Profesores por azar

7 noviembre 2018

Fuente: Wikipedia

Una de las perlas que nos dejó ayer la Ministra de Educación en su comparecencia fue quejarse de personas que llegan a profesores por azar.

Cuando adjetivamos una palabra, cuando marcamos una situación, siempre se produce una diferencia que la distingue del conjunto de su misma especie. Si hablo del coche rojo, o grande, o del mío; será porque el resto de coches considerados no cumplen alguna de esas características.

Así que, cuando marcamos a la gente que llega a determinada profesión “por azar” será porque el resto habrá llegado por algo diferente al azar.

Primero habría que definir qué es eso de llegar por “azar”. ¿Será que en la tapa del yogur le ofrecieron una plaza de profesor? ¿Será que salió a trabajar y abrió la primera puerta que resultó ser de un colegio?

Y los que no llegaron por azar, ¿por qué llegaron? ¿Por el ejercicio de la voluntad? ¿Por el ejercicio LIBRE (glups) de la voluntad? ¿Desde cuándo? Si su voluntad de ser profesor sólo tiene la antigüedad de un año, ¿es “azarosa”? ¿Es libre?

A mis alumnos les mando como ejercicio que revisen sus vidas e identifiquen cómo fueron tomadas decisiones cruciales en ellas, qué participación tuvo su voluntad y qué participación tuvieron otros factores incontrolables (pero determinantes) que podríamos llamar “azar”. Como aún viven vidas cortas, les sugiero que pregunten también a sus padres cómo se conocieron, cómo eligieron estudios, cómo eligieron profesión, cómo llegaron a su primer trabajo…  Cualquiera que haga este ejercicio, si no se engaña demasiado, encontrará que su libertad y su voluntad tiene una influencia mucho menor de lo que nos gusta reconocer en sus resultados, por más que sea en lo único que podamos trabajar para mejorar nuestras posibilidades.

Pero no se preocupen, que el resto del discurso de la ministra y sus expertos (o la opinión dominante) ya ha encontrado cuál es ese antónimo tan buscado al “azar”. Y resulta que es…. (redoble)… la vocación. Acabáramos.

¿”La llamada del corazón”, “La llamada de Dios”?

Tócate las pelotas…

Si ya era difícil definir o identificar si hay alguna voluntad libre en nuestras vidas, ahora resulta que hay que oír la voz de la vocación para poder ejercer un trabajo, porque no se engañen, ser profesor es un trabajo.

Supongo que lo siguiente será realizar un juramento o quizá hacer votos. Esto empieza a parecerse más a un sacerdocio que a un trabajo realizado por un profesional en unas condiciones concretas y durante un tiempo estipulado.

No sé si reconocéis lo peligroso que es todo esto. Pensadlo respecto de cualquier otro trabajo, y cambiad vuestro estatus de trabajador en el de monja o cura. Mirad lo que eso significa respecto a la interferencia en el resto de vuestra vida, disponibilidad absoluta en tiempo y recursos, jerarquías abusivas, etc. No, ser profesor no es un sacerdocio. Basta de tonterías.

Yo mismo he hablado de la conveniencia de que el amor sea lo que impulsa tu vida, incluido el trabajo. Como profesor creo que es importante amar tu materia y a la gente que la enseñas, pero esto puede concretarse en poseer una buena formación en tu materia, disfrutar con ella y tener la suficiente empatía para tratar a tus alumnos con el respeto y cariño que se merece cualquier persona. Si a esto le añades una capacidad didáctica suficiente, tendrás un profesor digno.

Esto me gustaría poder decirlo de cualquier profesión. Si voy a la mercería a comprar hilo me gusta que quien me atienda conozca su materia y me trate con respeto y aprecio. Por supuesto cuando el trato con personas sea más cercano y la situación de las personas que atiendes más demandante, más necesaria será esa empatía, pero empatía, respeto y ya.

Quiero ser un profesional, quiero poder llevar una vida sana, tener un horario y atribuciones concretas y asequibles. No quiero ser el héroe o el mártir de un sistema que está mal diseñado, que cuenta con que la gente trabaje por encima de sus horas y atribuciones para el funcionamiento normal.

Así que no, no quiero irme a vivir al colegio, que todo mi día gire en torno a eso, tener que comprar el desayuno a chavales que les niegan una beca de comedor, pagar materiales a los que no tienen dinero para comprarlo.. no.

Quiero un sistema robusto que provea derechos para todos y que los trabajadores no tengan que vivir explotados para que los usuarios puedan ver sus derechos provistos.

Sé que muchos profesores sacamos a veces nuestra propia estima o nos definimos como personas desempeñando ese papel, contamos nuestras batallas con indignación, pero con un tufillo de orgullo, y es un error, tanto psicológico como laboral. Por eso escribí esta otra entrada con la que tanto os bombardeo en redes “Los profesores son un mal ejemplo”.

Por lo tanto, no, Sra. Ministra:

Que la decisión de tomar un trabajo tenga un año más o menos de antigüedad, no me hace más valioso que otro trabajador.

Mi trabajo no es mi religión. Es la forma en la que aporto a mi sociedad en la medida de mis capacidades y es sólo una parte de mi actividad humana que no se agota con mi condición de obrero. (Aprovecho para recordar que por esto mismo siempre repetimos que no formamos obreros en la educación pública, formamos personas.)

Que los trabajos tienen que estar bien definidos y los sistemas bien diseñados. Y, a partir de ahí, hablemos de evaluación del profesorado y de ver si se están cumpliendo las funciones para las que fuimos contratados. Hoy no dejamos de apagar fuegos y hacer más de la cuenta en un entorno hostil y de continua emergencia.

Finalmente, y como un hijo más de esos que nacieron porque nuestros padres no usaban medidas anticonceptivas, como alguien que llegó a esta tierra por el azar de que mis padres se conocieran y practicaran sexo sin demasiadas precauciones, le diré que no me siento un ciudadano de segunda e intentaré vivir con todas mis ganas una vida valiosa para mí y para mi sociedad, aunque, repito, no sea un hijo “vocacional”.

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¿Qué vas a hacer?

17 octubre 2018

Eso es la Vida, una interpelación constante.

Te coge de la pechera y te pregunta: ¿Qué vas a hacer?

Pues no lo sé, no tengo suficiente información para decidir, no quiero pensarlo ahora…

Y Ella repite: ¿Qué vas a hacer?

Incansablemente, de forma constante, más allá de nuestras excusas o peticiones de prórrogas.

¿Qué vas a hacer?

Y aquí estamos los que vivimos en el espacio-tiempo, los que jugamos al antes y al después, al tú y yo, al aquí y allí, interpelados con una petición constante de acción.

No nos hace mucha gracia, ya lo hablamos en Te jodes y decides, pero es lo que hay.

Y no sólo eso, nos vienen con prisas, porque la vida sigue con su pregunta constante: ¿Qué vas a hacer? Ese amigo “especial” que te ha propuesto algo, no puede esperar hasta que llegues a una conclusión con el nivel de certeza suficiente sobre si vuestro encuentro o proyecto en común será satisfactorio cuando medites sobre ello en tu lecho de muerte… De hecho está esperando en el teléfono a que le contestes que si quedas hoy o no. También hablábamos de esto en Te juzgo, sí, ¿qué pasa?

La evolución lidió con ello dotándonos de una red neuronal (nuestro sistema nervioso). Un sistema de procesamiento en paralelo que, por mucho que se repita, no se parece a lo lineal, secuencial, que son nuestros ordenadores, y que tiene la propiedad de ser bastante eficiente para clasificar, decidir, predecir, tratando con información limitada, incluso con información errónea.

Uno de los elementos que nos han ayudado es ese “vive para follar otro día” (definción panaderística de la selección natural) han sido los tan vapuleados sesgos cognitivos que con frecuencia son denostados como errores en los razonamientos o defectos mentales, pero que nos proporcionan atajos y decisiones rápidas que nos han sacado de no pocos apuros en nuestro camino evolutivo. Imagina, por ejemplo, este comportamiento medroso nuestro ante cualquier ruido, una estrategia que hace saltar muchas falsas alarmas, pero nos evita falsos negativos que podrían ser un depredador y terminar allí con nuestra línea genética. Y, ¿qué me dices del efecto “halo”? Aquí criticamos mucho que las personas más agraciadas físicamente sean percibidas también como mejores, pero puede ser que ese sesgo evitara a nuestros abuelos el contacto con enfermos contagiosos o que les llevara a emparejarse con individuos con una carga genética más resistente a dolencias que pudieran haber “afeado” sus rasgos.

Un poquito más erguidos del barro, figuradamente hablando, ahora buscamos mejores maneras de (intentar) llevar el timón e intervenir lo más posible en la dirección que toma nuestro barco en este mar tan agitado.

Con este propósito y, como me gusta contaros últimamente: “Quien no tiene talento, que se busque protocolos”. Me refiero a que, probablemente, la única cordura accesible es saberse loco y que, desde ahí, podemos tomar ciertas medidas de control, los citados protocolos.

Hoy quería hablaros de uno en particular que llamo “Suspensión del juicio”. Lo explicaré con un ejemplo.

Unos alumnos me preguntaron por mi opinión sobre la Ouija (una pretendida manera de invocar muertos o seres de otros mundos).

Mi respuesta es la siguiente:

Puede que sea falso y que esté perdiendo el tiempo.

Puede que sea cierto y esté invitando a meterse en mi casa a muertos, demonios y demás.

En ningún caso me interesa.

Conclusión: Puedo suspender el juicio sobre el asunto concreto y tener clara mi línea de actuación, porque os repito que la vida lo que me pide es actuación, en su continuo examen no me hace “preguntas de teoría”.

Os pondré algún ejemplo más que quizá os sirva.

Aquel que no desea mi compañía…

Puede que tenga razón y que mi compañía no sea valiosa.

Puede que se equivoque y desprecie algo de valor.

En ambos casos mi actuación es la misma: les alivio de la carga (o del regalo) de mi presencia porque, en ambos casos, quien no me quiere, no me merece (por su acierto o por su error).

Como veis, más allá de mis complejos, falta de autoestima y demás, el protocolo me permite funcionar como una persona más equilibrada de lo que en realidad soy. El tiempo que me lleve ir mejorando mi estado mental será más o menos largo, pero mi actos son más cuerdos desde hoy mismo.

Os dejaré con una última suspensión del juicio en un asunto bastante grave.

Ya oís a muchos vende-humos decir que escuches la voz de tu interior, que te dejes guiar por lo que sientes y demás palabrería. No sé cómo estaréis vosotros, pero en mi cabeza hay un follón de tres pares de pelotas y no me resulta fácil identificar la fuente de la mayoría de impulsos, deseos o apetencias.

Ese análisis de mi coco, ese decidir “quién es quién”, si es que es posible, llevará toda mi vida, pero os recuerdo que el universo me interpela aquí y ahora, ¿qué vas a hacer?

Bien, la fuente de todas esas voces es una red neuronal que lleva millones de años “entrenándose”, dando respuestas y recibiendo feedback (químico o por selección natural), reajustándose una y otra vez. Y te recuerdo que sigue haciéndolo aquí y ahora, tu forma de vivir modifica tu encéfalo y viceversa.

Mi pregunta es, ¿por qué debería darle más valor a las ideas que “propone” mi red, que a las sugerencias del autocorrector del teclado de mi teléfono? Intentaré explicarme.

El autocorrector también es un sistema adaptativo que se ajusta y va dando respuestas de acuerdo con el feedback que recibe. De hecho, te animo a que abras el teclado y aceptes todas las sugerencias que vayan saliendo una tras otra, verás surgir frases o fragmentos que bien podrías haber escrito tú.

Quiero decir que nos tomamos quizá muy en serio lo que “pensamos” y lo que “nos apetece”, cuando una explicación científicamente más ajustada sería decir que somos más un espectador que un sujeto de esas acciones.

Entonces, Panaderito nuestro, ¿cuál es el protocolo que nos propones?

Pues que no te tomes tan en serio. No “aceptes” las sugerencias tan a la ligera. Haz aquello que en tu mejor calma y análisis entiendes que te hace más libre y más feliz, incluso, acepta el consejo de otros más sabios y “descarta” las propuestas de tu “red” que no van en esa línea, porque, ¿quién es esa voz, querido lector? ¿La falta de azúcar que te hace estar irritable, algún desequilibrio hormonal que te tiene especialmente eufórico, la presión de tu programación genética o cultural?

Saber con certeza qué somos, más allá de eso que llamas “yo” y que tiene los pies de barro, nos llevará también toda una existencia (o más), pero no tenemos que esperar tanto para vivir una vida mejor.

Así que, querido lector, es tu turno: ¿qué vas a hacer?

Fuente de la foto: Caspar David Friedrich [Public domain], via Wikimedia Commons


Si me quieres convencer, no me mientas

12 octubre 2018

Francisco Goya [Public domain], via Wikimedia Commons

Como ya sabréis soy profesor de instituto.

Dedico mucho tiempo a hablar con mis alumnos de temas “transversales”, ya sabéis, esas cosas a las que nos obliga el compromiso educativo personal y, no olvidemos, la ley. Esas cosas que cuando van en la línea de tu pensamiento llamas “formación” y cuando no, “adoctrinamiento”. Esas cosas.

En muchos aspectos, los profesores tenemos un feedback inmediato y descarnado, algo que no todos los comunicadores tienen, porque ya sabéis que la suma de fans y trolls no es un indicador bueno para casi nada. Nosotros, en cambio, tenemos ojos que brillan, otros que se cierran de sueño, gestos de desagrado, palabras de agradecimiento… y todo sobre un número de personas relativamente grande como para ser significativo.

Os diré que mis alumnos se quejarán probablemente de defectos personales y profesionales (en ocasiones con toda la razón), pero no podrán quejarse de que les “venda motos” a sabiendas. Les hablo muy clara y sinceramente, exponiéndome en lo personal y laboral, de lo que creo que deben saber y de lo que entiendo cierto.

Más allá de que es una postura vital que trasciende este aspecto profesional, diría que también es una buena estrategia comunicativa, aunque se opte con frecuencia por contar mentiras fáciles y (aparentemente) efectivas.

Lo vemos a diario en expresiones como “Cómete la sopa, que viene el Coco” y otras para adultos con distintos “Cocos” que sabemos tan aterradores como falsos o exagerados.

En otras ocasiones pasamos por negar nuestra humanidad, nuestra emocionalidad, nuestra irracionalidad y esperar que eso surta efecto. Por ejemplo, la idea de una alimentación sana, frente a la “tentación” de comer un pastel. Es fascinante que sigamos pensando que ganará “la cabeza”.

Por supuesto que es tentador comerse un pastel, quedarse con lo que no es de uno, buscarse las mañas para pagar menos impuestos (o directamente defraudar) y un montón de etcéteras que podéis listar en vuestras cabezas.

Os oigo protestar… “A mí no me tienta quedarme con lo de los demás”, bueeeeno, bueno. De acuerdo, entonces, ¿crees que es para ti para quien va el mensaje sobre eso? ¿Es a ti, que odias el dulce, a quien se le está intentando convencer de no comer tantos pasteles? Tenemos que pensar que el mensaje que estamos componiendo va dirigido precisamente a quien sí le parece bien, o al menos tentador, aquel comportamiento contra el que estamos hablando. Si no, estaremos predicando a conversos, actividad tan sencilla como inútil.

¿A dónde quieres llegar, Panadero nuestro?

Pongamos el típico ejemplo de “¿Con factura o sin factura?”, lo que se traduce en “¿Pagando impuestos o sin pagar impuestos?”.

Si digo que hay que pagar impuestos porque es mi deber, un grupo de adultos asentirá con la cabeza por “urbanidad” y luego seguirá haciendo lo mismo que antes. En un grupo de adolescentes, no pocos levantarán ostensiblemente una ceja cuando les digas que podemos estar hablando de que paguen 60€ más en una factura de 300€.

¿Les digo entonces que da igual, que no necesitan ese dinero, que no “apetece” quedarse con esos sesenta eurazos? ¿A mis muchachos de clase obrera? ¿Es que no preferiríamos todos una rebaja de de sesenta euros en esa factura?

Digamos la verdad, la pura y descarnada verdad.

Sois obreros, la provisión de vuestro derecho depende necesariamente de un sistema público ya que no tenéis patrimonio, acceso a crédito ni contactos para afrontar un problema grave de salud, educación, justicia, etc.

Los impuestos que os pretendéis ahorrar son los que acortan la lista de espera de la operación de tu familiar, proveen una justicia que no dependa de vuestra capacidad de pagar un abogado o la atención educativa de vuestros pequeños.

Esto genera un argumento emocional y verdadero que podría contraponerse al otro argumento emocional de la tentación en el momento que haga falta. No es una “consigna moral” repetitiva y racional que no hace mella, ni es un falso Coco que mañana deje de atemorizarme y, por lo tanto, de moverme a la acción.

Así que, cerrando el círculo, fíjate que estoy haciendo justo lo que acabo de explicar. Estoy intentando convencer a aquel que miente para convencer de que deje de hacerlo, y no lo he hecho mintiendo… ya me diréis si ha dado resultado.


Vídeo. Charla en Eduhorchata

4 octubre 2018

Aquí os dejo mis Panaderismos sobre cacharrismo, metacacharrismo y la profesión de profe que anduve desgranando en Eduhorchata.

Mil gracias a Jordi (@xarxatic) por su invitación y al resto de organizadores.

Mil gracias también a todos los viejos amigos y a los nuevos que hicimos en ese ratito. Un privilegio quererse.

Muy recomendable que veáis también la charla de Marta Ferrero, sobre evidencias y prácticas educativas.


El lado oscuro de las graduaciones

4 junio 2018

Llegan los días en los que despedimos a los chavales, el día en el que los mandamos al mundo.

Como ya están los demás para poneros fotos preciosas, decir cosas lindas y llenaros el corazón de nostalgia y esperanzas… me toca a mí contaros el lado feo.

Hay unos chavales que también devolvemos al mundo, pero que no nos llenan de esperanzas, más bien de tristeza y malos augurios.

Chavales que conocemos desde hace algunos años, que hemos tratado, que hemos visto crecer, en los que hemos invertido muchas horas y esfuerzo… que no ha funcionado.

No estoy hablando del “fracaso académico”, sino del ético, un fracaso más “humano”.

Son chavales que han robado el móvil a otro chaval, simplemente porque se dio la ocasión.

Gente que cuenta que encontraron un producto en una tienda que no tenía “alarma” y que lo echaron al bolso de su madre, sin su conocimiento, para sacarlo.

Otros que, cuando les explicas lo oscuro que es tener un vídeo obtenido fraudulentamente y guardarlo durante años (el caso Cifuentes) para poder chantajear a alguien, te responden “Es lo que toca”, “Yo también lo haría”.

Personitas que abusan de aquel que perciben débil o que la ocasión pone a su merced.

Los hay que se ríen de un compañero que sabe algo menos que ellos… mientras demandan compresión y ayuda para su propio y enorme desconocimiento.

No son niños, lo siento, tienen dieciséis años y más, pueden ser el profesional que te atienda mañana en un servicio, tienen edad laboral y penal.

Hemos pasado muchas horas, y no exagero, en contarles que el mundo no tiene que ser necesariamente así, que así lo hacemos nosotros. Que las relaciones siempre son desiguales, pero hacerlas de abuso es la elección de la parte fuerte. Que la amabilidad no es debilidad, sino una opción. Que aquel que no les aplica con toda su dureza la fuerza de la norma no es alguien débil al que tomar el pelo, sino alguien que busca comprensión y no miedo. Que las personas no son un medio para sus fines, sino un fin en sí mismo.

Os confieso la terrible realidad de que hay algunos de ellos que juegan a escurrirse y a escapar de la responsabilidad de sus acciones en un entorno de adultos amables y comprensivos, para salirse con la suya.

Esos chavales también se gradúan y también van al mundo del que vinieron… que nunca abandonaron… y cuya influencia o su propia forma de ser fueron más fuertes que nuestra acción educativa.

Esas personas que piensan en la mentira como una herramienta, en el bien propio como el bien supremo, en el mal sobre otros como un mal menor, o quizá también una palanca para sus fines… esas personas también se gradúan.

Muy lamentablemente, como los hijosdeputa®de mi generación sustituyeron a los de la generación anterior, parece que van saliendo nuevos individuos que intentarán pescar en río revuelto o revolverlo más.

Me entristece mucho no haber podido ser un elemento transformador, en alguna medida, de esas personas y hacerlas quizá más felices y que fueran fuente de felicidad también para otros, pero no, los veo ir, indolentes a veces, malvados otras, egoístas siempre… y muy ignorantes.

Estos pobres sueñan con escaparse en un “sálvese quien pueda”, que es el engaño a un pueblo oprimido del que por simple aritmética sólo podrán escaparse unos pocos (si acaso) y no es fácil que sean ellos, lo más probable es que acaben siendo pequeños pillos miserables, con pequeñas vidas miserables, mientras incrementan la miseria de todos, los que somos sus compañeros de viaje.

Quizá sea mi hijo, o el de tu vecino… o quizá sea tu hijo, sí, quizá sea tu hijo.

¿No hay esperanza en la familia, en la educación, en la sociedad para transformar esto?

Quizá la esperanza es que no queramos nunca dejar de intentarlo desde todos esos frentes.


Manual de Scratch. Especial para Profes y Principiantes.

2 abril 2018

Aquí os dejo el manual de Scratch que he preparado, explicando las funcionalidades con ejemplos, partiendo desde cero y haciendo cosas bastante sofisticadas. Creo que es muy buen trabajo tanto si lo usáis para aprender, como si se lo dejáis a vuestros alumnos, o si lo leéis para tomar ideas como formadores.

Se comparte con Licencia Creative Commons de atribución, no comercial y sin obra derivada.

Estoy muy a favor de compartir mi trabajo y de que quien no tenga recursos suficientes pueda acceder a material de calidad (una alegría y por eso se publica), por otra parte, tampoco hay nada malo que a quien le parezca pueda hacer una contribución de la cuantía que os parezca, para ayudar y compensar el trabajo que lleva… que ya os digo que no es poco.

Estaré encantado de escuchar vuestros comentarios y sugerencias, tampoco dudéis en contactar conmigo para cualquier problema que os surja.

Y muchas gracias a Teresa por su ayuda 😉

 


¿Ignorantes? ¿Malvados? Es igual, se están cargando la educación

14 marzo 2018

Da toda la impresión de que no hay nadie al volante, de que, como en Los Simpsons, cuando abres una puerta hay un montón de monos escribiendo a máquina. Si esto os suena mal, la alternativa es peor, si abro la puerta, ¿me encontraré con un grupo de personas maquinando cómo destrozar la enseñanza pública?

Exámenes extraordinarios

Aunque ya hemos hablado otras veces sigue siendo espectacular:

¿Sabéis esos exámenes que antes hacíamos en septiembre y ahora haremos en junio, con unos quince días de diferencia? Pues resulta que es ser malo malísimo limitar la nota de esos exámenes a un cinco, porque se limita el derecho del alumno.

Sí, me refiero a esos exámenes globales, recuperaciones de repescas de otras recuperaciones, en las que preguntamos lo imprescindible y rezamos a dios para que nos contesten al menos la mitad (de lo imprescindible) para poder tirar para delante con chavales que no son capaces de dar mucho más.

Y empezamos con la primera contradicción de unas cuantas que veremos.

1. “Oye, tenéis que hacer lo posible con cada chaval, según sus posibilidades para que consiga superar el curso.”

2. Eso, sí. El examen debe representar fielmente la consecución en todos los grados del curso, de forma que un siete sacado en él corresponda al siete que sacó otro chaval currando los nueves meses y haciendo mil pruebas y trabajos.

Que me cuenten cómo se hace. Si yo pongo el examen del párrafo dos, sólo pondré cinco preguntas con lo “mínimo” y como se aprueba con un cinco, obligo al chaval a que en realidad saque un “diez” sobre lo que le resulta accesible aprender, porque en conseguir lo otro fracasamos durante nueve meses. ¿Es eso ayudar? ¿A quién?

Competencias

Un poco harto de andar todo el día oyendo hablar de capacidades abstractas mientras de pisotean los contenidos.

No sé si sabéis, pero ya no hay que “enseñar contenidos” ahora andamos consiguiendo que “adquieran competencias”.

Vamos con las contradicciones:

1. Estas cosas se aprenden a través de contenidos concretos.

Yo no puedo aprender a hablar sin hacerlo a través del aprendizaje de algún lenguaje.

2. Se evalúan a través del uso de contenidos concretos.

Al final me preguntarás cómo se dice esto o aquello en ese idioma que aprendí.

Por supuesto que, desde la primera vez que alguien contó a otro como se cazaban bisontes en la oscuridad de una cueva, el que enseña no se limita a querer que el otro memorice y esas estupideces que se proponen como constantes en el pasado y frecuentes en el presente (supongo que, para algunos, no pudo existir un buen profesor antes de la creación de Youtube). El que enseña está preocupado y ocupado en que ese conocimiento genere un entendimiento más profundo.

3. La administración nos IMPONE contenidos muy concretos, específicos e irrenunciables.

Así que mucho lirili y poco lerele. Pregunten a algún profesor de segundo de bachillerato de matemáticas a los que este año les han clavado un tocho bien gordo, de con-te-ni-dos. Sí o sí.

4. Los puñeteros estándares

Para el que aún no lo sepa, han atomizado los contenidos (perdón, las competencias, o perdón… un poco de unos y otro de otras) de las asignaturas de forma que tienes que cumplir con un lista bien larga de “pequeñeces” cuya suma se supone que es el conjunto. ¿Alguien con dos dedos de frente cree que así se puede evaluar una redacción, un dibujo?

5. Curiosamente después sólo me piden que dé un número como resultado

Después de este análisis pormenorizado (y erróneo) ¿al final colapso todo esto en un 6 o un 7? ¿Con ese margen de error? ¿Ocultando la consecución o su falta en cualquiera de los estándares y competencias?

¿Por qué no sumamos los “cachitos” de cada competencia entre las asignaturas y damos notas por competencias, si es que es eso lo crucial y lo clave?

6. ¿Cuánto vale cada estándar?

¿Son todos iguales? ¿No? ¿Hay algunos irrenunciables o basta con que “apruebe” la mitad? ¿Por qué la mitad?

Terrible pregunta viene ahora que me hacía hoy un compañero:

Si después de la segunda evaluación, el alumno ha completado dos tercios de los estándares, ¿¿¿no estaría en ese mismo momento APROBADO???

Si conviertes la asignatura en ir echando vasitos a una jarra hasta que pase una línea… y lo consigue en enero o marzo, ¿por qué no puede quedarse el chaval rascándose la barriga hasta junio? ¿Cón qué derecho puedo decirle que está suspenso?

7. Dame tú la programación si eres tan listo

En este caos lógico y este lodo de estupideces no hacen más que decirnos que nuestros documentos están mal. Pues claro, ignorantes, porque vuestro sistema es lógicamente incoherente, mucho menos aplicable.

Esto nos deja SIEMPRE en defecto de forma ante cualquier queja de padres o alumnos, cosa muy conveniente.

PETICIÓN A COMPAÑEROS PROFESORES Y SINDICATOS

Queridos compañeros y representantes. Os suplico que nos plantemos y les pidamos que nos manden completa esa programación que dicen que es tan sencilla de hacer.

Esto no choca con la autonomía docente, quien quiera sigue teniendo la potestad de modificarla o escribirla desde cero, cumpliendo el marco legislativo. Este que os habla no lo haría, yo me dedicaría a eso que hacen ahora los inspectores, a buscar discrepancias con la ley y contradicciones en ese documento… que estaría lleno porque la legislación sobre esto es un desvarío, o un acto moralmente condenable.

También me gustaría verlos, acercándose a una clase a llevar a cabo alguna de esas cosas que predican. Nos íbamos a reír todos.

Finalmente

Podría seguir… pero baste por hoy.

NI PAJOLERA IDEA de lo que significa medir, de lo que significa enseñar, de lo que significa la coherencia lógica de un sistema.

Los profesores, padres, agentes políticos, los propios estudiantes durmiendo mientras el derecho a la educación de nuestros chavales se destruye y pisotea. Una vergüenza. ¿Cuándo vamos a plantarnos?

De regalo…

Hoy se ha publicado la letra del apellido para elegir los miembros de los tribunales de oposiciones. La letra. La puta letra. Otra vez.

Me reitero: Ignorantes o malvados. No queda otra.

Cada vez me importa menos si es una cosa u otra, el daño que recibe la sociedad es similar. Alguien tiene que plantarse y alguien tiene que pagar por este daño.


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