¿Paramos las muerte anunciadas o pagamos indemnizaciones?

26 diciembre 2020

Salgo a dar una vuelta y me doy cuenta de que están cerradas muchas tiendas, incluido el banco donde tengo mi cuenta, lo que me recuerda que nuestro sistema está basado en la confianza.

Yo confío en poder recuperar mi dinero, en que los alimentos volverán a estar en las estanterías el lunes y que, cuando vuelva a casa, del grifo volverá a salir agua potable y habrá electricidad de los enchufes (no vivo en la Cañada Real, claro.)

Si esto no fuera así, yo andaría asegurando una reserva de agua, comida y recursos suficientes para los próximos días, incluso puede que tuviera que “pactar a hostias” el respeto a mi hogar.

Como veis, si quebramos esta confianza, podemos acabar en la ley de la jungla.

Estaba pensando en esto al hilo de lo que ha ocurrido en las residencias y las muertes de ancianos sin atención médica.

Empiezan a salir a la luz los casos individuales que bosquejan una clara imagen de la situación general que amerita el adjetivo de dantesca.

Los familiares y supervivientes nos hablan de numerosas quejas y avisos, de normas que no se cumplían, de que ni atendían a los enfermos ni les dejaban llevárselos para atenderlos, de acudir a los tribunales y que no les hicieran caso, ante incumplimientos flagrantes.

Incluso escuchamos a algunos abogados y jueces preguntándose para qué sirve litigar entonces y para qué sirve el sistema jurídico.

Es posible que alcancemos justicia, que se depuren responsabilidades, que más de uno acabe en la cárcel, que se evalúen indemnizaciones, pero los hijos que luchaban por salvar las vidas de sus padres, han tenido que enterrarlos.

¿Diría yo que la justicia no “sirve”? No tanto, pero se podría decir que si su efectividad resulta diferida unos años o una generación… entonces estamos ante la quiebra del contrato social.

Se suele decir que la justicia lenta no es justa, pero es que ni llega a ser justicia. Puede acabar en algo así como una empresa de seguros que abonase indemnizaciones y castigase al culpable, en el futuro, pero no será capaz de garantizar la seguridad de los ciudadanos en el presente.

Si en la próxima crisis no se cumplen las condiciones legales y sanitarias mínimas allá donde estén nuestros familiares más vulnerables, si denunciar no es la manera de atajar su camino a la muerte ¿qué debemos hacer? ¿Vamos para allá armados? ¿Nos quemamos a lo bonzo? Yo no quiero vivir en una sociedad (?) así y no quiero actuar así, pero tampoco quiero enterrar a nadie por una muerte innecesaria y evitable.

Necesitamos tener un sistema legal al que apelar cuando la vulneración de nuestros derechos ponga en peligro nuestars vidas, necesitamos que la aplicación de sus medidas sean rápidas y efectivas, necesitamos SISTEMAS, una vez más. La alternativa es terrible.


No salpiques…

5 agosto 2009

Parece muy veraniega esta entrada… pero no os va a quitar el calor.

Muchas veces hemos repetido la idea: Eso que a tus ojos aparece como un conjunto de cosas, es en realidad un sistema y sus partes tienen complejas relaciones. De manera que si no lo consideras como un todo, cometes un error.

La crisis mundial, pero más aún el sistema económico mundial, es un ejemplo claro de no considerar al mundo un sistema y preocuparnos sólo de una parte.

En multitud de ocasiones vemos cómo sólo se tiene en cuenta la mejora para una parte del sistema, o a una persona solucionando su problema sin pensar en las repercusiones que podrá tener sobre el resto… y finalmente, de vuelta, sobre él.

Aquí tenéis este video que encontré en una página que me recomendó Alberto, ya ex-alumno mío. Algunos de sus contenidos deben ser supervisados por adultos (al final son chistes verdes o un poco brutos… pero hay que avisar)

Primer acierto, olvidar que los vapores son inflamables…

Segundo acierto, “Me quemo… pues lo echo pa’llá, y los demás que arreen”

¿Aprenderemos algún día?


La educación, la creatividad, la inteligencia…

20 mayo 2009

Como ya hemos comentado varias veces, cada vez nos damos más cuenta de que los elementos que parecen desconectados con frecuencia forman sistemas fuertemente interrelacionados.

Mencionaremos una vez la omnipresente crisis como un clarísimo ejemplo: gobiernos tomaron decisiones que parecían incumbir exclusivamente a su política interna, y ahora las consecuencias afectan a todos los territorios. Conclusión: es imprescindible una organización supranacional que sea eficaz y mire por el bien del conjunto sin ser partidista… o bien, esperar a la próxima crisis.

A lo que vamos…

En los asuntos educativos a veces nos pasa igual (me incluyo), educamos con unos métodos en los que sólo atendemos a una parte de las personas. Con frecuencia la parte de la inteligencia más utilitarista y probablemente la menos interesante, quizá olvidando lo que nos hace más “humanos” y nos distingue del resto de animales o las máquinas.

Las personas somos un complejo e interesantísimo sistema con multitud de facetas y posibilidades… una de las más fascinantes la de producir ideas o sucesos originales, la de ser creativos.

No me enrollo más, os dejo con unos videos estupendos que me ha pasado mi hermana querida.

Os garantizo diversión y una línea de pensamiento refrescante…

Intentaremos aplicarnos el cuento en lo sucesivo.


La crisis, la gripe… el mundo es un sistema

30 abril 2009

Podemos aprender por la buenas o por las malas, usando el coco o con sufrimiento. Este mensaje que nos han dado gurús, científicos y abuelas, no puede ser más cierto.

El problema es que la humanidad parece estar eligiendo la segunda vía…

El mundo no es un grupo de países, las interacciones entre ellos son tan numerosas y tan intensas que ya no se trata de pequeños sistemas relacionados, sino un sistema en conjunto.

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Así que la única forma de encontrar lo mejor para cada parte a medio y largo plazo es encontrar lo mejor para todos.

En un sistema así ser inteligente y egoísta es una contradicción, una actitud egoísta resulta ser poco inteligente.

Si no os parece así pensad que nos contagiamos de enfermedades generadas en sitios muy alejados de vuestras casas (y no hablo sólo de esta gripe, también pasa con el SIDA y otros mil ejemplos), pensad en las repercusiones económicas globales de las decisiones que se toman en Estados Unidos, en China o en la Unión Europea, y en tantas otras cosas.

Finalmente, y a pesar de lo complejo de la situación, debemos llamar a la calma (que no a la inacción o a la indolencia). Seguid la información de la OMS y de las autoridades sanitarias de vuestros países.

El miedo agrava muchas situaciones y es responsable de más muertes en la historia que muchas enfermedades.

Aún estamos a tiempo para aprender de manera inteligente, sin apocalipsis ni tanto sufrimiento.


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