Te jodes y decides

18 noviembre 2014

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Mis pobres chavales, mis alumnos, las pasan canutas con las decisiones… y algunos adultos también. En mi opinión es porque sobreviven unos cuantos mitos, algunos originados en la infancia, que debemos dejar atrás.

1. Si hago lo que dicen papá y mamá todo va a salir bien

Lo siento mucho, pero no. Shit happens, como dicen en inglés (La mierda sucede).

La vida es impredecible y escapa a tu control. Punto. Si lo dudas, observa el suficiente tiempo y lo verás.

2. Si lo pienso con cuidado y considero todos los aspectos puedo elegir la opción que será mejor

Pues tampoco.

La vida es impredecible de nuevo, y la cantidad de información accesible limitada. Así que estás obligado a decidir con falta de información y en ausencia de datos relevantes e incluso vitales para el asunto.

¿Me gustarán estos estudios? ¿Seré feliz emparejado con esta persona? ¿Me gustará este trabajo? ¿Tengo hijos ya, o alguna vez?… etc.

No puede saberse, no te angusties, no te alarmes, no te entristezcas… es una simple verdad, asúmela: No puede saberse.

No hay “respuesta correcta”. Elige entre las opciones usando la información disponible y tira p’alante.

3. Si cometo un error será algo terrible y que tendrá consecuencias para siempre

Equivocarse es la consecuencia de estar vivo el suficiente tiempo.

La vida mancha. Punto.

No se trata de si te vas a caer o no, se trata de cuándo. Así que, te levantas, te sacudes el polvo, te curas las heridas, intentas que no queden muchas cicatrices, te lavas la ropa y… sigues andando.

Lo único que puedes hacer es trazar un plan cada vez que chocas con una pared o que te caes. Da igual lo fuerte que haya sido el golpe y lo profundo que sientas que has caído. Sólo puedes empezar desde el punto en el que estás. Así que, primer paso… y p’alante.

4. Tomar una decisión es como un cruce de caminos

Mentira cochina.

Esta imagen da la impresión de algo estático. Me paro, pienso… pienso más… y más… y el camino me espera.

No, una decisión es como la bifurcación de un río. Así que decides tú, o decide el río… y cuanto más tardes en decidir más fácil será que la decisión la tome el río.

En ocasiones la vida nos plantea una situación, nos coge de la pechera y nos sacude y nos exige una decisión. A veces es una verdadera putada, sin duda… ¿La solución? Te jodes y decides. No tienes escapatoria. No decidir es dejar que el río decida, la opción por defecto, la opción por omisión… pero es TU decisión y TU responsabilidad. Lo dicho, te jodes.

5. A lo mejor sale…

Típico en alumnos.

– El año pasado ibas mal en mates, este año has suspendido dos evaluaciones, no pegas ni chapa…

– Pero igual apruebo.

– Seguríssssmo.

Si no haces nada las cosas irán justo hacia donde se dirigen.

Es el curso del río, si quieres ir a un lugar distinto de aquel al que te lleva la corriente tienes que remar. Traza un plan, cambia tu comportamiento, cambia el entorno, cambia algo…

Oye, Javi, ¿no has dicho que la vida es imprevisible? Entonces, ¿no podría ocurrir que todo se alinease y se diese una circunstancia improbable y me saliese todo bien?

Chupi, amigo. Si esa es tu mejor opción, tú mismo. No trabajes y compra lotería todas las semanas confiando en que algún día te tocará y podrás vivir de ello.

Resumiendo.

Hay que decidir, hay que joderse y decidir.

No se puede evitar, se toma la opción que mejor te parece con la información accesible.

Se reconduce y vuelve a planear cuando te caes o encuentras una pared. Desde donde sea, recomenzamos.

No hay que poner tanto acento en elegir como en vivir y estar atento para adaptarse. No se trata de decir “si quiero” y casarse, se trata de llenar cada día de cariño.

Si no cambias nada, las cosas irán hacia donde se dirigen. Si quieres ir a un destino distinto de aquel al que te conduce la corriente, rema.

Resumiendo más

Elige y vive, vuelve a elegir y sigue viviendo… y, relájate, no puede hacerse más… esto ya es bastante.

Con cariño para mis alumnos y los que no saben estas cosas… y también para los que las aprendimos con lágrimas.

 

 

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Tendrían que hacerlo, pero no lo hacen… ¿qué hago yo?

10 diciembre 2013

Esto viene de una conversación con mis muchachos, como casi siempre… Espero ser un estímulo para ellos. Desde luego, ellos lo son para mí.

Se lo dedico a Lucía, que se llevó una parte grande de la chapa, pero vamos al grano.

Los chavales deberían interesarse por la ciencia… guay, pero no lo hacen. ¿Qué hago yo ahora?

Los chavales deberían interesarse por la política… guay, pero no lo hacen. ¿Qué hago yo ahora?

Los chavales deberían esforzarse, estudiar lo que les digo que tienen que estudiar, tomar las notas precisas, hacer los ejercicios… guay, pero no lo hacen. ¿Qué hago yo ahora?

Los chavales deberían ponerse el casco en la moto, el cinturón de seguridad, colocar a sus hermanos en sus sillas, no fumar… bla, bla.

Ya os hacéis cargo, ¿no? Además, si cambias chavales por ciudadanos también funciona.

Digamos que, en general, la gente “debería” hacer cosas que no hace (siguiendo mi particular criterio). La cuestión es que ellos tienen la libertad de hacer lo que les dé la gana y vuelve a tocarme a mí, a ser mi turno para jugar… ¿qué hago yo ahora?

Básicamente tenemos dos respuestas:

1. Recorro mi parte del camino y si el otro no lo hace, que le vayan dando: que aprenda, que se fastidie con j, que se esfuerce más, etc.

2. Recorro también la parte del camino que le queda al otro, haciendo más de lo que la “justicia” me debería pedir.

Gran parte de mi actividad vital es la enseñanza y la divulgación, así que mucho de mi trabajo es acercar cosas que ya están publicadas, explicadas, escritas en mil sitios y de mil maneras a la gente que aún no ha llegado a ellas, las ha rechazado, no comprendido, etc. En muchas ocasiones ando recorriendo ese “trecho extra”.

En muchas ocasiones también me paro donde la dignidad, mi capacidad o mi entendimiento me dictan que está mi límite y quedo ahí esperando.

No podría decir cuál de las dos estrategias es la “correcta”, si es que tal cosa existe, pero creo que es crucial que pensemos sobre ello en cada ocasión.

Para cuando nos sentimos “injustamente” forzados a andar un camino extra que no debería correspondernos… propongo algunas reflexiones:

– ¿Es libre la decisión del que rechaza algo que le beneficia o abraza lo que le perjudica? ¿No es víctima de sugestiones, presiones y demás? Si apelamos a que está eligiendo eso, ¿es un juicio justo respecto a esa persona?

– ¿En qué circunstancias viven o se desenvuelven esos que “no se esfuerzan”, no trabajan lo suficiente, no “emprenden” y demás? ¿En qué circunstancias interiores y exteriores? ¿Has pensado que quizá no tengan los recursos materiales que tú tienes, el acceso a crédito, la red social que te sostiene, o los talentos que te adornan a ti?

– A mí nada más nacer me pusieron una vacuna, me alimentaron, dieron cobijo y cariño, y yo no había hecho nada para ganarme todo eso. ¿Crees de veras que te has ganado todo lo que tienes? ¿Crees que otros que no tienen eso se esforzaron menos? ¿Es el resultado siempre proporcional al esfuerzo?

– ¿Nadie recorrió nunca ese espacio extra para ti en el pasado?

Y en el otro sentido, también alguna reflexión…

– ¿Hasta cuándo debe durar el paternalismo o debemos dejar a nuestros hijos/alumnos que hagan lo que quieran y asuman las consecuencias? ¿Por graves que sean y desproporcionadas respecto al error que puedan cometer?

– Y el paternalismo del estado sobre sus ciudadanos, ¿hasta dónde debe llegar? Me multan si no llevo el casco en la moto, pero sólo yo soy el perjudicado, me multan igualmente si no me pongo el cinturón. ¿No puedo tomar yo la decisión de ponerme en riesgo si me da la gana? Y si me pongo en riesgo, sin necesidad, haciendo estas cosas, ¿funciona bien mi coco? ¿Cómo saberlo? ¿Quién lo decide?

Sí me gustaría finalizar con dos ideas.

1. No juzguemos a la gente antes de andar un kilómetro con sus botas

2. Sólo somos responsables, pero lo somos mucho, de lo que hacemos y de cómo respondemos ante lo que la vida y los otros nos proponen con sus hechos. Esa es nuestra esfera de acción.

Ahí tenéis los comentarios para explayaros…

Para una selección justa todo el mundo tiene que hacer el mismo examen: Por favor, suban a ese árbol.


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