¿Cómo “de imposible” es eso que dices?

14 abril 2019

Fuente: Wikipedia

Una de los problemas más sencillos y con los que nos gusta atormentar a nuestras inteligencias artificiales, para enseñarlas (no para matar la creatividad, para eso tenemos a los alumnos), es el problema de clasificación.

Se trata de adscribir elementos a una de dos categorías que son excluyentes, por ejemplo: resultar moroso o pagar un crédito, aprobar o suspender una materia, etc.

Es de los problemas más sencillos que se pueden plantear, basta con una salida entre cero y uno, entendiendo que cuanto más cerca del cero mayor probabilidad de ser de una categoría y viceversa.

Ya está en uso, por ejemplo para el tema de los créditos, y así estima la IA si merece la pena prestarte dinero o es un riesgo alto… con todos los problemas que tiene esto, pero hoy iremos por otro lado.

Hoy, la cosa va de imposibles. En realidad es un problema de clasificación, el “uno” sería la seguridad de que algo va a ocurrir y el “cero” la imposibilidad metafísica de que ocurriera.

Supongo que ya veis por donde voy… los matices… ñiñiñiñiñi

Convengo en que desglosar todo hasta la última partícula hace inviable la resolución de cualquier asunto, igual que si empezamos a considerar que todo es “lo mismo”. Esto último se usa incluso como estrategia para manipular. Por ejemplo, si ponemos en la misma “categoría” cosas de muy distinta intensidad, acabamos minusvalorando lo verdaderamente grave. No podemos usar el mismo término para un tetrapléjico gran dependiente que para ti si te has dado en el dedo meñique del pie con la pata de la cama. Si cualquier cosa es discapacidad, nada lo será verdaderamente.

El otro día, un poco enfadado, ponía en Twitter, para los “absolutistas”, que al final todo son campos y no hay nada más que hablar de la realidad. Bueno, puse un ejemplo con mi culo, que no sé si lo aclaraba más… los curiosos, que busquen.

El lenguaje es una herramienta para comunicarnos (al menos para los que lo usamos para el bien), así que se trata de buscar el detalle necesario, sin volvernos locos. Para mí, imposible es una palabra demasiado grande y que nos lleva a acciones muy diferentes. Y ya dijimos que la pregunta que te espeta la vida es: ¿Qué vas a hacer?

Creo que, como mínimo, deberíamos distinguir estos “imposibles”

  1. Metafísicamente imposible… o sólo apto para hacedores de milagros
  2. Extremadamente costoso en recursos personales
  3. Necesitado de consenso y coste de otras personas con difícil acuerdo
  4. Extremadamente trabajoso de llevar a cabo
  5. Tremendamente impopular y con una posible reacción adversa fuerte

Las acciones a tomar en las distintas categorías no tienen nada que ver.

En la primera, por ejemplo, nos toca tragar y seguir camino.

La segunda requiere de una evaluación personal de costes y beneficios, en la que te puede “apetecer” (o no) apostar por algo.

En la tres puedes llegar rápido a desistir mientras musitas “Que os den por culo”.

En fin, muchas acciones posibles, dependiendo de “cuán imposible es ese imposible del que usted me habla”, no ya en una escala continua entre cero y uno de probabilidad, sino en el tipo de obstáculos con los que se encuentra.

Pensando en esto recordaba a mi profesor de la parte teórica del permiso de conducir. Un día nos dijo: Si al cambiar de dirección te encuentras con un peatón que está cruzando indebidamente la calle, el peatón tiene preferencia. Los alumnos, sorprendidos, nos quejamos, porque la preferencia la teníamos nosotros. Su respuesta: ¿Y qué vas a hacer? ¿Le atropellas? Encogimiento de hombros general, asentimos y pasamos al siguiente punto.

¿Por qué os cuento esta historia? Pues porque me recuerda mucho a la “imposibilidad” de pagar pensiones dignas. Para mí no entra en la primera categoría, sino todo lo contrario, en algo que no voy a dejar de hacer. ¿Qué opción tenemos? ¿Dejarlos morir de hambre? Así que esto es uno de esos “imposibles”, que hay que hacerlos posibles buscando el camino necesario.

Así que, queridos míos, cuando alguien os hable de que algo es “imposible” que os diga de qué obstáculos os está hablando, que ya somos todos un poco viejos y hemos visto muchas cosas “imposibles” suceder, muchas que hubieran provocado revoluciones, ser aceptadas sin rechistar y otras cosas que no creeríais.

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Accidentes, probabilidad y protocolos

5 agosto 2013

Este post es nueva colaboración con Naukas, allí podéis leerlo también

¿Cuál es la probabilidad de obtener cara al lanzar una moneda? Cincuenta por ciento, efectivamente, o 1/2, si lo decimos en tanto por uno.

La manera de calcularla es bastante sencilla, casos favorables entre casos posibles.

De esta forma podemos calcular otras probabilidades:

Obtener un cinco al lanzar un dado

– Un caso favorable / seis casos posibles = 1/6 (17%)

Obtener un rey al sacar una carta de la baraja

– Cuatro casos favorables / cuarenta casos posibles = 4/40 (10%)

Si, dame un momentito, ahora llego a lo de los accidentes…

¿Qué pasa si pensamos en dos sucesos?

¿Cuál es la probabilidad de lanzar una moneda sacar cara y luego lanzarla otra vez y sacar otra cara?

En este caso no es un 50%. Si lo pensamos como antes, los casos posibles son cuatro (cara-cara, cara-cruz, cruz-cara y cruz-cruz) y solamente tenemos un caso favorable. De esta manera, la probabilidad de obtener cara-cara después de dos lanzamientos es 1/4 (25%).

Si te fijas, ese resultado, 1/4 coincide con multiplicar 1/2  por 1/2, y no es casualidad.

La probabilidad de que ocurran dos sucesos independientes conjuntamente, es el producto de sus probabilidades.

La probabilidad de tirar una moneda y que salga cara y luego tirar un dado y que salga cinco es:

1/2 ·1/6 = 1/12 (8%)

Y por fin llegamos a los accidentes.

Si un sistema de seguridad tiene una probabilidad de fallo del 1% y le añado otro sistema que también tiene una probabilidad de fallo del 1%, la probabilidad de fallo conjunta no será 0,5% u otra cosa parecida… es mucho menor: 1/100 · 1/100 = 1/10000 (0,01 %) Pequeñísima, como veréis.

Estas son las matemáticas que hay detrás de los protocolos que tanto nos incomodan, que son tan cansinos, nos retrasan y nos cuestan dinero…

Efectivamente es un gasto y un estorbo tener un extintor, para probablemente no llegar a usarlo nunca. ¿Lo quitamos? Aunque la probabilidad de incendio sea pequeña, como te toque, te va tocar “al cien por cien”…

 ¿Qué ocurrirá si la seguridad de algo depende de un solo factor, de una persona, de un dispositivo?

Pues seguramente la pregunta adecuada no es SI el sistema va a fallar, sino CUANDO va a fallar… es sólo una cuestión de tiempo.

La seguridad de los sistemas, sobre todo con la tecnología accesible, no debe, no puede depender solamente de un operario, de que tenga sueño, se despiste, sea incompetente o malintencionado.

Ya habéis visto qué rápidamente baja la probabilidad de fallo conjunta, ¿por qué no se hace entonces?

Bueno, la respuesta es, como tantas veces, el dinero.

Tener un protocolo de actuación o de funcionamiento encarece el coste y hace más lenta la operación, a corto plazo. Queremos que haya más de un operario, o que le apoye un sistema automático, que los conductores descansen, que se limite la velocidad de tránsito… cuando todo eso podría funcionar “con un poco de cuidado” con menos recursos.

A largo plazo, las paradas por fallos, las averías y, sobre todo, los accidentes personales o las víctimas mortales, hace que el coste más alto o, directamente, incalculable.

Hay también una cierta responsabilidad individual, como votantes y consumidores, ya que sobre nosotros se repercutirá el gasto de esos protocolos, y en muchos casos, estamos dispuestos a pagar “mercancía” más barata, aunque sepamos que no se están haciendo las cosas como se debiera. Así, de una manera macabra y oscura, entre ellos y nosotros, pactamos el valor de la seguridad de las personas y de la vida humana, hasta extremos de detalle que os asustaría conocer.

Por último, para nuestra vida cotidiana también es útil tener en cuenta estas cosas. Por ejemplo, si eres despistadete, está bien que dejes de serlo, pero mientras tanto, puedes establecer protocolos que te protejan de tus despistes.

Te pondré unos ejemplos y animamos a que en los comentarios nos contéis más.

– Esconde algunos euros en el coche, por si se te olvida la cartera

– Deja tus llaves y otras cosas siempre en el mismo sitio en casa

– Ten siempre repuestos de bombillas, papel higiénico… Así cuando se gaste, puedes cambiarlo rápidamente y reponer “el backup” sin prisa ya

– O gestiona así tu disco duro y copias de seguridad

Y, como regla general, si trabajas al 120% y tienes cinco pelotas en el aire, igual que les pasa a las máquinas, pronto ocurrirá un fallo o bien se reducirá tu vida útil…


Incendios, seguridad y probabilidad

6 junio 2009

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¿Es un extintor un gasto innecesario? No has tenido que usarlo nunca, ¿verdad?

¿Es un casco de moto perder dinero en tonto? Has viajado muchas veces y aún no te has caído.

Como ya os habré contado, trabajo de profesor de secundaria, y hay un concepto que me cuesta transmitir a mis alumnos. Creo que es una cuestión principalmente de la edad, pero también me sorprende que, a veces, los adultos no lo tengan tampoco muy claro. Me refiero al término “peligroso”.

En la práctica nadie mete el dedo en el fuego, porque te quemas. Si pones un dedo bajo una llama y esperas un momento te quemarás, y esto ocurrirá el 100% de las veces. Así que aprendemos rápido la lección y no lo hacemos.

El problema viene cuando determinada actividad no conduce necesariamente a un mal desenlace. Cuando la actividad es solamente “arriesgada“.

Tenemos numerosos ejemplos: Conducir sin casco o sin cinturón de seguridad (según vehículo), consumir tóxicos (drogas, alcohol, tabaco)…

Parece que la gente piensa algo como: “Bueno, hay dos posibilidades. Puede que salga bien o mal. Dos posibilidades, entonces un cincuenta por ciento cada una. Centraré mis expectativas en que salga todo bien (hay que ser positivo) y… a por todas!”

En fin, ¿qué os puedo decir?

Pues algo puedo decir, dos cosas.

1. Dos resultados posibles no implica que sean equiprobables (misma probabilidad)

Seguro que lo han experimentado con la lotería: puede que te toque y puede que no, pero lo cierto es que no te toca. De hecho, lo más probable es que no te toque.

No me parece mal que sigas echando, y bien divertido es cambiarse lotería con la familia en Navidad, pero el error viene cuando planeo mi vida confiando en unas probabilidades mínimas.

Voviendo a la lotería. Uno echa en Navidad, de acuerdo, pero esperas a ver si te toca para sincerarte con tu jefe y decirle todas esas cosas lindas que piensas de su familia, ¿verdad que sí?

Y, segundo…

2. No apuestes lo que no puedes permitirte perder.

Sólo con el punto primero, alguien podría decirme: “No llevaré casco en mi moto porque la probabilidad de tener un accidente es mucho menor que la de tenerlo, así que me organizo teniendo en cuenta los sucesos más probables.”

El error aquí es apostar lo que no podemos permitirnos perder: la salud o incluso la vida.

Este es el caso de la mayoría de los sistemas de seguridad.

No los necesitamos casi nunca, pero el día que los necesitamos… los necesitamos mucho.

Por eso no es un desperdicio de dinero instalar o mantener un sistema anti-incendios, alarmas, seguros, respetar normas de seguridad, etc, etc. No nos podemos permitir que el azar haga que se dé un suceso poco probable y que eso nos cueste nuestra salud, nuestras vidas o las de algún ser querido.

Para terminar, la sabiduría se encuentra con frecuencia en el camino del medio (una enseñanza budista), así que entre la visión del temerario (que no tiene nada en cuenta) y la del paranoico (que se ve paralizado buscando la ilusión de la seguridad completa) está la posición intermedia del que minimiza los riesgos pero vive en el mundo.


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