Los jóvenes y sus coordenadas

9 mayo 2019

Bueno, empecemos mejor, diciendo: Algunos jóvenes y sus coordenadas.

¿Dónde andan nuestros chavales? ¿Por qué no nos entendemos?

Es difícil entenderse cuando se hablan distintos idiomas, cuando no se comparten intereses, o ni siquiera valores que quizá estemos dando por supuestos.

También es difícil entenderse cuando los adultos mantenemos un discurso de cara a la galería y unos principios (o la ausencia de ellos) en nuestro fuero interno o nuestro proceder.

La verdad es que me parece estupendo el cuestionamiento de valores, siempre que sea parte de un camino hacia “arriba” y no el comienzo de la ley de la jungla.

Por ejemplo, “hay que respetar a los mayores”. ¿Por qué? ¿Es que no hay que respetar a los que no sean tan mayores?

Me parece interesante el cuestionamiento, siempre que acabe en: Hay que respetar a todos. Hay que considerar que quien lleva más rato por aquí quizá se haya hecho una opinión interesante de escuchar sobre las cosas.

Si eliminamos la convención social incuestionable sobre el respeto a los mayores, para ir dándoles patadas en el culo por la calle, pues creo que poco hemos avanzado.

Aunque esto es una reflexión de hace tiempo, se me ha revivido con este artículo, cuya lectura os aconsejo porque muestra bastante de lo que estamos hablando.

Artículo de EL PAÍS.

El youtuber que humilló a un mendigo alega que era “en plan coña”

Divertido que incluya el omnipresente “en plan”.

Voy a incluir unos extractos:


“Vacila al fiscal (…) tutea a los abogados y lanza preguntas impertinentes”. Ausencia de respeto por las personas e instituciones.

“21 años”. No es una niñería… bueno, sí, pero no de un niño.

“todo era en plan de coña”. “Mi intención no era ofender. Vosotros vais muy a tope con la ley”. Ir muy a tope con la ley… ya veis.

“Dejé el instituto para dedicarme a este trabajo. Lo estaba haciendo bien. Y luego pasó esto. La prensa me ha jodido”. Putos periodistas.

“Ya pidió disculpas cuando el vídeo desató una amplia polémica, pero en el juicio ha admitido que lo hizo para contrarrestar las “críticas”.” Muy común esto de decir lo que queremos oír sin ningún tipo de cambio de actitud o aprendizaje. Es lo que tiene no tener que pagar las consecuencias de las acciones. Puedes decir que lo sientes mucho y seguir haciendo lo mismo. No nos suena de nada, ¿verdad?

“Le preguntan también por otros retos en los que ofrecía bocadillos rellenos de excrementos de gato a niños y ancianos. “¡Era en plan de broma! ” Sin comentarios.


¿Lo veis? ¿Lo notáis? Nula empatía, nula responsabilidad, “me han jodido”, a él (!).

¿Cuáles son los referentes, las coordenadas para este tipo? ¿Cómo puedo hablar con él?

¿Hablamos de la dignidad de las personas? ¿Del respeto al débil? Lo vende sin tapujos por unos likes y el dinero que le reportan. Por supuesto dejó los estudios por el dinero que le da hacer bromas. ¿Hablamos entonces del placer de saber, de conocer, de aprender, de crecer como persona? ¿Hablamos de la ley, de lo común, de lo pactado, de la vida en sociedad?

Pues así, queridos, es el pensamiento de muchos jóvenes y de muchos adultos, y por eso es necesario un sistema que ponga límites a quien no desee tenerlos. La otra opción es un rifle para defender mi rancho, pero creo que ya pasamos esa etapa, al menos por aquí.

Insisto, jóvenes y adultos. Mirad, ¿cómo podemos decirle a los chavales que hacen un mal uso de las redes sociales, que exponen indebidamente su privacidad, cuando es exactamente lo que hacemos los adultos todos los putos días de la semana, poniendo fotos de lo que comemos, de nuestros pies “aquí sufriendo” en la playa, del recorrido y el tiempo que hemos hecho corriendo, (perdón, haciendo running), o de nuestros musculitos incipientes después de una semana de gimnasio?

Es complejo, pero no es cierto que no haya maneras.

Una es el sistema social de garantía de derechos que hemos pactado, lo que incluye, la compensación a las víctimas y la responsabilidad de quien lo incumple. Por eso, es más que posible que el youtuber de marras se lleve una buena condena y una buena multa. Sólo queda desear que, como hacemos con la educación, la justicia sea rápida y proporcional, de forma que resulte “educativa” para aquellos que sólo asumen comportamientos basándose en una evaluación coste/beneficio. Bien, pues humillar al débil como lo ha hecho esta persona debe tener asociado un precio que le haga a él, y a otros, replanteárselo.

Repito, la otra opción, es la ley de la jungla… y ojo, la mayoría de nosotros no somos leones.

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Demostraciones (?) gráficas

1 mayo 2019

La verdad es que es costoso “ver” los asuntos numéricos, por eso nos ayudamos de gráficas, diagramas, animaciones y mil cosas más. Fantásticas ayudas, que con apoyo de la tecnología son multitud.

El problema viene cuando esas supuestas demostraciones, a veces sólo ilustran, y a veces inducen a error.

Miremos este gif

Fuente: Wikipedia

Fácil, ¿verdad?

Hemos transformado el círculo en un rectángulo de la misma superficie, y como el área del rectángulo es base x altura, pues, listo: “pi, erre cuadrado”.

Pero, eso NO es un rectángulo, los sectores están curvados…

Ya, pero en el límite…

En el límite, puede que sí y puede que no. Esto NO es una prueba. Todos quedan contentos, el profesor y el estudiante, pero no está bien.

Veamos ahora este gif.

Fuente: Giphy

Es un conocido efecto óptico. Al parecer podemos comernos una onza, sin que se pierda nada de chocolate. Por supuesto, eso es imposible. Si lo hacéis con cartón o tarjetas de verdad, también lo parece, pero si calculáis la superficie final del chocolate, veréis que algo se ha perdido. Aquí tenéis una explicación más detallada.

La cuestión es que algunas “demostraciones” son más una ilustración que una prueba, y en ocasiones, sólo para casos concretos.

Recordemos de nuevo a nuestro amigo pi. La diferencia entre el valor exacto de pi y suponer que vale exactamente tres, produce un error próximo al cinco por ciento… nada más.

Hace poco he visto a unos profesores que se alegraban de que un estudiante había entendido que los ángulos de un triángulo sumaban 180º porque había recortado un dibujo de esas tres “pequeñas cuñas” con las que simbolizamos los ángulos, las había puesto juntas y, efectivamente, parece que suman 180º.

Todo el mundo parecía feliz, otros profes que comentaban el tuit… pero yo no, y no es que sea un tiquismiquis, es que eso no prueba nada. Ni por generalidad, ni por precisión. Y, en este caso, puede probarse de veras, de una forma que no es tan compleja, a mi entender.

Imaginemos que recorremos ese triángulo andando, comenzando en un vértice y terminando en el mismo vértice mirando en la misma dirección en la que empezamos.

¿Cuántas veces hemos girado?

Tres: Empezamos a andar, giramos en el segundo vértice, seguimos andando, giramos en el tercer vértice, seguimos andando, llegamos al vértice inicial y hacemos un giro para acabar en la misma orientación que teníamos al empezar.

¿Cuántos grados hemos girado en total?

Pues si hemos acabado como estábamos… una vuelta completa: 360º

Así que la suma de los tres ángulos girados es 360º, pero esos ángulos que giramos no son los de “dentro” del triángulo, sino los de fuera.

¿Qué relación hay entre los ángulos exteriores que giramos y los interiores del triángulo?

Mirad: Imagina que empezamos en el vértice de abajo a la izquierda y estamos mirando a la derecha. Empezamos a andar todo el lado horizontal y cuando llegamos al vértice derecho tenemos que girar el ángulo en verde para poder enfilar el siguiente lado.

Fuente: Wikipedia

Por lo tanto es claro que el ángulo exterior que recorremos es 180º menos el ángulo interior.

Así que si llamamos:

A, B, C a los ángulos exteriores

a, b, c a los interiores

Podemos decir que

A = 180-a     B = 180-b     C= 180-c

¡Ya estamos preparados para la demostración!

Dijimos que la suma de los ángulos exteriores es 360º

A + B + C = 360

Sustituyendo por los ángulos interiores

180-a + 180-b + 180-c = 360

Agrupamos las letras a un lado y operamos los números…

a + b + c = 180    DEMOSTRADO.

Esto SÍ demuestra, utiliza apoyos gráficos (como darse cuenta de que al recorrer un polígono hemos de girar 360º, y ver que el ángulo interior y el exterior suman 180º), e incluso podemos hacerlo caminando y todo (a mí me toca cuando enseño programación) pero también hacemos “las cuentas” y no sacamos conclusiones “a la vista”.

De hecho, este procedimiento general supongo que a alguno le estará sugiriendo que también podríamos encontrar cuánto tienen que sumar los ángulos de cualquier polígono, en ciertas condiciones, ¿a que sí?

Intentemos ser claros, divertidos… y precisos. Si no, “entretenemos”, pero, ¿enseñamos?


En este mundo de blancos y negros… somos todos negros

15 abril 2019

Fuente: Wikipedia

Vivir mancha. Punto.

Es imposible moverse en un estado de pureza prístina sin participar en la tupida red de abuso, explotación, desigualdad que constituye el mundo. Imposible… totalmente.

Así que somos todos negros, todos nos manchamos, unos más, otros menos. Punto.

No pasa nada por decirlo, no pasa nada por reconocerlo.

No es necesario que justifiques que todo lo que haces está bien y es lo más correcto que podría hacerse. No, mentira. ¿Ese ultimo trocito de pastel también es un acto ético, madurado, justificable… o lo haces porque te sale de tus gónadas?

Pues ya está bien, que da mucha pereza oír cómo justificáis vuestros comportamientos con consecuencias éticas como perfectos, que no, hombre.

Tenéis un plus si además se los justificáis a las víctimas de ellos. Sí, a las víctimas. ¿Por qué pensabas que tu comportamiento no era ético? ¿Porque es “feo”? Tu comportamiento no es ético porque daña a otros.

El mero acto de comprar ropa suele ser el final de una cadena en la que hay varios puntos de abuso y explotación, comportamientos que sólo se validan si finalmente hay alguien que compra.

Insisto en que es imposible no mancharse. Y fíjate que tendría una oportunidad estupenda de deciros que vosotros sí y yo no. Soy funcionario, profesor de adolescentes y divulgador científico. Podría pretender que es posible tener una actividad “limpia”, “sin ánimo de lucro”, bla, bla… pero sería un puto guay si diera a entender eso. Pero vaya, que cualquier acto cotidiano tiene implicaciones éticas, o incluso cualquier omisión: ¿has donado médula, te has apuntado para donar los órganos o donas sangre (por decir solo tres cosas que cuestan bien poco)? En España, dentro de nada toca votar. ¿Hay una opción que no lleve aparejados serios problemas éticos, incluida la de no votar?

Sé que hay mil guerras y que no tenemos el poder ni las fuerzas de luchar todas, pero sí que tenemos una responsabilidad personal ineludible, que habrá que matizar con la presión socioecónomica a la que estemos sometidos y que, efectivamente, podrían justificar algunas acciones, pero esto no pasa con la mayoría de las cosas que haces, ni en el caso de la mayoría de la gente. Un ejemplo de mi profesión, entras a una clase y te piden seis ir al baño. No sé si hay un urgencia de alguno, pero estoy seguro que los seis, no, al igual que estoy seguro que de los diez conductores que te han hecho “pirulas” hoy, la gran mayoría no tenía una urgencia especial. Lamentablemente, preferimos una pequeña comodidad, antes que el daño de otro.

Es necesario, si no queremos volvernos unos idiotas, que analicemos la responsabilidad de nuestros actos y que asumamos las consecuencias, las incoherencias, la falta de ética de algunas cosas, mientras también podemos ir mejorando nuestro proceder, ¿o sois de esos que dicen que son “así”?

Por lo tanto, todo el mundo tiene su parte de responsabilidad en las cosas que participa, lo que incluye a todo el puto planeta, aunque es importantísimo también definir si es más o menos… pero no me digas que es cero porque sea pequeña (que luego me enfado y escribo posts). Nunca os han dicho esa frase: “Entre todos lo mataron pero el solito se murió”, o el famoso “episodio de las lentejas” de la obra de teatro “Las bicicletas son para el verano”.

Ya sabéis que no hace falta ser santos, héroes o mártires, a veces basta con que no andemos dando demasiado por saco a los demás.


¿Cómo “de imposible” es eso que dices?

14 abril 2019

Fuente: Wikipedia

Una de los problemas más sencillos y con los que nos gusta atormentar a nuestras inteligencias artificiales, para enseñarlas (no para matar la creatividad, para eso tenemos a los alumnos), es el problema de clasificación.

Se trata de adscribir elementos a una de dos categorías que son excluyentes, por ejemplo: resultar moroso o pagar un crédito, aprobar o suspender una materia, etc.

Es de los problemas más sencillos que se pueden plantear, basta con una salida entre cero y uno, entendiendo que cuanto más cerca del cero mayor probabilidad de ser de una categoría y viceversa.

Ya está en uso, por ejemplo para el tema de los créditos, y así estima la IA si merece la pena prestarte dinero o es un riesgo alto… con todos los problemas que tiene esto, pero hoy iremos por otro lado.

Hoy, la cosa va de imposibles. En realidad es un problema de clasificación, el “uno” sería la seguridad de que algo va a ocurrir y el “cero” la imposibilidad metafísica de que ocurriera.

Supongo que ya veis por donde voy… los matices… ñiñiñiñiñi

Convengo en que desglosar todo hasta la última partícula hace inviable la resolución de cualquier asunto, igual que si empezamos a considerar que todo es “lo mismo”. Esto último se usa incluso como estrategia para manipular. Por ejemplo, si ponemos en la misma “categoría” cosas de muy distinta intensidad, acabamos minusvalorando lo verdaderamente grave. No podemos usar el mismo término para un tetrapléjico gran dependiente que para ti si te has dado en el dedo meñique del pie con la pata de la cama. Si cualquier cosa es discapacidad, nada lo será verdaderamente.

El otro día, un poco enfadado, ponía en Twitter, para los “absolutistas”, que al final todo son campos y no hay nada más que hablar de la realidad. Bueno, puse un ejemplo con mi culo, que no sé si lo aclaraba más… los curiosos, que busquen.

El lenguaje es una herramienta para comunicarnos (al menos para los que lo usamos para el bien), así que se trata de buscar el detalle necesario, sin volvernos locos. Para mí, imposible es una palabra demasiado grande y que nos lleva a acciones muy diferentes. Y ya dijimos que la pregunta que te espeta la vida es: ¿Qué vas a hacer?

Creo que, como mínimo, deberíamos distinguir estos “imposibles”

  1. Metafísicamente imposible… o sólo apto para hacedores de milagros
  2. Extremadamente costoso en recursos personales
  3. Necesitado de consenso y coste de otras personas con difícil acuerdo
  4. Extremadamente trabajoso de llevar a cabo
  5. Tremendamente impopular y con una posible reacción adversa fuerte

Las acciones a tomar en las distintas categorías no tienen nada que ver.

En la primera, por ejemplo, nos toca tragar y seguir camino.

La segunda requiere de una evaluación personal de costes y beneficios, en la que te puede “apetecer” (o no) apostar por algo.

En la tres puedes llegar rápido a desistir mientras musitas “Que os den por culo”.

En fin, muchas acciones posibles, dependiendo de “cuán imposible es ese imposible del que usted me habla”, no ya en una escala continua entre cero y uno de probabilidad, sino en el tipo de obstáculos con los que se encuentra.

Pensando en esto recordaba a mi profesor de la parte teórica del permiso de conducir. Un día nos dijo: Si al cambiar de dirección te encuentras con un peatón que está cruzando indebidamente la calle, el peatón tiene preferencia. Los alumnos, sorprendidos, nos quejamos, porque la preferencia la teníamos nosotros. Su respuesta: ¿Y qué vas a hacer? ¿Le atropellas? Encogimiento de hombros general, asentimos y pasamos al siguiente punto.

¿Por qué os cuento esta historia? Pues porque me recuerda mucho a la “imposibilidad” de pagar pensiones dignas. Para mí no entra en la primera categoría, sino todo lo contrario, en algo que no voy a dejar de hacer. ¿Qué opción tenemos? ¿Dejarlos morir de hambre? Así que esto es uno de esos “imposibles”, que hay que hacerlos posibles buscando el camino necesario.

Así que, queridos míos, cuando alguien os hable de que algo es “imposible” que os diga de qué obstáculos os está hablando, que ya somos todos un poco viejos y hemos visto muchas cosas “imposibles” suceder, muchas que hubieran provocado revoluciones, ser aceptadas sin rechistar y otras cosas que no creeríais.


Inteligencia artificial, creatividad y miedo

9 abril 2019

Fuente: Wikipedia

La inteligencia artificial provoca muchos miedos infundados mientras, curiosamente, se dejan de tomar precauciones para situaciones peligrosas más que predecibles.

Hay personas, algunas científicos reputados, que advierten de que si/cuando las máquinas tomen autoconciencia y capacidad de autorreplicación pasarán a eliminarnos porque somos un competidor en recursos que no les aportará nada que les interese.

Otros creen que nuestros propios algoritmos (mal programados) podrían llevar a hacerles pensar que acabar con nosotros es la mejor opción. Por ejemplo: Si el objetivo a conseguir de nuestro algoritmo es reducir el gasto sanitario sin más consideraciones, podría empezar a valorar matar enfermos.

En muchos artículos ya se nos cuenta que hoy, ahora, en estos momentos, los algoritmos de decisión resultan sesgados por los datos con los que se les entrena y que eso a veces nos pasa desapercibido. De esto habla mucho @HelenaMatute

También tenemos en el horizonte los vehículos autónomos, su fiabilidad, su capacidad de decidir en situaciones complicadas. Por ejemplo: un peatón entra en la calzada y dar un volantazo salvará su vida, pero comprometerá la del conductor. ¿Qué debe hacer?

Pero yo quería hablaros de otro miedo, menos tangible, que tiene que ver con que el desarrollo de la inteligencia artificial nos plantea preguntas inquietantes sobre qué es lo que somos.

Para empezar, digamos que no tenemos una definición concreta y detallada  de la IA, y no os creáis que es por la “A”… es por la “I”. El problema es que tampoco tenemos una teoría satisfactoria sobre la mente, qué es la inteligencia o qué es ser inteligente.

Se suele asumir como “prueba de IA” lo que se conoce como el Test de Turing, que podría resumirse en que si te estás escribiendo mensajes con “algo” y es capaz de hacerse pasar por una persona, siendo una máquina, sin que puedas detectarlo, diremos que es una inteligencia artificial.

Como ves, un “desastre” de definición: subjetiva, poco detallada…

Nuestras tradicionales definiciones de inteligencia solían tener que ver con diferenciarnos del “resto de animales” y ponernos en una situación superior: autoconsciencia, uso de herramientas, cultura… pero, la verdad es que se han ido encontrando animales cuyo comportamiento difería más en grado que en algo cualitativamente diferente de nosotros, respecto de estas categorías.

Hoy creo, y ese el miedo del que os quería hablar, que nos preocupa sentirnos inferiores a las máquinas.

– Oye, que hay un bicho que corre más rápido que tú.

– Ya, pero correr rápido no es lo que me hace humano.

Y así con muchas características en animales y máquinas: la capacidad sensorial, la fuerza, la resistencia, la capacidad manipulativa, la rapidez de cálculo, juegos como el ajedrez o el Go…

Uno de los últimos bastiones de la “humanidad superior” es la creatividad, y a mí se me junta con mis cosas de profes… ya sabéis que los profesores nos dedicamos a matarla. (Me niego a enlazar al listillo que dice esto, pero es la charla TED más vista… grrrr).

Primer problema… el de siempre, ¿qué es la creatividad? ¿Qué es hacer algo nuevo? ¿Es posible la novedad? ¿Es sólo un remix? ¿Quién “valida” esa novedad? ¿Con qué criterio?

Preguntas no resueltas para humanos, así que imagina cómo conseguir saber si una máquina ha sido creativa en alguna tarea.

En educación se invoca constantemente la creatividad, sobre todo desde fuera del aula, porque desde dentro del aula sabemos bien que no puede crearse sin tener “elementos” para crear, sin tener conocimientos concretos sobre las técnicas, los objetos y procedimientos del campo en el que quiere uno ser creativo.

Es el problema de las cosas abstractas, se aprenden a través de lo concreto y se expresan a través de lo concreto. Por eso también es tan difícil medir la inteligencia, porque resulta inseparable, en la práctica, del lenguaje, de las matemáticas, de conceptos de otras disciplinas. Estudiando esas cosas desarrollamos la inteligencia y preguntándolas la evaluamos. Para algunos que sólo escuchen a gurús educativos supongo que esto será un descubrimiento.

Por lo tanto, cuando me pregunto si la música que compone una IA ha sido un acto creativo, debería ser capaz de responder primero si la música que compone un humano lo es.

Si pienso que una IA sólo reconoce patrones, extrae “leyes” de su experiencia, y las recombina y que eso no es crear, debería ser capaz de explicar si mi proceso creativo de entrenamiento de mi red neuronal de mi encéfalo y mi desempeño no puede explicarse de una manera similar.

En un artículo que leí recientemente apelaba a algún músico revolucionario de principios del siglo XX y fundamentaba su defensa de la creatividad humana en que cambió la estructura y la forma de pensar la música, que no se limitaba a escribir una “partitura más”. Si aceptáramos eso, aunque triste defensa me parece, date cuenta de que no marca como superior la creatividad de todos, sino sólo la de grandes genios reformadores. Fíjate también que deja en el saco de los “remezcladores”, además de a ti y a mí, a exponentes relevantes que se desenvolvieron dentro de movimientos artísticos ya iniciados. Me hizo recordar que en la película “Yo, robot”, un personaje interpretado por Will Smith le decía a un robot que él era sólo “relojería” que no podía escribir una sinfonía, y el robot le contestó: ¿puedes tú?

Al leer el artículo no podía dejar de acordarme de aquel programa que jugaba al Go, y que en lugar de aprender de partidas humanas, jugaba con versiones anteriores de sí mismo (AlphaGo Zero) de forma que “dedujo”, sólo a partir de las reglas del juego, estrategias ganadoras. Un comentario muy curioso de los jugadores de Go es que jugaba de una forma “diferente”, ejem, ejem… otro mito que se nos cae. Si este programa pudiera enseñarnos ahora a nosotros, lo haría con un estilo diferente, nuevo, rompedor. Entonces, ¿ha sido creativo?

Quizá deberíamos asumir nuestra limitada condición mental, emocional, artística y vivir tranquilos con eso. Todos sabemos que no tenemos el genio de Mozart, y que eso no nos hace menos humanos ni menos personas. Ya hemos asumido que no hacemos cálculos con la fiabilidad o la rapidez de un ordenador, ¿somos menos por eso? ¿Tenemos que ser más en algo para considerarnos “valiosos?

Hay que tener mucho ojo con esto, porque a veces se infiltra en nuestras creencias sin que nos demos cuenta y, efectivamente, estemos “midiendo” el valor de las personas por lo que son capaces de hacer, haciendo “rankings” y, disculpadme, pero me da casi tanto asco hacer una lista de gente por sueldo que por cociente intelectual. No olvidemos que no tenemos mayor título que ser humano y que esto es lo único y necesario para hacernos acreedores de respeto.

Siguiendo con la creatividad, si entendemos que dar pinceladas al azar no es un acto creativo porque tenemos un sistema de “validación” que tiene que ver con conceptos como “belleza”, “provocar una emoción”, etc., recordad momentos en los que habéis visto tocar con emoción cosas escritas sin ella, o viceversa, y a algunos os ha provocado emoción y a otros no. Es perfectamente posible emocionarse con una composición artificial que ejecute un humano o una composición humana ejecutada por una máquina. Mucho ojo aquí también que es muy fácil empezar a asumir una forma de dualismo “alma”/cuerpo, que es una postura filosófica respetable, pero entonces asúmase también que ya no se habla desde la perspectiva científica del asunto, que es eminentemente materialista y en la que “la mente” es la consecuencia de la fisiología.

Es muy probable que nos veamos de nuevo “descentralizados” de la creación como en tantas revoluciones científicas (copernicana, darwiniana, etc.) y no pasará nada, porque quizá nos estamos equivocando y, como en tantas cosas en la vida, no se trata tanto de ser “el mejor de tu portal” como de la experiencia que vives y de cómo la vives. Qué sientes TÚ al cantar esa canción, cómo aprendes TÚ a dibujar, cómo es tu viaje…

Somos habitantes de La zona intermedia cuyos logros quizá no sean reseñables en los libros de Historia del Universo, pero cuyas aventuras fueron apasionantes. Así que, tranquilos: Vivan, disfruten, quiéranse, permiten que les quieran… y dejen que ganen otros.


¿Decís lo que queréis decir?

19 marzo 2019

¿Qué diferencia hay entre “Vaya día de mierda en el trabajo” y “Mi trabajo es insoportable y quiero cambiar”?

¿Qué diferencia hay entre “Mis hijos hoy están inaguantables” y “Quiero renunciar a la custodia de mis hijos”?

¿Qué diferencia hay entre “Me encanta la programación” y “Todos los estudiantes deberían aprender programación”?

¿Qué diferencia hay entre “Mi situación vital me resulta durísima” y “No hay nadie con una pena como la mía”?

¿Qué diferencia hay entre “Qué bien vivís los solteros” y “Me quiero divorciar”?

¿Qué diferencia hay entre “Esto TIENE que estar para mañana?” y “Sería ventajoso que esto estuviera para mañana”?

Pues lo mismo de siempre… confundir lo particular, lo privado con lo universal.

El lenguaje está para entendernos y ya he contado más de una vez que he elegido ser claro con mi expresión y no “interpretar” a la gente. Digo lo que quiero decir y escucho lo que se dice. Esto me ahorra mucha manipulación que se hace con lo sugerido, y mucho malentendido.

No es difícil elegir entre las expresiones de arriba. Por supuesto que todo el mundo tiene derecho a tener un día de estar hasta la gónadas y cargarse en los dioses propios y ajenos, pero tengamos cuidado, porque en estos subidones de universalidad, a veces proponemos iniciativas que pueden tomarse en serio, tomamos decisiones (personales o laborales, para nosotros o para otros) que tienen consecuencias o hacemos entender a los amigos que tu situación vital es de cierta manera y les preocupamos, o les hacemos perder el tiempo en intentar ayudarnos en algo que era un simple “Joder, estoy hasta las pelotas, me tomo una Fanta contigo y se me pasa”.

Me resulta curioso ver qué intensos se ponen algunos con la ortografía, particularmente con reglas que cambian de un día para otro por el puro acuerdo de un puñado de personas, y lo poco que importa expresarse universalmente cuando no toca, lo que sí retuerce el lenguaje y dificulta la comunicación, lo que era su objetivo primario.

También es curioso escuchar a la gente quejarse de que no se le haga caso, cuando frecuentemente usan palabras que dicen lo que después resulta que no querían decir.

No es tan difícil elegir los términos. No es tan difícil evitar palabras como siempre, nunca, todo, nada… universales, vaya.

Hay mucha diferencia entre “Nunca me haces caso” y “Algunas veces no me haces caso”. Es tan evidente que lo primero es falso como que lo segundo es casi imposible que no sea cierto.

Por esto, uno de los protocolos que os proponía en La Cordura de Saberse Loco es ser literal y subrayar lo que decís con vuestros actos.

Todos sabemos lo en serio que nos tomamos a la gente que sabemos que no habla por hablar. ¿No quieres ser uno de ellos?


El respeto ni se pide ni se gana, se exige.

15 marzo 2019

Lo primero sería precisar de qué hablamos, porque algunos definen respeto como admiración, otros cortesía (digamos un mayor miramiento que el que la educación básica pide), otros “auctoritas” (esa autoridad que te conceden por admiración o méritos y que lleva a que te sigan u obedezcan por voluntad y no por acatamiento), y así, variantes hasta el infinito.

Podría ser que mucha discrepancia venga de que no hemos acordado qué significa el término para nosotros.

Para mí tiene dos aspectos básicos y de esto es de lo que voy a hablar aquí:

Uno es la consideración a la condición de persona de cualquiera, lo que incluiría los derechos básicos, la integridad física, el honor, la intimidad, etc. Algunos prefieren llamarlo educación o civismo.

Otro tiene que ver con la situación en la que se está o la labor que se  desempeña. Por ejemplo, un moderador te da o quita el turno de palabra y eso debe respetarse en el ámbito de un debate.

Es frecuente oír decir que “El respeto hay que ganárselo” o que “Si respetas, te respetan”. Son dos frases que me activan diez mil alarmas.

Los derechos no se ganan, son derechos. Punto.

En este caso, que hablamos de puros derechos humanos, soy acreedor a ellos por mi propia condición de persona. No hay nada que ganarse, que pactar, de lo que deba convencer a nadie o que esté en la voluntad o capricho de nadie concederme. También me preocupan aquellos que respetan o piden respeto por “cosas” como la edad, los estudios, la posición social… ¿qué hacemos entonces con los que carecen de esos “atributos”? ¿No les respetamos?

Hablando como profesor, supongo que habréis oído más de una vez la enorme cantidad de tiempo que se pierde en las clases intentando poner orden. Si no sois profesores, quizá no sepáis cuánto trabajo y cuánto tiempo se invierte en encontrar maneras, estrategias, “inventos” (alarmas, semáforos, gráficos…) para conseguirlo. Creo que hemos perdido el norte.

¿Estamos diciendo entonces que cosas como el cuidado del entorno, que callen cuando el profesor u otro alumno está hablando, que no agredan verbal o físicamente… deben ser “ganadas”? ¿Que si al muchacho no le “gusta” la materia o tu forma de explicar, puede elegir incumplir algunas de esas facetas del respeto a las personas?

Pues mira, no.

Sería maravilloso que la gente fuera respetuosa de por sí, pero ya sabéis que unos lo son y otros no, que hay quien depende cómo le pille el día o le venga el aire, y ahí está el problema, ¿cómo debemos actuar con quien no nos respeta, con quien le explicas y le explicas que somos personas, que estamos en cierto entorno, y no le “convences”?

Porque hay chavales que son así. Y no es sólo por la edad, no os engañéis, los adultos también somos así, también está el que no entiende (o no quiere entender) qué hay cosas que son de otro, que hay cosas que son de todos… y no es porque no se le haya explicado, o porque tendría que ser evidente. No todos somos tan buenos como tú (te crees que) eres.

Me parece que venir de un mundo educativo mucho más autoritario, en el peor sentido, nos ha llevado al otro extremo del péndulo con malas consecuencias tanto para el trabajador como para los estudiantes (y los padres).

Y digo trabajador con toda la intención, porque fijaos: ¿Qué diríais si en vuestro trabajo se os insultase/agrediese dependiendo de la voluntad de vuestro jefe o compañeros? ¿No diríamos que es acoso laboral? ¿No hay leyes contra eso? ¿Es obligación contractual de los profesores tener que soportar esto? Podríamos decir lo mismo del personal sanitario… con el agravante de que ahí son adultos, mayormente.

En el entorno educativo se añade además que el profesor es la autoridad que debe garantizar el derecho a la educación (y el resto de derechos) de los menores que allí se hallan. Así que no sólo no tiene que asumir la falta de respeto, sino que está ahí para garantizar que no se produzca.

Por supuesto que deben explicarse y razonarse las normas… Y después, por supuesto también, deben hacerse cumplir. Cuando te cuesta media hora diaria explicar la misma norma, es que te están tomando el pelo. Cualquiera que trate con público general, con chavales… o que se mire al espejo… o se acuerde de cuando era niño, lo sabe.

Una derivada de eso de “ganarse el respeto” que no suele contemplarse es lo que estamos diciendo de aquellos que no son respetados, de los que reciben abusos puntuales o sostenidos. Les estamos culpando de lo que sufren. Precioso. Así que, el chaval al que roban el bocadillo, que insultan, que pegan… debe ganarse el respeto. Muy bien. Y el profesor, también. Si le insultan, que se esfuerce, que se lo gane, ¿verdad que sí? Es algo muy miserable, que espero se medite mejor cuando se dicen esas cosas.

Es respeto es un requisito para la interacción humana civilizada, no un objetivo, ni un deseo… ni un, “si os apetece”.

Curiosamente, estas cosas que se les “permite” a los muchachos, este elegir si respetan o no a los profesores y los centros de enseñanza… se acaban de manera abrupta a la mayoría de edad, cuando se les lanza sin miramientos a un mundo lleno de obligaciones, límites, frustraciones, porcojonismos… Un lugar donde tienes que llegar a la hora al trabajo o a la ventanilla, un lugar donde eso que le decías al profesor, si se lo dices al jefe te despide, si al policía te multa, si al juez… igual te vas a la cárcel. Un lugar donde el uso o la amenaza del uso de la fuerza te “explica” que debes acatar las normas. No es extraño que así tengamos a muchos chavales aterrizando en el mundo con un despiste considerable y llevándose unas cuantas tortas según salen al MundoReal.

Profesores, enseñemos lo que son los derechos y hagámoslos respetar, esa es una parte importante de enseñarlos. Es nuestro puto trabajo, somos los garantes de los derechos de esos menores. Respecto de nosotros, somos trabajadores, con nuestros derechos laborales (¡y humanos!). Cuando el entorno sea hostil, toca reivindicarlos y exigirlos, con los medios legales a nuestro servicio. No es tu culpa, no “va con el trabajo”. Hay entornos amables y entornos que no lo son, y cuando toca ponerse en tu sitio, hay que hacerlo. Es una incomodidad y una injusticia, pero así es la vida. Crezcamos.

Creo que hay que hacer hincapié también en esa terrible frase de “Si respetas, te respetan”.

Joder, ¿cómo puede decirse eso? Cualquiera que lleve diez minutos en este puto planeta sabe que esto no es necesariamente así. ¿Ha sido así en la vida de alguien?

Esto es el típico sesgo de la ilusión de control. A nuestro cerebro le encanta pensar que está en nuestra mano controlar los acontecimientos haciendo o dejando de hacer ciertas cosas. Es como aquello de “Si te esfuerzas, lo conseguirás” y todas esas mierdas que obvian la multitud de causas que influyen en cualquier fenómeno, que son generadas por otras personas, condiciones actuales (o previas) o el propio azar y que pueden ser completamente determinantes en el resultado.

No señores, puede que yo respete mucho a todo el mundo y que cualquiera me falte el respeto, pasa todos los putos días en todos los putos lugares. Vaya, te ha pasado a ti innumerables veces. Recuerda las mil veces que te han tratado mal sin que hubiera provocación alguna por tu parte… y si quieres hacer un ejercicio de humildad, piensa en las veces en que tú has tratado mal a otros sin provocación o justificación alguna.

Así que no, profesor, tu obligación es enseñar tu materia y civismo. Si todos los días debes invertir la mitad de la clase en convencerles de que te concedan el respeto al que tú y los otros sois acreedores por vuestra propia condición de persona, lamento decirte que te están tomando el pelo y lo que hacen es conseguir que se pierda la clase y tú habrás fracasado en tu deber de garantizar el derecho a la educación de esos menores.

P.S.: Me veo pisando charcos más de una vez que no son “míos”, quiero decir, que no son cosas a las que esté expuesto personalmente, por ejemplo, si hablo del paro juvenil, yo que soy funcionario y no tan juvenil. Pero es que sí son míos, porque son de todos.

En este caso en particular, habrá quien piense que soy un profesor que no se “sabe imponer”, al que los chavales no respetan porque “no tiene ni idea” y no le conceden la auctoritas aquella, o que me odian, que soy de “la vieja escuela”… en fin, cualquier cosa salvo leerse la argumentación e intentar entenderla. Desde luego no voy a discutir con trolls, pero sería divertido apostar, en lugar de discutir, y que se viniesen un día conmigo para ver que, en realidad, estoy más cerca del otro extremo en todas esas cosas.

¿Debería, entonces, callarme y dejar que cada uno hable de sus problemas? ¿Culparles de la hostilidad que sufren? Este Panadero vuestro, no.

Insisto, es mío también porque es de todos. Eso es ser un ciudadano en mi opinión.


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