¿Qué “fuerza” lleva el fuego de los dragones de Daenerys?

14 mayo 2019

Fuente: Giphy

Algo que resulta molesto en la ficción es la variabilidad de la fuerza, resistencia o poderes de los distintos personajes de un momento a otro de la trama. Quien aguantaba bombazos, resulta ser derribado por un puñetazo… Ni siquiera se respeta una cierta “relación” de orden, quiero decir, que si Pepito es más fuerte que Juanito al principio de la obra, no hay problema en que pase a tener una diferencia muy apreciable en sentido contrario poco después, y juego de Tronos no se escapa de esto.

Como público no puedo dejar de pensar que es un fallo, una manera fácil de hacer parecer alguien invencible y terrible durante un rato, para luego poder acabar con él, convenientemente. Agradecería mucho más que fuera lo ingenioso de la trama lo que produjera las situaciones insuperables o la victoria de quien sigue siendo más débil.

En mi entorno esto no es algo que moleste sólo a tikismikis demasiado ocupados de detalles, sino que es bastante general.

Además de esto, a mí se me unen mis pegas como físico… pero no me culpéis, es que se incumplen las más básicas leyes físicas. Y de esto es de lo que os quería hablar.

La pega de hoy también aparecía en una de las últimas de StarWars, y escribí un post sobre ello.

Se trata de la Conservación del momento y la tercera ley de Newton (acción y reacción).

El fuego de esos dragones se comporta como si tuviera una masa muy variable. Lo veremos, pero empecemos por el principio, la conservación del momento lineal.

Cuando hablamos de cómo se mueven las cosas, la velocidad es una cantidad interesante, pero insuficiente para muchos propósitos. Os pondré un ejemplo.

Una pelota a 50 km/h y un camión a 50 km/h.

Se mueven a la vez, pero hay una diferencia obvia. Esa pelota puede cogerse sin problema con una mano mientras que… no lo intentes con el camión.

En física resulta mucho más importante una magnitud que se llama momento lineal (o cantidad de movimiento) y que se define por el producto de la masa por la velocidad. Más allá de que resulte más intuitiva para ilustrar, precisamente la “cantidad de movimiento” que “tiene” un objeto, es muy relevante y aparece en multitud de ecuaciones. De esta forma un objeto de 2 kg a 10 km/h tiene el mismo momento lineal que uno de 1kg a 20 km/h.

Pues resulta que la cantidad total de momento que hay en un choque o cuando algo explota es constante, si no operan fuerzas externas. Algo que no detallaré, pero que es consecuencia de la segunda ley de Newton.

Esto quiere decir que si dos bolas van a chocar y sumo el producto de sus masas por sus velocidades antes y después del choque, darán la misma cantidad. O que si algo explota, o pierde una parte, el momento que se “lleva” un trozo en una dirección, debe ser compensado por el momento que se “lleva” el otro trozo en la otra dirección.

Es lo que pasa cuando disparamos una bala. La bala es poco masiva pero va muy rápido, eso hace que el arma deba moverse en sentido contrario con una velocidad tantas veces menor, cuanto más pese.

Por esto mismo cuando nos chocamos con alguien mucho más grande (pesado!) que nosotros, solemos salir despedidos con mucha más velocidad que la otra persona.

Teniendo claro esto, me pregunto, ¿qué momento tiene el fuego que lanzan los dragones?

En algunas ocasiones, parece sólo una llama “gaseosa” como la que pueda desprenderse de un mechero de gas, pero en otras, diríase que es un chorro de líquido inflamable, como el que produce un lanzallamas y con una “masa” aparente muy variable.

Si ese “fuego” es capaz de tirar una muralla de piedra o derribar una torre, ¿hasta dónde debería mandar a una persona cuando las han ejecutado… y se han quedado en el mismo sitio?

Y, ¿qué pasa con el “retroceso”? Si realmente ese fuego sale con un momento lineal suficiente para romper una muralla, el dragón debería salir con el mismo momento hacia atrás. Con una fracción de la velocidad correspondiente a cuántas veces tiene el dragón más masa que la llamarada que está echando. Y fijaos que lo hace desde el aire, que no puede “sujetarse” en el suelo para parar el retroceso. Sería el equivalente a disparar un arma subido a un monopatín.

Y, aún una pregunta más… si durante una batalla “dispara” muchos “chorros de fuego masivo”, ¿dónde está toda esa masa en el dragón?

Dedicamos esta entrada a Carlos Lobato, que es nuestro maestro de dragones y os recomendamos este fantástico post que escribió sobre los dragones que SÍ que existen.

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Experimento: Fuego dentro del agua

22 octubre 2013

Sí, sí… lo que oís, fuego dentro del agua.

¿Pero el agua y el fuego no son contrarios?

No

El fuego es una reacción química de combustión rápida. Puede haber combustiones, oxidaciones más lentas, como por ejemplo la oxidación de un metal.

Para que se produzca y se mantenga el fuego necesitamos tres patas, lo que se llama popularmente “el triángulo del fuego”.

Necesitamos COMBUSTIBLE, COMBURENTE Y CALOR

Combustible es la sustancia que se quema, que se oxida (el carbón, la gasolina, el papel…)

Comburente es esa sustancia oxidante, típicamente el oxígeno.

Calor… pues eso… calorcillo para que tire p’alante la cosa.

Quitando una de estas tres patas se cae el asunto.

Normalmente el agua absorbe el calor a un ritmo suficientemente alto como para que la reacción se pare, pero puede ocurrir que si la reacción es muy exotérmica (produce mucho calor) siga funcionando incluso debajo del agua.

En este experimento de mi libro Experimentos para entender el mundo, podréis ver cómo un puñadito de bengalas puede seguir encendido bajo el agua.

Como puede saltar algún trocito de bengala y hay que usar fuego, esto hay que hacerlo en compañía de un adulto responsable… o de vuestros padres si no encontráis ninguno.


No salpiques…

5 agosto 2009

Parece muy veraniega esta entrada… pero no os va a quitar el calor.

Muchas veces hemos repetido la idea: Eso que a tus ojos aparece como un conjunto de cosas, es en realidad un sistema y sus partes tienen complejas relaciones. De manera que si no lo consideras como un todo, cometes un error.

La crisis mundial, pero más aún el sistema económico mundial, es un ejemplo claro de no considerar al mundo un sistema y preocuparnos sólo de una parte.

En multitud de ocasiones vemos cómo sólo se tiene en cuenta la mejora para una parte del sistema, o a una persona solucionando su problema sin pensar en las repercusiones que podrá tener sobre el resto… y finalmente, de vuelta, sobre él.

Aquí tenéis este video que encontré en una página que me recomendó Alberto, ya ex-alumno mío. Algunos de sus contenidos deben ser supervisados por adultos (al final son chistes verdes o un poco brutos… pero hay que avisar)

Primer acierto, olvidar que los vapores son inflamables…

Segundo acierto, “Me quemo… pues lo echo pa’llá, y los demás que arreen”

¿Aprenderemos algún día?


Experimento: Encender una vela a distancia

9 julio 2009

Avisamos lo primero…

Este experimento involucra fuego y debe hacerse con un adulto y además alguien responsable.

Aunque siempre está el riesgo de hacerse pipi en la cama… inherente a jugar con fuego. Pregunten a sus mayores.

Al grano.

Aquí va el video y luego lo explicamos.

Aprovechamos para agradecer a toda esta gente que va colgando estos experimentos tan chulos y que tanto nos sirven.

Vamos a la EXPLICACIÓN

La sorpresa suele venir porque ocurre algo que consideramos imposible. Aquí, que el humo comience a arder.

Esta aparente paradoja viene de la creencia implícita de que el humo es un producto final de la combustión, sin posibilidad de volver a arder. Pero en realidad en ese humo también hay gases que aún no han reaccionado, en este caso la parafina de la cera.

Gastemos un segundito en explicar cómo arde una vela.

Sabemos que si acercamos una llama al lateral de una vela la cera no empieza a arder como si fuera gasolina o algo así. Sólo conseguimos derretirla.

Pero también sabemos que si encendemos una vela, su tamaño va mermando y la cera, de alguna forma, desapareciendo.

Así que, aunque parece que lo que se quema es el “hilito”, la cera también está metida en el ajo.

Lo que ocurre es que la cera se derrite y se convierte en líquido, el líquido sube absorbido por el hilo (por capilaridad, como el absorbente papel de cocina) y el calor de la llama transforma el líquido en gas. En ese momento el gas prende y se sigue alimentando a la llama.

Esta es la razón para que haga falta calentar el pábilo de la vela, necesitamos generar algo de gas para que prenda. A partir de ahí el propio calor de la llama sigue el proceso y se automantiene.

Tengo que revisar el concepto de segundito…

Resumiendo. En el humo de una vela recién apagada, aún hay parafina en forma gaseosa y, por lo tanto, fácilmente inflamable.


Incendios, seguridad y probabilidad

6 junio 2009

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¿Es un extintor un gasto innecesario? No has tenido que usarlo nunca, ¿verdad?

¿Es un casco de moto perder dinero en tonto? Has viajado muchas veces y aún no te has caído.

Como ya os habré contado, trabajo de profesor de secundaria, y hay un concepto que me cuesta transmitir a mis alumnos. Creo que es una cuestión principalmente de la edad, pero también me sorprende que, a veces, los adultos no lo tengan tampoco muy claro. Me refiero al término “peligroso”.

En la práctica nadie mete el dedo en el fuego, porque te quemas. Si pones un dedo bajo una llama y esperas un momento te quemarás, y esto ocurrirá el 100% de las veces. Así que aprendemos rápido la lección y no lo hacemos.

El problema viene cuando determinada actividad no conduce necesariamente a un mal desenlace. Cuando la actividad es solamente “arriesgada“.

Tenemos numerosos ejemplos: Conducir sin casco o sin cinturón de seguridad (según vehículo), consumir tóxicos (drogas, alcohol, tabaco)…

Parece que la gente piensa algo como: “Bueno, hay dos posibilidades. Puede que salga bien o mal. Dos posibilidades, entonces un cincuenta por ciento cada una. Centraré mis expectativas en que salga todo bien (hay que ser positivo) y… a por todas!”

En fin, ¿qué os puedo decir?

Pues algo puedo decir, dos cosas.

1. Dos resultados posibles no implica que sean equiprobables (misma probabilidad)

Seguro que lo han experimentado con la lotería: puede que te toque y puede que no, pero lo cierto es que no te toca. De hecho, lo más probable es que no te toque.

No me parece mal que sigas echando, y bien divertido es cambiarse lotería con la familia en Navidad, pero el error viene cuando planeo mi vida confiando en unas probabilidades mínimas.

Voviendo a la lotería. Uno echa en Navidad, de acuerdo, pero esperas a ver si te toca para sincerarte con tu jefe y decirle todas esas cosas lindas que piensas de su familia, ¿verdad que sí?

Y, segundo…

2. No apuestes lo que no puedes permitirte perder.

Sólo con el punto primero, alguien podría decirme: “No llevaré casco en mi moto porque la probabilidad de tener un accidente es mucho menor que la de tenerlo, así que me organizo teniendo en cuenta los sucesos más probables.”

El error aquí es apostar lo que no podemos permitirnos perder: la salud o incluso la vida.

Este es el caso de la mayoría de los sistemas de seguridad.

No los necesitamos casi nunca, pero el día que los necesitamos… los necesitamos mucho.

Por eso no es un desperdicio de dinero instalar o mantener un sistema anti-incendios, alarmas, seguros, respetar normas de seguridad, etc, etc. No nos podemos permitir que el azar haga que se dé un suceso poco probable y que eso nos cueste nuestra salud, nuestras vidas o las de algún ser querido.

Para terminar, la sabiduría se encuentra con frecuencia en el camino del medio (una enseñanza budista), así que entre la visión del temerario (que no tiene nada en cuenta) y la del paranoico (que se ve paralizado buscando la ilusión de la seguridad completa) está la posición intermedia del que minimiza los riesgos pero vive en el mundo.


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