¿Cómo te puedo probar que existe Dios?

22 febrero 2019

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Mateo 16, 15.

He pensado que podría ser interesante meterse en este charco, incidiendo en el asunto del problema de la racionalidad del que hablamos hace nada y juntándolo con el problema de las pruebas empíricas, las explicaciones a los fenómenos y demás.

Se le suele pedir al creyente que pruebe la existencia de Dios (o cualquier elemento sobrenatural) con el correcto argumento de que la carga de la prueba queda en el que afirma y que afirmaciones extraordinarias piden pruebas acordes.

No critico este proceder, pero juguemos un rato…

Alguien, que presume de tener un enorme poder, nos dice:

Dios existe, ¿qué quieres que haga para probártelo?

Veamos…

  • Que me diga algo que nadie más que yo sabe.

No, no vale. Si tiene la capacidad de leer la mente, sabrá lo que yo sé. Y leer la mente no es ser Dios, incluso algunos sistemas de resonancia magnética están empezando a tocar eso con la punta de los dedos.

  • Que sane a alguien de una enfermedad que no puede curarse o que resucite a un muerto.

No, no vale. Ahora tratamos dolencias que eran mortales hace unos años, y podemos te sacar de una parada cardio-respiratoria con relativa facilidad, lo que hace algún tiempo hubiera sido tomado literalmente como “resucitar a un muerto”.

  • Que viole una ley física.

Mirad, en los últimos ciento y pocos años hemos flipado, literalmente con la cuántica y la relatividad, y os aseguro que lo que pensamos que es la realidad, con lo que sabemos hoy, se separa mucho del concepto común.

Si queréis seguir con otras peticiones os animo a que lo hagáis en los comentarios (esos grandes olvidados en los blogs), pero podemos resumir las objeciones a las propuestas con dos ideas.

1. Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es totalmente indistinguible de la magia.

Tercera ley de Clarke ampliable a cualquier avance científico. Por lo que cualquier manifestación “alucinante” podría obedecer sencillamente a un conocimiento más profundo de las leyes de la naturaleza o a un mayor desarrollo tecnológico, no constituyendo, por tanto, ninguna prueba de lo “sobrenatural”.

2. Sí, pero no por eso.

Os recuerdo un post de hace un tiempo sobre demostraciones/experimentos y sus explicaciones.

La idea es que una cosa son los fenómenos y otra las explicaciones que damos de ellos. Muchas veces, más de las que nos gusta reconocer, no hay una relación ineludible entre el fenómeno y su explicación. Por esto, hay explicaciones incorrectas que persisten en el tiempo, sin que violente la lógica de los que las oímos. De hecho, algunas suenan muy razonables. Por poneros un ejemplo, el efecto invernadero de la Tierra no ocurre por el mismo mecanismo que el calentamiento de un invernadero.

Por lo tanto, que tú demuestres la telepatía, seas inmortal o flotes en el aire, no implica necesariamente la existencia de un ser superior. Aunque tú me lo asegures (“Puedo volar porque Dios me faculta”), hay un salto lógico. Si abres un libro de historia verás que estas técnicas de manipulación son bien conocidas por colonizadores de todas las épocas.

TE DESAFÍO, querido lector, a que me pongas alguna prueba que no pueda ser explicada de manera “natural” cambiando alguna hipótesis adyacente o por teorías más sencillas que acudiendo a la existencia de ese ser superior.

Y fíjate que he escogido “pruebas” objetivas, medibles y detectables por cualquier observador.

Si nos vamos a lo que pasa en tu cabeza, lo subjetivo…

a) Si no tiene efectos en el mundo real, ¿cómo saber que no es una alucinación?

b) Si tiene efectos en el mundo real (telekinesis, p.ej.), tampoco implica que exista un ser superior, sólo que los humanos son capaces de hacer más cosas.

Llegando aquí y, aunque la falsabilidad no es una característica imprescindible en el método científico (por mucho que lo digan), te pregunto yo, querido lector:

¿Es tu creencia en la no existencia de un ser superior, FALSABLE?

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¿Confiamos demasiado en la racionalidad?

18 febrero 2019

No os creáis que es sólo por hacer publicidad de La Cordura de Saberse Loco que acabo de publicar, es que creo que no acabamos de tener claro, cuán frágil es esta capacidad nuestra.

Nuestro primer error es pensar en que el razonamiento lógico produce contenidos, que nos puede decir qué cosas del mundo son ciertas y cuáles no. Falso.

La lógica que usamos y estudiamos es una forma de manipular contenidos ya existentes, pero es algo puramente FORMAL. Te dirá que es contradictorio que afirmes a la vez que está lloviendo y que no está lloviendo… pero no te resolverá si está lloviendo o no.

Entre los que nos dedicamos a la divulgación científica y actividades próximas es muy popular hablar de falacias lógicas, donde sí que estamos cometiendo esos errores “formales”. Por ejemplo, entrando en contradicción, como os decía antes, o con argumentos que no constituirían una prueba lógicamente válida, como el argumento de autoridad (Un premio Nobel afirma que…).

Detengámonos un momento en esto. “Un premio Nobel afirma X” es un argumento lógicamente inválido, eso nos dice la lógica, pero no nos dice nada sobre la proposición X, que podría ser cierta o falsa, sólo que así no queda probada.

También es interesante observar que la lógica que usamos tiene sus problemas, por ejemplo, asumir que “No X” es lo contrario de X y que no pueden darse a la vez (principio de no contradicción) podría ser mucho asumir, no es algo deducible lógicamente, es un “principio” que tomamos por bueno. De forma similar, asumir que las cosas pueden ser verdaderas o falsas y nada más, la lógica binaria, también podría ser una imposición demasiado fuerte a la realidad, otro principio que tomamos. Y todo esto sin entrar en el follón que nos metió Godel cuando nos contó que estos sistemas lógicos, como las matemáticas, tienen fallos estructurales de imposible resolución que se asoman en proposiciones autorreferentes como “Esta frase es falsa”.

Si queréis obviemos todo esto por un momento y asumamos que, respetando las leyes de la lógica, podemos producir argumentos sólidos. La cuestión, insisto, es que esto es algo puramente formal y que necesita “comida” para funcionar. Necesita contenidos.

¿De dónde tomamos esos contenidos? ¿Cómo los validamos? Ese es el problema de elegir un criterio de certeza, una piedra de toque que nos dice qué cosas son ciertas y qué cosas no. Para alguien puede ser lo que pone en un libro sagrado, o lo que sus sentimientos le indican, o lo que sus ojos le dicen… en ciencia nosotros tomamos el criterio empírico. Así que desconfiamos de la veracidad de lo que no puede ser medido de forma no subjetiva. Ya veis que aquí hay otro salto filosófico importante.

De acuerdo, ya tenemos la estructura lógica como forma de manipular contenidos y la manera de obtenerlos… pues ya está, ¿no?

Pues no es tan fácil, tampoco. ¿Qué son los datos? ¿Cuándo son suficientes? ¿Cuándo están bien tomados? La propia ciencia ha asumido criterios estadísticos para ver si sus hipótesis sobre el mundo están siendo probadas o descartadas con ciertos experimentos. Aquí tenéis unas interesantísimas precisiones que hace Iñaki Úcar y también son muy conocidas (y apreciadas, por aquí) las críticas al método científico que la gente cree único e infalible, que comparte con frecuencia César Tomé.

La toma de datos siempre será sesgada por limitada, como poco. Decir que vinieron tres chicas a mi cumpleaños es un dato, pero faltan muchas cosas. Imagina que vinieron tres chicos, o trescientos… ¿a que ya no significa lo mismo? ¿Y si te digo que esas tres chicas son las únicas supervivientes de un cataclismo? Contextualizar los datos no es sencillo.

Además en el tratamiento de los datos construimos relatos, que son los que transmiten las ideas que contamos y que se apoyan en ellos, que se apoyan y que son compatibles con ellos, pero no que resultan probadas por ellos.

Me suele molestar cuando dicen que van a enseñar retórica a los alumnos, preferiría que les enseñaran contenidos, porque acentuando una cosa y desatendiendo otra, acabaremos teniendo vende-humos, bien por ignorancia, bien por maldad.

En todo esto aún no hemos mencionado lo frágil que es la memoria y lo afectada que está nuestra “pura” capacidad de razonar por los sesgos cognitivos, con lo que de nuevo se pone muy en tela de juicio los productos de nuestra mente.

Todos los días y en todos los lugares hay personas que han sido convencidas por otras usando estupendas argumentaciones y datos más o menos ciertos, más o menos contextualizados, de las cosas más variadas, ciertas y falsas, buenas y malas… por cierto, ¿qué es bueno? ¿Lo que me favorece a mí? ¿A la sociedad? ¿Lo que me apetece? ¿Lo que no me hace daño? ¿Qué pasa cuando mi interés colisiona con el de otro, con el del grupo?

Insisto, todos los días se nos convence de cosas a todos, de formas poco elegantes en lo científico y en lo formal. ¿Crees que a ti no? Si piensas que eres tan listo, es una prueba de que no lo eres.

¿Estás dispuesto a poner en cuestión tus principios? ¿Todos? ¿Cuáles son inviolables?

¿Estás dispuesto a escuchar los argumentos de Thanos, que opina que hay que cepillarse a la mitad de la población del Universo, porque, en caso contrario, moriremos todos por falta de recursos? Si aceptas sus “datos” su conclusión es bastante buena. ¿Son buenos sus datos? ¿Ves que no es una cuestión formal?

Si tienes principios que no estás dispuesto a discutir, ¿en qué te diferencias de otras personas que llamas “cerradas” cuyos principios indiscutibles tú sí discutes? ¿Cómo te llamaría yo, si pongo en tela de juicio los tuyos? ¿No ves que es sólo una cuestión de que la línea esté un poco más allá o un poco más acá? ¿No ves que es una cuestión de contenidos y no formal? Por ejemplo, para ti podría ser que la vida humana fuera un bien absoluto y no sacrificable por nada, mientras que para otros podría ser algo negociable (por su propia vida, la de su familia o dinero).

Yo tengo mis principios indiscutibles, algunos me los impone la genética, otros mi cultura, otros mi experiencia, otros, creo que son elección mía, pero ninguno es “conclusión lógica” de nada, o si pensáis que lo es, se trata en realidad de una derivada de otro principio más fundamental, que haya sido asumido.

Así que, aunque os parezca poco científico, cerril, o como queráis verlo, no tengo interés en meterme en largas conversaciones sobre si hay que exterminar o no a los judíos, negros, fontaneros por la razones que quiera esgrimir el que hable así, ni a consultar los datos que me quiera presentar… porque soy suficientemente listo para saber que no lo soy, o para creer que estoy más allá de su capacidad de convencerme, y porque no estoy dispuesto a renunciar a ese principio por ningún dato que me aporte.

Por las mismas… tampoco entro en conversaciones con los comerciales.

Supongo que a algunos os resultará descorazonador leerme porque descansabais confiados en la certeza de vuestra mente y la capacidad de razonar. Convengo con vosotros en que es de lo mejor que tenemos y que sus productos son de lo más confiable que nos encontramos por aquí, pero lo que no puedo dejar de deciros es que no hay certezas mentales, y que vivir consiste en cabalgar la incertidumbre.

Feliz lunes.


A los científicos nos encantan los milagros

28 marzo 2017

Empecemos por el diccionario

milagro
De miraglo.

1. m. Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye aintervención sobrenatural de origen divino.

2. m. Suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa.

3. m. p. us. exvoto (‖ ofrenda dedicada a Dios, a la Virgen o a los santos).

4. interj. Denota la extrañeza que causa algo.

Nos quedaremos con la primera definición.

Pero si me permitís la voy a parafrasear y a resaltar un par de cosas.

Hecho no explicable por las leyes naturales y que (por lo tanto) se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino

La primera cuestión es que, en mi opinión, se olvida que esta palabra está pensada para referirse a un HECHO, a algo que efectivamente ha ocurrido.

Ese paralítico se curó, ese leproso quedó limpio, ese otro levitó…

No hablamos de fe, hablamos de HECHOS, cosas comprobables, medibles.

A los científicos nos encantan los hechos, de eso nos alimentamos.

La segunda cuestión es que, como consecuencia de no poder explicar este hecho a través de las leyes naturales “actuales”, se atribuya a una intervención sobrenatural.

En el caso de los científicos y dado el carácter provisional de las leyes que enunciamos, ese nuevo hecho es simplemente un motivo para cambiarlas e intentar que aquello sea explicado satisfactoriamente por un nuevo conjunto de leyes naturales, las cuales seguirán vigentes hasta que nuevos hechos o mejores teorías nos lleven a descartarlas por otras que describan mejor el mundo conocido.

Como veis nos encantan los milagros, nos hemos topado con muchos, con cosas tan “absurdas” como que el tiempo no discurra igual para todos, que el espacio se “curve”, que los objetos estén y no estén a la vez, o que estén, como el gato aquel, medio muerto, medio de parranda…

De hecho, este conocimiento nos lleva a hacer cosas que alguien no tan avanzado podría considerar pura magia, desde algo ya tan asumido como volar sobre objetos más pesados que el aire, hasta usar galaxias como lentes para ver “en diferido” los primeros instantes del Universo…

A los científicos nos encantan los milagros… solamente les pedimos que ocurran.


¿Razona tu respuesta? Paso de ti.

15 abril 2015

Este post ha sido previamente publicado en Naukas

Esta podría ser la charla con contenido más impactante del evento Naukas del pasado septiembre. Cortesía de Rosa Porcel (@bioamara)

http://lacienciadeamara.blogspot.com.es/2015/02/dicen-que-no-hablan-las-plantas.html

Luego te la ves despacio, el bombazo fue que: Las plantas oyen, OYEN… ¿Me estás escuchando? O-Y-E-N

No es que el sonido las haga vibrar y moverse, no, es que lo detectan e INTERPRETAN… y reaccionan ante sonidos específicos, como el de orugas comiendo hojas.

¡Venga, tronco, que te pires! Es la única respuesta proporcional que se me ocurre.

Y ahora va la tía y nos lo explica.

¿Sabes una cosa? No me importa que me lo explique.

Eso de que las plantas oyen no lo acepto porque me guste la explicación que me da, los mecanismos que propone… todo eso me da igual.

Esto es ciencia, aquí no decimos que pasa algo porque nos parece lógico o porque sepamos organizar un discurso que suene bien y que lo explique.

Aquí:

ALGO SUCEDE PORQUE SUCEDE

Más tarde nos matamos buscando una explicación que suene razonable, un marco conceptual nuevo, o una manera de cuadrar este hecho en las teorías existentes. Pero todo eso es basura si el hecho no sucede, y si sucede, si lo observamos, entonces la explicación no lo hace más real. La explicación es principalmente para tranquilizarnos a nosotros… para intentar verle algo de sentido a este mundo extraño, pero la realidad del fenómeno no tiene discusión en una disciplina cuyo criterio de certeza es empírico.

La ciencia está llena de hechos que nos suenan raros, estúpidos o directamente imposibles y que hemos aceptado por la única razón que sirve aquí, porque SU-CE-DEN.

Así que, sí que hay una diferencia entre tu vecina hablando con su geranio y lo que nos cuenta Rosa. Esto segundo ha sido comprobado, se ha experimentado en condiciones controladas y reproducibles. Lo de tu vecina… te lo dejamos a ti que le pases el filtro de la evidencia científica.

Esto me viene a la cabeza a raíz de cómo argumentamos con mucha frecuencia contra pseudociencias. Hablamos, hablamos… del campo electromagnético, de neuronas, de mil cosas… Todo muy bonito y muy bien hilado. Pero queridos, todo eso NO PRUEBA que esas cosas no funcionen. Eso podría valer en otra disciplina donde la forma de argumentar o la autoridad de quien argumenta sean el criterio de verdad. Aquí no. Aquí la única argumentación es:

NO FUNCIONA PORQUE… NO FUNCIONA.

No olvidemos que somos un saber empírico, eso es lo que nos construyó y lo que trajo este progreso enorme a la humanidad, eso es lo que somos.

Por lo tanto, no me cuentes movidas, no me calientes la oreja, no me razones la respuesta… muéstrame que funciona.


Sí, pero no es por eso

19 marzo 2015

Este post ha sido publicado previamente en Naukas

– Dos más dos son cuatro.

Mu bien.

– Porque lo digo yo.

– No, no por eso.

– ¿¿Cómo que dos más dos no son cuatro??

A ver, queridos, una cosa es que una cosa sea cierta y otra que la razón sea por lo que uno argumenta luego.

Esto es básico en la ciencia. Aquí trabajamos con hechos constatados y reproducibles, y serán las hipótesis, las teorías, las que vayamos ajustando y cambiando para que expliquen todos los hechos y de la mejor manera posible. Y si las hemos cambiado es porque estaban MAL. Fíjate, no cambiamos los hechos, cambiamos las explicaciones.

Los hechos son ciertos, las explicaciones no necesariamente.

En este vídeo que comento un conocido experimento y cómo la explicación que se dio durante muchos años era falsa. Es uno de los experimentos de mi libro Experimentos para entender el mundo

No somos seres racionales, lo siento. Nuestra capacidad de razonar no es sólo limitada, sino que en su pequeño ámbito tampoco funciona bien.

Somos presa fácil de falacias lógicas y sesgos cognitivos.

Las falacias lógicas son razonamientos aparentemente bien construidos, pero que en realidad no lo están. Por ejemplo: A todo el mundo le gusta este músico, no puede ser malo. Como el suelo se moja cuando llueve y hoy está mojado, debe ser que ha llovido. Un premio Nobel ha dicho que X es bueno/malo, etc.

Los sesgos cognitivos son “errores de funcionamiento” de nuestro cerebro, efectos psicológicos que nos llevan a conclusiones erróneas. Por ejemplo, el conocido efecto halo, en el que consideramos mejores personas y dignas de más confianza a las personas más agraciadas físicamente.

En la vida diaria es difícil estar a salvo de todo esto, por eso la publicidad y la mala política que se hace funciona. Eso no significa que no podamos estar alerta y poder reducir sus efectos y sus daños. En vosotros queda, tomar algo más las riendas si queréis.

Pero aquí quería traer otra implicación en la comunicación.

¿Podemos comunicar, sobre todo cuando lo hacemos a un público no experto, digo, podemos comunicar sin ser tremendamente prolijos y detallistas, pero sin ser falaces o abusar de los sesgos?

En mi opinión la respuesta debe ser obligatoria y rotundamente SÍ.

Imagina, soy profesor y me dedico a la divulgación de la ciencia… si no creyera en eso, ¿qué estoy haciendo con mi vida?

Los que hacemos lo que yo, pensamos que la Ciencia es una forma de mirar al mundo más que un conjunto de datos o procedimientos.

¿De qué vale que les cuente cosas ciertas si los razonamientos están mal? ¿Entonces qué forma de mirar al mundo estoy explicando?

Muy bien, ahora manos a la obra.

Si quiero contar que un jugador de baloncesto es muy bueno y no quiero aburrir con estadísticas, ni puedo poner todos los lanzamientos de su carrera, ¿qué puedo hacer?

En mi opinión, se puede poner un vídeo de algunos lanzamientos que apoyen lo que querías contar, en el margen de tiempo que tienes. No es una prueba científica, pero lo que se ha puesto no es falso. No se ha demostrado, se ha ilustrado y eso puede ser suficiente para la comunicación. Si alguien necesita o pregunta por pruebas científicas o más datos, entonces se puede ir profundizando en el detalle que necesite.

¿Hacemos algún bien a la libertad de pensamiento, al pensamiento crítico, a la mirada científica al mundo, o como queráis llamarlo, cuando argumentamos de manera incorrecta o falaz?

Por lo tanto, digamos mucho o poco, o no digamos… pero no hagamos trampa.

Busquemos ser divertidos, sencillos, precisos… incluso si pensáis que es imposible, todo lo que nos acerquemos será una bendición para nuestras audiencias.


Ciencia y creencia, algunas ideas

8 enero 2015

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Sólo recordar algunos puntos.

La ciencia no se ocupa de “todo”

La ciencia se ocupa de los “hechos científicos”, aquellos que:

– Son reproducibles

– Son objetivos, independiente del observador

La ciencia no dice que sea falso lo demás, simplemente no se ocupa de ello.

No he repetido todos los experimentos, pero podría hacerlo.

Los científicos no han hecho todos los experimentos, pero podrían hacerlo, podrían seguir la “receta” y les saldría lo mismo.

En la práctica los experimentos son repetidos por varios grupos con lo que se comprueba su reproducibilidad.

Poniendo un ejemplo más cotidiano, no es lo mismo que yo acepte desde el punto de vista científico que existe Mérida, aunque nunca haya estado (pero puedo ir cuando quiera) a que tenga que aceptar que los burros cantan ópera, para lo que nadie me propone una forma de comprobarlo.

También existen científicos que engañan y mienten. Eso no es ciencia y gracias a la reproducibilidad son fácilmente detectables.

La ciencia no explica por qué, explica cómo.

La ciencia no se ocupa de por qué suceden las cosas, de si hay una razón última para nuestra existencia o para el universo, de si hay alguna razón para que exista algo en lugar de nada o si hay algún propósito último…

Quien busque o descarte esas cosas a través de la ciencia está sacando los pies del plato.

En ciencia se hace un experimento reproducible y se constatan unos hechos reproducibles. Se busca el sistema matemático y conceptual más sencillo que describa ese proceso (el cómo) y punto final. De hecho, la descripción del proceso está sujeta a cambios a la luz de nuevos experimentos o mejores descripciones. Otra cosa es el efecto que se produce, el hecho científico, que seguirá siendo el mismo, si el experimento está bien hecho.

La ciencia ha traído un progreso material espectacular

La ciencia vale para lo que vale. No, no me ha dicho si mi existencia tiene algún propósito, pero ha duplicado mi esperanza de vida.

Quien le demande o le eche en cara no haber traído también progreso “espiritual” o “humano” o como queramos llamarle, hace mal, no es su propósito.

¿Qué pasa si creo una cosa y no tengo evidencia experimental?

A veces les dicen a los creyentes: Puedes creer en lo que quieras, mientras no valga para nada.

La verdad es que no suena muy apetecible creer en algo así, al creyente le apetece creer en algo que sea “real” y que tenga efectos “reales”.

Cuando te dicen que una práctica “espiritual” actúa en el mundo, entonces puede ser percibido y medido. Me es igual que materialices oro, regeneres órganos o flotes sobre el suelo. Es medible, no es “opinable”.

Por ejemplo, los usuarios de medicinas alternativas dicen que funcionan. Eso es una afirmación bien clara, quiere decir que curan, que sanan, que reducen los tumores (medible), que eliminan infecciones (medible), que redensifican mis huesos (medible)… Aquí no hay problema, no hay conflicto con la ciencia, pero tampoco es opinable. Lo único que hay que hacer es medir, es hacer estudios y extraer las conclusiones, honestamente y teniendo en cuenta el efecto placebo. Y si funciona no hace falta que se les llame medicina alternativa, basta con medicina.

Si tus creencias y tus prácticas son puramente interiores y no tienen ningún efecto en el mundo que percibimos, la ciencia no va a considerarlo, no es objeto de su estudio.

Como conclusión

Personalmente yo quiero evidencia experimental. Si eres Neo y esto es Matrix, quiero ver cómo se paran las balas, es más, quiero que me enseñes a pararlas. Es la única manera que tengo de distinguirte a ti, Neo, de un timador, de un pirao, o de estar yo mismo volviéndome loco, oyendo voces y tal.

Digamos también que es casi imposible renunciar a la búsqueda de un sentido y un propósito. Puede ser que se trate de un “fallo” de nuestro encéfalo, un truco de la evolución, que nos hace más efectivos en el paso de nuestros genes… Puede que sea la llamada del Ser en nuestro regreso a casa… Puede… pero en todo caso…

Yo, personalmente también, ando en mi búsqueda, pero quiero evidencias en este mundo que me parece real, y, si este mundo es una ilusión, quiero superar la ilusión y controlarla. No me basta con el discurso de que esto es ilusorio, si luego estoy completamente sujeto a las leyes de la ilusión como cualquiera. Digamos que quiero una sabiduría efectiva y que funcione, quiero algo real, en la ciencia y en el espíritu.

Dedicado a Oscar


La ciencia no explica “porqués”

15 septiembre 2014

En esto pasan sus tardes los científicos…

Nosotros lo que hacemos es tomar un lápiz y soltarlo… y resulta que se cae.

Volvemos a repetir la operación… y se vuelve a caer.

Le pedimos a otro que repita la operación… y también a él se le cae.

Así que tenemos un hecho científico, algo que sucede, que es reproducible y que es independiente del observador.

Ahora, si el lumbago nos lo permite, volvemos a recoger el lápiz y repetimos de nuevo la operación, midiendo el tiempo que tarda en caer.

Y otra vez…

Y otra…

Y le pedimos a nuestro amigo que haga lo mismo.

Y nos sale a todos lo mismo (dentro de unos márgenes de error y todo eso).

Total, que enunciamos una ley empírica.

LOS LÁPICES SE CAEN.

Incluso se da un hecho que os aseguro que no deja de maravillarnos: podemos escribir una fórmula matemática que predice bastante bien cuánto tarda en caer, a qué velocidad cae y demás magnitudes asociadas al fenómeno este tan entretenido de la caída de los lápices.

Así que escribimos nuestras fórmulas y nos vamos a la cama con un dolor de espalda considerable.

Pero NO HEMOS EXPLICADO POR QUÉ CAEN LOS LÁPICES.

Lo que hemos explicado es CÓMO CAEN LOS LÁPICES.

Nuestras fórmulas son UNA MERA DESCRIPCIÓN DE LO QUE OCURRE, pues que se cae, que va acelerando… pero no por qué.

Decir que lo atrae la tierra por la ley de la gravedad vuelve a ser una descripción de un fenómeno: Resulta que las masas se atraen. Y así todo.

No buscamos en ciencia, ni encontramos, la causa última de las cosas… de hecho cabe la filosófica metapregunta: ¿Tiene sentido preguntar por una causa última de las cosas? ¿Tiene obligatoriamente que existir?

Así que no os doy más la brasa, que me voy a descansar:

LA CIENCIA NO EXPLICA “PORQUÉS”, EXPLICA “CÓMOS”.

Aunque en el lenguaje cotidiano sigamos usando “por qué”… así que permitidme que me disculpe aquí, porque los títulos de mis dos primeros libros tendrían que haber sido “¿Cómo es que el cielo es azul?” y “¿Cómo es que la nieve es blanca?”… pero quedaban mejor de la otra forma.


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