Lo Mejor Que Te Puede Pasar 16/11/2016

21 noviembre 2016

Hoy volvemos con una cosa un poco rara… ¿pensáis que medimos lo mismo por la mañana y por la noche?

Pues por ahí empezamos, luego empezamos a hablar de ir al baño a deponer, de medidas, de error, de precisión, de los decimales… de las notas. El que quiera puede ampliar con mis entradas sobre rúbricas, oposiciones, cifras significativas

Por cierto, nos lo pasamos tremendamente bien y creo que se ve.

Y repito, olé por este equipo, que apuesta por contar ciencia a la gente más normal, de la manera más normal, lo hacemos divertido… y estamos hablando de cosas bien gordas y serias. Si no os habéis dado cuenta es la mejor señal. Ya sabéis, lo contrario de divertido no es serio, es aburrido.

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De estándares, competencias, espacios vectoriales y hombres

27 mayo 2016

Yo no sé vosotros, pero cada vez la vida me parece más metafórica… os cuento.

Si sois jóvenes desde hace mucho, recordaréis cuando en la enseñanza se trataba de aprender unos contenidos concretos, te los preguntaban y según tus respuestas eras evaluado.

Más adelante empezaron con lo que llamaban “competencias” cosas más abstractas, como: La competencia digital, podemos leer en la web del MEC:

La competencia digital (CD) es aquella que implica el uso creativo, crítico y seguro de las tecnologías de la información y la comunicación para alcanzar los objetivos relacionados con el trabajo, la empleabilidad, el aprendizaje, el uso del tiempo libre, la inclusión y participación en la sociedad. (…)”

A partir de entonces seguíamos enseñando la ley de Ohm, pero en realidad nuestro objetivo era conseguir desarrollar estas competencias, así que de alguna manera había que expresar en nuestras programaciones cómo cada contenido ayudaba a esa consecución. Como si la enseñar la ley de Ohm fuese un 10% de competencia digital más un 25% de “aprender a aprender” (otra competencia), etc.

Eso se parece mucho a lo que hacemos para representar puntos en un plano. Para nosotros es un espacio de dos dimensiones y hay infinidad de manera de describir un punto.

Cartesian-coordinate-system

A esto lo llamamos coordenadas cartesianas. Necesitamos dos, que podríamos enunciar como:

x: ¿Cuánto a derecha o izquierda?

y: ¿Cuánto arriba o abajo?

El punto verde lo represento por (2,3) porque doy dos pasos a derecha y tres pasos hacia arriba.

El punto rojo será (-3,1) porque doy dos pasos a la izquierda y un paso hacia arriba.

Hay otras maneras, por ejemplo en coordenadas polares. Ahí usaremos también dos cantidades, una será la distancia al centro y otra el ángulo girado respecto a un origen (el eje horizontal, p.ej.)

 Coordenadas polares

Algo interesante en estos dos sistemas de coordenadas es que son “independientes”, quiero decir que lo que ande hacia arriba o abajo no influye en mi desplazamiento de izquierda a derecha, o en el caso de las coordenadas polares, lo que me aleje del centro es independiente del ángulo girado respecto de la parte positiva del eje horizontal.

También se puede caracterizar el plano usando coordenadas que no sean “totalmente independientes”, por ejemplo.
base no ortogonalAquí el eje “vertical” no lo es tanto, y avanzar por él significa ir también un poco hacia la derecha.

Así que si decimos que un punto se caracteriza en este sistema como (2,3) eso significa que andamos dos “pasos” en el eje horizontal y tres en el otro, pero si pensamos sólo en términos de izquierda/derecha; arriba/abajo, desplazarnos 3 unidades en el eje inclinado nos lleva un poco menos de 3 unidades “hacia arriba” y nos lleva un poco también hacia la derecha.

Volvamos a la educación.

¿Son esas competencias una manera de describir los “distintos ejes” de la formación de nuestros chavales?

¿Son “perpendiculares”? Quiero decir: ¿Son la competencia digital y la matemática “independientes”? ¿No estamos midiendo parte de una cuando medimos la otra y viceversa?

Imaginemos ahora por un momento que asumimos que eso de las competencias es una buena aproximación en el sentido de representación que decíamos, pero fíjate qué ocurre en la práctica.

Si estuviéramos tratando con un sistema detalladamente pensado para saber la competencia digital de un estudiante compondríamos los resultados parciales en las distintas materias (con sus pesos relativos y tal) para dar un “resultado final” del grado de consecución de ese chaval en esa competencia… pero no. Lo que hacemos es colapsar toda esa información en una nota única para cada asignatura.

Te lo voy a resumir (quizá chungamente, quizá exageradamente… quizá no tanto).

Yo voy a preguntar la ley de Ohm como siempre, pero primero atomizo ese contenido en distintas componentes, que estimo por separado y que luego vuelvo a juntar en una nota única (que va de entero en entero: 6, 7, 8…). ¿Seguro que hacía falta tanto viaje para eso?

Y ahora tenemos más risas…

Ahora aparecen decenas (sí, decenas) de estándares de aprendizaje. Una manera más de atomizar algo para luego volver a colapsarlo.

Es genial que además todo se llene de números, sin que parezca que nadie tiene ni puñetera idea de medida, estimaciones o errores, pero sí que tenga esa apariencia de exactitud que tanto daño nos hace.

Así que usaremos rúbricas (de las que ya os hablé) atomizaremos la evaluaciones en tres mil items, de los que no nos preocuparemos si nos independientes o no, los promediaremos a lo bestia, o bien asignaremos pesos relativos en el promedio (interesante escuchar el por qué de esos diferentes pesos) y después volveremos a colapsar esa información para poner un 6 o un 7.

Eso sí, no os preocupéis, que todos estarán felices y contentos, profesores y estudiantes, porque las cuentas salen.


Rúbricas y anumerismo

23 mayo 2016

Las llamadas “rúbricas” están de moda en educación. Estar de moda no las hace malas, pero tampoco las hace buenas, necesariamente.

Primero, qué son.

Se trata de una herramienta de evaluación del desempeño de alguna tarea. Suele representarse con una tabla.

Por ejemplo, en una fila pones el “descriptor”, i.e. “Conocimiento del tema”, y en las columnas los diferentes grados de consecución, “Dominio completo”, “Buen dominio”…  redactados, o bien, por números.

A la hora de evaluar vas marcando los distintos grados de consecución en cada descriptor y finalmente con esa información concluyes la evaluación final de la tarea.

¿Y cuál es tu problema, Javi?

Pues el de siempre… que parezca lo que no es.

Esta manera de evaluar es más vieja que la tos, otra cosa es que ahora se haga con aparatejos o que esté de moda, como os decía, pero este dividir y vencer tiene unos siglos.

Del anumerismo ya hemos hablado mucho, y dotar a la gente de herramientas contra él es el motor de mi último libro (Aproxímate).

Una de las maldades del anumerismo es la falsa percepción de exactitud.

Imagina una clase con 21 alumnos.

Dos han faltado.

El porcentaje de faltas es de (2/21)·100 = 9,52%

¡Qué bonito! !Qué exactitud!…

¡Qué porquería!

Fíjate, si tengo 21 alumnos, cada persona representa casi un 5%, entonces, ¿qué puñetas representa 0,52%? De hecho cualquier variación de menos de un 5% no significa nada… de hecho, ni siquiera una del 5%, sería sólo lo que le pasa a una persona. Estamos haciendo estadística, ¿no?

Y, ¿qué pasa con las rúbricas?

Pues eso… divido la evaluación en varios items, asigno categorías y puntúo cada categoría por separado. Ahora cojo esas categorías y las promedio, o bien les asigno distintos pesos, digamos que una categoría vale un 50%, y las otras un 10%, o como me parezca. Finalmente hago el cálculo y me sale un 6,2, como las notas sólo van de punto en punto, pues un 6. Perfect.

Es increíble como se confunde objetivo con justo. Objetivo es solamente, no subjetivo. Un criterio objetivo sería suspender a todos los que estuvieran menos calvos que yo. No sujeto a opiniones, medible… objetivo.

Los alumnos y los profes, meten los números, hacen los cálculos y se quedan tan a gusto. Un alumno suspenso, se irá conforme si le enseñas los numeritos y le muestras que efectivamente salía 4,73.

¿De verdad nadie ve el error asociado a la asignación de categorías, a la asignación de pesos en cada categoría? Si cambias eso la nota puede ser bien diferente. Esto no es un asunto menor, esas asignaciones se basan en un modelo, en asumir que la teoría es más importante, o que la fluidez verbal es crucial, o despreciable, o lo que sea… Da igual lo precisos que sean tus números a partir de ahí, llevas asociado un error en tu apreciación de qué y de cómo debe evaluarse.

Si a eso le sumamos que al final, después de “medir con un láser vas a cortar con un hacha” y a poner la nota “de punto en punto”, lo que supone que a los que van desde el 6,5 hasta el 7,4 les vas a poner un 7, ¿de qué narices estamos hablando?

En fin, usad lo que queráis, yo mismo las uso en ocasiones para mí o para que mis alumnos se evalúen. Ahora, no pretendáis que lleváis a cabo un proceso preciso, ni lo vendáis como tal.

Finalmente, un abrazo para los profesores que se presentan a las oposiciones, donde serán evaluados con cinco cifras significativas de precisión, lo que constituye una vergüenza legal y científica. A aquellos profesores que colaboran voluntariamente con ese proceso incorrecto de evaluación, no les mandamos un abrazo.

 


Dime qué me preguntas y te diré quién soy

24 febrero 2016

Últimamente hablamos mucho, o eso me parece, sobre la evaluación de los profesores.

Y se nos cuela una falacia.

Evaluar no es medir.

No hay algo con un valor escondido y que nuestra medida revela, sería bonito pero no es así.

EVALUAR ES CONDICIONAR

En todos los ámbitos.

Dime QUIÉN va a evaluarme, dime QUÉ me va a preguntar, dime CÓMO va a preguntármelo y adaptaré mi comportamiento a ello.

Otra falacia que se cuela en el discurso es: Convengamos en que es necesario evaluar y después veamos cómo lo hacemos.

No, no.

Dígame usted qué evaluación sugiere y entonces le diré yo si me parece bien, por lo que mide, por quién se atreve a medirlo y por los comportamientos que generará.

¿Te suena raro?

Recuerda… Cierra tus ojos y recuerdaaaa….

Último curso en el instituto, ¿no estaban las clases completamente enfocadas a la Selectividad?

¿Estudias igual para un tipo examen tipo test, de desarrollo u oral?

Carnet de conducir. ¿Nos enseñaron a conducir o a poder aprobar?

¿Por qué hay gente que ficha en el trabajo a la hora y luego no hace ni el huevo? Porque le controlan (evalúan) su puntualidad y no su rendimiento.

Profesores universitarios que no enseñan, evaluados por su eficacia investigadora.

Y así, sigue y sigue…

Según las reglas del juego que tú pongas la población va a adaptar su comportamiento, aunque sean los mismos y se dediquen a lo mismo.

Así que no, queridos, “CÓMO” vamos a evaluar la efectividad de la educación es lo que dará forma a esa estructura educativa y generará comportamientos en los que la forman.

“CÓMO” vas a evaluar la enseñanza es LO PRIMERO a decidir.


Uso de exámenes tipo test en la ESO

7 junio 2010

Saludos a todos, especialmente a los compañeros profes.

Voy a contaros una cosilla que hemos probado este año con los chavales de la ESO en la asignatura de Tecnología y en Informática, por si nuestra experiencia sirve de algo.

Voy paso a paso.

1. Cogemos el tema que queramos dar y escribimos en formato test todas las cosas que queramos que sepan nuestros muchachos. Estaremos hablando de cuarenta/cincuenta preguntas.

Debemos tener en cuenta

– ¿Preguntamos todo lo que queremos?

– ¿Tiene más peso en el examen lo que creemos más importante?

Revisamos el examen cuidando esto y pasamos al siguiente punto. Esto es una reflexión muy curiosa sobre nuestra propia consideración de lo que vamos a explicar.

2. Colgamos el examen en la web y les pedimos a los chicos que hagan por su cuenta las preguntas. Os recuerdo que no hemos explicado nada aún

– Los más avispados/inquietos/capaces… tienen la posibilidad de hacer investigación por su cuenta, búsqueda de información, etc.

3. Corregimos a la vez que explicamos el examen en clase como si fueran normales actividades de casa.

– Con esto conseguimos centrar y dirigir mucho la explicación, repartiendo tiempos proporcionales a la importancia que atribuimos a cada asunto.

Hasta aquí tenemos:

– Notas de clase de todos los chavales

– Los más capaces tuvieron la posibilidad de trabajar por su cuenta en cosas más complejas y que se refleje en su nota.

– Conseguimos eso de lo que siempre hablamos, que se miren el tema antes de explicarlo.

El examen funciona como un “esquema-guía” para que los chicos entiendan sin duda lo que queremos que sepan y su importancia relativa. En realidad, ¿por qué tendríamos que esconder esa información?

– Hay una motivación extra en la sorpresa de que les estemos dando el mismo examen que vamos a poner.

4. Ponemos el mismo examen (mezclando las preguntas, claro)

– Al ser cincuenta, no puede uno simplemente aprenderse una lista de letras de memoria para contestar.

– No es difícil, teniendo tan claro lo que hay que saber, que los menos capaces lleguen a aprobar.

– No es demasiado fácil sacar notas muy altas, pero el que las quiera que se esfuerce.

CONCLUSIONES

– Los muy capaces buscaron en el libro y en Internet las respuestas con gran acierto, corrigiéndonos incluso errores y sacaron notas muy altas en los exámenes.

– La gran mayoría aprobaron sin grandes dificultades, aunque sigue habiendo alumnos que obtienen notas muy bajas (como en el resto de sus asignaturas)

– El efecto sorpresa no llega mucho más allá de la primera evaluación.

– No trabajamos de esta forma la expresión escrita

– Trabajamos más el razonamiento lógico, la sutileza y el detalle en los conceptos.

– Se consigue bastante la preparación previa del tema por parte de los chicos.

– Es muy interesante la preparación previa del tema por nuestra parte, al confeccionar el examen: la propia revisión de qué consideramos más importante y la adecuación en tiempo y peso en la nota de esta importancia.

– Preparamos a nuestros alumnos para los exámenes tipo test que serán muy frecuentes en su futuro.

– Conseguimos preguntarlo “todo”, no sólo una parte y estimar cuál es su conocimiento sobre el resto del tema.

– Aunque os puedan parecer muchas preguntas, como conocen el examen, hacen un examen de cincuenta preguntas en una clase normal de cincuenta minutos y les sobra tiempo.

– Transmitimos con detalle nuestra “visión” del tema: ¿qué hay que saber? ¿qué es más importante? ¿cuáles son los errores que queremos descartar?, etc.

– A los que os duela mucho poner el mismo examen podéis hacer lo mismo con un banco de preguntas, pero insisto: ¿por qué esconder la información de lo que quiero que sepan mis alumnos? El número alto de preguntas me permite preguntarlo todo y que no puedan memorizar simplemente letras.

– Si usáis herramientas como moodle podríais hacer estadísticas por preguntas y revisar hasta qué punto unos temas u otros son explicados o aprendidos con poco éxito para resolver esos problemas. Aunque con nuestro equipamiento informático y el tiempo disponible, es difícil esta parte.

Un saludo compañeros y seguiremos en esta búsqueda constante intentando encontrar la “fórmula mágica”. Nunca acabamos de llegar… pero vamos haciendo cositas.


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