La ilusión de control, ¿enemigo o aliado?

3 noviembre 2019

Fuente: Wikipedia

Ya hemos hablado mucho de los sesgos cognitivos y es típico que se etiqueten como “errores” o como en el enlace: “juicios inexactos o distorsiones”, aunque a mí me gusta mucho más otro término: ATAJO.

Los sesgos cognitivos son juicios rápidos usando información incompleta o posiblemente inexacta. Son un desastre… digo, una NECESIDAD.

Os pongo un ejemplo:

  • ¿Quieres salir conmigo? RESPONDE AQUÍ Y AHORA.

Esto… no sé. ¿Eres buena gente o sólo lo pareces? ¿Tienes un armario lleno de cadáveres o de tortillas? ¿Somos compatibles? ¿Morirás mañana? No puedo SABER la respuesta a esa pregunta. Es imposible decidir adecuadamente.

Pero TENGO que responder ahora. Si no lo hago la respuesta es NO, y entonces ya no estoy decidiendo, estoy dejando que las cosas sucedan.

Otro ejemplo:

  • ¿Esto se come o me va a comer a mí?

De nuevo, respuesta inmediata, ya. Puede que me muera de hambre o que me coman.

(Si eres estudiante -o profesor- igual te apetece leer Te jodes y decides)

Nuestra máquina de pensar ha evolucionado por la presión de la selección natural, lo que significa: sobrevivir lo suficiente para pasar tus genes.

Y, como ya debierais saber:

Tener razón no siempre resulta evolutivamente favorable

Hace años me dijo una amiga: Espera, no entres en ese cruce, exigiendo tu preferencia, a las dos de la mañana, quizá seas el único conductor que no va borracho. Frase que me recuerda esta otra: El cementerio está lleno de gente que tenía razón.

Así que, el exceso de prudencia, o incluso ser miedoso, han podido tener un efecto “protector” para nuestro bagaje genético, por muy absurdo que ahora sea dar un brinco cada vez que cruje la madera de tus muebles.

De la misma forma, un comportamiento borreguil… estoooo, quiero decir, dejarse influir demasiado por la presión del grupo, puede haber sido también un elemento protector al mantenernos en la tribu, a salvo de un entorno demasiado hostil para un individuo de nuestra especie en solitario.

Pero vayamos al sesgo con el que titulábamos: La ilusión de control. Me gusta analizarlo en dos vertientes.

  1. Pensar que tomando acciones presentes puedo controlar el futuro
  2. Concluir que las circunstancias presentes son consecuencia de mis acciones pasadas.

Estas dos ideas son tremendamente y aterradoramente falsas, sobre todo en su acepción fuerte, que es como suelen entenderse.

No podemos controlar el futuro, hay múltiples factores y agentes influyendo en cualquier situación, incluido el azar.

Esto que acabo de decir es una obviedad, pero lo que no suele contemplarse es que muchos de ellos, por sí solos e independientemente de cómo de propicios sean los demás, pueden decantar el futuro en una dirección u otra.

No pensamos en ello porque quizá es aterrador. Convivir con la incertidumbre no es nada fácil y lo más frecuente es que se ignore o se niegue.

Muchos se preguntan: ¿Para qué voy a hacer nada, si puede pasar cualquier cosa?

En la segunda acepción también encontramos cierta “paz”, a la par que vuelve a invitarnos a la acción:

  • Si lo que sufro fue por algo que hice o dejé de hacer, puedo evitarlo en el futuro.
  • Si lo que disfruto fue por algo que hice o dejé de hacer, puedo conseguirlo de nuevo, o mantenerlo.

Así que la ilusión de control nos mueve a la acción… pero, Panadero nuestro, ¿no nos has dicho que la acción es “inútil”?

No, querido lector imaginario, he dicho que hay muchos factores y agentes… y resulta que TÚ eres uno de esos agentes.

Una vez más serán las matemáticas las que nos saquen del apuro, en este caso las no suficientemente valoradas probabilidad y estadística.

Efectivamente puede pasar cualquier cosa, y hay hechos que se deciden azarosamente… pero no todos los futuros son igualmente probables.

No puedo “obligar” un resultado, pero puedo aumentar su probabilidad.

Por poner un ejemplo común. La educación y la formación no aseguran el empleo ni que tengas uno mejor pagado (todos conocemos contraejemplos), pero sí mejoran muy sensiblemente la probabilidad de que eso ocurra, por lo que es una medida inteligente tomar ese camino. Busquen datos, si dudan.

A veces cuesta mucho entender esto, porque una vez que la cosa ocurre, ha ocurrido al “cien por cien”, más allá de lo probable o improbable que fuera. La falta de conocimiento estadístico nos hace pensar que ir con casco o sin él en una moto es equivalente en cuestión de peligrosidad, y NO lo es.

De esta forma, cabalgar la incertidumbre, como me gusta decir, es la única manera razonable de vivir.

No puedo forzar a que me toque un sorteo, pero puedo comprar papeletas.

El esfuerzo personal en nuestro ámbito de acción es lo único que podemos hacer, lo único que puede exigírsenos… y lo único que les queda a los que no tenemos talentos especiales, patrimonio, acceso a crédito o contactos.

Rendirse a la impredicibilidad de la vida, en lo bueno y en lo malo, entender que lo que nos sucede puede no ser culpa o mérito nuestro, es además de una fuente de serenidad, a mi parecer, un justo juicio de lo que las cosas son.

Será frecuente quien sepa encontrar excusas para evitar esa “culpa”… a veces negando su responsabilidad evidente, pero, mucho menos frecuente es quien sabe ver la falta de proporcionalidad o la falta de relación causal necesaria entre sus méritos/esfuerzo y el resultado obtenido.

¿Cómo no establecer un nexo entre lo mucho que me lo “curré” y que saliera cojonudamente? ¿Quieres decir que es mentira que me esforcé?

Así, queridos lectores, sólo nos queda concluir que la ilusión de control ha sido, efectivamente un buen amigo que nos ha llevado muy lejos, pero con engaños, un progenitor que nos hizo tomar la sopa para que no viniera el coco, pero ya somos mayores. Pensemos entonces, ¿estamos preparados para aceptar la verdad? Es tan simple como terrible, pero quizá en la aceptación de lo inevitable esté la tan buscada serenidad.

Hagamos lo que podamos porque es lo único que podemos hacer.


¿Por qué aplaudes? El mediocre del que hablan, eres tú

8 septiembre 2019

Hace pocos días apareció un artículo criticando la mediocridad que fue muy aplaudido y compartido en redes.

Es curioso que nadie se siente aludido, cuando la inmensa mayoría, por pura estadística, no podemos ser otra cosa que mediocres. Así que, queridos, estaba hablando de nosotros, y no demasiado bien.

Supongo que, ahora sí, miráis con el ceño fruncido al bufón que dice la verdad descarnada, pero si me tenéis un poco de paciencia creo que nos entenderemos.

Desde el punto de vista absoluto, no somos excelentes, eso es algo tremendamente escaso. No te tropiezas en el metro todos los días con Cervantes y Cajales.

Tampoco es cierto que todo el mundo sea excepcional en algo, en cambio, lo que sí que es cierto, es que todo el mundo es mediocre en la mayoría de las cosas, incluidos aquellos que destacan en alguna actividad.

Sin embargo, desde el punto de vista relativo, se viven enormes proezas a diario. Todos estamos en nuestra frontera particular en cada campo luchando por ganar unos metros. Desde un niño que intenta colorear “sin salirse” al deportista que busca mejorar su marca personal (por poco competitiva que sea comparada con el record mundial).

Estas aventuras, estas hazañas, estas emociones que suceden en “La zona intermedia” son la pura representación de lo que es ser humano, en toda su pluralidad y diversidad. Quien quiera negar eso, se niega a sí mismo.

Ese es uno de los graves defectos de ese artículo, aplicar con carácter negativo el adjetivo “mediocre” sobre los resultados y no sobre los procesos. Ese sandwich mixto que critica (una de mis cenas favoritas) puede ser una gesta culinaria de un niño que esté aprendiendo a cocinar.

Otro defecto es aludir de forma implícita a un pasado mítico. En este caso, donde todo estaba en manos de gente de maestría incomparable. Se parece a cuando te dicen que te imagines en la Edad Media, y te ves como un príncipe, caballero, erudito… no como un siervo viviendo media vida. Y ese es tu lugar, querido mediocre, el correspondiente al nivel de la escala social a la que perteneces hoy.

Las cifras nos dicen lo contrario: nunca ha habido más cultura, libertad o salud y, sobre todo, accesible a más gente.

Y el gran error final es no darse cuenta de que las ideas: “Estamos mejor que nunca” y “Aún no es suficiente” no son contradictorias.

Disfruten de sus aventuras en la Zona Intermedia, celebren sus logros y no renuncien a ser mejores. Así de sencillo, queridos mediocres… ¡y a mucha honra!


¿Deben los profesores tener un comportamiento ejemplar??

6 julio 2019

Fuente: Wikipedia

En realidad, esta pregunta se suscita por otra más grave aún: ¿Cómo se enseña el Bien?

Creo que hay tantos intentos de responderla como escasos resultados en la práctica.

Muchos diréis que analizando o hablando sobre la empatía, poniendo a la gente físicamente en el lugar de otros más desfavorecidos, recibiendo ejemplos de bondad por parte de figuras como padres o maestros, o incluso la experiencia del dolor o la limitación en diversos grados.

Pero sabréis, como yo, que nada de eso asegura el resultado, incluso el paso por experiencias dolorosas, que pudieran activar la empatía, también produce seres amargados y vengativos contra “el mundo en general”.

Pero centrándonos en “dar ejemplo”, que es el título original del post, se nos presentan enormes problemas.

El primero es común a casi todas las disciplinas y es la creencia de que los razonamientos puramente formales producen conclusiones aplicables en lo concreto. Me explicaré.

“Un profesor debe vestir adecuadamente” parece una frase que cualquiera firmaría y tan llena de sabiduría que concluye el debate para satisfacción de todos… hasta que hay que concretar “qué me pongo”.

Lejos de ser una idea iluminada es un razonamiento circular: “Los profesores deben ponerse lo que deben ponerse”, y rinde homenaje a varios ex-presidentes de gobierno que hacían “lo que debía hacerse”. Este tipo de expresiones son, en realidad un intento de llamarnos lelos, que confirmamos al aceptarlas.

En ocasiones funcionan, porque hay un acuerdo concreto, no formal, preexistente. Por ejemplo, que haya que ir con corbata. Si todos los participantes ya han pactado esa cosa tan concreta de manera explícita o tácita, la frase formal no añade nada al acuerdo con el que ya contamos.

Pero, ay, cuando nos ponemos a concretar. Sólo hacen falta unos minutos para que andemos midiendo cuantos centímetros sobre la rodilla nos llegan las faldas o como de abiertas pueden ir las camisas. Unos momento y la imagen que te devolverá el espejo será la de un censor totalitario, un mojigato o un guardián de la fe.

Pasa igual en todos los campos. ¿Cuál es la exposición pública adecuada en redes sociales que debe tener un docente, respecto de su ideología política, identidad sexual, actividades fuera del trabajo?

Por supuesto, hablo más allá de las estupideces que se oyen sobre “no adoctrinar” en las que se niega nuestra obligación LEGAL de formar en el respeto a los derechos humanos o de los incumplimentos de la ley. Eso está fuera de discusión.

Me refiero a cosas como: ¿Es inadecuada…

… la militancia política explícita?

… la actuación no anónima en redes sociales sobre temas variados?

… que haga porno gótico por las tardes?

Todas ellas actividades DENTRO DE LA LEY y, en el caso de que se dé el acceso de menores a contenidos para adultos, no es la responsabilidad de los productores de esos contenidos, sino de los adultos a cargo de esos menores. Si unos chavales de doce años ven Pesadilla en Elm Street, no culparé de ello a Freddy Kruger, sino a sus tutores legales.

¿Hay “una moral” que pueda imponérseme más allá del respeto de la ley?

Los docentes que trabajan para organizaciones privadas se ven obligados a pasar por el aro, si quieren mantener el puesto de trabajo, pero esto no es un deber moral, sino el mismo instinto de supervivencia que tiene cualquier otro trabajador que traga para comer.

Pero no creo que nadie a estas alturas defienda que haya docentes que escondan su identidad sexual para que no les echen del colegio religioso, o que simulen estar casados por la iglesia, o que acudan (y lleven a sus alumnos) a actos religiosos para poder mantener los ingresos de los que vive su familia.

¿Habéis oído esta frase: “Claro, si enseñas las tetas en las redes es normal que los alumnos te digan cosas.”?

No, no es normal. No. Nadie tiene derecho a decirme nada sobre mi forma de vestir, de vivir la sexualidad o de comportarme (dentro de la ley) cuando no estoy en mi entorno de trabajo.

Está completamente fuera de lugar y es una falta de respeto que un chaval levante la mano en mi clase y pase a reírse del poco pelo que tengo en la cabeza o del mucho que tengo en el cuerpo (cosa que me hace un peluchín encantador, por cierto). Tampoco tiene ningún derecho a comentar que mis libros le parecen una puta mierda, o que mis películas góticas no son de su agrado.

Si alguien piensa que al ir sin sombrero estoy provocando esos comentarios y tienen derecho a hacerlos en cualquier entorno, se equivoca, y puede que alguna denuncia se lo aclare al que albergue dudas.

¿Os dais cuenta de lo cerca que están estas cosas de “se vestía así, iba provocando”, “ella se lo ha buscado”, “cómo va a ser violación, si era una puta (no puede elegir tener sexo o no)”, etc.?

Las actividades extralaborales son nuestra libertad, en ellas hacemos lo que nos parece, nadie tiene derecho a afeárnoslas o a comentarlas a su antojo en nuestro entorno de trabajo. Es un delito, es acoso laboral.

Que haya quien tenga un entorno laboral tan abusador que tenga que tragar,  que no olvide que está siendo abusado. No lo normalicemos.

Os recuerdo que el respeto no se “gana”, el respeto se EXIGE. Es un derecho.

Una amiga me ponía esta pega: “No se trata de si debes o no debes, si no de qué te facilita más tu trabajo”.

Pero esto es extremadamente peligroso, porque en un entorno desequilibrado y hostil, efectivamente me resulta más “cómodo” no decir nada si mi sexualidad no es “la normal”, o callar mis ideas políticas… o llevar burka.

Otra amiga decía: ¿Cómo podemos conseguir enseñarles que deben tener una actitud prudente en redes sociales si nosotros no la tenemos?

Interesante pregunta, pero vayamos un paso más arriba (ya sabéis cómo me gusta).

¿Debemos entonces alinear nuestras vidas con todo lo que enseñamos? De acuerdo. Empecemos entonces por comportamientos que acortan la esperanza de vida, vaya, que MATAN.

Espero que ningún docente consuma tabaco o alcohol, ni en el centro o sus proximidades (que es ilegal), pero tampoco en el resto de su vida. ¿Qué os parece? Un poco nazi, ¿verdad? Pues mirad, como ejemplo para los chavales peor que publicar “demasiado” tu vida en redes me parece llevar un comportamiento MORTAL.

Como os digo es un asunto extremadamente peliagudo, en el que, si no hay un consenso previo sobre “lo normal y bueno”, es necesario concretar, y ese es el momento en el que te conviertes en algo terrible.

Dicho esto y recordando (para algún comentarista despistado) que este que os habla es de las personas más coherentes que conozco (con mis luces y sombras) y que, como podrían atestiguar mis alumnos y compañeros, me oiréis decir las mismas cosas en clases, en claustros, en libros, en posts, en conferencias, en la radio o en la tele… NO puede exigirse ese “ejemplo debido”.

Así que, una vez más, en un estado de derecho no hay más moral exigible que la legal.


Que te den por culo. Sobre símbolos, referentes y falacias.

22 febrero 2018

“¡Que te den por culo, hijo de la gran puta!”

Este montón de caracteres juntos, o de sonidos o de imágenes son totalmente inofensivos, por sí mismos no tienen efecto alguno en mi vida.

Cuando alguien me hace este gesto tan lindo…

… ni siquiera me toca, no disminuye mi patrimonio, no afecta mi salud, ni mis oportunidades en la vida. Estamos hablando de SÍMBOLOS.

El símbolo va emparejado con lo que simboliza, y su relación puede ser de lo más variada (histórica, por parecido u otras) pero lo que siempre hay es un PACTO entre todos de que el símbolo simboliza lo simbolizado.

Supongo que nadie ha visto a una persona que se parezca a estos dibujos (si es así que la lleve con urgencia al médico), pero hemos PACTADO lo que significan. El que lo usa pretende dar a entender lo pactado y el que lo lee interpretará lo pactado.

Tenemos tan asumidos los pactos que si me dices la frase del encabezado me molestaré contigo (aunque no me estés deseando un ocasional sexo anal ni recordándome la presunta profesión y tamaño de mi madre), pero como hemos pactado que querrás molestarme cuando lo digas, si lo escucho, me molestaré. Ese pacto en el propio idioma está tan asumido que olvidamos el salto lógico entre el símbolo y el significado, cosa que no ocurre con los otros idiomas, las “palabrotas” es lo primero que aprendemos y nos causan risa, porque no tienen esa “fuerza” que el pacto, en el que he participado durante año,s le ha dado a nuestras expresiones.

Los símbolos van cambiando sus significados por mil razones y los usamos profusamente, resultando muy útiles, pero… también pueden hacerse muchas trampas o darse cabezazos contra un muro.

Por ejemplo, si tenemos un botón en una aplicación con un dibujo encima de una rueda dentada, un martillo, una llave fija… vamos a pensar que nos llevará a una ventana de “ajustes” o similar. Si tú diseñas un entorno en el que quieres que simbolice “conjunto de imágenes” o “editor de texto”, tendrás muy complicado que tus usuarios entiendan, por ese símbolo, otra cosa a la que están acostumbrados. Cambiar estas cosas son costosas en tiempo y esfuerzo o bien fruto de azares poco controlables.

Últimamente me encuentro mucho con gente que razona tramposamente, dándose más o menos cuenta. Cambiando de referente una y otra vez, jugando a que el propio símbolo es el referente… y otras cosas así.

Aviso: No estoy hablando de ideología, estoy diciendo que estos razonamientos son falaces, y lo argumentaré.

  • He oído en algunos entornos religiosos que ellos no tienen problemas con la equiparación de las parejas no heterosexuales con el matrimonio tradicional, pero que quieren que no se llame matrimonio, porque etimologicamente viene de madre y esto, entre dos hombres… pues no, pero que por lo demás, estupendo.

¿¿Seguro?? ¿¿Seguro que no tienen ningún problema más que el etimológico?? Usar el mismo nombre para dos cosas SIMBOLIZA algo muy concreto, sobre todo en lo legal, y por eso unos y otros luchan por ello, porque no es cuestión baladí, y pretenderlo, es falaz. “Pero si da igual” nunca es un argumento para ir en contra de lo que yo te pueda proponer. Si te da igual, entonces hagamos lo que yo digo, y fin de la discusión.

  • Aquí en España discutimos mucho sobre el escudo que va sobre la bandera, sobre si usamos aquel con el águila o el más reciente sin el águila.

Yo tengo muy claro lo que entiendo que quieren decir los que así lo llevan o muestran en público y creo que eso que entiendo es precisamente lo que quieren decir. Pero de cuando en cuando alguien se extiende en explicar aspectos legales, históricos y demás, que parece que despojan de ese significado a ese símbolo.

Más allá de la corrección histórica o heráldica de esos argumentos, aquellos que lo usan para querer decir lo que yo entiendo, ¿están equivocados? ¿Yo también lo estoy al entenderlo? ¿No nos estábamos comunicando de manera efectiva?

Si, como se dice, ese escudo ha sido el oficial durante los primeros años de la democracia, entre el 78 y el 81, ¿es ese particular periodo lo que reivindican esos ciudadanos que lo enarbolan? ¿Su mano levantada y extendida solicita un turno de pregunta, quizá? ¿Y sus cantos sobre el Sol, un mayor tostado en nuestra piel?

La imagen me resulta cómica, la verdad. Una persona haciéndome ver mediante símbolos (pactados entre él y yo) que reivindica ciertas ideas, yo entendiéndole, y un tercero diciendo que los dos estamos equivocados, que ni él reivindica eso, ni yo debería entenderlo. Divertido… y falaz. La asociación de unos símbolos con sus significados te puede parecer adecuada, triste, injusta, lo que tú quieras (a mí también me pasa), pero cuando usas un símbolo para contarme algo y yo te he entiendo, la comuncación se ha producido.

Bueno, si queréis, les podría dar la razón:

Ese escudo no es facha, ni la bandera, ni la camisa, ni el himno, ni el gesto… el facha eres tú.

El símbolo del corazón no es cariño o amistad, eso es lo que siente la persona que a través de símbolo me lo manda.

Y así todo.

No vendáis mierda, not on my watch.


Mejora tus búsquedas, regular expressions

12 febrero 2018

Supongo que esto parecerá muy básico para muchos amigos, pero recordemos que esto es la ciencia para TODOS.

Algo estupendo de los documentos “electrónicos” son las búsquedas automáticas, confieso que a veces las echo de menos en los libros en papel.

¿Que resulta que te acabas de enterar de que “internet” se pone “Internet” y lo tienes mal en toooodo el documento? No hay problema, Edición->Buscar y ahí te van a ir saliendo todas las veces que has puesto eso, sin faltar una.

Mejor aún, ¡puedes reemplazar automáticamente esa palabra por la forma correcta! Aquí tenéis la conocida ventana del omnipresente Word.

Fuente de la imagen

Hasta aquí es bien sabido, lo que quizá no conozcáis sea las “expresiones regulares” (regular expressions).

Imagina que no estoy buscando una palabra concreta, o un número concreto, sino… un número. Tengo un texto enorme plagado de números de teléfono y quiero “extraerlos”, o borrarlos, o lo que sea, pero primero tengo que encontrarlos.

O bien, estoy buscando direcciones web, o direcciones de correo. No sé las palabras o los números exactos… pero sí se “cómo son”. Unas letras, una @, unas letras más, un punto… ¿me seguís?

Para eso están las expresiones regulares, suelen usarse dentro de los lenguajes de programación, pero he encontrado que están directamente disponibles en la ventana de búsqueda del procesador de texto libre Writer, que forma parte de la suite ofimática LibreOffice, una alternativa libre al popular producto de Microsoft.

Fuente de la imagen

Basta con marcar la casilla para poder usar las expresiones “genéricas” y buscar cosas como “principio de línea”, “final de línea”, “párrafos en blanco”…

Claro que hay que hacerlo con códigos particulares, pero no es complejo, aquí tenéis una lista, mirad.

Por ejemplo ^$ busca párrafos vacíos.

Acabo de ver en este post que existe una extensión, que se instala en un momento en Writer para que no tengas que andar ni siquiera buscando estas expresiones. Así que más fácil aún.

Os voy a dejar un documento con una aplicación práctica que surgió hablando con @Daurmith que hace unos hilos estupendos sobre el Señor de los Anillos.

Le pedimos que no dejara que esos hilos se perdieran como lágrimas en la lluvia y que los pusiera de alguna manera accesible, a lo que amablemente accedió aquí.

El problema es, ¿cómo extraer sólo los textos y quitar todo lo demás? Para poder editarlo luego como mejor parezca.

¡Con expresiones regulares!

No es difícil, incluso para usuarios novatos, como yo.

No os propongo algo que algunos amigos conseguirían en unas pocas líneas de código, sino algo que cualquier usuario básico de un procesador de texto puede llevar a cabo.

Allá vamos.

  1. Abres un hilo (tienes que hacerlo hilo a hilo)
  2. Seleccionas todos los tuits con el ratón
  3. Los pegas en un documento en blanco (con pegado especial como texto)
  4. Reemplazas (ctrl+alt+b) por “nada”, buscando este texto .(?!.+#Sdla) y con las opción de expresiones regulares seleccionada.
  5. Eso quita todo menos los tuits, pero deja líneas en blanco. Las quitas con otro reemplazar por “nada” buscando esto ^$
  6. Y ya tienes el texto plano de los tuits con un cambio de línea en cada uno de ellos, y ahora… lo que desees.

Dejadme que os explique qué significan las expresiones que he usado yo.

.(?!.+#Sdla)  Busca cualquier carácter (.) que no (?!) vaya seguido de cualquier cantidad de caracteres (.+) y el hashtag, y los reemplazo por nada.

Eso me deja un montón de líneas en blanco que me cargo con el siguiente paso.

^$ Busca párrafos en blanco y si los reemplazo por nada… agur!

¡Ya está!

A mí me hizo “ilu”… he llevado a cabo algo que a mano hubiera sido prohibitivo por tiempo. Esto es lo que pasa cuando nos crece el volumen de datos, o bien automatizamos, o no lo podremos hacer.

Es más que probable que haya formas más eficientes de hacerlo, pero esta funciona, es fácil de entender y es asumible en tiempo.

Yo ya tengo otro superpoder… ¿y tú?

 

 


Pseudociencias, víctimas y verdugos

10 abril 2017

Hace poco ha muerto una niña no vacunada en el primer mundo, una vez más.

Aquí hay una víctima clara, la niña, pero, los padres, ¿qué son?

Os traigo esto porque es habitual que en la lucha contra la pseudociencia y la ignorancia, se hable de perseguir a los timadores y defender (y no ofender) a las víctimas. Suena precioso, el problema es que no hay una frontera clara.

¿Qué son los padres de esa niña? Sin duda fueron engañados por alguien que les contó lo estupendo que era no vacunarse y, por lo tanto, son víctimas. Pero respecto de esa pobre niña, han sido los que, por negligencia en su obligación de cuidar, la han puesto en riesgo de muerte y de hecho eso ha sucedido. ¿Qué debe hacer la sociedad civil con esto? ¿Nada? ¿Ya han sufrido bastante? ¿No tienen las penas también una función desalentadora para quien pueda verse en ocasión de cometer el mismo acto?

Entonces, ¿perseguimos al que les aconsejó a los padres?

Y… ¿si resulta ser otro padre que, en su mejor voluntad y en su peor ignorancia, aplica el mismo principio con sus hijos? ¿No es él una víctima también?

¿No habéis oído noticias sobre defensoras del parto en casa que han muerto… pariendo en casa? ¿O sobre conocidos antivacunas que han visto morir a un hijo?

Aunque hay claros timadores y mangantes contra los que no hay ninguna duda acerca de aplicar todo el peso de la ley, en este mundillo hay también un gran número de usuarios que se convierten en “evangelizadores” de aquello que les parece bueno, transformándose en propagadores y verdugos de otros.

¿Qué hacemos?

¿Incrementamos el sufrimiento de los padres que acaban de enterrar a un hijo?

¿Qué mensaje mandamos si no hacemos nada?

Qué pocas preguntas he respondido y cuántas he añadido… pero mi intención era solamente remarcar que no es tan fácil


Al final el espíritu crítico resulta que era conocimiento experto

4 abril 2017

Andaba con este post pendiente y mientras tanto han salido dos post muy interesantes, uno de Iñako sobre la creatividad y la memoria y este otro sobre la enseñanza del espíritu crítico en el colegio traducido y redactado por César.

En ambos casos se discute sobre unas supuestas habilidades “abstractas”, más allá de contenidos concretos, que es bueno adquirir o enseñar.

Yo ando también en el lado discrepante.

Y no es nuevo, ya os hablaba de esto en mi charla de Naukas de hace un par de años (aquí os la dejo para el que la quiera ver).

Escuchar algo, dudar de su veracidad, cotejarlo con tus conocimientos no es espíritu crítico, es conocimiento experto.

Escuchar algo, dudar de su veracidad, ir al blog de Francis a ver si es verdad, no es espíritu crítico, es argumento de autoridad + conocimiento experto.

Como capacidades abstractas se me ocurren pocas más que (aunque no desdeñables en absoluto):

  • Lógica formal (silogismos, falacias lógicas, etc.)
  • Conocimientos matemáticos (que puedan detectar estadísticas mal hechas, etc.)

Aunque esto también es conocimiento experto (sobre todo un buen nivel de matemáticas) sí es algo más formal.

Por lo tanto, y para dificultar más movernos por este mundo, no es “lo formal” lo que me hará saber si algo es cierto o no, sino mis conocimientos (propios o delegados) sobre el campo en cuestión. Si una mentira me la “redactan” correctamente… me la tragaré, si soy lego.

Por eso concluimos como empezamos.

No era espíritu crítico, era conocimiento experto.

Sí, lo sé, ni bonito, ni agradable. Pero aquí decimos lo que creemos cierto, no lo que alguien quiera oír.


A %d blogueros les gusta esto: