El tiempo que pasamos con gilipollas

2 marzo 2019

Fuente: Wikipedia

Muchos dicen que el tiempo es dinero… pero no. ¡Ojalá!

Si así fuera podríamos pedirlo prestado, intercambiarlo por otros bienes y servicios, ahorrarlo (!)… pero no.

Decían Faemino y Cansado que “el tiempo unas veces pasa inexorable, otras pasa normal”, pero tampoco, siempre pasa inexorable.

OCHENTA Y SEIS MIL CUATROCIENTOS segundos que transcurrirán cada día hagas lo que hagas con ellos… si tienes la suerte de llegar vivo al final de la jornada.

¿Habéis pensado en la cantidad de tiempo que perdemos tratando con gilipollas? Es tremenda.

En muchas ocasiones nos han enredado y nos damos cuenta después, pero quizá podemos recordar esto de los protocolos que os decía en La Cordura de Saberse Loco y evitar algunos errores, os pondré un par de ejemplos:

1. Alguien muy querido hace lo siguiente.

Está trabajando y viene una persona a pedir consejo, ayuda, contar su vida… yo lo llamo “Oficina de atención al triste”. Muchos de ellos jamás le preguntan qué tal está y tampoco asoman la cabeza cuando es obvio que necesita ayuda. En fin, un abuso de manual.

Total, que estos figuras vienen y nuestra protagonista se hace la cuenta de que las personas son más importantes que su trabajo en ese momento, así que les atiende. Más tarde, en casa, el trabajo necesita ser hecho y le quita tiempo a su descanso, aficiones, familia y amigos para poder terminar ese trabajo. En esos dos cambios, si lo simplificáis, lo que ha ocurrido es que ha invertido su tiempo en un gilipollas y se lo ha quitado a sus seres queridos, incluida su propia persona. Muy mal negocio.

2. Un buen amigo andaba hace poco evaluando si contestaba a un troll en las redes sociales o no. Acababa yo de poner un post y no pude evitar decirle (con el cariño que nos tenemos) que si iba a invertir tiempo en las redes sociales que mejor le diera bola a mi entrada en lugar de discutir con idiotas.

Estos y otros muchos ejemplos, si hacéis balance honradamente, os mostrarán qué cantidad tan irritantemente enorme de tiempo invertimos en gilipollas o gente que se está comportando como tal, sin que ello redunde en ningún beneficio para nosotros, ni siquiera para ellos: los trolls han recibido “caso” (Do not feed the troll), los abusadores han llevado a cabo su abuso, los convencidos o evangelizadores tampoco han movido un milímetro su postura, etc. Nada educativo para ninguno de ellos.

Cada segundo que se va, segundo que no vuelve. Las obligaciones laborales, físicas, éticas nos demandan un tiempo que no podemos obviar y que, como mucho, podemos intentar aprender a vivir con cierto disfrute o atención en lugar de resistirnos, pero, sin duda alguna, el tiempo del que pueda disponer no lo voy a malgastar con quien no sea un privilegio hacerlo para ser ambos más felices y mejores personas.

Hay un gilipollas con el que paso mucho tiempo. Yo mismo. Muchos de mis pensamientos recurrentes, monólogos interiores y hábitos mentales, me hacen ser un gilipollas y dilapidar mi tiempo entregándome al flujo de las ideas que suelta mi red neuronal acostumbrada a que le “premie” cuando me recuerda: dolores, rencores, malos pensamientos sobre uno mismo… Pero, el consejo es el mismo: no pases tiempo con gilipollas. Observa eso que surge de tu mente y quítale importancia, pensando en lo parecido que son esos pensamientos que te propone tu red neuronal y las palabras que te propone el autocorrector del teclado, por ejemplo. Eso te dará la distancia y el humor que podría ayudarte a ser menos gilipollas… y mejor compañía para ti mismo. Más detalles sobre esta idea las tenéis en La Cordura de Saberse Loco.

Para finalizar, permitidme aclarar una vez más que aquí hablamos del tiempo del que podamos disponer, que para algunos será una fracción apreciable del día y para otros, prácticamente nada, dentro del concepto “libertad” que asumimos que tenemos. Los pobres que no tengan ni un minuto para rascarse que no se sientan culpados en este post.

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La cordura de saberse loco. NUEVO LIBRO!!

1 enero 2019

Empezamos el año con la publicación en electrónico de mi nuevo libro.

Un libro muy personal con esas reflexiones que os comparto por aquí de cuando en cuando y que ayudan a este loco vuestro a vivir de una manera un poco más cuerda. Igual os sirven para esos propósitos de año nuevo en los que andaréis enfrascados.

Aquí os podéis descargar las PRIMERAS PÁGINAS

Si os gusta, aquí lo tenéis en AMAZON

Como es autopublicado se agradece mucho la difusión.

Muchas gracias a Isabel Ocaña por su divertida portada!

ADVERTENCIA: Este libro contiene esos consejos, esas lecciones que personalmente he creído aprender de la vida. Ni constituye un tratado de psicología, ni sustituye a ningún profesional o terapia. Cualquier discrepancia que encontréis con la evidencia científica en psicología será, sin duda, error por mi parte.


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