Exámenes: ¿Problemas tipo o problemas de idea feliz?

10 junio 2019

Fuente: Wikipedia

Si le preguntas a los alumnos se decantarán claramente por el primer tipo, pero más allá de sus gustos o intereses, discutamos qué opciones son pedagógicamente más interesantes, como profesores y como científicos.

Reconozco la falsa dicotomía del título ya que. en realidad, todos los profesionales estaremos de acuerdo en que lo ideal es un problema que pueda resolverse con los conocimientos que deben demostrar, pero que no resulte tan sencillo como para ser un ejemplo común que puedan haber memorizado sin mayor comprensión.

¿Dejamos aquí el post? Nada de eso.

Como en tantas ocasiones, es muy fácil escribir una solución que sea casi tautológica o autorreferente, de forma que sea innegable, pero a la vez no dé ninguna pista de como podría concretarse.

¿Cuál es ese ejercicio magnífico en el que tienen que usar de manera comprensiva los conocimientos que les enseñamos, pero que ni es el mismo problema del libro con los datos cambiados, ni algo que no pueda resolverse sin darse cuenta de un detalle especial que ni siquiera tiene que ver directamente con lo que les enseñamos?

Mi tesis es que… no existe. Nuestros esfuerzos por salir de los problemas tipo suelen acabar en problemas de idea feliz.

Puede ser que esto sea mucho más cierto en los niveles menos sofisticados de la educación, aunque por esto me refiera incluso a los primeros cursos universitarios.

Pero esto a mí no me preocupa. Me gustan los problemas tipo… porque me gusta la ciencia.

Me explicaré. Me gustan las regularidades que encontramos en la naturaleza, me gustan los patrones, me gustan las fórmulas, me gusta que los que nos precedieron se dieran cuenta de que de aquella manera se podía resolver un problema o muchos.

Me gustan los sistemas, los protocolos. Acercarme a un problema y saber que puedo aplicar ciertas “técnicas” y resolverlo, de una manera sistemática.

Algo distinto es “adornar” los problemas, por ejemplo, casi todos los profesores que hemos enseñado física hemos puesto ese problema de caída de objetos en los que se calcula desde qué piso se tiró el tiesto que mató a la víctima de un asesinato o cosas parecidas, pero hay unas fórmulas, hay unas maneras de plantear el problema, hay unas condiciones para la altura máxima, para el tiempo de vuelo.

Lo mágico de las regularidades matemáticas de la naturaleza es que, con este sistema, podemos resolver “cualquier” problema.

Recordemos de nuevo que en los primeros niveles de conocimiento estamos enseñando las técnicas básicas y que es justo eso de lo que tenemos que examinar a nuestros estudiantes. ¿Sabe resolver una integral racional? ¿Sabe calcular el alcance máximo de un tiro parabólico? ¿Sabe diagonalizar una matriz?

Creo que parte del problema es que entender algo y tener la habilidad de hacerlo de una manera eficiente son dos cosas que pueden no estar relacionadas, necesariamente.

Por ejemplo, es necesario conocer las tablas de multiplicar y ser capaz de hacer esa operación de una forma rápida y eficiente, más allá de que sea una suma de sumandos iguales. Se puede tener una profunda comprensión de la definición y tardar una barbaridad en resolverlo, haciendo la suma de los sumandos iguales, o haber olvidado eso pero ser capaz de aplicar el algoritmo, dando un resultado fiable en segundos.

Ningún profesor busca activamente la incomprensión de sus alumnos (salvo algún sádico esporádico), otra cosa es que consigamos que lo comprendan, o que los alumnos pongan el esfuerzo o el interés necesario.

Intentar que se comprenda lo que explicamos y que se sea eficiente en resolver los problemas (dos cosas diferentes, insisto) es justo lo que tenemos que hacer en las clases.

Preguntar los usos más básicos de un conocimiento incipiente es justo lo que tenemos que hacer en un examen.

Buscar que no nos cuelen una resolución tipo sin entender nada, también es nuestra obligación, pero caer en generar exámenes de una gran dificultad para evitarlo, creo que es un error.

Recordemos que estos problemas no son un divertido desafío que has elegido y en el que piensas relajadamente una tarde lluviosa, es una situación de estrés en la que te juegas el aprobado.

Así que, en mi opinión (espero las vuestras), nuestros ejercicios deberían ser abordables usando las técnicas que enseñamos y en el tiempo del que se dispone… lo que nos lleva a algo muy parecido a “problemas tipo”.

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Los jóvenes y sus coordenadas

9 mayo 2019

Bueno, empecemos mejor, diciendo: Algunos jóvenes y sus coordenadas.

¿Dónde andan nuestros chavales? ¿Por qué no nos entendemos?

Es difícil entenderse cuando se hablan distintos idiomas, cuando no se comparten intereses, o ni siquiera valores que quizá estemos dando por supuestos.

También es difícil entenderse cuando los adultos mantenemos un discurso de cara a la galería y unos principios (o la ausencia de ellos) en nuestro fuero interno o nuestro proceder.

La verdad es que me parece estupendo el cuestionamiento de valores, siempre que sea parte de un camino hacia “arriba” y no el comienzo de la ley de la jungla.

Por ejemplo, “hay que respetar a los mayores”. ¿Por qué? ¿Es que no hay que respetar a los que no sean tan mayores?

Me parece interesante el cuestionamiento, siempre que acabe en: Hay que respetar a todos. Hay que considerar que quien lleva más rato por aquí quizá se haya hecho una opinión interesante de escuchar sobre las cosas.

Si eliminamos la convención social incuestionable sobre el respeto a los mayores, para ir dándoles patadas en el culo por la calle, pues creo que poco hemos avanzado.

Aunque esto es una reflexión de hace tiempo, se me ha revivido con este artículo, cuya lectura os aconsejo porque muestra bastante de lo que estamos hablando.

Artículo de EL PAÍS.

El youtuber que humilló a un mendigo alega que era “en plan coña”

Divertido que incluya el omnipresente “en plan”.

Voy a incluir unos extractos:


“Vacila al fiscal (…) tutea a los abogados y lanza preguntas impertinentes”. Ausencia de respeto por las personas e instituciones.

“21 años”. No es una niñería… bueno, sí, pero no de un niño.

“todo era en plan de coña”. “Mi intención no era ofender. Vosotros vais muy a tope con la ley”. Ir muy a tope con la ley… ya veis.

“Dejé el instituto para dedicarme a este trabajo. Lo estaba haciendo bien. Y luego pasó esto. La prensa me ha jodido”. Putos periodistas.

“Ya pidió disculpas cuando el vídeo desató una amplia polémica, pero en el juicio ha admitido que lo hizo para contrarrestar las “críticas”.” Muy común esto de decir lo que queremos oír sin ningún tipo de cambio de actitud o aprendizaje. Es lo que tiene no tener que pagar las consecuencias de las acciones. Puedes decir que lo sientes mucho y seguir haciendo lo mismo. No nos suena de nada, ¿verdad?

“Le preguntan también por otros retos en los que ofrecía bocadillos rellenos de excrementos de gato a niños y ancianos. “¡Era en plan de broma! ” Sin comentarios.


¿Lo veis? ¿Lo notáis? Nula empatía, nula responsabilidad, “me han jodido”, a él (!).

¿Cuáles son los referentes, las coordenadas para este tipo? ¿Cómo puedo hablar con él?

¿Hablamos de la dignidad de las personas? ¿Del respeto al débil? Lo vende sin tapujos por unos likes y el dinero que le reportan. Por supuesto dejó los estudios por el dinero que le da hacer bromas. ¿Hablamos entonces del placer de saber, de conocer, de aprender, de crecer como persona? ¿Hablamos de la ley, de lo común, de lo pactado, de la vida en sociedad?

Pues así, queridos, es el pensamiento de muchos jóvenes y de muchos adultos, y por eso es necesario un sistema que ponga límites a quien no desee tenerlos. La otra opción es un rifle para defender mi rancho, pero creo que ya pasamos esa etapa, al menos por aquí.

Insisto, jóvenes y adultos. Mirad, ¿cómo podemos decirle a los chavales que hacen un mal uso de las redes sociales, que exponen indebidamente su privacidad, cuando es exactamente lo que hacemos los adultos todos los putos días de la semana, poniendo fotos de lo que comemos, de nuestros pies “aquí sufriendo” en la playa, del recorrido y el tiempo que hemos hecho corriendo, (perdón, haciendo running), o de nuestros musculitos incipientes después de una semana de gimnasio?

Es complejo, pero no es cierto que no haya maneras.

Una es el sistema social de garantía de derechos que hemos pactado, lo que incluye, la compensación a las víctimas y la responsabilidad de quien lo incumple. Por eso, es más que posible que el youtuber de marras se lleve una buena condena y una buena multa. Sólo queda desear que, como hacemos con la educación, la justicia sea rápida y proporcional, de forma que resulte “educativa” para aquellos que sólo asumen comportamientos basándose en una evaluación coste/beneficio. Bien, pues humillar al débil como lo ha hecho esta persona debe tener asociado un precio que le haga a él, y a otros, replanteárselo.

Repito, la otra opción, es la ley de la jungla… y ojo, la mayoría de nosotros no somos leones.


No somos tan buenos

4 marzo 2019

Ya dijimos hace tiempo que tampoco éramos tan listos, y que en realidad te insultaba quien no te llamase tonto. Pues resulta que buenos, tampoco somos.

Este post surge del debate con unos amigos tuitero sobre educar vs. legislar, un tema frecuente.

Creo que se sobrevalora el poder de la palabra y el argumento, del discurso racional y de la influencia de la formación sobre el carácter de los individuos.

Nada me gustaría más, creedme. Soy profesor, divulgador, escritor, conferenciante, nada me haría más feliz que creer en lo poderoso que soy en todas esas facetas, pero no es así.

No somos seres racionales y nuestras decisiones están influidas por múltiples factores genéticos, culturales, afectivos, la situación actual, tu salud o simplemente el estado físico en el que estés (cansado, con hambre, etc.)

Por lo tanto, variar una creencia, opinión o idea por medio de la palabra o pruebas más o menos empíricas, es algo muy optimista, cuando la mayoría de ellas ni se “eligieron” ni se mantienen por argumentos racionales.

Es cierto que hay personas y momentos en los que uno está “maduro” para un cambio y hay un disparador que puede ser una conferencia, una lectura, una cita… pero atribuir todo el mérito a eso es culpar del desbordamiento del vaso a la última gota que lo colmó.

Dos factores “extra-racionales” de gran fuerza en nuestra conducta son el miedo y el egoísmo, con sus interacciones, ramificaciones y derivadas.

Fíjate que no hablo de maldad en el sentido de procurar y solazarse en el dolor ajeno. Hablo de quien no te deseará ningún mal de primeras, pero elegirá tu dolor frente a una molestia suya o un leve beneficio.

Supongo que soy el único que ha visto caer muy cacareados “principios” a la mínima de cambio, cuando su mantenimiento ocasionaba el mínimo coste, o el peligro de tenerlo. En el trabajo, en la familia…

No somos tan buenos como nos gusta pensar, (tampoco tan malos, en general). Somos más como un adolescente indolente, que no le preocupa mucho de entrada lo que no le afecta directamente y peca un poco de hedonista.

El problema en estas cosas es que esa indolencia y despreocupación acumulada acaba produciendo maldad. Como la tolerancia a la enorme pobreza severa que vivimos en lo local y en lo global.

Vean las noticias y descubrirán muchos problemas que escalan o que se mantienen simplemente porque no están en la agenda política y no olvidemos que no están allí porque ocuparse de ellos o ignorarlos no tiene un coste electoral, esto es, porque a la ciudadanía no nos importa. Al menos, no lo suficiente.

A los educadores nos preocupa, nos ocupa, nos desespera y nos aterra el asunto de enseñar el Bien, y no sabemos ni siquiera si está en nuestra mano, por mucho que lo intentemos. Os lo contaba aquí.

A veces se piensa que lo hemos conseguido cuando les hemos mostrado que debían ocuparse del problema porque también era suyo, o porque les podría afectar en el futuro, pero eso, pensadlo, es una forma de egoísmo más inteligente que comprende lo que puede interesarle.

No es solidaridad cuando te ocupas de lo “tuyo”, solidaridad es cuando te ocupas de lo del otro por consideración a él, más allá de te afecte.

Si aún no estáis convencidos os animo a que participéis en alguno de los actos de El día internacional para la erradicación de la pobreza. Una causa justa, no politizada y que causa mucho dolor a mucha gente. Bien, pues no va ni Dios.

Por esto, y por lo que decíamos antes de los principios, suele decirse que si quieres saber si alguien es una buena persona observes cómo trata a aquellos a quienes no tiene la obligación de tratar bien, ni va a obtener beneficio de hacerlo.

Como no somos tan buenos, hemos llegado al Contrato social (en aquellos lugares donde tenemos la suerte de tener sociedades más o menos estables). Hemos cedido el monopolio de la fuerza al estado para que yo no tenga que partirte la cara cuando me rayes el coche, o tenga que amenazarte con una pistola para que me pagues lo que me debes. Estamos un poco más civilizados y tenemos un estado de derecho y sus mecanismos. Pero no debemos olvidar que detrás de eso, dándole autoridad, está la amenaza o el uso de la fuerza. Que la gente no se para en un control policial porque se lo pidan o por principios, sino porque no hacerlo tendría consecuencias.

Si esto os parece muy feo, recordad lo que ha ocurrido cuando ha habido apagones, catástrofes naturales, guerras y demás. En lo casi ridículo, tenemos al tipo que tira un ladrillo y se lleva diez pares de vaqueros durante una inundación; en lo espeluznante, los asesinatos y violaciones de adultos y menores. Simplemente en la última crisis de refugiados en Europa se cuentan por miles los menores desaparecidos. Niños que no sabemos donde están, si están vivos o muertos, esclavizados o torturados, descuartizados y vendidos sus órganos o metidos en una zanja, violados y asesinados. Vaya, no hace falta que lo diga, porque al ser algo tan importante, supongo que es una prioridad política e informativa, ¿verdad?

Así que, sí, también hay monstruos entre nosotros. No creo que sean los más, pero sí los hay sí.

La ley, el estado de derecho y la defensa de esas leyes con la amenaza y el uso de la fuerza son necesarias con la sociedad de hoy, con cómo somos nosotros. Te puede enfadar que así sea, te puede entristecer (a mí, mucho), pero no voy a negar la realidad. Para mí ser optimista no es hacer un juicio sesgado. El juicio de una situación debe ser justo, la acción que tomemos, esa sí puede ser optimista, si se quiere, buscando y apostando por un final positivo que fuera improbable.

Si nos sobreponemos un poco a la tristeza y nos miramos a nosotros mismos, veremos que también funcionamos así en lo personal, tomando el dolor como ese maestro que nos hace recapacitar, cuando no lo entendemos por las buenas. Desde el empacho cuando nos gusta una comida, hasta lavarnos los dientes por miedo al dentista, cambiar nuestra forma de vida cuando nos da un arrechucho, mejorar en nuestras relaciones cuando las vemos peligrar, y un interminable etcétera si eres sincero contigo mismo.

Ahora os pregunto, ¿creéis que en el aprendizaje de niños o adultos es diferente?

“¿Esto va a entrar en el examen?” es una pregunta que a nadie le suena, supongo.

Lamentablemente (o humanamente) actuamos en nuestra mayoría y la mayoría de las veces con la evaluación de coste-beneficio o, directamente, un sesgo. Aquellos que hacen las cosas por la pura convicción de su bondad y haber llegado a eso por un razonamiento discursivo, son una minoría y no en todas las ocasiones.

Así que, las normas constituyen un referente y una presión para que nuestros comportamientos estén dentro del margen de lo “socialmente tolerable”. Creo que algunos me mirarán con una ceja arqueada sintiendo que ellos son superpuros y supermorales y muy fieles a sus principios. A vosotros os diré que igual sois la excepción, o igual sólo estáis mirando aspectos de vuestra vida en los que verdaderamente sois así, pero, ¿qué pasa con los otros?

Como este es el marco en el que vivimos (bendito sea), esto también tiene un efecto tremendo en lo educativo. Os pondré un ejemplo, la homeopatía. Ya se ha explicado muchas veces que no funciona y que es algo muy peligroso porque te puede hacer dejar de acudir a tratamientos que sí curan, perjudicando tu salud y en algunos casos, ocasionando tu muerte, como ya ha sucedido. Bien, pues cuando explico en alguna conferencia esto, siempre surge la misma pregunta: Si no funciona y es peligroso, ¿por qué es legal venderlo? Se crea una paradoja en la mente del que escucha.

Que algo esté prohibido dificulta su práctica y crea el ambiente necesario para que se entienda que no es bueno, así que la dicotomía entre legislar y educar es falsa. Legislar, educa. Y no legislar, dificulta la educación.

Si a lo dicho añadimos a aquellas personas que no irán por debajo del límite de velocidad o de alcohol si no les multan, a los que no respetarán la propiedad ajena si no les detienen por robo, a los que no cumplirán sus compromisos si no les ata un contrato, veremos la necesidad de legislar… porque no somos tan buenos.

Como habréis visto, no se trata de legislar EN LUGAR de educar. Se trata de hacer ambas cosas y de que se apoyen mutuamente. Dejemos también de dejar de pensar que todo el mundo es super-bueno, super-racional y super-coherente, empezando por nosotros mismos.

Además en los últimos tiempos hemos visto como leyes que parecía que iban a traer el Apocalipsis resulta que se acataron sin más, por ejemplo, la prohibición de fumar en los bares y lugares de trabajo en España. Por lo tanto, en mi opinión, es estupendo que se prohíba la venta de homeopatía en las farmacias, que se obligue a la vacunación de los niños, que se prohíba fumar en los trabajos, que se obligue a que se lleve el cinturón de seguridad y mil cosas más.

Esto no es óbice para que aquel cuyos principios sean tan elevados que la norma les sepa a poco hagan un análisis más profundo y sean más justo y más éticos de lo que la sociedad les demanda. Maravilloso y ojalá cada vez haya más personas así.

Advierto que mucho ojito con las críticas a este post, porque este que os habla cree que el mundo necesita mejorar pero ha dedicado toda su vida profesional a la educación, así que los que se enfaden conmigo porque digan que el mundo es chupi mientras no mueven un músculo para colaborar, pueden irse a ese lugar lejano y marrón.

Seamos justos en el análisis, no porque la educación sea mi actividad principal voy a sobrevalorar su poder transformador ni, desde luego, nuestro nivel ético.

La educación y la comunicación son esas cosas en las que cada vez cree uno menos… pero que no te resulta posible dejar de intentar.


Profesores por azar

7 noviembre 2018

Fuente: Wikipedia

Una de las perlas que nos dejó ayer la Ministra de Educación en su comparecencia fue quejarse de personas que llegan a profesores por azar.

Cuando adjetivamos una palabra, cuando marcamos una situación, siempre se produce una diferencia que la distingue del conjunto de su misma especie. Si hablo del coche rojo, o grande, o del mío; será porque el resto de coches considerados no cumplen alguna de esas características.

Así que, cuando marcamos a la gente que llega a determinada profesión “por azar” será porque el resto habrá llegado por algo diferente al azar.

Primero habría que definir qué es eso de llegar por “azar”. ¿Será que en la tapa del yogur le ofrecieron una plaza de profesor? ¿Será que salió a trabajar y abrió la primera puerta que resultó ser de un colegio?

Y los que no llegaron por azar, ¿por qué llegaron? ¿Por el ejercicio de la voluntad? ¿Por el ejercicio LIBRE (glups) de la voluntad? ¿Desde cuándo? Si su voluntad de ser profesor sólo tiene la antigüedad de un año, ¿es “azarosa”? ¿Es libre?

A mis alumnos les mando como ejercicio que revisen sus vidas e identifiquen cómo fueron tomadas decisiones cruciales en ellas, qué participación tuvo su voluntad y qué participación tuvieron otros factores incontrolables (pero determinantes) que podríamos llamar “azar”. Como aún viven vidas cortas, les sugiero que pregunten también a sus padres cómo se conocieron, cómo eligieron estudios, cómo eligieron profesión, cómo llegaron a su primer trabajo…  Cualquiera que haga este ejercicio, si no se engaña demasiado, encontrará que su libertad y su voluntad tiene una influencia mucho menor de lo que nos gusta reconocer en sus resultados, por más que sea en lo único que podamos trabajar para mejorar nuestras posibilidades.

Pero no se preocupen, que el resto del discurso de la ministra y sus expertos (o la opinión dominante) ya ha encontrado cuál es ese antónimo tan buscado al “azar”. Y resulta que es…. (redoble)… la vocación. Acabáramos.

¿”La llamada del corazón”, “La llamada de Dios”?

Tócate las pelotas…

Si ya era difícil definir o identificar si hay alguna voluntad libre en nuestras vidas, ahora resulta que hay que oír la voz de la vocación para poder ejercer un trabajo, porque no se engañen, ser profesor es un trabajo.

Supongo que lo siguiente será realizar un juramento o quizá hacer votos. Esto empieza a parecerse más a un sacerdocio que a un trabajo realizado por un profesional en unas condiciones concretas y durante un tiempo estipulado.

No sé si reconocéis lo peligroso que es todo esto. Pensadlo respecto de cualquier otro trabajo, y cambiad vuestro estatus de trabajador en el de monja o cura. Mirad lo que eso significa respecto a la interferencia en el resto de vuestra vida, disponibilidad absoluta en tiempo y recursos, jerarquías abusivas, etc. No, ser profesor no es un sacerdocio. Basta de tonterías.

Yo mismo he hablado de la conveniencia de que el amor sea lo que impulsa tu vida, incluido el trabajo. Como profesor creo que es importante amar tu materia y a la gente que la enseñas, pero esto puede concretarse en poseer una buena formación en tu materia, disfrutar con ella y tener la suficiente empatía para tratar a tus alumnos con el respeto y cariño que se merece cualquier persona. Si a esto le añades una capacidad didáctica suficiente, tendrás un profesor digno.

Esto me gustaría poder decirlo de cualquier profesión. Si voy a la mercería a comprar hilo me gusta que quien me atienda conozca su materia y me trate con respeto y aprecio. Por supuesto cuando el trato con personas sea más cercano y la situación de las personas que atiendes más demandante, más necesaria será esa empatía, pero empatía, respeto y ya.

Quiero ser un profesional, quiero poder llevar una vida sana, tener un horario y atribuciones concretas y asequibles. No quiero ser el héroe o el mártir de un sistema que está mal diseñado, que cuenta con que la gente trabaje por encima de sus horas y atribuciones para el funcionamiento normal.

Así que no, no quiero irme a vivir al colegio, que todo mi día gire en torno a eso, tener que comprar el desayuno a chavales que les niegan una beca de comedor, pagar materiales a los que no tienen dinero para comprarlo.. no.

Quiero un sistema robusto que provea derechos para todos y que los trabajadores no tengan que vivir explotados para que los usuarios puedan ver sus derechos provistos.

Sé que muchos profesores sacamos a veces nuestra propia estima o nos definimos como personas desempeñando ese papel, contamos nuestras batallas con indignación, pero con un tufillo de orgullo, y es un error, tanto psicológico como laboral. Por eso escribí esta otra entrada con la que tanto os bombardeo en redes “Los profesores son un mal ejemplo”.

Por lo tanto, no, Sra. Ministra:

Que la decisión de tomar un trabajo tenga un año más o menos de antigüedad, no me hace más valioso que otro trabajador.

Mi trabajo no es mi religión. Es la forma en la que aporto a mi sociedad en la medida de mis capacidades y es sólo una parte de mi actividad humana que no se agota con mi condición de obrero. (Aprovecho para recordar que por esto mismo siempre repetimos que no formamos obreros en la educación pública, formamos personas.)

Que los trabajos tienen que estar bien definidos y los sistemas bien diseñados. Y, a partir de ahí, hablemos de evaluación del profesorado y de ver si se están cumpliendo las funciones para las que fuimos contratados. Hoy no dejamos de apagar fuegos y hacer más de la cuenta en un entorno hostil y de continua emergencia.

Finalmente, y como un hijo más de esos que nacieron porque nuestros padres no usaban medidas anticonceptivas, como alguien que llegó a esta tierra por el azar de que mis padres se conocieran y practicaran sexo sin demasiadas precauciones, le diré que no me siento un ciudadano de segunda e intentaré vivir con todas mis ganas una vida valiosa para mí y para mi sociedad, aunque, repito, no sea un hijo “vocacional”.


Vídeo. Charla en Eduhorchata

4 octubre 2018

Aquí os dejo mis Panaderismos sobre cacharrismo, metacacharrismo y la profesión de profe que anduve desgranando en Eduhorchata.

Mil gracias a Jordi (@xarxatic) por su invitación y al resto de organizadores.

Mil gracias también a todos los viejos amigos y a los nuevos que hicimos en ese ratito. Un privilegio quererse.

Muy recomendable que veáis también la charla de Marta Ferrero, sobre evidencias y prácticas educativas.


Impresión 3D para profesores… y principiantes

8 octubre 2017

Esto de la impresión 3D no es fácil…

Pero puede serlo mucho más si te lo explican.

En este manual recojo de manera sencilla y directo al grano lo que necesitas saber para iniciarte en este mundo o para usarlo con tus alumnos, si eres profe.

Se agradecen mucho comentarios y sugerencias que podamos añadir.

Juntos somos más.

Documento actualizado el 08-10-2017

 


Al final innovar va a ser trabajar como una mula

26 marzo 2017

Estaba viendo esta interesante charla sobre educación en la Jornada que se organizó desde la Cátedra de Cultura Científica del País Vasco (aprovechamos para agradecer a Iñako su gran labor), cuando me saltaron algunas alarmas.

Lo primero que quiero comentaros es una realidad mil veces constatada y mil veces silenciada desde muchas administraciones. Lo que de verdad correla estupendamente con el éxito académico es el nivel socio-económico y cultural. El problema es que si decimos esto ya es más difícil culpabilizar al pobre de su estado, deporte de exhibición en esta sociedad nuestra.

En horizontal el nivel socioeconómico y en la vertical el logro académico

Captura de la charla que podéis ver también en la eitb

Más adelante nos cuentan los autores, Beronika Azpillaga y Luis Lizasoain, que para hablar de centros “exitosos” se concentrarían en aquellos que tuvieran un diferencial de logro mayor respecto a la tendencia que cabría esperar.

No os voy a desmenuzar la charla, os aconsejo que la veáis, pero es interesante como aparecen cosas que ya deberían ser evidentes: control más cercano del alumno, relación estrecha con las familias, trabajo en equipo, diferentes metodologías, etc.

Y allí estaba yo escuchando esto cuando empezó a resonar en mi cabeza: tiempo, tiempo, tiempo…

No sé si conocéis el concepto de “solución escalable” en ingeniería, se trata de que la solución que tú me das para un caso pueda servir también si en lugar de uno se dan muchos casos. Por ejemplo, a un alumno mío le falta un boli, pues yo se lo dejo. En cambio, si les falta un boli a cien alumnos… pues no puedo. Una solución escalable podría ser que cada alumno trajera dos bolis y pudiera dejarle uno a un compañero, eso vale para un alumno o para mil.

Volvemos a lo mío. Por ejemplo, control más cercano del alumno. En lugar de una redacción en inglés, le mandaremos dos y se las corregiremos lo más rápidamente posible. Si das clase a cuatro terceros y cada uno tiene unos 30 alumnos, estamos hablando de corregir 120 redacciones más. Así de simple.

Dejé un comentario en la entrada, no sé si tuvieron en cuenta esa variable, pero si el control detallado del alumno, la creación de proyectos colectivos entre docentes y su puesta en marcha, la formación, etc. se hace a costa del tiempo y la vida personal del docente, entonces no hablamos de eficiencia, hablamos de explotación oculta.

Esta explotación a veces es “elegida”, en realidad es un chantaje emocional que involucra tu preocupación por el alumno y tu propio autoconcepto como profesor vocacional. Tú sabes que si no haces ese trabajo extra el chaval y las clases van a ir mal… tú mismo.

Otras veces es impuesta, por inspección y administraciones, o por tus contratadores en la enseñanza privada y concertada. En cualquier caso, explotación laboral.

Así que me pregunto, si al final todas estas innovaciones, métodos, nuevos estilos y otras hierbas, al final son trabajar como una mula, ¿no se parece mucho esto a una empresa donde se presume de productividad cuando en realidad lo que ocurre es que los trabajadores echan dos horas más que ni se reflejan, ni se cobran?

Un conocido economista me discutía por tuiter que esas horas en una empresa generan unos gastos (suministros, material, etc.) que haría que en el fondo no subiera la productividad, pero él y otros muchos olvidan que aquí las “horas extra” se echan en una sala, en la cafetería, en tu casa usando tu electricidad, tu ordenador y tu conexión a Internet. Así que es el perfecto chollo, no sube la factura del cole un céntimo.

Una vez más:

  • Un sistema que depende de héroes o mártires para su funcionamiento normal es un mal sistema.
  • Las heroicidades locales no aseguran que el derecho que se debe proveer llegue a todo el mundo.
  • Sólo un buen diseño de sistema y su dotación asegura la provisión del derecho.
  • Los profesores podríamos estar dando muy mal ejemplo con ese comportamiento “comprometido” que no lucha por un cambio de sistema, sino que intenta tapar sus grietas, sin conseguirlo, y enseñando a las nuevas generación esa aceptación sumisa y lucha mal enfocada.

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