Los ladrones hacen “lo suyo”. La línea base de la negociación

28 enero 2020

Fuente: Memegenerator

  • ¿Te has dejado el coche abierto? Pues claro que te lo han robado. Los ladrones hace lo suyo, así que la culpa es tuya.

¿Cuántas veces has oído razonamientos parecidos?

Asumimos como base del análisis que algunos agentes harán cosas poco éticas/razonables/legales sin cuestionar su calidad, para luego, claro, cargar las tintas sobre el que queda, que eres tú.

Lo más triste es cuando somos nosotros mismos los que nos hacemos esa trampa.

Pues yo estoy un poco harto y cada vez me suenan antes las alarmas.

El otro día en Twitter, me quejaba de que se diga que el que se deja explotar es el primer culpable (porque el primer culpable será el explotador, ¿no?).

Bueno, comprendo que a quien yo me dirigía había tenido un momento de despiste, pero luego terció otro tuitero para decir que el explotador hace “lo suyo”, insistiendo en que la culpa es nuestra. Estupendo.

Ocurre también en múltiples negociaciones: Uno modifica su primer impulso para ir con una propuesta que considera intermedia, y el otro extrema su postura y negocia desde ahí contra tu posición donde YA has cedido. Joder, no. O buscamos ambos una solución intermedia, o negociamos a “cara de perro”, pero entonces mi postura inicial será como la tuya “TO PA MÍ”. En estas ocasiones a veces les digo: No te líes que vengo “negociado de casa” y les muestro lo que sería mi extremo para que lo entiendan.

Es un elemento más de la pérdida tremenda de coordenadas que siento en jóvenes y no tan jóvenes. Lo que las cosas son, lo que significa la convivencia, lo que es exigible y lo que no, y mil cosas más andan muy lejos de estar claras y en muchos casos están muy claras… y muy erradas. Como educador, ando muy preocupado por esta situación en mis alumnos.

En fin, seguiremos intentando poner las cosas en su sitio, al menos las que seamos capaces de ver desde donde estamos.


Elogio del burlete

25 enero 2020

Sólo por hacer buenos los refranes “En casa del herrero, cuchillo de palo” y “Consejos vendo y para mí no tengo”, he pasado mas de veinte años explicando qué es un burlete y lo útil que es, mientras por mis ventanas correderas entra un biruji bastante desagradable.

Fuente: https://www.definiciones-de.com/Definicion/de/burlete.php

Empecemos.

El frío no existe.

No creáis, queridos lectores, que esto es un post de “autoayuda” en el peor sentido, es que el frío, en realidad NO existe.

En el mismo sentido que la oscuridad no existe, que lo que hay es la ausencia de luz, y que nadie trata de “meter oscuridad” en una habitación o evitar que “la oscuridad salga”, con el frío pasa algo parecido.

Y entonces, Panaderito nuestro, ¿qué ******* es lo que siento cuando toco un cubo de hielo con la mano? ¿No es el frío que entra en mi cuerpo? No, es el calor que sale.

Cuando pensamos en calefactar un local, intentamos compensar el calor que se escapa a través de paredes, cristales de ventanas… no el frío que entra.

PEEEERO lo que sí que existe es el aire frío. Si tienes una rendija, una puerta que cierra mal, o que debe abrirse y cerrarse… lo que puede que entre en tu casa no es frío, sino aire frío, que tendrás que calentar pagando calefacción, a la vez que el aire caliente que se escapa dilapida la energía que le diste en el exterior. Dos pagos a la basura.

Las rendijas son algo a lo que hay que presentar mucha atención, antes de invertir en grandes reformas o en subir la temperatura de la calefacción.

Puedes usar un papel fino sujeto por un extremo para intentar encontrar esas corrientes de aire que quizá no veas y que existan. Buenos lugares para mirar son: los antiguos cajones de las persianas, huecos demasiado grandes bajo las puertas o ventanas que no cierran suficientemente bien.

Para los cajones de las persianas, quizá lo mejor sea sellar esas rendijas con silicona, ya que no deben “abrirse y cerrarse” de manera normal.

Una forma muy barata de solucionar las rendijas en puertas y ventanas son los burletes. El objeto es barato, fácil de colocar y la mejora en muy considerable.

El de la imagen superior es para ventanas. Mira en tu tienda de bricolaje, porque hay modelos diferentes para ventanas correderas o batientes.

Para las puertas existen muchas variantes. Algunas muy “pro” y otras tan simples como poner un “peluche” contra la puerta o improvisar con gomaespuma una variante de alguno convencional. De nuevo, asequibles de precio y muy fáciles de instalar.

En resumen:

Ponga un burlete en su vida… la hará más cálida.

y

No seas como Javi, aplica el conocimiento que tengas.

 


Manual de prácticas de Hojas de Cálculo y datos estadísticos

23 enero 2020

Aquí os dejo un manual de prácticas de hojas de cálculo (usaremos Google Sheets por la facilidad de trabajar online) pero aplicado a la obtención y tratamiento de “microdatos” tomados de fuentes públicas, de forma que quien lo use se sienta con el “poder” de comprobar por sí mismo esas afirmaciones en los medios, por ejemplo.

Gracias en gran parte a las aportaciones de Guillermo Peris y a la ayuda técnica de Gaby Jorquera.


El que mide, sabe. El que no, sólo opina.

19 enero 2020

Este era el leitmotiv de la gira de mi libro Aproxímate y una de las cosas que como profesor del área de ciencias más me gustaría que aprendiesen mis alumnos.

Ando pensando en qué podía hacer en el mundo de las hojas de cálculo y resulta que Guillermo Peris y yo andábamos pensando en cosas muy parecidas.

Pues gracias a la pericia de Gaby Jorquera aquí os dejo cómo sacar datos del Instituto Nacional de Estadística, para poder hacer luego nuestras cuentas y sacar nuestras propias conclusiones, o comprobar si esos números que vemos por ahí son verdad.

Hay mucho que podéis mirar o usar con vuestros alumnos. Incluso podéis ver directamente gráficas. Mirad, esta es la de la tan “discutida” brecha salarial por sexo (haz click para ver bien).

Por supuesto el INE no es el único sitio donde podéis consultar y visualizar datos, tenéis:

Gapminder el legado del enorme Hans Rosling (os dejo enlazada una de sus más famosas conferencias)

Google Public Data que agrega datos de varias fuentes

CIVIO donde tenemos a nuestro admirado Javier de la Cueva

EuropaPress con unas gráficas online muy vistosas.


Alumnos “peseteros”

8 enero 2020

Fuente: Wikipedia

Ya hablamos hace tiempo de cómo la forma de evaluar o las reglas que se proponen INDUCEN comportamientos. Simplemente recuerda como conduce la mayoría ante un radar de carretera fijo o uno de tramo.

Con la deriva educativa hacia la atomización de la evaluación y a la injusta objetivación milimétrica (sí, objetivo y justo no son sinónimos), nos hemos quedado con una situación que fomenta ser eso que llamábamos antes “pesetero”. En mi entorno la definición del DRAE (alguien muy preocupado por el dinero) se le añadía también una cierta actitud mezquina en el recuento eterno de costes y beneficios de cualquier actividad, cuyo único incentivo y valor era ese, las pesetas. Una cierta forma de mezquindad.

Lamentablemente cada día me parece verla más entre el alumnado y, sin duda, la situación la fomenta.

Andas explicando algo que vas a preguntar en un examen y alumnos que no están prestando mucha atención pasan a preguntarte cuánto vale el examen en la nota global o cuánto valdrá esa “pregunta” en el examen, sin ninguna intención de entenderla.

Se suponía que la evaluación era una forma de medir y fomentar(!) el aprendizaje. Pues parece que vamos en dirección contraria, empezando por la pregunta que casi nadie se hace: ¿Por qué la mitad de lo estudiado es “suficiente”? y siguiendo por el recuento de “cachitos” de punto por “poner la fórmula bien”, haber intentado “algo”, etc. hasta intentar sumar ese cinco deseado, sabiendo más bien poco.

Las “excepciones” se han convertido en la norma y en las grietas por las que se cuelan “listillos”, como bien les enseñamos los adultos, que hacemos lo propio con nuestra legislación.

Por ejemplo, “¡Qué barbaridad que una alumno no titule porque le quede una asignatura!” Bien, pues como ya se puede titular con asignaturas pendientes, los alumnos, las abandonan, cuentan con esa baza, y ahora la discusión pasa a ser, “¿Cómo me vas a suspender con dos, si con una ya me aprobarías?”. Discusión parecida a la que tenemos con esos “cuatros que casi son cinco”, aunque en realidad representen un 40% de lo que se supone que debería saberse.

Y os advierto que poco “peseteros” son para lo que podrían, y muchas triquiñuelas se les escapan. No daré yo muchas más pistas, pero a ver cómo, con esto de los estándares, argumentas que un chaval que tiene dos sietes en las dos primeras evaluaciones no ha superado ya el 50% del contenido del curso, si no es con una desproporción en la tercera evaluación que supondría un mal diseño de curso. Pronto veremos a chavales que en marzo piden su aprobado porque se van a jugar a la consola.

Hemos sacado el foco de los chavales de la materia que tenían que aprender, para centrarlos en un “juego de abogados”, retorciendo el espíritu de la ley (lo que se pueda sin que se rompa -Gene Hackman, La Tapadera). Ya no se trata de cómo aprendo lo que tengo que saber, sino de cómo consigo el cinco aprendiendo lo menos posible.

No niego que antes hubiera alumnos así de forma general o en momentos puntuales, lo que digo es que LEGISLAR PROMUEVE UNOS COMPORTAMIENTOS Y SOCAVA OTROS, no sólo los sanciona, y que hoy por hoy, hemos vuelto a los chavales recolectores de décimas en lugar de aprendices de saberes.

Por cierto, ¿estos son los médicos, peluqueros, conductores, agricultores que querríamos que nos dieran servicio? Pues más grave que esto es que la formación que los haría profundizar en su libertad y su humanidad, esté quedando igual de coja.


Algoritmos, datos, sesgos e inteligencia artificial

18 diciembre 2019

Hablamos mucho de estas cosas, y no siempre da la impresión de que el conocimiento llegue al público, aunque fuese en los aspectos más generales. Pero, para eso tenéis a vuestro Panadero.

Últimamente oigo demasiado hablar sobre los “algoritmos” y su “maldad”.

Recordemos que un algoritmo es una secuencia de pasos para resolver un problema, como una receta de cocina.

Hoy en día, si pensáis en una inteligencia artificial como un robot que “siente”, tiene “voluntad”, “creatividad”, etc., al menos en la medida que nosotros podamos tenerla… no existe.

Lo que sí tenemos son sistemas “expertos” que son capaces de tomar decisiones en campos concretos de manera similar o superior a humanos expertos en esas materias. Por ejemplo, los programas que juegan al ajedrez o al go.

Si hay algoritmos interesantes en esas máquinas son los que les llevan a “aprender”, a comprender la situación para luego poder desenvolverse, tomar decisiones y demás.

El más avanzado programa de Go lo que hizo fue jugar muchísimas veces contra “sí mismo”, en realidad contra versiones anteriores, hasta conseguir tener un desempeño lejos del alcance del mejor humano.

Aunque el sistema de entrenamiento más conocido es el supervisado, en el que le facilito a la máquina una base de datos y espero que ella los “entienda”, extraiga patrones y conclusiones que le permitan tomar decisiones en el futuro.

Por ejemplo, un banco quiere entrenar una IA para que evalúe la posibilidad de que esta persona que está pidiendo un crédito termine siendo un moroso. Lo que se hace es dejar que la máquina eche muchas “cuentas” en algo que podíamos llamar (que me perdonen los puristas) “estadística con esteroides”, hasta que encuentra unas ciertas “reglas” que le permite “anticipar”, conociendo tus circunstancias (sexo, edad, dirección, nivel de estudios, etc.) si vas a ser moroso o no. Vaya, lo mismo que antes tenía que hacer un humano, tirando de su experiencia.

De esta forma, los datos que le damos a la IA son su “única” experiencia… y eso es muy peligroso.

Veamos un ejemplo, vamos a jugar a que tú eres la IA, yo te daré un conjunto de datos de una población que me he inventado y luego te preguntaré si concedemos el crédito a unas personas nuevas que vienen a pedirlo.

Estos son tus datos.

Venga, ¡échales un ojo que ya vienen los clientes!

Acaba de aparecer Guillermo, hombre, de raza negra, del que no sabemos si tiene hijos o dónde vive. ¿Qué hacemos?

Otro, Luisa, mujer, de raza blanca, de la que tampoco sabemos más.

Uno más, Pepi, mujer de raza blanca y con hijos.

Atención, olvídate de todo lo que no sean tus datos, tú, como IA sólo tomas información de ellos. Y, estos datos, míralos, nos dicen que alguien como Guillermo, no será un buen pagador.

Así que, nos vamos a otro banco con otra IA, que ha aprendido de estos datos

Si le planteamos los mismo casos de antes, Guillermo, Luisa y Pepi, verás que, en este caso, las conclusiones no serán muy halagüeñas para Luisa y Pepi.

Lamentablemente eso es lo que “dicen” los datos. En el primer caso, que las personas de raza negra serán morosas y en el segundo que las mujeres no serán muy proclives a devolverlo.

¿Es verdad que eso es lo que pasa con las personas que comparten esas características en mi población inventada? ¿Son “mentira” esos datos?

No son mentira… son un SUBCONJUNTO del total, una visión parcial que puede malinterpretarse, porque estamos tratando de forma incorrecta esa muestra de datos. Mira la población que me inventé y mira cómo son, efectivamente, subconjuntos. Siendo la población completamente equilibrada respecto a los indicadores de raza, hijos o sexo.

Las mismas personas que estaban en los subconjuntos están en el total, no se han manipulado sus datos, sólo que habíamos tomado muestras sesgadas. Como quien pregunta a dos personas por la calle dónde está el cine y concluye que nadie en el pueblo lo sabe porque el cien por cien de los encuestados (DOS!) no lo sabía.

¿Qué diferencia hay entre estos sistemas y las estadísticas tradicionales?

Pues que aquí, ni en los datos, ni en la máquina final es tan sencillo interpretar si están sesgados, qué sesgos tienen o cómo eliminarlos. En la práctica se puede caer en ir a “lo fácil”: He pagado un pastón por la máquina, le he metido muchos datos y me dice que no le dé el préstamo a Pepi. Pues no se lo doy.

Lo gordo es que a Pepi no le das el préstamo ni ninguna otra explicación, no sabe por qué ha sido excluida (quizá ni los propietarios lo saben) o por qué no contrataron el otro día a su primo David, o por qué es tan cara la póliza del seguro de su padre.

Como os decía es algo bastante complejo. Mirad, intentemos arreglar la base de datos primera, la que estaba sesgada por raza, para que no aplique ese sesgo. Borremos directamente la información racial, y veamos qué conclusión sacamos.

En este caso lo “poco recomendable” es prestarle dinero a alguien de la ZONA2… y ahora os animo a que vayáis a la base de datos y veáis que en los distintos barrios predominan distintas razas, con lo que, incluso quitando la información sobre la raza, mi base de datos conserva un sesgo racista.

Si añadimos a esto que LAS RAZAS HUMANAS NO EXISTEN y que NO SE CONSIDERA AL “SEXO” COMO UNA OPCIÓN BINARIA terminando con un doble mortal, nuestra máquina sesga a personas (sin que seamos conscientes) y además por características que están mal definidas o recopiladas. La pera.

Como veis, la “maldad” no está en el algoritmo, ni en las matemáticas, ni en particular en la estadística o en la programación… las máquinas heredan los “prejuicios” que están contenidos en los datos con las que se las entrena. No tienen la capacidad de entender que si hay un colectivo marginado al que nunca se le concede el acceso a crédito, jamás podrá salir de la pobreza y pagar esos créditos, o que es normal que otros colectivos no hayan tenido nivel alto de estudios, si se les prohibió acceder a ellos(!!) y tantas cosas, que no se infieren de conjunto de datos limitado y sesgado con el que las “alimentamos”. El diablo está en los datos.

Por cierto, ¿esto no os hace pensar en esas pequeñas criaturitas que se (mal)educan en entornos terribles y llegan a ciertas conclusiones sobre los otros y la vida, porque no han tenido los pobres otro input que ese, y van repitiendo consignas que ni siquiera resisten el mínimo análisis lógico. Uno de los ejemplos más claro de esto son los inmigrantes de Schrödinger que pueden A LA VEZ quitarte el trabajo y estar en casa sin hacer nada mientras cobran ayudas públicas.

Quizá os parezca que digo cosas raras o que pasarán en el futuro, pero dejadme que os ponga dos ejemplos del pasado bastante llamativos.

Un bot de Twitter que, al dejarle que aprendiera de la interacción con los usuarios (ya sabemos cómo es Twitter), terminó convirtiéndose en un troll, maleducado, sexualizado, fan de Hitler y de Trump.

Un programa de reconocimiento de fotografías que, al haber sido entrenado para reconocer a personas fundamentalmente de piel clara… confundió a una pareja de piel oscura con… ejem… con… gorilas(!!)

Y es por asuntos como este, de los que no se habla lo suficiente, por lo que se pide que estas cosas que se hacen con IAs estén abiertas al escrutinio público, ya que nos afectan a todos y pueden atentar contra derechos tan fundamentales, como que te consideren humano, pero claro, también está el dinero…

Un recuerdo siempre a Helena Matute que es un referente en esta lucha por lo que es de todos.


Elogio de las pruebas externas… o casi

15 diciembre 2019

Fuente: Wikipedia

La importancia de la educación como derecho y la vulnerabilidad de los menores, usuarios mayoritarios, sería razón más que suficiente para implantar pruebas externas y de control del proceso educativo.

¿Cuál es el problema?

El de siempre. Una cosa es legislar y otra la concreción de la legislación, y la segunda es decisiva para la provisión de los derechos, aunque sea una de las grandes olvidadas… salvo para los que quieren “tunear” las leyes aunque ya hayan sido aprobadas. Como ejemplo, tenemos al ex presidente Rajoy enorgulleciéndose de contemplar un presupuesto cero para cierta ley e impedir de hecho su cumplimiento. Llamativo que estas cosas no tengan ninguna implicación legal para el susodicho, pero eso es otra historia.

Os ponía otro ejemplo hace tiempo con la evaluación en Dime qué me preguntas y te diré quién soy donde os explicaba que DECIR QUÉ voy a evaluar SIN DECIR CÓMO voy a hacerlo ES NO DECIR NADA.

Vayamos al grano.

Quizá penséis que voy a poner a parir PISA o las Pruebas Externas que pasan otras administraciones educativas, pero no, paso. Hoy voy a ir directo al final del argumento.

Nosotros, los docentes, evaluamos a los alumnos, pero somos constantemente cuestionados, de formas más o menos amables, hasta un nivel (pretendido) de detalle que resulta en una burocracia absurda y paralizante.

Así que, quizá la mejor solución sea… no discutirlo más.

De acuerdo, los docentes no tenemos ni los conocimientos suficientes, ni la ética para aplicarlos de manera justa. Así que, ¿por qué duplicar las pruebas? Hagamos exámenes externos oficiales y los profesores (exhaustos) tomaremos como “correctas” esas evaluaciones. Diriman los padres y estudiantes sus diferencias con la administración y todos a casa.

De mis tiempos como profesor particular (unos ocho años en las materias vas variadas) recuerdo la agradable sensación de ser un “aliado”, de trabajar con el alumno (y él conmigo!) para llegar a un punto en el que pudiera superar el examen que ponía “otro”. No recuerdo a ninguno de ellos que hiciera cosas para “perder clase”, mientras que todos se esforzaban para aprovechar tremendamente el tiempo, llegando a comprender y manejar cosas en unas horas para las que meses en el centro no habían sido suficientes. No tengo duda de que la mayoría de sus profesores serían tan buenos o mejores que yo, pero claro, uno-contra-uno, no es lo mismo que repartirse entre treinta, y es más que probable que ese alumno no hubiera trabajado en clase como lo hacía conmigo… pero ahora éramos aliados.

No he tenido esa sensación como profesor “de grupos” más que en segundo de bachillerato, cuando de nuevo soy más el aliado que les ayuda a pasar la prueba que les pondrán “otros”.  Así que, si toda la evaluación fuera externa, sería curioso ver cómo nos convertíamos en aliados y cómo cosas como “perder clase” se empezaría a percibir como un perjuicio, incluso por los otros estudiantes.

Sin duda la gran pérdida sería una evaluación mucho menos justa, por más objetiva que fuese, mucho menos adaptada a los alumnos y sus características particulares, mucho menos… vaya todo en lo que (la mayoría de) profesores nos esforzamos en hacer por conocimientos y por ética, pero cuyo cuestionamiento constante nos tiene un poco hasta las narices.

Es curioso también que entre las medidas de mejora de la evaluación nunca se contempla la reducción de ratio y de carga docente, que también en esto (qué casualidad) sería una enorme mejora. ¿No os parece que si tengo más tiempo y menos alumnos para evaluar, podré hacerlo de mejor manera? Fíjate que es cierto que podría no hacerlo, pero, no veis que con una carga excesiva, directamente, no puedo hacerlo.

Si os paráis a ver las discusiones en las redes entre los profesores de matemáticas de colegio e instituto sobre cómo enseñar cada cosa, qué beneficios y problemas tienen, os daríais cuenta de lo difícil que es y del volumen de conocimiento necesario para tener opiniones de peso. Y esto os lo dice alguien con muchos mas conocimientos de matemáticas que el ciudadano común, pero se reconoce con mucho aún por aprender en su didáctica, al menos, mucho que aprender de los que saben. Así que, esos debates que os parecen tan naturales y tan obvios sobre “qué ha preguntado y cómo” el profesor en el examen, ni son tan simples ni se está tan preparado para tenerlos como se cree la mayoría. Al igual que yo no lo estoy para discutir cómo me repara el mecánico el coche. La diferencia es que para ciertos trabajos todo el mundo se cree con conocimientos suficientes.

Finalmente, OS ESTÁN ENGAÑANDO.

Claro que necesitamos supervisión y control, IMPRESCINDIBLE, como en la provisión de cualquier derecho, pero de la misma forma que para ver si un médico ha cometido una negligencia necesito el examen de expertos, para esto no vale con la opinión de cualquier padre que viene dando voces enarbolando un examen y unas razones, que desaparecen si se lleva un cinco aunque sea por que se calle y no por las razones que se enarbolaban. De hecho, creo que somos demasiado permisivos con las formas (gritos, agresiones físicas, amenazas) con las que los padres entran en centros públicos y se dirigen a empleados públicos en ejercicio de la función pública. Algo que igual se adapta a ciertos tipos legales bastante graves… pero eso es otra historia.

Como casi nadie sabe de matemáticas o de medida, si le lanzo “cuatro números” a los usuarios y a la administración, todos se quedan tranquilos. Y aquí aparecen las famosas rúbricas, los estándares y todo lo demás. Atomizando lo que es necesariamente global, la comprensión, y poniendo una cortina de “exactitud” mediante los números sobre algo que sigue siendo arbitrario, el modelo. Digamos que todo el mundo repasa las cuentas de los exámenes a ver si se ha sumado mal, pero pocos discuten el margen de error de preguntar sólo algunas cosas y estimar el conocimiento de toda la asignatura con una precisión del uno por ciento.

Y, por cierto, ¿por qué está el aprobado en el cincuenta por ciento de lo que debe saberse?

Resumiendo:

¿No os fiáis de los profesores? Perfecto. Evalúen ustedes. Perjudicarán a los alumnos (serán peor evaluados y tendrán una formación “dirigida” a aprobar). Por nosotros no se preocupen, tendremos menos trabajo, menos cuestionamiento, y nos percibirán como sus aliados.

Empezamos cuando quieran.


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