¿Cómo mides cuando no te importa?

26 octubre 2020
Identificación antropométrica (Dibujo antiguo)

Fuente

Aunque yo soy Físico Fundamental (digamos tirando a teórico), mi carrera profesional como profesor ha sido enseñar Tecnología/Informática en Secundaria, así que he aprendido a amar a los ingenieros 😉

Serán imprecisos, usarán tablas y modelos que no saben ni de donde salen, de acuerdo, pero se suben encima y se ponen debajo de lo que construyen. Y eso es tener compromiso con lo que se hace. Respect.

Un día dije esto en Twitter y alguien me contestó: “Coeficiente de seguridad”.

Ya, ya. I know. Calculan el grosor de una columna… y lo multiplican por dos, por ejemplo, pero fijaos que CONTROLAN su grado de aproximación, y esto es fundamental. Os lo contaba en Aproxímate.

La medida es una parte fundamental de la Ciencia, o de cualquier otra actividad que descanse en lo empírico como criterio de certeza.

Medir la realidad es la manera en la que tomamos los datos con los que modelamos el mundo y volver a medir es la manera para cotejar los resultados de nuestros modelos. Así comprobamos si son adecuados o no.

Pero, ¿qué pasa cuando quien mide no tiene que pasar por ese “examen final”? ¿Qué pasa cuando el valor medido no tiene que “demostrar” que es una buena medida? ¿Qué pasa cuando te da igual el resultado de tu medida?

Pues pasa lo que vemos en las noticias a diario: Muchos números pero muy poca vergüenza.

Imagina que soy un productor de alimentos enlatados. Para la pregunta “¿Cuándo caduca esta lata?” quiero una respuesta REALISTA. Quiero saber la verdad, porque me IMPORTA, porque va a afectar seriamente a la fuente de dinero con la que pago mis facturas. Más allá de las decisiones que tome con este valor, quiero saber cuál es. Por ejemplo, podría poner una fecha muy adelantada para asegurarme de que nunca jamás se le estropeara a nadie una lata, o podría querer apretarme mucho a esa cifra para liquidar un stock (avisando al comprador). Sea como fuere, NECESITO SABER ese valor para poder “trabajar” con él. Me la juego.

Pero, ¿qué pasa cuando no me la juego? ¿Qué pasa cuando las decisiones que se toman con tus medidas se aplican a otras personas? ¿Evalúas igual una inversión en la que pones tu dinero que otra en la que involucras a un cliente, o a un peatón sin relación contigo? ¿Qué pasa cuando se toma una “medida” sobre el nivel educativo de los estudiantes, el IPC, la tasa de pobreza, el impacto sobre la esperanza de vida de una buena sanidad pública?

Empezaré diciendo que esas medidas “sociales” o “humanas” son de gran dificultad, pero se incrementa hasta el extremo cuando no te importa, y añadiré que hay mucha gente muy preocupada por hacerlo de la mejor manera posible, pero en las cúpulas donde se manda están… quienes están, y no suelen ser aquellos con las mejores competencias técnicas.

Quitamos unos profesores de apoyo en las escuelas, aumentamos el nivel permitido de un contaminante… ¿a quién le interesa medir el impacto real sobre la vida de la gente?

¿Quién se ocupa de cuidar de que el IPC o la tasa de pobreza reflejen eso que predica sus nombres? ¿Qué actos políticos se verían forzados a tomar a partir de un valor realista?

Como ya no somos tan jóvenes hemos visto subir los precios con la llegada del euro y que ese año BAJARA el IPC. O que una descomunal burbuja inmobiliaria tampoco hiciera que se dispararan los “precios”, aunque el gasto en vivienda se coma un porcentaje muy amplio de los ingresos de las familias. Raro, ¿verdad?

Claro, es que el IPC, es un valor que sirve de “semilla” para calcular otras cosas. “Es que si sube mucho, tengo que subir las pensiones.” Ya, ya. Pero los pensionistas están pagando los precios REALES, por más que tú digas que no han subido y que ellos vean mermado su poder adquisitivo.

Pero vaya, te digo el IPC como te podría hablar del aislamiento térmico de un edificio, del aprobado en una asignatura, de la tasa de pobreza… de cualquier indicador que me obligue a tomar decisiones que no quiero.

Si estos valores no van a sufrir el contraste directo con la realidad y no inciden sobre quien me importe, puedo medir “mal” para que salga el valor que me permita decidir en la dirección que había elegido previamente. Han dejado de ser una medida para ser una herramienta de control, una mentira más.

Esto incrementa la desafección de la sociedad por la Estadística y las Ciencias Sociales, porque les han hecho creer que esos valores falsos, en evidente contraste con “lo real” a ojos del peatón, son la conclusión que arrojan esas disciplinas. “No hay peor mentira que la Estadística”, JA.

Claro que puede uno medir seriamente, tratar los datos con respeto y extraer lo mejor de ellos, pero para eso hace falta dominio técnico y honestidad, y no andamos muy sobrados de ninguna de las dos en las altas esferas.

Decía un conocido economista, el mejor consejo sobre inversión es que tu gestor invierta SU dinero donde te aconseje invertir el tuyo. Quizá esa sea la manera, vincular el destino de los que deciden con el nuestro, sus intereses con los nuestros. No podemos dejar que la gestión de Lo Común siga siendo llevada a cabo por los que sólo buscan destruirlo, hacerlo trocitos y repartirlo entre sus amigos. Dañar el Bien común, no puede salir tan barato, y menos aún reportar beneficios.

Al igual que no culpamos a la lengua o al idioma de las mentiras que tejen con ellos, no culpemos a la Estadística o a las Ciencias Sociales de las mentiras que envuelven con ellas.


Tenme paciencia

21 octubre 2020
Adulto y niña andando por un camino

Fuente

En la ficción hay un concepto clave que es la suspensión de la incredulidad. Empieza una obra y uno escucha: siglo XXVII, vale, estamos en una estación espacial alrededor de Júpiter, vale, existe la magia, vale, tenemos tres brazos, vale… Nadie se pone nervioso, tú cuéntame tus reglas, yo las acepto y después me dejo llevar por tu narración. Ya sé que lo que me dices no existe, incluso que científicamente es imposible, pero no pasa nada, acepto tus presupuestos, empecemos.

Nadie abre una novela policíaca y se pone a gritar: “Oiga, y esto, ¿para qué vale?” o “Llevamos dos páginas y no sé quién es el asesino. Dígamelo primero y luego me explica cómo llegó usted a saberlo”. “¿Qué aplicación tiene lo que lea aquí en el MundoRealTM ?”

Me recuerda a la expresión inglesa bear with me, que en este caso sería posible traducirla como, “acompáñame, tenme paciencia”.

En la enseñanza de la ciencia y en la divulgación, también necesitamos esto. Necesitamos que nos dejes avanzar un poco, que establezcamos ciertos conceptos o parámetros, o incluso darte un marco para entender la respuesta a tus preguntas. Un buen ejemplo es este artículo que he publicado en el Cuaderno de Cultura Científica a partir de una pregunta de una alumna, tan sencilla como “¿Se pueden ver los átomos?”, pregunta que sólo puede ser contestada adecuadamente después de unos párrafos.

¿Cómo puedo contestar a esa pregunta sin hablar de lo que es la visión, la luz, o cómo están formados los átomos? Si ni siquiera hemos pactado el “vocabulario”, ¿cómo vamos a entendernos?

Pero para la ciencia no hay esa paciencia. Quiero la respuesta, ¿sí o no? Quiero el dato, quiero el final del camino. No quiero escuchar nada “teórico”, todo tiene que ser aplicable en el mundo… que no es más que un modelo en tu cerebro construido a partir de tu percepción, pero vaya… en el “mundo”.

Lo siento, pero si realmente nos interesa la transmisión del conocimiento, no se pude trabajar así. Otra cosa es que estemos haciendo un teatrillo con intención más lúdica que divulgativa o que demos una respuesta “fácil” y que sepamos que, en el fondo, no están entendiendo lo que creen haber entendido.

Nos pasa también cuando generamos materiales para los alumnos. ¿Asumimos que sólo van a picotear pretendiendo encontrar una respuesta concreta a una pregunta concreta (como en esta lista de minivídeos para aprender procesador de texto) o generamos un texto coherente y progresivo donde tenemos un “plan”, vamos incrementando la dificultad, incluyendo conceptos clave, como en este manual de Python que escribí?

¿Cómo hilamos en el primer caso un aprendizaje? Aprender algo no es sólo responder dudas

¿Cómo conseguimos en el segundo que no se salten las cosas y vayan directos a las “actividades” para intentar hacerlas sin leerse el texto? A mí me han llegado a preguntar que por qué un código daba error cuando en el texto se avisaba de que iba a dar error y precisamente se trataba de analizar por qué lo daba.

Acabo de ver en un vídeo a un conocido (y muy buen) divulgador defender que introduzcamos las matemáticas como respuestas a necesidades y contemos sus aplicaciones prácticas, para segundos después, pedir un momento de paciencia para hacer una demostración de la que después concluiría algo.

Necesitamos ese momento, necesitamos establecer ese marco… de hecho, si nos esperan un momento, hasta podemos hilar algo que le dé sentido a lo que estamos diciendo, pero…

Ténganos paciencia, caminen con nosotros… sabemos lo que nos hacemos.


Quiero una ley que me proteja, no un mártir que me inspire.

18 octubre 2020

Un conocido articulista, (al que le agradezco desde aquí su lucha por Lo Común), Antonio Maestre, ha titulado un artículo “Una izquierda que ofrezca su cuello al cuchillo” y no puedo evitar escribir un post. Ya me perdonaréis…

Empecemos diciendo que todo esto viene al hilo del asesinato terrible y la decapitación posterior de un profesor en Francia por poner imágenes satíricas sobre el Islam en su clase. Sin duda los hechos, pero también las actitudes que acaban allí, deben ser confrontadas por la ley, los estados y los individuos. Y aquí se enmarcan artículo y post.

Muy de acuerdo con el fondo del texto de Maestre, pero creo que cae en un sutil error secular del que debemos librarnos ya, precisamente para la lucha que él defiende.

¿Habéis oído decir alguna vez que el mejor juez o el mejor policía serían aquellos que no quieren el puesto? Una exageración que pretende mostrar que el uso de la fuerza deberían ser ejercido por aquellos más reticentes a hacerlo entendiendo que lo harían con la mesura necesaria. En nuestra educación se suele unir “el Bien” con una austeridad “genérica” que incluye a menudo ese rechazo por el poder, aunque luego necesitamos, precisamente, a gente buena que lo ejerza, que desee ejercerlo.

Repitan conmigo: Lo único que garantiza que el derecho esté provisto para todos es un sistema.

Frente a esta necesidad, un hecho: somos muy amigos de los héroes y mártires, están en nuestras mitologías desde siempre y son nuestros referentes humanos e ideológicos. Ni que decir tiene que pagamos todos los días por ello en las estructuras de nuestros partidos políticos articuladas en torno a líderes y no a ideas, pero quiero ir un poco más allá.

Yo no quiero una izquierda que ofrezca su cuello, que se ofrezca como un mártir más para servir de ejemplo y estimular corazones. Quiero un sistema de protección de derechos.

Quiero una ley que me proteja, no un mártir que me inspire.

Quiero la fuerza del estado, la fuerza de lo común, la fuera del sistema que no tolere que se pisoteen mis derechos más fundamentales.

Soy educador y sé, quizá por eso, que una parte ineludible de educar es mostrar los límites y aplicar los costes cuando se rebasan. Pero en la vida en sociedad hay que ir más allá, el respeto a mis derechos no puede esperar a que los demás lo “entiendan” y estén de acuerdo. Si lo entienden, estupendo. Si no, que acaten la ley.

Me enseñaron que la democracia era el gobierno del pueblo. No la posibilidad de martirizarme hasta que la gente estuviera de acuerdo con mis derechos. De hecho, entiendo que la organización en un estado democrático tiene que ver con tener la fuerza necesaria como grupo para defender lo común frente a actores individuales con mucha más fuerza que el individuo aislado, desde las empresas hasta otros estados.

Por lo tanto, yo no quiero una izquierda o un gobierno que ofrezca el cuello ante un cuchillo, quiero que el sistema le quite el cuchillo, que le sujete la mano, o que ponga a esa persona fuera del alcance de mi cuello. Y fíjate que no digo mi cuello fuera de su alcance, digo su alcance fuera de mi cuello, no es la víctima la que tiene que huir, como tantas veces pasa.

Juraría que Antonio Maestre está de acuerdo con la mayoría lo dicho aquí, que me corrija si lo desea, y mi intención no es enmendarle la plana (yo también estoy muy de acuerdo con su artículo), pero creo que, como explicaba en “El respeto no se gana ni se pide, se exige”, tenemos que dejar de pedir derechos, para exigirlos. En mi opinión, para este objetivo, la figura del mártir no ayuda.


Si las pilas del mando están gastadas, aprieta el botón más fuerte.

5 octubre 2020

¿Os suena? ¿Lo habéis hecho? ¿Pensáis que funciona?

Me disculparéis, pero no funciona. Apretar fuerte un interruptor no influye en el voltaje de un circuito, salvo que el interruptor esté roto, vaya.

Lo importante de esto es, como siempre, la reflexión.

Cuando veáis a alguien golpeando el lateral de un PC, pidiendo por favor que vuelva Internet o invocando a cualquier santo para que termine la actualización del portátil, pensad por un momento en las leyes que rigen el comportamiento de esos aparatos.

La conclusión es que el usuario no necesita ningún conocimiento sobre el funcionamiento del aparato para poder utilizarlo.

No necesitas saber una palabra de termodinámica para conducir tu coche o para ducharte con tu caldera, ni haber oído mencionar a Maxwell o a Berners-Lee para conectarte a una WiFi. Hasta puedes hacerlo pensando que provoca cáncer… y te funcionará igual de bien que a mí.

Y este hecho terrible, es una de las razones por las que los “utilitaristas” (en el peor sentido, el más básico y cortoplacista) no tienen ningún interés en ese conocimiento básico de la ciencia. No lo necesitan para sus actividades cotidianas. Nadie pide un logaritmo de patatas.

Y por eso, cuando argumentamos en favor de la popularización del conocimiento científico, hay que ser fino y no errar el tiro. Si erramos en el diagnóstico, ¿cómo vamos a acertar en el tratamiento?

Tanto me ocupó este pensamiento, que mi último libro divulgativo (hasta este momento) iba precisamente dirigido a esa población que considera que ninguna ciencia era de aplicación “útil” en su vida cotidiana.

Así que recopilé un conjunto de experimentos caseros y life hacks en los que el conocimiento científico te producía una ventaja directa en las actividades más prosaicas del día a día, junto con una somera explicación científica de su por qué (o de su cómo).

Si os apetece echarle un ojo… o regalárselo a aquel que te repite una y otra vez que la ciencia no sirve para nada, aquí lo tienes. Y de paso puedes contestarle: A ti no te sirve, porque no la conoces.

Como Einstein por su casa. La (brico)ciencia para todos


No es tan difícil: ni falacias, ni contradicciones.

23 septiembre 2020

Fuente

Me tortura que no haya una manera formal de distinguir lo cierto de lo falso… pero no la hay.

Por eso acudimos piedras de toque, a criterios de certeza según el gusto de cada uno: revelaciones, doctrinas religiosas y otros argumentos de autoridad, experiencia propia, experiencias internas o el criterio científico, el empírico, el contraste con el mundo que percibimos.

Sé que hay una gran corriente que apela al espíritu crítico una y otra vez, como un criterio abstracto, como una capacidad que, una vez aquirida, puede aplicarse a cualquier disciplina… pero, lamentablemente, no es cierto.

Mirad la siguiente afirmación: “El 5G provoca cáncer”.

¿Cómo decidimos que es cierta o falsa?

¿Vas a creerlo porque lo dice alguien que te cae bien y te gusta como canta?

¿Vas a pensar, a ver qué “te parece”, y abrazar esa postura?

¿Vas a meditar a ver si recibes información directa del Ser?

¿Tienes capacidad experimental para hacer un estudio por tu cuenta?

¿Crees en el consenso científico por la confianza en sus métodos?

En todas esas aproximaciones están eligiendo un criterio de certeza, apelando a un determinado conocimiento experto, no formal, un conocimiento del tema concreto por parte de tu cantante favorito, tu intuición, el Ser supremo o el empirismo. Me extiendo más sobre esto en este post: Al final el espíritu crítico era el conocimiento experto.

Ya, ya… COTEJAR… la palabra mágica. Muy bien, ¿con quién cotejo? ¿Con otros cantantes, personas intuitivas, gurús, otros científicos? ¿Veis que “cotejar” tampoco es un ejercicio formal, sino que apela a contenidos concretos y criterios de certeza concretos?

Pues dicho esto, sí existen elementos formales que podemos comprobar.

Aquí hablamos de ellos a veces, son las falacias lógicas y otros malos usos de las leyes lógicas. Algo que no es especialmente complejo y se enseña a los alumnos de bachillerato, pero que incluso se podría incluir en cursos de la educación obligatoria.

Por ejemplo:

  1. Sé que si llueve la calle se moja.
  2. Veo que está la calle mojada.
  3. Concluyo que ha llovido.

Esto no está bien. Es cierto que si llueve la calle se moja, pero no es la única causa que puede hacer que la calle se moje. Así que no puedo concluir que haya llovido porque la calle esté mojada. No es tan difícil, ¿verdad? Esta falacia se llama “afirmación del consecuente”. En el enlace que os puse podéis ver multitud de ellas y si miráis los mensajes públicos, las noticias, los anuncios… encontraréis montones de ellas. Parece mentira que aún “cuelen”… pero cuelan.

Pero estos malos usos de las leyes de la lógica que sí que te permiten decidir que un argumento es incorrecto pueden ser tan básicos como lo que llamamos el principio de no contradicción: A es lo contrario de “no A”.

Es algo tan simple como que si una proposición es cierta no puede ser falsa y viceversa.

Bueno, pues incluso sobre esto toca discutir.

Ayer me pasó con alguien que considero valioso en la lucha por lo común, lo que me da más miedo aún. Si gente tan formada y con el ánimo de apoyar lo justo para todos, anda enfangada en cosas tan básicas como estas, ¿qué podemos esperar del resto? ¿Cómo vamos a defendernos de los que usan toda su inteligencia y recursos materiales para profundizar la desigualdad y el egoísmo?

Bueno, pues el tema de ayer fue el respeto a las opiniones.

Si queréis leer algo detallado, aquí lo tenéis. Perdóneme, pero yo no respeto opiniones.

Voy a ir directamente a buscar la contradicción que hay en el argumento: Respeto todas las opiniones.

¿Qué ocurre con la opinión de que “no hay que respetar las opiniones”? ¿También la respetas?

¿Qué ocurre con las opiniones contradictorias? ¿Respetas ambas? ¿Qué es ese respeto del que hablamos?

La única manera de poder respetar cosas contradictorias es vaciar de contenido al “respeto” a las ideas. Ese respeto no tendría ningún componente de “aprecio” o “juicio” sobre esa idea. Sólo puedo respetar ideas contrarias si mi respeto no significa nada.

Quizá lo que quiere decir la gente que dice “Respeto todas las opiniones” es “Respeto el derecho de las personas a tener cualquier opinión”, pero eso es algo muuuuuuuy diferente. Eso es respetar a las personas, respetar sus derechos, no a las ideas. De hecho, las ideas no son acreedoras de derechos.

En el respeto a los otros estamos muy de acuerdo, de hecho, aquí pensamos (no como hacen algunos que dicen respetar “opiniones”) que El respeto ni se pide ni se gana, se EXIGE, precisamente porque entendemos que es un derecho humano inalienable.

Buscar la verdad es algo muy complejo y dependiente al final de nuestro criterio de certeza (y sigo cabreado con esto), pero qué menos podemos pedir que razonar y elaborar argumentos que estén libres de falacias lógicas y de contradicciones que, en muchas ocasiones, llegan a suceder incluso dentro de una misma frase. Ayer, en un programa de “citas”, una participante pedía un compañero que no fuera superficial y, al preguntarle cómo le gustaría que fuese, dijo: Más alto que yo, que soy alta y suelo ir con tacones…


¿Quién es responsable del mal?

20 septiembre 2020

Nadie culparía a un bebé que te araña al mover una mano cuyos movimientos no controla aún.

Por otra parte, no creo que nadie tuviera demasiada comprensión con una persona adinerada de sesenta años que malversa un millón (para sumarlo a los otros que tiene), con serio perjuicio otros.

Entre ambos extremos, la persona debe ir sumando responsabilidad a sus acciones.

Así lo entiende también la ley y, obligada a poner un límite concreto y objetivable, hace surgir el concepto “mayoría de edad”, que viene acompañado también de muchos problemas.

Como momento vital forma parte de mi trabajo desde hace más de dos décadas, vivo muy de cerca esa transición tan brusca: de ser considerados menores y eximirles de muchas responsabilidades, contar con una cierta protección de derechos (manutención, educación, etc.) a pasar, de un día para otro, a ser “arrojados” a la calle con mucha menor protección y todo el peso de la ley pendiendo de un hilo sobre ellos. Esta situación es aún más kafkiana para aquellos menores en situación de exclusión social.

A esto se le añade que hay muchas “mayorías de edad” que también varían de un país a otro: para conducir, para consumir alcohol/tabaco, consentimiento sexual, trabajar, votar, decidir una interrupción de embarazo… cayendo en contradicciones lógicas de difícil resolución. Por ejemplo, en España se puede trabajar con dieciséis pero no se puede votar hasta los dieciocho, siendo ya alguien sobre el que caen responsabilidades laborales serias, pero que no consideramos capaz de decidir quién quiere que elabore las leyes que se le aplican. Que conste aquí que me considero incapaz de proponeros un listado de edades “correctas”, sólo señalo los problemas filosóficos que conllevan.

Dejaremos la ley a los expertos, hablemos de educación.

Yo diría que una definición útil y bastante acertada de lo que significa ser adulto podría ir por aquí:

Madurar es asumir las responsabilidades de tus actos y sus consecuencias.

Así que, como educador y enseñante en todas mis facetas, mi labor autoescogida se orienta, sobre todo, a que entiendan esta responsabilidad y vayan asumiéndola. También los que hayan cumplido años sin madurar, que una cosa es hacerse viejo, y otra, adulto.

Por eso escribo posts como este, sobre la responsabilidad individual (Tú ordenas y yo obedezco, o no.)

Ya habéis oído muchas veces que los maltratadores suelen haber sido víctimas del maltrato o que pasados traumáticos explican (no digo justifican, ni lo dejo de decir) y quizá fueran atenúen la responsabiidad de ciertos comportamientos. Pero, ¿hasta cuándo podemos esgrimir esta justificación? Cualquier norma justa tiene un ámbito de aplicación y unos límites temporales.

Supongo que cada caso es un mundo, por más que la legislación tenga que fijar ciertos límites que siempre adolecerán de arbitrariedad, para eso están los jueces, para matizar su aplicación.

Y tampoco hay que dejar de decir que, a quien vivencias pasadas le resulten traumáticas y no le dejen vivir una vida amable para sí mismo y para otros, hará bien en reclamar su derecho a la atención sanitaria en salud mental. Lo que no puede reclamar es el derecho a tener “víctimas”.

Pero a los educadores y a la sociedad (que también educa, voluntaria o involuntariamente) también les queda un trabajo, ir haciendo que sus niños y adolescentes vayan asumiendo su responsabilidad.

No sé si habéis visto estas tablas de tareas asumibles por los chavales (por edad), me gustan mucho. No entraré a discutir el detalle, ni a defender el método en el que se basa, sólo quiero decir que existen tareas factibles y que es bueno que las hagan y se responsabilicen de su resultado. De hecho, más allá de quien avale unas tablas u otras, cada chaval progresará a un ritmo diferente y habrá que hacer SU tabla particular, según su nivel de desarrollo y competencia.

Dada la situación educativa actual, va a tocar que los niños y jóvenes tomen un papel más activo en responsabilizarse de su proceso educativo, ya que ni las administraciones, ni los funcionarios educativos ni los propios usuarios se han plantado, de momento, para exigir una presencialidad segura. Y tendré que adaptar mi enseñanza en ese sentido.

Mi intención es que cada alumno lleve un diario/cuaderno en el que vaya reflejando su aprendizaje, elemento que podrán usar en algunas pruebas presenciales, así conseguiré que los más refractarios a esta medida tengan ese aliciente para hacerlo. A su vez, además de la instrucción que impartiré, dejaré establecido el “camino” con las referencias necesarias para que cualquiera pueda sumarse y recorrerlo desde el punto en el que se haya parado. Pero de nuevo la responsabilidad de recorrerlo es suya. La mía es establecer un camino, no “empujarle” desde atrás, o “perdonarle” lo no hecho.

Así que este año estaré más aún preocupado por que aprendan contenidos, aunque esto no sea una corriente que parezca muy popular. Mis alumnos tienen el derecho a que se les enseñe ese saber sofisticado que no es tan sencillo adquirir por cuenta propia. Saber del que yo soy especialista y derecho del que yo soy garante.

El respeto al que aprende, tanto intelectual como a su libertad de elección, no se muestra eliminando las dificultades del camino, sino tendiendo el camino para que pueda superarlas.

Y esto, lo cantó muy bien Mahalia Jackson.

Lord don’t you move the mountain
Just give me strength to climb
Lord don’t move my stumbling block
But lead me around

Aquí la letra completa

Añadido

Permitidme un pequeño añadido para los más curiosos sobre este tema tan bonito que es el libre albedrío (como decía Cassen).

Quizá el la responsabilidad del mal no sea de nadie, si nuestras decisiones no las tomamos nosotros. Si nuestra conciencia es “informada” de la decisión en lugar de ser la fuente en la que se origina, como apuntaba cierto estudio que merece una investigación más profunda que lo corrobore o desmienta, si es que nos atrevemos a ello. En él, la preparación del estímulo muscular era anterior al momento en el que el sujeto tomaba la decisión de moverlo. Échense a temblar. ¿Cómo articulamos un sistema legal con esto en la mente? ¿Cómo articulamos una vida? Permanezcan atentos a sus pantallas… o no. Es aterrador.


El héroe que no eres

19 septiembre 2020

Fuente

Los relatos de héroes llevan acompañándonos desde que nos reuníamos alrededor del fuego a escucharlos hasta nuestros días.

Hazañas fantásticas en el extremo de lo posible, renuncias terribles en pos del bien común. Al final de las historias, algunos no acababan muy bien, pero seguían despertando nuestra admiración. Su vida tenía sentido. Queríamos ser como ellos.

Es curioso cómo el relato del héroe ha dominado gran parte de nuestra cultura. Si os fijáis, hasta la Historia se ha articulado, en muchas ocasiones, alrededor de figuras heroicas que eran las que, según el relato que nos hacíamos del pasado, habían conseguido que las cosas “pasaran”. Incluso hay muchos movimientos donde se prima el grupo por encima del individuo pero que han sido inspirados y son encabezados por “líderes”.

Hoy en día lo decimos como un halago y hay muchos movimientos que rescatan “héroes” pasados (más o menos discutibles) como encarnaciones de sus principios.

Es curioso imaginar qué pensarían de estos “seguidores” esos héroes si pudieran aparecerse ante ellos y escucharles. Desde los fundadores de muchas religiones a aquellos guerreros que se idolatran desde ciertos partidos políticos.

Es curioso ver lo poco que nos parecemos a nuestros “héroes”.

¿Tú crees que eres el digno “heredero” de aquel que lo dio todo por los demás, luchó en batallas terribles, arriesgó su vida en gestas casi imposibles? Solo lo pregunto porque es fácil que esta cuestión te pille comiendo Doritos o tomando una cerveza en tu sofá. Quizá lleguemos a la altura del Quijote, como mucho, pero más por la falta de cordura que por el compromiso con los propios principios.

No, no eres un héroe.

Casi seguro que no. Alguno hay, pero no suele pavonearse de ello. De hecho le dedicaré este post a una gran persona que iba a donar un riñón en vida a un familiar, pero no la verás en banderas ni en altares.

Es raro que te diga que no eres un héroe, ¿verdad? Sobre todo porque te lo han llamado más de una vez, pero te han mentido, discúlpame, te estaban engañando para aprovecharse de ti.

Me explicaré.

Cuando tienes que pagar tus elementos de seguridad en tu trabajo no eres un héroe, eres un trabajador explotado.

Cuando cubres el trabajo de otros, además de hacer el tuyo, no eres un héroe, eres un trabajador explotado.

Cuando salvas una situación que se planificó mal adrede para ahorrar recursos, no eres un héroe, eres un trabajador explotado.

Cuando trabajas en cualquier cosa para dar de comer a tu familia, no eres un héroe, eres pobre y en un país sin un buen sistema de garantía de ingresos.

Cuando te endeudas para pagar la atención sanitaria de un ser querido, no eres un héroe, eres pobre y en un país sin un buen sistema sanitario.

Cuando dejas que en tus entorno te trate mal “la familia”, “la pareja”, “los amigos”… no eres un héroe, eres una persona sufriendo maltrato. Todo entre comillas porque si estamos así, esas personas de tu alrededor no ameritan esos términos.

Cuando te tragas el sufrimiento porque nadie quiere oírlo y no hay un sistema que te acoja, no eres un héroe, estás solo y vives en un país desprovisto de un buen sistema de salud mental.

Cuando no puedes soportar cómo vives y sigues adelante, no eres un héroe, probablemente vivas en un entorno hostil y necesites más un abogado que un psicólogo, y tu sociedad debería proveerte de ambos, si quiere llamarse sociedad y ser algo más que un grupo de gente a una distancia igual o menor que un valor dado.

Pero sentirnos un héroe, que nuestra vida tenga “sentido” gracias a una gesta, es el sueño que han plantado en nuestras mentes con las semillas de esos relatos. Porque al parecer ser una persona, cultivar el amor y la belleza, ayudar en lo posible y demandar la ayuda necesaria no son algo que haga que una vida tenga sentido.

Pero, ya ves, no eres un héroe. Eres alguien al que le están imponiendo unas condiciones que no son de recibo.

Ahora te queda como ejercicio buscar quién está imponiéndote esas condiciones y quiénes te llaman héroe. Verás que muchos de los primeros andan entre los segundos, además de los “convencidos”.

No necesitamos héroes y mucho menos mártires. Necesitamos despertar de este sueño inducido, oponernos a quienes nos lo imponen y darnos cuenta, de una vez por todas, que esa vida de crecimiento y colaboración, es posible si la construimos entre todos… y para todos.


El fin de la educación pública

13 septiembre 2020

No es un momento más. Es el FINAL

En este curso los chavales se agruparán en concentraciones que se considerarían sanitariamente INSEGURAS fuera del colegio y muchos de ellos van a recibir la mitad de las clases presenciales. LA MITAD.

La administración no ve motivos para contratar más profesores ni habilitar más espacios. Ni siquiera cuando esto representa un peligro sanitario para los estudiantes. Ya era urgente para poder enseñar adecuadamente, pero, ¿ni siquiera por seguridad sanitaria? 

No os aburriré diciendo que también se incumple la provisión de medios para los profesores o la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, porque eso ya sé que no importa a casi nadie (desde hace mucho), pero, ¿ni por la salud de los alumnos y sus familias? ¿Os lo podéis creer? A mí aún me cuesta.

Este es el final de la educación pública.

Ya no será la formación de calidad que habilitaba a cualquiera, más allá de sus orígenes y de sus problemáticas. Que intentaba de veras cumplir esto y lo conseguía en bastante medida, aunque fuera mejorable.

Les ha llevado algunas décadas de degradación del servicio, pero este es el golpe final.

En estas condiciones ni los alumnos que más necesiten del apoyo de profesores podrán tenerlos, ni el resto podrá desarrollarse en todo su potencial. Esto ya no será educación de personas, de ciudadanos, será otra cosa.

No se preocupen, se podrá dejar a los hijos aquí para ir a trabajar (incluso más horas que ahora), pero esto no será educación. Será otra cosa.

A quien le preocupe la formación (Y PUEDA) pagará aquí y allá para conseguir lo que antes era un servicio público que recibían todos. El resto se quedará sin este servicio, pero no se preocupen, cuidaremos de que sus hijos no se hagan mucho daño mientras ustedes trabajan, algo no demasiado diferente a lo que hacen en su garaje con su coche.

Por ciertos, les voy avisando de la subida de los precios de esos servicios privados cuando ya no compitan con un servicio público de calidad y aumente su demanda. Algo parecido a lo que pasará con los seguros médicos privados cuando también acaben con la sanidad pública (de lo que tampoco andamos lejos). Quizá allí muchos aprendan que no eran tan “ricos” como les hicieron pensar. Otros lo aprendieron con la burbuja inmobiliaria… y otros no lo aprenderán nunca.

No se irán sólo alumnos, también se marcharán profesionales: educadores, maestros, profesores que eran especialistas en ENSEÑAR, algo que ya no parece importar a nadie. El mandato es otro: “Mantengan a mi hijo a salvo, denle un título, aunque no signifique nada y déjenme tranquilo que bastantes problemas tengo ya.”

Pero AÚN NO HA OCURRIDO. Estamos colgado de una rama en un acantilado, esperando a que venga ayuda o a que se rompa la rama. 

Esto PUEDE PARARSE EN TAN SOLO UNOS DÍAS. Sólo hace falta que SE PLANTEN los usuarios o los profesionales de la educación. Que se planten, que nos neguemos a caer, que exijamos las condiciones necesarias para dar el servicio adecuadamente en lo pedagógico y en lo sanitario. Una presión así no la aguantaría ningún gobierno ni una semana.

Quizá no muchos más días que los que tardaron en explicarnos que iban a rescatar a los bancos, o que cambiaba la Constitución o que rescataban las autopistas, o que concedían una partida “extraordinaria” (como todos los años) para armamento… Todas estas cosas obscenamente más caras que los profesores y espacios que necesitamos.

Es tan sencillo como improbable, porque hasta ahora lo que estamos viendo ha sido la actitud sumisa, indolente o incluso colaboracionista por parte de casi todos.

Pero, ¿QUEREMOS CAMBIARLO? PODEMOS HACERLO.

Pero no se lo piensen mucho, la realidad no espera. Estamos asistiendo a una caída de la que quizá no nos recuperaremos nunca.


El mito y el rito

10 septiembre 2020

¿Os acordáis de los cascos quitamultas? Calimeros los llamaban también…

La “lógica” de quienes los usaban funcionaba así:

  1. Tienes que llevar caso
  2. Llevo casco
  3. Fin

Pensemos que para eso estamos aquí.

¿Cuál es el espíritu de la norma? ¿Cuál es el objetivo que se busca? ¿O es sólo un RITUAL?

Si el casco no te protege por construcción o porque no esté atado… ¿por qué lo llevas?

Supongo que más de uno está haciendo el paralelismo con las mascarillas en la situación actual.

Si te la pones mal, si te has pasado del tiempo de uso, si no cumple con las especificaciones… si no la llevas porque como vas fumando “no pasa nada”… ¿qué estamos haciendo?

Un buen amigo traía este concepto del RITO, del ritual, de cumplir con unos “movimientos” o unos elementos, sin pensar en qué efecto REAL tendrán.

¿Puede ser que andemos transitando esos caminos en los discursos desde hace tiempo? ¿Puede ser que estemos perdidos en símbolos que han sido vaciados y nos parezca que la realidad responde a nuestros deseos más que a sus reglas?

Fijaos que ya os conté que no tengo problema alguno con los milagros… si ocurren de veras. Si eres Neo y esto es Matrix debes esquivar las balas… si te dan como a los demás, creo que tu relato está vacío.

¿Habéis oído hablar de los criterios de certeza? Se enseñan en la maltratada filosofía de bachillerato. Se trata de qué “prueba” usas para determinar si algo es cierto o no. Hay un buen puñado: Puedes confiar en una revelación de tus sueños, te puede bastar con que lo diga tu profeta (argumento de autoridad) o puedes elegir el contraste con el mundo que percibimos, lo que llamamos pruebas empíricas. En ciencia optamos por esto último y por eso sometemos nuestras teorías a “experimentos”.

¿Has pensado en cuál usas tú?

Todo el mundo se cree muy “realista”, pero, por ejemplo, ¿has mirado qué dice la investigación educativa sobre esa manera que te PARECE tan buena para enseñar a tus hijos o tus alumnos? ¿Has comprobado si, además de que tu conversación con tu hijo o tu clase quedase muy bonita para un vídeo, ha tenido algún EFECTO en su aprendizaje? ¿O estamos trabajando bajo una teoría sin contraste, un MITO?

Vamos un paso más allá… cuando sólo cumplimos con movimientos, llevar objetos, hacer “lo de siempre” de una forma acrítica, cuando hemos perdido el espíritu de la norma y obviado el contraste de su efectividad… cuando actuamos así, ¿por qué lo hacemos?

¿Es que en realidad no nos importa el resultado? Quiero decir, si tú crees que la violencia que se ejerce sobre mí se arregla con mediación, manifestaciones, cantos, soltando palomas o recopilando firmas, ¿por qué me paras físicamente, o me empujas, o me pegas incluso, si intento entrar en tu casa a beberme tus fantas? ¿Por qué no me cantas lemas que rimen hasta que desista?

Este comportamiento sería muy triste y dejaría sin “servicio” a todo aquel que sufre de nuestros mitos y ritos cuando viene a buscar ayuda o un servicio, pero hay algo más triste aún. Todos sabemos que hay muchos creyentes en medicinas “alternativas” y “energías” que vuelan a la medicina que funciona en cuanto tienen una carraspera, porque ellos son los más conscientes de la falsedad de su discurso, pero no olvidemos que hay quien muere amarrado a su totem sin ir al hospital, quien no vacuna a sus propios hijos, y quien cree en esos símbolos vacíos, usándolos y extendiendo su uso. Estos son ignorantes, más que malvados, pero el daño que se hacen a ellos mismos y a otros es igual de tremendo.

Quizá haga falta poner las cosas en su sitio, en los discursos también, y no permitir más que se llenen esos espacios públicos de información con “basura intelectual” que enfanga nuestros entorno y nuestras mentes.

No, no vale todo. No, no vale cualquier opinión. No, no es equivalente cualquier teoría. Ni tampoco cualquier criterio de certeza.

Si lanzo tu móvil por la ventana no parará su caída porque hagas una ley contra ello, ni porque acuerdes y firmes una petición online, ni porque tú opines otra cosa respecto de la gravedad.

La realidad es lo que es, no lo que tú eliges que sea.

En este espacio buscamos qué es y te anticipo que es algo más extraño que tus sueños más raros… lo hemos MEDIDO. Añado que la ciencia, como manera de acercarse al mundo, no tiene ningún problema con cambiar de modelos y explicaciones el día que se PRUEBE que funcionan, pero no a la llegada del primer cuñado.

Así que, no hay ningún problema con que muevas objetos con la mente… siempre que los muevas. Mientras, levántate del sofá y baja la basura como hacemos los demás, y deja de dar la brasa a tu familia.


Posibilidad de huelga en la enseñanza SIN sindicatos (España)

9 septiembre 2020

Es algo que llevamos décadas repitiendo “no se puede hacer huelga en la enseñanza a no ser que convoquen los sindicatos”. También hay quien pensaba que sí, pero que había que convocar una asamblea por parte de un porcentaje altísimo de trabajadores, cosa en la práctica inviable de coordinar, pero, resulta que no es así.

Un grupo de profesores hemos encargado un informe jurídico, que os enlazo después, pero antes unas importantísimas consideraciones.

  1. No tengo nada en contra del concepto del sindicato. Tengo TODO a favor.
  2. Prefiero un googol de veces que sean los sindicatos quienes convoquen.

Nuestro problema es que llevamos muchos años sin que convoquen (en nuestro gremios) nada más allá de paros parciales y por más que insistimos eligen no hacerlo. Están en su derecho. Pero, ¿qué pasa con nuestro derecho como trabajadores?

Bien, pues esto es lo que parece que ha estimado el Tribunal Constitucional en varias ocasiones, que las ideas que pensábamos ciertas limitan inconstitucionalmente el derecho a huelga.

Así que el informe comienza con estas palabras

ACTO DE DECLARACIÓN O CONVOCATORIA.
Están facultados:
Los propios funcionarios.
– Los representantes de los funcionarios (Juntas de Personal)
– Las centrales sindicales con implantación en el ámbito afectado por la
convocatoria.
En cuanto a la convocatoria, no será necesario realizar ningún tipo de requisito formal
o votación de los que dispone el artículo 3 del DRLT, según la STC 11/1981, de 8 de
abril. Es decir, no es necesario, como requisito legal la realización de asamblea, ni
levantar acta de reunión, votación, o acreditar un porcentaje mínimo de asistentes a
favor de la convocatoria de huelga, etc.

INFORME JURÍDICO COMPLETO

Se ruega LA MAYOR DIFUSIÓN POSIBLE. Hay muchos compañeros que entienden que no pueden ejercer este derecho y deben disponer de la mejor información. Por otra parte esto puede ser una buena herramienta para para que los sindicatos entiendan nuestro compromiso y decisión… y se decidan a convocar.

NOTA: Afortunadamente en la Comunidad de Madrid, el sindicato CNT-AIT ha convocado huelga desde el 10 de septiembre hasta el 30 con la posibilidad de prorrogarla, ayudando con sus medios a esta necesaria movilización para la defensa de la salud de los trabajadores y usuarios.


A %d blogueros les gusta esto: