¿Es rentable el mal?

21 enero 2021
Fuente. Cuadro Caminante sobre mar de nubes

Sí, el mal sale rentable. Aunque, como siempre, esta frase no significa nada si no pactamos el significado de los términos que usamos. En este caso la clave está en “rentable”.

Quizá podríamos decir que rentable es algo que nos produce un beneficio neto positivo, superando a los costes. Es fácil que estés de acuerdo, pero esto sigue sin ser preciso. ¿Tenemos un definición consensuada de costes y beneficios?

Utilizo a un amigo para obtener un contrato sustancioso y pierdo esa amistad. ¿He ganado o perdido? ¿Y si no es muy amigo? ¿Y si es sólo conocido? ¿Y si ni siquiera es conocido?

Algo muy curioso de la reflexión sobre la inteligencia artificial es que te hace tener que definir con precisión y con cierta coherencia cosas sobre las que no nos ocupamos mucho, sobre todo la coherencia.

Alguien ponía un ejemplo, creo que era Helena Matute: Si programo una máquina en la que su función beneficio sea producir el máximo número de naranjas posibles, podría entender que eliminar a parte o toda la humanidad pondría a sus disposición un montón de energía que se está desperdiciando, en tanto que no se invierte en naranjas. ¿Quieres que la vida humana tenga un coste? Pues más te vale decírselo a la máquina… y ahora te va a preguntar cuánto es ese coste, para poder comparar con los beneficios de ciertas acciones y tomar decisiones. Esto, que te debe parecer tan oscuro, lo hacen personas, a diario, cuando se toman decisiones sobre la contaminación atmosférica.

Ayer veía en la tele cómo se le afeaba a una “pequeña” famosa no querer trabajar más para poder crecer (económicamente) más, aunque fuera a coste de su vida personal. Ese mantra del crecimiento económico constante ¿es una teoría del beneficio compartida? Los que se lo afeaban tienen patrimonio para vivir una vida tranquila y medianamente modesta sin volver a trabajar, aunque, de hecho, siguen trabajando mucho. Esgrimían el argumento de estar “preparado” para un futuro (económicamente) incierto, pero el suyo ya no lo es.

A veces olvidamos que no todos queremos lo mismo y no a todos nos importa lo mismo. Leí hace poco una interesante reflexión sobre gente que no siente (casi) nada al mentir, al usar la palabra como una herramienta más, componiendo mensajes que le favorezcan, estén o no alineados con la verdad, sin que les provoque un mínimo choque cognitivo. ¿Es para ti un coste mentir? ¿Según a quien? ¿No te produce ni siquiera incomodidad o carga cognitiva al intentar que no “te pillen”? ¿O te da igual que te pillen?

Quizá por eso a veces no nos entendemos o no entendemos al otro, porque estamos suponiendo una base común de los conceptos coste y beneficio que no tienen por qué darse, cuando a la luz de estos sus actos serían muy claros.

Otro día discutíamos entre amigos, ¿es una mala estrategia una actitud poco ética que te reporta dinero y una buena posición laboral? A estas alturas ya convendréis conmigo en que la pregunta está incompleta, habría que decir “para qué”: ¿Qué fines buscas y qué costes te importan? Y otra cosa que se ha colado: ¿A qué “ética” nos estamos refiriendo? Hay quien dice que, en tanto que esto es una puta jungla, (casi) cualquier comportamiento es ético.

Hasta aquí me podríais decir que es obvio lo que digo y que no tiene mayor importancia, en tanto que me rodeo de gente que comparte mis principios éticos y un buen subconjunto de valores (lo que considera deseable y lo que le dolería perder), PEEEEERO….

Resulta que somos profesores, educadores… o lo que es peor, padres. Aquí ya no puedes alegar transpiración genital y pasar de quien te parezca un gilipollas, un aprovechado o una mala persona. porque la Educación de esa persona es, en parte, tu Responsabilidad (permitidme las mayúsculas). Y si eres padre o madre, percibirás que es totalmente tu responsabilidad, aunque no lo sea así, ya que, por más que te duela, sólo eres un agente de los muchos que le influyen.

“Quiero que mi hijo no piense que las personas son un medio para sus fines”. ¿Es esto una aspiración legítima? Más allá de que asumamos (temporalmente) que tienes (un cierto) derecho a “inculcar” los valores que desees a tu progenie, me refiero a que, ¿hay una “manera” para que se lo crea/interiorice/asuma? ¿Podemos conseguirlo?

Dar la turra ya sabes tú que no siempre funciona, por las muchas que hay oído, y que sigues oyendo, y que te entran por un oído y te salen por el otro. En algunos casos, afortunadamente.

“Yo, si veo que mi hijo no comparte con su hermano, le dejo sin nada”. Muy bien, tienes mi apoyo, pero aquí el coste es el castigo y el riesgo, que te pillen. Igual le coge el gusto a compartir, pero puede que siga siendo egoísta donde resulte difícil que le detecten, o bien, donde no le pongan coste si le vieran.

Predicar con el ejemplo. Ah, seguro que estabas pensando en esto, ¿eh? Nadie lo discute, todos piensan que es lo mejor y que funciona. Olvidas lo fácil que es sortear este “adoctrinamiento”. Y digo olvidas porque tú lo haces, todo el puto día. Consiste en etiquetarte como diferente al otro, de esta forma ese ejemplo ya no es “para ti”. Repasa cómo no imitas el comportamiento de gente cuyas cualidades dices admirar, porque luego añades: Es que yo no soy como tú de bueno/responsable/generoso… Fácil, ¿eh?

Así que no, tú puedes pasar todas las tardes en una ONG y que tus hijos piensen que eres un pringao mientras roban en el bazar de la esquina, porque es un viejo que no se entera.

Me resulta curioso que personas muy “racionales”, por ejemplo respecto a las creencias religiosas, no duden en repetirles a sus retoños que El tiempo pone a todos en su lugar, Al final se acaba pagando y otras ideas que me gustaría ver sustentadas con datos y pruebas, porque lo que yo veo es que: no siempre ocurre a corto plazo, tampoco a medio plazo y a veces no ocurre jamás. Y, si el nivel de empatía de aquellos “malvados” es bajo, posiblemente duerman mejor que tú y que yo y no tengan ningún problema al mirarse en el espejo.

Y por fin llego al título del post (cada vez me cuesta más).

Sí, el mal es rentable, según cuáles sean tus objetivos y lo poco que valores lo que vayas a perder en el camino. Sobre todo en entornos organizados, en sistemas garantistas. Piensa en la carretera: Si todos conducís más o menos bien, mi objetivo es ganar tiempo, no me importa pagar multa y no es fácil que me pillen porque hay poca vigilancia… es “beneficioso” ir haciendo pirulas, sirve a mis objetivos. Otra cosa es una carretera llena de pillos, o un sistema fiscal donde todo el mundo defraudara mucho. Se convierte en inviable. No, el río revuelto no es el mejor sistema para ser un pillo. Al menos, no si está muy revuelto.

¿Qué hacemos? ¿Seguimos amenazando con castigos las conductas “no buenas”, a ver si se “aficionan”? ¿Seguimos vendiendo la moto de que “los malos al final salen perdiendo”? Es mejor eso cuando son jóvenes para que les llegue la crisis más tarde? ¿Igual que con Papá Noel? Quizá con niños muy pequeños os sirva, ya te digo yo que los adolescentes ven claro que tu compromiso con el trabajo y el ciertos “influencers” funciona diferente a la hora de acercarte a cierto hedonismo, típico de esas edades. De hecho, es posible que hayas cumplido cuarenta o cincuenta y estén pensando que llevas haciendo el gilipollas toda la vida, ¿es así? ¿Estás revisando valores? ¿Los sientes impuestos o los has elegido? ¿Has invertido algún tiempo en revisarlos en todos estos años? ¿Quién eres? ¿Quién quieres ser? ¿Ahora crees que te hubiera gustado haber sido otro?

Ya te digo que, respecto del pasado, te vas jodiendo. Está fuera de tu alcance por más que lo revises. Sí puede ser interesante que pienses respecto del presente y del futuro.

¿A qué se debe tu adhesión al “bien”? Sirve a tus “intereses”, porque es posible que a ti si te haga dormir tranquilo ser “bueno” según tus parámetros, y que le dé una dirección a tu vida o incluso una identidad a tu persona.

Y terminaré diciendo que estoy no es una apología del mal o del que “cada perro que se…”, digo, “cada palo que aguante su vela”, mejor. A lo que sí llamo es a una reflexión y un discurso valiente respecto a esto, que es un terrible abismo al que hay que enfrentarse, o vivir en un letargo intelectual constante.

Mi opinión, expresada mil veces y detallada en La Cordura de Saberse Loco, que os dejé gratis por aquí, va en una dirección muy diferente: el Amor es el único sentido “razonable” de este mundo, tanto si lo es de manera trascendente, como si decidimos elegirlo y atrevernos a dotar de sentido a una naturaleza caótica, pero desde luego no porque “me paguen” en la otra vida, o “acabe peor” si soy malo. Joder, que ya somos (o deberíamos ser) mayorcitos.

¿Están nuestros adolescentes, estamos nosotros, maduros para tener esta conversación o es mejor seguir con el hombre del saco y paraísos futuros?

Y ahora así, por último, “dar ejemplo” es el puro resultado de comportarte con cierta coherencia y constancia alineado con ciertos principios. Dar “turra” (ligera, por favor), la explicación pertinente a quien la pida y el ejercicio de la libertad de expresión, derecho al que también somos acreedores. Así que sigamos haciéndolo, pero no por si “sirve”, porque, ¿qué ejemplo sería un comportamiento ético que tuviese como motivación ser ejemplar? ¿Sería, entonces, ético?


Un muerto más

8 enero 2021

No existen las “burbujas” de información, al menos si las entendemos realmente estancas. ¿Quién no sabe que en este mismo momento hay gente viviendo verdaderos infiernos? Y no hace falta irse a lugares “atrasados”, habrás visto gente durmiendo en cajeros y oído gritos de alguna casa cercana.

No voy a decir que somos unos desalmados por no estar doliéndonos constantemente de esta situación, sería imposible vivir con ello. Es una realidad abrumadora y persistente sobre la que no tenemos más control que el de los pocos casos que te tocan directamente y cierta acción política, dependiente de tu capacidad de influencia, que es bastante limitada.

Pero ocurre que un día nos asombra la indolencia general ante un caso en el que nos veamos involucrados o con el que nos sintamos particularmente empáticos por alguna razón.

Curiosamente, ese día conoces la estadísticas de aquel problema del que resulta que no eres ni el primer ni el único caso: un daño por error médico, una enfermedad rara, un abuso laboral o administrativo…

En ocasiones este golpe te genera una cierta preocupación “general” por el asunto. Entrecomillo el “general” porque vuelve a ser una preocupación por “tu tribu”, sólo que has ampliado tus fronteras. Entiendo que esa es la razón detrás de las fundaciones que montan personas ricas para luchar contra enfermedades sufridas por ellos o su familia.

Lo que a veces olvidamos es que eres “un muerto más”, concienciado por la vía de los hechos, ahora sensible y absorto ante la insensibilidad general, que antes compartías, muy similar a la que sigues teniendo respecto a otras causas.

Insisto que esta insensibilidad puede ser un mero mecanismo de supervivencia emocional, que nos permite convivir con el horror, pero quizá tengamos que pensar que también lo es en otros, y que no lo tildemos de inmoral, si evitamos hacerlo en el nuestro, aunque sigamos luchando contra la situación de un mundo que, efectivamente, debería avergonzarnos de manera constante.

Escribo esto pensando en la situación horrible que se está viviendo en la Cañada Real, sin electricidad desde hace meses, en plena ola de frío, con la inacción de la administración. Miles de personas, más de mil niños, algunos ya ingresados en el hospital por diversas razones relacionadas con esta situación. ¿Estamos esperando al primer muerto para actuar (quizá ya hay alguno con causas relacionadas)? ¿Estamos esperando al primer NIÑO muerto para actuar? Es aterrador y vergonzoso, mancha de sangre las manos de los que tienen poder de decisión, pero será un muerto más que quedará oculto en el montón de desheredados que en el mundo son.


Cómo divulgar sin ofender

2 enero 2021

Esta pregunta nos la hacemos en cualquier actividad que esté relacionada con la comunicación, pero en estos momentos, con el asunto de la vacunación, está muy presente en el debate privado y público.

Para mí el quid está en aludir a las ideas en lugar de a las personas. Esto se hablaba ya hace décadas respecto de la educación de los niños: “No le digas que es un mentiroso, di que ha dicho una mentira.” Incluso se puede mejorar cambiando la palabra “mentira” por “no es verdad”, quitando la alusión a la intención de engañar que parece implícita en la concepción de mentira y que sería una alusión de nuevo a la persona y sus intenciones. Pero fíjate en que, librando a la persona de calificativos, no se escatima en la calificación de la idea.

Hay que decir también que es imposible no ofender a quien quiera sentirse ofendido. Entender esto es fundamental.

Para mí distinguir entre si “te ofendo o te ofendes“ es muy claro, os lo contaba en este post, pero resumido sería.

  • Si me meto con tus ideas, te ofendes
  • Si me meto con tu persona o menoscabo tus derechos, te ofendo.

Pero si alguien se pone como una hidra porque me meta con cómo ha jugado su equipo favorito, no es mi responsabilidad. Si dejamos la decisión sobre qué es ofensivo en “cualquier cosa que ofenda”, particularmente a los ofendiditos, entraremos en una peligrosa zona de censura y autocensura nada deseable… en la que quizá ya estemos.

Dicho esto, podría preguntarse ahora: ¿es legítimo decir que cualquier idea es una gilipollez? Desde luego no lo es para el que la piensa, por más que algunas lo sean desde el punto de vista de un mínimo análisis lógico.

A mí me gusta mucho el adjetivo “pensable” para ideas o teorías. Me refiero a conjeturas, hipótesis, especulaciones que bien podrían ser ciertas con la información disponible, más allá de que lo sean o no. Por ejemplo, no es lo mismo plantear dudas sobre la eficacia de una vacuna antes de las pruebas que decir que llevan un “chis” para controlar nuestras mentes.

Así que, si alguien desea extender su respeto por las personas, el único debido, a las “ideas pensables”, pues muy bien, pero insisto que no es obligado.

Así que esta sería la respuesta, hablemos de las ideas, dejemos a las personas, expresemos tranquilamente en qué se equivocan, cuál es la explicación correcta, de forma expositiva. También es crucial hacer una divulgación ”sincera”, contar lo que sabemos, el grado de seguridad que tenemos con la sencillez y sinceridad mayor posible. “Cargar” el discurso artificialmente de una seguridad que no se tiene para mover a la gente a comportarse de una manera es una bomba de relojería. No es lo mismo decir “creemos una cosa” y que se pruebe falsa en el futuro a “sabemos con certeza una cosa” y que se pruebe falsa. Si conseguiste tu objetivo de que actuaran de cierta forma, date por contento, va a ser la última vez que te hagan caso. Si vas a vender la confianza en ti, asegúrate de que sea por una causa que amerite ese sacrificio.

Como os digo, eso eliminará la ofensa, pero no a todos los ofendidos. Porque ofensa y ofendidos no son la misma cosa, ni se siguen necesariamente los segundos de lo primero. De hecho, pueden decir algo ofensivo, que sea incluso un delito de injurias, y que tu serenidad o el poco peso que le des a esa persona hagan que no te produzca ningún daño, hasta que te dé risa.

Y ahora, si queréis podemos hablar de estrategia, pero eso es otra cosa distinta a “ofender”, y me ofen.. digo, no me gusta que se mezclen.

Es posible que te parezca buena estrategia escuchar atentamente una sucesión disparatada de errores y conspiranoias para ganarte la confianza de alguien e intentar después abrir alguna grieta con un dato compartido y esperar a que esa “semilla“ haga su trabajo. Puede que te parezca buena estrategia simplemente callarte porque si dices algo solo va a provocar más incendio (te pondría de ejemplo la cena familiar de Navidad… la del año pasado), pero esto son estrategias, más que una divulgación no ofensiva.

Dicho todo esto, animo a que no abandonemos la exposición de información y datos, porque es necesaria, no tanto para los extremistas, que es posible que estén perdidos temporal o definitivamente, sino para los que dudan, para los que se están formando una opinión. No es “racionalmente justo” tildar de gilipollez a una idea “pensable” y lo que sea realmente una gilipollez quedará retratado como tal por comparación con la información que proveas, no hace falta explicitarlo… pero no dejemos esa ignorancia sin combatir, no dejemos que las ideas equivocadas tomen el espacio público. En el asunto actual nos jugamos incluso la vida.

Creo que esto quedaría cojo sin hablar de autoprotección. Como la faceta pública de nuestras vidas y las redes sociales se han convertido en un campo de minas, es necesario también que limites tu interacción con personas que te dañen. Eso no significa cerrar ojos y oídos a cualquier discusión o crítica, sino dejarla para quienes lo hacen con respeto y criterio. Vaya, lo mismo que hacemos en la “vida normal”. Así que silencien y bloqueen sin problema, no es respeto dejarse agredir. Después pregunten a alguien que les quiera y tenga criterio… y acepten la sinceridad que piden. Quizá os guste leer este post (Dirígeme, por dios) sobre este particular.


¿Paramos las muerte anunciadas o pagamos indemnizaciones?

26 diciembre 2020

Salgo a dar una vuelta y me doy cuenta de que están cerradas muchas tiendas, incluido el banco donde tengo mi cuenta, lo que me recuerda que nuestro sistema está basado en la confianza.

Yo confío en poder recuperar mi dinero, en que los alimentos volverán a estar en las estanterías el lunes y que, cuando vuelva a casa, del grifo volverá a salir agua potable y habrá electricidad de los enchufes (no vivo en la Cañada Real, claro.)

Si esto no fuera así, yo andaría asegurando una reserva de agua, comida y recursos suficientes para los próximos días, incluso puede que tuviera que “pactar a hostias” el respeto a mi hogar.

Como veis, si quebramos esta confianza, podemos acabar en la ley de la jungla.

Estaba pensando en esto al hilo de lo que ha ocurrido en las residencias y las muertes de ancianos sin atención médica.

Empiezan a salir a la luz los casos individuales que bosquejan una clara imagen de la situación general que amerita el adjetivo de dantesca.

Los familiares y supervivientes nos hablan de numerosas quejas y avisos, de normas que no se cumplían, de que ni atendían a los enfermos ni les dejaban llevárselos para atenderlos, de acudir a los tribunales y que no les hicieran caso, ante incumplimientos flagrantes.

Incluso escuchamos a algunos abogados y jueces preguntándose para qué sirve litigar entonces y para qué sirve el sistema jurídico.

Es posible que alcancemos justicia, que se depuren responsabilidades, que más de uno acabe en la cárcel, que se evalúen indemnizaciones, pero los hijos que luchaban por salvar las vidas de sus padres, han tenido que enterrarlos.

¿Diría yo que la justicia no “sirve”? No tanto, pero se podría decir que si su efectividad resulta diferida unos años o una generación… entonces estamos ante la quiebra del contrato social.

Se suele decir que la justicia lenta no es justa, pero es que ni llega a ser justicia. Puede acabar en algo así como una empresa de seguros que abonase indemnizaciones y castigase al culpable, en el futuro, pero no será capaz de garantizar la seguridad de los ciudadanos en el presente.

Si en la próxima crisis no se cumplen las condiciones legales y sanitarias mínimas allá donde estén nuestros familiares más vulnerables, si denunciar no es la manera de atajar su camino a la muerte ¿qué debemos hacer? ¿Vamos para allá armados? ¿Nos quemamos a lo bonzo? Yo no quiero vivir en una sociedad (?) así y no quiero actuar así, pero tampoco quiero enterrar a nadie por una muerte innecesaria y evitable.

Necesitamos tener un sistema legal al que apelar cuando la vulneración de nuestros derechos ponga en peligro nuestars vidas, necesitamos que la aplicación de sus medidas sean rápidas y efectivas, necesitamos SISTEMAS, una vez más. La alternativa es terrible.


La granularidad exigible

22 diciembre 2020

Vaya títulos os pongo… tenedme paciencia.

Un divertido ejercicio que se hace en clase de matemáticas es el siguiente:

Pedimos a dos alumnos una lista de veinte valores aleatorios (no puede ser un número muy pequeño). Uno los genera lanzando una moneda y el otro los apunta al azar. El profesor no mira quién escribe cada lista, pero después, a la vista de los valores anotados, es capaz de distinguir qué lista ha sido producida por el tiro de la moneda y cuál por el alumno.

Prueba a escribir una tú, yo te pondré dos hechas al azar en una hoja de cálculo

IF(RAND()>0.5, “C”,”+”) Genero un número aleatorio entre 0 y 1, si es menor que 0,5 elijo cara, y elijo cruz para el resto.

CC++C+CC+++CCC+++CC+
+++CCCCCCCCC+++C+C+C

¿Se parecen a las que has escrito tú? Apostaría a que no.

Fíjate en la estructura con poca apariencia de aleatoriedad que tenemos en la primera lista casi al final: tres cruces, tres caras, tres cruces, o en la lista de nueve(!) caras seguidas de la segunda lista. ¿Alguien preguntado por una lista al azar se hubiera atrevido a poner eso? Sin formación matemática, lo dudo mucho.

Si haces una lista más larga te encontrarás con “artefactos” similares en forma de secuencias y patrones, aparentes, porque el azar no implica necesariamente que un lanzamiento sea cara y el siguiente sea cruz.

Si una moneda está equilibrada esperamos aproximadamente un 50% de probabilidad de cada resultado, cuando el número de tiradas sea suficientemente alto. Esto es lo que llamamos la Ley de los grandes números.

Obtener tres caras en cuatro lanzamientos no es sospechoso, obtener tres mil en cuatro mil lanzamientos, lo es. Y mucho.

Así que, como veis, una tendencia general no se cumple necesariamente a cualquier nivel de granularidad, quiero decir, al hacer subconjuntos de cualquier tamaño. De hecho, un conjunto aleatorio generado correctamente producirá inhomogenidades locales.

Y ahora, vamos al charco del día. Voy a hablar de feminismo…

Os confieso que en este tema tiene uno la sensación de hallarse en un campo de minas. No sólo es difícil “acertar”, sino que es resulta peligroso hasta preguntar qué es lo “correcto”, más aún en público.

Gran parte de ese problema es mío. Me he criado en una sociedad machista y no me cabe duda de que tengo aspectos machistas bien por no haber sido capaz de cambiar actitudes o pensamientos, bien por lo recalcitrantes que son los hábitos.

Dicho esto, no hay un discurso único de lo que es “correcto” en más de un aspecto, ni siquiera entre las estudiosas del tema, lo cual dificulta mucho más la labor de reconstruirse. Y no son ligeros matices, en estos momentos hay incluso denuncias entre colectivos y personas de largas trayectorias en la lucha por la igualdad. Digo esto para que nos hagamos una idea de hasta qué punto pueden estar alejadas las posturas.

Bien, hablemos de cuotas.

Supongo que estaréis al tanto del término “discriminación positiva”. Se trata de favorecer intencionadamente a ciertos colectivos para compensar su posición marginal o desfavorecida de origen. Un ejemplo serían las becas por ingresos, por ejemplo.

Se ha discutido también mucho sobre esto, en mi caso, estoy a favor. Eliminar esas becas, por ejemplo, supondría dar a entender que dos estudiantes de muy distinto entorno socioeconómico están en condiciones similares y es un hecho científico que no es así.

Como os decía, hablemos de cuotas. Es también un hecho que las mujeres (y otros colectivos) están infrarrepresentadas en órganos de dirección y en muchos entornos, de hecho incluso las mismas mujeres han sido criadas en ese sesgo y, al ser preguntadas por un experto en un tema, muchas de ellas nombrarán antes a un hombre que a una mujer, simplemente porque las mujeres capaces no están “visibles”.

Cuidado con esto, si queremos organizar un evento, un debate o un grupo de expertos, tener en cuenta la paridad y las cuotas, no significa poner la mitad de hombres capaces que nos vienen a la mente y salir a calle y escoger las primeras mujeres con las que nos crucemos para llenar el resto del cupo. Significa que hagamos el esfuerzo de pensar y buscar mujeres capaces, que estaban siendo obviadas, para esos puestos que estaban siendo ocupados por hombres, en ocasiones menos capaces pero más visibles, y reparar así la injusticia previa.

De hecho, se organizan eventos, concursos y demás encuentros en los que sólo pueden participar mujeres, algo que no resulta discriminatorio para los hombres, en tanto que esa asimetría local está compensando una tendencia general sesgada a favor de ellos.

Como veis, estoy muy a favor… mi problema es la granularidad.

¿Hasta qué nivel de detalle “debe” cumplirse esa paridad? ¿Qué disparidad y en qué volumen total es “admisible” si es nuestra intención apoyar la igualdad entre las personas?

Por ejemplo, si yo doy una conferencia es un acto no paritario. No puede serlo.

¿Y si somos dos? ¿Deben ser hombre y mujer? ¿Dos hombres en un evento es “perpetuar el patriarcado”?

¿Me entendéis? Está claro que hay cosas que dan hasta vergüenza verlas. Hay veces que tenemos “Grupos de gestores” de diez o más, todos hombres, en profesiones cuyos integrantes son en un porcentaje apabullante mujeres. Eso lo vemos claramente todos. Pero en otras ocasiones no está tan claro, y no se explica lo suficiente (al menos para que lo entienda yo, disculpen).

Como os he argumentado, estando de acuerdo con la tendencia general, es normal tener asimetrías locales en ambos sentidos, sobre todo en pequeños números. Si mañana organizara un evento divulgativo con cuatro amigos más, ¿es esto incorrecto? No dudo de que se me montará un pollo tremendo en redes sociales, pero me gustaría que más allá de linchamientos, que nunca son buenos, se me explicara, con un discurso que sea lo más común posible entre expertas, qué granularidad es aceptable. Se agradecería también el detalle sobre cargos públicos y privados, financiación pública y privada, iniciativa empresarial y actos voluntarios… que me da la impresión de que tampoco sea exigible lo mismo.

Cuando queremos que alguien cambie su conducta en cualquier sentido necesitamos marcar una dirección clara y sustentarla con argumentos claros y suficientes, si no es muy difícil… incluso queriendo.


El lujo de tener un amigo hijo de puta

17 diciembre 2020

Hace poco ha habido una celebrada intervención de un político que ha dicho que, en su larga trayectoria política, no ha tenido más enemigo que ETA y que ahora se ve forzado por los propios de VOX a tener como enemigo a este nuevo fascismo que representan. Perdonadme el parafraseo, pero este hecho es más el disparador del post que su objeto. No es un ataque a este político en particular sino a la representación política.

El objeto del post es recordar unas palabras que leí hace tiempo, perdonadme que no recuerde la fuente, en las que decía que la presunta “habilidad social” o “tolerancia” de la que presumen muchos tener amigos de muchas “ideologías”, es más bien una marca de clase: la no pertenencia a grupos despreciados o marginados. Y, joder, lo vi claro.

Yo, como heterosexual, puedo elegir ser amigo o no de un homófobo, porque este no busca decididamente mi daño personal o el recorte de mis derechos. Puedo quedar con él e ir con mi pareja heterosexual y callarme ante las barbaridades que diga, o incluso reírselas. Puedo elegir lo que si fuera homosexual no podría, porque me atacaría directamente a mí y a mi pareja, por supuesto no me ofrecería su amistad y es probable que estuviera trabajando activamente para invalidar mi matrimonio.

Igualmente puedo relacionarme con racistas en España, porque soy “europeo y blanco” que es lo que mola por aquí. Quizá sería interesante llevar a algunos de estos racistas a EE.UU, por ejemplo, donde no serán considerados tan “normativos”, sino más bien, latinos y quizá vieran la otra cara de la moneda.

Volviendo al político (que se considera de izquierdas y de un partido que he votado más de una vez), si él no ha visto más enemigos en estos cuarenta años puede ser, posiblemente, porque no son enemigos suyos.

¿Por qué es esto un problema para ti, Panadero nuestro?

Porque hay muchos enemigos míos por ahí. Y, como yo no pertenezco a los grupos más desfavorecidos, hay muchos más de un número muy alto de ciudadanos.

Bueno, y, ¿qué problema hay con que este político no reconozca a estos enemigos como suyos?

No es por este político en particular, es por todos ellos, los de mi cuerda y los que no lo son. Son los putos representantes de los ciudadanos, por lo tanto es su obligación legal y ética representar y proveer los derechos de los ciudadanos y, por lo tanto, defendernos de aquellos que los degradan o saquean sus fondos. Y estos enemigos de lo público son legión.

La política no es un juego, ni es un divertimento, ya os contaba en “Yo no trabajo de parado” que, cuando termina el debate “vuelve el rico a su riqueza y el pobre a su pobreza”, como cantaba Serrat.

Y ya os dije hace poco que la política actual tampoco es un acuerdo entre gente que tiene los mismos fines y buena voluntad, es una lucha y nada fácil.

Yo no necesito que mis representantes sean un ejemplo de vida austera o de precariedad directamente, necesito… que me representen, hostia, que ese es su trabajo. Que se dejen la piel representando los intereses de la ciudadanía. No las opiniones, los intereses. O que dejen sus cargos y se vayan a que les pague el sueldo aquellos a los que en realidad representan, así nos ahorramos ese dinero y evitamos que metan mano en la caja común.


El diablo está en los detalles… y dios también

11 diciembre 2020
San Miguel vence a Satán

Fuente

El detalle es crucial porque es lo que fija realmente el marco en el que te mueves. La ausencia de ese detalle lo dejará todo al albur de las circunstancias o las decisiones personales de quienes estén al cargo y eso, frecuentemente, es fuente de problemas.

En lo científico no podemos dejar de marcar los parámetros y los límites de los modelos que aplicamos, porque fuera de ahí los resultados pueden ser inservibles o susceptibles de mala interpretación.

Un ejemplo que me gusta mucho es la popular báscula. Te subes encima y lees los kilogramos de tu masa, porque ojo, el peso se mide en Newtons. Pero es que lo que mide “por dentro” la báscula es peso, lo que pasa es que te lo “traduce” a kilogramos de masa. ¿Por qué te digo que mide peso? Porque está viendo con que fuerza la “empujas” hacia abajo, que es la fuerza con la que te atrae la Tierra, y esa es la definición de peso.

Fíjate que he dicho “traduce” de peso a masa. Quizá se podría pensar que es un cambio de unidades, como si pasamos de metros a centímetros o de euros a dólares. Distintas unidades, distintas formas de medir lo mismo, pero es que el peso y la masa NO son lo mismo.

La masa es la cantidad de materia que tienes y el peso es la fuerza con la que te atrae el planeta en el que estás. Son cosas distintas.

¿Qué ocurre si me llevo una báscula a la Luna y leo la pantalla al subirme? Pues que pone que tengo menos kilogramos, algo que es FALSO. Pesaré seis veces menos, porque la Luna es más pequeña que la Tierra, pero tengo la misma “chicha”, los mismos kilogramos. Por lo tanto, usar una báscula en la Luna, es estar “fuera de parámetros” o “fuera del modelo” donde Masa = Peso/9.81 m/s2.

Con las mismas, si consideramos que una partícula vaya a más velocidad que la de la luz en el vacío y metemos los valores en las ecuaciones de la relatividad de Einstein son saldrá que el tiempo va hacia atrás, número imaginarios en otras magnitudes… pero no debemos aceptar esas conclusiones porque estamos fuera del ámbito de aplicación del modelo.

Quizá estoy tan acostumbrado a que se hagan explícitos los parámetros y las condiciones de los sistemas que no puedo dejar de ver los agujeros que se dan en las leyes de los hombres. Mirad.

“Este es tu jefe, debes obedecerle”.

Hostias (perdón), ¿así sin más? ¿Sin ni siquiera un marco espacio-temporal? Perdonen pero es que los favores sexuales que la frase (tal cual) admite, al menos me gustaría poder hacerlos en el tradicional horario laboral y en mi puesto de trabajo.

Algo que aquí en España se echa mucho de menos y que me cuentan que es más popular en (el resto) de Europa, es lo que se llama “job description”, una hoja donde pone cuáles son tus deberes y obligaciones con el detalle pertinente. Tú puedes ser mi jefe, pero si mi trabajo es organizar archivos, no me pidas que te traiga un café.

Es curioso que estas cosas se perciban como una desagradable limitación, como pasa también con los presupuestos, las condiciones de separación de las parejas, el reparto de obligaciones en empresas/proyectos con familiares o amigos. El detalle parece ser de miserables. Lo que olvidan es que ese detalle nos protege a todos.

Si un fontanero me hace un presupuesto detallado, nos atamos los dos para protección del otro. Ahí está todo lo que puedo exigir como cliente (para mi protección) y lo que no (para su protección). Además esto se estudia previamente y se acuerda como adecuado, algo que también evitará las quejas posteriores.

En una separación de pareja y para la organización de la vida de ambos, ¿no será mejor saber qué día, a qué hora y en qué lugar hay que llevar a los hijos para que se encargue la otra parte? ¿No son detalles que alguien tiene que decidir para que el hecho pueda llevarse a cabo? ¿No es mejor que esté claro previamente para que todo el mundo pueda organizarse? Si no estuviera decidido, ¿quién y cuándo lo va a decidir? ¿No es eso perjudicial para la otra parte?

Como es fácil de entender, estos detalles pueden ser susceptibles de excepciones con el acuerdo de ambas partes de manera puntual y para mejora común, o como un favor, pero no olvidéis que también es interesante que quede claro cuándo se hace un favor. Y ya sabéis lo que pasa cuando has hecho noventa y nueve veces un favor y un día les dices que no puedes.

La falta de parámetros crea indefensión. Así de claro lo veo yo.

Sean concretos, explícitos y detallados.


Quién eres y quién podrías ser

23 noviembre 2020

Me ha llegado por enésima vez el “chiste”, “zasca” o como lo queráis llamar:

– ¡Pateras del carajo, nos quitan el trabajo!

– Pues si alguien sin papeles, formación, contactos y sin hablar el idioma te quita el trabajo, igual eres tú el que no vale un carajo.

Entiendo a lo que se refiere y lo que critica. Ya sabéis, ese inmigrante de Schrödinger, que por un lado no trabaja y vive de paguitas y ayudas, pero que por otro te quita el puesto de trabajo, pero creo que incurre en un error que me gustaría comentar.

La mayoría de nosotros encontramos que tenemos cierto mérito en lo que sabemos hacer o en nuestras capacidades físicas porque, aunque haya una parte innata en algunos talentos, seguro que le hemos dedicado horas y esfuerzos a perfeccionarlos.

En la economía de mercado, la provisión de los derechos básicos nos la “ganamos” a través de la remuneración del trabajo.

Seguro que muchos de vosotros no pensáis en tener que solicitar una cobertura asistencial más que como un hecho temporal, una eventualidad, algo pasajero; aunque no dudo de que otros habéis probado la amargura de la exclusión y marginalidad (parados de larga duración o discapacitados, por ejemplo). Este post va dirigido principalmente a los primeros, a los que se creen seguros y acreedores de derechos, por méritos. Quería proponeros un experimento mental.

Imaginad que de repente toda la población dobla su capacidad intelectual y física. ¿En qué posición social nos deja eso?

Yo soy profesor y divulgador, pero si todo el mundo entiende que aquello que soy capaz de entender y explicar es trivial… mi trabajo se hace innecesario.

¿Qué sería de Rafa Nadal, si ahora cualquier chaval de quince años juega como él?

Y si todos sabemos electricidad, hacernos cualquier peinado, hay máquinas que cargan los pesos, coches que se conducen solos, ¿qué puedo hacer para “ganarme” la vida? ¿Hay algo que pueda hacer por lo que alguien quiera pagar?

Fijaos que en esta situación hipotética yo NO he cambiado. No concurre mérito o demérito alguno por mi parte. Simplemente, todo el mundo corre más rápido que yo y, ahora, con mi misma marca personal, soy el último de la carrera.

Mi esfuerzo es el mismo de siempre y cuando voy a buscar trabajo les aseguro que intentaré aprender lo que sea necesario y me esforzaré al máximo de mi potencial… el único problema es que ambas cosas son poco valoradas económicamente en esa realidad que imaginamos.

Volvamos a nuestro mundo, ¡qué alivio! Aquí (aún) sigo pudiendo cargar (algo de) peso como para trabajar de mozo de almacén, sé más física y matemáticas que muchos, con lo que mis enseñanzas o mi capacidad de hacer trabajos sofisticados son mayores que las de otros, vaya, tengo una (cierta) empleabilidad que me tranquiliza, porque mis necesidades siguen siendo las mismas: vivienda, salud, educación, justicia…

Y así estamos todos, ¿no? No, claro.

Imagina una discapacidad mental, la incapacidad de entender aquello que a todo el mundo le parece evidente o de pasar de cierto nivel de instrucción. Imagina una discapacidad física, una enfermedad incapacitante, una edad avanzada… o simplemente, ser poco agraciado físicamente (post sobre ser feo).

Estas personas están en esa realidad hostil, en este mismo momento, a tu alrededor, no hay que viajar muy lejos.

Podría ser cierto que yo no valiera un “carajo” para ningún empleador, pero quiero colaborar con lo que pueda en mi sociedad, comer y dormir bajo techo. ¿No es un deseo justo?

¿Qué puede hacer un humano, qué debe hacer un humano, para ser acreedor a la provisión de sus derechos más básicos?

¿Seguro que las cacareadas “leyes del mercado” darán la provisión básica a TODOS?

¿Crees que nunca serás ELLOS? ¿Estás protegido ante cualquier eventualidad sanitaria, económica o familiar? ¿Cuánto puedes vivir si se paran tus ingresos en este momento? ¿Y las personas que dependen de ti? ¿Y si a eso le añadimos recortes de servicios públicos que ahora se pagan con impuestos?

Los derechos no se “ganan”, ni se “merecen”, ni se “piden”… los Derechos humanos, no. A esos eres acreedor por tu condición de persona, esos debemos exigirlos. Para nosotros… y para todos.

EXTRA: No contaré detalles para no hacer spoiler, pero os recomiendo un capítulo de Futurama en el que salía Leonardo Da Vinci.


¿Cómo vamos a avanzar, tan confundidos?

15 noviembre 2020
Caspar David Friedrich – Wanderer above the sea of fog

Fuente

Una de las cosas que más me preocupan (en realidad me aterra) es ver a la buena gente tan confundida, en los objetivos y en las formas, y a los malvados tan seguros de que sus métodos funcionan… y con tanta razón.

Cuando los que se nutren de la desigualdad y la defienden dicen cosas como “nosotros queremos que todo el mundo llegue a nuestro estatus”, MIENTEN, y lo saben. Es evidente que su forma de “riqueza” implica necesariamente la pobreza de otros. Si no estás dispuesto a pagar un sueldazo al mes por limpiar alcantarillas, el que lo haga, será porque no pueda elegir otra cosa… que no sea peor. Hay formas de riqueza común, que no involucran necesariamente la precariedad, la pobreza o la marginalidad de otros, pero no son las que ellos defienden.

Luchar contra estas ideas, defendidas por los que se benefician de ellas (a costa de mucha sangre) me parece “normal”, a lo que no me acostumbro es tener que discutir esto con quien vive en la precariedad y en la marginalidad, precisamente, creadas por esas ideas. Así que dejadme que exponga por aquí un par de lugares comunes que parece que nos hemos creído y que nos paralizan.

Empecemos por ese “hay sitio para todos”.

No, no lo hay… si tú sigues quedándote con tres sillas para ti, no puede haberlo. Los recursos son limitados, igual que la capacidad de producción, así que, en la inmensa mayoría de los casos, lo que hay es un REPARTO y, como la cantidad disponible no suele ser enorme, si alguien acapara, necesariamente, en otro lugar va a haber escasez.

Pensemos de nuevo en esas personas “hechas a sí mismas” cuya fortuna, en muchas ocasiones, tiene que ver con dinero que obtienen de las administraciones públicas. ¿No es limitado el presupuesto del estado? ¿Están perfectamente provistas todas las administraciones? ¿Esos millones que se van a aquella empresa no son los que faltan en sanidad, educación o justicia, porque NO HAY MÁS? Los recursos del estado no son un mágico cuerno de la abundancia. Eso es extraer lo que ganamos y pusimos entre todos para la provisión de Lo Común. La (poca) renta de nuestro trabajo que nos dejaron, ahora la retiran también por ese camino.

A esto se une una normalización de la desigualdad de las castas o clases sociales o como lo quieras llamar. El tomar como normal que el complemento para vivienda de un diputado sea 1800€ (si no tiene casa en Madrid) mientras que el sueldo mínimo del que tiene que salir la vivienda y lo demás ronde los 1000€ para los demás. Las necesidades y gastos de unos y otros son de naturaleza diferente. Hace pensar en otras épocas y otros sistemas sociales que creíamos superados.

Cuando la sociedad reclama que se gaste el dinero que le PERTENECE, el dinero del Estado, para proveer Lo Común, los servicios públicos, este tipo de individuos suele decir “que muy bien”, pero que no se toque lo suyo. ¿Cómo puedo no tocar lo tuyo? ¿Cómo que “lo tuyo”? Perdón, hablamos de lo “nuestro”, de lo que te estabas apropiando injustamente, tergiversando las leyes o incumpliéndolas en no pocas ocasiones.

¿Cómo puedo conseguir un Consejo de Administración paritario, sin que esos hombres, que estaban allí por delante de mujeres de mayor mérito, dejen de estar? ¿Doblamos las plazas?

No se le está retirando un derecho a nadie, se está reclamando lo que tenían… sin tener ese derecho, lo que estaba siendo usurpado.

Así que, debemos dejar de pensar que en estos actos de justicia social no va a haber “damnificados” porque no puede ser de otra forma. De la misma forma que si recuperas una bici robada, puede que el ladrón pretenda que ha perdido algo.

Se suele decir que con estas medidas de justicia social ganamos todos, y no es cierto. Todos no. Hay quien dejará de tener lo que tenía sin que le correspondiera. Y protestarán.

¿A qué jugamos si en lugar de hacer lo justo cuando tenemos la capacidad de hacerlo nos ponemos a pensar en qué manera podemos molestar lo menos posible a empresas o particulares que estaban vaciando lo público, que estaban haciendo que el médico no pudiera atender a mi madre enferma o que alguien acabe en la calle porque no tiene trabajo?

Cuando se hace un acto de justicia social, hay personas que recibirán un daño: aquellas que eligen ponerse al otro lado, y no debemos dejar de hacer lo correcto por molestar a quien elige tu daño por encima de engrosar su privilegio.

Y esto me lleva a un segundo punto.

Vamos a llegar a un acuerdo, todos tenemos que ceder…

¿De veras? ¿Un acuerdo? ¿Con cualquiera?

Yo, oveja, ¿voy a llegar a acuerdos con el lobo que me mira y se relame? ¿A qué acuerdos? ¿Horario de la cena? ¿Por qué pata empieza?

No hay acuerdo posible con quien tiene fines contrarios a los tuyos, con quien discute tus derechos más fundamentales. Si soy homosexual y quiero poder casarme en igualdad de condiciones no puedo pactarlo con quien piensa que tengo una enfermedad y quiere “curarme”. Tengo que EXIGIR mis derechos e IMPONER que se respeten. No mi opinión, mis derechos.

Otra cosa es llegar a acuerdos con quien comparte el fin último o con quien tiene algunos objetivos en común, claro, llegar a acuerdos en eso es la base de la sociedad. Esperar a que los racistas crean que todos debemos tener los mismos derechos para legislar la igualdad, no… y menos si estoy en una sociedad que me “racializa” para discriminarme.

Y esto me lleva al tercer punto.

Es necesaria la fuerza. No la violencia, ojalá que no. Pero la fuerza, sí.

Este hecho os puede entristecer (como me pasa a mí) pero, ¿cuál es la situación que hemos descrito?

  • Los recursos están distribuidos de forma tan desigual que hay una parte significativa de la sociedad que está viéndose desprovista de los derechos fundamentales.
  • Aquellos que están a cargo de ese reparto desigual, y beneficiándose de él, saben que perderán lo que usurparon si se llevan a cabo medidas de justicia social.
  • No tienen una cuota de poder precisamente pequeña.

¿Y aún creemos que no va a ser necesaria la fuerza para proveer el derecho de todos? ¿Quién ha cedido sus privilegios motu proprio en el pasado? ¿Es algo habitual? ¿Tenemos tiempo para esperar? ¿Todos?

No hablo de romper escaparates o incendiar contenedores, hablo de fuerza, de fuerza política.

Al final todo pasará por allí, necesitamos un sistema de provisión y de defensa de los derechos fundamentales, si entramos en la espiral de que quien grite más o queme más contenedores, tendrá razón, será un camino muy espinoso y nos llevará a sitios muy oscuros.

Yo quiero representantes que… nos representen. A nuestros intereses como ciudadanos: los servicios públicos, los derechos fundamentales. Que legislen para proteger y proveer y que lo hagan de forma valiente y expeditiva. Con tantos apoyos como se pueda, pero sin vacilar. Los más desfavorecidos no tienen ni siquiera el “derecho a la paciencia” que tengo yo, porque les desahucian mañana, porque llevan en el paro varios años o porque se mueren sin atención médica.

Y tienen que hacerlo ejerciendo la fuerza que les da la representación de la sociedad frente a muchos agentes que ya hemos dicho que tienen intereses contrarios: individuos, empresas u organizaciones. Que quieren otras cosas, tan diferentes que en muchos casos son literalmente CONTRARIAS, y que se opondrán, y se oponen ya, a esas acciones.

Así que, en mi opinión, hasta que no entendamos esto, hasta que no nos demos cuenta de que esto es una lucha en la que hay poderosos agentes que se juegan mucho, que no lo quieren perder y que tienen el ánimo y los medios para oponerse con mucha fuerza, seguiremos viendo cómo nos roban la tostada en nuestras narices, cómo los derechos parecen algo utópico y algunos seguirán diciendo que hay que tomárselo todo con una sonrisa, porque nosotros somos muy pacíficos y no somos como ellos… No, desde luego que no lo somos, ellos saben lo que quieren y actúan en consecuencia.

Dos no pelean si uno no quiere…

Claro que no, porque si uno quiere mucho, no será una pelea, será una PALIZA.

Y esto es lo que estamos viviendo.

Con cariño, para L.


El sesgo del Panadero

5 noviembre 2020
Una foto mía

Detalle de una foto que me hizo Daniel Mordzinski para el décimo aniversario de Páginas de Espuma

Os voy a explicar un sesgo que, como parece que nadie le ha puesto nombre todavía, me lo voy a pedir. Así que le llamaremos, “el sesgo del Panadero”, porque además os lo voy a explicar con el ejemplo de un panadero y así ya tenemos polémica para el futuro sobre su origen y si se escribe con mayúscula o minúscula.

Imaginemos un panadero que vende muy alegremente su mercancía a los vecinos del barrio desde hace varios años. Ya ha hecho números y suele comprar la misma cantidad de harina cada poco tiempo, porque sus ventas son bastante estables.

Hace poco han ampliado el barrio, hay unos bloques nuevos y comienzan a ocuparse sus locales: una mercería, una zapatería, una librería…

Algunos de sus vecinos le han preguntado que si no le preocupa que abran un bazar o un hiper y pongan el pan muy barato, con la consiguiente pérdida de clientela. Pero él dice que no, que las cosas NUNCA HAN SIDO ASÍ.

Ya os podéis figurar cómo acabó todo. (Bueno, es ficción, ¿quién iba a pensar que, a estas alturas, es un buen negocio abrir una mercería, una zapatería o una librería?)

Bromas (y no tantas bromas), aparte.

Vamos a enunciarlo:

Sesgo del Panadero: Tendencia a pensar que el futuro será muy parecido al presente.

En realidad es una forma de la ilusión de serie o apofenia, una tendencia a ver patrones donde no los hay (parecida también a la pareidolia que nos hace ver “cosas” en las nubes, por ejemplo), pero en MI CASO particularizada a la serie temporal concreta de los acontecimientos de nuestras vidas.

Con esta pandemia que vivimos se oye mucho la pregunta: ¿Quién iba a pensar que estaríamos así? La respuesta es: ¿Quién? TODO DIOS.

Es que YA hemos vivido pandemias terribles y, aunque hemos tenido la suerte de que no hayan resultado globales, en muchos sitios no les suenan raros términos como SARS o ébola y contar los muertos por miles.

El surgimiento de una pandemia global es un hecho PREDICHO, ya sabíamos que iba a ocurrir. De hecho, esta es la PRIMERA y, ya os anuncio que no será la más grave.

A la vista de cómo reaccionamos ante estos cambios, creo que nos da la impresión de que si la situación que nos anuncian o imaginamos se diferencia mucho de la actual la consideramos improbable, pero esto no es necesariamente así. En algunos casos es tan probable que es sólo una cuestión de tiempo que ocurra.

Esta forma de pensar sesgada hace que ni nos preparemos ni presionemos a las autoridades para que tengamos sistemas que estén dispuestos para afrontar estas situaciones, que además suelen ser graves.

La vida es mudanza… e incertidumbre. Es aterrador y agotador pensarlo a cada momento y quizá es imposible vivir con eso en la cabeza (salvo que sigas mi consejo de “Cabalgar la incertidumbre” que explicaba en La Cordura de Saberse Loco, que tienes gratis por aquí), pero esconderse de los hechos no los anula.

Es muy curioso que tengamos ese sesgo de adultos y no sea algo reducido a la infancia donde, en el reducido intervalo de tiempo que manejan, efectivamente mucho de lo que sucede es bastante ordenado y predecible (aunque algunas infancias estén muy acortadas).

Pero, adultos y adolescentes: ¿Quién no ha visto o vivido una separación de pareja? ¿La muerte de un familiar? ¿Un cambio de domicilio? ¿De trabajo? Por favor, ¿quién no ha vivido un suceso que ha “roto” completamente la “serie temporal”? Pero parece que, pasado el susto, “renombramos” nuestro nuevo estado a “estado fundamental” y pasamos a considerarlo bastante extrapolable en el tiempo. Ha muerto el abuelo, ah, vale, pues ya sólo tengo una abuela… pero no creo que ella vaya a morir nunca.

Como os decía el gran peligro es no prepararse de manera individual para estas situaciones, y no preparar tampoco los sistemas públicos.

Porque es muy diferente decir No sé si va a ocurrir o No sé cuándo va a ocurrir. O bien, decir Nos ha pillado de improvisto o Este suceso era impredecible.

¿Vamos a sorprendernos también cuando el cambio climático haga ciertas zonas inhabitables por desérticas o anegadas? ¿No estamos avisados? ¿Sorpresón? Cuando esto acarree movimientos migratorios enormes, ¿quién avisó? ¿Nadie? ¿Crisis de abastecimiento de agua? ¿Tampoco? ¿Fuentes de energía suficientes y fiables? ¿Superpoblación y alimentos? ¿Polarización política y riesgo de violencia, guerras? ¿Nada?

¿Ni siquiera vas a hacer, de una puta vez, la copia de seguridad de tu móvil y tu ordenador que te decimos siempre que hagas? Anda, hazla ya y por lo menos este post habrá servido para algo.

ACTUALIZACIÓN

Señala con acierto @El_Inquisito que se parece a la historia del pavo de Russell poniendo en juego la dificultad del conocimiento por inducción. Aquí os lo cuenta Cuentos Cuánticos Quizá el elemento diferenciador aquí es el desprecio del aviso y la omnipresencia de este. Pero, ¡que venga Russell a pedir su sitio!


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