Dinero no habrá, pero pa’ tontás…

26 marzo 2014

Famosa frase popular que elevó a mito el fantástico duo de humoristas, Gomaespuma.

Cualquiera que vea las noticias podrá decirla cada pocos segundos… en realidad podría ir empalmando las frases. Según la terminas, ya te han dado razones para decirla de nuevo.

¿Por qué nos interesa este concepto? Por la COHERENCIA, que, como la honestidad, y como diría Billy Joel is such a lonely word

De hecho hoy escribo esto, y a esta hora, porque no tengo alumnos… han faltado todos a clase porque se ha convocado una huelga en contra de la LOMCE, sobre la que no diré nada aquí, porque lo haría en la Lengua negra de Mordor.

– ¿Puede ser, por ventura, que el grado de compromiso social y con los servicios públicos (o al menos con su propio futuro o el de sus allegados) sea tan grande que anden ahora en manifas, piquetes, redactando manifiestos, o poniendo colorados a corruptos e ineficientes políticos a cargo de la Educación?

– ¿También podrían estar estudiando, lo que no hicieron en buena medida en la recién terminada evaluación?

– ¿O quizá podría ser, también por ventura, que anduvieran tocándose las gónadas u otros caracteres sexuales secundarios, si las primeras no fueran accesibles, tumbados en sus confortables y calentitos lechos?

Como diría un andaluz:

E’ o no e’?

¿Es una clase algo importante o no lo es?

¿Hay cosas más importantes o quizá sólo más urgentes que justifican que se posponga o se pierda una clase? A esto, ya te respondo yo que por supuesto.

Aquí lo que me jode es el baile. Iba a decir que me molesta, pero es que no me molesta… me jode…

Un día una clase es un asunto casi de vida o muerte, tanto que no puedo acompañar a mi madre a una revisión del oncólogo a no ser que esté legalmente a mi cargo.

Otro día, viene alguien a dar una charla, o es necesario rellenar un documento, o los chavales están muy cansados porque vinieron ayer a la 1 de una excursión, o es el día antes del último día (el novedoso “día de las pellas”, y demos gracias a Dios porque no conocen la recursividad)… y esa clase se deja de dar y no pasa na’

Pues me parece muy mal.

Establezcamos la importancia y la urgencia de las cosas y obremos en consecuencia.

Y, como sabe cualquier alumno mío, no soy de los que piensa que su asignatura es de suma importancia, ni que sus clases lo son, ni me hace mucho para adaptar mi clase a lo que considere más importante o que renuncie a mi clase para otra cosa… pero seamos coherentes.

Esto tiene mucho que ver con lo que, para solaz de tantos, llamamos en ciencia “DESPRECIABLE”.

Por ejemplo, imagina que me interesa saber a qué distancia estoy del centro de la Tierra.

El radio de la Tierra es 6370 km aproximadamente, ¿crees que es importante, para la precisión que buscas, saber si calculo la distancia desde mis pies, mi ombligo o mi cabeza? Efectivamente, no. Esa cantidad sería despreciable respecto de la otra. Porque siempre ese despreciable será “respecto de” algo.

Si alguien se pone muy detallitos… habrá que recordarle que la Tierra no es una esfera, ni lisa… y mil cosas más que influyen más en el resultado que tu altura. El modelo que estás usando tienes sus límites, ya lo contamos aquí: El ordenador no me deja.

La distancia entre tú y yo, querido lector, comparada con la distancia de la Tierra al Sol será despreciable en muchas circunstancias… y comparada con la distancia a la otra estrella más próxima (Alfa Centauri, 4.37 años-luz), en todas las circunstancias. Para este último caso estamos en el mismo lugar.

Un presupuesto de una obra de ingeniería que lleva un diez por ciento de imprevistos sobre cientos de millones… ¿estará teniendo en cuenta que el ingeniero jefe necesita un boli?

Esos carteles que nos ponen en las obras públicas, diciéndonos el presupuesto en céntimos de euro… son un insulto a nuestra formación o bien una constatación de la falta de ella en el público en general.

Finalmente, en nuestra vida cotidiana…

¿Seguro que dejas de comprar un libro porque cuesta 15€ en lugar de 14€ y dejas una propina de 1€ en el bar?

¿Es ese euro importante o no? ¿En qué casos?

¿Dejarás de hacer algo tú o con tu gente por el precio? ¿Por qué precio?

Pues si tienes establecida la cantidad de dinero que no te gastarás para hacerte o hacer a otros feliz… no te la gastes luego en gilipolleces, hombre.

Y si no, oirás aquello de:

Dinero no habrá, pero para tontás…

 

 


Cómo cagar en casa y salir vivo…

21 febrero 2014

Aunque me resistí mucho, seguí los consejos de varios amigos y mandé un monólogo al certamen Famelab.

No ha sido seleccionado en el primer corte, así que os lo dejo por aquí para que lo veáis, aunque quizá ya me lo hayáis oído contar en bolos y saraos…

Quiero cagar en mi casa…

Si esto es lo que desprecian, el nivel debe ser buenísimo… no os lo perdáis… pero el enlace ya os lo buscáis vosotros… si ellos pasan de mí…

Lo que no quiso Famelab, que lo disfruten los humanos…


Encuesta: ¿Soy una mala persona si no enseño Excel a mis alumnos?

6 diciembre 2013

En Naukas podéis leer más http://naukas.com/2013/12/06/encuesta-soy-una-mala-persona-si-enseno-excel-mis-alumnos/

Os agradeceríamos un montón que contestéis a esta encuesta

y a dejaseis vuestras reflexiones en los comentarios,

andamos un poco perdidos.


Querido ciudadano: las máquinas nos quitan el trabajo

18 noviembre 2013

Querido ciudadano:

Espero que al recibir mi carta estés bien, aunque sé que no.

Unas palabritas, sólo para que no te despisten.

Sí, las máquinas nos quitan el trabajo, el trabajo pesado y duro físicamente, el repetitivo, el peligroso… pero lejos de ser un problema, es una ventaja.

Entre mis planes a corto plazo no se encuentran tirar la lavadora o el lavavajillas por la ventana, ni prender fuego a los tractores, que dejaron sin ocupación a tanta gente en el campo.

El problema es el reparto de riqueza, que del pollo con el que podríamos comer todos, nos den un muslo para repartirnos entre nueve, mientras uno se come todo lo demás.

Sólo por si quieres tenerlo en cuenta…

Y si se te hace corto… hace tiempo te escribí otra carta, que quizá no recibieras: Querido contemporáneo

Besis

Javi

P.S.: Ya hablamos de esto hace tiempo (con vídeo extra de Gema)… pero sigue haciendo falta.


De sistemas en bucle cerrado y la gente que no contesta

11 septiembre 2013

Imagina un tostador normal.

Le das al botón y se pone a calentar durante unos segundos, después se para y salta… bueno, no salta nada porque te habías olvidado de poner el pan.

A esa máquina no le importa si has puesto pan fino, grueso, has metido la mano o no hay nada. Recibe una orden y la ejecuta sin comprobar cómo ha sido el resultado. A esto se le llama trabajar en bucle abierto… vamos, sin bucle ninguno.

Lo mismo pasa con las estufas antiguas o sencillas. Las encienden y calientan, punto. Da igual si es verano, invierno, si hay alguien en la habitación o si la casa está en llamas.

Aunque exagere un poco, no es esta la mejor manera en la que pueden funcionar nuestros aparatos.

Al fin y al cabo, nuestro objetivo no es que el tostador caliente, sino que caliente hasta que la tostada esté bien hecha, ni a medias, ni quemada. Tampoco es nuestro objetivo que la estufa caliente, sino que la temperatura de la habitación sea la que hemos elegido.

Esto se arregla si nuestra máquina puede tomar datos del exterior y evaluar hasta qué punto la tarea está completa, para apagarse, seguir funcionando o ponerse en funcionamiento.

Es la función que hacen los sensores. Ellos toman valores de magnitudes físicas (luz, color, temperatura, humedad, posición, etc.) y se la pasan a la máquina para que evalúe si esa magnitud está en el valor deseado o no.

Un ejemplo muy corriente es el termostato que usamos en casa. Elegimos qué temperatura queremos y este manda una señal de arranque a la calefacción cuando se baja de esa temperatura y una señal de paro cuando se sobrepasa.

Otro más reciente, pero ya muy extendido son los acelerómetros de los teléfonos que les hacen saber en qué posición están y tomar decisiones como cambiar la visualización en pantalla, apagar una alarma… lo que se quiera programar. Una cosa es el dato que da el sensor y otra la decisión que toma la máquina.

Si dibujamos el proceso nos queda más o menos así:

Imagen enlazada de aquí

Por eso a esta manera de actuar la llamamos en bucle cerrado, y al proceso de evaluar el resultado a la salida del proceso y enviarlo “hacia atrás”, realimentación, en inglés, feedback.

Uno de los sistemas más interesantes en lazo cerrado es… usted. Tiene el cuerpo lleno de sensores, y no hablo de los “sentidos” tradicionales, o de los sensores de la piel que le informan del calor y demás… también tiene “propioceptores”, sensores internos que toman datos de la tensión arterial, concentración de azúcar en sangre, etc. y que envían esa información a su encéfalo, donde se toman decisiones como variar la frecuencia cardíaca, secretar hormonas, etc.

Si te pones de pie y te observas, verás cómo tus pies corrigen tu posición y postura para que no te la pegues, evaluando en fracciones de segundo la información que aportan tus ojos, tu oído interno y sensores de tus articulaciones… sin tu participación consciente.

Y, ¿la segunda parte del título del post?

También en nuestra comunicación y en nuestra forma de actuar trabajamos de forma parecida, en “bucle cerrado”.

Contamos un chiste y miramos a la audiencia, si se ríe o no, y adaptamos nuestra conducta al efecto que producimos con nuestra primera acción. Por eso funcionan el conocido Condicionamiento operante.

En los niños pequeños es muy curioso ver cómo miran a sus padres justo después de hacer algo para ver su reacción y recibir así feedback.

Y, por fin, llegamos al punto donde se originó la idea de escribir este post, la gente que no contesta, que no da feedback.

Escribes a alguien un SMS, un whatsapp, un email, un tuit dirigido… y no son capaces de decir ni tan siquiera un “Gracias, intentaré echarle un vistazo cuando pueda.” No sé a vosotros, a mí me jode parece una descortesía, sobre todo con lo sencillo que es dar ese acuse de recibo y lo bien que se queda.

En realidad, cuando la vida te interpela no puedes dejar de contestar, porque incluso la ausencia de respuesta es una manera de responder. Aquel “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”, es quizá lo que hace que sintamos que nos desprecian cuando hacen eso con nosotros.

En cualquier caso esto nos sigue confirmando que no podemos elegir las acciones de los demás, que no podemos elegir a nuestros amigos o a quien nos quiere, lo único que está en nuestra mano es elegir las respuestas que damos a lo que los demás nos “propongan”.

Así que afinen sus sensores, tomen datos sobre los resultados generan sus acciones en el mundo y en los otros, observen y elijan su forma de actuar. No le impongamos a la realidad nuestras teorías: observemos y aprendamos.


Accidentes, probabilidad y protocolos

5 agosto 2013

Este post es nueva colaboración con Naukas, allí podéis leerlo también

¿Cuál es la probabilidad de obtener cara al lanzar una moneda? Cincuenta por ciento, efectivamente, o 1/2, si lo decimos en tanto por uno.

La manera de calcularla es bastante sencilla, casos favorables entre casos posibles.

De esta forma podemos calcular otras probabilidades:

Obtener un cinco al lanzar un dado

– Un caso favorable / seis casos posibles = 1/6 (17%)

Obtener un rey al sacar una carta de la baraja

– Cuatro casos favorables / cuarenta casos posibles = 4/40 (10%)

Si, dame un momentito, ahora llego a lo de los accidentes…

¿Qué pasa si pensamos en dos sucesos?

¿Cuál es la probabilidad de lanzar una moneda sacar cara y luego lanzarla otra vez y sacar otra cara?

En este caso no es un 50%. Si lo pensamos como antes, los casos posibles son cuatro (cara-cara, cara-cruz, cruz-cara y cruz-cruz) y solamente tenemos un caso favorable. De esta manera, la probabilidad de obtener cara-cara después de dos lanzamientos es 1/4 (25%).

Si te fijas, ese resultado, 1/4 coincide con multiplicar 1/2  por 1/2, y no es casualidad.

La probabilidad de que ocurran dos sucesos independientes conjuntamente, es el producto de sus probabilidades.

La probabilidad de tirar una moneda y que salga cara y luego tirar un dado y que salga cinco es:

1/2 ·1/6 = 1/12 (8%)

Y por fin llegamos a los accidentes.

Si un sistema de seguridad tiene una probabilidad de fallo del 1% y le añado otro sistema que también tiene una probabilidad de fallo del 1%, la probabilidad de fallo conjunta no será 0,5% u otra cosa parecida… es mucho menor: 1/100 · 1/100 = 1/10000 (0,01 %) Pequeñísima, como veréis.

Estas son las matemáticas que hay detrás de los protocolos que tanto nos incomodan, que son tan cansinos, nos retrasan y nos cuestan dinero…

Efectivamente es un gasto y un estorbo tener un extintor, para probablemente no llegar a usarlo nunca. ¿Lo quitamos? Aunque la probabilidad de incendio sea pequeña, como te toque, te va tocar “al cien por cien”…

 ¿Qué ocurrirá si la seguridad de algo depende de un solo factor, de una persona, de un dispositivo?

Pues seguramente la pregunta adecuada no es SI el sistema va a fallar, sino CUANDO va a fallar… es sólo una cuestión de tiempo.

La seguridad de los sistemas, sobre todo con la tecnología accesible, no debe, no puede depender solamente de un operario, de que tenga sueño, se despiste, sea incompetente o malintencionado.

Ya habéis visto qué rápidamente baja la probabilidad de fallo conjunta, ¿por qué no se hace entonces?

Bueno, la respuesta es, como tantas veces, el dinero.

Tener un protocolo de actuación o de funcionamiento encarece el coste y hace más lenta la operación, a corto plazo. Queremos que haya más de un operario, o que le apoye un sistema automático, que los conductores descansen, que se limite la velocidad de tránsito… cuando todo eso podría funcionar “con un poco de cuidado” con menos recursos.

A largo plazo, las paradas por fallos, las averías y, sobre todo, los accidentes personales o las víctimas mortales, hace que el coste más alto o, directamente, incalculable.

Hay también una cierta responsabilidad individual, como votantes y consumidores, ya que sobre nosotros se repercutirá el gasto de esos protocolos, y en muchos casos, estamos dispuestos a pagar “mercancía” más barata, aunque sepamos que no se están haciendo las cosas como se debiera. Así, de una manera macabra y oscura, entre ellos y nosotros, pactamos el valor de la seguridad de las personas y de la vida humana, hasta extremos de detalle que os asustaría conocer.

Por último, para nuestra vida cotidiana también es útil tener en cuenta estas cosas. Por ejemplo, si eres despistadete, está bien que dejes de serlo, pero mientras tanto, puedes establecer protocolos que te protejan de tus despistes.

Te pondré unos ejemplos y animamos a que en los comentarios nos contéis más.

– Esconde algunos euros en el coche, por si se te olvida la cartera

– Deja tus llaves y otras cosas siempre en el mismo sitio en casa

– Ten siempre repuestos de bombillas, papel higiénico… Así cuando se gaste, puedes cambiarlo rápidamente y reponer “el backup” sin prisa ya

– O gestiona así tu disco duro y copias de seguridad

Y, como regla general, si trabajas al 120% y tienes cinco pelotas en el aire, igual que les pasa a las máquinas, pronto ocurrirá un fallo o bien se reducirá tu vida útil…


Whatsapp, el doble check y el espíritu científico

1 agosto 2013

El otro día andábamos discutiendo unos amigotes si el doble check que aparece en la famosa aplicación whatsapp significa que el mensaje ha sido leído por el usuario, o solamente que ha llegado a su móvil (en realidad, nadie te aseguraría tampoco que se hubiese leído, solamente que se hubiese abierto, pero en fin).

Después de un rato de discutir que si sí, que si no, que dónde lo has leído y qué credibilidad tiene, que si en iphone sí, pero con Android no… por fin, empezamos a pensar con la cabeza.

Queridos, esto sigue siendo un blog de ciencia, y SI ES MEDIBLE, NO ES DISCUTIBLE.

Así que, nos pusimos manos a la obra hicimos un par de pruebas y encontramos nuestras respuestas.

Y voy a ser tan majete de no deciros la respuesta para que o bien, leáis por ahí en una fuente fiable y os lo creáis, o bien, hagáis vosotros la prueba y construyáis vuestro propio conocimiento. De nada.

Aquí os dejo un corto divertido sobre el asunto.


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