perjudique demasiado adaptarse a las entregas intermedias que coincidirán más o menos con sus repartos.

Sigamos hablando de humanidad y organización. En los medios, se ha mencionado el “síndrome de la cabaña”. Se refieren a esa sensación de algunos que pensaban :”Pues no se está tan mal, aquí en casa, trabajando tranquilamente, con tiempo para los míos, un paseíto y tal”. En mi opinión, poco tiene de síndrome, igual hay quien desarrolla agorafobia, pero da mucho más la impresión de que se trata de gente que igual no andaba tan cómoda en el trabajo y necesita más un abogado que un psicólogo. Por ejemplo, ¿cómo se va a echar de menos pasar dos horas al día metido en transportes, o un jefe abusador, un compañero que acosa? O simplemente, que hay gente más tímida que otra y para un alumno no es tan fácil expresarse entre otros treinta, con algunos muy acaparadores de atención y algunos otros no muy receptivos a las opiniones ajenas.

De esto también hay entre nuestros alumnos, no necesariamente que prefieran esta situación a la otra, como que este cambio les ha mostrado cosas que teníamos normalizadas y no eran normales ni deseables. ¿Seguro que a los adultos que me leéis no os ha pasado igual? Porque a mí, sí.

Un curioso ejemplo es cómo han valorado positivamente la comunicación que han tenido con la mayoría de los profesores, mensajes, chats en vivo. Y es que, es posible que algunos chavales hayan podido preguntar sus dudas y nosotros contestárselas ahora mejor que cuando estábamos en las aulas. ¿No es disparatado?

Sin duda la solución pasa de nuevo, ¿a que lo sabéis? Exactamente, por reducir la ratio. Mientras eso ocurre, y en el futuro, creo que podemos mantener estas vías de comunicación no presencial, pero a veces, rápidas y efectivas (por supuesto, dentro del horario suyo y nuestro).

Quizá nos quedaría organizar de una manera menos informal el intercambio entre iguales a través de foros en los propios sistemas del sistema educativo. Los más mayores, sobre todo, se han organizado por sus redes sociales, pero sabiendo como sabemos que es un buen elemento educativo, quizá podríamos proveerlo de una manera más institucional.

Volviendo a los “contenidos”, me preocupa algo que creo que ha ido en aumento en los últimos tiempos y son los padres que “tienen” que explicar o “hacer” tareas a sus hijos. No voy a buscar culpables ahora, en algunos casos se trata de cosas que mandamos con referencias o explicaciones insuficientes y que los padres se ven en la necesidad de llenar y otras padres que se extralimitan y nos mandan redacciones y problemas hechos con esmero o que incluso compiten en el WhatsApp por quién ha sacado más nota en el trabajo de plástica de sus hijos.

Hay que acabar con esto, es una carga de trabajo a los padres que no necesitan, estropea el (poco) tiempo en común que tienen con ellos, falsea nuestra medida de los conocimientos de los chavales, y vaya, que hacer los “deberes” no es su obligación. Es la obligación de sus hijos. La de los padres es controlar que se hagan, pero ni explicarlos, ni hacerlos.

Como profesor creo que me puedo comprometer a explicar con detalle, dejar material de referencia y mandar trabajo adaptado a ello, mientras pido a los padres que vigilen que su hijo está al día del trabajo y que no se lo hagan. Recordad que a veces es pura comodidad del chaval, que se lo quiere quitar de encima y nos pone a discutir padres con profes.

Es muy posible que un sistema online en el que también los padres pudieran saber las tareas que tiene, las fechas y todo, simplemente consultado facilitara esta circunstancia.

Algo en lo que convenimos todos es la imperiosa falta que nos hace un sistema COMÚN y fiable de enseñanza a distancia. Se ha visto lo que había y lo falto que estaba de recursos y operatividad cuando nos confinamos. También quedó meridianamente clara la falta de conocimientos sobre él, incluido simplemente tener el usuario y la contraseña a mano. Docentes y estudiantes.

Aquí, lo siento, pero es la administración la que debe dar el primer paso, con su mejora y dotación, que nos enseñe a profes, alumnos y padres a usarlo y que nos OBLIGUE a hacerlo.

Llevamos décadas jugando a lo mismo con la administración. Nos dice que usemos lo que no está suficientemente provisto, pero ni nos obliga ni nos “persigue”. Nosotros hacemos lo que podemos por nuestra cuenta y luego nos regañan (ha pasado) por no usar lo suyo o de la manera debida. Es todo un disparate. Lo dicho. Provee, enseña y obliga. Fin. Como los sistemas de cualquier empresa.

Es mi particular intención limitarme a los servicios de mi empleador el año que viene, como siempre debió ser, con la máxima garantía de protección de los datos de los menores, o al menos queda en su responsabilidad. Con la excepción de seguir pagando mi ordenador, mi conexión a Internet, mi tablet, mi móvil… supongo que para que esto se entienda tendrán que pasar décadas (o movilizarnos en serio).

Esta actitud igual destapa de nuevo las vergüenzas del sistema. Quiero decir, haré lo que la plataforma educativa permita, tal y como lo permita y cuando falle pararé… vaya como cualquier trabajador en una empresa medio seria.

Respecto a las plataformas, también se quejaban los alumnos de la locura que ha sido que cada uno usáramos una e incluso que no usáramos sus distintas herramientas adecuadamente, pero vaya, eso también se arregla con la unificación en una plataforma oficial y de la administración.

Finalmente me ha llamado la atención algo que ya ocurría antes. A los alumnos les parece que si les damos material obtenido por Internet, es que nos estamos escaqueando de parte de nuestro trabajo. Es llamativo, porque entonces, ¿tenemos que hacer todos un vídeo de cómo se resuelve un circuito eléctrico en serie? ¿Es mejor que yo haga un vídeo malo, pero que sea mío, a que les enlace uno estupendo de la red? ¿Pensamos lo mismo de los libros de texto, de los apuntes de clase?

Ya sabéis que yo hago muchas cosas que comparto por aquí y que me emociona que uséis. (para un profesor la sensación de que lo que hace no vale para nada está muy presente y saber que a alguien le ha servido una cosa que has hecho, te alegra el corazón un poquito).

Pero dejadme que os confiese que me veo OBLIGADO a hacerlas. No me apetece nada… es mucho curro, mi contrato es de profesor, no de escritor. Las hago porque no encuentro nada que diga todo lo que quiero y cómo lo quiero. Ojalá me pudiera haber ahorrado los cientos de páginas escritas o las horas de vídeo grabadas.

Mi obligación es seleccionar materiales, organizarlos, pero no necesariamente crearlos. De hecho creo que andamos inventando lo mismo en distintos lugares y trabajando en tonto.

En este sentido somos muchos los profesores que pedimos a la administración una programación modelo para que pueda ser adaptada en lugar de tener meses trabajando en ello a miles de profesores, tiempo que nos faltan para otras muchas cosas. Sospechamos que tiene mucho que ver con que multitud de las cosas que se piden son imposibles o contradictorias y si nos presentaran tal documento se caerían algunos velos más.

De la misma manera un repositorio realmente efectivo, bien indexado, una referencia, vaya, a la que acudir antes de ponerte a hacer el enésimo vídeo o apuntes, podría ayudar bastante. Como os decía muchos hacemos material porque no lo encontramos y porque no disponemos del tiempo para buscarlo y que, al final, te toque hacerlo a ti.

Creo que es de pura lógica entender que mis apuntes no serán los mejores por ser míos, y que es posible que me esté perdiendo unas ideas estupendas de algún compañero de las que podría beneficiarme yo, pero sobre todo, mis alumnos.

Quizá la Mediateca sea ese lugar, pero de momento no lo es. Hoy en día es más rápido y efectivo mirar a lo loco en un buscador, preguntar en redes, consultar a expertos concretos…

Hay que plantearse esto en serio y crear ese lugar de referencia para beneficio de todos.

Y LA GRAN PREGUNTA

¿QUIÉN Y CÓMO ESTÁ PREPARANDO EL CURSO QUE VIENE?

Pues este Panadero vuestro no lo sabe, ni oye que nadie lo sepa.

Mi opinión particular es que se esperará a que la necesidad de que los padres vayan a trabajar sea tan imperiosa que se vuelva a las aulas sin posibilidad de discutir ni el cuándo ni el cómo.

No da la impresión de que estén preguntando a los que sabemos de esto, los profesores… y como habéis podido leer, los alumnos. Supongo que hablarán con “expertos”.

Y ya, como reflexión particular.

Ha sido una pena que los meses desde empezado marzo hasta junio en los que miles de profesores, MILES de EXPERTOS en educación, podríamos haber preparado un próximo curso con sus materiales, sus plataformas… nos los hayamos (y aún seguimos) pasado intentando hacer lo imposible, en lugar de rendirnos a los hechos, acompañar a los chavales sin necesidad de agobiarlos y preparar el futuro.

Y que nadie olvide que en septiembre:

  • Nos siguen faltando espacios, METROS CUADRADOS, para que los chavales no corran riesgo de enfermar, de enfermar a sus familias o a los trabajadores de la enseñanza.
  • Nos siguen faltando recursos materiales para que el acceso a la educación sea efectivo e igualitario
  • Nos siguen faltando recursos humanos, profesores suficientes para poder atender debidamente a algo tan importante como nuestros chavales.

Para terminar, agradecer a mis alumnos que hayan puesto sus neuronas al servicio de lo común y aquí os dejo también ese saber destilado y acrecentado con mis propias reflexiones para quien pudiera ser de utilidad.

Un abrazo sincero a toda la Comunidad Educativa, las dos con mayúsculas, para que se sienta aludido todo aquel que trabaje por lo Común y por lo Educativo.


Mañana lo dejo

23 mayo 2020

¿Quién no lo ha dicho? ¿Quién no ha fracasado alguna vez tras decirlo?

No es fácil modificar hábitos, nada fácil. Hace poco os hablaba de “descerebrados”.

Eso ya lo sabíais, pero hoy quería hablaros sobre la fe que, injustamente, tenemos en las “experiencias transformadoras”.

No niego de su existencia, pero creo que las tenemos entronizadas como elementos de acción “casi” segura.

¿Cuántos no hemos reflexionado…

… sobre el rumbo de nuestra vida con ocasión de la muerte de alguien próximo?

… sobre hábitos saludables después de algún “susto”, más o menos grave?

Sabéis que algunas de estas epifanías pueden provocar decisiones, a veces drásticas, que pueden empezar mañana, efectivamente, pero después… nos vamos enfriando… y acabamos en el “estado fundamental”.

Algo que suele olvidarse es que es mucho más efectivo ir acumulando cambios sencillos, aunque no parezcan estar alterando nuestra cotidianidad, que intentar grandes cambios y fracasar.

En esto tiempos de confinamiento es probable que caigamos en algunas de estas cosas, por ejemplo:

Descuidar la alimentación

Descuidar la forma física (ojo que no digo el peso)

Pensar que la sociedad ha aprendido a valorar los servicios públicos.

Sólo hablaré de las dos primeras, para la última valga esta frase:

Las promesas, en papel de boletín oficial, por favor.

Os voy a dejar a un par de amigos que explican muy bien esto en sus campos respectivos.

Por ejemplo, sobre alimentación, @Nutri_daniel que no nos embarca en dietas que nos desagraden, en esclavizarnos al número que marca la báscula y nos habla más de construir pequeños hábitos saludables y “sostenibles”.

Respecto del ejercicio físico, nuestro referente es Andrés @followero

Una de las cosas que suele contar es que esto que hacemos en verano (o quizá ahora) de andar una hora al día es incompatible con la mayoría de las agendas y algo que acabaremos abandonando. Aquí tenéis un vídeo con una tabla muy rápida, que podéis ajustar en carga o velocidad (mejor que en repeticiones) e incluir en (casi) cualquier vida, por ocupada que sea.

Apéndice…

Voy a añadir algo de mi cosecha sobre otro cambio complejo que es acostumbrarnos a donar, a repartir riqueza en nuestra proporción y responsabilidad.

Aquí os dejo una actividad que hago con mis alumnos de cuando en cuando y que quizá os anime también a adquirir una costumbre pequeña sostenible y proporcional en lugar de un gran esfuerzo puntual.


Habilidades TIC básicas

22 mayo 2020

Esas pequeñas cosas, como decía la canción, que todos deberíamos saber hacer, pero que no podemos saberlas si nadie nos las enseña (!)

Aquí tenéis una lista de vídeos en Youtube, la mayoría muy cortitos, aunque hay alguno con mucho detalle por si queréis consultar.

Con temas tan variados como: Cómo poner una “índice” automáticamente en un documento, capturar y editar una pantalla, buscar imágenes de calidad y tener en cuenta sus derechos, o enviar un correo “como dios manda”. De momento hay 15, pero seguiré aumentando la lista.

Si eres profe, te puede servir como una referencia para que tus alumnos la consulten cuando lo necesiten.

Se agradece difusión y si os gusta mi trabajo y podéis/queréis colaborar, ya sabéis que aquí tenéis mi ko-fi.


¿Son los descerebrados el precio por los pioneros?

21 mayo 2020

No hace falta que os ponga imágenes de actos muy poco razonables, insolidarios, incluso peligrosos para la propia persona, vistos los últimos días, porque seguro que vosotros también habéis tenido experiencia de primera mano.

Y uno se pregunta, ¿así somos? ¿Así funcionan las cabezas? ¿Qué nos espera con estos mimbres?

Pero también pienso en los que pierden dedos por subir una montaña, y tantas otras empresas arriesgadas (o casi suicidas) con repercusión o sin ella en el bien propio o en el común.

¿Es esta falsa de proporcionalidad, este desprecio por lo “razonable”, este arriesgar lo más importante sólo por ir donde nadie fue o hacer lo que nunca se hizo, algo común a esos chavales que se juntan ahora, en pleno confinamiento, a hacer botellón y se bajan la máscara para fumar, o en los adultos que hoy mismo llenaban las playas?

¿Necesitamos ese “fallo” en nuestra programación para poder tener a los pioneros aunque tengamos que cargar con los descerebrados?

Os animo también al autoexamen. Sinceramente, ¿qué tal te va en tu “frontera”? Ojo, no quiero decir que tú no fumes y analices lo bien que no fumas, o que entrenes y analices lo bien que sigues esas rutinas. Me refiero a cómo te va con esos hábitos que “no quieres” o con esa actividad que nunca acabas de empezar. ¿No compartes esos rasgos de irracionalidad con el resto de nosotros?

Que conste que no igualo a quien se adentra en el espacio en una lata de sardinas con el que se emborracha y salta entre balcones. Sólo digo que quizá comparten un rasgo que puede devenir, según se enfoque, en algo grande o en una muerte estúpida.

Diríase que ser un descerebrado resulta una característica evolutivamente favorable. Curioso.

Y es que quizá, sin esto, aún estaríamos a orillas del Eufrates charlando tranquilamente de mitos y cosechas.


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