Elogio de las pruebas externas… o casi

15 diciembre 2019

Fuente: Wikipedia

La importancia de la educación como derecho y la vulnerabilidad de los menores, usuarios mayoritarios, sería razón más que suficiente para implantar pruebas externas y de control del proceso educativo.

¿Cuál es el problema?

El de siempre. Una cosa es legislar y otra la concreción de la legislación, y la segunda es decisiva para la provisión de los derechos, aunque sea una de las grandes olvidadas… salvo para los que quieren “tunear” las leyes aunque ya hayan sido aprobadas. Como ejemplo, tenemos al ex presidente Rajoy enorgulleciéndose de contemplar un presupuesto cero para cierta ley e impedir de hecho su cumplimiento. Llamativo que estas cosas no tengan ninguna implicación legal para el susodicho, pero eso es otra historia.

Os ponía otro ejemplo hace tiempo con la evaluación en Dime qué me preguntas y te diré quién soy donde os explicaba que DECIR QUÉ voy a evaluar SIN DECIR CÓMO voy a hacerlo ES NO DECIR NADA.

Vayamos al grano.

Quizá penséis que voy a poner a parir PISA o las Pruebas Externas que pasan otras administraciones educativas, pero no, paso. Hoy voy a ir directo al final del argumento.

Nosotros, los docentes, evaluamos a los alumnos, pero somos constantemente cuestionados, de formas más o menos amables, hasta un nivel (pretendido) de detalle que resulta en una burocracia absurda y paralizante.

Así que, quizá la mejor solución sea… no discutirlo más.

De acuerdo, los docentes no tenemos ni los conocimientos suficientes, ni la ética para aplicarlos de manera justa. Así que, ¿por qué duplicar las pruebas? Hagamos exámenes externos oficiales y los profesores (exhaustos) tomaremos como “correctas” esas evaluaciones. Diriman los padres y estudiantes sus diferencias con la administración y todos a casa.

De mis tiempos como profesor particular (unos ocho años en las materias vas variadas) recuerdo la agradable sensación de ser un “aliado”, de trabajar con el alumno (y él conmigo!) para llegar a un punto en el que pudiera superar el examen que ponía “otro”. No recuerdo a ninguno de ellos que hiciera cosas para “perder clase”, mientras que todos se esforzaban para aprovechar tremendamente el tiempo, llegando a comprender y manejar cosas en unas horas para las que meses en el centro no habían sido suficientes. No tengo duda de que la mayoría de sus profesores serían tan buenos o mejores que yo, pero claro, uno-contra-uno, no es lo mismo que repartirse entre treinta, y es más que probable que ese alumno no hubiera trabajado en clase como lo hacía conmigo… pero ahora éramos aliados.

No he tenido esa sensación como profesor “de grupos” más que en segundo de bachillerato, cuando de nuevo soy más el aliado que les ayuda a pasar la prueba que les pondrán “otros”.  Así que, si toda la evaluación fuera externa, sería curioso ver cómo nos convertíamos en aliados y cómo cosas como “perder clase” se empezaría a percibir como un perjuicio, incluso por los otros estudiantes.

Sin duda la gran pérdida sería una evaluación mucho menos justa, por más objetiva que fuese, mucho menos adaptada a los alumnos y sus características particulares, mucho menos… vaya todo en lo que (la mayoría de) profesores nos esforzamos en hacer por conocimientos y por ética, pero cuyo cuestionamiento constante nos tiene un poco hasta las narices.

Es curioso también que entre las medidas de mejora de la evaluación nunca se contempla la reducción de ratio y de carga docente, que también en esto (qué casualidad) sería una enorme mejora. ¿No os parece que si tengo más tiempo y menos alumnos para evaluar, podré hacerlo de mejor manera? Fíjate que es cierto que podría no hacerlo, pero, no veis que con una carga excesiva, directamente, no puedo hacerlo.

Si os paráis a ver las discusiones en las redes entre los profesores de matemáticas de colegio e instituto sobre cómo enseñar cada cosa, qué beneficios y problemas tienen, os daríais cuenta de lo difícil que es y del volumen de conocimiento necesario para tener opiniones de peso. Y esto os lo dice alguien con muchos mas conocimientos de matemáticas que el ciudadano común, pero se reconoce con mucho aún por aprender en su didáctica, al menos, mucho que aprender de los que saben. Así que, esos debates que os parecen tan naturales y tan obvios sobre “qué ha preguntado y cómo” el profesor en el examen, ni son tan simples ni se está tan preparado para tenerlos como se cree la mayoría. Al igual que yo no lo estoy para discutir cómo me repara el mecánico el coche. La diferencia es que para ciertos trabajos todo el mundo se cree con conocimientos suficientes.

Finalmente, OS ESTÁN ENGAÑANDO.

Claro que necesitamos supervisión y control, IMPRESCINDIBLE, como en la provisión de cualquier derecho, pero de la misma forma que para ver si un médico ha cometido una negligencia necesito el examen de expertos, para esto no vale con la opinión de cualquier padre que viene dando voces enarbolando un examen y unas razones, que desaparecen si se lleva un cinco aunque sea por que se calle y no por las razones que se enarbolaban. De hecho, creo que somos demasiado permisivos con las formas (gritos, agresiones físicas, amenazas) con las que los padres entran en centros públicos y se dirigen a empleados públicos en ejercicio de la función pública. Algo que igual se adapta a ciertos tipos legales bastante graves… pero eso es otra historia.

Como casi nadie sabe de matemáticas o de medida, si le lanzo “cuatro números” a los usuarios y a la administración, todos se quedan tranquilos. Y aquí aparecen las famosas rúbricas, los estándares y todo lo demás. Atomizando lo que es necesariamente global, la comprensión, y poniendo una cortina de “exactitud” mediante los números sobre algo que sigue siendo arbitrario, el modelo. Digamos que todo el mundo repasa las cuentas de los exámenes a ver si se ha sumado mal, pero pocos discuten el margen de error de preguntar sólo algunas cosas y estimar el conocimiento de toda la asignatura con una precisión del uno por ciento.

Y, por cierto, ¿por qué está el aprobado en el cincuenta por ciento de lo que debe saberse?

Resumiendo:

¿No os fiáis de los profesores? Perfecto. Evalúen ustedes. Perjudicarán a los alumnos (serán peor evaluados y tendrán una formación “dirigida” a aprobar). Por nosotros no se preocupen, tendremos menos trabajo, menos cuestionamiento, y nos percibirán como sus aliados.

Empezamos cuando quieran.


El derecho a tener razón

22 noviembre 2019

Fuente: Wikipedia

Quizá no lo hayáis oído expresar exactamente así, pero sale de cuando en cuando.

Hace poco surgió entre unos muy queridos amigos con la manida frase “habéis votado mal” que tanto se dice después de unas elecciones.

Parece que es una frase que no “se debe” decir, ya que cada uno puede votar lo que quiera.

Y aquí es donde yo creo que se confunden cosas de mucha importancia y extrapolable a muchos otros contextos: “Derecho a elegir” con “Derecho a tener razón”.

Hay muchas cosas que podemos elegir y es nuestro derecho hacerlo, bien porque sea algo del ámbito personal (qué comerás hoy) o bien porque esté reconocido en nuestro ordenamiento jurídico (votar).

Algunas de nuestras elecciones no tienen una “solución correcta”, puede apetecerme comer judías verdes o pescado, según mis gustos o apetencias y no hay nada más que decir, pero hay otras que acarrean consecuencias para nosotros (y para otros), y en esas podríamos evaluar nuestra elección a la luz de sus consecuencias.

Por poner un ejemplo claro. Si elijo cruzar la calle sin mirar y me atropella un coche, supongo que convendremos en que no he elegido bien. Probemos con otros ejemplos:

¿Qué podemos decir de un brexiter de esos que vivía en las costas del sur de Europa y cuyo voto va a salirle caro? ¿Votaría ahora otra cosa, después de saber que le engañaron con datos falsos, aunque fuera sólo por su propio bien personal?

¿Qué podemos decir de los “liberales pobres” que eligieron gobiernos que privatizaron a lo loco y que han visto morir a familiares sin tratamiento, por no poder pagarlo, o que quizá estén contando sus últimos días? ¿No se equivocaron?

En estos errores no pretendo buscar una “culpa”, en muchos de ellos somos víctimas de la impredicibilidad de la vida, falta de datos o engaños de ignorantes y malintencionados. Pero que no seamos “culpables” no significa que no estuviéramos equivocados. Hay que quitarle esa losa de la culpa al error para que aprendamos a asumirlos tranquilamente.

Llegados a este punto es curioso darse cuenta de que a lo que sí teníamos derecho era a equivocarnos. Puedo elegir comer hasta reventar y luego me tocará asumir una dura digestión. Eso es ser adulto, asumir las consecuencias de nuestras acciones y elecciones, no “tener razón” en todo lo que hacemos.

Hasta ahora nos estamos enfocando sólo en cómo repercuten a nivel personal las propias elecciones y en que es posible equivocarse al tomarlas, pero vivimos en sociedad y vivir “salpica”. Nuestras decisiones también afectan a otros. En ocasiones de manera muy intensa.

Volvamos a las votaciones.

Si no eres rico, tu salud y la de tu familia dependen de un sistema sanitario público. No podemos costear los tratamientos de cáncer, por ejemplo, de manera individual. Podéis ver tristes ejemplos en países como USA o Chile.

Si es tu caso y votas a quien persigue eso, te equivocas a nivel personal, y dado que a todas las familias les alcanzan enfermedades graves, lo comprobarás con dolor si llegasen a ganar “los tuyos”.

Pero aquí además ocurre, que también llevarás a esa situación a mí y a otros muchos, y por lo tanto, tu elección es equivocada también desde un punto de vista social.

Sin duda, la elección es tuya, y tuyo tu derecho a equivocarte (no a tener razón)… y nuestra la libertad de expresión para decir que yerras en lo más puramente egoísta y nos dañas a muchos.

Ahora es tuya también la elección de lo que vas a escuchar o no, y mía la de usar mis medios para decir lo que creo justo y verdadero… y esto es un poco el análisis de la lógica y de los derechos que es mi placer (y mi prerrogativa) compartir con ustedes esta bonita noche de viernes.


Tu vida no es tuya

8 octubre 2019

Niños jugando AMPE

Fuente: Wikipedia

Si alguno pasa el filtro de tan desagradable título, le invito a que me acompañe en unas, tampoco demasiado lisonjeras, reflexiones.

“Yo no pedí nacer” se dice a veces en broma y a veces entre lágrimas, siendo algo muy cierto en ambos casos. Incluso aquellos que creen en realidades trascendentes convendrán conmigo en que la ausencia del recuerdo de esa decisión hace que, en la práctica, el sentimiento sea similar al de los demás.

En nuestra especie los recién nacidos vienen al mundo desvalidos, incapaces de sobrevivir durante un largo periodo de tiempo sin el cuidado de los padres y de la tribu. Como era ayer, es hoy.

El cuidado sanitario, la alimentación y el cobijo no son un “regalo” que se hace al recién nacido, es una OBLIGACIÓN de los padres y de la tribu, como se refleja en los Derechos (sí, con mayúscula) reconocidos internacionalmente y en la legislación particular de cualquier país mínimamente civilizado.

Tu vida, pequeñín, no es tuya, es NUESTRA, la obligación de protegerla y hacerla florecer con la educación, el respeto a la infancia, es DE TODOS. Insisto, no de los padres, DE LA SOCIEDAD y, por eso, pagamos con los impuestos de todos la provisión de los derechos de ese ciudadano que es el niño.

Hasta ahora seguro que me lees asintiendo y preguntándote dónde está la amargura prometida, inflamado en el orgullo por los Derechos de los niños y niñas… Claro, siempre es cómodo el punto de vista de los derechos, pongámonos ahora en el de los DEBERES.

Movamos nuestra posición, ahora ya no somos niños, somos adultos que pertenecemos a esa tribu. Vaya, pues resulta que ahora mi vida no es sólo mía… porque el Panadero este, dice que le debo noséqué hostias a una panda de mocosos que anda por ahí. Cagüentó.

Queridos míos, vivimos en una manada, en una tribu, en una sociedad… juntos, vaya. Eso nos colma de derechos y obligaciones, piensa en unos y otros como un regalo o una carga, pero no olvides que unas veces serás proveedor y otras, usuario, y que sin los que proveen es imposible su existencia. Ambos aspectos están indisolublemente ligados.

Sé que jode sobremanera que alguien cuestione que yo haga “lo que me dé la gana”, pero es que la vida en sociedad matiza, limita y condiciona (si lo piensas en negativo), pero a la vez, crea posibilidades, tiempo y seguridad para que el margen de lo que te puede “dar la gana” sea más amplio.

A esto se le añaden nuestros “contratos voluntarios”. Aquello de “mi vida es mía y de quien yo quiera”. ¿Te has emparejado? ¿Has llegado a acuerdos, límites en vuestra relación? ¿Has tenido un hijo? ¿Tienes amigos y (placenteras) “obligaciones” derivadas de esa amistad, como la compañía mutua? ¿No son todos esos “contratos de cariño” a los que ELEGIMOS “atarnos” ? ¿Y no los hemos elegido porque sentimos que hacen nuestra vida mejor? Ya apuntaba este tema en Papá, has matado a mi padre.

Por supuesto, nadie puede impedirte “romper” todos tus contratos, incluso dejando “deudas” aquí y allá, y largarte a una isla desierta o a la puta jungla, pero… mucho ojo… puede que allí te veas en los debates de los que huías aquí, discutiendo de política alimentaria con un león (en tu nuevo papel de comida) o sobre soluciones habitacionales con un oso en la cueva donde ibas a dormir. Quizá tengas mejor suerte con ellos que con nosotros.


No eres tú, es el sistema

14 enero 2017

Cuando empieza el curso y no te llaman para que te incorpores y los chavales se quedan sin profesor, a veces dos semanas… No eres tú, es el sistema.

Cuando tienes una intervención médica programada con tiempo y tus alumnos se quedan sin profesor porque no se te sustituye… No eres tú, es el sistema.

Cuando acompañas a alguien que está a tu cargo al médico (joven o adulto) y no suplen tu ausencia… No eres tú, es el sistema.

Cuando se da la oportunidad de que te formes en tu tiempo de trabajo en lugar de tener que usar tu tiempo libre y no se suple tu ausencia… No eres tú, es el sistema.

Cuando usas tu derecho de días de asuntos propios (incluso sin sueldo) para… vaya, asuntos propios, y no se suple tu ausencia… No eres tú, es el sistema.

Cuando el derecho de los alumnos se provee gracias a que te conviertas en un héroe o un mártir, haciendo cosas que no son tu obligación y que te cuestan dinero, tiempo, que te quitas a ti y a los tuyos… No eres tú, es el sistema.

Cuando el derecho de los alumnos queda desprovisto porque se cuenta con que la gente hará cosas que no es su obligación hacer y esa gente no las hace… No eres tú, es el sistema.

Cuando te enfermas o, directamente, te mueres (de lo harto que estás) y el derecho de tus alumnos no se provee… No eres tú, es el sistema.

Cuando los alumnos no están en tu clase porque se han ido de excursión… No eres tú, es el sistema.

Cuando tú dejas de dar una clase porque te has ido de excursión con otros alumnos… No eres tú, es el sistema.

Cuando no hay alumnos porque es el día de la tortilla, el de las “pellas”, el último antes de vacaciones, etc. No eres tú, es el sistema.

Cuando dejas de dar una clase porque ha ocurrido algo y tienes que hacer “tutoría”… No eres tú, es el sistema.

Cuando las circunstancias como: número de alumnos, alumnos disruptivos, alumnos con problemas mentales, etc. te impiden dar una clase… No eres tú, es el sistema.

Cuando las estupideces con que demasiado frecuentemente vienen los inspectores te quitan tiempo de clase o de preparación o de descanso… No eres tú, es el sistema.

Cuando currículums mal diseñados, pruebas externas mal diseñadas y otras hierbas te impiden dar clase, o darla como se debiera… No eres tú, es el sistema.

Cuando estás fuera una semana para evaluar los papeles de los profesores que concursan para traslado de destino y no se te suple… No eres tú, es el sistema.

Podría seguir…

Es curioso cómo las clases son sacrosantas en ciertas ocasiones y muy prescindibles en otras. Eso es señal de que esas clases no le importan mucho a quien haya diseñado el sistema.

La clave para ver cuál es la causa de las cosas es, cómo no, ver qué es constante en todas esas situaciones. El problema no es que tú faltes, es que no se te supla, es hacer que la provisión del derecho dependa de un individuo concreto, al que es muy fácil culpabilizar de que el sistema falle.

Intentar etiquetar cómo poco éticas o inmorales a las distintas razones por las que uno deja de dar sus clases puede ser interesante para tomar acciones legales contra ese trabajador, pero la razón por la que los alumnos dejan de recibir sus clases no tiene que ver con eso, tiene que ver con que no se te supla.

Si caemos en eso, pasamos la responsabilidad de la provisión del derecho al individuo, no al estado, y les hacemos el caldo gordo a los ignorantes y malintencionados que socavan el estado del bienestar, incluso dejándolo por debajo de los simples derechos humanos.

Los derechos ni se deben si se pueden cubrir con heroicidades individuales o con mártires. Eso sólo son parches que pueden solucionar una situación puntual, pero para luchar por que se provea el derecho de TODOS los ciudadanos, hay que luchar por un SISTEMA.


PARAS y PORQUÉS, ¿Tengo que justificar mis derechos?

2 enero 2014

Seguro que habéis oído hablar de la Teoría de la evolución de Darwin.

 by Julia Margaret Cameron

Muy resumidito:

1. Los individuos se reproducen

2. La nueva generación está compuesta de individuos, al menos en parte, diferentes a sus progenitores, debido a mutaciones inducidas por el ambiente, aleatorias o, en el caso de la reproducción sexual, por la “mezcla” de genes de los progenitores en los hijos.

3. Dependiendo de las características de cada individuo le resulta más o menos difícil sobrevivir en el ambiente en el que esté y por lo tanto reproducirse, con lo que sus características tienden a desaparecer o a favorecerse en la generación siguiente.

A esto último le llamamos selección natural, la supervivencia de los mejor adaptados (no de los más fuertes, necesariamente).

Ya ves que los individuos no eligen sus características, ni tampoco incluye la teoría una inteligencia superior que dirija las mutaciones o los emparejamientos.

Por lo tanto, no podemos usar la palabra “PARA”.

No podemos decir cosas como:

– La jirafa tiene el cuello más largo PARA llegar a alimentarse de hojas más altas

– Los cocos flotan PARA que puedan llegar a otras islas

– Tenemos visión binocular PARA calcular distancias

Y, ¿qué tendríamos que decir? Pues cosas como…

– Aparecieron individuos jirafas con el cuello más largo y esa característica les ayudó a sobrevivir y por lo tanto a poder reproducirse en ese ambiente en concreto.

Ya, ya… es más largo y más enrevesado. Además, te prometo que incluso los científicos tienen que vigilarse para que no se les cuele al hablar algún “PARA”. La única ventaja es que… es lo correcto.

Esto me ha venido hoy a la cabeza, debido a que alguien ha usado en la tele otra palabra que no debería usarse en el tema del que se trataba: “PORQUE”.

Aparecía una mujer de treinta y tantos años que está sufriendo el paro o contratos en malas condiciones y mal pagados.

Decía que después de todo lo que se había esforzado trabajando anteriormente y formándose MERECÍA un trabajo mejor.

¿Cuál es la idea? ¿MEREZCO un trabajo PORQUE me he esforzado?

Este es un error fundamental. De nuevo el mal uso del lenguaje transmite ideas incorrectas. En este caso no puedo dejar de creer que se hace intencionadamente por parte de determinadas clases acomodadas y políticas.

El trabajo, la vivienda, la sanidad, la educación, la justicia… todo esto son DERECHOS, y los derechos no tengo que merecérmelos. Soy una persona y eso es suficiente para ser acreedor de esos derechos.

¿Crees que soy utópico o que debería remitirme a la legislación vigente?

Venga, de acuerdo.

Puedes consultar la Declaración de los Derechos Humanos que tanto España como otros muchos países han firmado.

¿Qué pasa ahora? ¿Que eso es un documento que nadie se cree y se firma por firmar?

Vale, ¿qué te parece la Constitución Española? ¿Te parece una ley suficientemente seria y de aplicación actual?

Constitutional_court_of_justice_spain

Mira el artículo 35

1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.

La negrita es mía. El DEBER de trabajar…

Desde aquí hacemos un llamamiento a los seis millones de parados que hay en España para que acudan al juzgado más cercano y confiesen que están incumpliendo su deber, a la vez que su deseo de que el Sr. juez les obligue a cumplirlo, buscándoles trabajo.

El artículo 47 también es diver… (la negrita es mía)

Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.

¿Has visto que los poderes públicos tienen la obligación de impedir la especulación del suelo? Comparar esto con la realidad sería cómico si no fuera trágico.

Así que no, queridos, no.

Tú no te mereces un trabajo porque hayas estudiado mucho, o porque te esfuerces mucho. Tú tienes derecho a un trabajo digno, tú y otras personas que no cuentan con tu habilidad, tus talentos, o las oportunidades que has tenido, o que quizá no las han sabido aprovechar como tú. En cualquier caso, todos tenemos derecho al trabajo, todos.

No podemos conformarnos con que nos arrojen una raspa y pelearnos por ella como salvajes, o con que la caridad nos haga el favor de darnos de comer o con alcanzar cierto estatus para merecer los derechos, quedando fuera los demás.

Hace tiempo ya hablamos del derecho al respeto en ¿Por qué tengo que respetarte?

Resumiendo: Siempre que argumentes que mereces un derecho por alguna característica, dejarás fuera de ese derecho a los que no la cumplan.

Imágenes de Wikipedia. La primera del amigo Darwin. La segunda, de la sede del Tribunal Constitucional al que quizá pudieras dirigirte a reclamar tus derechos constitucionales, al igual que se te exigen tus deberes.


Vive como quieras y paga el precio

14 marzo 2011

Típico problema en clase: Alguien ha hecho algo que no debe, no dice nada y el resto tampoco.

Me ha pasado hace poco a mí y en este caso me gustaría incidir en esa gente que es “inocente”, precisamente para discutir esa condición.

La información no es neutra.

Cuando una persona te cuenta algo que ha hecho o cuando lo hace en tu presencia te pone en un aprieto.

Puedes contarlo o no contarlo. Puedes encubrir o delatar… no puedes quedarte al margen.

Si presencio una pelea o un maltrato, cualquiera de las dos elecciones es posible que me pongan a alguien en contra, pero no hay ninguna alternativa más.

No critico las elecciones que tome cada uno, lo que digo es que no se quejen del coste que se paga.

Por ejemplo, tú eres amigo de una pareja. Presencias que él le ha sido infiel. Ya estás metido hasta el cuello en el asunto, o le encubres o le delatas. La única solución intermedia que se me ocurre es decirle a mi amigo que o se lo dice él hoy o se lo digo yo a ella mañana… lo que probablemente me lleve a discutir con el caradura de mi, ahora entre comillas, “amigo”.

Si eliges proteger a tu colega y no le dices nada a ella, tendrás que pagar el coste de perder o al menos enfriar la amistad con ella. Desde luego no esperes que ella te esté agradecida o te invite a comer, has elegido traicionar su confianza, además en un caso en el que esa persona no había hecho nada malo.

Salvando todas las distancias que queráis, eso es lo que hacen esos alumnos que encubren a los otros alumnos, eligen un bando y se acaba la confianza entre nosotros. Ese es el precio, algunos lo pagarán gustosamente, y a otros supongo que les dará algo de pena que nuestra relación se haga más fría, más legalista, y menos personal… pero ese es el coste.

Una cita que leí hace no mucho y que me gusta particularmente decía:

No esperes a poder vivir como quieres, vive como quieras y paga el precio.

Insisto, no pretendo decir qué tiene que elegir la gente, que cada uno elija lo que le dé la gana… pero que sepan que tiene un coste, que lo paguen y listo.

Aquí viene muy a cuento el tema de los “chivatos” y esos códigos de silencio mafiosos que son tan populares en los colegios e institutos.

De momento hay que informar a los alumnos que encubrir o dar un testimonio falso para un mayor de edad es un delito… así por lo menos no perpetuamos la conducta.

En segundo lugar, realmente el débil o la víctima, si no son capaces de lidiar con la situación o el abusador no cede, tiene que “fastidiarse con jota” y no puede acudir a la autoridad para que le proteja… que para eso está???

Estado de derecho o ley de la jungla???

Escribí hace un par de años un texto a este respecto, que comparto con vosotros

SER UN CHIVATO

Me insultan, me pegan o me roban y no puedo decir nada porque sería un chivato.

Veo como insultan, pegan o roban a otro que no tiene ya fuerzas para quejarse y no es capaz ni de decírselo a su familia, pero no puedo decir nada porque sería un chivato.

A ver si me entero.

• No es malo pegar o maltratar a otro.

• No es malo quitarle el dinero que traiga o romperle sus cuadernos.

• Lo malo es quejarse de que a uno le están acosando, maltratando… porque ser un chivato es lo peor del mundo. Es mucho peor que ser un agresor, un maltratador o un chorizo.

Creo que nos están engañando.

Creo que se han montado un negocio estupendo.

Ellos me pueden hacer lo que quieran y yo ni siquiera puedo protestar.

Si intento ayudar a un amigo o a un compañero que sea una víctima de ese maltrato también soy malísimo. La víctima y el que ayuda son los malos, el agresor no.

Nos están engañando.

Ya está bien de tomaduras de pelo, los acosadores son los que están haciendo algo malo y son a los que se les debe hacer cambiar su conducta, no a las víctimas que quieren defenderse y vivir una vida tranquila.

Defiende tus derechos y defiende los de aquellos que sean más débiles o que estén tan deprimidos que no tengan fuerzas para hacerlo ellos mismos.

Ya está bien…. Además de víctimas no seamos tontos.

 


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