Cumple Blog, Ocho añazos!

4 enero 2017

Un porrón de años, un porrón de palabras puestas juntas intentando que cuenten más de lo que dicen.

Mucha gente ha pasado por aquí y espero que algo les  haya aportado- Yo me he esforzado en dar valor a ese tiempo que me concedéis. Para mí es un regalo mutuo.

Este año ha estado marcado por la publicación de mi sexto libro, Aproxímate.

He recorrido el país de un lado a otro, embutido en mi pijama “desautorizante” (he ido colgando los vídeos), para contar que sabéis mates suficientes para medir y saber en lugar de creer y opinar. Muy agradecido a todos los que me ayudaron, a los que hicisteis reseñas, a los que me recomiendan, y a los valientes lectores.

Aquí os dejo la charla de Pamplona donde estrené pijama… Gracias al patrocinio de los queridos Javier Armentia y Joaquín Sevilla

En la segunda parte del año he dado más la brasa en lo audiovisual, pasé el verano colaborando en La Ventana (SER), están apareciendo pequeñas piezas mías en La Aventura del Saber (La2) y en La estación azul de los niños (Radio5), pero sobre todo, este otoño-invierno ha sido Lo Mejor Que Te Puede Pasar (MelodíaFM), donde les interesa mucho justo lo que me apetece a mí: contar la ciencia más básica a los que menos saben, con humor y ligereza. Un placer y un servicio público muy necesario.

Gracias de nuevo a todos y este año… si todo va bien… muy probablemente habrá nuevo libro.

Os dejo con música, como siempre, y soñando con Tebye en no “tener que” trabajar para poder trabajar más y mejor en mil proyectos abiertos y en espera… ¡compradme más libros más y veréis!


Lo Mejor Que Te Puede Pasar 21/12/2016

21 diciembre 2016

Y aquí cerramos el año, ¡me dan vacaciones hasta después de Reyes!

Hoy hablamos del efecto Forer… y de análisis de personalidad… o no.

Y si quieres ampliar información, te dejamos con este post de Naukas


Lo Mejor Que Te Puede Pasar 14/12/2016

14 diciembre 2016

Hoy tocaba suicidio homeopático.

Tomar homeopatía es no medicarse, si tu dolencia es leve, sólo será una pérdida de dinero, si es grave, tendrás un problema.


La Aventura del Saber 12/12/2016

12 diciembre 2016

Volvemos a La Aventura del Saber, hoy contamos con dos estupendos ayudantes.

Nos preguntamos cuánto azúcar hay en un refresco… pero no sólo nos preguntamos, ME-DI-MOS.

Recuerda, el que mide sabe, el que no, sólo opina.

A partir del minuto 40:35

 


Lo Mejor Que Te Puede Pasar 07/12/2016

7 diciembre 2016

Yo sigo a lo mío, divulgando locamente.

Hoy hablamos de que en realidad lo que se ve es la luz que viene de los objetos, no los objetos mismos y de por qué en los escaparates unas veces nos vemos reflejados y otras vemos a través. Y, al hilo de esto, un divertido experimento, que ya os contaba en El Mundo de Max


Variables intensivas y extensivas… e intensitos

6 diciembre 2016

– ¿Qué temperatura hace fuera?

– Veinte grados.

– Estupendo, diez para cada uno.

Tontería común entre los que somos de ciencias, bueno en el subconjunto de los que somos de ciencia y mu tontos.

Esto está a todas luces mal, claro. Esa es la temperatura que habrá en cada punto y en todos esos puntos (promedios, estadísticas, corrientes… disculpadme).

Tampoco podemos calcular la temperatura total de la habitación sumando la temperatura de cada punto. Esto es porque la temperatura es una variable intensiva, no depende del tamaño de sistema o de su cantidad de materia.

En cambio hay otras variables que sí lo son, por ejemplo el volumen o el peso. De hecho, para calcular estas cantidades, sí podemos hacerlo como la suma del valor de las distintas partes del sistema.

Una cosa divertida es que dividiendo magnitudes extensivas entre la masa o el volumen, podemos, en algunos casos, obtener una magnitud intensiva. Por ejemplo, si divido la masa entre el volumen, obtengo la densidad (intensiva) o si miro cuánta cantidad de energía puede proporcionarme un trozo de carbón y ahora lo divido por su masa, obtendré la energía/kg que es una magnitud intensiva.

¿A qué viene esto? Pues a que acabo de tener una discusión con un intensito, a la sazón doctor en economía, que dice que calcula la ratio entre alumno y profesor, como el cociente entre todos los alumnos del instituto y todos los profesores, lo que le da un cómodo 15 alumnos/profesor. Magnitud intensiva que no depende del centro o del profesor y da una imagen lustrosa de la carga de trabajo que tenemos en los centros educativos.

Esta simpleza sería como decir que, en tanto que el agua tiene una densidad de 1 kg/litro, puedo pedirte que cargues con una cantidad arbitraria de agua, que no será un problema.

(Si, a mí también se me eriza el pelo con quién tiene doctorados y predicamento público y, por lo tanto, capacidad de influir)

Hagamos otras cuentas

Dado que no damos clase en una nave industrial con 300 alumnos de instituto y veinte profesores metidos dentro, a la vez, ¿qué tal si nos preguntamos cuántos alumnos están dentro de un recinto recibiendo clases con cada profesor? Ahí la respuesta es 25 en Primaria, 30 en ESO y 38 en Bachillerato.

Por lo tanto, no, no me “tocan” 15 alumnos, me encierro con 30 en un aula, así que dar a entender lo contrario es mentir, por ignorancia o voluntariamente.

Tampoco parece tener en cuenta en su “variable intensiva” el volumen de horas lectivas que asume cada profesor, que también podría ser arbitraria. Quiero decir, que si doy 50 horas a la semana (como un compañero de México -un abrazo), mientras siga dividiendo alumnos entre profesores y le dé su “quince”, todos bien.

De hecho podríamos hacer otra cuenta.

Un profesor, veinte horas lectivas, dos horas por asignatura, treinta alumnos por clase… por lo tanto se encarga de 300 alumnos.

Y tiene que enseñarlos y evaluarlos, y no, no disminuye mi tarea que otros profesores estén trabajando con esos alumnos en otros momentos, tengo que enseñar y evaluar uno por uno a esos trescientos. De nuevo se da a entender lo que no es cierto, se miente, voluntariamente o por ignorancia.

Después de una breve conversación, parece más claro que todo esto que podéis entender vosotros tan sencillamente, también podría entenderlo él, por lo tanto, supongo que sus motivaciones van más allá de la ignorancia.

Ahora sólo queda dejarnos de paños calientes y luchar por lo que es de todos, la Educación, incluso contra los enemigos que tiene en sus propias estructuras.


Mamá, ¿cuál es el último número?

5 diciembre 2016

La pregunta del título fue el primer encuentro con el infinito, para muchos de nosotros.

En nuestras primeras experiencias nos encontramos con conjuntos finitos de cosas, nuestros juguetes, nuestros primos… o un kilo de garbanzos, que siendo muchas unidades, sigue siendo finito. Algunas cosas enormes, como nuestra ciudad, desdibujaban sus fronteras, más por inalcanzables que por necesariamente infinitas.

Pero un día, probablemente insultándonos, nos encontramos que “Tú eres tonto”-“Y, tú más” era una sucesión que no tenía por qué tener fin.

Más adelante surgen cosas como “Tú eres tonto hasta el infinito”- “Y tú hasta el infinito más uno” o bien, “Todo lo que tú digas, tú lo eres una vez más”.

La búsqueda científica, abandonada casi toda esperanza de encontrar La Verdad, se dedica a generar modelos compatibles con los hechos observados, que nos permitan entender “cómo” funcionan y de esta manera tener cierta capacidad de control sobre ellos o, al menos, de predicción.

Y esto también podemos hacerlo con el infinito.

La primera manera que se nos ocurre de saber que algo es infinito, es demostrar que no es finito. Lo hacemos por “reducción al absurdo” (de lo que ya hablamos aquí). Suponemos que es finito y llegamos a una conclusión falsa, luego la suposición debía ser incorrecta.

En nuestra infantil petición del último número, suponemos que lo hay… y en cuanto nos lo den, procederemos a sumarle una unidad para tener un número mayor. Por lo tanto… no hay un último número.

Y así, un chiquitín que no levanta un palmo del suelo acaba de demostrar la existencia del infinito.

Hace unos días Gaussianos me hizo recordar una tradicional demostración de la infinitud de los números primos. Y si os fijáis se parece mucho a lo que acabamos de hacer, remedando lo que pensabais en vuestra infancia.

Recordaréis que los números primos son aquellos que sólo se pueden dividir con resto cero entre sí mismos y el uno. Por ejemplo, 10 no es primo, porque se puede dividir de forma exacta entre dos y cinco. En cambio, 17 sí es primo.

Los números primos tienen una importancia vital en cómo codificamos nuestros mensajes secretos o privados en la actualidad, pero eso os lo cuento otro día. Hoy vamos a ver sólo que hay un porrón…

Si vamos pensando en qué números serán primos, de uno en uno… es sencillo

Sólo se consideran primos los números mayores que uno.

2

3

El cuatro, no, que es divisible por 2.

5

El seis tampoco, divisible entre 2 y 3

etc.

Para saber si un número dado es primo, voy dividiendo entre los primos anteriores

Por ejemplo, 19

19 entre dos… a 9 y sobra uno, no.

19 entre tres… a 6 y sobra uno, tampoco

19 entre cinco… a 3 y sobran cuatro, nope

Ya no hace falta seguir, cuando el resultado (3) es menor que el número por el que divides (5) puedes parar, porque sería como intentar dividirlo entre tres y eso ya lo hemos probado.

Por lo tanto el 19 es primo.

Cualquier otro número puede escribirse como el producto de números primos, por ejemplo

6 = 2·3

15 = 3·5

Los factores primos pueden aparecer varias veces

8 = 2·2·2

12= 2·2·3

Volvamos a nuestra búsqueda del infinito.

Como te digo, los números primos son infinitos… pero eso hay que demostrarlo.

Hagamos lo mismo que antes, imaginemos que el conjunto de los número primos es limitado, por ejemplo (2,3,5).

Ahora déjame que te pregunte por este número

N = (2·3·5) + 1 = 31

Dicho más sencillo, el producto de todos los primos que me has dado, más una unidad.

¿Sabes qué? ¡Es primo!

Comprobémoslo.

31 entre 2… a quince, sobra uno.

31 entre 3… a diez, también me sobra uno

31 entre 5… a seis, otra vez me sobra uno

Siempre me da como cociente el producto del resto de los primos (por los que no divido) y me sobra esa unidad que sumé. Así que he encontrado un primo más… por lo tanto, de la misma manera que antes, tu hipótesis de partida era falsa.

Lo hemos hecho con un conjunto pequeño de primos, pero puedes coger cualquier conjunto de primos, siempre que sea finito, y construir uno nuevo. Por lo tanto en este segundo encuentro con el infinito, después de tantos años, volvemos a salir victoriosos y podemos “manejarlo”, por inaprensible que parezca su concepto.

Aquí os dejo, a la orilla, os invito a que os adentréis en el infinito mar del infinito… en realidad de “los infinitos” (¡¡hay más de uno, y son infinitamente diferentes!!).

 


A %d blogueros les gusta esto: