Igual el porquero de Agamenón solo hablaba de mierda

14 mayo 2022
Cerdos ibéricos

Atribución: comakut, CC BY-SA 3.0 http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/, via Wikimedia Commons

Quizá hayáis oído el dicho «La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero», dando a entender que el carácter veraz de algo es independiente de quien lo exprese. (*Al final te cuento una curiosidad sobre la cita).

Esto es algo muy querido por aquellos que practican el pensamiento científico-materialista-crítico: «Creo lo que veo».

En matemáticas funciona como un tiro: Dos más dos, cuatro. Fin. Lo puede decir cualquiera. Lo puede probar cualquiera que sepa cómo hacerlo.

En las ciencias experimentales se pone la cosa más complicada porque los experimentos no son tan claros ni tan «decisivos» como nos gustaría.

En las ciencias sociales… bueno, ahí hay que tener muy buena cabeza y corazón para mantener honrosamente el término «ciencias».

Saliendo de las matemáticas, muchas de los experimentos, de los razonamientos no llegan a través de personas y necesitamos una dosis de fe en ellos, en su proceder y en su ética, para aceptar sus resultados como buenos. Imagina que tuvieras que reproducir en tu cocina un estudio clínico para aceptar sus conclusiones.

Así que «la fuente» de lo que oímos, no es un puro altavoz, un reproductor de una verdad incontrovertible y verificable, es uno de los elementos que consideramos para dar veracidad a lo que oímos.

Así que, no será lo mismo un frutero o un carnicero hablando de fruta y la recíproca.

Pero a esto se añade que conozco a muy pocos que usen el lenguaje como una herramienta de comunicación dedicada a transmitir algo que creen cierto. La mayoría la usa como una herramienta a favor de sus intereses, más o menos éticos. «Diré lo que me conviene o lo que le conviene a mi causa».

A mí también me entristece esta conclusión y me encantaría que no fuera cierta, pero el mundo no es como yo quiero… en esto tampoco.

Tan frecuente es que le han puesto nombre a este comportamiento. Por ejemplo, greenwashing es la actitud de esas compañías cuya principal actividad es muy contaminante (y no pretenden que lo sea menos) pero toman acciones, elaboran discursos para «lavarse» y verse «verdes. Algo similar ocurre con el pinkwashing, en este caso intentando parecer feministas. Este divertido bot de Twitter se dedica a poner la diferencia de sueldos que hay en empresas que tuitean a favor de la igualdad… revelando muchos casos de pinkwashing.

Ya os conté en este otro post sobre las lealtades de cada uno y sus posibles contradicciones usando una divertida metáfora, al menos para mí, con los sistemas de ecuaciones.

Muchos bienintencionados piden que se reconozca, se señale y nos congratulemos cuando conocidos destructores del sistema y luchadores en contra los derechos más básicos dicen algo razonable, pero yo no lo haré por lo siguiente.

Es parte de una estrategia que podríamos llamar CommonSenseWashing. Gente que quiere y busca una apariencia de normalidad, y de sensatez, para colar en el momento adecuado y con la audiencia incrementada sus discursos de odio y las semillas del mal que buscan. No es que se hayan dado cuenta de su error, no han tenido una epifanía, no se han caído del caballo, como el de Tarso. El caballo en el que van es el de Troya, por lo que mis puertas estarán cerradas.

Javi, ¿cómo sabes que no ha habido un cambio de dirección, algo que sería estupendo?

Sencillo: MIRAD LOS HECHOS. Lo sé porque no hay tal cambio en los hechos. ¿Siguen en el mismo partido que quería quitar derechos? ¿Siguen cobrando del mismo malnacido y trabajando para los mismos oscuros intereses? ¿Ha ocurrido otras veces y luego han vuelto a las andadas? Que hablen sus actos y entonces nos plantearemos considerarlo. Escuchemos el lenguaje de los hechos, menos manipulable.

De esta forma, ya me disculparán, pero aquel porquero es muy posible que en el fondo esté hablando de mierda y aquel Agamenón, de las bondades de la monarquía.

*Curiosidad sobre el origen de la cita… y su ERRÓNEA interpretación

En contra de lo que creía y de lo que pudiera parecer. No se trata una cita que provenga de la Grecia clásica. Es del libro Juan de Mairena, de Antonio Machado.

Curiosamente, el sentido del texto es muy diferente al que suele dársele al extracto que toman como cita.

La cita completa sería…

La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.

AGAMENÓN: Conforme

EL PORQUERO: No me convence.

Precisamente resulta ser el porquero es el que duda de aquella frase que parecía en su favor…

Una buena manera de cerrar el post en el que queremos recordar que no todo es lo que parece. Mostrando que ni siquiera la cita con que se iniciaba es lo que parece.

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De ligaduras y de hombres

20 noviembre 2013

(Lo publiqué en Naukas hace unos días… pero para los que me leéis por aquí…)

No, no es un post sobre bondage, pero quédate, igual te gusta más… o te deja más secuelas.

Imagina que te digo que elijas dos números. Puedes escoger uno y luego el otro, tienes dos grados de libertad.

¿Y si te digo que elijas dos números, pero que su suma sea 7? Ahora puedes escoger libremente el primero, pero no el segundo. Eso es porque ahora tienes dos variables y una ligadura, lo que te deja sólo con un grado de libertad.

Imagina ahora que te propongo que elijas dos números cuya suma sea 12 y cuya diferencia sea 2. En este caso, no tienes libertad para escogerlos, lo que sí puedes hacer es resolver el sistema de ecuaciones (así lo llamamos), porque sólo hay dos números que cumplan esas dos condiciones.


sistemadeecuaciones

¿Qué ocurriría si impongo más ligaduras que variables?

Pues, o bien las nuevas ligaduras en realidad son una combinación de las antiguas (como en nuestro caso exigir que el producto de los dos números de 35), o bien resultaría imposible encontrar una solución al problema (por ejemplo si exigiéramos también que los números sumasen 45).

También puede ocurrir que con sólo dos ligaduras el problema no tuviera solución, si las ligaduras estuvieran suficientemente “mal puestas”. Por ejemplo, escoge dos números que sumen 12 y, a la vez, que sumen 13.

Y, también puede suceder que esas dos ligaduras fueran en el fondo la misma, o que no tuvieran “fuerza” suficiente para fijar las variables. Por ejemplo, dos números que sumen 5 y que multiplicados por dos, sumen diez (estas dos exigencias, de hecho, son la misma).

Dejamos aquí esto un momento.

Seguro que conocéis la palabra teorema (según el DRAE: Proposición demostrable lógicamente partiendo de axiomas o de otros teoremas ya demostrados, mediante reglas de inferencia aceptadas.)

Dicho más sencillito (quizá menos preciso): Conclusión lógica a partir de ciertos principios.

Todos habréis oído hablar del Teorema de Pitágoras. Aquello de que la suma del cuadrado de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa en un triángulo rectángulo.

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Esto puede demostrarse usando los axiomas de la geometría. Dicho de otro modo, este resultado está implícito en los axiomas. Nosotros simplemente, nos vamos dando cuenta de esas implicaciones lógicas que estaban ocultas en los axiomas que aceptamos.

Es como si alguien te dice: “Cierra por fuera”. Como teorema podemos deducir que debes salir de la habitación.

Y ahora, vamos con la segunda parte del título “de hombres”.

Hay personas que depositan su lealtad en distintos “lugares”: su pareja, sus hijos, su familia, su religión, su patria, la verdad, distintas filosofías, el dinero, el puro bien físico personal, etc.

Podíamos usar el principio de este post para hacer una metáfora. Yo tengo cierta libertad de acción, pero acepto “ligaduras”, depositando mi lealtad en cualquiera de esas cosas que decíamos hace un momento.

Y aquí es donde quería poner yo el acento: ¿Qué ocurre si tus “ligaduras” (tus lealtades) son incompatibles? No puedes servir siempre a tu patria y a la verdad, porque llegará un momento en el que el interés patrio pase por no revelar ciertas cosas.

O, ¿qué ocurre si de tus lealtades (de tus principios o axiomas) se derivan teoremas que iban implícitos en ellos y en los que no habías reparado? Por ejemplo, la adhesión inquebrantable a ciertos preceptos religiosos (como ocurre con las transfusiones de sangre y los testigos de Jehová) podría llevarte a poner en riesgo la salud o la vida de tus hijos, cosa que nos repugna y con la que quizá no contábamos al aceptar esa fe.

Ayer recordaba aquella frase que le decían al Cid “Dios, qué buen vasallo si tuviera buen señor.” Nosotros elegimos dónde vamos a depositar nuestra lealtad y por muy coherentes e íntegros que seamos al seguir nuestros principios, si estos no son buenos (no son un buen señor), nuestro comportamiento no será beneficioso para nosotros ni para nuestro entorno.

Aquí también me venían a la memoria las leyes de la Robótica que ideó Isaac Asimovpensando en que deberían ser incluidas en la programación de cualquier robot que tuviera un comportamiento autónomo… para protegernos a las personas.

Por si alguien no las conoce son:

  1. Un robot no debe dañar a un humano o permitir que sufra daño (Ser buenos)
  2. Un robot debe obedecer las órdenes de un humano (Ser obedientes)
  3. Un robot debe protegerse a sí mismo (No ser imbécil e ir dándose cabezazos…)

Cualquiera que haya leído sobre drones, sabrá que hoy no hacemos ni caso de estas leyes y usamos robots matar gente (aunque nuestros robots no sean autónomos).

Pero a lo que iba, ¿veis que es imposible ser completamente fiel a estos tres “axiomas” a la vez? Hay conflicto si ordenamos a un robot que mate a alguien… cuando salvar a un humano pone en riesgo a un robot…

La manera de solucionar esto es establecer una jerarquía. La primera ley es más fuerte que la segunda y la segunda más que la tercera. Así que un robot obedecerá si no pone en peligro a humanos y se protegerá a sí mismo si no pone en peligro a humanos y si con eso no desobedece ninguna orden.

Concluyendo, y agradeciendo que leáis mis desvaríos, es de extremada importancia dedicar un momento a ver dónde hemos puesto nuestra lealtad, si hay algún tipo de jerarquía entre ellas, qué cosas implican esas lealtades y a qué lugares nos pueden llevar.

De otra forma te puedes encontrar confuso en tu intento de llevar una vida íntegra haciendo cosas como

–          No contarle a nadie que tu pareja te está haciendo daño por respetar la intimidad de la pareja

–          No denunciar delitos que se cometen en tu trabajo por lealtad a tu empresa

–          Llevar a cabo actos con los que no estás de acuerdo moralmente por cumplir con la palabra dada

–          Mentir a personas inocentes y que eso les perjudique por proteger un secreto que te has comprometido guardar

–          Hacer lo que consideras incorrecto moralmente porque es legal, o bien…

–          Dejar de hacer lo que consideras correcto moralmente porque no se ajusta a la ley

Y una larga lista que podéis aumentar en los comentarios…

Este post está dedicado a los chavales de Brunete que junto a Bárbara se pasan por mi blog, a ver qué cosas “me se ocurren”. Espero que os dé un punto de partida para hablar de mates, de robótica y, sobre todo, de vosotros mismos.


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