Importancia del contenido, tiempo dedicado y peso en la nota

9 septiembre 2019

Fuente: Wikipedia

Estas tres cosas: Importancia de un contenido, tiempo/esfuerzo que se le dedica y peso en la evaluación final, son tres elementos que deberían tener una fuerte relación entre ellas y no siempre ocurre así.

En estos comienzos de curso es extremadamente importante que le paséis este “test” a vuestros diseños de asignaturas, de cualquier nivel. ¿Le dedico tiempo suficiente a este contenido que considero tan importante? ¿No es este trabajo demasiado costoso para el peso que tiene en la calificación final?

Es una manera sencilla de repartir tiempos, esfuerzos, partes en exámenes y pruebas.

Hay tendencias que nos apartan de esta sencilla lógica. Por ejemplo, le solemos dedicar mucho tiempo a cosas que son difíciles, aunque sean excepciones, asuntos tangenciales, o no vayan a tener peso en la calificación final.

También es frecuente que nos extendamos en asuntos que nos interesan a los docentes o de los que sabemos más sin tener en cuenta la importancia relativa que puede tener en el contexto de la materia que impartimos.

Además en estos tiempos absurdos (matemática y pedagógicamente) de “estándares”, rúbricas y demás formas de atomizar la evaluación, nuestra incoherencia entre estas tres “magnitudes” puede ser detectada por nuestros estudiantes cosa que hace que dejen de pensar en aprender y se vuelvan “calculadores”.

Por ejemplo, si les mando leer dos libros y hacer dos trabajos escritos y esto va a ser un punto en la calificación final. ¿No harían mejor en dedicar ese tiempo a estudiar mi materia u otra y sacarme un NUEVE, tranquilamente?

Esta actitud, que nos molesta profundamente a los docentes que queremos enseñar, no sumar decimales, también se minimiza manteniendo las tres cantidades (importancia, tiempo y peso) en un mismo orden, de forma que quien obvia algo poco importante, gana sólo un poco de tiempo y pierde sólo un poco de nota, en cambio quien pretende soslayar algo de importancia crucial, aunque ganará mucho tiempo, no será capaz de pasar la asignatura.

Hazlo una y otra vez. Otro ejemplo, si tienes que confeccionar un examen “final”, adscribe porcentajes a los contenidos y limita la participación de cada uno en el conjunto del examen.

No es nada difícil y da muchas alegrías. Que tengáis buen curso.

Por cierto, ¿y si hacemos eso también con el resto de elementos de nuestra vida: buscamos la proporcionalidad entre tiempo, importancia y recompensa (a cualquier nivel)?

Esto, como tantas cosas, lo aprendí de mi hermana Mª Carmen Fernández Panadero, a quien dedico este post.

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¿Son cuidadosos los jóvenes con la privacidad online?

25 julio 2019

Publicado simultáneamente en Naukas.

Como sabéis, soy profesor de secundaria y hablarles sobre privacidad es mi obligación, no sólo como docente, sino como parte de mi temario.

Pero me resulta tremendamente difícil. Mirad, conversación de clase.

– Chavales, si ponéis una foto de dónde estáis comiendo en RRSS va a verlo mucha gente.

– ¡Claro! ¡Qué bien! PARA ESO lo hacemos.

¿Dónde quedaron Raphael o Alaska con sus “Qué sabe nadie” y “A quién le importa”? Porque parece que hoy, lo tuyo, le importa a mucha gente y LO SABEN.

Preguntados algunos amigos de Naukas, le he estado dando vueltas y os cuento cómo veo el asunto.

Hay quien apunta a que pudiera ser que la privacidad, tal y como la concebíamos hace 20 años ha quedado obsoleta, estando en un nuevo tiempo, con nuevas reglas, como apunta Santiago Campillo, o como también sugiere Joaquín Sevilla recomendando un vídeo de la youtuber Ter hablando sobre el origen de los selfies para reflexionar sobre el concepto de imagen virtual.

Pero es muy interesante la respuesta de Víctor Ruiz sobre este “nuevo” concepto de privacidad, en la línea de que los adolescentes de hoy en día siguen respondiendo a sus padres, como siempre: ¿Donde has estado? Por ahí. ¿Con quién has salido? Con “estos”… y eso si les pillas comunicativos y pasan de los monosílabos, o ruidos guturales. Es quizá, más ajustado, como dice Víctor, que creen que lo que publican no es, en realidad, “público”. En este sentido a veces le digo a un alumno que voy a proyectar su cuenta de Twitter en clase, por ejemplo, y se ponen bastante nerviosos. Le pregunto que por qué, que si la tiene abierta la puede ver alguien en Ulan Bator sin mayor problema. Algunas veces, para hacerles reflexionar sobre la privacidad les he dicho que ese día no la iba a abrir, pero que al día siguiente sí, así que, que revisara sus contenidos o que la pusiera privada… y la ponían privada. Conclusión, no les da igual que cualquiera pueda verlo… aunque su configuración sí lo permite.

Por supuesto sigue habiendo cosas que se quieren proteger, los datos sensibles que entienden como “secretos” y no sólo como privados, el PIN de la tarjeta de crédito o las contraseñas de los distintos servicios online, las RRSS, etc.

Iván Rivera opina que quizá no se trate de un “nuevo” concepto de privacidad, sino el retorno al de siempre, al de la tribu, vaya… a la ausencia de privacidad, donde las viejasdelvisillo tenían información puntual de todos, y la compartían con bastante buena disposición. Disfrutamos de un cierto paréntesis de intimidad en nuestras “deshumanizadas” ciudades, pero volvemos al redil… aunque con una importantísima diferencia: Las viejasdelvisillo de hoy en día no comparten su información con la misma ilusión que recopilan la nuestra. Para muestra este momento impagable (min 0:46) en una comparecencia de Mr. Facebook en el Senado, que debería ponerse a diario en la tele y os transcribo.

– Mr. Zuckerberg, would you be comfortable sharing with us the name of the hotel you stayed in last night?

– Um, (chuckles), (pause), uh, No (smiles).

¿Por qué tanta duda? ¿Por qué no? ¿Por qué no quieres compartir esa información que deseas de mí y para la que has generado toda una estrategia comercial de alertas, likes y demás. Una estrategia, como nos recordaba Víctor.

Fijaos que es un ejemplo estupendo de “si no tienes nada que ocultar, ¿qué tiene de malo que sepamos el hotel en el que has estado, y que habrás dejado ya?” Es una información que parece que no tiene ningún valor o peligro pero que no es de la incumbencia de nadie… aunque parece que sí que les importe.

Distinción muy importante esta entre lo que te incumbe y lo que te importa o te apetece saber/inmiscuirte.

Os recuerdo, ya lo hacía Mark también en la comparecencia, que él VENDE esta información a terceros, para que hagan publicidad dirigida, por lo que cobra muuuuucho dinero. Aprovechamos también para traer al foco que nosotros no somos los CLIENTES de las redes, clientes son los que pagan por la publicidad que nos hacen, nosotros (nuestros datos) somos el producto.

¿Y qué tipo de producto somos? ¿Qué harán con esos datos?

Pensemos que para que algo sea un negocio hay que conseguir que produzca dinero. Saber que yo he ido al cine o a correr tiene que tener un interés que pueda traducirse en dinero, si no, nadie pagará por esa información.

Por un lado está la publicidad dirigida, ya sabéis, mucho mejor (más barato y efectivo) mandar anuncios de zapatillas a gente que sé que corre varios kilómetros al día que buzonear en una ciudad portal por portal, piso por piso.

Pero entonces, ¿por qué partidos políticos, seguros médicos y otros agentes similares están comprando esa información? ¿Qué pueden hacer con ella?

El escándalo de Cambridge Analytica (documental en Netflix pronto) y otros parecidos nos muestran que, sabiendo cuáles son nuestras “teclas”, pueden hacernos tomar decisiones que pensemos “libres”, vaya lo que lleva haciendo la publicidad toda la vida, pero con mucha más capacidad de influencia. Respecto a por qué querría una compañía de seguros médicos conocer tu día a día, te dejo que lo pienses tú.

¿Podría ser entonces que esa distinción que hacemos en la información sensible, entre información secreta y privada, sea un error, porque en el fondo toda la información sensible debería protegerse como si fuera secreta?

Pues diríase que sí, que deberíamos compartirla sólo con quien fuera necesario, controlar a quién se la damos y con quién va a compartirla.

Hace poco hablaba en Twitter con dos buenos amigos que opinaban que no tenía mayor problema poner las fotos de tus peques en Facebook si tenías tu cuenta cerrada y sólo a gente de la familia agregada, pero hay que recordar que Facebook se queda con los derechos de las fotos que sube, y que si no has visto la cara de tu peque en un anuncio es sólo porque los publicistas no piensan que haya salido tan guapo como tú crees. Hay aspectos muchos más sórdidos, por ejemplo, hace poco supe que, pederastas, comentaban vídeos de youtube con una marca de tiempo, para que otros supieran donde iban a encontrar material que pudieran usar para sus fines.

Un punto muy importante que señalaba Javier de la Cueva (experto en estos menesteres) es que lo que “te importa” puede ser un concepto muy dependiente de tus coordenadas espaciales y temporales y lo resumía en tres puntos.

1. El consenso social de hoy puede cambiar.

Lo que haces hoy podría no tener mañana un consenso social. Pone como ejemplo la imagen de la mujer en la publicidad de los años sesenta.

Añado yo, que en el caso de los chavales más jóvenes, olvidan que tendrán varias “vidas”: ahora son hijos y jóvenes, pero mañana serán trabajadores, padres, figuras públicas o con responsabilidades privadas, y que ese vídeo cantando borrachos en cueros no tiene la misma aceptación en todos esos “mundos” diferentes.

2. Lo que se acepta en tu país podría no tener consenso en otro.

Un homosexual puede ser condenado a muerte en determinados países, por ir al ejemplo más claro.

3. Tu comportamiento cotidiano sirve para crear un perfil, que podría hacerte sospechoso de tener conexiones con gente que hubiera ido al mismo sitio que tú en el mismo momento, acusaciones de conspiraciones terroristas, por ejemplo.

Concluye que una cuestión es estar “conectado” y otra la prudencia al dar datos en esas conexiones, al menos bajo estos tres argumentos: temporal, espacial y de perfilado.

José María Mateos compartía un artículo que profundiza sobre la definición de privacidad y “nothing to hide” (nada que esconder) principalmente desde un punto de vista de monitorización desde el estado.

 José Cuesta abunda sobre la peligrosidad de los posibles usos que hagan los bancos, aseguradores… o simplemente, quien te vaya a hacer una entrevista de trabajo y se ponga a mirar en tus redes, o en las bases de datos que hayan comprado.

También fue Jose quien nos informó de que podíamos acceder a (alguna) información que va recopilando Google en la página MyActivity. Personalmente me quedé alucinando cuando vi que me grababan desde el micrófono del móvil aleatoriamente y guardaban esas grabaciones. Cosa muy diferente a estar escuchando y esperar a que se diga “OK Google” para empezar a guardar (mis alumnos pueden atestiguar que salía cantando por Camarón mientras conducía). Recientemente han reconocido que (algunas) de esas grabaciones están siendo analizadas incluso por operadores humanos.

Esta es otro enlace que nos facilitó Jose donde podéis ver cómo se nos están identificando los intereses por parte de Google.

Y otro enlace más para ver qué empresas están recopilando datos nuestros, de nuevo vía Jose Cuesta.

Esto respecto al asunto puramente técnico y de seguridad, pero quizá también cabría preguntarnos sobre aspectos más filosóficos o psicológicos.

¿Por qué querría exponerme tanto? ¿Qué interés tiene mi postre, mi nueva camiseta para el “público general”?

Es cierto que hay quien “monetiza” sus seguidores y en realidad está haciendo un trabajo publicitario pagado para un restaurante o tienda de ropa, pero no es el caso general.

Somos animales sociales, por supuesto, y necesitamos el refrendo y el cariño de los otros, lo que pasa es que esa necesidad suele y quizá debiera (?) proveerse por parte de los círculos cercanos, los amigos (los de verdad) y la familia. Me pregunto si es psicológicamente sano depender del apoyo de mis “seguidores/lectores/fans” para tener el coco medianamente en orden.

Desde luego, que cada uno haga lo que quiera, hay quien dice “empoderarse” subiendo fotos desnudo (hablando de exposición íntima), y frecuentemente no responde a una reivindicación de cuerpos “no normativos”, quizá una lucha necesaria, sino a gente que está muy bien, buscando que se lo digan.

A mí me chirría. De hecho he “desgastado” el botón de silenciar en Twitter y he reducido la interacción con quien sólo viene a molestar, porque sí tienen una influencia en mi estado de ánimo. Aunque sigo pecando en pensar que cualquier subproducto de mis procesos mentales, es algo que el mundo debería conocer. A veces serán ideas inspiradas o inspiradoras, pero en otras ocasiones creo que tienen más que ver con recibir un refrendo y psicológicamente, esto ya os digo que me parece que tiene aristas. En fin, estos aspectos, ya que se los mire cada uno.

Conclusión.

La información privada dice mucho de nosotros y si somos descuidados al compartirla puede llegar a quien no queramos que lo hiciera, y que lo usará con fines que no nos gustarán, influyendo en nuestra vida, capacidad de elección, incluso uso de servicios como la medicina.

Difícil camino y difícil de enseñar en un mundo en el que los adultos son los primeros que no hacemos un uso adecuado de las RRSS ni por el tiempo dedicado ni por las actitudes. Así que aprovechemos esta reflexión sobre cómo educar a nuestros jóvenes, para mirarnos en el espejo. Ya que, como acierta a indicar Fernando de la Cuadra (que ya visto mucho, experto en seguridad informática), sus comportamientos son poco diferentes a los nuestros, para mal, seguimos buscando ser el macho alfa, el más popular del recreo. Además de sugerir que usemos mejor el término intimidad, en lugar de privacidad.

Gracias a todos los compañeros de Naukas por sus reflexiones, enlaces, información, controversias… Es un privilegio poder contar con vosotros.

ACTUALIZACIÓN

@Mininacheshire nos alerta de q al pedir precaución a las víctimas podemos incurrir el culpabilizarlas y  en dejar de exigir a los abusadores q sean legales y éticos.

 


¿Podría derogarse una ley si todos la respetásemos?

30 junio 2019

Fuente: Wikipedia

Mucha gente se siente ofendida cuando se señala la necesidad de legislar y cómo la “educación” resulta insuficiente, siendo además parte de la educación que se reclama el propio acto de legislar.

Una de las razones es porque nosotros siempre somos “los buenos” y no queremos que nadie nos diga qué tenemos que hacer.

También se añade que no pocos vivimos en confortables burbujas de seguridad física, económica y social, en la que no parece ser necesario regular, porque las cosas “funcionan solas”.

Por supuesto, se trata de un error, pero aquí estamos para reflexionar entre todos y alcanzar mayor cordura.

Os propongo un simple ejercicio.

Hace poco se creó una zona en el centro de Madrid de exclusión de tráfico, en distintos grados y según diferentes escenarios de contaminación, precisamente para limitar esta y todos los problemas de salud asociados, entre los que se encuentran MUERTES tempranas.

Muchos ponemos el grito en el cielo ahora que ha cambiado el gobierno municipal y ha expresado su voluntad de revertir esta medida, que incluso nos acarrearía multas por parte de Europa al incumplir los compromisos sobre contaminación a los que nos debemos.

Pero no os quería hablar tanto sobre esto, como sobre el hecho de que nosotros PODRÍAMOS MANTENER MADRID CENTRAL.

Es muy sencillo. Se trata sólo de obedecer la misma normativa que se puso, aunque no sea bajo la amenaza de ser multado, en caso de incumplirla.

Fijaos que una ley no puede ser derogada en sentido profundo si una abrumadora mayoría de la sociedad elige seguirla, más allá de lo que diga este político o el otro.

Bien, no es tan sencillo de llevar a cabo, ¿verdad? Ni siquiera por los más convencidos y beligerantes… no somos tan buenos, aún no.

Mirad vuestro compromiso con algunas leyes que no os parecen bien, o que no os convienen mucho, miraos dentro y sabréis por qué es necesario legislar aún. Ojalá un día seamos mejores personas, todos, ojalá. Por mi parte no es sólo un buen deseo, es a lo que he dedicado mi vida laboral. Pero hay una diferencia fundamental entre luchar por algo y creer que ya se ha conseguido.


¿Información parcial => Resultado aproximado?

27 junio 2019

Fuente: Wikipedia

Me encuentro con esta afirmación en discusiones de manera implícita o explícita… y es más falsa que las promesas educativas de la administración.

El problema de la información limitada, incluso aunque sea cierta, es que puede dejarse factores fundamentales que den la vuelta completamente a nuestras conclusiones.

Permitidme este ejemplo tan sencillo.

Tengo una multiplicación de dos números, uno es menos dos (-2) y el otro, bueno, del otro sólo conozco el valor absoluto, el cual sé que es cuatro, pero desconozco el signo.

Fíjate, conocemos de qué operación se trata, sabemos uno de los factores completo y, del otro factor, sólo desconocemos el signo. ¿Podemos entonces dar un valor aproximado de la operación? La respuesta es no, puede ser 8 o -8, bastante lejos uno del otro, uno positivo y otro negativo… no tenemos ni idea del resultado, no sabemos si tenemos superavit o déficit, no sabemos si nuestra nota es un notable o nos han restado tantos puntos en un test que ni llegamos al cero.

Lo sé, queridos lectores, tenemos que decidir, tenemos que pensar con lo que sabemos, no nos queda otra… ni siquiera es un acto inmoral, es el único acto posible. Lo que sí se nos puede pedir es relajar el dogmatismo de nuestras conclusiones provisionales, pero no que las tengamos. Os lo contaba en Te juzgo, sí, ¿qué pasa? y en Te jodes y decides.

Cuando pensemos sobre algo, no podemos dejar de valorar que, justo el factor que no has considerado o un agente externo con suficiente influencia, o el propio azar, puede “cambiar el signo” de tu conclusión.

No hay una receta mágica, y menos puramente formal, para distinguir lo acertado de lo incorrecto (más allá de errores de lógica formal, como las falacias), pero “La sustancia X causa cáncer”, es una afirmación que necesita del conocimiento experto para ser refutada o confirmada, y que, podría ocurrir que mañana, aparecieran elementos que pusieran todo patas arriba. Por eso las “verdades” de la ciencia son provisionales.

Por esto es tan importante que se siga haciendo hincapié en los conocimientos, en la formación específica, precisamente hoy que encumbramos abstracciones como las “competencias” que, en realidad, se aprenden abstrayendo de la experiencia concreta, se evalúan haciéndolas trabajar sobre elementos concretos y que aplicarán finalmente de nuevo sobre elementos concretos. Es lo que tiene ser una abstracción.

No hay algo así como un “espíritu crítico” abstracto, no dependiente del contenido y que, una vez aprendido, pueda aplicarse a cualquier campo del conocimiento para ver si aquello es verdadero o falso. ¿Cuándo nos olvidamos de que nuestro saber científico es empírico?

¿Os dais cuenta de que precisamente por esto es posible el engaño, el propio y el ajeno?

La gente no se engaña porque sea imbécil, tienes información parcial (incluso incorrecta) que te conduce de forma “razonable” a conclusiones equivocadas. Puede que estés muy a favor de hacer biodiesel con maíz, hasta que alguien te diga lo que pasa con el precio del alimento básico de millones de latinoamericanos. De repente, lo que parecía una medida estupenda, ecolochupi, provoca el horror a multitudes. Un detallín que faltaba… pero en general, estaba bien “profe”. No, estaba muy mal.

La información limitada arroja conclusiones provisionales, no necesariamente aproximadas. La vida no era tan fácil.


Setenta veces siete

24 junio 2019

Fuente: Wikipedia

¿Debo ser un buen cristiano y perdonar hasta setenta veces siete o ser un buen troyano y temer a los griegos hasta cuando traen regalos (2)?

Ayer sucedió, una vez más, que un político de un sector “crítico” dentro de su partido, se quejase de que el partido había tomado una dirección diferente a la que se prometía en su fundación. Hay que reconocer que es una sorpresa que, en esta ocasión, la queja se acompañe de una dimisión.

Vayamos más allá de la mera anécdota a ver qué podemos aprender.

Contaba el político que había sido “leal” y había expresado sus quejas una y otra vez en los órganos correspondientes del partido sin que repercutiera, viéndose, por tanto, abocado a esta decisión. Por supuesto me recordó aquel post “Los críticos tienen fecha de caducidad”.

Eso quiere decir que no ha sido una respuesta inmediata a un cambio de dirección, sino que después de “aguantar” que se traicionaran esos ideales un número no pequeño de veces, la cosa acabó en divorcio.

Como os comentaba en aquel post, es muy curioso el papel de los críticos que viven de una organización con la que están en desacuerdo, mientras que esta usa el atractivo personal de aquel o la pluralidad aparente de la que se viste al acogerlo entre sus filas, para blanquear sus acciones.

Mas allá de esto me gustaría señalar, algo que cualquier educador experimentado conoce:

Aprender pasa por asumir los costes de las propias acciones.

Y yo me pregunto, ¿quién paga estos “errores de confianza”, estas “traiciones” de las que se quejan los críticos? Claro, tú y yo, como siempre. Los ciudadanos.

Estas “paciencias”, estos “perdones”, de los que nadie parece arrepentirse, están muy lejos de ser experimentos con gaseosa, inocuos y bienintencionados. Se parece mucho más a probar fuegos artificiales en el salón de mi casa, y después irse a la suya, sin recoger.

Se parece más a la retahila típica de niños y adolescentes “perdón, perdón, perdón, perdón…” que sólo busca pasar de largo, esquivar las consecuencias, evitar la reparación del daño. Los que nos dedicamos a educar sabemos lo improbable que es la comprensión del error sin que se tenga que asumir un coste por él. De hecho, no veo en los adultos un comportamiento muy diferente, en general, que no se mueva por evaluación de coste y beneficio, por mucho que me entristezca y trabaje contra ello.

Hay una responsabilidad en traicionar unos principios. Hay una responsabilidad en recomendar a alguien y que luego resulte perjudicial para aquellos que asumieron tu recomendación.

Si jugamos a ser el “crítico”, el “verso libre” deberemos asumir nuestra responsabilidad, en lugar de “perdonar” a la organización y dejar que los demás paguen los platos rotos. Hemos participado en el engaño a otros, hemos sido imprudentes y atrevidos, y alguien ha resultado dañado.

Y, los ciudadanos, consumidores y votantes, haríamos bien en pasar costes a quienes actúan así de irresponsablemente (o de malintencionadamente). Y hacerlo en la moneda que les importa: el dinero… u otros elementos monetizables, como los votos.

(1) Mt 18, 21-22

Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?

Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.

(2) https://es.wikipedia.org/wiki/Timeo_Danaos_et_dona_ferentes


Exámenes: ¿Problemas tipo o problemas de idea feliz?

10 junio 2019

Fuente: Wikipedia

Si le preguntas a los alumnos se decantarán claramente por el primer tipo, pero más allá de sus gustos o intereses, discutamos qué opciones son pedagógicamente más interesantes, como profesores y como científicos.

Reconozco la falsa dicotomía del título ya que. en realidad, todos los profesionales estaremos de acuerdo en que lo ideal es un problema que pueda resolverse con los conocimientos que deben demostrar, pero que no resulte tan sencillo como para ser un ejemplo común que puedan haber memorizado sin mayor comprensión.

¿Dejamos aquí el post? Nada de eso.

Como en tantas ocasiones, es muy fácil escribir una solución que sea casi tautológica o autorreferente, de forma que sea innegable, pero a la vez no dé ninguna pista de como podría concretarse.

¿Cuál es ese ejercicio magnífico en el que tienen que usar de manera comprensiva los conocimientos que les enseñamos, pero que ni es el mismo problema del libro con los datos cambiados, ni algo que no pueda resolverse sin darse cuenta de un detalle especial que ni siquiera tiene que ver directamente con lo que les enseñamos?

Mi tesis es que… no existe. Nuestros esfuerzos por salir de los problemas tipo suelen acabar en problemas de idea feliz.

Puede ser que esto sea mucho más cierto en los niveles menos sofisticados de la educación, aunque por esto me refiera incluso a los primeros cursos universitarios.

Pero esto a mí no me preocupa. Me gustan los problemas tipo… porque me gusta la ciencia.

Me explicaré. Me gustan las regularidades que encontramos en la naturaleza, me gustan los patrones, me gustan las fórmulas, me gusta que los que nos precedieron se dieran cuenta de que de aquella manera se podía resolver un problema o muchos.

Me gustan los sistemas, los protocolos. Acercarme a un problema y saber que puedo aplicar ciertas “técnicas” y resolverlo, de una manera sistemática.

Algo distinto es “adornar” los problemas, por ejemplo, casi todos los profesores que hemos enseñado física hemos puesto ese problema de caída de objetos en los que se calcula desde qué piso se tiró el tiesto que mató a la víctima de un asesinato o cosas parecidas, pero hay unas fórmulas, hay unas maneras de plantear el problema, hay unas condiciones para la altura máxima, para el tiempo de vuelo.

Lo mágico de las regularidades matemáticas de la naturaleza es que, con este sistema, podemos resolver “cualquier” problema.

Recordemos de nuevo que en los primeros niveles de conocimiento estamos enseñando las técnicas básicas y que es justo eso de lo que tenemos que examinar a nuestros estudiantes. ¿Sabe resolver una integral racional? ¿Sabe calcular el alcance máximo de un tiro parabólico? ¿Sabe diagonalizar una matriz?

Creo que parte del problema es que entender algo y tener la habilidad de hacerlo de una manera eficiente son dos cosas que pueden no estar relacionadas, necesariamente.

Por ejemplo, es necesario conocer las tablas de multiplicar y ser capaz de hacer esa operación de una forma rápida y eficiente, más allá de que sea una suma de sumandos iguales. Se puede tener una profunda comprensión de la definición y tardar una barbaridad en resolverlo, haciendo la suma de los sumandos iguales, o haber olvidado eso pero ser capaz de aplicar el algoritmo, dando un resultado fiable en segundos.

Ningún profesor busca activamente la incomprensión de sus alumnos (salvo algún sádico esporádico), otra cosa es que consigamos que lo comprendan, o que los alumnos pongan el esfuerzo o el interés necesario.

Intentar que se comprenda lo que explicamos y que se sea eficiente en resolver los problemas (dos cosas diferentes, insisto) es justo lo que tenemos que hacer en las clases.

Preguntar los usos más básicos de un conocimiento incipiente es justo lo que tenemos que hacer en un examen.

Buscar que no nos cuelen una resolución tipo sin entender nada, también es nuestra obligación, pero caer en generar exámenes de una gran dificultad para evitarlo, creo que es un error.

Recordemos que estos problemas no son un divertido desafío que has elegido y en el que piensas relajadamente una tarde lluviosa, es una situación de estrés en la que te juegas el aprobado.

Así que, en mi opinión (espero las vuestras), nuestros ejercicios deberían ser abordables usando las técnicas que enseñamos y en el tiempo del que se dispone… lo que nos lleva a algo muy parecido a “problemas tipo”.


Tendremos que ser los funcionarios

27 mayo 2019

La educación y la salud son derechos humanos. Como tales y, según se hagan las cuentas, no resultan “rentables”.

Atender a determinados enfermos y a determinados alumnos, bien por su “gravedad” o simplemente por su situación geográfica, puede ser un asunto caro. Sólo por esto ya debería verse que asegurar la provisión del derecho para cualquier ciudadano no puede quedar en manos de empresas privadas, que evitarán a estos, como ya lo hacen en los lugares donde está privatizada. Hace poco volvió a salir en las noticias que la primera causa de bancarrota en USA son las facturas médicas.

La redistribución de la riqueza no parece ser una idea que cale muy profundamente en todos los que están en el lado (injustamente) favorecido. Puede ser por puro egoísmo, pero también hay quien ha construido un relato de “merecimiento” y se lo ha creído, parece que sin conocer a quienes se parten el lomo tanto o más que ellos, y cuyo único demérito consiste en la diferencia sobre cuánto ha establecido la sociedad que debe cobrarse por hora limpiando váteres o jugando al fútbol.

En un sistema público de provisión de derechos nos encontramos con la figura del funcionario, término malentendido por muchos… entre los que se incluyen, paradójicamente, demasiados funcionarios.

Para ser funcionario hay que pasar unas oposiciones, típicamente unas pruebas y una evaluación de méritos. Una vez superadas, el funcionario disfruta de una protección laboral superior al resto de trabajadores. Hay quien cree que lo segundo es consecuencia de lo primero y se equivoca. Muchos compañeros funcionarios creen que se “han ganado” esa protección laboral por haber pasado las oposiciones. Gravísimo error.

Las oposiciones tienen como objetivo escoger a los profesionales mejor cualificados para ejercer la función pública. Que conste que discrepo mucho en cómo se llevan a cabo, hablo de su espíritu.

La protección laboral tiene como objetivo que pueda ejercerse la función pública con independencia (política, intereses empresariales, presiones de superiores o usuarios, etc.), por eso también existe un régimen de incompatibilidades (y también con muchas pegas en su concreción).

Así que, como veis, todo está orientado a que la provisión de derechos sea efectiva. Es nuestra obligación como funcionarios defender el servicio, lo que significa, en el fondo, defender a los ciudadanos.

De esta forma, cuando voy al médico, cuento con que si me manda a casa porque “no tengo nada” no sea por ahorrarse pruebas o tratamientos, o porque su supervisor le ha dicho que no pase de un número determinado de resonancias. Y si realmente tengo algo, cuento con que me mande todo lo necesario sin tener otras consideraciones más que las sanitarias.

Me entristece tener que contaros esto, que debería ser de cajón, pero el momento es delicado.

En España los que se denominan “liberales”, los que se retratan con símbolos fascistas y los que se denominan “derecha” parecen olvidar o no saber nada de lo dicho más arriba. Curiosamente, también aquellos votantes de menos recursos y para los que los sistemas públicos son la única garantía de derechos ante eventos graves, como un cáncer (algo que tiene o tendrá con mucha probabilidad uno de cada tres).

Los derechos civiles también están viéndose atacados y mermados, así como los laborales. La situación es bastante grave. (Sé que siempre es más grave en otros lugares, y sabéis que lo recuerdo por aquí de vez en cuando, pero, si me permitís el símil, también quien sólo tiene un hueso roto -y no un cáncer, necesita de que le curen).

Vienen tiempos difíciles donde servicios que llevan décadas siendo atacados y recortados, pueden recibir el golpe de gracia y quedar convertidos en algo testimonial y asistencial.

Un asunto que debería haber quedado claro por la historia o, al menos, por los sucesos más recientes, es que los recortes, los pasos retrocedidos en unas líneas de un boletín oficial, que aparece hoy, no se recuperan, o tardan muchos años.

Y, por fin llego al título del post: Tendremos que ser los funcionarios.

¿Quién debe encabezar la defensa de esos derechos, si el poder político no sólo no nos abandona sino que verbaliza y actúa en contra de esos servicios públicos?

¿Quién en una situación laboral tan degradada tiene la capacidad de asumir huelgas y movilizaciones?

¿El puesto de quienes debe su razón de ser al servicio público?

¿Cómo puedo pedir a un falso autónomo, a un joven sin experiencia laboral, a quien sólo por cumplir 45 le han convertido en un parado de larga duración, a quien encadena contratos de días o semanas, a quien renueva cada año… cómo puedo pedirles que sean ellos los que se pongan a la cabeza y se jueguen el pan?

¿No tendremos que ser nosotros, los funcionarios, quienes no vamos a ser despedidos (o no “renovados”) por hacer un día de huelga, quienes podemos asumir varios días de huelga en la seguridad de un sueldo que seguirá llegando?

Si aún, compañero funcionario, no lo ves claro. Te recuerdo que tu sueldo razonable, se convertirá en claramente insuficiente si te privatizan la sanidad. Un cáncer pasará a ser la ruina económica del que lo padece y la de su entorno familiar, como ocurre en tantos países.

Y, por último, te recuerdo también… que estás a un par de leyes de convertirte en un “contratado laboral” y en ese momento, ya será, probablemente, demasiado tarde.

Si sólo fuésemos egoístas o ignorantes, nos salvábamos, porque defenderíamos lo público por empatía o por ser lo que también nos conviene a nosotros, pero, lamentablemente, es muy frecuente padecer los dos males.

Compañeros, si encabezamos nosotros, con decisión, sin ceder aquello que representa la salud, los derechos de sus hijos, la vida o la muerte para muchos, quizá sirva para que la sociedad se nos una y reclame a los políticos que sean, efectivamente una representación del pueblo, que gestionen NUESTRO dinero para el mejor interés de todos y que nos defiendan frente a los que no les importa nuestro daño.


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