La belleza del sabio

30 septiembre 2021

La belleza física (según los cánones que queráis) está a la vista y bien puede ser objeto de anhelo por parte de cualquiera: Los ojos de tal, la nariz de cual, las piernas de este, los brazos de aquel o la melenaza del de más allá.

De este forma, nos reconocemos incompletos/imperfectos, o mejor dicho, «mejorables/perfectibles» según el criterio que cada uno elija (o que la publicidad te haya marcado sin darte cuenta, pero eso es otra movida).

Así que, seguiré dietas, haré ejercicios o incluso visitaré el quirófano, para poder acercarme a este estado que me parece deseable. No entraré ahora en todos los problemas que acarrea esto porque voy a otra cosa. Si les apetece seguirme…

Me pregunto, ¿quién percibe la «belleza» del sabio, para poder anhelarla?

El otro día me preguntaban los alumnos aquello de «para qué sirve esto». Les di cuatro opciones, no excluyentes, para su gobierno.

  1. Ejercicio mental
  2. Formación de cara a un empleo deseado
  3. Formación para aumentar su empleabilidad general
  4. Crecimiento personal

En este caso estoy más enfocado a la cuatro y un poco a la uno, que por sí mismas deberían justificar la necesidad de instrucción.

Cuando integramos conocimiento nuestra visión se hace más rica y más profunda. Cuando un biólogo y yo vamos a un bosque, mi percepción no es igual a la suya.

«¿Qué ven tus ojos de biólogo, de experto en pintura, de físico, de matemático, de músico?»

Es algo que podríamos preguntar y que a veces preguntamos, para luego maravillarnos de la riqueza de matices que tiene la realidad y que no percibíamos.

Pero todos decimos: He estado en esa ciudad, he visto ese cuadro, he pensado sobre ese asunto… pareciendo que se olvida lo limitada de nuestra experiencia, frente a la riqueza de la del experto.

La misma capacidad de pensar varía mucho pero nadie reconocerá que piensa «regular», como sí podemos ver claramente que vamos vestidos regular o que nuestra forma física es deficiente.

Si habéis vivido la experiencia de estrenar gafas después de un tiempo sin ellas, o por primera vez, recordaréis la sorpresa: Ah, ¿vosotros veis así de bien?

El conocimiento y afinar tu «máquina de pensar» te posibilita una vida más rica, más humana en el mejor sentido, en lugar de consistir en tiempos muertos entre comer, dormir y cagar.

Pero si nunca se ha experimentado, si nunca has tenido un destello de lo que puede ser recorrer el mundo con quien ve, al menos alguna faceta, con esa riqueza, no sólo te la pierdes, es que ni te imaginas que existe. Y ya sabemos que está muy bien engullir comida, cantar a gritos o follar como conejos, pero en otras ocasiones nos apetece degustar algo sabroso, deleitarnos con los matices de música más compleja o hacer el amor. Porque saber más no empequeñece tus horizontes o los sustituye, sino que profundiza y amplía tus posibilidades de disfrutar de la experiencia humana.

Y esa es la grandeza de la sabiduría que florece del conocimiento, y esa es la belleza de la experiencia del sabio que parece no estar a la vista y, por lo tanto, queda lejos del anhelo del resto o incluso se ignora o niega su existencia.

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¿Información parcial => Resultado aproximado?

27 junio 2019

Fuente: Wikipedia

Me encuentro con esta afirmación en discusiones de manera implícita o explícita… y es más falsa que las promesas educativas de la administración.

El problema de la información limitada, incluso aunque sea cierta, es que puede dejarse factores fundamentales que den la vuelta completamente a nuestras conclusiones.

Permitidme este ejemplo tan sencillo.

Tengo una multiplicación de dos números, uno es menos dos (-2) y el otro, bueno, del otro sólo conozco el valor absoluto, el cual sé que es cuatro, pero desconozco el signo.

Fíjate, conocemos de qué operación se trata, sabemos uno de los factores completo y, del otro factor, sólo desconocemos el signo. ¿Podemos entonces dar un valor aproximado de la operación? La respuesta es no, puede ser 8 o -8, bastante lejos uno del otro, uno positivo y otro negativo… no tenemos ni idea del resultado, no sabemos si tenemos superavit o déficit, no sabemos si nuestra nota es un notable o nos han restado tantos puntos en un test que ni llegamos al cero.

Lo sé, queridos lectores, tenemos que decidir, tenemos que pensar con lo que sabemos, no nos queda otra… ni siquiera es un acto inmoral, es el único acto posible. Lo que sí se nos puede pedir es relajar el dogmatismo de nuestras conclusiones provisionales, pero no que las tengamos. Os lo contaba en Te juzgo, sí, ¿qué pasa? y en Te jodes y decides.

Cuando pensemos sobre algo, no podemos dejar de valorar que, justo el factor que no has considerado o un agente externo con suficiente influencia, o el propio azar, puede «cambiar el signo» de tu conclusión.

No hay una receta mágica, y menos puramente formal, para distinguir lo acertado de lo incorrecto (más allá de errores de lógica formal, como las falacias), pero «La sustancia X causa cáncer», es una afirmación que necesita del conocimiento experto para ser refutada o confirmada, y que, podría ocurrir que mañana, aparecieran elementos que pusieran todo patas arriba. Por eso las «verdades» de la ciencia son provisionales.

Por esto es tan importante que se siga haciendo hincapié en los conocimientos, en la formación específica, precisamente hoy que encumbramos abstracciones como las «competencias» que, en realidad, se aprenden abstrayendo de la experiencia concreta, se evalúan haciéndolas trabajar sobre elementos concretos y que aplicarán finalmente de nuevo sobre elementos concretos. Es lo que tiene ser una abstracción.

No hay algo así como un «espíritu crítico» abstracto, no dependiente del contenido y que, una vez aprendido, pueda aplicarse a cualquier campo del conocimiento para ver si aquello es verdadero o falso. ¿Cuándo nos olvidamos de que nuestro saber científico es empírico?

¿Os dais cuenta de que precisamente por esto es posible el engaño, el propio y el ajeno?

La gente no se engaña porque sea imbécil, tienes información parcial (incluso incorrecta) que te conduce de forma «razonable» a conclusiones equivocadas. Puede que estés muy a favor de hacer biodiesel con maíz, hasta que alguien te diga lo que pasa con el precio del alimento básico de millones de latinoamericanos. De repente, lo que parecía una medida estupenda, ecolochupi, provoca el horror a multitudes. Un detallín que faltaba… pero en general, estaba bien «profe». No, estaba muy mal.

La información limitada arroja conclusiones provisionales, no necesariamente aproximadas. La vida no era tan fácil.


La zona intermedia

21 enero 2012

Yo vivo en la zona intermedia.

No soy excepcional en nada, hay cosas que se me dan mejor que otras, pero no puedo aspirar a títulos más allá que «el más … de mi portal».

Supongo que aquí vivimos casi todos, no hay muchos seres realmente excepcionales y tampoco hay nadie que no sepa hacer la más mínima cosa.

No conozco qué se siente cuando se da la última pincelada a una obra maestra, cuando la última nota de una sinfonía inmortal encaja perfectamente, o cuando una teoría que revolucionará la ciencia se dibuja sin fisuras en tu mente, no lo sé.

Mi mundo es mediocre en hechos, además hay quien me dice: «Si no puedes hacerlo perfecto, no lo intentes».

Pues ya tenemos los ingredientes perfectos para la frustración y la tristeza, queridos lectores… pero este no es un post de «bajón».

Porque hay otras cosas que sí conozco y que sí he visto..

He visto a un alumno que aprendió un truco para trabajar con logaritmos y se le iluminó la cara al ver que dominaba un campo que creía imposible.

He visto entender un concepto científico a niños y adultos sin formación, he visto como brillaban sus ojos cuando su comprensión del mundo les hacía ver una realidad oculta. Luego preguntaban por más, había caído una frontera.  He visto caer muchas fronteras, no sólo en la ciencia, en el deporte, la música, la vida cotidiana…

Como profesor, divulgador, conferenciante, cuando hablo en los medios o con la gente que me quiere (en realidad digo a todos lo mismo), he visto y he tenido el privilegio de colaborar en esos momentos dichosos, cuando la gente se hace un poco más grande, un poco más libre, un poco más feliz.

¿Es mejor un profesor de universidad que uno de instituto, y éste a su vez que uno de primaria, infantil… porque la sofisticación de lo que enseña cada uno es mayor que la anterior?

¿Son los sentimientos del niño que empieza a leer menos valiosos que los de los que entienden el cálculo infinitesimal?

¿Está más nervioso el solista en el Carnegie Hall que la niñita que baila en fin de curso? ¿Son menores sus logros interiores?

Al principio os decía que soy pobre en hechos, pero, ¿son los hechos materiales la medida de las cosas? (1) ¿No nos importa (y nos debería importar más) lo que queremos decir con esos hechos: el Amor por lo que hacemos y por las personas a las que se lo ofrecemos?

Y, bueno, si me permitís la inmodestia y como montones de buena gente, pongo mucho Amor en el trabajo que hago, en lo que enseño y en las personas a la que enseño. Así que, siento que he vivido grandes momentos de logros interiores. He tenido la suerte de presenciar cómo la llama del conocimiento y de la libertad aumenta, ver cómo brilla a través de sus ojos.

Dedicado con cariño a los que colaboráis a que el mundo sea un lugar mejor,  ayudando a ser mejores y más felices a las personas. Sois grandes y excelentes compañeros. Seguiremos viviendo heroicas y legendarias aventuras llenas de emoción en… la zona intermedia.

(1) Ya hablamos de esto en ¿Por qué tengo que respetarte?


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