De estándares, competencias, espacios vectoriales y hombres

27 mayo 2016

Yo no sé vosotros, pero cada vez la vida me parece más metafórica… os cuento.

Si sois jóvenes desde hace mucho, recordaréis cuando en la enseñanza se trataba de aprender unos contenidos concretos, te los preguntaban y según tus respuestas eras evaluado.

Más adelante empezaron con lo que llamaban “competencias” cosas más abstractas, como: La competencia digital, podemos leer en la web del MEC:

La competencia digital (CD) es aquella que implica el uso creativo, crítico y seguro de las tecnologías de la información y la comunicación para alcanzar los objetivos relacionados con el trabajo, la empleabilidad, el aprendizaje, el uso del tiempo libre, la inclusión y participación en la sociedad. (…)”

A partir de entonces seguíamos enseñando la ley de Ohm, pero en realidad nuestro objetivo era conseguir desarrollar estas competencias, así que de alguna manera había que expresar en nuestras programaciones cómo cada contenido ayudaba a esa consecución. Como si la enseñar la ley de Ohm fuese un 10% de competencia digital más un 25% de “aprender a aprender” (otra competencia), etc.

Eso se parece mucho a lo que hacemos para representar puntos en un plano. Para nosotros es un espacio de dos dimensiones y hay infinidad de manera de describir un punto.

Cartesian-coordinate-system

A esto lo llamamos coordenadas cartesianas. Necesitamos dos, que podríamos enunciar como:

x: ¿Cuánto a derecha o izquierda?

y: ¿Cuánto arriba o abajo?

El punto verde lo represento por (2,3) porque doy dos pasos a derecha y tres pasos hacia arriba.

El punto rojo será (-3,1) porque doy dos pasos a la izquierda y un paso hacia arriba.

Hay otras maneras, por ejemplo en coordenadas polares. Ahí usaremos también dos cantidades, una será la distancia al centro y otra el ángulo girado respecto a un origen (el eje horizontal, p.ej.)

 Coordenadas polares

Algo interesante en estos dos sistemas de coordenadas es que son “independientes”, quiero decir que lo que ande hacia arriba o abajo no influye en mi desplazamiento de izquierda a derecha, o en el caso de las coordenadas polares, lo que me aleje del centro es independiente del ángulo girado respecto de la parte positiva del eje horizontal.

También se puede caracterizar el plano usando coordenadas que no sean “totalmente independientes”, por ejemplo.
base no ortogonalAquí el eje “vertical” no lo es tanto, y avanzar por él significa ir también un poco hacia la derecha.

Así que si decimos que un punto se caracteriza en este sistema como (2,3) eso significa que andamos dos “pasos” en el eje horizontal y tres en el otro, pero si pensamos sólo en términos de izquierda/derecha; arriba/abajo, desplazarnos 3 unidades en el eje inclinado nos lleva un poco menos de 3 unidades “hacia arriba” y nos lleva un poco también hacia la derecha.

Volvamos a la educación.

¿Son esas competencias una manera de describir los “distintos ejes” de la formación de nuestros chavales?

¿Son “perpendiculares”? Quiero decir: ¿Son la competencia digital y la matemática “independientes”? ¿No estamos midiendo parte de una cuando medimos la otra y viceversa?

Imaginemos ahora por un momento que asumimos que eso de las competencias es una buena aproximación en el sentido de representación que decíamos, pero fíjate qué ocurre en la práctica.

Si estuviéramos tratando con un sistema detalladamente pensado para saber la competencia digital de un estudiante compondríamos los resultados parciales en las distintas materias (con sus pesos relativos y tal) para dar un “resultado final” del grado de consecución de ese chaval en esa competencia… pero no. Lo que hacemos es colapsar toda esa información en una nota única para cada asignatura.

Te lo voy a resumir (quizá chungamente, quizá exageradamente… quizá no tanto).

Yo voy a preguntar la ley de Ohm como siempre, pero primero atomizo ese contenido en distintas componentes, que estimo por separado y que luego vuelvo a juntar en una nota única (que va de entero en entero: 6, 7, 8…). ¿Seguro que hacía falta tanto viaje para eso?

Y ahora tenemos más risas…

Ahora aparecen decenas (sí, decenas) de estándares de aprendizaje. Una manera más de atomizar algo para luego volver a colapsarlo.

Es genial que además todo se llene de números, sin que parezca que nadie tiene ni puñetera idea de medida, estimaciones o errores, pero sí que tenga esa apariencia de exactitud que tanto daño nos hace.

Así que usaremos rúbricas (de las que ya os hablé) atomizaremos la evaluaciones en tres mil items, de los que no nos preocuparemos si nos independientes o no, los promediaremos a lo bestia, o bien asignaremos pesos relativos en el promedio (interesante escuchar el por qué de esos diferentes pesos) y después volveremos a colapsar esa información para poner un 6 o un 7.

Eso sí, no os preocupéis, que todos estarán felices y contentos, profesores y estudiantes, porque las cuentas salen.


Rúbricas y anumerismo

23 mayo 2016

Las llamadas “rúbricas” están de moda en educación. Estar de moda no las hace malas, pero tampoco las hace buenas, necesariamente.

Primero, qué son.

Se trata de una herramienta de evaluación del desempeño de alguna tarea. Suele representarse con una tabla.

Por ejemplo, en una fila pones el “descriptor”, i.e. “Conocimiento del tema”, y en las columnas los diferentes grados de consecución, “Dominio completo”, “Buen dominio”…  redactados, o bien, por números.

A la hora de evaluar vas marcando los distintos grados de consecución en cada descriptor y finalmente con esa información concluyes la evaluación final de la tarea.

¿Y cuál es tu problema, Javi?

Pues el de siempre… que parezca lo que no es.

Esta manera de evaluar es más vieja que la tos, otra cosa es que ahora se haga con aparatejos o que esté de moda, como os decía, pero este dividir y vencer tiene unos siglos.

Del anumerismo ya hemos hablado mucho, y dotar a la gente de herramientas contra él es el motor de mi último libro (Aproxímate).

Una de las maldades del anumerismo es la falsa percepción de exactitud.

Imagina una clase con 21 alumnos.

Dos han faltado.

El porcentaje de faltas es de (2/21)·100 = 9,52%

¡Qué bonito! !Qué exactitud!…

¡Qué porquería!

Fíjate, si tengo 21 alumnos, cada persona representa casi un 5%, entonces, ¿qué puñetas representa 0,52%? De hecho cualquier variación de menos de un 5% no significa nada… de hecho, ni siquiera una del 5%, sería sólo lo que le pasa a una persona. Estamos haciendo estadística, ¿no?

Y, ¿qué pasa con las rúbricas?

Pues eso… divido la evaluación en varios items, asigno categorías y puntúo cada categoría por separado. Ahora cojo esas categorías y las promedio, o bien les asigno distintos pesos, digamos que una categoría vale un 50%, y las otras un 10%, o como me parezca. Finalmente hago el cálculo y me sale un 6,2, como las notas sólo van de punto en punto, pues un 6. Perfect.

Es increíble como se confunde objetivo con justo. Objetivo es solamente, no subjetivo. Un criterio objetivo sería suspender a todos los que estuvieran menos calvos que yo. No sujeto a opiniones, medible… objetivo.

Los alumnos y los profes, meten los números, hacen los cálculos y se quedan tan a gusto. Un alumno suspenso, se irá conforme si le enseñas los numeritos y le muestras que efectivamente salía 4,73.

¿De verdad nadie ve el error asociado a la asignación de categorías, a la asignación de pesos en cada categoría? Si cambias eso la nota puede ser bien diferente. Esto no es un asunto menor, esas asignaciones se basan en un modelo, en asumir que la teoría es más importante, o que la fluidez verbal es crucial, o despreciable, o lo que sea… Da igual lo precisos que sean tus números a partir de ahí, llevas asociado un error en tu apreciación de qué y de cómo debe evaluarse.

Si a eso le sumamos que al final, después de “medir con un láser vas a cortar con un hacha” y a poner la nota “de punto en punto”, lo que supone que a los que van desde el 6,5 hasta el 7,4 les vas a poner un 7, ¿de qué narices estamos hablando?

En fin, usad lo que queráis, yo mismo las uso en ocasiones para mí o para que mis alumnos se evalúen. Ahora, no pretendáis que lleváis a cabo un proceso preciso, ni lo vendáis como tal.

Finalmente, un abrazo para los profesores que se presentan a las oposiciones, donde serán evaluados con cinco cifras significativas de precisión, lo que constituye una vergüenza legal y científica. A aquellos profesores que colaboran voluntariamente con ese proceso incorrecto de evaluación, no les mandamos un abrazo.

 


¿Qué leches os pasa con los libros de texto?

16 mayo 2016

Desde hace un tiempo parece que estén proscritos los libros de texto entre los profesores “bien pensantes” signifique eso lo que sea. Estos ojos míos pintureros han leído que un profesor que use un libro de texto es un mal profesor.

Joder, ¿qué os pasa? ¿De verdad? ¿Tan malos?

Una recopilación de material de consulta y guía para profesores y alumnos, adecuado al nivel, al currículum, a la edad, con ejercicios progresivos, mesurados… ¿En serio que es el horror?

También he leído por ahí cosas como que lo que no es “colaborativo” es la mierda. ¿Seguro? A ver, ¿SE-GU-RO? ¿No somos capaces de pensar en obras geniales llevadas a cabo a lo largo de la historia por una sola persona y mierdas hechas en grupo? Por cierto, ¿y los libros de texto que tienen varios autores?

Quizá vuestro problema sean los malos libros de texto. Pésimas compilaciones, mal explicadas…

Quizá que os obliguen a seguir al pie de la letra un libro de texto. Todos completamos con otros materiales o bien explicamos cosas por nuestra cuenta. La pregunta es, ¿sigue siendo una buena guía, sobre todo para esos chavales que no cogen apuntes bien… o directamente no los cogen?

Quizá sea el precio de los libros de texto, que os parezcan caros. La verdad es que escribir es un trabajo que debe pagarse. Que muchos profesores los hagan gratis no significa que no se esté pagando ese trabajo. Lo están pagando ellos.

Quizá no sea el precio, sino que lo tengan que pagar las esforzadas familias, ya en situaciones bastante precarias. La solución a eso se llaman becas de libros, reutilización… No regalar el trabajo.

Aprovecho para decir que escribir apuntes o un libro entero no es mi obligación como profesor.

Finalmente, no, lo que yo hago puede estar más adaptado a mí, pero no ser “mejor” en un sentido absoluto, aunque lo hayamos hecho en superpandi. Y sí, hay fantásticos libros de texto, por ejemplo los de @EugenioManuel, para los andaluces, qun son el fruto del trabajo de un experimentado profesor que investiga, actualiza… ¿Seguro que son mierda, un objeto a conseguir gratis, o a regalar?

Una cosa es estar en contra de los libros de texto malos, caros, pagados por quien no debe… Y otra, estar en contra de los libros de texto.


¡Profesores, culpables!

9 mayo 2016

Healing Devices (FDA 138) (8224052279)

Seguimos hablando en los medios de la evaluación de los profesores.

¿Es que no es importante evaluarlos?

Sí, por supuesto, pero…

Empecemos con las falacias.

Primera falacia.

Consiste en poner el asunto del desempeño de los profesores en primer plano.

Si tu pareja te dice que

  1. Has cogido un poco de peso
  2. Le oprime la rutina
  3. Ya casi no salís a divertiros
  4. Se está zumbando al jardinero/a

Supongo que será evidente que las razones no están en orden de importancia, ¿verdad? Si después de decir esto te sugiere que te apuntes a un gimnasio para buscar soluciones al punto 1, podría ser que pensaras que te están llamando imbécil en tu cara.

Pues eso me parece a mí cuando se pone en primer plano la evaluación del profesorado. Nadie dice que no sea algo importante, pero ponerlo en primer plano no es casual ni inocente. Es, efectivamente, un insulto para todos.

Segunda falacia.

Si la educación va mal y hablamos de evaluar a los profesores, el mensaje es claro. Los profesores no están haciendo su trabajo adecuadamente.

Probablemente, si no conocéis de primera mano el entorno educativo, no sepáis lo paradójica que es esta idea, pero para esto estamos aquí, para contaros lo que sabemos.

El sistema educativo está mal diseñado por una razón muy sencilla: depende del voluntarismo de sus trabajadores para su funcionamiento normal. No es el único caso en el entorno laboral, de ahí nacieron las huelgas de celo, aquellas en los que los trabajadores se limitan a hacer su “obligaciones oficiales” y el sistema se paraliza.

El ejemplo más sencillo de esto son las actividades extraescolares. En la mayoría de los casos ni se pagan ni se hacen a costa de horas de la jornada laboral. En los pocos casos que hay alguna dieta, es una cantidad irrisoria, con la que no se pagaría a un profesional que te sustituyese.

Si entendemos que las actividades extraescolares son una parte necesaria en la formación de los estudiantes, ¿por qué deben ser “pagadas” por lo profesores a costa de su tiempo, energía y, en ocasiones, con gasto de dinero por su parte?

De hecho, propongo una huelga de celo como una estupenda manera de hacer una huelga sostenible, sin un coste insuperable para los trabajadores y que además visibiliza las condiciones en las que trabajamos, frente a las ideas que corren por ahí.

Otro ejemplo son las horas de nuestra jornada destinadas a la preparación de clases y corrección de actividades, completamente insuficientes para hacerlo. Por eso las toneladas de exámenes para corregir los fines de semana, el porrón de horas buscando material, elaborando apuntes. También sería interesante una huelga de celo en este asunto.

Y ahora hablemos de evaluación. Ya escribimos sobre esto hace un tiempo, podéis leerlo aquí, pero vayamos punto por punto con algunas objeciones.

Si la nota de mis alumnos va a ser un indicador de mi desempeño entonces creo que habrá que exigir unas cosillas.

  • Requisitos de ingreso

¿Cómo puedo responsabilizarme de los resultados de mis alumnos si no cumplen unos requisitos previos? De esta forma, la evaluación inicial debería dejar fuera de la estadística a los alumnos que no demostraran tener ciertos conocimientos.

  • Cumplimiento de actividades

Si yo mando unos ejercicios que no se hacen, unas prácticas en las que no se atiende… creo que de nuevo, dejaré a estos alumnos fuera de la estadística. No cumplen mi programa, no me hago responsable.

  • Evaluación diferencial

La nota final no sería tampoco un indicador razonable, habría que relacionar ese primer nivel de conocimientos con el que alcancen al final, lo que no haya ocurrido bajo mi tutela no puede ser mi responsabilidad.

  • Comportamiento exquisito

Se acabaron las contemplaciones con cualquier comportamiento mínimamente disruptivo. Si alguien no sólo no está siguiendo mis instrucciones, sino que impide que la clase se desarrolle de manera adecuada, será expulsado fuera del aula y dejado fuera de las estadísticas.

  • Inspectores de mi materia

Quien quiera que vaya a emitir cualquier juicio sobre cómo imparto mi materia deberá tener la formación suficiente para saber de qué cojones estoy hablando. Y debería ser un profesor excelso, no alguien que haya huido de las aulas… y no lo digo por nadie.

PUES CLARO QUE NO

Así no es este trabajo, aquí estamos en escasez de recursos materiales y sobre todo en escasez de recursos personales, tanto por número como por formación. (Necesitamos trabajadores sociales en los centros, ya.)

Aquí no nos ponemos guays, HACEMOS LO QUE PODEMOS, los trabajadores que somos, con los chavales que tenemos. No los descartamos, ni los tiramos a la basura, ni nos rendimos con ellos. Ahora, no me jodas que vas analizar lo buen profesor que soy por las notas del pobre chaval que está hecho una puta mierda porque la situación en su casa es desesperada. No me jodas.

Finalmente.

Si piensas que efectivamente hay que juzgarme por los resultados de los chavales y que si no son mejores es porque yo no los motivo, te animo a que hagas lo mismo con los inspectores de turno. No es que sea un mal profesor, es que mi inspector no sabe motivarme. Evalúa negativamente a mi inspector y sanciónalo.

Y, re-finalmente

Si queréis una mejora para la educación que pueda implantarse mañana y que redunde en beneficios mañana mismo se llama REDUCCIÓN DE RATIO. 


Ignacio, el practicante

4 mayo 2016

“Practicante” palabra en desuso, hoy hablaríamos de ATS, DUE, enfermera o enfermero, pero hace mucho años, en esta misma galaxia, había practicantes.

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De Injection2Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=47481637

Cuando te ponías particularmente malito, tus padres te premiaban con una buena inyección, supongo que no sabrían nada de bombones, regalos o unas simples flores.

Y allí ibas tú, como al matadero, con la cabeza baja y la muda limpia. Entrabas a una sala que apestaba a miedo y alcohol, sin ser un bar. Madera, oscuridad, y una enfermera en la pared que te pedía silencio con el dedo.

No es que yo sea mi abuelo, del que la historia atestigua que dejó a un practicante con la jeringa cargada, al grito de “Póngasela a uno de esos que están esperando”, y del que la leyenda asegura que se apartó en el momento indicado logrando que un practicante banderilleara la puerta. Como decía, no soy yo como mi abuelo, pero ni me hacen, ni me hacían gracia las inyecciones.

Pues allí estábamos esos niños apretando las nalgas con todas nuestras fuerzas (ejercicio que pudo contribuir a nuestra turgencia actual), esperando que al abrirse la puerta y sonar las campanas para nuestro turno, apareciera no otro que Ignacio, es hombre pequeño y sonriente.

¿Cómo la visión de alguien que practica tan dolorosa profesión (para los demás), quizá refugio de los que en otro tiempo hubieran sido verdugos o inquisidores, cómo la visión de alguien así, podría ser motivo de alegría?

Porque Ignacio, tenía el secreto de “la técnica”.

Te daba pequeños cachetitos con los dedos entre los que sostenía la aguja y, aprovechaba la confusión nalgar creada por esos cachetes para clavarte la aguja, lo que aliviaba mucho la tensión y el dolor.

Benditos sean aquellos que, en nuestros momentos más difíciles, con el culo al aire literal o metafóricamente, se apiadan de nosotros y hacen las labores más simples como quien construyera un huevo de Fabergé, con delicadeza y esmero. Es en esos momentos tan vulnerables cuando más os necesitamos, cuando más daño nos hace vuestra ausencia y más bien vuestro cuidado.

Bendito Ignacio, para muchos, más héroe de nuestra infancia que Huckelberry Finn o Luke Skywalker. Aún nos cruzamos y nos saludamos, no verás más mis nalgas, pero nunca te olvidarán.

“Hay gente que toca el violín como si hicieran fotocopias.” Dijo un día mi profe de violín

“Y hay gente que hace fotocopias como si tocaran un violín”. Añadí yo.

 


Hola, soy normal, ¿tengo derechos?

30 abril 2016

El otro día leí, una vez más, un alegato a favor de que los chavales que tienen altas capacidades sean atendidos mejor.

Estoy completamente de acuerdo.

A veces se aduce que los recursos se “van” en atender a los chavales más desfavorecidos o con menos capacidades. Sin duda se gastan recursos pero, si no os lo imagináis, ya os digo yo que son insuficientes.

De los que casi nunca oigo hablar es de “los del medio”.

¿Alguien cree que no es crucial para ellos la atención? De hecho, para muchos significa la diferencia entre “conseguirlo” y “no conseguirlo”.

A ver si es que lo enfocamos mal…

Cuando se planteó el Bachillerato de Excelencia, muchos profesores dijimos que todos nuestros alumnos son excelentes y que queremos recursos para TODOS.

Y, queridos míos, eso es lo que siempre nos falta. SISTEMA.

Andamos siempre tirando de parches, heroicidades personales y proyectos particulares. Dejando así los derechos de la mayoría de los ciudadanos sin proveer.

Por esto, aquí dejo mi alegato para “los del medio”… y para los demás.

Si todavía no se os ocurre la solución…

Reducción de alumnos por aula.

Sencilla y aplicable mañana mismo, y con resultados positivos inmediatos.


Modelos y más modelos

28 abril 2016

No, no es un desesperado intento de pillar visitas. Voy a hablaros de modelos… de los que hacemos en ciencia.

Mirad:

Cuando queremos medir la longitud que tiene un objeto, primero tenemos que definir con precisión qué es eso y cómo va a medirse.

Aquí tenéis una breve historia de las maneras tan variadas y curiosas que hemos usado para definir el metro.

Hoy decimos que un metro es la distancia que recorre la luz en el vacío durante este tiempo 1/299 792 458 s, con eso calibramos las reglas y con ellas medimos las distancias.

Esto hacemos en ciencia. Definir con precisión y medir lo que es accesible.

Hay cierto problema cuando una palabra tiene un significado en la vida cotidiana y otro en el entorno técnico. Por ejemplo, energía. Cuando estás bajo de ánimo tienes “poca energía”, cuando eres un poco imbécil dirán de ti que tienes energía negativa, y si eres majete, positiva… pero esto no tiene nada que ver con la definición precisa que damos en ciencia y con cómo medimos nosotros la energía.

Pues eso…

¿No veis dónde voy?

Pues que:

  • La “Tasa de pobreza” no mide la tasa de pobreza.
  • El “Coste de la vida” no mide el coste de la vida.
  • Los alimentos “orgánicos” no son “orgánicos”

Etcétera…

Veréis, la “Tasa de pobreza” es un índice que se calcula con las variables que alguien ha elegido como representativas, las ha remezclado en las proporciones que han considerado y finalmente han conseguido un número.

Después de eso, se pone el umbral de la “pobreza” en un valor y si el índice que han calculado para ti anda por debajo diremos que eres pobre.

Pero claro, si lo llamas “Tasa de pobreza” parece que es una medida correcta e indiscutible de cuánto y cómo de pobres somos, pero eso no es necesariamente así. De hecho, más de una vez hemos bajado los índices de pobreza subiendo el umbral. Siguen estando igual de jorobaos, pero ahora decimos que no lo son.

Iba a seguir explicando pero, ¿todavía queda alguien que crea sinceramente que el índice de precios refleja el índice de precios?

El último ejemplo no se cansa de contarlo el incansable JM Mulet. Ser “orgánico” legalmente es cumplir unas ciertas normas en producción, entre las que se incluyen la posibilidad de añadir sustancias “no naturales”, vaya, curioso, ¿eh?

Todo esto es para recordaros, queridos lectores, que en ciencia hacemos modelos, que no podemos hacer otra cosa, que no es fácil, que cuesta mucho, y que siempre tenemos la obligación científica de cotejar las predicciones y resultados que arrojan nuestros modelos con la realidad. De esa comparación saldrán las modificaciones que haya que hacer al modelo si no se ajusta bien, o incluso la decisión de tirarlo a la basura.

Así que mucho ojo con los “indicadores” de calidad o de problemas que se usan… pueden no reflejar más realidad que el resultado de su propio cálculo.

 


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