Individualismo espiritual

1 agosto 2021

Detalles, matices, precisiones… palabras que suelen significar algo pequeño y de poca repercusión, pero que no suele considerarse así por quien lo hace. Hoy seré yo quien los haga, pensando sobre todo en la repercusión.

Recordemos aquello del efecto mariposa en los sistemas caóticos: el batido de las alas de una mariposa puede provocar a la larga una tormenta en el otro extremo del mundo. Si me aceptáis la metáfora, pequeñas ideas pueden desencadenar importantes consecuencias.

Vayamos con el título. Me da la impresión de que actitudes o ideologías que conocemos bien en lo material se esconden en una versión “espiritual” para seguir con su pernicioso efecto mientras pasan desapercibidas. Un ejemplo muy claro es lo que llamo “materialismo espiritual”. Cualquier persona medianamente ética no considerará mejor a quien tenga más dinero o posesiones que otra, en cambio sí que vemos, con no poca frecuencia, como quien tiene más conocimientos, más CI o más talentos se siente superior a los demás. Y no me refiero a mejor en su disciplina, que sería una obviedad, sino en tanto que persona. Vaya, el clasismo de siempre.

Los educadores tenemos un problema grave al intentar conjugar impulsar a nuestros educandos con darles una descripción adecuada del mundo, porque esto último es a menudo descorazonador.

En mi opinión la solución pasa por servir a la verdad, ya que bonitas frases como “El tiempo pone a cada uno en su sitio”, “Si te esfuerzas lo conseguirás” se muestran como falsas a corto o medio plazo. Tirar por contrario: “Da igual lo que hagas, todo es suerte”, “Siempre ganan los mismos” “Las cosas son así”, además de ser paralizantes tampoco son del todo ciertas.

A mis alumnos, clase trabajadora, les digo: Si no tienes patrimonio, rentas, acceso a crédito, contactos o talentos muy especiales… la única baza que te queda es el esfuerzo y el trabajo. De esta forma no pongo al esfuerzo como la panacea sino como la mejor opción, en tanto que única, explicándoles que mejora sus probabilidades de éxito sin garantizarlas.

¿Triste? Quizá. ¿Verdad? Seguro. ¿Alguno trabajaría más apoyado en una mentira como el niño que se come la sopa para que no le rapte el Hombre del saco? Probablemente, pero mi compromiso es con la verdad, y ellos saben que pueden acudir a mí para oír lo que me parece más cierto. En el largo plazo, a mi entender, más educativo. Lo mismo para vosotros, queridos lectores, creo que es lo que venís a buscar aquí.

Llegados a este punto, ¿a qué me refiero con el individualismo espiritual?

Pues a la actitud de que mis emociones y mi forma de encarar los problemas son la clave para su solución.

A mí me parece estupendo que creas que eres el Neo de Matrix y que con tu pensamiento y actitud puedas parar las balas, pero ojo, lo que determina que seas Neo no es que te lo creas, es que las balas se paren. Como decía aquí, lo único que los científicos le pedimos a los milagros es que ocurran.

Hasta el momento en que seas capaz de transformar de forma efectiva la realidad con solo desearlo, tu actitud positiva ante un despido o un cáncer no los solucionará. De hecho lo que puede ponerles alguna solución o el completo remedio será una ley laboral, los tribunales, los sindicatos y el sistema sanitario. Si te fijas, algo que tienen en común todas estas cosas es su carácter sistémico y colectivo.

Los ciudadanos llevamos a cabo acciones y tenemos responsabilidades tanto individuales como colectivas. De hecho, no son conjuntos disjuntos, casi todas las acciones que tomamos tienen influencia en otros y, por lo tanto, en la comunidad.

El problema aquí surge cuando desistimos de la acción política de manera deliberada por entender que es “juego político”, “debates artificiales”, “peleas de poder”, o directamente alegando nuestra falta de interés en esos temas.. aunque justo después salgamos a andar por la acera cuyo trazado, construcción y mantenimiento dependen directamente de esa política que se desprecia. A menudo esta desafección se viste de cierta “pureza”, de estar por encima de estas cosas, en un acto de ignorancia similar al que desprecia campos completos de conocimiento dándoselas de intelectual (aquello de “es que soy de ciencias/letras”).

No hay actitud posible que ayude al tratamiento de tu cáncer… si no te lo aplican porque no hay sanidad pública y la privada no la puedes pagar. No hay actitud que te haga trabajar mejor… si no tienes trabajo en el que aplicarla. No puedes decidir cómo llevar a cabo tu tarea de manera profesional y ética si te imponen una ley que lo impida.

No puedes multiplicar panes y peces o resucitar muertos. Tú no. Al menos, por ahora. Si vieras a alguien que lo pretende sin ser capaz le tildarías de loco… pero se parece mucho a lo que hace quien niega lo político, lo común.

No hay manera posible de salir solo de todo, particularmente de lo más grave. Tú no. Yo tampoco. Juntos… quizá.

Como en el caso del esfuerzo, es lo único que está en nuestra mano intentar.

Ya incidía sobre esto en estas entrada que quizá quieras leer.

La certeza de la incertidumbre

Buenrollismo y calmantes


Acatar y respetar

5 mayo 2021

Hoy es a cuenta de las elecciones, pero otros días es a raíz de sentencias judiciales o cualquier discurso que aparezca en los medios.

Estoy en un estado de derecho y la ley no me pide respeto a las decisiones judiciales o al resultado de las urnas, me pide que los acate. Bueno, en realidad no me lo pide, me lo exige, lo que en un estado de derecho se traduce en que puedo incluso no hacerlo y aceptar las consecuencias, como hacen tantos infractores que asumen las multas como costes de hacer lo que les parece. Podéis verlo en lo personal con aquellos conductores que van “a los suyo” o en el comportamiento medioambiental de muchas empresas.

Pero Javi, aquí hablamos de ciudadanía. Efectivamente podemos matar a alguien y asumir los años de cárcel, pero queremos un análisis ético. La pregunta es si éticamente debemos respetar esas decisiones o sentencias.

Pues es que yo ya di mi amor a alguien…

En este post, De ligaduras y hombres, ya os contaba que tener muchas lealtades puede llevar a conflictos entre ellas. Y yo ya le he declarado mi amor a la verdad y a los derechos humanos.

Este compromiso previo me obliga a respetar a todos los humanos pero a despreciar profundamente ciertas opiniones, decisiones, sentencias y leyes, precisamente las que atentan contra los derechos fundamentales.

Esto no significa, como algunos apuntan, que te parezca odioso todo lo que no sea tu opinión, pero jamás me alegraré ni pensaré que es respetable que haya quien quiera tener diputados nazis y menos aún de que lo consiga.

Las decisiones humanas son falibles, como cualquiera que lleve en la tierra más de quince minutos debe saber por propia experiencia. Lo son las mías y lo son las tuyas, por lo tanto es perfectamente posible que tus decisiones sean perjudiciales para otros e incluso para ti mismo, por más que sea tu libertad tomarlas. Si alguien necesita un ejemplo, puede usar su libertad para arrancarse un dedo de la mano de un bocado y reflexionar sobre ello. Es cierto que mi análisis sobre lo erróneo de la decisión de otro puede estar equivocado… como el suyo.

Así que, no tengo ningún respeto por los resultados de las urnas de ayer (que traerán mucho dolor y algunas muertes por el destrozo de los servicios públicos), ni por que quien coquetea con lo más despreciable de la xenofobia tenga algo de poder, ni por que la mentira y el acoso sean las nuevas armas preferidas de la política. 

Pero no se preocupen, todo aquello será acatado y tendremos asientos de primera para ver el mundo arder.


¿Es rentable el mal?

21 enero 2021
Fuente. Cuadro Caminante sobre mar de nubes

Sí, el mal sale rentable. Aunque, como siempre, esta frase no significa nada si no pactamos el significado de los términos que usamos. En este caso la clave está en “rentable”.

Quizá podríamos decir que rentable es algo que nos produce un beneficio neto positivo, superando a los costes. Es fácil que estés de acuerdo, pero esto sigue sin ser preciso. ¿Tenemos un definición consensuada de costes y beneficios?

Utilizo a un amigo para obtener un contrato sustancioso y pierdo esa amistad. ¿He ganado o perdido? ¿Y si no es muy amigo? ¿Y si es sólo conocido? ¿Y si ni siquiera es conocido?

Algo muy curioso de la reflexión sobre la inteligencia artificial es que te hace tener que definir con precisión y con cierta coherencia cosas sobre las que no nos ocupamos mucho, sobre todo la coherencia.

Alguien ponía un ejemplo, creo que era Helena Matute: Si programo una máquina en la que su función beneficio sea producir el máximo número de naranjas posibles, podría entender que eliminar a parte o toda la humanidad pondría a sus disposición un montón de energía que se está desperdiciando, en tanto que no se invierte en naranjas. ¿Quieres que la vida humana tenga un coste? Pues más te vale decírselo a la máquina… y ahora te va a preguntar cuánto es ese coste, para poder comparar con los beneficios de ciertas acciones y tomar decisiones. Esto, que te debe parecer tan oscuro, lo hacen personas, a diario, cuando se toman decisiones sobre la contaminación atmosférica.

Ayer veía en la tele cómo se le afeaba a una “pequeña” famosa no querer trabajar más para poder crecer (económicamente) más, aunque fuera a coste de su vida personal. Ese mantra del crecimiento económico constante ¿es una teoría del beneficio compartida? Los que se lo afeaban tienen patrimonio para vivir una vida tranquila y medianamente modesta sin volver a trabajar, aunque, de hecho, siguen trabajando mucho. Esgrimían el argumento de estar “preparado” para un futuro (económicamente) incierto, pero el suyo ya no lo es.

A veces olvidamos que no todos queremos lo mismo y no a todos nos importa lo mismo. Leí hace poco una interesante reflexión sobre gente que no siente (casi) nada al mentir, al usar la palabra como una herramienta más, componiendo mensajes que le favorezcan, estén o no alineados con la verdad, sin que les provoque un mínimo choque cognitivo. ¿Es para ti un coste mentir? ¿Según a quien? ¿No te produce ni siquiera incomodidad o carga cognitiva al intentar que no “te pillen”? ¿O te da igual que te pillen?

Quizá por eso a veces no nos entendemos o no entendemos al otro, porque estamos suponiendo una base común de los conceptos coste y beneficio que no tienen por qué darse, cuando a la luz de estos sus actos serían muy claros.

Otro día discutíamos entre amigos, ¿es una mala estrategia una actitud poco ética que te reporta dinero y una buena posición laboral? A estas alturas ya convendréis conmigo en que la pregunta está incompleta, habría que decir “para qué”: ¿Qué fines buscas y qué costes te importan? Y otra cosa que se ha colado: ¿A qué “ética” nos estamos refiriendo? Hay quien dice que, en tanto que esto es una puta jungla, (casi) cualquier comportamiento es ético.

Hasta aquí me podríais decir que es obvio lo que digo y que no tiene mayor importancia, en tanto que me rodeo de gente que comparte mis principios éticos y un buen subconjunto de valores (lo que considera deseable y lo que le dolería perder), PEEEEERO….

Resulta que somos profesores, educadores… o lo que es peor, padres. Aquí ya no puedes alegar transpiración genital y pasar de quien te parezca un gilipollas, un aprovechado o una mala persona. porque la Educación de esa persona es, en parte, tu Responsabilidad (permitidme las mayúsculas). Y si eres padre o madre, percibirás que es totalmente tu responsabilidad, aunque no lo sea así, ya que, por más que te duela, sólo eres un agente de los muchos que le influyen.

“Quiero que mi hijo no piense que las personas son un medio para sus fines”. ¿Es esto una aspiración legítima? Más allá de que asumamos (temporalmente) que tienes (un cierto) derecho a “inculcar” los valores que desees a tu progenie, me refiero a que, ¿hay una “manera” para que se lo crea/interiorice/asuma? ¿Podemos conseguirlo?

Dar la turra ya sabes tú que no siempre funciona, por las muchas que hay oído, y que sigues oyendo, y que te entran por un oído y te salen por el otro. En algunos casos, afortunadamente.

“Yo, si veo que mi hijo no comparte con su hermano, le dejo sin nada”. Muy bien, tienes mi apoyo, pero aquí el coste es el castigo y el riesgo, que te pillen. Igual le coge el gusto a compartir, pero puede que siga siendo egoísta donde resulte difícil que le detecten, o bien, donde no le pongan coste si le vieran.

Predicar con el ejemplo. Ah, seguro que estabas pensando en esto, ¿eh? Nadie lo discute, todos piensan que es lo mejor y que funciona. Olvidas lo fácil que es sortear este “adoctrinamiento”. Y digo olvidas porque tú lo haces, todo el puto día. Consiste en etiquetarte como diferente al otro, de esta forma ese ejemplo ya no es “para ti”. Repasa cómo no imitas el comportamiento de gente cuyas cualidades dices admirar, porque luego añades: Es que yo no soy como tú de bueno/responsable/generoso… Fácil, ¿eh?

Así que no, tú puedes pasar todas las tardes en una ONG y que tus hijos piensen que eres un pringao mientras roban en el bazar de la esquina, porque es un viejo que no se entera.

Me resulta curioso que personas muy “racionales”, por ejemplo respecto a las creencias religiosas, no duden en repetirles a sus retoños que El tiempo pone a todos en su lugar, Al final se acaba pagando y otras ideas que me gustaría ver sustentadas con datos y pruebas, porque lo que yo veo es que: no siempre ocurre a corto plazo, tampoco a medio plazo y a veces no ocurre jamás. Y, si el nivel de empatía de aquellos “malvados” es bajo, posiblemente duerman mejor que tú y que yo y no tengan ningún problema al mirarse en el espejo.

Y por fin llego al título del post (cada vez me cuesta más).

Sí, el mal es rentable, según cuáles sean tus objetivos y lo poco que valores lo que vayas a perder en el camino. Sobre todo en entornos organizados, en sistemas garantistas. Piensa en la carretera: Si todos conducís más o menos bien, mi objetivo es ganar tiempo, no me importa pagar multa y no es fácil que me pillen porque hay poca vigilancia… es “beneficioso” ir haciendo pirulas, sirve a mis objetivos. Otra cosa es una carretera llena de pillos, o un sistema fiscal donde todo el mundo defraudara mucho. Se convierte en inviable. No, el río revuelto no es el mejor sistema para ser un pillo. Al menos, no si está muy revuelto.

¿Qué hacemos? ¿Seguimos amenazando con castigos las conductas “no buenas”, a ver si se “aficionan”? ¿Seguimos vendiendo la moto de que “los malos al final salen perdiendo”? Es mejor eso cuando son jóvenes para que les llegue la crisis más tarde? ¿Igual que con Papá Noel? Quizá con niños muy pequeños os sirva, ya te digo yo que los adolescentes ven claro que tu compromiso con el trabajo y el ciertos “influencers” funciona diferente a la hora de acercarte a cierto hedonismo, típico de esas edades. De hecho, es posible que hayas cumplido cuarenta o cincuenta y estén pensando que llevas haciendo el gilipollas toda la vida, ¿es así? ¿Estás revisando valores? ¿Los sientes impuestos o los has elegido? ¿Has invertido algún tiempo en revisarlos en todos estos años? ¿Quién eres? ¿Quién quieres ser? ¿Ahora crees que te hubiera gustado haber sido otro?

Ya te digo que, respecto del pasado, te vas jodiendo. Está fuera de tu alcance por más que lo revises. Sí puede ser interesante que pienses respecto del presente y del futuro.

¿A qué se debe tu adhesión al “bien”? Sirve a tus “intereses”, porque es posible que a ti si te haga dormir tranquilo ser “bueno” según tus parámetros, y que le dé una dirección a tu vida o incluso una identidad a tu persona.

Y terminaré diciendo que estoy no es una apología del mal o del que “cada perro que se…”, digo, “cada palo que aguante su vela”, mejor. A lo que sí llamo es a una reflexión y un discurso valiente respecto a esto, que es un terrible abismo al que hay que enfrentarse, o vivir en un letargo intelectual constante.

Mi opinión, expresada mil veces y detallada en La Cordura de Saberse Loco, que os dejé gratis por aquí, va en una dirección muy diferente: el Amor es el único sentido “razonable” de este mundo, tanto si lo es de manera trascendente, como si decidimos elegirlo y atrevernos a dotar de sentido a una naturaleza caótica, pero desde luego no porque “me paguen” en la otra vida, o “acabe peor” si soy malo. Joder, que ya somos (o deberíamos ser) mayorcitos.

¿Están nuestros adolescentes, estamos nosotros, maduros para tener esta conversación o es mejor seguir con el hombre del saco y paraísos futuros?

Y ahora así, por último, “dar ejemplo” es el puro resultado de comportarte con cierta coherencia y constancia alineado con ciertos principios. Dar “turra” (ligera, por favor), la explicación pertinente a quien la pida y el ejercicio de la libertad de expresión, derecho al que también somos acreedores. Así que sigamos haciéndolo, pero no por si “sirve”, porque, ¿qué ejemplo sería un comportamiento ético que tuviese como motivación ser ejemplar? ¿Sería, entonces, ético?


La granularidad exigible

22 diciembre 2020

Vaya títulos os pongo… tenedme paciencia.

Un divertido ejercicio que se hace en clase de matemáticas es el siguiente:

Pedimos a dos alumnos una lista de veinte valores aleatorios (no puede ser un número muy pequeño). Uno los genera lanzando una moneda y el otro los apunta al azar. El profesor no mira quién escribe cada lista, pero después, a la vista de los valores anotados, es capaz de distinguir qué lista ha sido producida por el tiro de la moneda y cuál por el alumno.

Prueba a escribir una tú, yo te pondré dos hechas al azar en una hoja de cálculo

IF(RAND()>0.5, “C”,”+”) Genero un número aleatorio entre 0 y 1, si es menor que 0,5 elijo cara, y elijo cruz para el resto.

CC++C+CC+++CCC+++CC+
+++CCCCCCCCC+++C+C+C

¿Se parecen a las que has escrito tú? Apostaría a que no.

Fíjate en la estructura con poca apariencia de aleatoriedad que tenemos en la primera lista casi al final: tres cruces, tres caras, tres cruces, o en la lista de nueve(!) caras seguidas de la segunda lista. ¿Alguien preguntado por una lista al azar se hubiera atrevido a poner eso? Sin formación matemática, lo dudo mucho.

Si haces una lista más larga te encontrarás con “artefactos” similares en forma de secuencias y patrones, aparentes, porque el azar no implica necesariamente que un lanzamiento sea cara y el siguiente sea cruz.

Si una moneda está equilibrada esperamos aproximadamente un 50% de probabilidad de cada resultado, cuando el número de tiradas sea suficientemente alto. Esto es lo que llamamos la Ley de los grandes números.

Obtener tres caras en cuatro lanzamientos no es sospechoso, obtener tres mil en cuatro mil lanzamientos, lo es. Y mucho.

Así que, como veis, una tendencia general no se cumple necesariamente a cualquier nivel de granularidad, quiero decir, al hacer subconjuntos de cualquier tamaño. De hecho, un conjunto aleatorio generado correctamente producirá inhomogenidades locales.

Y ahora, vamos al charco del día. Voy a hablar de feminismo…

Os confieso que en este tema tiene uno la sensación de hallarse en un campo de minas. No sólo es difícil “acertar”, sino que es resulta peligroso hasta preguntar qué es lo “correcto”, más aún en público.

Gran parte de ese problema es mío. Me he criado en una sociedad machista y no me cabe duda de que tengo aspectos machistas bien por no haber sido capaz de cambiar actitudes o pensamientos, bien por lo recalcitrantes que son los hábitos.

Dicho esto, no hay un discurso único de lo que es “correcto” en más de un aspecto, ni siquiera entre las estudiosas del tema, lo cual dificulta mucho más la labor de reconstruirse. Y no son ligeros matices, en estos momentos hay incluso denuncias entre colectivos y personas de largas trayectorias en la lucha por la igualdad. Digo esto para que nos hagamos una idea de hasta qué punto pueden estar alejadas las posturas.

Bien, hablemos de cuotas.

Supongo que estaréis al tanto del término “discriminación positiva”. Se trata de favorecer intencionadamente a ciertos colectivos para compensar su posición marginal o desfavorecida de origen. Un ejemplo serían las becas por ingresos, por ejemplo.

Se ha discutido también mucho sobre esto, en mi caso, estoy a favor. Eliminar esas becas, por ejemplo, supondría dar a entender que dos estudiantes de muy distinto entorno socioeconómico están en condiciones similares y es un hecho científico que no es así.

Como os decía, hablemos de cuotas. Es también un hecho que las mujeres (y otros colectivos) están infrarrepresentadas en órganos de dirección y en muchos entornos, de hecho incluso las mismas mujeres han sido criadas en ese sesgo y, al ser preguntadas por un experto en un tema, muchas de ellas nombrarán antes a un hombre que a una mujer, simplemente porque las mujeres capaces no están “visibles”.

Cuidado con esto, si queremos organizar un evento, un debate o un grupo de expertos, tener en cuenta la paridad y las cuotas, no significa poner la mitad de hombres capaces que nos vienen a la mente y salir a calle y escoger las primeras mujeres con las que nos crucemos para llenar el resto del cupo. Significa que hagamos el esfuerzo de pensar y buscar mujeres capaces, que estaban siendo obviadas, para esos puestos que estaban siendo ocupados por hombres, en ocasiones menos capaces pero más visibles, y reparar así la injusticia previa.

De hecho, se organizan eventos, concursos y demás encuentros en los que sólo pueden participar mujeres, algo que no resulta discriminatorio para los hombres, en tanto que esa asimetría local está compensando una tendencia general sesgada a favor de ellos.

Como veis, estoy muy a favor… mi problema es la granularidad.

¿Hasta qué nivel de detalle “debe” cumplirse esa paridad? ¿Qué disparidad y en qué volumen total es “admisible” si es nuestra intención apoyar la igualdad entre las personas?

Por ejemplo, si yo doy una conferencia es un acto no paritario. No puede serlo.

¿Y si somos dos? ¿Deben ser hombre y mujer? ¿Dos hombres en un evento es “perpetuar el patriarcado”?

¿Me entendéis? Está claro que hay cosas que dan hasta vergüenza verlas. Hay veces que tenemos “Grupos de gestores” de diez o más, todos hombres, en profesiones cuyos integrantes son en un porcentaje apabullante mujeres. Eso lo vemos claramente todos. Pero en otras ocasiones no está tan claro, y no se explica lo suficiente (al menos para que lo entienda yo, disculpen).

Como os he argumentado, estando de acuerdo con la tendencia general, es normal tener asimetrías locales en ambos sentidos, sobre todo en pequeños números. Si mañana organizara un evento divulgativo con cuatro amigos más, ¿es esto incorrecto? No dudo de que se me montará un pollo tremendo en redes sociales, pero me gustaría que más allá de linchamientos, que nunca son buenos, se me explicara, con un discurso que sea lo más común posible entre expertas, qué granularidad es aceptable. Se agradecería también el detalle sobre cargos públicos y privados, financiación pública y privada, iniciativa empresarial y actos voluntarios… que me da la impresión de que tampoco sea exigible lo mismo.

Cuando queremos que alguien cambie su conducta en cualquier sentido necesitamos marcar una dirección clara y sustentarla con argumentos claros y suficientes, si no es muy difícil… incluso queriendo.


Tenme paciencia

21 octubre 2020
Adulto y niña andando por un camino

Fuente

En la ficción hay un concepto clave que es la suspensión de la incredulidad. Empieza una obra y uno escucha: siglo XXVII, vale, estamos en una estación espacial alrededor de Júpiter, vale, existe la magia, vale, tenemos tres brazos, vale… Nadie se pone nervioso, tú cuéntame tus reglas, yo las acepto y después me dejo llevar por tu narración. Ya sé que lo que me dices no existe, incluso que científicamente es imposible, pero no pasa nada, acepto tus presupuestos, empecemos.

Nadie abre una novela policíaca y se pone a gritar: “Oiga, y esto, ¿para qué vale?” o “Llevamos dos páginas y no sé quién es el asesino. Dígamelo primero y luego me explica cómo llegó usted a saberlo”. “¿Qué aplicación tiene lo que lea aquí en el MundoRealTM ?”

Me recuerda a la expresión inglesa bear with me, que en este caso sería posible traducirla como, “acompáñame, tenme paciencia”.

En la enseñanza de la ciencia y en la divulgación, también necesitamos esto. Necesitamos que nos dejes avanzar un poco, que establezcamos ciertos conceptos o parámetros, o incluso darte un marco para entender la respuesta a tus preguntas. Un buen ejemplo es este artículo que he publicado en el Cuaderno de Cultura Científica a partir de una pregunta de una alumna, tan sencilla como “¿Se pueden ver los átomos?”, pregunta que sólo puede ser contestada adecuadamente después de unos párrafos.

¿Cómo puedo contestar a esa pregunta sin hablar de lo que es la visión, la luz, o cómo están formados los átomos? Si ni siquiera hemos pactado el “vocabulario”, ¿cómo vamos a entendernos?

Pero para la ciencia no hay esa paciencia. Quiero la respuesta, ¿sí o no? Quiero el dato, quiero el final del camino. No quiero escuchar nada “teórico”, todo tiene que ser aplicable en el mundo… que no es más que un modelo en tu cerebro construido a partir de tu percepción, pero vaya… en el “mundo”.

Lo siento, pero si realmente nos interesa la transmisión del conocimiento, no se pude trabajar así. Otra cosa es que estemos haciendo un teatrillo con intención más lúdica que divulgativa o que demos una respuesta “fácil” y que sepamos que, en el fondo, no están entendiendo lo que creen haber entendido.

Nos pasa también cuando generamos materiales para los alumnos. ¿Asumimos que sólo van a picotear pretendiendo encontrar una respuesta concreta a una pregunta concreta (como en esta lista de minivídeos para aprender procesador de texto) o generamos un texto coherente y progresivo donde tenemos un “plan”, vamos incrementando la dificultad, incluyendo conceptos clave, como en este manual de Python que escribí?

¿Cómo hilamos en el primer caso un aprendizaje? Aprender algo no es sólo responder dudas

¿Cómo conseguimos en el segundo que no se salten las cosas y vayan directos a las “actividades” para intentar hacerlas sin leerse el texto? A mí me han llegado a preguntar que por qué un código daba error cuando en el texto se avisaba de que iba a dar error y precisamente se trataba de analizar por qué lo daba.

Acabo de ver en un vídeo a un conocido (y muy buen) divulgador defender que introduzcamos las matemáticas como respuestas a necesidades y contemos sus aplicaciones prácticas, para segundos después, pedir un momento de paciencia para hacer una demostración de la que después concluiría algo.

Necesitamos ese momento, necesitamos establecer ese marco… de hecho, si nos esperan un momento, hasta podemos hilar algo que le dé sentido a lo que estamos diciendo, pero…

Ténganos paciencia, caminen con nosotros… sabemos lo que nos hacemos.


¿Quién es responsable del mal?

20 septiembre 2020

Nadie culparía a un bebé que te araña al mover una mano cuyos movimientos no controla aún.

Por otra parte, no creo que nadie tuviera demasiada comprensión con una persona adinerada de sesenta años que malversa un millón (para sumarlo a los otros que tiene), con serio perjuicio otros.

Entre ambos extremos, la persona debe ir sumando responsabilidad a sus acciones.

Así lo entiende también la ley y, obligada a poner un límite concreto y objetivable, hace surgir el concepto “mayoría de edad”, que viene acompañado también de muchos problemas.

Como momento vital forma parte de mi trabajo desde hace más de dos décadas, vivo muy de cerca esa transición tan brusca: de ser considerados menores y eximirles de muchas responsabilidades, contar con una cierta protección de derechos (manutención, educación, etc.) a pasar, de un día para otro, a ser “arrojados” a la calle con mucha menor protección y todo el peso de la ley pendiendo de un hilo sobre ellos. Esta situación es aún más kafkiana para aquellos menores en situación de exclusión social.

A esto se le añade que hay muchas “mayorías de edad” que también varían de un país a otro: para conducir, para consumir alcohol/tabaco, consentimiento sexual, trabajar, votar, decidir una interrupción de embarazo… cayendo en contradicciones lógicas de difícil resolución. Por ejemplo, en España se puede trabajar con dieciséis pero no se puede votar hasta los dieciocho, siendo ya alguien sobre el que caen responsabilidades laborales serias, pero que no consideramos capaz de decidir quién quiere que elabore las leyes que se le aplican. Que conste aquí que me considero incapaz de proponeros un listado de edades “correctas”, sólo señalo los problemas filosóficos que conllevan.

Dejaremos la ley a los expertos, hablemos de educación.

Yo diría que una definición útil y bastante acertada de lo que significa ser adulto podría ir por aquí:

Madurar es asumir las responsabilidades de tus actos y sus consecuencias.

Así que, como educador y enseñante en todas mis facetas, mi labor autoescogida se orienta, sobre todo, a que entiendan esta responsabilidad y vayan asumiéndola. También los que hayan cumplido años sin madurar, que una cosa es hacerse viejo, y otra, adulto.

Por eso escribo posts como este, sobre la responsabilidad individual (Tú ordenas y yo obedezco, o no.)

Ya habéis oído muchas veces que los maltratadores suelen haber sido víctimas del maltrato o que pasados traumáticos explican (no digo justifican, ni lo dejo de decir) y quizá fueran atenúen la responsabiidad de ciertos comportamientos. Pero, ¿hasta cuándo podemos esgrimir esta justificación? Cualquier norma justa tiene un ámbito de aplicación y unos límites temporales.

Supongo que cada caso es un mundo, por más que la legislación tenga que fijar ciertos límites que siempre adolecerán de arbitrariedad, para eso están los jueces, para matizar su aplicación.

Y tampoco hay que dejar de decir que, a quien vivencias pasadas le resulten traumáticas y no le dejen vivir una vida amable para sí mismo y para otros, hará bien en reclamar su derecho a la atención sanitaria en salud mental. Lo que no puede reclamar es el derecho a tener “víctimas”.

Pero a los educadores y a la sociedad (que también educa, voluntaria o involuntariamente) también les queda un trabajo, ir haciendo que sus niños y adolescentes vayan asumiendo su responsabilidad.

No sé si habéis visto estas tablas de tareas asumibles por los chavales (por edad), me gustan mucho. No entraré a discutir el detalle, ni a defender el método en el que se basa, sólo quiero decir que existen tareas factibles y que es bueno que las hagan y se responsabilicen de su resultado. De hecho, más allá de quien avale unas tablas u otras, cada chaval progresará a un ritmo diferente y habrá que hacer SU tabla particular, según su nivel de desarrollo y competencia.

Dada la situación educativa actual, va a tocar que los niños y jóvenes tomen un papel más activo en responsabilizarse de su proceso educativo, ya que ni las administraciones, ni los funcionarios educativos ni los propios usuarios se han plantado, de momento, para exigir una presencialidad segura. Y tendré que adaptar mi enseñanza en ese sentido.

Mi intención es que cada alumno lleve un diario/cuaderno en el que vaya reflejando su aprendizaje, elemento que podrán usar en algunas pruebas presenciales, así conseguiré que los más refractarios a esta medida tengan ese aliciente para hacerlo. A su vez, además de la instrucción que impartiré, dejaré establecido el “camino” con las referencias necesarias para que cualquiera pueda sumarse y recorrerlo desde el punto en el que se haya parado. Pero de nuevo la responsabilidad de recorrerlo es suya. La mía es establecer un camino, no “empujarle” desde atrás, o “perdonarle” lo no hecho.

Así que este año estaré más aún preocupado por que aprendan contenidos, aunque esto no sea una corriente que parezca muy popular. Mis alumnos tienen el derecho a que se les enseñe ese saber sofisticado que no es tan sencillo adquirir por cuenta propia. Saber del que yo soy especialista y derecho del que yo soy garante.

El respeto al que aprende, tanto intelectual como a su libertad de elección, no se muestra eliminando las dificultades del camino, sino tendiendo el camino para que pueda superarlas.

Y esto, lo cantó muy bien Mahalia Jackson.

Lord don’t you move the mountain
Just give me strength to climb
Lord don’t move my stumbling block
But lead me around

Aquí la letra completa

Añadido

Permitidme un pequeño añadido para los más curiosos sobre este tema tan bonito que es el libre albedrío (como decía Cassen).

Quizá el la responsabilidad del mal no sea de nadie, si nuestras decisiones no las tomamos nosotros. Si nuestra conciencia es “informada” de la decisión en lugar de ser la fuente en la que se origina, como apuntaba cierto estudio que merece una investigación más profunda que lo corrobore o desmienta, si es que nos atrevemos a ello. En él, la preparación del estímulo muscular era anterior al momento en el que el sujeto tomaba la decisión de moverlo. Échense a temblar. ¿Cómo articulamos un sistema legal con esto en la mente? ¿Cómo articulamos una vida? Permanezcan atentos a sus pantallas… o no. Es aterrador.


Reflexiones sobre del trabajo voluntario

11 junio 2020

He pensado que este era un buen momento para sugerir a mis alumnos que reflexionaran sobre la motivación, lo voluntario y lo obligatorio, ordenar o convencer, normas, incentivos costes y otras hierbas.

Para esta reflexión tenemos de fondo el estado de alarma y sus múltiples fases, sus normas obligatorias sus actitudes “sugeridas” y, por otro lado, algunas actividades que les había sugerido que podían hacer de cierta significación para su vida (cómo buscar en Internet) pero sin que fueran a tener un reflejo en sus notas.

Primero les llevé a un cuestionario donde pusieran cuántos vídeos han visto de los últimos cinco que les grabé.

Los vídeos son bastante cortos (alrededor de tres minutos y pico, salvo uno de seis y medio)

Estos son los resultados:

Como veis el número de respuestas ya dice algo, hay 133 respuestas y el número de participantes posibles (disculpando a los que andan con mucho lío) podría rondar los cien más.

Estos son los visionados declarados por ellos mismos.

En ese punto les aparecía un enlace a un documento con el siguiente texto en el que se propone precisamente la reflexión de cómo somos respecto al trabajo voluntario (TODOS, adultos también). Cómo respondemos principalmente a incentivos y costes. Cómo muchas actividades onerosas son necesarias y cómo mucha de la actividad voluntaria suele hacerse por afinidad más que por “deber”.

En el texto les añadía un enlace a los resultado que os he mostrado para que vieran el panorama general y otro enlace para que pusieran los comentarios que quisieran sobre todo este asunto, de manera anónima.

Los comentarios han sido muy interesantes, empezando por su número: 25.

Hay un par muy divertidos: uno de ellos, con toda sinceridad, declara que vio los vídeos porque pensaba que habría una actividad posterior. Otro me plantea al final de sus consideraciones si yo haría algo voluntario, curiosa pregunta en una actividad que me saco de la manga y a la que no me obliga nadie. Permitidme que, (medio) en broma, tome nota mental de que hay que trabajar la comprensión lectora.

En el resto me ha parecido muy curioso que algún estudiante haya notado un mayor descubrimiento sobre su forma de ser en este periodo (no a través de esta actividad), ya me ocurrió en una actividad anterior. Como apuntaba en el documento, las cosas que nos suceden más o menos graves son oportunidades de reflexión sobre el mundo y uno mismo, y parece que hay quien lo ha vivido así. También hay quien se observa y se encuentra en proceso de construcción sin saber muy bien cómo es ni cómo quiere ser. Me hace pensar que bendita sabiduría a edad tan joven, porque todo el que se observe con detenimiento (y esté entre el sabio y el ignorante) andará bastante cerca de ese sentimiento.

Muchos coincidían con las ideas que trasluce el texto de la necesidad del reconocimiento de nuestra humanidad y la necesidad que tenemos de conducirnos por costes e incentivos, a la vez que la debilidad de nuestra voluntad, como cualidad personal y más enfocada a lo no apetecible o escogido, por más que nos parezca “importante”.

Algunos llaman a aquello de convencer en lugar de ordenar o subyugar, de la apelación al diálogo a la razón y a la interiorización de las “normas” que fueran necesarias. Algo con lo que no puedo estar más de acuerdo como deseo y como intento, que, en mi opinión, debe ser respaldado por una normativa asociada a costes e incentivos porque nuestro nivel humano no da para funcionar sólo con eso, salvo en muy pequeños grupos o con individuos muy concretos y, posiblemente, sólo en áreas particulares.

Visto todo esto, ¿qué conclusiones saco y os cuento por aquí por si a alguien le suscita algo interesante?

Pues, como os decía, nuestra humanidad no da el nivel. Ya os decía hace mucho que somos una civilización con candados y cerraduras, y es por algo.

En la educación reglada y obligatoria tratamos con todos nuestros jóvenes ciudadanos y tenemos como objetivos formarles como personas y dotarles de ciertas herramientas que (nosotros) consideramos que son las mejores para que profundicen en su humanidad y mejores sus posibilidades de vivir en sociedad.

Por mucho que nos esforcemos, de todas esas cosas, algunas no les gustarán (quizá muchas), o les gustaría verlas de otra forma, o aprender otras cosas… y vaya, nadie critica sus gustos, sólo su capacidad de decidir con lo que saben y su edad madurativa, qué elementos y en qué profundidad son los que mejor convienen a su formación. Ya sé que queda muy guay decir lo contrario, pero es un error. En casi ningún otro campo se plantean cosas parecidas. Desde las actividades más sencillas hasta las más complejas.

Creo que la conclusión que tenemos que sacar es además de intentar hacer lo más interesante, motivador, apasionado, significativo, etc. lo que contamos, “tunear” correctamente el sistema de costes e incentivos que nos lleve a conseguir las mejores conductas para su educación.

Como les decía a ellos mismos, recordad que hay adultos que tienen que pagar un gimnasio para obligarse a hacer el deporte que “podrían” hacer por ellos mismos, pero que en la práctica no pueden, por esa falta de voluntad. Y no es el único ejemplo que podemos dar, ¿verdad? Así que, parece inteligente, siendo consciente de cómo somos actuar para andar más fácilmente el camino que nos lleve al mejor destino.

Algo que los docentes tenemos que pensar una y otra vez es que las tareas, su importancia en la materia y su peso en la evaluación debería tener cierta proporcionalidad. Es algo que a veces se nos escapa.

Hablamos mucho de la importancia de unos buenos apuntes o resúmenes, de un cuaderno de clase, pero, ¿tenemos la voluntad o la posibilidad de corregirlos adecuadamente? ¿Cunde lo mismo, en “puntos”, el tiempo que hay que dedicarle que otras actividades de menor duración?

Este tipo de descuadre “legal” es un problema a la hora de que se produzcan los comportamientos que queríamos provocar, porque desincentivan. Lo mismo pasa en el mundo adulto cuando las multas son menores que lo que se consigue incumpliendo ciertas normas, por ejemplo.

Como os decía, tenemos que tener también la posibilidad de llevar a cabo nuestros planes. Por ejemplo, para profesores como yo con 270 alumnos aproximadamente, es imposible supervisar ese trabajo.

Pero como hay mucha gente pensando sobre esto, nos hemos encontrado con esta propuesta tan interesante del “examen de cuaderno“.

Más allá de la actividad en concreto, me ha encantado la filosofía y creo que es lo que debe extenderse a nuestra práctica educativa. Me explicaré.

  • Coherencia: El cuaderno es importante… repercute en la calificación. (Lo que os decía antes)
  • Responsabiliza al alumno de su material de estudio: Los apuntes son tu elemento de trabajo y tu responsabilidad. No se trata de que me parezcan bonitos a mí, sino de que te sean útiles a ti, por lo que plantearé una prueba donde se ponga de manifiesto que es una herramienta funcional.
  • Escalable: No puedo mirar 270 cuadernos, pero sí corregir una prueba, incluso automatizarla si quiero hacerlo más frecuentemente.
  • Fomenta competencias (muy) básicas, pero poco frecuentes: Es demasiado frecuente que alumnos, incluso de secundaria o bachillerato carezcan de la suficiente comprensión lectora y aquí podría trabajarse. También echamos de menos cierta agilidad en los procedimientos sencillos, por ejemplo, problemas “tipo” como los que hacemos en clase. Algo que nos facilitaría luego para construir sobre eso conocimiento más sofisticado. De esta forma, si tiene un problema resuelto en clase y es capaz de, a su vista, resolver otro parecido, pues ya tenemos sobre qué apoyarnos.
  • Y más cosas que, cuanto más las pienso, más me gustan. Como hacerlos por sorpresa también para fomentar ese tener los apuntes al día, completos y “controlados”.

Sigo con más conclusiones…

Con carácter general, como os decía, revisaré mi práctica para buscar esa proporcionalidad aproximada entre importancia, tiempo y peso en la evaluación de todo lo que hagamos.

Algo que ha quedado claro también es que, como conjunto, necesitamos ese “empujón”, así que intentaremos ser justos y contemplar las excepciones, pero no caer en la trampa de los que esconden su pereza en incapacidad o en tragedias como esta, que hay quien ha aprovechado para el escaqueo (los adultos también, como sabemos). Por lo tanto, habrá que graduar el trabajo, y exigírselo, ayudarles a que crezcan en lugar de regirnos por los vaivenes de sus apetencias o apetencias.

En este sentido creo que hay que distinguir dos tipos de elementos.

Los que no necesitan talento (escribir el nombre completo en un trabajo) y los que sí lo necesitan (hacer un dibujo correctamente).

Para los primeros seguiré el siguiente esquema.

  • Explicaré su necesidad y cómo debe hacerse.
  • Dejaré una referencia para que consulte quien se olvide.
  • Lo exigiré como un requisito

Que cuando mandemos un trabajo nos lleguen tarde, sin nombre, con manchas, en un porcentaje tan alto como sabemos, no es una cuestión de incapacidad, sino de un descuido que no corrige su voluntad, ni el coste que les pasamos en este momento. Creo que debemos reservar nuestra comprensión para casos muy concretos y excepcionales, si no, es laxitud que les enseña que “no importa” eso que les decimos que “sí que importa”.

Para las cosas que necesiten talento, como buen patoso que soy, creo que son necesarios sistemas y protocolos. Así que, no exigiré que sea capaz de trazar una línea recta a mano alzada, sino que les hablaré de la escuadra, las plantillas, y demás. En estos casos cada uno llegará hasta donde pueda y quiera, acorde con eso recibirá la calificación correspondiente, y por supuesto el feedback y las referencias que necesite, pero no devolveré el trabajo como si viene con manchas de chorizo.

No sé si aún queda alguien al que le haya parecido que las pruebas online han sido justas, equitativas y con las garantías adecuadas… pero no es a mí.

Por eso también creo que habrá que estar bien preparado para pasar a trabajo online y, en buena parte autónomo, en periodos intermitentes. Volvamos al coste y a los incentivos. ¿Cómo se puede llevar ese trabajo a cabo si después acaba en una “evaluación” que va a trampearse o un conocimiento que va a dar igual se adquiera o no? En mi opinión, hay que hacerlo presencial.

Volviendo a la filosofía del examen del cuaderno. Tú, alumno, deberás ahora tener la disciplina de atender al contenido online (textos, vídeos, videoconferencias) y hacer actividades autoevaluadas, por ejemplo. ¿Cómo puedo incentivarte y a la vez garantizar que se ha adquirido lo que se buscaba? Pues teniendo un horizonte de una prueba presencial a la vuelta.

Si por ejemplo, paramos una semana, estará claro y disponible el material correspondiente y creo que deberá ayudarse con mucho material autoevaluable que además de buen feedback de dónde están los fallos y las referencias para solucionarlos, y todo eso dependerá del alumno hacerlo de la manera adecuada, pero está en mi mano hacer una prueba presencial sobre todo eso el día siguiente al que volvamos. Esto servirá de aliciente al que haya estado trabajando y de motivación al que no consiga encontrarla en otros factores que nos gustarían más.

No quiero que se vuelvan peseteros ni volverme yo, quienes me leéis sabéis lo poco que me gusta, pero así somos los humanos y así es el condicionamiento clásico.

Esto por supuesto no descarta que puedan hacerse actividades voluntarias o de ampliación, pero creo que podríamos decir, como resumen, que:

  • Si consideras que una actividad es importante… no la pongas voluntaria 😉
  • Si algo es importante, que se note (en tiempo, control, feedback y evaluación).
  • Lo que no necesita talento se explica y se exige.
  • Para lo que necesita talento o aprendizaje, demos sistemas y protocolos que ayuden a los menos dotados.
  • Costes e incentivos son el motor de la mayoría de la gente en la mayoría de los ámbitos.
  • Cumplir debe tener un beneficio e incumplir un coste, si queremos favorecer comportamientos.

Espero que el camino que andamos os ayude a otros y se agradece difusión y comentarios para la mejora de todos.


Predicciones para septiembre

29 mayo 2020

Hay gente muy hábil para esconder la mentira… pero incluso en el diccionario queda claro lo que es mentir.

Para mí es evidente que quien usa literalmente expresiones correctas, pero su intención es inducirte a creer lo que no es cierto, sabe que lo has creído y no hace nada para sacarte de esa creencia, te ha MENTIDO. (Y me parece increíble que haya que explicarlo).

Los razonamientos circulares son una de esas maneras con las que se induce a error.

Quizá os suene el Principio de no contradicción, algo fundamental en la lógica binaria, donde los enunciados pueden ser verdaderos o falsos.

Básicamente diremos que una cosa y su contraria no pueden ser verdad a la vez, y que una cosa es igual a sí misma.

Os preguntaréis si tengo que añadir esto a vuestro sufrimiento vital, pero es importante, mirad.

“Tenemos que hacer lo que debe hacerse”

Esto es un razonamiento circular que SIEMPRE será cierto, que en el fondo se apoya en esa no contradicción. ¿Cómo vamos a tener que hacer lo que no debe hacerse o cómo vamos a no tener que hacer lo que debe hacerse?

¿Dónde está el truco?

En pretender que te han dicho algo concreto, que te han solucionado tu problema. ¿Acaso sabes qué es concretamente lo que va a hacerse?

Legalmente, la falta de concreción produce indefensión.

Imagina una atracción de feria.

Si yo como administración digo: Sólo deben pasar personas de la altura “adecuada”.

¿En quién recae la responsabilidad de establecer esa altura? ¿En quién la responsabilidad si hay un accidente?

Qué diferente es si la administración dice: Solamente personas de más de un metro de altura podrán pasar. ¿Verdad? Ahí la administración asume concretar qué es lo debido y asume la responsabilidad de esa decisión.

Vamos con la educación.

A estas alturas aún no sabemos si nos obligarán a volver antes del verano, pero ni siquiera se establecen adecuadamente las condiciones en septiembre.

Voy a PREDECIR el futuro.

No es mérito, es un simple trabajo de observación de patrones y predicción de series temporales 😉

A día de hoy ya nos han dicho que es responsabilidad de las direcciones de los centros el establecer las medidas NECESARIAS. Interesante… sin incremento de presupuesto, sin dotación suficiente, sin un experto en seguridad y sin el puñetero espacio físico mínimo. Pero fijaos, ya tenemos la inconcreción en la norma y a quien culpar. (Increíble que los directores pasen por esto).

Bien, ya os adelanto lo que pasará en septiembre.

Volverán a decir lo MISMO:

Tenéis que ir.

Tenéis que absorber todos los alumnos.

Tendréis los mismos recursos humanos o con menos.

Tenéis que tomar las medidas NECESARIAS.

Si pasa algo, la culpa será vuestra por no haber tomado las medidas NECESARIAS.

Respecto a los chavales que pudieran tener una patología que les hiciera personas de especial riesgo…

Padres, si CONSIDERÁIS que el riesgo es DEMASIADO alto. No los llevéis.

(Aquí ya tenemos a los culpables de la muerte de los chavales y la inconcreción en determinar concretamente si tienen que ir o no)

Profesores, tenéis que proveer de los medios SUFICIENTES para que se garantice el derecho de los alumnos que no acudan. Sin dotación extra, claro.

(Ya tenemos aquí a los culpables si los chavales ven mermados sus derechos)

Direcciones, tenéis que garantizar que todo esto se produzca.

(Por si hace falta un culpable extra).

Así que, la administración, que ES la responsable de la PROVISIÓN del derecho, no de dar voces para que se provea de cualquier manera, de dar ella la provisión; la administración, decía, se lava las manos a la hora de determinar con detalle número y capacitación de profesionales, infraestructuras, presupuestos y otros parámetros y carga a los demás con todo ello.

Ya me perdonará quien deba por decir la verdad, pero quien hace esto es muy negligente o muy malvado. Ambos motivos para hacerles abandonar sus puestos.


Cómo usar el correo electrónico

5 mayo 2020

Aquí os dejo unos consejos para utilizar el correo electrónico.

Ideal para estudiantes.

El documento guía lo tenéis disponible aquí

Espero que os sirva y se agradece la difusión que pueda ayudar a otros estudiantes y compañeros profesores.


De publicación de resultados negativos, sindicatos y hombres

27 febrero 2020

Fuente

Como sabréis hay un problema en la comunicación científica que es la escasa publicación de los resultados negativos. Hay muchos “culpables” en este asunto, y es que no es algo atractivo, pero sí muy importante. Si descuidamos esto, tendremos a otros investigadores intentando lo mismo aquí y allá, perdiendo tiempo y recursos. Los resultados negativos SON resultados y deben publicarse.

Otro problema a evitar es que a la vista de los resultados de un experimento, cambiases de hipótesis y, con mayor o menor voluntad, intentases sacar conclusiones ad hoc, lo que tampoco constituye una práctica científica ejemplar. Insisto, aunque sea involuntaria.

Para luchar contra esto últimamente empieza a instalarse la costumbre de “inscribir” los experimentos antes de realizarlos: Voy a hacer esto, de esta manera, si los resultados son de cierta forma, pasando ciertos umbrales, consideraré que la cosa funciona y si no, pues no. Por adelantado.

Les conté esto a mis alumnos cuando intentamos ver si WhatsApp usaba el micrófono para pasarle datos a Facebook y generar anuncios. Antes de hacer el experimento, establecimos los valores de los parámetros para los que considerábamos probado el asunto. Aquí podéis ver el experimento y sus resultados.

Y aquí entran los sindicatos en mi post.

Discutía hoy, como tantos días, sobre la pregunta: ¿No hago huelgas porque no me convocan los sindicatos o no me convocan los sindicatos porque no secundaría la huelga?

La verdad es que si no soy convocado, nunca podremos contestar a la pregunta, porque por las particularidades de mi trabajo creo que no puedo hacer una “huelga de fábrica”, pero la cuestión para mí es que, ¿cómo se puede afirmar que la gente no secundaria SIN MEDIRLO? ¿Hay que asumir lo que “le parece” al sindicato o a algún dirigente? ¿No ocurrirá (como ha ocurrido otras veces) que la decisión de no convocar se toma de manera independiente de la voluntad de los trabajadores y esto es sólo una excusa? Insisto, como ya ha ocurrido antes, en mis propias narices.

¿Cómo se resuelve esto? Muy sencillo. “Inscribe tu experimento”.

Si un sindicato quiere que crea en que realmente tiene la intención de seguir la opinión y las ganas de participar de los trabajadores… que las MIDA.

Elige una forma de medirlo. Hay mil y todas tienes sus problemas, pero elegir una en lugar de darnos tu “veredicto a priori” da impresión de que realmente te importa. Podría ser la asistencia a una asamblea en la que se vaya a votar eso, un cierto quorum, representación de centros, encuesta muestral, encuesta más amplia… lo que quieras, pero eso sí, que sea vinculante.

Elige tu umbral. De nuevo, el que quieras. Un 30%, un 50%, un 75%. Lo que quieras, pero a priori y vinculante.

No quiero ir a una asamblea a desahogarme o a oír desahogos. Esto es muy serio, quiero tener un orden del día, una lista de asuntos a decidir y una manera en la que van a decidirse. Quiero ser eficiente y operativo.

Empezamos cuando queráis.


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