Predicciones para septiembre

29 mayo 2020

Hay gente muy hábil para esconder la mentira… pero incluso en el diccionario queda claro lo que es mentir.

Para mí es evidente que quien usa literalmente expresiones correctas, pero su intención es inducirte a creer lo que no es cierto, sabe que lo has creído y no hace nada para sacarte de esa creencia, te ha MENTIDO. (Y me parece increíble que haya que explicarlo).

Los razonamientos circulares son una de esas maneras con las que se induce a error.

Quizá os suene el Principio de no contradicción, algo fundamental en la lógica binaria, donde los enunciados pueden ser verdaderos o falsos.

Básicamente diremos que una cosa y su contraria no pueden ser verdad a la vez, y que una cosa es igual a sí misma.

Os preguntaréis si tengo que añadir esto a vuestro sufrimiento vital, pero es importante, mirad.

«Tenemos que hacer lo que debe hacerse»

Esto es un razonamiento circular que SIEMPRE será cierto, que en el fondo se apoya en esa no contradicción. ¿Cómo vamos a tener que hacer lo que no debe hacerse o cómo vamos a no tener que hacer lo que debe hacerse?

¿Dónde está el truco?

En pretender que te han dicho algo concreto, que te han solucionado tu problema. ¿Acaso sabes qué es concretamente lo que va a hacerse?

Legalmente, la falta de concreción produce indefensión.

Imagina una atracción de feria.

Si yo como administración digo: Sólo deben pasar personas de la altura «adecuada».

¿En quién recae la responsabilidad de establecer esa altura? ¿En quién la responsabilidad si hay un accidente?

Qué diferente es si la administración dice: Solamente personas de más de un metro de altura podrán pasar. ¿Verdad? Ahí la administración asume concretar qué es lo debido y asume la responsabilidad de esa decisión.

Vamos con la educación.

A estas alturas aún no sabemos si nos obligarán a volver antes del verano, pero ni siquiera se establecen adecuadamente las condiciones en septiembre.

Voy a PREDECIR el futuro.

No es mérito, es un simple trabajo de observación de patrones y predicción de series temporales 😉

A día de hoy ya nos han dicho que es responsabilidad de las direcciones de los centros el establecer las medidas NECESARIAS. Interesante… sin incremento de presupuesto, sin dotación suficiente, sin un experto en seguridad y sin el puñetero espacio físico mínimo. Pero fijaos, ya tenemos la inconcreción en la norma y a quien culpar. (Increíble que los directores pasen por esto).

Bien, ya os adelanto lo que pasará en septiembre.

Volverán a decir lo MISMO:

Tenéis que ir.

Tenéis que absorber todos los alumnos.

Tendréis los mismos recursos humanos o con menos.

Tenéis que tomar las medidas NECESARIAS.

Si pasa algo, la culpa será vuestra por no haber tomado las medidas NECESARIAS.

Respecto a los chavales que pudieran tener una patología que les hiciera personas de especial riesgo…

Padres, si CONSIDERÁIS que el riesgo es DEMASIADO alto. No los llevéis.

(Aquí ya tenemos a los culpables de la muerte de los chavales y la inconcreción en determinar concretamente si tienen que ir o no)

Profesores, tenéis que proveer de los medios SUFICIENTES para que se garantice el derecho de los alumnos que no acudan. Sin dotación extra, claro.

(Ya tenemos aquí a los culpables si los chavales ven mermados sus derechos)

Direcciones, tenéis que garantizar que todo esto se produzca.

(Por si hace falta un culpable extra).

Así que, la administración, que ES la responsable de la PROVISIÓN del derecho, no de dar voces para que se provea de cualquier manera, de dar ella la provisión; la administración, decía, se lava las manos a la hora de determinar con detalle número y capacitación de profesionales, infraestructuras, presupuestos y otros parámetros y carga a los demás con todo ello.

Ya me perdonará quien deba por decir la verdad, pero quien hace esto es muy negligente o muy malvado. Ambos motivos para hacerles abandonar sus puestos.

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Evaluación en tiempos de virus. Un diálogo.

21 abril 2020
  • He venido por el suspenso de mi hijo.
  • Es que el muchacho no sabe
  • ¿Pero le va a suspender?
  • Si no sabe…
  • Pero no es culpa suya.
  • No lo es, pero es que no sabe.
  • Pues debería aprobar, ya que no es culpa suya.
  • Entonces, ¿qué significa el aprobado?
  • Pues que ha asistido a clase y ha intentado hacer las cosas.
  • Pero es que la educación es obligatoria, así que el año de nacimiento ya justifica que ha estado aquí.
  • ¿Cómo va a poder trabajar si no tiene el título?
  • Pero si se lo damos a todos y no certifica ningún conocimiento, ¿no pedirán entonces algo más y ese título sería sólo como si enseñara el documento de identidad?
  • No, porque significará que ha estudiado y sabe.
  • Pero es que… no sabe.
  • Ya, pero no es culpa suya, suspenderle es castigarle.
  • Entonces, ¿aprobar ya no significa que se tienen un dominio mínimo de algo?
  • SI no es culpa tuya por lo que no sabes, no.
  • ¿Iría usted a un médico con un aprobado conseguido así? ¿A un fontanero?
  • Pero es que lo que usted enseña no es importante, y no pasa nada porque no lo sepa.
  • Si es así, ¿por qué lo enseñamos entonces en la normalidad?
  • Pues no lo sé, pero es una buena pregunta. ¿Quién usa en su día a día eso que usted enseña?
  • A ver, el pensamiento crítico, el conocimiento sofisticado…
  • Pero no nos vayamos por las ramas, ¿le va a aprobar a mi hijo o tengo que ir a Inspección? En Inspección seguro que me dan la razón.
  • (No lo dude) ¿Se da usted cuenta de que en ningún momento estamos hablando de cómo va a conseguir el muchacho dominar la materia?
  • Pues le hace usted un examen el año que viene
  • ¿Y cómo lo va a aprobar si no sabe?
  • Pues se lo explica en clase
  • ¿El año que viene damos un trimestre más?
  • No, ¿qué pasaría con nuestras vacaciones? Meten lo que falta durante el curso y listo.
  • ¿Sin reducir ratio? ¿Un curso un 33% más complejo sin aumentar recursos?
  • Hombre, háganle unos exámenes fáciles de esa parte, o que entreguen un “cuadernillo” que haga en casa. Aprovecháis todo para pedir mejoras, ¿eh? Con la que está cayendo y que lleváis más de un mes sin trabajar… ¡Qué vergüenza! 
  • ¿Y eso valdría para que aprendiera?
  • Pues no sé, pero aprobaría.
  • Dos preguntas, que son una en el fondo: ¿Habría venido usted si le hubiera puesto un aprobado? ¿Terminaría esta conversación aquí si se lo pongo?
  • Hombre, ¿sólo un aprobado? Mi hijo se esfuerza mucho. Además, ¿a usted qué más le da? ¿Es que le pagan más si suspende a muchos?
  • Pues sí me importa, pero no sé cuánto más lo hará.

Es ficción pero, como mucha ficción, podría ser más real que la anecdótica realidad. Digamos que es surreal.


Cuando elijo, ya no puedo elegir. Sobre la libertad

27 marzo 2020

Fuente

En estos complejos tiempos me acordaba de algo que aprendí jugando al ajedrez.

Una posición «elástica» es buena… pero no se puede mantener indefinidamente, hay que decantarse.

Sobre esto también hablaba en «Te jodes y decides».

Dice el diccionario de la RAE

«Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.»

Facultad para obrar… fíjate también me recuerda al concepto de energía que manejamos en ciencia «Capacidad de producir un trabajo». Para explicar la energía a los chavales les hablo del dinero. No es comida, pero puede «convertirse en» (comprar) comida, no es un medio de transporte, pero puede «convertirse» en él.

En todos estos casos es la posibilidad de hacer algo, algo que sólo adquiere sentido justo cuando se pierde, cuando por fin me decido y tomo uno de los caminos, abandonando el resto. Cierto que en el futuro volveré a decidir, pero ya no será el mismo lugar ni la misma decisión, ni siquiera yo seré el mismo. Así que renuncio a mi condición de soltero para emparejarme, a mi horario para trabajar o a unos estudios eligiendo otros.

Hoy confinados, percibimos una falta de libertad de la que algunos se duelen, aludiendo a su individualidad y reclamando su capacidad para elegir aquello que les apetezca más allá de «órdenes» o «disposiciones».

Creo que es el momento de recordar que una de las cosas que se puede hacer con la libertad es cederla, renunciar a parcelas de decisión por un bien común o un bien personal mayor.

Y esto es lo que hemos hecho como país en instituciones supranacionales y como individuos al aceptar el compromiso de vivir en sociedad y recibir los innumerables beneficios que nos reporta.

Así que, efectivamente, aceptar órdenes es fruto de mi elección de vivir en sociedad y de la cesión de libertad que ya hice en su momento. Por eso os contaba hace tiempo que Tu vida no es tuya, y que esto tiene dos aspectos: soy sujeto de derechos y obligaciones. Tu vida no es tuya porque a veces tus intereses personales deben dejar paso a los intereses comunes y en otros momentos porque los demás tendremos que considerarla como nuestra y tendremos la obligación de cuidarte, protegerte y proveerte.

No hay que olvidar que para que esto no se convierta en una distopía necesitamos los controles de la administración, la política, las organizaciones supranacionales, la prensa, el ejercicio del derecho… y agradecemos mucho la labor de tanta gente que se ocupa de esto de primera mano, pero seguimos bajo el contrato social.

En todo caso, acabo con el mismo último párrafo que en «Tu vida no es tuya».

Por supuesto, nadie puede impedirte “romper” todos tus contratos, incluso dejando “deudas” aquí y allá, y largarte a una isla desierta o a la puta jungla, pero… mucho ojo… puede que allí te veas en los debates de los que huías aquí, discutiendo de política alimentaria con un león (en tu nuevo papel de comida) o sobre soluciones habitacionales con un oso en la cueva donde ibas a dormir. Quizá tengas mejor suerte con ellos que con nosotros.


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