¡Dirígeme, por Dios!

28 febrero 2016

Con todo respeto y admiración por el payo Pierce desde que era Remington Steele, vamos a usarle un poqui para hablar de nuestras cosas.

Pierce Brosnan Berlinale 2014Pierce Brosnan Berlinale 2014 - 02

¿Qué fan de Mr. Brosnan no ha sentido un escalofrío cuando sonríe a boca llena?

¿En qué momento el elegante caballero de la izquierda se transforma en ese señor del bar del pueblo de la derecha, que bien podría protagonizar alguna de las historias de @DonMostrenco?

Lo hablo mucho con mis chavales, la autopercepción es un cosa bien jorobada, ¿cómo evalúo mi trabajo? ¿Cómo evalúo mi apariencia o lo que transmito?

Hace tiempo hablábamos del valor que necesitan las personas con anorexia para ceder su certeza de estar gordas ante la opinión de otra persona, un médico, si quieren salvar su vida.

Como somos científicos por aquí, ¿qué hacemos? ¿Preguntamos a alguien? ¿Contrastamos con la realidad? ¿Cómo?

Complicado, sí.

En el arte más aún, porque puede ser que estén creando algo genialmente original y que será evaluado como negativo por una enorme mayoría de tus contemporáneos.

Y si me encierro en mi taller de creador y empiezo a producir por el puro impulso y dirección de mis tripas, puede que esté creando… bueno, algo parecido a otro fruto de mis tripas.

La genialidad y la locura son vecinas.

Recordando a Urbizu, en una comida nos contaba que evitaba a los opinalaris (genial término) pero que sí buscaba el consejo de pocos expertos de su confianza.

Ahí nos quedamos.

Busca y atesora ese consejero con competencia técnica y que te quiere lo suficiente como para decirte la verdad y de la mejor manera.

También es crucial este “de la mejor manera”, porque el creador debe estar en un estado de ánimo de libertad y cariño para poder mostrarse y aventurarse.

Así que sí, dirígeme, por favor.

Y que alguien le diga a nuestro querido Pierce que se quede en un puntito anterior a la última foto que ahí está guapérrimo y canallote, como nos gusta.

 

 

 


De lovers y haters

22 febrero 2016

Anda coleando el tema de Dani Rovira, cómo hizo la presentación de los Goya, la turra que al parecer le dieron en las redes y las defensas de unos y otros. Bien, metamos un poquito el dedo en la llaga.

Establezcamos unos presupuestos para que luego me odiéis con fundamento.

  1. Dani Rovira me parece un tipo divertido y hasta diría que me cae bien. Incluso he puesto en clase más de una vez su monólogo sobre las “unidades”: la mijilla y todo eso. Desternillante.
  2. Decir cosas feas u horribles sobre tu trabajo (ciertas o no) no es ofenderte, ofenderte es decirte que eres un imbécil (de nuevo con razón o sin ella).
  3. Me parecen mal las persecuciones y los linchamientos en las redes sociales. Aquí no incluyo las críticas al poder y al que lo mal usa, para el que igual te han cercenado toda vía de respuesta y sólo queda gritar en la plaza.

Dicho esto.

Es un pack.

Quiero decir, las decisiones, las acciones, nuestras virtudes y fallas… llevan asociadas características que nos pueden resultar positivas y otras negativas, pero son un pack. Te zampas ambas.

Por ejemplo, un joven que empieza a trabajar relativamente pronto en lugar de seguir formándose. Tendrá más dinero en el bolsillo que un estudiante, pero menos posibilidades laborales en un entorno cambiante. Te puedes esforzar en minimizar lo que consideras negativo, pero está ahí.

Irte al extranjero suele mejorar tus posibilidades laborales, pero socava tus relaciones familiares y amistosas en tu lugar de origen. Que sí, que sí… que llames mucho por teléfono, que vengas lo más que puedas, para suavizarlo, pero el efecto está ahí.

Si eres sensible al halago, si te emociona que te digan lo bien que lo has hecho… te va a doler cuando te digan que está mal. Tú abres la puerta, a lo que eres sensible es a la opinión ajena, cualquiera que sea la dirección.

Es un pack.

Me parece muy razonable que, sabedores de esto, nos aprovechemos de las buenas cosas e intentemos minimizar las desventajas, lo que no me gusta tanto es que neguemos esas desventajas, o no las reconozcamos como parte irrenunciable del asunto.

Y ahora voy con lo de Dani Rovira.

Le hemos visto en la publicidad del Corte Inglés, ¿verdad?

¿Por qué?

¿Qué me tiene que decir sobre moda o sobre alimentos precocinados este estupendo humorista?

¿No se trata del archiconocido efecto Halo y otros sesgos cognitivos que me van a hacer ver más deseable esos productos porque los usa (o dice que los usa) y los recomienda él?

Si no es así, ¿por qué habrá cobrado el pastizal que se habrá llevado? ¿El Corte Inglés es idiota y paga sin esperar sacar un rédito igual o mayor en ventas?

Pues eso.

No pensamos con claridad, así somos los humanos.

Por eso le queremos sin motivo y le odiamos sin motivo.

No digo que el odio le vaya con el trabajo de actor, léeme bien, digo que:

El mismo sesgo cognitivo que me lleva a apreciar a alguien al que no conozco y a aceptar sus recomendaciones de sopas de sobre es el que me lleva a odiarle.

Es un pack. Lo siento.

Os dejo con el estupendo monólogo del que os hablaba


Eres tonto, te insulta quien NO te lo dice

8 febrero 2016

Yo también soy tonto, lo somos todos. Me explicaré.

Es posible que por el título dejes de leer el post, pero este articulo no es para hacer amigos, es para decir la verdad.

¿Qué te (nos) estoy llamando?

Tonto (RAE): Dicho de una persona, falta o escasa de entendimiento o razón.

Algunos piensan que lo que falta es información, pero preguntémonos: ¿Alguna duda sobre lo perjudicial de muchos comportamientos que mantenemos? Bien, si no hay dudas, el hecho de que los mantengamos, ¿es una muestra de entendimiento o de falta de él? Decir que mantenemos esos comportamientos es por falta de información, ¿es una muestra de capacidad de razonar adecuadamente?

Miremos a la política de forma general. ¿Tienen los partidos programas vinculantes? Aunque no lo sean, ¿los cumplen? ¿Votamos, por tanto, a unas medidas? ¿Conoces los estudios que muestran inequívocamente que votamos más a los candidatos más “guapos”? ¿Conoces que con los mismos votos según el reparto por circunscripciones y la ley electoral puede salir elegido un partido u otro? Muy probablemente sí, ¿verdad? ¿Tenemos, entonces, un comportamiento racional respecto de la política?

Vayamos a comprar: Ofertas, marcas “prestigiosas” o anunciadas por actores/cantantes/populares, compras de última hora, carritos para hacernos comprar más… ¿Crees que nuestra actitud de consumidores es razonable?

No somos racionales… tú tampoco. Por eso no intentaré discutir algo importante contigo cuando tengas hambre, o cuando tengas sueño… y no lo intentes conmigo.

Desde luego esto no es nada nuevo, está ampliamente estudiado y no cabe ninguna duda sobre ello. Mira un ejemplo muy sencillo: Pongamos nombre a los dos dibujos de debajo, uno se llama Kiki y otro Bubba, ¿quién es quién?

boobakiki

Imagen de Wikipedia

Si consultas la fuente verás que casi el 100% decimos que Kiki debe ser el amarillo puntiagudo. ¿Por qué? ¿POR QUÉ?

Este es un sencillo ejemplo de sesgo cognitivo. Nuestro coco funciona “mal”, toma atajos, decide cosas sin información suficiente, va en bastante medida por donde le parece…

Esto ha sido evolutivamente favorable o, a menos, no ha estorbado, y mantenemos estos rasgos generación tras generación.

En la página de la Wikipedia sobre sesgos podrás leer un nutrido grupo de ellos y, observar con facilidad cómo actúan en los demás, y con disgusto cómo actúan en ti.

No somos racionales, no del todo, no lo suficiente. Somos tontos, faltos.

Quizá la única cordura accesible sea sabernos locos, pero eso nos permitirá tener cierto grado de control.

No iremos a comprar con hambre, no debatiremos temas complicados con hambre o sueño, no compraremos en la primera conversación con el vendedor… Incluso evitaremos exponernos a ciertos mensajes porque sabemos que harán mella en nosotros.

Quizá ya hacías estas cosas, hoy voy a proponerte una más.

¿Habéis oído eso de: “La audiencia sabe lo que quiere, lo que es bueno.”, “El votante sabe lo que le conviene”, etc.?

No te fíes de quien te diga que no eres tonto. Lo eres, y lo sabes. Quien te dice que no lo eres o bien es aún más ignorante que nosotros… o, lo que es más probable, se dispone a usar nuestra falta de capacidad contra nosotros.

Finalmente:

Si te has ofendido, date un momento de reflexión, ¿es quien te engaña quien te insulta o quien intenta ayudarte a ver más allá?

Si crees que podría haber pensado en otro título y otra manera de abordarlo para llegar a más gente… Sí, lo sé, podría haber usado los sesgos cognitivos para transmitir mejor mi mensaje, pero hoy no, no en este artículo.

Y, en todo caso, como desagravio final. Yo es que además de ser tonto, soy gilipollas, así que tú tranquilo.


Apple, no me times

17 octubre 2015

Cuando uno toma la decisión de entrar en una tienda de Apple es porque está dispuesto a pagar las cosas caras… bastante caras, asumiendo la teoría de que pago por comodidad, usabilidad, etc. Pero ayer, llegaron a su límite.

Esto es algo muy importante porque los precios no se fijan por las razones que a veces se piensan:

  • Por el coste de fabricación (¿camisetas de fútbol?)
  • Por lo que sea “justo”
  • Por el mérito o la dificultad de hacerlo (¿artículos de artesanía?)
  • Por el deseo del vendedor (sin límite…)

En realidad el precio de un artículo lo fija el cliente con lo que está dispuesto a pagar. Así de simple.

Por eso podemos pagar propinas de un euro, además del precio pactado en el restaurante,, y quejarnos del precio de Whatsapp, algo que usamos locamente, y que no llega al euro. Podemos pagar un refresco en un bar varias veces más caro que en la tienda de enfrente… y, de nuevo, volver a pagar propina… y mil ejemplos más, que recordaréis de vuestras propias vidas.

A esto lo llamamos contabilidad compartimentada. Hacemos cuentas de forma diferente según el origen del ingreso o del gasto, o según la partida en el que lo vamos a gastar.

Total, vuelvo a mi historia.

Un día voy a la tienda Apple y me dicen que por ser profe me harán un descuento del 6%, me informan del producto que me interesa y me voy.

Como el descuento es mayor que el que me hacían en otra tienda por el mismo producto (un 5%) decido ayer ir a comprarlo.

Llego y me vuelven a confirmar que me descontarán un 6%, así que después de esperar un rato a que me atendieran y otro a que me informaran/daran la brasa sobre lo chupis que son (algo que tenía asumido) me suman mi compra y me enseñan el número diciéndome “¿OK?”

De acuerdo, digo yo. Pero me sonaba raro el número y repito la cuenta que ya había hecho en casa con la sorpresa de que el descuento que me están haciendo es de un 4%.

Se lo señalo y me dicen que según el sitio en el que trabajes te hacen un descuento u otro, entre el cuatro y el seis. Primera noticia en dos días y posterior a mi petición de explicaciones.

En fin, que les pido que me devuelvan el dinero y me voy.

Esto me hizo recordar algo de la carrera: Teoría de catástrofes.

Trata de sistemas en los que vas “tensando” la cuerda, no pasa nada… un poco más, no pasa nada… y de repente, BUM, salta bruscamente a otro estado.

No hay un valor exacto, pero sí una “zona peligrosa” de los valores de las variables del sistema… en el que todo puede cambiar.

¿Cuándo un perro acorralado pasará de estar asustado a atacarte? ¿Cuándo una montaña de arena se derrumbará?

¿Cuándo una sociedad oprimida se rebelará? Esa gota que colma el vaso… y que está tardando… (pero ese es otro tema).

En mi caso había tomado la decisión de comprar además otro artículo más que sabía que podía obtener más barato en otro sitio, pero: “tenía prisa”, “ya que estoy aquí”, “voy a tardar en ir y al final me va a hacer falta”…

Pero esa mínima cantidad de dinero, que me gasto sin problema en pagar una ronda, en comprar palomitas en el cine o en cualquier estupidez… no me la gasto contigo si me haces sentir gilipollas.

Ojo que digo, “me haces sentir”, puede que lleves un buen rato tratándome como si lo fuera y yo dándote la razón… pero si me lo haces sentir… desisto de la compra.

Incluso puede ocurrir que te estén cobrando un precio más que justo, incluso demasiado bajo y que tú te sientas timado… le pasa a mis queridos tíos que son zapateros y cobran baratísimos los arreglos, pero la gente les dice “Por eso me compro unos nuevos en la tienda de enfrente”. Por supuesto, de mala calidad… y por eso van luego al zapatero. En fin.

Finalmente, podríais preguntaros por qué escribo este post. Ya hemos hablado de psicología, de ventas y de teoría de catástrofes… pero aún me queda un tema más.

Hay gente muy buena por el mundo, que actúa por una ética muy elevada. No se limitan a cumplir la ley, lo hacen cuando es justa y la incumplen si es necesario cuando no es justa. Son mejores que la ley. Existen, buscadlos y queredlos mucho.

El resto, que son muchos, actúan por pura evaluación de coste/beneficio.

Piensan más o menos inconscientemente: ¿Cuánto me favorece esta acción? ¿Qué me cuesta?

Esto no quiere decir que hagan ese cálculo de manera inteligente. De hecho, no lo suelen hacer. En mi opinión, la maldad es una forma de ignorancia, así que suelen salir perdiendo. Por ejemplo, sacrificando una amistad por beneficios temporales e irrisorios… cuando esa persona podría ayudarles de mil maneras en el futuro (pensando exclusivamente de forma egoísta).

¿Por qué entonces nos timan aquí y allá, si saben que al final algunos se darán cuenta?

Fácil, porque los beneficios superan a los costes.

Un eurito de más en las cuentas telefónicas, un descuento menor, una aplicación de IVA a lo que creíamos el precio final…

¿Cuánta gente desiste y cuánta gente sigue pagando?

Esta idea subyace cuando “castigamos” o premiamos a hijos, mascotas, jefes, empleados… puro condicionamiento operante, positivo o negativo.

Pues nada, aquí va este post. Este es el coste que yo le paso a Apple por esa política de empresa (me lo hicieron dos empleados distintos).

Aquí queda dicho y explicado, en un texto que leerán probablemente unos pocos miles de personas. No es demasiado, pero espero que duela… que duela lo suficiente para que se comporten de forma más ética.

¿Será un coste suficiente? Eso lo decides tú lector, compartiendo.


Si lo explicas, la cagas

11 octubre 2015

Desde hace un par de días hay cierta polémica con las siguientes fotos.

La actriz Inma Cuesta se ha quejado de un excesivo retoque fotográfico. Podéis comparar la imagen que ella tomó con su cámara, a la derecha, con la imagen retocada, a la izquierda, además de leer sus propias palabras en su cuenta de Instagram.

Verte y no reconocerte, descubrir que tu imagen está en manos de personas que tienen un sentido de la belleza absolutamente irreal. Imagino que era necesario resaltar el azul cobalto del vestido, quitar algunos pliegues del mismo y subir los niveles de luz para hacer brillar más mi piel, pero no entiendo la necesidad de retocar mi cuerpo hasta dejarme casi en la mitad de lo que soy, alisar mi piel y alargar mi cuello hasta convertirme casi en una muñeca sin expresión. No es la primera vez que pasa, pero esto sobrepasa los límites de la realidad y me avergüenza. La foto de la derecha fue sacada con mi móvil directamente del ordenador en la sesión de fotos, yo al completo, sin trampa ni cartón, Inma entera, la de al lado es una invención, es eso que se supone que debería ser… los "cánones" de belleza que "deberíamos" seguir, no me acompleja, no lo entiendo como una señal de lo que lo debería ser, sencillamente me indigna como mujer y me hace reflexionar muy seriamente hacía dónde vamos y reivindicar con fuerza la necesidad de decidir y defender lo que somos, lo que queremos ser independientemente de modas, estereotipos o cánones de belleza.

A photo posted by Inma Cuesta (@inmakum) on

Y, ¿qué problema tengo yo con esto?

El de siempre:

“Lo normal”, “Lo obvio”, “Lo evidente”…

Conceptos que no resisten un mínimo análisis y que resultan imposibles de concretar y manejar… sin liarla.

Si ella hubiera dicho: “¡Qué barbaridad!” y nosotros hubiéramos dicho: “¡Pues claro que sí!”, todo hubiera ido bien… pero es que se ha explicado… y ahí es cuando la cagamos. Cuando intentamos racionalizar y justificar nuestras “normalidades”.

Habla de “gente con un sentido de la belleza absolutamente irreal”.

Mostremos cuál es el sentido “correcto”, “real” o como queráis llamarlo y empezamos a hablar, mientras tanto… complicado decir que está “bien” y “mal”, más allá de preferencias personales.

“Yo al completo, sin trampa ni cartón”, dice la actriz.

¿Es esto una petición de una absoluta falta de retoque fotográfico? Os recordamos que TODAS las imágenes que se publican están tratadas.

¿Acaso la imagen que capta la cámara (con su película, su filtro…) es un fiel reflejo de la “realidad”?

¿La “naturalidad” incluye prescindir de maquillaje?

Quizá la crítica va más por la tiranía de un determinado tipo de canon en los campos relacionados con la imagen que, siendo absolutamente TODOS los campos (os recordamos el efecto halo), parece acentuarse más en algunos que en otros. En los artistas, por ejemplo.

Si esa es la crítica, que se impone a una artista un cierto tipo de imagen… no veo la sorpresa.

Si vosotros andáis también sorprendidos, pues nada… empezad a recordar actores y actrices, cantantes y demás artistas de los últimos tiempos que sean feos. Y digo feos, no para que hagan papeles de feo, para que hagan un papel cualquiera. O bien haced el ejercicio simétrico, mirad fotos de cantantes de hace cuarenta años… veréis que multitud de gente poco agraciada, pero que cantaba. Lo mismo para periodistas, músicos…

Hoy hay que ser guapo además de lo que sea que hagas: noticias, actuar, cantar, bailar, tocar un instrumento…

De hecho, esta actriz, de cuyo talento no dudo, es bastante agraciada, cosa que le habrá supuesto una ventaja en su carrera tal y como hemos dicho que están las cosas. La verdad, y aunque suene triste y desagradable, esto de ahora es la otra cara de la misma moneda: la tiranía de la imagen y la belleza. Ahora le perjudica, quizá en algún casting la benefició frente a otras actrices de igual talento que se quedaron en “ya la llamaremos”, por no ajustarse al canon.

No sé si algún artista no muy agraciado, pero talentoso, haya salido a la palestra a quejarse de esto. A quejarse de las protestas de los “guapos” por ser juzgados sólo por su físico o porque tengan que mantener cierta imagen… mientras ellos les ven desde papeles secundarios, el fondo del escenario, o el paro.

Resumo, que me enrollo.

– Imposible definir “retoque normal” de una manera objetiva.

– La tiranía de la imagen y la belleza convierten al poco agraciado en un profesional de segunda.

– El agraciado tiene ventaja en prácticamente todos los campos (efecto halo), pero a su vez se ve esclavizado a mantener un estándar o a cambiarlo según los tiempos. Así que tampoco sale muy bien parado de este estado de cosas.

Finalmente:

Estamos enfocando el asunto desde un punto de vista profesional, pero el principal daño de este modo de pensar de nuestra sociedad ocurre a nivel psicológico, haciendo mucho daño a demasiada gente, especialmente a nuestros niños y jóvenes.

Cuando queráis lo intentamos cambiar y veremos si somos capaces. Puede que esto esté “programado” en nuestro coco… y sea de difícil “desprogramación”, como otros sesgos cognitivos.

Lo que es imposible es pretender que algo sólo actúe en sus aspectos positivos para nosotros. Lo siento queridos, es un “pack”, va con ventajas e inconvenientes.


Del absurdo y los hombres

6 julio 2015

Este post se ha publicado previamente en Naukas

Los matemáticos tratan de demostrar sus enunciados de formas muy variadas. Una de las más divertidas y fáciles de entender es la Reducción al absurdo.

Pensamos que algo podría ser CIERTO.

Vale, pues vamos a suponer que es FALSO (metemos una semilla podrida).

Le damos unas vueltas (siguiendo escrupulosamente las leyes de la lógica y las mates)

Llegamos a algo que resulta ser mentira… por lo que nuestra suposición inicial estaba mal.

Así que, como estaba mal suponer que era falso, hemos demostrado que es cierto… ta channnn.

Por ejemplo:

Enunciado a demostrar:

Hay infinitos números primos (de esos que no se pueden dividir exactamente entre nadie más que ellos)

1. Supongamos que hay sólo unos cuantos: p1,p2,p3… pn

2. Construimos un número multiplicándolos todos y sumando 1

3. Si dividimos ese número entre cualquiera de los primos no sale entero, sobra 1.

Un ejemplo sencillo.

– Si el conjunto de primos totales fuera 1,2,3,5

– Construimos 1·2·3·5 +1 = 31

– Dividimos por 2, nos sale 15 (el producto de los otros) y sobra 1.

– Dividimos por 5, nos sale 6 y nos sobra 1. No hay manera.

4. Por lo tanto, si el número que hemos construido no puede ser dividido exactamente por ningún otro primo, resulta que él mismo es un número primo… así que tenemos un número primo más para ese conjunto que pensamos que era limitado. En nuestro miniejemplo hemos descubierto el 31 que, efectivamente, es primo también.

5. Por lo tanto la asunción de que el conjunto de números primos era finito es falsa, así que es infinito. Hecho.

Y ahora a por los hombres… (y las mujeres, sí, y las mujeres…)

La esencia del asunto es: Si elaborando frases con corrección dices idioteces es porque estás asumiendo algún principio que es falso.

Has metido una semilla podrida y da malos frutos.

¿Recuerdas esas situaciones en las que no hay manera de generar una explicación razonable porque no aparecen más que paradojas y sinsentidos?

Pues no le des más vueltas, estás terminando una demostración por reducción al absurdo. Alguno/s de los supuestos que manejas son erróneos.

Por ejemplo:

La gente se comporta racionalmente y por eso hacen X (para casi todo X)

La gente no actúa porque no tiene información y por eso cuando son informados… siguen sin actuar

Tú mismo dices que tal actividad o persona son tu prioridad y no le dedicas casi nada de tu tiempo libre o energías

De hecho, si te atreves, te proponemos el duro juego de confrontar lo que dices de las cosas, lo que piensas de ti mismo con lo que haces… pero siéntate antes.

Quizá la solución sea LEER la vida, ESCUCHARLA, no imponerla nuestros preconceptos y prejuicios y después tratar de que case todo… porque no lo hará. O al menos, etiqueta tus prejuicios como revisables… por si las moscas.

Esto intentamos hacer en ciencia, LEER, MEDIR lo que la realidad dice e interpretarlo después, no antes. Además nuestras “verdades” son provisionales… para cuando aparezca algo que no cuadre.


No somos tan listos…

2 julio 2015

Podría hablaros de sesgos cognitivos, de falacias, de cultura, de anumerismo… pero paso.

Simplemente, observad un rato los anuncios y pensad.

– Si pagan una pasta por ponerlos es porque compramos gracias a ellos.

– Si compramos con ellos, este es el nivel intelectual/emocional de nuestra sociedad.

Escalofriante.

Os dejo que hay un perro o un erizo o un famoso que quiere contaros no sé qué mierdas.


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