Elogio de las pruebas externas… o casi

15 diciembre 2019

Fuente: Wikipedia

La importancia de la educación como derecho y la vulnerabilidad de los menores, usuarios mayoritarios, sería razón más que suficiente para implantar pruebas externas y de control del proceso educativo.

¿Cuál es el problema?

El de siempre. Una cosa es legislar y otra la concreción de la legislación, y la segunda es decisiva para la provisión de los derechos, aunque sea una de las grandes olvidadas… salvo para los que quieren “tunear” las leyes aunque ya hayan sido aprobadas. Como ejemplo, tenemos al ex presidente Rajoy enorgulleciéndose de contemplar un presupuesto cero para cierta ley e impedir de hecho su cumplimiento. Llamativo que estas cosas no tengan ninguna implicación legal para el susodicho, pero eso es otra historia.

Os ponía otro ejemplo hace tiempo con la evaluación en Dime qué me preguntas y te diré quién soy donde os explicaba que DECIR QUÉ voy a evaluar SIN DECIR CÓMO voy a hacerlo ES NO DECIR NADA.

Vayamos al grano.

Quizá penséis que voy a poner a parir PISA o las Pruebas Externas que pasan otras administraciones educativas, pero no, paso. Hoy voy a ir directo al final del argumento.

Nosotros, los docentes, evaluamos a los alumnos, pero somos constantemente cuestionados, de formas más o menos amables, hasta un nivel (pretendido) de detalle que resulta en una burocracia absurda y paralizante.

Así que, quizá la mejor solución sea… no discutirlo más.

De acuerdo, los docentes no tenemos ni los conocimientos suficientes, ni la ética para aplicarlos de manera justa. Así que, ¿por qué duplicar las pruebas? Hagamos exámenes externos oficiales y los profesores (exhaustos) tomaremos como “correctas” esas evaluaciones. Diriman los padres y estudiantes sus diferencias con la administración y todos a casa.

De mis tiempos como profesor particular (unos ocho años en las materias vas variadas) recuerdo la agradable sensación de ser un “aliado”, de trabajar con el alumno (y él conmigo!) para llegar a un punto en el que pudiera superar el examen que ponía “otro”. No recuerdo a ninguno de ellos que hiciera cosas para “perder clase”, mientras que todos se esforzaban para aprovechar tremendamente el tiempo, llegando a comprender y manejar cosas en unas horas para las que meses en el centro no habían sido suficientes. No tengo duda de que la mayoría de sus profesores serían tan buenos o mejores que yo, pero claro, uno-contra-uno, no es lo mismo que repartirse entre treinta, y es más que probable que ese alumno no hubiera trabajado en clase como lo hacía conmigo… pero ahora éramos aliados.

No he tenido esa sensación como profesor “de grupos” más que en segundo de bachillerato, cuando de nuevo soy más el aliado que les ayuda a pasar la prueba que les pondrán “otros”.  Así que, si toda la evaluación fuera externa, sería curioso ver cómo nos convertíamos en aliados y cómo cosas como “perder clase” se empezaría a percibir como un perjuicio, incluso por los otros estudiantes.

Sin duda la gran pérdida sería una evaluación mucho menos justa, por más objetiva que fuese, mucho menos adaptada a los alumnos y sus características particulares, mucho menos… vaya todo en lo que (la mayoría de) profesores nos esforzamos en hacer por conocimientos y por ética, pero cuyo cuestionamiento constante nos tiene un poco hasta las narices.

Es curioso también que entre las medidas de mejora de la evaluación nunca se contempla la reducción de ratio y de carga docente, que también en esto (qué casualidad) sería una enorme mejora. ¿No os parece que si tengo más tiempo y menos alumnos para evaluar, podré hacerlo de mejor manera? Fíjate que es cierto que podría no hacerlo, pero, no veis que con una carga excesiva, directamente, no puedo hacerlo.

Si os paráis a ver las discusiones en las redes entre los profesores de matemáticas de colegio e instituto sobre cómo enseñar cada cosa, qué beneficios y problemas tienen, os daríais cuenta de lo difícil que es y del volumen de conocimiento necesario para tener opiniones de peso. Y esto os lo dice alguien con muchos mas conocimientos de matemáticas que el ciudadano común, pero se reconoce con mucho aún por aprender en su didáctica, al menos, mucho que aprender de los que saben. Así que, esos debates que os parecen tan naturales y tan obvios sobre “qué ha preguntado y cómo” el profesor en el examen, ni son tan simples ni se está tan preparado para tenerlos como se cree la mayoría. Al igual que yo no lo estoy para discutir cómo me repara el mecánico el coche. La diferencia es que para ciertos trabajos todo el mundo se cree con conocimientos suficientes.

Finalmente, OS ESTÁN ENGAÑANDO.

Claro que necesitamos supervisión y control, IMPRESCINDIBLE, como en la provisión de cualquier derecho, pero de la misma forma que para ver si un médico ha cometido una negligencia necesito el examen de expertos, para esto no vale con la opinión de cualquier padre que viene dando voces enarbolando un examen y unas razones, que desaparecen si se lleva un cinco aunque sea por que se calle y no por las razones que se enarbolaban. De hecho, creo que somos demasiado permisivos con las formas (gritos, agresiones físicas, amenazas) con las que los padres entran en centros públicos y se dirigen a empleados públicos en ejercicio de la función pública. Algo que igual se adapta a ciertos tipos legales bastante graves… pero eso es otra historia.

Como casi nadie sabe de matemáticas o de medida, si le lanzo “cuatro números” a los usuarios y a la administración, todos se quedan tranquilos. Y aquí aparecen las famosas rúbricas, los estándares y todo lo demás. Atomizando lo que es necesariamente global, la comprensión, y poniendo una cortina de “exactitud” mediante los números sobre algo que sigue siendo arbitrario, el modelo. Digamos que todo el mundo repasa las cuentas de los exámenes a ver si se ha sumado mal, pero pocos discuten el margen de error de preguntar sólo algunas cosas y estimar el conocimiento de toda la asignatura con una precisión del uno por ciento.

Y, por cierto, ¿por qué está el aprobado en el cincuenta por ciento de lo que debe saberse?

Resumiendo:

¿No os fiáis de los profesores? Perfecto. Evalúen ustedes. Perjudicarán a los alumnos (serán peor evaluados y tendrán una formación “dirigida” a aprobar). Por nosotros no se preocupen, tendremos menos trabajo, menos cuestionamiento, y nos percibirán como sus aliados.

Empezamos cuando quieran.


¿Hoy también comeremos símbolos?

29 septiembre 2019

Fuente: Wikipedia

Triste pensamiento, ¿verdad?

¿Es lo simbólico innecesario, superfluo, inútil, vacío…?

No, no, no… y mil veces no.

Soy físico teórico, aficionado a la filosofía y al arte… imagínate hasta qué punto amo los símbolos.

Nuestra propia comunicación se basa en la simbología, en la abstracción, en representar realidades externas o vivencias internas mediante sonidos o grafías. Quizá podría decirse que nuestra parte más humana reside en esa vida y en ese mundo simbólico en el que nos representamos a nosotros mismos y al mundo.

Pero, ¿y si la realidad es tan hostil que la pura supervivencia en la jungla antigua (o en la moderna) no me dejan ocuparme de nada más que de buscar qué comer y evitar a quien quiere comerme? ¿Podríamos decir entonces que poco espacio le queda para filosofar y disfrutar de la plenitud de la vida simbólica a quien se ve obligado a lidiar con la parte más terrible de la vida animal? ¿Es el deleite de los símbolos el derecho de todos o sólo el privilegio de los estómagos llenos?

Este mundo simbólico no se limita sólo al contenido mental, claro, llenamos nuestras vidas de actos físicos símbólicos y eso es lo que me tiene preocupado últimamente.

¿Qué es un símbolo sin referente? ¿Un dedo que apunta a la nada? Y si no apunta a nada, ¿no será entonces, simplemente, un dedo?

¿Qué es un acto simbólico, cuando es el principio y el fin de la acción, cuando no pretende nada más que su propia ejecución, cuando su realización consume nuestro tiempo y nuestras energías?

Intentaré explicarme, si canto alegres melodías en favor de la lucha contra la pobreza, pero ninguno de los que allí estamos termina haciendo ninguna contribución que alivie el sufrimiento de aquellos más pobres, ni siquiera yo, ¿no será eso un simple concierto, más que un acto contra la pobreza?

¿Veis la diferencia entre un señor atado a un poste a punto de ser fusilado que se pone a cantar (porque NO PUEDE HACER otra cosa) y otros de recursos disponibles y manos libres que también solo cantan?

¿Qué son mis actos simbólicos si no van acompañados de los actos físicos que realmente producen cambios y que me son posibles, en lo individual y en lo colectivo? En el mejor caso ocio y en el peor una forma de disipar energías y ocupar mi tiempo, dándome la sensación (o queriéndosela dar a otros) de que hago “algo”, mientras los que no comen piensan en aquello de “Dame pan, y llámame tonto”.

Los símbolos aluden a un referente y en último caso el referente siempre somos nosotros, tú y yo. Aquellos actos simbólicos que no terminan procurando una vida más plena en lo físico o en lo interior, son aquel dedo que no apuntaba a ningún sitio… o quizá sólo al ego del que señala.

Todo esto que me ha llevado un tiempo explicar, ya lo sabían nuestros mayores y lo decían en un par de frases bien conocidas.

Obras son amores y no buenas razones.

A Dios rogando y con el mazo dando.

Me gusta mucho esta última, porque no dice “En lugar de a Dios rogando, da con el mazo”, no reniega de la acción simbólica sino que la coloca en su lugar: acompañando, explicando, difundiendo, procurando la unión de más gente a la otra, a la que realmente cambia las cosas.

Y termino con una derivada educativa que me preocupa: ¿Estamos enseñando a nuestros pequeños que las luchas, las movilizaciones, el activismo es exclusivamente simbólico? ¿Basta con tuitear y hacer batucadas? ¿Sobre todo cuando está en tu mano un abanico amplio de acciones individuales y colectivas? ¿Es esto EDUCAR?

En mi opinión está muy lejos de ser educativo, al menos en la buena dirección. Y tú, educador, si estás preocupado de que te esté ocurriendo eso, puedes hacer una prueba sencilla. Después de cualquier “movilización mediática simbólica”, propón un acto concreto, físico, que realmente aporte algo a esa lucha, por poco que sea. Digamos que si habéis hecho una pancarta sobre la contaminación, limpiad luego el recreo o un parque. Si contra el hambre, haced una pequeña donación de tiempo o dinero en algún lugar donde sea necesaria.

Si notas que todo el mundo quiere quedarse una tarde a pintar una pancarta y nadie a limpiar el patio del recreo, parece claro que estamos educando activistas de salón… que acabarán desayunando, comiendo y cenando sólo símbolos.


Importancia del contenido, tiempo dedicado y peso en la nota

9 septiembre 2019

Fuente: Wikipedia

Estas tres cosas: Importancia de un contenido, tiempo/esfuerzo que se le dedica y peso en la evaluación final, son tres elementos que deberían tener una fuerte relación entre ellas y no siempre ocurre así.

En estos comienzos de curso es extremadamente importante que le paséis este “test” a vuestros diseños de asignaturas, de cualquier nivel. ¿Le dedico tiempo suficiente a este contenido que considero tan importante? ¿No es este trabajo demasiado costoso para el peso que tiene en la calificación final?

Es una manera sencilla de repartir tiempos, esfuerzos, partes en exámenes y pruebas.

Hay tendencias que nos apartan de esta sencilla lógica. Por ejemplo, le solemos dedicar mucho tiempo a cosas que son difíciles, aunque sean excepciones, asuntos tangenciales, o no vayan a tener peso en la calificación final.

También es frecuente que nos extendamos en asuntos que nos interesan a los docentes o de los que sabemos más sin tener en cuenta la importancia relativa que puede tener en el contexto de la materia que impartimos.

Además en estos tiempos absurdos (matemática y pedagógicamente) de “estándares”, rúbricas y demás formas de atomizar la evaluación, nuestra incoherencia entre estas tres “magnitudes” puede ser detectada por nuestros estudiantes cosa que hace que dejen de pensar en aprender y se vuelvan “calculadores”.

Por ejemplo, si les mando leer dos libros y hacer dos trabajos escritos y esto va a ser un punto en la calificación final. ¿No harían mejor en dedicar ese tiempo a estudiar mi materia u otra y sacarme un NUEVE, tranquilamente?

Esta actitud, que nos molesta profundamente a los docentes que queremos enseñar, no sumar decimales, también se minimiza manteniendo las tres cantidades (importancia, tiempo y peso) en un mismo orden, de forma que quien obvia algo poco importante, gana sólo un poco de tiempo y pierde sólo un poco de nota, en cambio quien pretende soslayar algo de importancia crucial, aunque ganará mucho tiempo, no será capaz de pasar la asignatura.

Hazlo una y otra vez. Otro ejemplo, si tienes que confeccionar un examen “final”, adscribe porcentajes a los contenidos y limita la participación de cada uno en el conjunto del examen.

No es nada difícil y da muchas alegrías. Que tengáis buen curso.

Por cierto, ¿y si hacemos eso también con el resto de elementos de nuestra vida: buscamos la proporcionalidad entre tiempo, importancia y recompensa (a cualquier nivel)?

Esto, como tantas cosas, lo aprendí de mi hermana Mª Carmen Fernández Panadero, a quien dedico este post.


¿Son cuidadosos los jóvenes con la privacidad online?

25 julio 2019

Publicado simultáneamente en Naukas.

Como sabéis, soy profesor de secundaria y hablarles sobre privacidad es mi obligación, no sólo como docente, sino como parte de mi temario.

Pero me resulta tremendamente difícil. Mirad, conversación de clase.

– Chavales, si ponéis una foto de dónde estáis comiendo en RRSS va a verlo mucha gente.

– ¡Claro! ¡Qué bien! PARA ESO lo hacemos.

¿Dónde quedaron Raphael o Alaska con sus “Qué sabe nadie” y “A quién le importa”? Porque parece que hoy, lo tuyo, le importa a mucha gente y LO SABEN.

Preguntados algunos amigos de Naukas, le he estado dando vueltas y os cuento cómo veo el asunto.

Hay quien apunta a que pudiera ser que la privacidad, tal y como la concebíamos hace 20 años ha quedado obsoleta, estando en un nuevo tiempo, con nuevas reglas, como apunta Santiago Campillo, o como también sugiere Joaquín Sevilla recomendando un vídeo de la youtuber Ter hablando sobre el origen de los selfies para reflexionar sobre el concepto de imagen virtual.

Pero es muy interesante la respuesta de Víctor Ruiz sobre este “nuevo” concepto de privacidad, en la línea de que los adolescentes de hoy en día siguen respondiendo a sus padres, como siempre: ¿Donde has estado? Por ahí. ¿Con quién has salido? Con “estos”… y eso si les pillas comunicativos y pasan de los monosílabos, o ruidos guturales. Es quizá, más ajustado, como dice Víctor, que creen que lo que publican no es, en realidad, “público”. En este sentido a veces le digo a un alumno que voy a proyectar su cuenta de Twitter en clase, por ejemplo, y se ponen bastante nerviosos. Le pregunto que por qué, que si la tiene abierta la puede ver alguien en Ulan Bator sin mayor problema. Algunas veces, para hacerles reflexionar sobre la privacidad les he dicho que ese día no la iba a abrir, pero que al día siguiente sí, así que, que revisara sus contenidos o que la pusiera privada… y la ponían privada. Conclusión, no les da igual que cualquiera pueda verlo… aunque su configuración sí lo permite.

Por supuesto sigue habiendo cosas que se quieren proteger, los datos sensibles que entienden como “secretos” y no sólo como privados, el PIN de la tarjeta de crédito o las contraseñas de los distintos servicios online, las RRSS, etc.

Iván Rivera opina que quizá no se trate de un “nuevo” concepto de privacidad, sino el retorno al de siempre, al de la tribu, vaya… a la ausencia de privacidad, donde las viejasdelvisillo tenían información puntual de todos, y la compartían con bastante buena disposición. Disfrutamos de un cierto paréntesis de intimidad en nuestras “deshumanizadas” ciudades, pero volvemos al redil… aunque con una importantísima diferencia: Las viejasdelvisillo de hoy en día no comparten su información con la misma ilusión que recopilan la nuestra. Para muestra este momento impagable (min 0:46) en una comparecencia de Mr. Facebook en el Senado, que debería ponerse a diario en la tele y os transcribo.

– Mr. Zuckerberg, would you be comfortable sharing with us the name of the hotel you stayed in last night?

– Um, (chuckles), (pause), uh, No (smiles).

¿Por qué tanta duda? ¿Por qué no? ¿Por qué no quieres compartir esa información que deseas de mí y para la que has generado toda una estrategia comercial de alertas, likes y demás. Una estrategia, como nos recordaba Víctor.

Fijaos que es un ejemplo estupendo de “si no tienes nada que ocultar, ¿qué tiene de malo que sepamos el hotel en el que has estado, y que habrás dejado ya?” Es una información que parece que no tiene ningún valor o peligro pero que no es de la incumbencia de nadie… aunque parece que sí que les importe.

Distinción muy importante esta entre lo que te incumbe y lo que te importa o te apetece saber/inmiscuirte.

Os recuerdo, ya lo hacía Mark también en la comparecencia, que él VENDE esta información a terceros, para que hagan publicidad dirigida, por lo que cobra muuuuucho dinero. Aprovechamos también para traer al foco que nosotros no somos los CLIENTES de las redes, clientes son los que pagan por la publicidad que nos hacen, nosotros (nuestros datos) somos el producto.

¿Y qué tipo de producto somos? ¿Qué harán con esos datos?

Pensemos que para que algo sea un negocio hay que conseguir que produzca dinero. Saber que yo he ido al cine o a correr tiene que tener un interés que pueda traducirse en dinero, si no, nadie pagará por esa información.

Por un lado está la publicidad dirigida, ya sabéis, mucho mejor (más barato y efectivo) mandar anuncios de zapatillas a gente que sé que corre varios kilómetros al día que buzonear en una ciudad portal por portal, piso por piso.

Pero entonces, ¿por qué partidos políticos, seguros médicos y otros agentes similares están comprando esa información? ¿Qué pueden hacer con ella?

El escándalo de Cambridge Analytica (documental en Netflix pronto) y otros parecidos nos muestran que, sabiendo cuáles son nuestras “teclas”, pueden hacernos tomar decisiones que pensemos “libres”, vaya lo que lleva haciendo la publicidad toda la vida, pero con mucha más capacidad de influencia. Respecto a por qué querría una compañía de seguros médicos conocer tu día a día, te dejo que lo pienses tú.

¿Podría ser entonces que esa distinción que hacemos en la información sensible, entre información secreta y privada, sea un error, porque en el fondo toda la información sensible debería protegerse como si fuera secreta?

Pues diríase que sí, que deberíamos compartirla sólo con quien fuera necesario, controlar a quién se la damos y con quién va a compartirla.

Hace poco hablaba en Twitter con dos buenos amigos que opinaban que no tenía mayor problema poner las fotos de tus peques en Facebook si tenías tu cuenta cerrada y sólo a gente de la familia agregada, pero hay que recordar que Facebook se queda con los derechos de las fotos que sube, y que si no has visto la cara de tu peque en un anuncio es sólo porque los publicistas no piensan que haya salido tan guapo como tú crees. Hay aspectos muchos más sórdidos, por ejemplo, hace poco supe que, pederastas, comentaban vídeos de youtube con una marca de tiempo, para que otros supieran donde iban a encontrar material que pudieran usar para sus fines.

Un punto muy importante que señalaba Javier de la Cueva (experto en estos menesteres) es que lo que “te importa” puede ser un concepto muy dependiente de tus coordenadas espaciales y temporales y lo resumía en tres puntos.

1. El consenso social de hoy puede cambiar.

Lo que haces hoy podría no tener mañana un consenso social. Pone como ejemplo la imagen de la mujer en la publicidad de los años sesenta.

Añado yo, que en el caso de los chavales más jóvenes, olvidan que tendrán varias “vidas”: ahora son hijos y jóvenes, pero mañana serán trabajadores, padres, figuras públicas o con responsabilidades privadas, y que ese vídeo cantando borrachos en cueros no tiene la misma aceptación en todos esos “mundos” diferentes.

2. Lo que se acepta en tu país podría no tener consenso en otro.

Un homosexual puede ser condenado a muerte en determinados países, por ir al ejemplo más claro.

3. Tu comportamiento cotidiano sirve para crear un perfil, que podría hacerte sospechoso de tener conexiones con gente que hubiera ido al mismo sitio que tú en el mismo momento, acusaciones de conspiraciones terroristas, por ejemplo.

Concluye que una cuestión es estar “conectado” y otra la prudencia al dar datos en esas conexiones, al menos bajo estos tres argumentos: temporal, espacial y de perfilado.

José María Mateos compartía un artículo que profundiza sobre la definición de privacidad y “nothing to hide” (nada que esconder) principalmente desde un punto de vista de monitorización desde el estado.

 José Cuesta abunda sobre la peligrosidad de los posibles usos que hagan los bancos, aseguradores… o simplemente, quien te vaya a hacer una entrevista de trabajo y se ponga a mirar en tus redes, o en las bases de datos que hayan comprado.

También fue Jose quien nos informó de que podíamos acceder a (alguna) información que va recopilando Google en la página MyActivity. Personalmente me quedé alucinando cuando vi que me grababan desde el micrófono del móvil aleatoriamente y guardaban esas grabaciones. Cosa muy diferente a estar escuchando y esperar a que se diga “OK Google” para empezar a guardar (mis alumnos pueden atestiguar que salía cantando por Camarón mientras conducía). Recientemente han reconocido que (algunas) de esas grabaciones están siendo analizadas incluso por operadores humanos.

Esta es otro enlace que nos facilitó Jose donde podéis ver cómo se nos están identificando los intereses por parte de Google.

Y otro enlace más para ver qué empresas están recopilando datos nuestros, de nuevo vía Jose Cuesta.

Esto respecto al asunto puramente técnico y de seguridad, pero quizá también cabría preguntarnos sobre aspectos más filosóficos o psicológicos.

¿Por qué querría exponerme tanto? ¿Qué interés tiene mi postre, mi nueva camiseta para el “público general”?

Es cierto que hay quien “monetiza” sus seguidores y en realidad está haciendo un trabajo publicitario pagado para un restaurante o tienda de ropa, pero no es el caso general.

Somos animales sociales, por supuesto, y necesitamos el refrendo y el cariño de los otros, lo que pasa es que esa necesidad suele y quizá debiera (?) proveerse por parte de los círculos cercanos, los amigos (los de verdad) y la familia. Me pregunto si es psicológicamente sano depender del apoyo de mis “seguidores/lectores/fans” para tener el coco medianamente en orden.

Desde luego, que cada uno haga lo que quiera, hay quien dice “empoderarse” subiendo fotos desnudo (hablando de exposición íntima), y frecuentemente no responde a una reivindicación de cuerpos “no normativos”, quizá una lucha necesaria, sino a gente que está muy bien, buscando que se lo digan.

A mí me chirría. De hecho he “desgastado” el botón de silenciar en Twitter y he reducido la interacción con quien sólo viene a molestar, porque sí tienen una influencia en mi estado de ánimo. Aunque sigo pecando en pensar que cualquier subproducto de mis procesos mentales, es algo que el mundo debería conocer. A veces serán ideas inspiradas o inspiradoras, pero en otras ocasiones creo que tienen más que ver con recibir un refrendo y psicológicamente, esto ya os digo que me parece que tiene aristas. En fin, estos aspectos, ya que se los mire cada uno.

Conclusión.

La información privada dice mucho de nosotros y si somos descuidados al compartirla puede llegar a quien no queramos que lo hiciera, y que lo usará con fines que no nos gustarán, influyendo en nuestra vida, capacidad de elección, incluso uso de servicios como la medicina.

Difícil camino y difícil de enseñar en un mundo en el que los adultos son los primeros que no hacemos un uso adecuado de las RRSS ni por el tiempo dedicado ni por las actitudes. Así que aprovechemos esta reflexión sobre cómo educar a nuestros jóvenes, para mirarnos en el espejo. Ya que, como acierta a indicar Fernando de la Cuadra (que ya visto mucho, experto en seguridad informática), sus comportamientos son poco diferentes a los nuestros, para mal, seguimos buscando ser el macho alfa, el más popular del recreo. Además de sugerir que usemos mejor el término intimidad, en lugar de privacidad.

Gracias a todos los compañeros de Naukas por sus reflexiones, enlaces, información, controversias… Es un privilegio poder contar con vosotros.

ACTUALIZACIÓN

@Mininacheshire nos alerta de q al pedir precaución a las víctimas podemos incurrir el culpabilizarlas y  en dejar de exigir a los abusadores q sean legales y éticos.

 


Setenta veces siete

24 junio 2019

Fuente: Wikipedia

¿Debo ser un buen cristiano y perdonar hasta setenta veces siete o ser un buen troyano y temer a los griegos hasta cuando traen regalos (2)?

Ayer sucedió, una vez más, que un político de un sector “crítico” dentro de su partido, se quejase de que el partido había tomado una dirección diferente a la que se prometía en su fundación. Hay que reconocer que es una sorpresa que, en esta ocasión, la queja se acompañe de una dimisión.

Vayamos más allá de la mera anécdota a ver qué podemos aprender.

Contaba el político que había sido “leal” y había expresado sus quejas una y otra vez en los órganos correspondientes del partido sin que repercutiera, viéndose, por tanto, abocado a esta decisión. Por supuesto me recordó aquel post “Los críticos tienen fecha de caducidad”.

Eso quiere decir que no ha sido una respuesta inmediata a un cambio de dirección, sino que después de “aguantar” que se traicionaran esos ideales un número no pequeño de veces, la cosa acabó en divorcio.

Como os comentaba en aquel post, es muy curioso el papel de los críticos que viven de una organización con la que están en desacuerdo, mientras que esta usa el atractivo personal de aquel o la pluralidad aparente de la que se viste al acogerlo entre sus filas, para blanquear sus acciones.

Mas allá de esto me gustaría señalar, algo que cualquier educador experimentado conoce:

Aprender pasa por asumir los costes de las propias acciones.

Y yo me pregunto, ¿quién paga estos “errores de confianza”, estas “traiciones” de las que se quejan los críticos? Claro, tú y yo, como siempre. Los ciudadanos.

Estas “paciencias”, estos “perdones”, de los que nadie parece arrepentirse, están muy lejos de ser experimentos con gaseosa, inocuos y bienintencionados. Se parece mucho más a probar fuegos artificiales en el salón de mi casa, y después irse a la suya, sin recoger.

Se parece más a la retahila típica de niños y adolescentes “perdón, perdón, perdón, perdón…” que sólo busca pasar de largo, esquivar las consecuencias, evitar la reparación del daño. Los que nos dedicamos a educar sabemos lo improbable que es la comprensión del error sin que se tenga que asumir un coste por él. De hecho, no veo en los adultos un comportamiento muy diferente, en general, que no se mueva por evaluación de coste y beneficio, por mucho que me entristezca y trabaje contra ello.

Hay una responsabilidad en traicionar unos principios. Hay una responsabilidad en recomendar a alguien y que luego resulte perjudicial para aquellos que asumieron tu recomendación.

Si jugamos a ser el “crítico”, el “verso libre” deberemos asumir nuestra responsabilidad, en lugar de “perdonar” a la organización y dejar que los demás paguen los platos rotos. Hemos participado en el engaño a otros, hemos sido imprudentes y atrevidos, y alguien ha resultado dañado.

Y, los ciudadanos, consumidores y votantes, haríamos bien en pasar costes a quienes actúan así de irresponsablemente (o de malintencionadamente). Y hacerlo en la moneda que les importa: el dinero… u otros elementos monetizables, como los votos.

(1) Mt 18, 21-22

Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?

Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.

(2) https://es.wikipedia.org/wiki/Timeo_Danaos_et_dona_ferentes


Exámenes: ¿Problemas tipo o problemas de idea feliz?

10 junio 2019

Fuente: Wikipedia

Si le preguntas a los alumnos se decantarán claramente por el primer tipo, pero más allá de sus gustos o intereses, discutamos qué opciones son pedagógicamente más interesantes, como profesores y como científicos.

Reconozco la falsa dicotomía del título ya que. en realidad, todos los profesionales estaremos de acuerdo en que lo ideal es un problema que pueda resolverse con los conocimientos que deben demostrar, pero que no resulte tan sencillo como para ser un ejemplo común que puedan haber memorizado sin mayor comprensión.

¿Dejamos aquí el post? Nada de eso.

Como en tantas ocasiones, es muy fácil escribir una solución que sea casi tautológica o autorreferente, de forma que sea innegable, pero a la vez no dé ninguna pista de como podría concretarse.

¿Cuál es ese ejercicio magnífico en el que tienen que usar de manera comprensiva los conocimientos que les enseñamos, pero que ni es el mismo problema del libro con los datos cambiados, ni algo que no pueda resolverse sin darse cuenta de un detalle especial que ni siquiera tiene que ver directamente con lo que les enseñamos?

Mi tesis es que… no existe. Nuestros esfuerzos por salir de los problemas tipo suelen acabar en problemas de idea feliz.

Puede ser que esto sea mucho más cierto en los niveles menos sofisticados de la educación, aunque por esto me refiera incluso a los primeros cursos universitarios.

Pero esto a mí no me preocupa. Me gustan los problemas tipo… porque me gusta la ciencia.

Me explicaré. Me gustan las regularidades que encontramos en la naturaleza, me gustan los patrones, me gustan las fórmulas, me gusta que los que nos precedieron se dieran cuenta de que de aquella manera se podía resolver un problema o muchos.

Me gustan los sistemas, los protocolos. Acercarme a un problema y saber que puedo aplicar ciertas “técnicas” y resolverlo, de una manera sistemática.

Algo distinto es “adornar” los problemas, por ejemplo, casi todos los profesores que hemos enseñado física hemos puesto ese problema de caída de objetos en los que se calcula desde qué piso se tiró el tiesto que mató a la víctima de un asesinato o cosas parecidas, pero hay unas fórmulas, hay unas maneras de plantear el problema, hay unas condiciones para la altura máxima, para el tiempo de vuelo.

Lo mágico de las regularidades matemáticas de la naturaleza es que, con este sistema, podemos resolver “cualquier” problema.

Recordemos de nuevo que en los primeros niveles de conocimiento estamos enseñando las técnicas básicas y que es justo eso de lo que tenemos que examinar a nuestros estudiantes. ¿Sabe resolver una integral racional? ¿Sabe calcular el alcance máximo de un tiro parabólico? ¿Sabe diagonalizar una matriz?

Creo que parte del problema es que entender algo y tener la habilidad de hacerlo de una manera eficiente son dos cosas que pueden no estar relacionadas, necesariamente.

Por ejemplo, es necesario conocer las tablas de multiplicar y ser capaz de hacer esa operación de una forma rápida y eficiente, más allá de que sea una suma de sumandos iguales. Se puede tener una profunda comprensión de la definición y tardar una barbaridad en resolverlo, haciendo la suma de los sumandos iguales, o haber olvidado eso pero ser capaz de aplicar el algoritmo, dando un resultado fiable en segundos.

Ningún profesor busca activamente la incomprensión de sus alumnos (salvo algún sádico esporádico), otra cosa es que consigamos que lo comprendan, o que los alumnos pongan el esfuerzo o el interés necesario.

Intentar que se comprenda lo que explicamos y que se sea eficiente en resolver los problemas (dos cosas diferentes, insisto) es justo lo que tenemos que hacer en las clases.

Preguntar los usos más básicos de un conocimiento incipiente es justo lo que tenemos que hacer en un examen.

Buscar que no nos cuelen una resolución tipo sin entender nada, también es nuestra obligación, pero caer en generar exámenes de una gran dificultad para evitarlo, creo que es un error.

Recordemos que estos problemas no son un divertido desafío que has elegido y en el que piensas relajadamente una tarde lluviosa, es una situación de estrés en la que te juegas el aprobado.

Así que, en mi opinión (espero las vuestras), nuestros ejercicios deberían ser abordables usando las técnicas que enseñamos y en el tiempo del que se dispone… lo que nos lleva a algo muy parecido a “problemas tipo”.


Los jóvenes y sus coordenadas

9 mayo 2019

Bueno, empecemos mejor, diciendo: Algunos jóvenes y sus coordenadas.

¿Dónde andan nuestros chavales? ¿Por qué no nos entendemos?

Es difícil entenderse cuando se hablan distintos idiomas, cuando no se comparten intereses, o ni siquiera valores que quizá estemos dando por supuestos.

También es difícil entenderse cuando los adultos mantenemos un discurso de cara a la galería y unos principios (o la ausencia de ellos) en nuestro fuero interno o nuestro proceder.

La verdad es que me parece estupendo el cuestionamiento de valores, siempre que sea parte de un camino hacia “arriba” y no el comienzo de la ley de la jungla.

Por ejemplo, “hay que respetar a los mayores”. ¿Por qué? ¿Es que no hay que respetar a los que no sean tan mayores?

Me parece interesante el cuestionamiento, siempre que acabe en: Hay que respetar a todos. Hay que considerar que quien lleva más rato por aquí quizá se haya hecho una opinión interesante de escuchar sobre las cosas.

Si eliminamos la convención social incuestionable sobre el respeto a los mayores, para ir dándoles patadas en el culo por la calle, pues creo que poco hemos avanzado.

Aunque esto es una reflexión de hace tiempo, se me ha revivido con este artículo, cuya lectura os aconsejo porque muestra bastante de lo que estamos hablando.

Artículo de EL PAÍS.

El youtuber que humilló a un mendigo alega que era “en plan coña”

Divertido que incluya el omnipresente “en plan”.

Voy a incluir unos extractos:


“Vacila al fiscal (…) tutea a los abogados y lanza preguntas impertinentes”. Ausencia de respeto por las personas e instituciones.

“21 años”. No es una niñería… bueno, sí, pero no de un niño.

“todo era en plan de coña”. “Mi intención no era ofender. Vosotros vais muy a tope con la ley”. Ir muy a tope con la ley… ya veis.

“Dejé el instituto para dedicarme a este trabajo. Lo estaba haciendo bien. Y luego pasó esto. La prensa me ha jodido”. Putos periodistas.

“Ya pidió disculpas cuando el vídeo desató una amplia polémica, pero en el juicio ha admitido que lo hizo para contrarrestar las “críticas”.” Muy común esto de decir lo que queremos oír sin ningún tipo de cambio de actitud o aprendizaje. Es lo que tiene no tener que pagar las consecuencias de las acciones. Puedes decir que lo sientes mucho y seguir haciendo lo mismo. No nos suena de nada, ¿verdad?

“Le preguntan también por otros retos en los que ofrecía bocadillos rellenos de excrementos de gato a niños y ancianos. “¡Era en plan de broma! ” Sin comentarios.


¿Lo veis? ¿Lo notáis? Nula empatía, nula responsabilidad, “me han jodido”, a él (!).

¿Cuáles son los referentes, las coordenadas para este tipo? ¿Cómo puedo hablar con él?

¿Hablamos de la dignidad de las personas? ¿Del respeto al débil? Lo vende sin tapujos por unos likes y el dinero que le reportan. Por supuesto dejó los estudios por el dinero que le da hacer bromas. ¿Hablamos entonces del placer de saber, de conocer, de aprender, de crecer como persona? ¿Hablamos de la ley, de lo común, de lo pactado, de la vida en sociedad?

Pues así, queridos, es el pensamiento de muchos jóvenes y de muchos adultos, y por eso es necesario un sistema que ponga límites a quien no desee tenerlos. La otra opción es un rifle para defender mi rancho, pero creo que ya pasamos esa etapa, al menos por aquí.

Insisto, jóvenes y adultos. Mirad, ¿cómo podemos decirle a los chavales que hacen un mal uso de las redes sociales, que exponen indebidamente su privacidad, cuando es exactamente lo que hacemos los adultos todos los putos días de la semana, poniendo fotos de lo que comemos, de nuestros pies “aquí sufriendo” en la playa, del recorrido y el tiempo que hemos hecho corriendo, (perdón, haciendo running), o de nuestros musculitos incipientes después de una semana de gimnasio?

Es complejo, pero no es cierto que no haya maneras.

Una es el sistema social de garantía de derechos que hemos pactado, lo que incluye, la compensación a las víctimas y la responsabilidad de quien lo incumple. Por eso, es más que posible que el youtuber de marras se lleve una buena condena y una buena multa. Sólo queda desear que, como hacemos con la educación, la justicia sea rápida y proporcional, de forma que resulte “educativa” para aquellos que sólo asumen comportamientos basándose en una evaluación coste/beneficio. Bien, pues humillar al débil como lo ha hecho esta persona debe tener asociado un precio que le haga a él, y a otros, replanteárselo.

Repito, la otra opción, es la ley de la jungla… y ojo, la mayoría de nosotros no somos leones.


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