Aproxímate a Murcia 30 de abril

24 abril 2016

Nos vamos a la murciandad, queridos, un placer y otra oportunidad de encontrarnos con buenos amigos.

Por la mañanita, a las 11:00 os veo.

image

 


Vídeo: Charla en el Pamplonetario

21 abril 2016

Gracias a los estupendos amigotes divulgadores Javier Armentia y Joaquín Sevilla (un abrazote también a Jose y María), me llenaron de víctimas el Planetario de Pamplona y di… mi primera charla en pijama, dentro de la promoción de mi libro Aproxímate. Aquí os la dejo.


Reflexiones de un profesor enfurecido

20 abril 2016

Últimamente me estoy chinando un poco, ando de mala leche, si queréis acompañarme no sé si encontraréis conclusiones… o si os mosquearéis conmigo. ¿Empezamos?

Queridos profesores, alumnos, conferenciantes, divulgadores, comunicadores… o gente que habla con otra gente, ¿nos hacemos unas preguntas?

¿Qué viniste a contar?

¿Para qué te contrataron?

¿Qué quiere tu audiencia de ti?

¿Qué necesitaría tu audiencia de ti?

Podríamos pensar que las cuatro respuestas son o deberían ser la misma, pero no es mi experiencia, y menos en la enseñanza secundaria obligatoria reglada.

Por ejemplo, creo que la mayoría de los profesores de secundaria están muy interesados en contar su materia de la mejor forma posible y por eso se enrolaron en esto.

En cambio, si nos fijamos en qué cosas se controlan de los profes en activo, veremos que es básicamente que vayas y que los chicos estén en clase. Lo demás parece no importar a las autoridades, cómo de bien o mal das la clase, cuánto aprenden o maduran, no es un asunto del que se ocupen. Por lo tanto, da (mucho) la sensación de que no nos contrataron para eso que queríamos hacer.

Respecto a lo que los chavales quieren de nosotros… bueno, sus deseos son muy variados, como sus edades y grado de madurez.

Y, finalmente, respecto a qué necesitarían… vaya, podría haber un enorme debate. Pero, si mis alumnos, a los que yo les pretendo enseñar la Ley de Ohm, lo que hacen es llegar tarde, no traer los deberes, no cuidar el material, no respetar ni escuchar al que habla (profes o compañeros)… si ese es el caso, ¿sería aprender todo eso antes que nada lo que mis alumnos necesitan?

Antes de que un profe guay se adelante y diga, que enseñaremos todo eso a la vez que enseñamos los contenidos… le diremos que no, que enseñar eso consume tiempo y recursos, muchos, y que los contenidos se verán disminuidos. No cabe todo el temario más educación cívica, más… dos huevos duros. No.

Me pregunto también, ¿tiene que ser todo a hostias?

Francisco de Goya y Lucientes - Duelo a garrotazos

Quizá penséis que soy muy antiguo, ya no se emplea la violencia física.

Mirad más allá, el argumento que esgrimimos sigue siendo la fuerza o la amenaza de la fuerza. Sí, de acuerdo, hoy no te voy a dar una colleja, pero te voy a quitar un punto, te voy a castigar sin recreo, te voy a poner un parte… ¿No es eso uso de la fuerza?

Me decía un chaval, que funciona mejor el “caramelo” que el “palo”… Vale, bien, ya, condicionamiento positivo, chupi.

Y, ¿qué pasa cuando no me gustan los caramelos, o los que tú me das, o ya he comido bastante…?

¿Qué más me da que me subas un punto, si ya he alcanzado mi nota objetivo?

Supongo que ahora saldrán los de la motivación intrínseca. A mí me parece chupi también y mis lectores saben lo que escribo sobre eso y lo que trabajo eso. Y ahora, decidme, ¿es eso una solución realista para todo el grupo? ¿Para una mayoría?

¿Qué ocurre cuando mandamos un trabajo para casa? Mmmmm, De-be-res

¿Deberes voluntarios sin reflejo en nota? ¿Quién los hace?

¿Deberes voluntarios con reflejo positivo? ¿Con reflejo negativo?

Yo, que me enrolé para enseñar, ¿tengo que andar fiscalizando cuaderno por cuaderno, ejercicio por ejercicio, aquello que dijimos que tenían que hacer? ¿No puedo decir “¿Lo habéis intentado? ¿Alguna duda?”? ¿Tengo que mirar, apuntar, uno por uno, luego hacer la parte proporcional de la nota que subo (o bajo) para conseguir que funcione? ¿Creéis que eso no consume tiempo?

Y, si funciona, ¿cuál es mi éxito si lo han hecho por imperativo genital? ¿He conseguido motivarles, he conseguido que lo odien?

Si dejo mucho tiempo para que puedan hacerlos, ¿lo harán poco a poco o todo el último día? Si dejo poco tiempo, ¿les estoy agobiando a deberes? Si divido la tarea en minitareas que fiscalizo cada día, y repito ese esquema varias veces, ¿dejarán de procrastinar si les mando ahora algo a largo plazo?

Si les tengo todo el día a hostias trabajando en lo mío, ¿conseguirán un buen nivel en mi materia? ¿Y les gustará?

¿Es eso justo? ¿Somos los profes hienas que nos repartimos a mordiscos las horas de la tarde de los muchachos para llevarnos el trozo más grande? ¿El primero que llega se pilla el trozo más grande y que se fastidien los demás?

Si yo no les mato a deberes o le mando cosas voluntarias, ¿qué harán los chavales con mis cosas, si tienen otras que urgen y que se reflejan en la nota de otras materias?

¿No es necesaria una limitación del tiempo total de trabajo no presencial de los chavales? ¿No es necesaria una coordinación para que ese tiempo se reparta de manera razonable entre asignaturas? ¿Tendría ese tiempo que reducirse mucho? ¿Tendría que ser simplemente una hora más en el insti haciendo deberes? ¿Tendría, por lo tanto, el tiempo de casa ser cero?

Si, como barruntamos, los chavales no se embarcan en cosas voluntarias o sin presión, por la presión excesiva que tienen con lo demás, ¿cómo los chavales están condicionando, con eso, el comportamiento de los profes? Quiero decir, si no te pongo un examen cada poco, tú te preocupas de la otra materia (incluso a veces en mi clase). Por lo tanto, estudiante, ¿no me pides, implícitamente, que te machaque para que me hagas caso?

Vuelvo a preguntarme, ¿cómo son los chavales? ¿Cómo son los adultos? ¿Las personas en general?

¿Somos simplemente un bicho más haciendo cuentas de coste/beneficio y obrando en consecuencia?

Creemos que somos una sociedad que se mueve por valores superiores y tal, pero mirad a vuestro alrededor y veréis policías, leyes, cerraduras y demás. Quizá nuestro nivel consiste en que no es necesario en general el uso de la fuerza, porque basta con la amenaza de la misma. A esto no me gusta llamarlo madurez ni evolución.

Me gustaría poder ayudar un poco a construir un mundo mejor, a que mis chavales lo construyeran cuando empiecen a relevarnos en el poder, pero, a veces, me descorazona sentir que lo que se me pide desde arriba y desde los propios chavales es que me dedique a fiscalizar cosas, que quizá deberían enseñarse en la familia, y a enseñarles a hostias más o menos sofisticadas.

Disculpad los que hayáis llegado hasta aquí si no aporto más soluciones que problemas… pero es que estoy chinao. Mecagüentó.

Aquí os dejo un par de artículos relacionados:

Sobre una posible organización racional de LOS DEBERES

Sobre la motivación intrínseca e inculcar el amor por la materia que uno enseña: El ÚNICO DEBER DEL PROFESOR

 


Apróximate a Oviedo

18 abril 2016

El próximo sábado 23 de abril, coincidiendo con el día del libro, la liaremos en Oviedo, en la librería El Buho léctor a las 18:00 horas.

PANADERO_Aprox_Oviedo

 


Diversión y divulgación científica

17 abril 2016

Es un viejo dilema, que ha sido puesto en foco hoy domingo por el genial @Scientia.

“La divulgación no tiene que ser divertida”

“Si lo es, mejor, pero lo que tiene que ser es atractiva”

Parafraseo, si hay errores que me perdone y me los indique el Señor Oscuro.

¿Cuál es mi problema con esto? La forma de enunciarlo.

Literalmente estoy de acuerdo, pero, ¿cómo llega? ¿Cómo se entiende? ¿Cómo se propaga después esta idea?

¿Cómo creo yo que debe decirse para evitar que se distorsione la idea que queremos transmitir?

Primero tenemos un problema con la definición de las palabras.

¿Qué es divertido? ¿Lo risible? ¿Es divertido sinónimo de chistoso?

¿Qué es algo si no es divertido? ¿Serio? Serio, no, perdonad, hay comedias que son muy serias. ¿Es quizás, aburrido?

Si algo resulta atractivo, como pedía (con razón) José, ¿no es también divertido de leer/ver/estudiar?

Insisto, ¿cómo creo yo que debe decirse?

El objeto de la divulgación es la transmisión del conocimiento científico.

A partir de aquí, lo demás es secundario. El vehículo que elija cada uno, una opción, y ninguna única.

El problema que creo que ve el Señor tenebroso de la Murciandad, y en el que coincido, es cuando los elementos secundarios se convierten en primarios, o incluso se pierde el objetivo principal, la transmisión de la ciencia.

Entonces tendremos entretenimiento usando la ciencia, música con excusas científicas, etc. Cosas que no son malas, pueden incluso ayudar cierta visibilidad de “lo científico”, pero no son divulgación, porque no enseñan.

Aquí reivindicamos la buena divulgación, la que enseña, y en la que se encuadra en puestos de cabeza la de José Manuel López Nicolás, que es instructiva, primero, atractiva y, joder, muy divertida.

Finalmente os dejo una foto de mi último bolo en Pamplona (gracias Javier y Joaquín, de nuevo), charla extremadamente seria sobre el uso de las matemáticas para crear una actitud científica en el público general y niños, promoción de mi último libro Aproxímate y que fue realizada en pijama.


Apróximate a Pamplona

12 abril 2016

Este sábado 16 la liamos en Pamplona

Por la mañana estaremos en el Planetario gracias a los buenos amigos de allí: Javier Armentia y Joaquín Sevilla. Estoy montando una cosa rara que incluye narices de payaso, pijamas y hablar conmigo mismo…

Por la tarde, en la librería Chundarata.


11011011 ¡Qué bonito!

11 abril 2016

Cualquier obra de arte puede escribirse como una cadena finita de unos y ceros.

Para un texto es sencillo, ¿verdad? Por ejemplo, la “a” el 1, la “b” el 2, etc. de forma que si pongo 2 1 2 1 será “baba”. Como querríamos distinguir las letras mayúsculas y minúsculas, los signos de puntuación, etc. usamos el código ASCII. Cada carácter se representará con un byte (ocho bits) en decimal sería un número entre cero y 255. En el enlace puedes ver la correspondencia.

Si estuviésemos hablando de un sonido, podríamos representarlo de muchas formas. Por ejemplo, la intensidad en cada “momento”, como esa onda que te aparece cuando te pones a hacer el ganso con la grabadora de sonidos del PC. Si tomas valores cada muy poco tiempo, no notaríamos que está entrecortado. Así que tendríamos de nuevo una sucesión de números, que representaría ese sonido.

Wave sound digital representation splitted channels

Para una imagen no resulta tampoco complicado, dividimos la imagen en puntos y si asignamos un número a cada punto, podíamos tener ahí el nivel de intensidad, de forma que se representase una imagen en blanco y negro, siendo el cero el negro y el 255 el blanco.

Quizá estés pensado en que se verán los puntos y no será una imagen tan bonita como una “real”, pero en esto nos ayuda tu sentido de la vista. Recuerda esos anuncios del metro. En los de tu andén se distinguen los puntos, de hecho parecen enormes. En cambio, en los del andén de enfrente no se distinguen. Piensa también en tu tele, en tu portátil, en tu móvil. Todos están formados por puntos y si los puntos son suficientemente pequeños, o van a ser vistos desde suficiente distancia, lo verás “bien”.

De esta forma una sucesión de valores:

231 234 200 198 …

Representarían la luminosidad de los puntos de una fila. Si lo ponemos en binario veríamos de nuevo una ristra de unos y ceros.

Como ves, hemos elegido 256 tonos de gris, siendo el cero el negro y el 255 el blanco. Resulta más que suficiente para dar una impresión “suave” y realista.

Si quieres una imagen en color, tampoco es problema. El color de cada punto lo expresaremos como una combinación de los tres colores primarios luz: rojo, verde y azul. A cada punto le asignaremos ahora tres bytes, uno por color. El número de colores que podemos conseguir así es 256 x 256 x 256. Haz la cuenta, casi diecisiete millones de tonos de color distintos. De nuevo más que suficiente para parecer “realista”.

Pixel geometry 01 Pengo

Para un vídeo, sólo tengo que guardar suficientes “fotógramas” y que no aprecies el parpadeo. Te sonará que con unos veinticuatro por segundo ya funciona, y cada fotograma lo guardo como guardábamos antes la imagen.

Sea lo que sea, al final, pasando los números a binarios, cualquier obra de arte que se haya hecho (que se haga en el futuro) podrá expresarse como una ristra finita (no infinita) de unos y ceros.

¿Qué me impide hacer un análisis de esa cadena de números? ¿Buscar repeticiones, patrones, estructuras que se relacionan o combinan?

Quizá hayáis leído la noticia, unos investigadores han analizado cuadros de Rembrandt y han “pintado” uno “nuevo”. El resultado es muy interesante, pero más aún el aspecto filosófico del asunto, y nos lleva de nuevo a preguntarnos qué es el arte.

¿Dónde está el arte? ¿Dónde la emoción estética? ¿En la del el artista, en la del público?

Una profe de música que tuve me decía que hay gente que toca el violín como el que hace fotocopias. Yo pensé más tarde que hay gente que hace fotocopias con tal esmero que parecería que estuviera tocando un violín, pero aún así, no pude dejar de asombrarme con el hecho de que alguien tocara algo sin sentimiento y a mí me emocionara.

Si tenemos una emoción estética al contemplar ese “nuevo” Rembrandt, ¿de dónde viene? ¿Es “lícita”? Quiero decir, no se pintó con esa emoción… Lo hizo una máquina que replicó y recombinó patrones que extrajo del conjunto de sus obras. ¿Se espera del espectador que sienta en la línea que el artista desea?

Preguntémonos también, ¿hace otra cosa nuestro encéfalo? ¿Estamos sólo recombinando y reproduciendo patrones percibidos en nuestra experiencia? ¿Existe la creación? ¿Qué sería?

La indiscutible emoción estética que sentimos ante la manifestación artística, la que le guste a cada uno, ¿qué es? ¿Es pura ilusión de la ilusión de una ilusión de identidad que llamamos “yo”? ¿Soy algo más que una pila de filetes?

Sea cual sea el proceso creador, se plasmará de una forma concreta, en pintura, mármol o sonido. Estamos entrando en un tiempo en el que una máquina va a poder producir resultados finales comparables y “originales”, indistinguibles de la producción artística humana. ¿Será eso arte? Si no lo fuera, ¿lo percibiríamos como tal? Y si lo percibiéramos como tal, ¿eso lo convertiría el arte?

Una vez más el suelo se mueve bajo nuestros pies, las certezas se caen y la solidez se vuelve humo.

No debería caber duda de lo ilusorio de lo que llamamos real, la pregunta que toma importancia es, ¿qué hay cuando se disipa el humo? ¿Algo, nada? ¿Qué?

Le dedico esta entrada a César, que siempre ayuda a ver el humo y se pone a soplar, y a Déborah que seguro podrá iluminarnos en el aspecto artístico del asunto.


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 300 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: