Acatar y respetar

5 mayo 2021

Hoy es a cuenta de las elecciones, pero otros días es a raíz de sentencias judiciales o cualquier discurso que aparezca en los medios.

Estoy en un estado de derecho y la ley no me pide respeto a las decisiones judiciales o al resultado de las urnas, me pide que los acate. Bueno, en realidad no me lo pide, me lo exige, lo que en un estado de derecho se traduce en que puedo incluso no hacerlo y aceptar las consecuencias, como hacen tantos infractores que asumen las multas como costes de hacer lo que les parece. Podéis verlo en lo personal con aquellos conductores que van «a los suyo» o en el comportamiento medioambiental de muchas empresas.

Pero Javi, aquí hablamos de ciudadanía. Efectivamente podemos matar a alguien y asumir los años de cárcel, pero queremos un análisis ético. La pregunta es si éticamente debemos respetar esas decisiones o sentencias.

Pues es que yo ya di mi amor a alguien…

En este post, De ligaduras y hombres, ya os contaba que tener muchas lealtades puede llevar a conflictos entre ellas. Y yo ya le he declarado mi amor a la verdad y a los derechos humanos.

Este compromiso previo me obliga a respetar a todos los humanos pero a despreciar profundamente ciertas opiniones, decisiones, sentencias y leyes, precisamente las que atentan contra los derechos fundamentales.

Esto no significa, como algunos apuntan, que te parezca odioso todo lo que no sea tu opinión, pero jamás me alegraré ni pensaré que es respetable que haya quien quiera tener diputados nazis y menos aún de que lo consiga.

Las decisiones humanas son falibles, como cualquiera que lleve en la tierra más de quince minutos debe saber por propia experiencia. Lo son las mías y lo son las tuyas, por lo tanto es perfectamente posible que tus decisiones sean perjudiciales para otros e incluso para ti mismo, por más que sea tu libertad tomarlas. Si alguien necesita un ejemplo, puede usar su libertad para arrancarse un dedo de la mano de un bocado y reflexionar sobre ello. Es cierto que mi análisis sobre lo erróneo de la decisión de otro puede estar equivocado… como el suyo.

Así que, no tengo ningún respeto por los resultados de las urnas de ayer (que traerán mucho dolor y algunas muertes por el destrozo de los servicios públicos), ni por que quien coquetea con lo más despreciable de la xenofobia tenga algo de poder, ni por que la mentira y el acoso sean las nuevas armas preferidas de la política. 

Pero no se preocupen, todo aquello será acatado y tendremos asientos de primera para ver el mundo arder.

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Cómo divulgar sin ofender

2 enero 2021

Esta pregunta nos la hacemos en cualquier actividad que esté relacionada con la comunicación, pero en estos momentos, con el asunto de la vacunación, está muy presente en el debate privado y público.

Para mí el quid está en aludir a las ideas en lugar de a las personas. Esto se hablaba ya hace décadas respecto de la educación de los niños: “No le digas que es un mentiroso, di que ha dicho una mentira.” Incluso se puede mejorar cambiando la palabra “mentira” por “no es verdad”, quitando la alusión a la intención de engañar que parece implícita en la concepción de mentira y que sería una alusión de nuevo a la persona y sus intenciones. Pero fíjate en que, librando a la persona de calificativos, no se escatima en la calificación de la idea.

Hay que decir también que es imposible no ofender a quien quiera sentirse ofendido. Entender esto es fundamental.

Para mí distinguir entre si “te ofendo o te ofendes“ es muy claro, os lo contaba en este post, pero resumido sería.

  • Si me meto con tus ideas, te ofendes
  • Si me meto con tu persona o menoscabo tus derechos, te ofendo.

Pero si alguien se pone como una hidra porque me meta con cómo ha jugado su equipo favorito, no es mi responsabilidad. Si dejamos la decisión sobre qué es ofensivo en “cualquier cosa que ofenda”, particularmente a los ofendiditos, entraremos en una peligrosa zona de censura y autocensura nada deseable… en la que quizá ya estemos.

Dicho esto, podría preguntarse ahora: ¿es legítimo decir que cualquier idea es una gilipollez? Desde luego no lo es para el que la piensa, por más que algunas lo sean desde el punto de vista de un mínimo análisis lógico.

A mí me gusta mucho el adjetivo “pensable” para ideas o teorías. Me refiero a conjeturas, hipótesis, especulaciones que bien podrían ser ciertas con la información disponible, más allá de que lo sean o no. Por ejemplo, no es lo mismo plantear dudas sobre la eficacia de una vacuna antes de las pruebas que decir que llevan un “chis” para controlar nuestras mentes.

Así que, si alguien desea extender su respeto por las personas, el único debido, a las “ideas pensables”, pues muy bien, pero insisto que no es obligado.

Así que esta sería la respuesta, hablemos de las ideas, dejemos a las personas, expresemos tranquilamente en qué se equivocan, cuál es la explicación correcta, de forma expositiva. También es crucial hacer una divulgación ”sincera”, contar lo que sabemos, el grado de seguridad que tenemos con la sencillez y sinceridad mayor posible. “Cargar” el discurso artificialmente de una seguridad que no se tiene para mover a la gente a comportarse de una manera es una bomba de relojería. No es lo mismo decir “creemos una cosa” y que se pruebe falsa en el futuro a “sabemos con certeza una cosa” y que se pruebe falsa. Si conseguiste tu objetivo de que actuaran de cierta forma, date por contento, va a ser la última vez que te hagan caso. Si vas a vender la confianza en ti, asegúrate de que sea por una causa que amerite ese sacrificio.

Como os digo, eso eliminará la ofensa, pero no a todos los ofendidos. Porque ofensa y ofendidos no son la misma cosa, ni se siguen necesariamente los segundos de lo primero. De hecho, pueden decir algo ofensivo, que sea incluso un delito de injurias, y que tu serenidad o el poco peso que le des a esa persona hagan que no te produzca ningún daño, hasta que te dé risa.

Y ahora, si queréis podemos hablar de estrategia, pero eso es otra cosa distinta a “ofender”, y me ofen.. digo, no me gusta que se mezclen.

Es posible que te parezca buena estrategia escuchar atentamente una sucesión disparatada de errores y conspiranoias para ganarte la confianza de alguien e intentar después abrir alguna grieta con un dato compartido y esperar a que esa “semilla“ haga su trabajo. Puede que te parezca buena estrategia simplemente callarte porque si dices algo solo va a provocar más incendio (te pondría de ejemplo la cena familiar de Navidad… la del año pasado), pero esto son estrategias, más que una divulgación no ofensiva.

Dicho todo esto, animo a que no abandonemos la exposición de información y datos, porque es necesaria, no tanto para los extremistas, que es posible que estén perdidos temporal o definitivamente, sino para los que dudan, para los que se están formando una opinión. No es “racionalmente justo” tildar de gilipollez a una idea “pensable” y lo que sea realmente una gilipollez quedará retratado como tal por comparación con la información que proveas, no hace falta explicitarlo… pero no dejemos esa ignorancia sin combatir, no dejemos que las ideas equivocadas tomen el espacio público. En el asunto actual nos jugamos incluso la vida.

Creo que esto quedaría cojo sin hablar de autoprotección. Como la faceta pública de nuestras vidas y las redes sociales se han convertido en un campo de minas, es necesario también que limites tu interacción con personas que te dañen. Eso no significa cerrar ojos y oídos a cualquier discusión o crítica, sino dejarla para quienes lo hacen con respeto y criterio. Vaya, lo mismo que hacemos en la “vida normal”. Así que silencien y bloqueen sin problema, no es respeto dejarse agredir. Después pregunten a alguien que les quiera y tenga criterio… y acepten la sinceridad que piden. Quizá os guste leer este post (Dirígeme, por dios) sobre este particular.


Qué poco crees en la razón si piensas que se pierde con las formas

27 enero 2020

The Thinker, Rodin

La razón, la verdad, el por qué de las cosas (el de las causas intermedias de la ciencia o el de las preguntas últimas de la filosofía), las regularidades que oculta y que exhibe la naturaleza, la multitud de los mundos que creamos con las matemáticas…

Todo eso, en su profundidad asombrosa y temible, resulta que vale nada si lo acompaño de la palabra CULO.

Bien, pues… CULO, CULO Y MÁS CULO.

Qué falta de respeto y qué atropello a la razón, como cantaba el tango, si pensáis que por un momento mis exabruptos menoscaban un ápice lo que tanto nos costó pensar e idear.

Y UNA MIERDA BIEN GORDA, añado.

Es posible que vivas en una comodidad física, y quizá de clase, que te permita vivir en el mundo de las «opiniones equivalentemente respetables» donde no tengas que discutir tu supremacía con nadie, o te ocupes de objetos que ignoren las leyes de la física… aunque esto último no se ocurra cómo pudiera ser… o quizá que tu negación de la verdad la arreglen después otros menos afortunados.

Podrías ser el jefe que dice barbaridades, se lleva el crédito y el beneficio, mientras los que están por debajo hacen las cosas como se debe, salvando los platos y el día.

Podrías ser aquel de discurso vacío a posteriori que siempre explica lo pasado, pero cuyas ideas nunca se aplican al presente o anticipan el futuro. Que sólo se ofendan los economistas aludidos.

Podrías ser quien reparte consejos inútiles sobre cosas que no conoce a quien le ignorará, por el mayor bien de su salud, y luego vuelve a su acomodada comodidad.

Podrías ser cualquiera de ellos o todos. Alguno o varios. Siempre o a ratos. Lo que todos comparten es el desprecio a la verdad, a la mejor aproximación que conocemos a ella o a cualquier acercamiento sincero.

Quizá no sabes lo que es la verdad, lo que es luchar por la verdad. En sitios tan duros como un juicio, una reclamación sanitaria, por la memoria de un familiar… o tan cotidianos como quien cuadra las cuentas para llegar a fin de mes, o el que busca la solución de un problema matemático. Cualquiera de estos sabe bien el valor de la verdad frente a vendehumos, entretenedores o aquellos con la serenidad que les concede la indolencia.

Otra cosa muy diferente es que no quieras hablar conmigo por las razones que te parezcan, por mi forma de hablar, por mi cara o sin razón alguna, pero no oses decir que eso me quita la razón, son muchos años de búsqueda y de lucha, solitaria y solidaria, así que, NO ME JODAS, SI NO TIENES NI PUTA IDEA DE LO QUE HABLAS.

Más de una vez he hablado aquí del respeto, y es bastante probable que vaya por delante tuya y que tú necesites justificarlo mientras yo lo reclamo como derecho inalienable. Así que, eso es otra cosa muy diferente, y te recuerdo que el respeto es a las personas y no a las ideas.

Aunque quizá no hayas entendido nada, espero no verte levantándote de tu sillón de orejas para decirle a la enésima madre que reclama A VOCES el cadáver de su hijo, en lugares donde le dicen que «no corresponde», porque llevan años sin hacerle NI PUTO CASO, que ha perdido la razón debido a sus formas… porque entonces tendremos que concluir que sois gente como vosotros lo que habéis perdido el juicio.

Gracias a Dios, aún queda gente con la profundidad de visión suficiente para entender que muchos que hablamos con menos elegancia que verdad, con menos buenas maneras que cariño, somos de mucha más valía y honestidad que aquellos que envuelven MIERDA en puntillas y me hablan de usted para dejarme sin comer.

CULO.


Los jóvenes y sus coordenadas

9 mayo 2019

Bueno, empecemos mejor, diciendo: Algunos jóvenes y sus coordenadas.

¿Dónde andan nuestros chavales? ¿Por qué no nos entendemos?

Es difícil entenderse cuando se hablan distintos idiomas, cuando no se comparten intereses, o ni siquiera valores que quizá estemos dando por supuestos.

También es difícil entenderse cuando los adultos mantenemos un discurso de cara a la galería y unos principios (o la ausencia de ellos) en nuestro fuero interno o nuestro proceder.

La verdad es que me parece estupendo el cuestionamiento de valores, siempre que sea parte de un camino hacia «arriba» y no el comienzo de la ley de la jungla.

Por ejemplo, «hay que respetar a los mayores». ¿Por qué? ¿Es que no hay que respetar a los que no sean tan mayores?

Me parece interesante el cuestionamiento, siempre que acabe en: Hay que respetar a todos. Hay que considerar que quien lleva más rato por aquí quizá se haya hecho una opinión interesante de escuchar sobre las cosas.

Si eliminamos la convención social incuestionable sobre el respeto a los mayores, para ir dándoles patadas en el culo por la calle, pues creo que poco hemos avanzado.

Aunque esto es una reflexión de hace tiempo, se me ha revivido con este artículo, cuya lectura os aconsejo porque muestra bastante de lo que estamos hablando.

Artículo de EL PAÍS.

El youtuber que humilló a un mendigo alega que era «en plan coña»

Divertido que incluya el omnipresente «en plan».

Voy a incluir unos extractos:


«Vacila al fiscal (…) tutea a los abogados y lanza preguntas impertinentes». Ausencia de respeto por las personas e instituciones.

«21 años». No es una niñería… bueno, sí, pero no de un niño.

“todo era en plan de coña”. “Mi intención no era ofender. Vosotros vais muy a tope con la ley”. Ir muy a tope con la ley… ya veis.

“Dejé el instituto para dedicarme a este trabajo. Lo estaba haciendo bien. Y luego pasó esto. La prensa me ha jodido”. Putos periodistas.

«Ya pidió disculpas cuando el vídeo desató una amplia polémica, pero en el juicio ha admitido que lo hizo para contrarrestar las “críticas”.» Muy común esto de decir lo que queremos oír sin ningún tipo de cambio de actitud o aprendizaje. Es lo que tiene no tener que pagar las consecuencias de las acciones. Puedes decir que lo sientes mucho y seguir haciendo lo mismo. No nos suena de nada, ¿verdad?

«Le preguntan también por otros retos en los que ofrecía bocadillos rellenos de excrementos de gato a niños y ancianos. «¡Era en plan de broma! » Sin comentarios.


¿Lo veis? ¿Lo notáis? Nula empatía, nula responsabilidad, «me han jodido», a él (!).

¿Cuáles son los referentes, las coordenadas para este tipo? ¿Cómo puedo hablar con él?

¿Hablamos de la dignidad de las personas? ¿Del respeto al débil? Lo vende sin tapujos por unos likes y el dinero que le reportan. Por supuesto dejó los estudios por el dinero que le da hacer bromas. ¿Hablamos entonces del placer de saber, de conocer, de aprender, de crecer como persona? ¿Hablamos de la ley, de lo común, de lo pactado, de la vida en sociedad?

Pues así, queridos, es el pensamiento de muchos jóvenes y de muchos adultos, y por eso es necesario un sistema que ponga límites a quien no desee tenerlos. La otra opción es un rifle para defender mi rancho, pero creo que ya pasamos esa etapa, al menos por aquí.

Insisto, jóvenes y adultos. Mirad, ¿cómo podemos decirle a los chavales que hacen un mal uso de las redes sociales, que exponen indebidamente su privacidad, cuando es exactamente lo que hacemos los adultos todos los putos días de la semana, poniendo fotos de lo que comemos, de nuestros pies «aquí sufriendo» en la playa, del recorrido y el tiempo que hemos hecho corriendo, (perdón, haciendo running), o de nuestros musculitos incipientes después de una semana de gimnasio?

Es complejo, pero no es cierto que no haya maneras.

Una es el sistema social de garantía de derechos que hemos pactado, lo que incluye, la compensación a las víctimas y la responsabilidad de quien lo incumple. Por eso, es más que posible que el youtuber de marras se lleve una buena condena y una buena multa. Sólo queda desear que, como hacemos con la educación, la justicia sea rápida y proporcional, de forma que resulte «educativa» para aquellos que sólo asumen comportamientos basándose en una evaluación coste/beneficio. Bien, pues humillar al débil como lo ha hecho esta persona debe tener asociado un precio que le haga a él, y a otros, replanteárselo.

Repito, la otra opción, es la ley de la jungla… y ojo, la mayoría de nosotros no somos leones.


El respeto ni se pide ni se gana, se exige.

15 marzo 2019

Lo primero sería precisar de qué hablamos, porque algunos definen respeto como admiración, otros cortesía (digamos un mayor miramiento que el que la educación básica pide), otros «auctoritas» (esa autoridad que te conceden por admiración o méritos y que lleva a que te sigan u obedezcan por voluntad y no por acatamiento), y así, variantes hasta el infinito.

Podría ser que mucha discrepancia venga de que no hemos acordado qué significa el término para nosotros.

Para mí tiene dos aspectos básicos y de esto es de lo que voy a hablar aquí:

Uno es la consideración a la condición de persona de cualquiera, lo que incluiría los derechos básicos, la integridad física, el honor, la intimidad, etc. Algunos prefieren llamarlo educación o civismo.

Otro tiene que ver con la situación en la que se está o la labor que se  desempeña. Por ejemplo, un moderador te da o quita el turno de palabra y eso debe respetarse en el ámbito de un debate.

Es frecuente oír decir que «El respeto hay que ganárselo» o que «Si respetas, te respetan». Son dos frases que me activan diez mil alarmas.

Los derechos no se ganan, son derechos. Punto.

En este caso, que hablamos de puros derechos humanos, soy acreedor a ellos por mi propia condición de persona. No hay nada que ganarse, que pactar, de lo que deba convencer a nadie o que esté en la voluntad o capricho de nadie concederme. También me preocupan aquellos que respetan o piden respeto por «cosas» como la edad, los estudios, la posición social… ¿qué hacemos entonces con los que carecen de esos «atributos»? ¿No les respetamos?

Hablando como profesor, supongo que habréis oído más de una vez la enorme cantidad de tiempo que se pierde en las clases intentando poner orden. Si no sois profesores, quizá no sepáis cuánto trabajo y cuánto tiempo se invierte en encontrar maneras, estrategias, «inventos» (alarmas, semáforos, gráficos…) para conseguirlo. Creo que hemos perdido el norte.

¿Estamos diciendo entonces que cosas como el cuidado del entorno, que callen cuando el profesor u otro alumno está hablando, que no agredan verbal o físicamente… deben ser «ganadas»? ¿Que si al muchacho no le «gusta» la materia o tu forma de explicar, puede elegir incumplir algunas de esas facetas del respeto a las personas?

Pues mira, no.

Sería maravilloso que la gente fuera respetuosa de por sí, pero ya sabéis que unos lo son y otros no, que hay quien depende cómo le pille el día o le venga el aire, y ahí está el problema, ¿cómo debemos actuar con quien no nos respeta, con quien le explicas y le explicas que somos personas, que estamos en cierto entorno, y no le «convences»?

Porque hay chavales que son así. Y no es sólo por la edad, no os engañéis, los adultos también somos así, también está el que no entiende (o no quiere entender) qué hay cosas que son de otro, que hay cosas que son de todos… y no es porque no se le haya explicado, o porque tendría que ser evidente. No todos somos tan buenos como tú (te crees que) eres.

Me parece que venir de un mundo educativo mucho más autoritario, en el peor sentido, nos ha llevado al otro extremo del péndulo con malas consecuencias tanto para el trabajador como para los estudiantes (y los padres).

Y digo trabajador con toda la intención, porque fijaos: ¿Qué diríais si en vuestro trabajo se os insultase/agrediese dependiendo de la voluntad de vuestro jefe o compañeros? ¿No diríamos que es acoso laboral? ¿No hay leyes contra eso? ¿Es obligación contractual de los profesores tener que soportar esto? Podríamos decir lo mismo del personal sanitario… con el agravante de que ahí son adultos, mayormente.

En el entorno educativo se añade además que el profesor es la autoridad que debe garantizar el derecho a la educación (y el resto de derechos) de los menores que allí se hallan. Así que no sólo no tiene que asumir la falta de respeto, sino que está ahí para garantizar que no se produzca.

Por supuesto que deben explicarse y razonarse las normas… Y después, por supuesto también, deben hacerse cumplir. Cuando te cuesta media hora diaria explicar la misma norma, es que te están tomando el pelo. Cualquiera que trate con público general, con chavales… o que se mire al espejo… o se acuerde de cuando era niño, lo sabe.

Una derivada de eso de «ganarse el respeto» que no suele contemplarse es lo que estamos diciendo de aquellos que no son respetados, de los que reciben abusos puntuales o sostenidos. Les estamos culpando de lo que sufren. Precioso. Así que, el chaval al que roban el bocadillo, que insultan, que pegan… debe ganarse el respeto. Muy bien. Y el profesor, también. Si le insultan, que se esfuerce, que se lo gane, ¿verdad que sí? Es algo muy miserable, que espero se medite mejor cuando se dicen esas cosas.

Es respeto es un requisito para la interacción humana civilizada, no un objetivo, ni un deseo… ni un, «si os apetece».

Curiosamente, estas cosas que se les «permite» a los muchachos, este elegir si respetan o no a los profesores y los centros de enseñanza… se acaban de manera abrupta a la mayoría de edad, cuando se les lanza sin miramientos a un mundo lleno de obligaciones, límites, frustraciones, porcojonismos… Un lugar donde tienes que llegar a la hora al trabajo o a la ventanilla, un lugar donde eso que le decías al profesor, si se lo dices al jefe te despide, si al policía te multa, si al juez… igual te vas a la cárcel. Un lugar donde el uso o la amenaza del uso de la fuerza te «explica» que debes acatar las normas. No es extraño que así tengamos a muchos chavales aterrizando en el mundo con un despiste considerable y llevándose unas cuantas tortas según salen al MundoReal.

Profesores, enseñemos lo que son los derechos y hagámoslos respetar, esa es una parte importante de enseñarlos. Es nuestro puto trabajo, somos los garantes de los derechos de esos menores. Respecto de nosotros, somos trabajadores, con nuestros derechos laborales (¡y humanos!). Cuando el entorno sea hostil, toca reivindicarlos y exigirlos, con los medios legales a nuestro servicio. No es tu culpa, no «va con el trabajo». Hay entornos amables y entornos que no lo son, y cuando toca ponerse en tu sitio, hay que hacerlo. Es una incomodidad y una injusticia, pero así es la vida. Crezcamos.

Creo que hay que hacer hincapié también en esa terrible frase de «Si respetas, te respetan».

Joder, ¿cómo puede decirse eso? Cualquiera que lleve diez minutos en este puto planeta sabe que esto no es necesariamente así. ¿Ha sido así en la vida de alguien?

Esto es el típico sesgo de la ilusión de control. A nuestro cerebro le encanta pensar que está en nuestra mano controlar los acontecimientos haciendo o dejando de hacer ciertas cosas. Es como aquello de «Si te esfuerzas, lo conseguirás» y todas esas mierdas que obvian la multitud de causas que influyen en cualquier fenómeno, que son generadas por otras personas, condiciones actuales (o previas) o el propio azar y que pueden ser completamente determinantes en el resultado.

No señores, puede que yo respete mucho a todo el mundo y que cualquiera me falte el respeto, pasa todos los putos días en todos los putos lugares. Vaya, te ha pasado a ti innumerables veces. Recuerda las mil veces que te han tratado mal sin que hubiera provocación alguna por tu parte… y si quieres hacer un ejercicio de humildad, piensa en las veces en que tú has tratado mal a otros sin provocación o justificación alguna.

Así que no, profesor, tu obligación es enseñar tu materia y civismo. Si todos los días debes invertir la mitad de la clase en convencerles de que te concedan el respeto al que tú y los otros sois acreedores por vuestra propia condición de persona, lamento decirte que te están tomando el pelo y lo que hacen es conseguir que se pierda la clase y tú habrás fracasado en tu deber de garantizar el derecho a la educación de esos menores.

P.S.: Me veo pisando charcos más de una vez que no son «míos», quiero decir, que no son cosas a las que esté expuesto personalmente, por ejemplo, si hablo del paro juvenil, yo que soy funcionario y no tan juvenil. Pero es que sí son míos, porque son de todos.

En este caso en particular, habrá quien piense que soy un profesor que no se «sabe imponer», al que los chavales no respetan porque «no tiene ni idea» y no le conceden la auctoritas aquella, o que me odian, que soy de «la vieja escuela»… en fin, cualquier cosa salvo leerse la argumentación e intentar entenderla. Desde luego no voy a discutir con trolls, pero sería divertido apostar, en lugar de discutir, y que se viniesen un día conmigo para ver que, en realidad, estoy más cerca del otro extremo en todas esas cosas.

¿Debería, entonces, callarme y dejar que cada uno hable de sus problemas? ¿Culparles de la hostilidad que sufren? Este Panadero vuestro, no.

Insisto, es mío también porque es de todos. Eso es ser un ciudadano en mi opinión.


No me seas casta

15 enero 2016

Hoy la política nos da razones para filosofar.

Un diputado del congreso toma posesión de su cargo, lleva rastas.

Una diputada dice que a ella le parece bien mientras que estén limpias y no le peguen piojos.

Un diputado del mismo partido que aquel de las rastas dice que la susodicha diputada le debe respeto al señor de las rastas porque es un cargo electo y representa a los ciudadanos.

Mira, no.

Dar «razones» para el respeto es crear «clases» de más respetables y menos respetables… Castas, ¿os suena el término?

El único respeto que se le debe a este señor es el que le confiere su condición de ser humano, y te advierto que es mucho, una condición sagrada, si me apuras, pero el mismo respeto que a cualquier otro de nosotros.

Celia Villalobos es irrespetuosa con él, lo mismo que si se lo hubiera dicho al de la limpieza, y es una vergüenza que lo haya sido y que no tenga ninguna consecuencia que sepamos.

Pero, cuidado. El respeto no se argumenta porque al hacerlo se lo sustraemos a otros.

Y tampoco olvidemos que las ideas no son objeto de respeto, sino de debate, crítica, acuerdo o desacuerdo.

Respeto a las personas, pero muy respeto y mucho respeto.

Muy relacionados

Perdóneme, pero yo no respeto opiniones 

¿Por qué tengo que respetarte?


¿Te ofendo o te ofendes?

25 febrero 2015

Francisco de Goya y Lucientes - Duelo a garrotazos

Te digo algo y te mosqueas, ¿de quién es la culpa? ¿Soy yo el que te ofende, o eres tú el que elige ofenderse?

Primer caso: Se alude a la persona.

Eres un imbécil. Habría que golpearte o matarte.

No hay duda, aquí ofende el que habla. El acto es ofensivo.

Puede ocurrir que no te afecte por alguna circunstancia. Eres un supergurú de la serenidad, no le das importancia alguna porque te lo dice un niño pequeño, alguien a quien desprecias profundamente, alguien con sus capacidades mentales dañadas, etc. Pero una cosa es que no te ofenda y otra que no sea ofensivo.

Aquí respetamos a las personas, así que estamos en contra de eso. De hecho, entendemos que excede la libertad de expresión y no tenemos ningún problema en que se prohíba que la gente diga «Hay que matar a todos los fontaneros/negros/o lo que sea». En este blog eliminamos comentarios ofensivos y nos quedamos tan a gusto.

Una cosa es el derecho a pensar lo que se quiera, otra el derecho a decirlo y otra el derecho a que un tercero tenga que proveer los medios para que lo hagas.

Segundo caso: Se alude a las ideas.

Lo que dices es una estupidez. Tal opinión/creencia es ridícula. Tu dios es la misma mierda, y todo tipo de bromas o caricaturas sobre ideas políticas, filosóficas, religiosas, etc.

A ver, molesta, pero, ¿se está siendo ofensivo, o es el oyente el que elige ofenderse?

«Eres idiota» y «Lo que dices es una idiotez» son dos cosas distintas.

Ya dijimos que las personas merecen respeto, son puros derechos humanos, pero, ¿merecen respeto las ideas?

Aquí tenemos que ser cuidadosos. No podemos ser tan infantiles como para decir que las nuestras sí y las de los demás no, tenemos que dar argumentos «formales». Si dices que las creencias religiosas deben ser respetadas, entonces tendremos que respetar cualquier creencia religiosa.

Valoremos algunas de las razones que se dan para respetar ideas.

a) Respeto por las ideas verdaderas.

Esto molaría, pero mientras no tengas la manera de saber qué es cierto y qué no, este criterio es imposible de aplicar.

b) Respeto a las creencias religiosas

Puede que las tuyas te parezcan estupendas, pero hay gente que cree en cosas que implican matar o dañar a otros. ¿Lo respetamos?

c) Respeto a circunstancias personales

Esto anularía cualquier chiste sobre cojos, mancos, tuertos, calvos, infartados, accidentados, etc.

Sin duda esto puede ser de mal gusto en alguna circunstancia. ¿Es moralmente condenable? ¿Debe ser legalmente condenable?

Insisto que una cosa es hacer un chiste de ciegos y otra es decirle a alguien que es menos persona por ser ciego. No confundir personas con ideas es la clave de todo este asunto.

d) Si no me respetas, me enfado/te hostio/te mato

¿Hablamos de respeto o de miedo? El hecho de que alguien se enfade ante cierto tema, ¿hace de esa idea algo respetable? Y si deja de enfadarse, ¿ya no lo es? ¿Podemos hacer chistes sobre religiones con pocos extremistas o alejados de mi casa, pero no de otras?

e) Larga argumentación

Todos conocemos ideas falsas que han sido profusamente argumentadas y viceversa. Así que tampoco por aquí.

d) Respeto apoyado en falacias lógicas

Porque algo es tradicional (como que las mujeres no tengan voto, o tener esclavos)

Porque le parece bien a mucha gente (como que la Tierra era plana hace unos años)

Porque lo dice un señor muy listo (un premio Nobel cree en…)

Etc.

e) Respeto porque cada uno es libre de creer lo que quiera

Sí, cada uno es libre de creer en lo que quiera, pero yo no tengo la obligación de que me tenga que parecer bien.

Podría ser que las personas elegimos unirnos con ciertas ideas, hacerlas parte de nosotros, y que, por eso mismo, nos resulte doloroso que se las ataque o critique y lo sintamos como un ataque personal, sin que lo sea. Si digo que tu equipo de fútbol es asqueroso, puede que te enfades conmigo, que rompas nuestra amistad, que me agredas o incluso que me mates (como ya ha ocurrido), pero no he dicho nada sobre ti, sobre tu persona. Eres tú el que ha construido ese vínculo, eres tú el que te ofendes.

Es posible que la cultura, la educación o vaya usted a saber qué, hayan construido ese vínculo y que el «ofendido» no sea enteramente responsable de eso. Nos pasa a todos, pero es nuestro problema, no del que opina negativamente de aquello que nos es tan querido.

No respetar una idea no significa que me tenga que parecer obligatoriamente mal. Significa que soy libre de pensarla, repensarla, evaluarla, criticarla, argumentar a favor o en contra, exprimirla o abrazarla… vaya, hacer lo que me parezca de ella para que me dé sus mejores frutos, sin mayor restricción que mi capacidad o ganas de ocuparme en ella.

Te animo a que en los comentarios sigamos esta conversación indicando qué razones crees que hacen una idea respetable.

A todos nos parecen «razonables» ciertas cosas, pero intenta plantearlas de forma no subjetiva, formal, para cualquier idea, y verás que resulta imposible (al menos a mí).

Acaba de ocurrir un tsunami y está mal hacer chistes. De acuerdo. ¿Dónde? ¿En el hospital donde están la víctimas? ¿En el otro extremo del mundo? ¿A cuántos kilómetros? ¿A partir de cuánto tiempo? Si yo tengo un familiar que ha fallecido, ¿el tema está prohibido para siempre? Intenta formalizar y verás qué horror.

Insisto en que no confundamos buen gusto, con inmoral ni con ilegal.

También hay que tener mucho cuidado con la autocensura.

Como sabes que tal cosa molesta, evitas decirla o hacerla y acabas transformando tu discurso y tu conducta, sin que ni siquiera un malvado censor tenga que mover un dedo, lo haces tú mismo. No suena muy bien en una sociedad democrática y aunque somos muy susceptibles a eso en los entornos personales y laborales, es algo de lo que hay que huir.

Para mí el asunto se resume en una frase que leí en la red unos días después del repugnante asesinato de unos humoristas franceses.

Las personas tienen derechos, las ideas no.

En la misma línea quizá os guste leer estas dos entradas:

Perdóneme, pero yo no respeto opiniones.

¿Por qué tengo que respetarte?


La zona intermedia

21 enero 2012

Yo vivo en la zona intermedia.

No soy excepcional en nada, hay cosas que se me dan mejor que otras, pero no puedo aspirar a títulos más allá que «el más … de mi portal».

Supongo que aquí vivimos casi todos, no hay muchos seres realmente excepcionales y tampoco hay nadie que no sepa hacer la más mínima cosa.

No conozco qué se siente cuando se da la última pincelada a una obra maestra, cuando la última nota de una sinfonía inmortal encaja perfectamente, o cuando una teoría que revolucionará la ciencia se dibuja sin fisuras en tu mente, no lo sé.

Mi mundo es mediocre en hechos, además hay quien me dice: «Si no puedes hacerlo perfecto, no lo intentes».

Pues ya tenemos los ingredientes perfectos para la frustración y la tristeza, queridos lectores… pero este no es un post de «bajón».

Porque hay otras cosas que sí conozco y que sí he visto..

He visto a un alumno que aprendió un truco para trabajar con logaritmos y se le iluminó la cara al ver que dominaba un campo que creía imposible.

He visto entender un concepto científico a niños y adultos sin formación, he visto como brillaban sus ojos cuando su comprensión del mundo les hacía ver una realidad oculta. Luego preguntaban por más, había caído una frontera.  He visto caer muchas fronteras, no sólo en la ciencia, en el deporte, la música, la vida cotidiana…

Como profesor, divulgador, conferenciante, cuando hablo en los medios o con la gente que me quiere (en realidad digo a todos lo mismo), he visto y he tenido el privilegio de colaborar en esos momentos dichosos, cuando la gente se hace un poco más grande, un poco más libre, un poco más feliz.

¿Es mejor un profesor de universidad que uno de instituto, y éste a su vez que uno de primaria, infantil… porque la sofisticación de lo que enseña cada uno es mayor que la anterior?

¿Son los sentimientos del niño que empieza a leer menos valiosos que los de los que entienden el cálculo infinitesimal?

¿Está más nervioso el solista en el Carnegie Hall que la niñita que baila en fin de curso? ¿Son menores sus logros interiores?

Al principio os decía que soy pobre en hechos, pero, ¿son los hechos materiales la medida de las cosas? (1) ¿No nos importa (y nos debería importar más) lo que queremos decir con esos hechos: el Amor por lo que hacemos y por las personas a las que se lo ofrecemos?

Y, bueno, si me permitís la inmodestia y como montones de buena gente, pongo mucho Amor en el trabajo que hago, en lo que enseño y en las personas a la que enseño. Así que, siento que he vivido grandes momentos de logros interiores. He tenido la suerte de presenciar cómo la llama del conocimiento y de la libertad aumenta, ver cómo brilla a través de sus ojos.

Dedicado con cariño a los que colaboráis a que el mundo sea un lugar mejor,  ayudando a ser mejores y más felices a las personas. Sois grandes y excelentes compañeros. Seguiremos viviendo heroicas y legendarias aventuras llenas de emoción en… la zona intermedia.

(1) Ya hablamos de esto en ¿Por qué tengo que respetarte?


Corrección intelectual

12 abril 2011

Aunque ya se dijo por aquí que no hay que respetar las opiniones (que bastante revuelo se montó), sí me disgusta cuando se tildan de «tonterías» opiniones que son perfectamente «pensables», o directamente se pase a un ataque personal. Lo más curioso es cuando en ocasiones se acaba probando que esa tontería es lo correcto…

Una cosa es que le busquemos mil vueltas a las ideas y las «ataquemos» intelectualemente, pero desde luego decir de algo que es una tontería está un poco lejos del concepto «argumentar» y añadir esa palabra a una argumentación bien hecha quizá es una floritura innecesaria.

Sólo un par de ejemplos recientes que son los que me han hecho revivir esta idea.

El primero, los interesantes debates que se han formado en distintos lugares sobre la propuesta del gobierno autónomo de Madrid de montar institutos separados para gente de notas altas. En esos debates se ha visto gente que con buena voluntad y buenos argumentos defendía ambas posturas. Yo estoy en contra, pero entiendo que la otra también es pensable, sobre todo si se hace desde la buena voluntad. Lo cierto es que también se percibía desprecio intelectual y personal en otros comentarios (por supuesto no lo digo por ti Almudena y el intercambio que tuvimos por aquí).

Y el otro es la terrible situación que se vive en Japón, primero con las catástrofes naturales y los miles de muertos, y ahora con el tema nuclear. Hoy desgraciadamente han «etiquetado» el accidente de nivel 7, lo que lo lleva a la misma categoría que Chernobyl. Hace poco tiempo en algunos lugares se tildaba de alarmistas o de cosas más ofensivas a gente que pensaba que el tema era así de grave o que podía serlo, siendo una postura perfectamente pensable y, tristemente insisto, a la postre, lo que ha ocurrido.

No pido un respeto reverencial por las opiniones, pero sí un respeto intelectual y un tratamiento racionalmente honrado, añadido, por supuesto, a un respeto a la persona.


No tengo tiempo pa’ na’

13 enero 2011

Supongo que esta sensación la compartimos muchos.

Os lo digo porque me han regalado un libro llamado Organízate con eficacia de David Allen, un clásico ya en estos temas y que viene con las mejores referencias.

Este libro contiene un consejo muy sencillo y que me parece muy útil. Algo así como: Si se te cruza una tarea que se realiza en menos de dos minutos, no la postergues, no la planifiques… hazla y listo.

Pero esta entrada va a ir por otro camino.

En mi opinión creer que el agobio con el que titulamos se arregla con organización es un error de concepto.

Hay gente que vive permanentemente en apreturas de tiempo, en momentos en los que sus circunstancias externas son muy acuciantes o cuando no lo son tanto.

Esto nos hace pensar que no tiene que ver con el exterior, sino con el interior, ya que somos nosotros la única variable que permanece constante. Es frecuente que estos patrones se repitan desde la juventud o la niñez.

Plantéate esta situación. Cuando tienes un proyecto que realizar, ¿apuras todo el tiempo disponible o bien tardas un tiempo limitado, lo hagas con dos días de antelación o el día antes?

Si eres de los que sigue trabajando hasta el momento de entregarlo porque «siempre se puede mejorar», creo que tienes un problema, compañero.

Esta obsesión por la perfección, que no sólo no es virtuosa, sino que resulta patológica, generando ansiedad e infelicidad, esta obsesión radica, en mi opinión. en algo mucho más profundo.

Aunque resulte duro decirlo, cuando uno sacrifica algo de valor indiscutible como la salud, las amistades, la familia, la misma Paz de espíritu, por una cosa… es porque esa cosa ha tomado una posición preferente en tus «intereses».

No digo que sea un proceso consciente, ni que lo disfrute el usuario.

Y este es el error fundamental que podría enunciarse así:

Como yo no valgo lo suficiente con lo que soy, intentaré compensarlo con lo que hago.

Hemos salido de la primera etapa materialista, en la que nos compramos un coche o una joya para validarnos, pero seguimos en un materialismo más sutil, en el que el valor sigue sin dármelo el hecho de ser humano (como ya hablamos), sino las cosas que hago.

Cómo solucionamos esto.

Mi propuesta es poner fronteras.

A esta tarea se le dedica esta tarde, el trabajo termina a esta hora, los domingos son para la familia… etc.

El camino que transitábamos antes en el que intentábamos hacer todo lo que era nuestro deber de la manera más perfecta posible, con el perjuicio de nuestros más allegados y, sobre todo, de nosotros mismos… ha demostrado no llevar a buen puerto.

En esta nueva aproximación, establecemos fronteras y trabajamos honradamente y tan duro como siempre hasta esas fronteras. Lo que quede por hacer, lo que no pueda hacerse, lo que tengan que asumir otros, o lo que directamente «pete»… tendrá que ser así. La otra opción es que vivamos esclavizados toda la vida o que «petemos» nosotros.

El Sol se pone una vez más en el Cabo de la Nao y un rayo de iluminación me llega, como cada vez que ando por Javea. Gracias.

Dedicado a aquellos que sufrimos por estas cosas, a ver si nos vamos quitando. Especialmente a mi hermana querida, y mis compañero Antonio, Luis y Vanessa con los que se habló horas y horas… sin fronteras… sobre esto.


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