Individualismo espiritual

1 agosto 2021

Detalles, matices, precisiones… palabras que suelen significar algo pequeño y de poca repercusión, pero que no suele considerarse así por quien lo hace. Hoy seré yo quien los haga, pensando sobre todo en la repercusión.

Recordemos aquello del efecto mariposa en los sistemas caóticos: el batido de las alas de una mariposa puede provocar a la larga una tormenta en el otro extremo del mundo. Si me aceptáis la metáfora, pequeñas ideas pueden desencadenar importantes consecuencias.

Vayamos con el título. Me da la impresión de que actitudes o ideologías que conocemos bien en lo material se esconden en una versión «espiritual» para seguir con su pernicioso efecto mientras pasan desapercibidas. Un ejemplo muy claro es lo que llamo «materialismo espiritual». Cualquier persona medianamente ética no considerará mejor a quien tenga más dinero o posesiones que otra, en cambio sí que vemos, con no poca frecuencia, como quien tiene más conocimientos, más CI o más talentos se siente superior a los demás. Y no me refiero a mejor en su disciplina, que sería una obviedad, sino en tanto que persona. Vaya, el clasismo de siempre.

Los educadores tenemos un problema grave al intentar conjugar impulsar a nuestros educandos con darles una descripción adecuada del mundo, porque esto último es a menudo descorazonador.

En mi opinión la solución pasa por servir a la verdad, ya que bonitas frases como «El tiempo pone a cada uno en su sitio», «Si te esfuerzas lo conseguirás» se muestran como falsas a corto o medio plazo. Tirar por contrario: «Da igual lo que hagas, todo es suerte», «Siempre ganan los mismos» «Las cosas son así», además de ser paralizantes tampoco son del todo ciertas.

A mis alumnos, clase trabajadora, les digo: Si no tienes patrimonio, rentas, acceso a crédito, contactos o talentos muy especiales… la única baza que te queda es el esfuerzo y el trabajo. De esta forma no pongo al esfuerzo como la panacea sino como la mejor opción, en tanto que única, explicándoles que mejora sus probabilidades de éxito sin garantizarlas.

¿Triste? Quizá. ¿Verdad? Seguro. ¿Alguno trabajaría más apoyado en una mentira como el niño que se come la sopa para que no le rapte el Hombre del saco? Probablemente, pero mi compromiso es con la verdad, y ellos saben que pueden acudir a mí para oír lo que me parece más cierto. En el largo plazo, a mi entender, más educativo. Lo mismo para vosotros, queridos lectores, creo que es lo que venís a buscar aquí.

Llegados a este punto, ¿a qué me refiero con el individualismo espiritual?

Pues a la actitud de que mis emociones y mi forma de encarar los problemas son la clave para su solución.

A mí me parece estupendo que creas que eres el Neo de Matrix y que con tu pensamiento y actitud puedas parar las balas, pero ojo, lo que determina que seas Neo no es que te lo creas, es que las balas se paren. Como decía aquí, lo único que los científicos le pedimos a los milagros es que ocurran.

Hasta el momento en que seas capaz de transformar de forma efectiva la realidad con solo desearlo, tu actitud positiva ante un despido o un cáncer no los solucionará. De hecho lo que puede ponerles alguna solución o el completo remedio será una ley laboral, los tribunales, los sindicatos y el sistema sanitario. Si te fijas, algo que tienen en común todas estas cosas es su carácter sistémico y colectivo.

Los ciudadanos llevamos a cabo acciones y tenemos responsabilidades tanto individuales como colectivas. De hecho, no son conjuntos disjuntos, casi todas las acciones que tomamos tienen influencia en otros y, por lo tanto, en la comunidad.

El problema aquí surge cuando desistimos de la acción política de manera deliberada por entender que es «juego político», «debates artificiales», «peleas de poder», o directamente alegando nuestra falta de interés en esos temas.. aunque justo después salgamos a andar por la acera cuyo trazado, construcción y mantenimiento dependen directamente de esa política que se desprecia. A menudo esta desafección se viste de cierta «pureza», de estar por encima de estas cosas, en un acto de ignorancia similar al que desprecia campos completos de conocimiento dándoselas de intelectual (aquello de «es que soy de ciencias/letras»).

No hay actitud posible que ayude al tratamiento de tu cáncer… si no te lo aplican porque no hay sanidad pública y la privada no la puedes pagar. No hay actitud que te haga trabajar mejor… si no tienes trabajo en el que aplicarla. No puedes decidir cómo llevar a cabo tu tarea de manera profesional y ética si te imponen una ley que lo impida.

No puedes multiplicar panes y peces o resucitar muertos. Tú no. Al menos, por ahora. Si vieras a alguien que lo pretende sin ser capaz le tildarías de loco… pero se parece mucho a lo que hace quien niega lo político, lo común.

No hay manera posible de salir solo de todo, particularmente de lo más grave. Tú no. Yo tampoco. Juntos… quizá.

Como en el caso del esfuerzo, es lo único que está en nuestra mano intentar.

Ya incidía sobre esto en estas entrada que quizá quieras leer.

La certeza de la incertidumbre

Buenrollismo y calmantes

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La comunicación científica es… comunicación.

13 octubre 2019

Fuente: Wikipedia

A veces nos olvidamos de que los adjetivos modifican a los nombres, pero que no los transforman en otros (culpa de los maestros, claro).

Por ejemplo, la pobreza energética es una faceta de la pobreza que merece la pena analizar en su particularidad, pero es POBREZA.

Lo que no va a suceder es que un adjetivo convierta un armario en una silla.

Así que, la comunicación científica (y aquí hablo de divulgación), es comunicación.

Y hasta aquí, el Profesor Evidencias. Gracias por su atención.

Pero no siempre se ven las derivadas de los principios que asumimos. Que se lo digan a los matemáticos y sus teoremas, estos estaban implícitos en los axiomas… pero no era algo transparente para cualquiera, ni mucho menos.

Que la comunicación científica sea comunicación, significa que se beneficia y adolece de las particularidades de la comunicación como hecho humano.

Hoy me centraré solo en… la irracionalidad.

La comunicación SIEMPRE será irracional. Siempre.

Tendrá, como poco, algunos elementos que no lo sean y serán tan influyentes en los resultados, que si tenemos que elegir calificar a esa comunicación como racional o irracional, sería imposible asumir el primer calificativo.

A los que se crean muy racionales (lo que prueba que lo son poco, me disculpen) les diré que más allá de como sean ellos, su audiencia… NO LO ES.

Por lo tanto, digan lo que digan, sea cual sea forma de su discurso, estará afectada por el cristal con que se mira, por la irracionalidad del oyente.

Respecto a los aspectos irracionales (inconscientes, emocionales… como queráis etiquetarlos o clasificarlos) podemos elegir ignorarlos, luchar en su contra, o dejar al azar su influencia… pero no podemos elegir que no existan.

Puedes elegir la ropa que te parezca que más apoye tu mensaje (un traje en un evento universitario, una camiseta friki en uno divulgativo), puedes ir a la contra (ir de punk a recoger el Nobel), puedes coger lo que tengas limpio o puedes elegir al azar, pero tu forma de vestir influirá en la percepción de tu mensaje.

De la misma forma, «lo que eres», o mejor, «lo que creen que eres» será parte de tu mensaje e influirá en que llegue mejor o peor y en qué público lo comprará.

Como es un factor irrenunciable, no es poco ético emplearlo a tu favor, porque es IMPOSIBLE que no afecte. Si eres agraciado y sonríes a tu audiencia llegará mejor tu mensaje sobre el cambio climático. ¿Es esto poco ético?

Pero claro, esta moneda tiene una cruz. Tu figura pública (cómo te perciben) queda indisolublemente ligada a tu mensaje. No vale con poner «En esta cuenta sólo hay opiniones personales» o «Este vídeo es sólo opinión, no como los otros que debéis creerlos a pies juntillas«.

Supongo que no os gustará, pero es un hecho, así funciona nuestra psicología. Lo saben muy bien los partidos políticos que prefieren tener un líder a un programa, los vendedores de perfumes que contratan a un actor y las empresas que te despiden porque en tu cuenta personal dañas TU imagen profesional y, por lo tanto, SU imagen corporativa.

Resumiendo, ¿a qué nos lleva esto?

En la conducta: A que más nos valdrá tener cierta coherencia personal, a que no hay una forma «apolítica» de ser (porque ser tibio en situaciones dolorosas es apoyar al poderoso o al opresor), y a pensar mucho lo que hacemos en público, porque todo aportará: sumando o restando.

En el contenido: La ética de nuestra comunicación la marcará que lo que contamos sea cierto, en un sentido científico (ya sabemos que estamos sujetos a revisión) o en un sentido vital, que expresemos con sinceridad nuestras posiciones personales o políticas.

En la forma: Analicemos cuál es más efectiva. En alguna ocasión, podría suceder que un chiste sea la mejor manera de hacer memorable alguna idea profundamente seria, y en otras proyectar la gráfica de un artículo científico.


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