Primer día de clase

28 agosto 2022

Todos los docentes nos preguntamos qué vamos a decirles el primer día.

Esto es lo que diré yo en los cursos de etapas obligatorias para su reflexión y, si queréis, para la vuestra.

(Me disculparéis algún typo o error, que voy a vuelapluma y en el teléfono… Y ya me parece mucho para estar de vacaciones 😜)

Aquí consideramos que CUALQUIER persona menor de dieciséis años debe poder recibir educación de calidad y gratuita, independientemente de sus condiciones económicas o sociales. Y así lo hemos puesto en las leyes.

Se ha pensado en qué conocimientos y habilidades son las que debería tener cualquier ciudadano (porque eso es lo que sois) para llevar una vida plena, buena para él y su entorno. Desde el arte a la ingeniería, con especial hincapié en aquello que es muy difícil adquirir por cuenta propia.

Una vez hecho esto se ha seleccionado a especialistas en esas disciplinas.

Y este hecho tan importante es el que se va a concretar aquí, el cumplimiento y desarrollo del derecho a la educación.

Porque aquí no habéis venido a que os cuiden mientras vuestros padres trabajan, (aunque os cuidaremos) ni a divertiros a un local de ocio (aunque pasaremos algunos buenos ratos), esto es un lugar de estudio y aprendizaje, porque ese es vuestro derecho, poder formaros como personas más allá de la opinión o deseo de cualquiera, incluidos vuestros padres o vosotros mismos.

Yo soy el garante de ese derecho. En este momento estoy a cargo de esa función pública y tengo una protección personal y laboral para que nadie pueda interferir en ello.

No puede entrar cualquiera a interrumpir la clase o a decirme que no enseñe lo que debo enseñar. Comprenderéis entonces que el hecho de que la clase sea un ambiente seguro de trabajo no puede depender de que cualquier alumno tenga un mal día o no le apetezca dar clase. Así que si alguien tiene ese mal día intentaremos que entre en razón, pero ni la seguridad vuestra o mía, ni el derecho a la educación de todos puede quedar a la terquedad de nadie, por lo que usaré la autoridad que me han dado para defender esa seguridad y derecho. Ojalá pueda hacerse siempre por «las buenas», pero eso no lo puedo elegir yo, puedo intentarlo, pero tienen que querer entrar en razón. Lo que sí elijo y es parte de mi trabajo es garantizar los derechos.

Con suerte estas ocasiones serán las menos, sobre todo cuando tenemos ya en mente lo dicho. Eso nos llevará, de hecho, a un ambiente más relajado en el que nos sabemos seguros y tenemos un propósito.

Como os decía habéis venido a aprender, no a ver que ya sabéis o a elegir solo a aquellos con talento, quedando los demás condenados a no avanzar.

Cada uno tiene un camino y un ritmo, aunque os pediremos trabajo y conseguir unos mínimos.

Esa es la palabra, trabajo. Tanto los que tienen más talento como los que tienen menos se benefician del trabajo pudiendo llegar más lejos.

Ya sabéis que hay cosas que no requieren de especial talento como llegar puntual, entregar los trabajos en su día o en el formato pedido, y esas cosas se exigirán. Para las demás, las que necesitan de haber avanzado en la materia, os daremos las pautas y el tiempo para llegar allí desde donde estáis. Pero esos pasos tenéis que recorrerlos vosotros. Podemos poner el plato en la mesa, incluso llevar la cuchara a la boca, pero masticar y digerir es tu responsabilidad.

Para esta labor están principalmente las horas de clase, en las que vuestra atención y trabajo os harán avanzar, y quizá, unas veces más que otras, necesiten de cierto repaso, refuerzo o estudio en casa, que intentaremos que sea el menor posible. Probablemente tú sabrás mejor que nadie en qué casos necesitas ese extra.

Finalmente es mi obligación comprobar que vuestro aprendizaje se ha producido y para eso está la evaluación. A grandes rasgos pensad que todo lo que hagamos «cuenta», que dedicaremos más tiempo a lo más importante y que esas cosas se reflejarán en la nota, también según su importancia. Es posible que os sea de más utilidad concentraros en aprender en lugar de obsesionaros con «qué décima vale cada cosa» (algo de la que también seréis informados).

Terminaré no obviando lo que todos sabéis, que hay gente que se esfuerza, que estudia y que no consigue nada y al revés, quienes por su familia, posición o suerte tienen grandes logros sin esfuerzo.

Probablemente ninguno aquí es rico, tiene rentas, contactos, acceso a crédito o talentos especiales… Por eso, lo que nos queda a los demás ha sido y es el trabajo y el esfuerzo, en la vida personal, y la lucha en lo social para que estas injusticias cambien.

Repito, el esfuerzo no asegura un gran éxito… pero suele rendir beneficios. Valga esto para defender el trabajo sin «fliparse» y no solo porque sea la mejor opción en tanto que única.

Si no tenéis preguntas, EMPEZAMOS..


¿Quién vende tus datos? Uso de alias en Gmail

27 septiembre 2021

Me entero por Iñaki, aka @Enchufa2, de que puede usarse un truco sencillo para trazar quien está pasando tu dirección de correo para publicidad.

Se trata de lo que en Gmail llaman ”alias” y es tan sencillo como añadir un +loquesea a tu dirección de correo. De tal forma que si te registras en Hormigones Manuel como tuUsuario+HormigonesManuel@gmail.com cuando te llegue algún correo con esa dirección ya sabes que la consiguieron a través de ellos.

También puede usarse para filtrar correos, si les añades ”facturas”, ”trabajo”, etc.


Yo quiero esperar mi turno

3 agosto 2021

Quiero ir y ponerme en la fila, porque no sé lo que les pasa a los de antes.

Quiero solicitar lo que creo que me corresponde y aceptar el dictamen de quien conoce mejor que yo esos problemas y soluciones.

Quiero NO ser atendido antes por ser insistente ni después por ser tímido o paciente.

Quiero vivir en un sistema de derecho donde cada uno reciba según sus necesidades.

Porque si no viviremos de nuevo en clases, «los conectados», «los pesados», «los que dominan la burocracia»… y los demás.

Pero el mundo parece que va en otro sentido…

Y yo sigo sin aprenderlo.

Querría ser un buen vasallo… si hubiera buen señor.

¿Crees que tú estarás en una posición en ese mundo de «avispados»?


Individualismo espiritual

1 agosto 2021

Detalles, matices, precisiones… palabras que suelen significar algo pequeño y de poca repercusión, pero que no suele considerarse así por quien lo hace. Hoy seré yo quien los haga, pensando sobre todo en la repercusión.

Recordemos aquello del efecto mariposa en los sistemas caóticos: el batido de las alas de una mariposa puede provocar a la larga una tormenta en el otro extremo del mundo. Si me aceptáis la metáfora, pequeñas ideas pueden desencadenar importantes consecuencias.

Vayamos con el título. Me da la impresión de que actitudes o ideologías que conocemos bien en lo material se esconden en una versión «espiritual» para seguir con su pernicioso efecto mientras pasan desapercibidas. Un ejemplo muy claro es lo que llamo «materialismo espiritual». Cualquier persona medianamente ética no considerará mejor a quien tenga más dinero o posesiones que otra, en cambio sí que vemos, con no poca frecuencia, como quien tiene más conocimientos, más CI o más talentos se siente superior a los demás. Y no me refiero a mejor en su disciplina, que sería una obviedad, sino en tanto que persona. Vaya, el clasismo de siempre.

Los educadores tenemos un problema grave al intentar conjugar impulsar a nuestros educandos con darles una descripción adecuada del mundo, porque esto último es a menudo descorazonador.

En mi opinión la solución pasa por servir a la verdad, ya que bonitas frases como «El tiempo pone a cada uno en su sitio», «Si te esfuerzas lo conseguirás» se muestran como falsas a corto o medio plazo. Tirar por contrario: «Da igual lo que hagas, todo es suerte», «Siempre ganan los mismos» «Las cosas son así», además de ser paralizantes tampoco son del todo ciertas.

A mis alumnos, clase trabajadora, les digo: Si no tienes patrimonio, rentas, acceso a crédito, contactos o talentos muy especiales… la única baza que te queda es el esfuerzo y el trabajo. De esta forma no pongo al esfuerzo como la panacea sino como la mejor opción, en tanto que única, explicándoles que mejora sus probabilidades de éxito sin garantizarlas.

¿Triste? Quizá. ¿Verdad? Seguro. ¿Alguno trabajaría más apoyado en una mentira como el niño que se come la sopa para que no le rapte el Hombre del saco? Probablemente, pero mi compromiso es con la verdad, y ellos saben que pueden acudir a mí para oír lo que me parece más cierto. En el largo plazo, a mi entender, más educativo. Lo mismo para vosotros, queridos lectores, creo que es lo que venís a buscar aquí.

Llegados a este punto, ¿a qué me refiero con el individualismo espiritual?

Pues a la actitud de que mis emociones y mi forma de encarar los problemas son la clave para su solución.

A mí me parece estupendo que creas que eres el Neo de Matrix y que con tu pensamiento y actitud puedas parar las balas, pero ojo, lo que determina que seas Neo no es que te lo creas, es que las balas se paren. Como decía aquí, lo único que los científicos le pedimos a los milagros es que ocurran.

Hasta el momento en que seas capaz de transformar de forma efectiva la realidad con solo desearlo, tu actitud positiva ante un despido o un cáncer no los solucionará. De hecho lo que puede ponerles alguna solución o el completo remedio será una ley laboral, los tribunales, los sindicatos y el sistema sanitario. Si te fijas, algo que tienen en común todas estas cosas es su carácter sistémico y colectivo.

Los ciudadanos llevamos a cabo acciones y tenemos responsabilidades tanto individuales como colectivas. De hecho, no son conjuntos disjuntos, casi todas las acciones que tomamos tienen influencia en otros y, por lo tanto, en la comunidad.

El problema aquí surge cuando desistimos de la acción política de manera deliberada por entender que es «juego político», «debates artificiales», «peleas de poder», o directamente alegando nuestra falta de interés en esos temas.. aunque justo después salgamos a andar por la acera cuyo trazado, construcción y mantenimiento dependen directamente de esa política que se desprecia. A menudo esta desafección se viste de cierta «pureza», de estar por encima de estas cosas, en un acto de ignorancia similar al que desprecia campos completos de conocimiento dándoselas de intelectual (aquello de «es que soy de ciencias/letras»).

No hay actitud posible que ayude al tratamiento de tu cáncer… si no te lo aplican porque no hay sanidad pública y la privada no la puedes pagar. No hay actitud que te haga trabajar mejor… si no tienes trabajo en el que aplicarla. No puedes decidir cómo llevar a cabo tu tarea de manera profesional y ética si te imponen una ley que lo impida.

No puedes multiplicar panes y peces o resucitar muertos. Tú no. Al menos, por ahora. Si vieras a alguien que lo pretende sin ser capaz le tildarías de loco… pero se parece mucho a lo que hace quien niega lo político, lo común.

No hay manera posible de salir solo de todo, particularmente de lo más grave. Tú no. Yo tampoco. Juntos… quizá.

Como en el caso del esfuerzo, es lo único que está en nuestra mano intentar.

Ya incidía sobre esto en estas entrada que quizá quieras leer.

La certeza de la incertidumbre

Buenrollismo y calmantes


Con dos raspas no comen cincuenta

28 julio 2021

Digo mucho esta frase y es algo que me entristece. La necesidad de repetir lo (que debería) ser obvio es un signo de malos tiempos.

Hoy viene a cuento de una falacia que nos rodea, más aún dada la crisis sanitaria y el incremento de la desigualdad que se produce y se profundizará, como ocurre en todas las crisis.

Los que hemos tratado mucho con las matemáticas sabemos del «poder» de las premisas, los principios, lo que aceptas como cierto e indiscutible para desarrollar consecuencias a partir de ahí. De hecho, sabemos que si introduces una premisa «falsa» derivará resultados absurdos. Como el que trata de cocinar con alimentos en mal estado, por muy depurada que sea su técnica como cocinero.

En lo social creo que pasa más desapercibido y es labor principal del manipulador hacerte creer en lo inmutable de sus postulados para hacerte comulgar con las ruedas de molino de sus objetivos.

Como ciudadanos deberíamos tomarnos esos «objetivos» o conclusiones finales como una prueba de reducción al absurdo y despreciar las asunciones previas.

Por ejemplo, que en la Cañada Real hayan estado meses sin electricidad, en pleno invierno y con familias, menores, lactantes.. debería ser prueba suficiente de que las premisas o el razonamiento que llevan ahí son perversos. No podemos concluir la justicia o inevitabilidad de que un bebé pase frío, ¿no? Supongo que con tus bebés lo tienes más claro.

Vienen tiempos donde el mantra «no hay dinero» nos llevará a tragar con recortes de los derechos más fundamentales.. a la vez que convivirá con rescates a empresas de amiguetes, saqueo, despilfarro y boato.

Aceptar que tienes que atender un centro de salud con la mitad de personal o a cientos de alumnos «personalizadamente» es rendirse a ser puros gestores de la precariedad, es perder la pelea antes de empezarla, porque con dos raspas con comen cincuenta.

La batalla hay que darla antes, y está en los recursos. Es cierto que con muchos recursos puede que se dé un mal servicio, pero con pocos es seguro.

Cada paso que retrocedemos en un día cuesta años recuperarlo, pensemos y defendamos lo que no debe ser pedido, porque ya se ha conseguido, ya es ley. Debe ser, por tanto, reclamado y exigido.


Si vas a enseñar hazte estas dos preguntas

20 julio 2021

1. ¿Para qué?

2. ¿A costa de qué?

Antes de lanzarte a montar algo piensa en si las respuestas te satisfacen y, una vez finalizado, piensa si ha funcionado como pensabas.

Difícil que encuentres algo más corto y más útil.

¡A seguir disfrutando las vacaciones, profes!

P.S.: ¿Y si te haces esas mismas preguntas en otros ámbitos? Eso ya bajo tu responsabilidad.


No era el momento, ¿lo es ahora?

8 diciembre 2020

Al principio de este curso, al que se llegó sin la previsión suficiente por parte de la administración, se llamó a que nos plantáramos y exigiéramos las condiciones adecuadas para poder dar este servicio esencial: seguridad sanitaria, al menos la misma que en otros trabajos, condiciones de temperatura adecuada, presencialidad, profesores suficientes, horario adecuado, etc.

Se convocaron huelgas, pero muchos profesores dijeron que no era el momento y lo dejaron pasar.

En estas vacaciones espero que descanséis mucho, pero quizá también es el momento de hacer una reflexión de dónde estamos y qué podemos esperar de la «evolución natural» de las circunstancias, teniendo en cuenta el comportamiento de la administración.

¿Cómo estamos?

Sanitariamente, según a quien se lea. Así que hablemos de hechos.

Se ha redefinido el término «contacto estrecho» en la escuela, en el exterior es haber pasado más de quince minutos a menos de dos metros sin que la protección (mascarilla) haya sido la suficiente, o incluso así. En los centros educativos esto no es así. No se nos considera contacto estrecho de un alumno infectado al que le has estado dando clases de cincuenta minutos, quizá más de una hora por semana.

No se hacen las mismas PCR que en otros ámbitos. Quizá conclusión de la redefinición de contacto estrecho, pero esto incide en que se van a detectar menos «focos». Un alumno tuyo es asíntomático, no se te notifica, tu familia empieza a tener síntomas, pero esto no se anotará como que ha ocurrido en los colegios.

Dicho esto, los brotes «contabilizados» en los centros educativos no estuvieron por debajo de la media… ni en la media. En octubre se publicaron datos oficiales donde era el tercer lugar con más contagios.

Así que sanitariamente, no estamos bien.

¿Educativamente?

En fin, ¿qué deciros? ¿Por qué no hechos?

  • No se han cubierto todos los puestos de trabajo hasta meses después.
  • No se han cubierto bajas de profesores
  • La semipresencialidad se ha extendido desde cursos obligatorios, como tercero de la ESO, hasta incluso segundo de bachillerato.

Ya tenéis los resultados de la evaluación. ¿Qué tal han trabajado los chavales en casa, incluso los mayores? ¿Qué tal los que necesitaban más ayuda? ¿Qué tal los resultados? Y no me refiero a los que nos han pedido explícitamente que maquillemos desde la administración (digo, que seamos comprensivos), me refiero a si han aprendido o no.

¿Laboralmente?

¿Qué tal los equipos prometidos? ¿Qué tal el volumen de trabajo? ¿Qué tal la semipresencialidad? Un descanso, ¿verdad?

¿Vuestra seguridad como trabajadores? ¿Condiciones de trabajo? ¿Pensáis que estáis seguros? ¿Las personas de riesgo por edad o patologías? ¿Qué tal el fresquito? Os recuerdo que es ilegal trabajar por debajo de 17º en una oficina según el RD 486/1997.

¿Ahora qué?

¿Qué hacemos después de Reyes? ¿Volvemos a esto? ¿A algo peor? ¿No es el momento? ¿Recuerdas ante de la pandemia que hubiera alguna actitud de revertir los recortes? ¿Cuándo es el momento? Para la administración yo ya he entendido que nunca, pero, ¿para nosotros?

Cuando uno pierde una oportunidad, y nosotros hemos perdido muchas, ya nunca será el mejor momento, pero puede ser el segundo mejor momento, o el tercero o el cuarto, o el puto borde del precipicio. No sé si te das cuenta, pero el servicio está a punto de estar herido de muerte para siempre o para unas décadas.

¿Podría ser el segundo mejor momento a la vuelta? ¿Exigir que se pongan las pilas y doten al servicio de lo necesario para poder darlo? ¿Nuestra dignidad como trabajadores?

Sólo os pido que entre cachito de turrón barato y trocito de mazapán a granel, mientras os calentáis después de estas semanas de pasar frío en el aula, le dediquéis un momento a pensar:

  • El servicio está en peligro.
  • Nuestro puesto de trabajo es insalubre por contagio y por temperatura.
  • Nuestras condiciones no se han recuperado desde los recortes, horas lectivas y carga docente.
  • (Sobre todo los funcionarios) Tenemos protección laboral para movilizarnos sin poner en juego el puesto de trabajo. Otros trabajadores lo hacen jugándose mucho más.
  • Hay un sistema de adelantos de nómina a devolver en plazos que podría ayudar a mantener una movilización prolongada lo necesario para ser efectiva.

La importancia de lo nimio

3 octubre 2020
Frutería en La Boquería

Fuente

Ya sabéis lo mucho que se repite que hay trabajos para los que la vocación es casi un requisito. Por ejemplo, los sanitarios o educadores. Y también sabéis lo frecuentemente que esa etiqueta supone más una herramienta para el abuso laboral que una forma de ensalzar la profesión.

Y cada día me gusta menos.

Me da la impresión de que apunta al clasismo profesional e intelectual de siempre: hay trabajos importantes… y otros que lo son menos. Difícil sustraerse a este sesgo con el que nos han criado a todos.

En esta sociedad moderna donde los roles y las actividades están tan especializadas, la verdad es que somos muy interdependientes. Yo dedico toda mi jornada a enseñar a tus muchachos, así que no me ocupo en absoluto de cómo conseguir que una mandarina acabe en mi mesa, simplemente bajo a la frutería y allí la compro. No tengo un huerto, no crío gallinas, no trabajo la tierra, no construyo muebles… sólo enseño a tus muchachos. De hecho, no hay espacio físico en la ciudad para producir el alimento suficiente para todos los que a habitamos.

De hecho, tampoco tengo un pozo ni un generador. En mi casa hay unos agujeritos en la pared de los que brotan agua, gas y electricidad.

Soy completamente dependiente de las redes de producción y distribución de bienes tan básicos como el pan y el agua. Mi frutero se levanta casi cuando me acuesto yo y se va al mercado central a por mi ración de mandarinas, pero es muy probable que mi trabajo se pusiera por delante del suyo en «importancia», diría yo que atendiendo más bien a la sofisticación de la formación que me exigen para desempeñarlo.

Creo que ninguneamos gran parte de la estructura que soporta nuestra vida y trabajos «importantes». Limpieza, seguridad, redes de distribución de bienes y energía, recogida de basuras… cosas que nos harían colapsar en pocos días si dejasen de funcionar. Algo que no pasa con mi actividad, por ejemplo.

Así, diría que ninguneamos algo que damos por hecho, pero que nos salva el culo cada segundo que pasa. Por poneros otro ejemplo, cuando yo era chaval, el teléfono, la cocina y el calentador de agua caliente no necesitaban electricidad, así que, cuando había un apagón, todos ellos seguían funcionando. ¿Habéis pensado lo dependientes que somos de la electricidad y lo mucho que damos por hecho su provisión continua?

Pero también ninguneamos otros servicios que nos sacan de muchos apuros cuando se desempeñan con profesionalidad o incluso con un pelín de cariño extra. ¿Nunca os ha sacado de un tremendo apuro un «funcionario de ventanilla», trabajo popularmente despreciado y ejemplo de empleo «gris»?

Creo que la cuestión es que todos los servicios al final se le dan a las PERSONAS y por eso nos hacen mucho bien o nos ponen la vida patas arriba cuando nos fallan. Quizá esa «importancia» tenga que ver con lo precaria que sea tu situación (o que la percibas) y eso es más fácil de ver cuando estás enfermo o se ocupan de tu hijo en el colegio que cuando abres un grifo o cuando alguien consiguió que se pagara tu nómina a tiempo.

Así que dedicamos este post a tantas personas que hacen que mi vida sea posible, desde muchos ámbitos distintos. No dejéis que el desprecio general os convenza de lo inútil de vuestra labor. Insisto, los servicios acaban siempre en las personas, y algunos sabemos el bien que nos hacéis con vuestra profesionalidad y cariño.


La ilusión de control, ¿enemigo o aliado?

3 noviembre 2019

Fuente: Wikipedia

Ya hemos hablado mucho de los sesgos cognitivos y es típico que se etiqueten como «errores» o como en el enlace: «juicios inexactos o distorsiones», aunque a mí me gusta mucho más otro término: ATAJO.

Los sesgos cognitivos son juicios rápidos usando información incompleta o posiblemente inexacta. Son un desastre… digo, una NECESIDAD.

Os pongo un ejemplo:

  • ¿Quieres salir conmigo? RESPONDE AQUÍ Y AHORA.

Esto… no sé. ¿Eres buena gente o sólo lo pareces? ¿Tienes un armario lleno de cadáveres o de tortillas? ¿Somos compatibles? ¿Morirás mañana? No puedo SABER la respuesta a esa pregunta. Es imposible decidir adecuadamente.

Pero TENGO que responder ahora. Si no lo hago la respuesta es NO, y entonces ya no estoy decidiendo, estoy dejando que las cosas sucedan.

Otro ejemplo:

  • ¿Esto se come o me va a comer a mí?

De nuevo, respuesta inmediata, ya. Puede que me muera de hambre o que me coman.

(Si eres estudiante -o profesor- igual te apetece leer Te jodes y decides)

Nuestra máquina de pensar ha evolucionado por la presión de la selección natural, lo que significa: sobrevivir lo suficiente para pasar tus genes.

Y, como ya debierais saber:

Tener razón no siempre resulta evolutivamente favorable

Hace años me dijo una amiga: Espera, no entres en ese cruce, exigiendo tu preferencia, a las dos de la mañana, quizá seas el único conductor que no va borracho. Frase que me recuerda esta otra: El cementerio está lleno de gente que tenía razón.

Así que, el exceso de prudencia, o incluso ser miedoso, han podido tener un efecto «protector» para nuestro bagaje genético, por muy absurdo que ahora sea dar un brinco cada vez que cruje la madera de tus muebles.

De la misma forma, un comportamiento borreguil… estoooo, quiero decir, dejarse influir demasiado por la presión del grupo, puede haber sido también un elemento protector al mantenernos en la tribu, a salvo de un entorno demasiado hostil para un individuo de nuestra especie en solitario.

Pero vayamos al sesgo con el que titulábamos: La ilusión de control. Me gusta analizarlo en dos vertientes.

  1. Pensar que tomando acciones presentes puedo controlar el futuro
  2. Concluir que las circunstancias presentes son consecuencia de mis acciones pasadas.

Estas dos ideas son tremendamente y aterradoramente falsas, sobre todo en su acepción fuerte, que es como suelen entenderse.

No podemos controlar el futuro, hay múltiples factores y agentes influyendo en cualquier situación, incluido el azar.

Esto que acabo de decir es una obviedad, pero lo que no suele contemplarse es que muchos de ellos, por sí solos e independientemente de cómo de propicios sean los demás, pueden decantar el futuro en una dirección u otra.

No pensamos en ello porque quizá es aterrador. Convivir con la incertidumbre no es nada fácil y lo más frecuente es que se ignore o se niegue.

Muchos se preguntan: ¿Para qué voy a hacer nada, si puede pasar cualquier cosa?

En la segunda acepción también encontramos cierta «paz», a la par que vuelve a invitarnos a la acción:

  • Si lo que sufro fue por algo que hice o dejé de hacer, puedo evitarlo en el futuro.
  • Si lo que disfruto fue por algo que hice o dejé de hacer, puedo conseguirlo de nuevo, o mantenerlo.

Así que la ilusión de control nos mueve a la acción… pero, Panadero nuestro, ¿no nos has dicho que la acción es «inútil»?

No, querido lector imaginario, he dicho que hay muchos factores y agentes… y resulta que TÚ eres uno de esos agentes.

Una vez más serán las matemáticas las que nos saquen del apuro, en este caso las no suficientemente valoradas probabilidad y estadística.

Efectivamente puede pasar cualquier cosa, y hay hechos que se deciden azarosamente… pero no todos los futuros son igualmente probables.

No puedo «obligar» un resultado, pero puedo aumentar su probabilidad.

Por poner un ejemplo común. La educación y la formación no aseguran el empleo ni que tengas uno mejor pagado (todos conocemos contraejemplos), pero sí mejoran muy sensiblemente la probabilidad de que eso ocurra, por lo que es una medida inteligente tomar ese camino. Busquen datos, si dudan.

A veces cuesta mucho entender esto, porque una vez que la cosa ocurre, ha ocurrido al «cien por cien», más allá de lo probable o improbable que fuera. La falta de conocimiento estadístico nos hace pensar que ir con casco o sin él en una moto es equivalente en cuestión de peligrosidad, y NO lo es.

De esta forma, cabalgar la incertidumbre, como me gusta decir, es la única manera razonable de vivir.

No puedo forzar a que me toque un sorteo, pero puedo comprar papeletas.

El esfuerzo personal en nuestro ámbito de acción es lo único que podemos hacer, lo único que puede exigírsenos… y lo único que les queda a los que no tenemos talentos especiales, patrimonio, acceso a crédito o contactos.

Rendirse a la impredicibilidad de la vida, en lo bueno y en lo malo, entender que lo que nos sucede puede no ser culpa o mérito nuestro, es además de una fuente de serenidad, a mi parecer, un justo juicio de lo que las cosas son.

Será frecuente quien sepa encontrar excusas para evitar esa «culpa»… a veces negando su responsabilidad evidente, pero, mucho menos frecuente es quien sabe ver la falta de proporcionalidad o la falta de relación causal necesaria entre sus méritos/esfuerzo y el resultado obtenido.

¿Cómo no establecer un nexo entre lo mucho que me lo «curré» y que saliera cojonudamente? ¿Quieres decir que es mentira que me esforcé?

Así, queridos lectores, sólo nos queda concluir que la ilusión de control ha sido, efectivamente un buen amigo que nos ha llevado muy lejos, pero con engaños, un progenitor que nos hizo tomar la sopa para que no viniera el coco, pero ya somos mayores. Pensemos entonces, ¿estamos preparados para aceptar la verdad? Es tan simple como terrible, pero quizá en la aceptación de lo inevitable esté la tan buscada serenidad.

Hagamos lo que podamos porque es lo único que podemos hacer.


¿Por qué aplaudes? El mediocre del que hablan, eres tú

8 septiembre 2019

Hace pocos días apareció un artículo criticando la mediocridad que fue muy aplaudido y compartido en redes.

Es curioso que nadie se siente aludido, cuando la inmensa mayoría, por pura estadística, no podemos ser otra cosa que mediocres. Así que, queridos, estaba hablando de nosotros, y no demasiado bien.

Supongo que, ahora sí, miráis con el ceño fruncido al bufón que dice la verdad descarnada, pero si me tenéis un poco de paciencia creo que nos entenderemos.

Desde el punto de vista absoluto, no somos excelentes, eso es algo tremendamente escaso. No te tropiezas en el metro todos los días con Cervantes y Cajales.

Tampoco es cierto que todo el mundo sea excepcional en algo, en cambio, lo que sí que es cierto, es que todo el mundo es mediocre en la mayoría de las cosas, incluidos aquellos que destacan en alguna actividad.

Sin embargo, desde el punto de vista relativo, se viven enormes proezas a diario. Todos estamos en nuestra frontera particular en cada campo luchando por ganar unos metros. Desde un niño que intenta colorear «sin salirse» al deportista que busca mejorar su marca personal (por poco competitiva que sea comparada con el record mundial).

Estas aventuras, estas hazañas, estas emociones que suceden en «La zona intermedia» son la pura representación de lo que es ser humano, en toda su pluralidad y diversidad. Quien quiera negar eso, se niega a sí mismo.

Ese es uno de los graves defectos de ese artículo, aplicar con carácter negativo el adjetivo «mediocre» sobre los resultados y no sobre los procesos. Ese sandwich mixto que critica (una de mis cenas favoritas) puede ser una gesta culinaria de un niño que esté aprendiendo a cocinar.

Otro defecto es aludir de forma implícita a un pasado mítico. En este caso, donde todo estaba en manos de gente de maestría incomparable. Se parece a cuando te dicen que te imagines en la Edad Media, y te ves como un príncipe, caballero, erudito… no como un siervo viviendo media vida. Y ese es tu lugar, querido mediocre, el correspondiente al nivel de la escala social a la que perteneces hoy.

Las cifras nos dicen lo contrario: nunca ha habido más cultura, libertad o salud y, sobre todo, accesible a más gente.

Y el gran error final es no darse cuenta de que las ideas: «Estamos mejor que nunca» y «Aún no es suficiente» no son contradictorias.

Disfruten de sus aventuras en la Zona Intermedia, celebren sus logros y no renuncien a ser mejores. Así de sencillo, queridos mediocres… ¡y a mucha honra!


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