Rúbricas y anumerismo

23 mayo 2016

Las llamadas “rúbricas” están de moda en educación. Estar de moda no las hace malas, pero tampoco las hace buenas, necesariamente.

Primero, qué son.

Se trata de una herramienta de evaluación del desempeño de alguna tarea. Suele representarse con una tabla.

Por ejemplo, en una fila pones el “descriptor”, i.e. “Conocimiento del tema”, y en las columnas los diferentes grados de consecución, “Dominio completo”, “Buen dominio”…  redactados, o bien, por números.

A la hora de evaluar vas marcando los distintos grados de consecución en cada descriptor y finalmente con esa información concluyes la evaluación final de la tarea.

¿Y cuál es tu problema, Javi?

Pues el de siempre… que parezca lo que no es.

Esta manera de evaluar es más vieja que la tos, otra cosa es que ahora se haga con aparatejos o que esté de moda, como os decía, pero este dividir y vencer tiene unos siglos.

Del anumerismo ya hemos hablado mucho, y dotar a la gente de herramientas contra él es el motor de mi último libro (Aproxímate).

Una de las maldades del anumerismo es la falsa percepción de exactitud.

Imagina una clase con 21 alumnos.

Dos han faltado.

El porcentaje de faltas es de (2/21)·100 = 9,52%

¡Qué bonito! !Qué exactitud!…

¡Qué porquería!

Fíjate, si tengo 21 alumnos, cada persona representa casi un 5%, entonces, ¿qué puñetas representa 0,52%? De hecho cualquier variación de menos de un 5% no significa nada… de hecho, ni siquiera una del 5%, sería sólo lo que le pasa a una persona. Estamos haciendo estadística, ¿no?

Y, ¿qué pasa con las rúbricas?

Pues eso… divido la evaluación en varios items, asigno categorías y puntúo cada categoría por separado. Ahora cojo esas categorías y las promedio, o bien les asigno distintos pesos, digamos que una categoría vale un 50%, y las otras un 10%, o como me parezca. Finalmente hago el cálculo y me sale un 6,2, como las notas sólo van de punto en punto, pues un 6. Perfect.

Es increíble como se confunde objetivo con justo. Objetivo es solamente, no subjetivo. Un criterio objetivo sería suspender a todos los que estuvieran menos calvos que yo. No sujeto a opiniones, medible… objetivo.

Los alumnos y los profes, meten los números, hacen los cálculos y se quedan tan a gusto. Un alumno suspenso, se irá conforme si le enseñas los numeritos y le muestras que efectivamente salía 4,73.

¿De verdad nadie ve el error asociado a la asignación de categorías, a la asignación de pesos en cada categoría? Si cambias eso la nota puede ser bien diferente. Esto no es un asunto menor, esas asignaciones se basan en un modelo, en asumir que la teoría es más importante, o que la fluidez verbal es crucial, o despreciable, o lo que sea… Da igual lo precisos que sean tus números a partir de ahí, llevas asociado un error en tu apreciación de qué y de cómo debe evaluarse.

Si a eso le sumamos que al final, después de “medir con un láser vas a cortar con un hacha” y a poner la nota “de punto en punto”, lo que supone que a los que van desde el 6,5 hasta el 7,4 les vas a poner un 7, ¿de qué narices estamos hablando?

En fin, usad lo que queráis, yo mismo las uso en ocasiones para mí o para que mis alumnos se evalúen. Ahora, no pretendáis que lleváis a cabo un proceso preciso, ni lo vendáis como tal.

Finalmente, un abrazo para los profesores que se presentan a las oposiciones, donde serán evaluados con cinco cifras significativas de precisión, lo que constituye una vergüenza legal y científica. A aquellos profesores que colaboran voluntariamente con ese proceso incorrecto de evaluación, no les mandamos un abrazo.

 


¿Qué leches os pasa con los libros de texto?

16 mayo 2016

Desde hace un tiempo parece que estén proscritos los libros de texto entre los profesores “bien pensantes” signifique eso lo que sea. Estos ojos míos pintureros han leído que un profesor que use un libro de texto es un mal profesor.

Joder, ¿qué os pasa? ¿De verdad? ¿Tan malos?

Una recopilación de material de consulta y guía para profesores y alumnos, adecuado al nivel, al currículum, a la edad, con ejercicios progresivos, mesurados… ¿En serio que es el horror?

También he leído por ahí cosas como que lo que no es “colaborativo” es la mierda. ¿Seguro? A ver, ¿SE-GU-RO? ¿No somos capaces de pensar en obras geniales llevadas a cabo a lo largo de la historia por una sola persona y mierdas hechas en grupo? Por cierto, ¿y los libros de texto que tienen varios autores?

Quizá vuestro problema sean los malos libros de texto. Pésimas compilaciones, mal explicadas…

Quizá que os obliguen a seguir al pie de la letra un libro de texto. Todos completamos con otros materiales o bien explicamos cosas por nuestra cuenta. La pregunta es, ¿sigue siendo una buena guía, sobre todo para esos chavales que no cogen apuntes bien… o directamente no los cogen?

Quizá sea el precio de los libros de texto, que os parezcan caros. La verdad es que escribir es un trabajo que debe pagarse. Que muchos profesores los hagan gratis no significa que no se esté pagando ese trabajo. Lo están pagando ellos.

Quizá no sea el precio, sino que lo tengan que pagar las esforzadas familias, ya en situaciones bastante precarias. La solución a eso se llaman becas de libros, reutilización… No regalar el trabajo.

Aprovecho para decir que escribir apuntes o un libro entero no es mi obligación como profesor.

Finalmente, no, lo que yo hago puede estar más adaptado a mí, pero no ser “mejor” en un sentido absoluto, aunque lo hayamos hecho en superpandi. Y sí, hay fantásticos libros de texto, por ejemplo los de @EugenioManuel, para los andaluces, qun son el fruto del trabajo de un experimentado profesor que investiga, actualiza… ¿Seguro que son mierda, un objeto a conseguir gratis, o a regalar?

Una cosa es estar en contra de los libros de texto malos, caros, pagados por quien no debe… Y otra, estar en contra de los libros de texto.


¡Profesores, culpables!

9 mayo 2016

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Seguimos hablando en los medios de la evaluación de los profesores.

¿Es que no es importante evaluarlos?

Sí, por supuesto, pero…

Empecemos con las falacias.

Primera falacia.

Consiste en poner el asunto del desempeño de los profesores en primer plano.

Si tu pareja te dice que

  1. Has cogido un poco de peso
  2. Le oprime la rutina
  3. Ya casi no salís a divertiros
  4. Se está zumbando al jardinero/a

Supongo que será evidente que las razones no están en orden de importancia, ¿verdad? Si después de decir esto te sugiere que te apuntes a un gimnasio para buscar soluciones al punto 1, podría ser que pensaras que te están llamando imbécil en tu cara.

Pues eso me parece a mí cuando se pone en primer plano la evaluación del profesorado. Nadie dice que no sea algo importante, pero ponerlo en primer plano no es casual ni inocente. Es, efectivamente, un insulto para todos.

Segunda falacia.

Si la educación va mal y hablamos de evaluar a los profesores, el mensaje es claro. Los profesores no están haciendo su trabajo adecuadamente.

Probablemente, si no conocéis de primera mano el entorno educativo, no sepáis lo paradójica que es esta idea, pero para esto estamos aquí, para contaros lo que sabemos.

El sistema educativo está mal diseñado por una razón muy sencilla: depende del voluntarismo de sus trabajadores para su funcionamiento normal. No es el único caso en el entorno laboral, de ahí nacieron las huelgas de celo, aquellas en los que los trabajadores se limitan a hacer su “obligaciones oficiales” y el sistema se paraliza.

El ejemplo más sencillo de esto son las actividades extraescolares. En la mayoría de los casos ni se pagan ni se hacen a costa de horas de la jornada laboral. En los pocos casos que hay alguna dieta, es una cantidad irrisoria, con la que no se pagaría a un profesional que te sustituyese.

Si entendemos que las actividades extraescolares son una parte necesaria en la formación de los estudiantes, ¿por qué deben ser “pagadas” por lo profesores a costa de su tiempo, energía y, en ocasiones, con gasto de dinero por su parte?

De hecho, propongo una huelga de celo como una estupenda manera de hacer una huelga sostenible, sin un coste insuperable para los trabajadores y que además visibiliza las condiciones en las que trabajamos, frente a las ideas que corren por ahí.

Otro ejemplo son las horas de nuestra jornada destinadas a la preparación de clases y corrección de actividades, completamente insuficientes para hacerlo. Por eso las toneladas de exámenes para corregir los fines de semana, el porrón de horas buscando material, elaborando apuntes. También sería interesante una huelga de celo en este asunto.

Y ahora hablemos de evaluación. Ya escribimos sobre esto hace un tiempo, podéis leerlo aquí, pero vayamos punto por punto con algunas objeciones.

Si la nota de mis alumnos va a ser un indicador de mi desempeño entonces creo que habrá que exigir unas cosillas.

  • Requisitos de ingreso

¿Cómo puedo responsabilizarme de los resultados de mis alumnos si no cumplen unos requisitos previos? De esta forma, la evaluación inicial debería dejar fuera de la estadística a los alumnos que no demostraran tener ciertos conocimientos.

  • Cumplimiento de actividades

Si yo mando unos ejercicios que no se hacen, unas prácticas en las que no se atiende… creo que de nuevo, dejaré a estos alumnos fuera de la estadística. No cumplen mi programa, no me hago responsable.

  • Evaluación diferencial

La nota final no sería tampoco un indicador razonable, habría que relacionar ese primer nivel de conocimientos con el que alcancen al final, lo que no haya ocurrido bajo mi tutela no puede ser mi responsabilidad.

  • Comportamiento exquisito

Se acabaron las contemplaciones con cualquier comportamiento mínimamente disruptivo. Si alguien no sólo no está siguiendo mis instrucciones, sino que impide que la clase se desarrolle de manera adecuada, será expulsado fuera del aula y dejado fuera de las estadísticas.

  • Inspectores de mi materia

Quien quiera que vaya a emitir cualquier juicio sobre cómo imparto mi materia deberá tener la formación suficiente para saber de qué cojones estoy hablando. Y debería ser un profesor excelso, no alguien que haya huido de las aulas… y no lo digo por nadie.

PUES CLARO QUE NO

Así no es este trabajo, aquí estamos en escasez de recursos materiales y sobre todo en escasez de recursos personales, tanto por número como por formación. (Necesitamos trabajadores sociales en los centros, ya.)

Aquí no nos ponemos guays, HACEMOS LO QUE PODEMOS, los trabajadores que somos, con los chavales que tenemos. No los descartamos, ni los tiramos a la basura, ni nos rendimos con ellos. Ahora, no me jodas que vas analizar lo buen profesor que soy por las notas del pobre chaval que está hecho una puta mierda porque la situación en su casa es desesperada. No me jodas.

Finalmente.

Si piensas que efectivamente hay que juzgarme por los resultados de los chavales y que si no son mejores es porque yo no los motivo, te animo a que hagas lo mismo con los inspectores de turno. No es que sea un mal profesor, es que mi inspector no sabe motivarme. Evalúa negativamente a mi inspector y sanciónalo.

Y, re-finalmente

Si queréis una mejora para la educación que pueda implantarse mañana y que redunde en beneficios mañana mismo se llama REDUCCIÓN DE RATIO. 


Ignacio, el practicante

4 mayo 2016

“Practicante” palabra en desuso, hoy hablaríamos de ATS, DUE, enfermera o enfermero, pero hace mucho años, en esta misma galaxia, había practicantes.

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De Injection2Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=47481637

Cuando te ponías particularmente malito, tus padres te premiaban con una buena inyección, supongo que no sabrían nada de bombones, regalos o unas simples flores.

Y allí ibas tú, como al matadero, con la cabeza baja y la muda limpia. Entrabas a una sala que apestaba a miedo y alcohol, sin ser un bar. Madera, oscuridad, y una enfermera en la pared que te pedía silencio con el dedo.

No es que yo sea mi abuelo, del que la historia atestigua que dejó a un practicante con la jeringa cargada, al grito de “Póngasela a uno de esos que están esperando”, y del que la leyenda asegura que se apartó en el momento indicado logrando que un practicante banderilleara la puerta. Como decía, no soy yo como mi abuelo, pero ni me hacen, ni me hacían gracia las inyecciones.

Pues allí estábamos esos niños apretando las nalgas con todas nuestras fuerzas (ejercicio que pudo contribuir a nuestra turgencia actual), esperando que al abrirse la puerta y sonar las campanas para nuestro turno, apareciera no otro que Ignacio, es hombre pequeño y sonriente.

¿Cómo la visión de alguien que practica tan dolorosa profesión (para los demás), quizá refugio de los que en otro tiempo hubieran sido verdugos o inquisidores, cómo la visión de alguien así, podría ser motivo de alegría?

Porque Ignacio, tenía el secreto de “la técnica”.

Te daba pequeños cachetitos con los dedos entre los que sostenía la aguja y, aprovechaba la confusión nalgar creada por esos cachetes para clavarte la aguja, lo que aliviaba mucho la tensión y el dolor.

Benditos sean aquellos que, en nuestros momentos más difíciles, con el culo al aire literal o metafóricamente, se apiadan de nosotros y hacen las labores más simples como quien construyera un huevo de Fabergé, con delicadeza y esmero. Es en esos momentos tan vulnerables cuando más os necesitamos, cuando más daño nos hace vuestra ausencia y más bien vuestro cuidado.

Bendito Ignacio, para muchos, más héroe de nuestra infancia que Huckelberry Finn o Luke Skywalker. Aún nos cruzamos y nos saludamos, no verás más mis nalgas, pero nunca te olvidarán.

“Hay gente que toca el violín como si hicieran fotocopias.” Dijo un día mi profe de violín

“Y hay gente que hace fotocopias como si tocaran un violín”. Añadí yo.

 


Hola, soy normal, ¿tengo derechos?

30 abril 2016

El otro día leí, una vez más, un alegato a favor de que los chavales que tienen altas capacidades sean atendidos mejor.

Estoy completamente de acuerdo.

A veces se aduce que los recursos se “van” en atender a los chavales más desfavorecidos o con menos capacidades. Sin duda se gastan recursos pero, si no os lo imagináis, ya os digo yo que son insuficientes.

De los que casi nunca oigo hablar es de “los del medio”.

¿Alguien cree que no es crucial para ellos la atención? De hecho, para muchos significa la diferencia entre “conseguirlo” y “no conseguirlo”.

A ver si es que lo enfocamos mal…

Cuando se planteó el Bachillerato de Excelencia, muchos profesores dijimos que todos nuestros alumnos son excelentes y que queremos recursos para TODOS.

Y, queridos míos, eso es lo que siempre nos falta. SISTEMA.

Andamos siempre tirando de parches, heroicidades personales y proyectos particulares. Dejando así los derechos de la mayoría de los ciudadanos sin proveer.

Por esto, aquí dejo mi alegato para “los del medio”… y para los demás.

Si todavía no se os ocurre la solución…

Reducción de alumnos por aula.

Sencilla y aplicable mañana mismo, y con resultados positivos inmediatos.


Modelos y más modelos

28 abril 2016

No, no es un desesperado intento de pillar visitas. Voy a hablaros de modelos… de los que hacemos en ciencia.

Mirad:

Cuando queremos medir la longitud que tiene un objeto, primero tenemos que definir con precisión qué es eso y cómo va a medirse.

Aquí tenéis una breve historia de las maneras tan variadas y curiosas que hemos usado para definir el metro.

Hoy decimos que un metro es la distancia que recorre la luz en el vacío durante este tiempo 1/299 792 458 s, con eso calibramos las reglas y con ellas medimos las distancias.

Esto hacemos en ciencia. Definir con precisión y medir lo que es accesible.

Hay cierto problema cuando una palabra tiene un significado en la vida cotidiana y otro en el entorno técnico. Por ejemplo, energía. Cuando estás bajo de ánimo tienes “poca energía”, cuando eres un poco imbécil dirán de ti que tienes energía negativa, y si eres majete, positiva… pero esto no tiene nada que ver con la definición precisa que damos en ciencia y con cómo medimos nosotros la energía.

Pues eso…

¿No veis dónde voy?

Pues que:

  • La “Tasa de pobreza” no mide la tasa de pobreza.
  • El “Coste de la vida” no mide el coste de la vida.
  • Los alimentos “orgánicos” no son “orgánicos”

Etcétera…

Veréis, la “Tasa de pobreza” es un índice que se calcula con las variables que alguien ha elegido como representativas, las ha remezclado en las proporciones que han considerado y finalmente han conseguido un número.

Después de eso, se pone el umbral de la “pobreza” en un valor y si el índice que han calculado para ti anda por debajo diremos que eres pobre.

Pero claro, si lo llamas “Tasa de pobreza” parece que es una medida correcta e indiscutible de cuánto y cómo de pobres somos, pero eso no es necesariamente así. De hecho, más de una vez hemos bajado los índices de pobreza subiendo el umbral. Siguen estando igual de jorobaos, pero ahora decimos que no lo son.

Iba a seguir explicando pero, ¿todavía queda alguien que crea sinceramente que el índice de precios refleja el índice de precios?

El último ejemplo no se cansa de contarlo el incansable JM Mulet. Ser “orgánico” legalmente es cumplir unas ciertas normas en producción, entre las que se incluyen la posibilidad de añadir sustancias “no naturales”, vaya, curioso, ¿eh?

Todo esto es para recordaros, queridos lectores, que en ciencia hacemos modelos, que no podemos hacer otra cosa, que no es fácil, que cuesta mucho, y que siempre tenemos la obligación científica de cotejar las predicciones y resultados que arrojan nuestros modelos con la realidad. De esa comparación saldrán las modificaciones que haya que hacer al modelo si no se ajusta bien, o incluso la decisión de tirarlo a la basura.

Así que mucho ojo con los “indicadores” de calidad o de problemas que se usan… pueden no reflejar más realidad que el resultado de su propio cálculo.

 


Reflexiones de un profesor enfurecido

20 abril 2016

Últimamente me estoy chinando un poco, ando de mala leche, si queréis acompañarme no sé si encontraréis conclusiones… o si os mosquearéis conmigo. ¿Empezamos?

Queridos profesores, alumnos, conferenciantes, divulgadores, comunicadores… o gente que habla con otra gente, ¿nos hacemos unas preguntas?

¿Qué viniste a contar?

¿Para qué te contrataron?

¿Qué quiere tu audiencia de ti?

¿Qué necesitaría tu audiencia de ti?

Podríamos pensar que las cuatro respuestas son o deberían ser la misma, pero no es mi experiencia, y menos en la enseñanza secundaria obligatoria reglada.

Por ejemplo, creo que la mayoría de los profesores de secundaria están muy interesados en contar su materia de la mejor forma posible y por eso se enrolaron en esto.

En cambio, si nos fijamos en qué cosas se controlan de los profes en activo, veremos que es básicamente que vayas y que los chicos estén en clase. Lo demás parece no importar a las autoridades, cómo de bien o mal das la clase, cuánto aprenden o maduran, no es un asunto del que se ocupen. Por lo tanto, da (mucho) la sensación de que no nos contrataron para eso que queríamos hacer.

Respecto a lo que los chavales quieren de nosotros… bueno, sus deseos son muy variados, como sus edades y grado de madurez.

Y, finalmente, respecto a qué necesitarían… vaya, podría haber un enorme debate. Pero, si mis alumnos, a los que yo les pretendo enseñar la Ley de Ohm, lo que hacen es llegar tarde, no traer los deberes, no cuidar el material, no respetar ni escuchar al que habla (profes o compañeros)… si ese es el caso, ¿sería aprender todo eso antes que nada lo que mis alumnos necesitan?

Antes de que un profe guay se adelante y diga, que enseñaremos todo eso a la vez que enseñamos los contenidos… le diremos que no, que enseñar eso consume tiempo y recursos, muchos, y que los contenidos se verán disminuidos. No cabe todo el temario más educación cívica, más… dos huevos duros. No.

Me pregunto también, ¿tiene que ser todo a hostias?

Francisco de Goya y Lucientes - Duelo a garrotazos

Quizá penséis que soy muy antiguo, ya no se emplea la violencia física.

Mirad más allá, el argumento que esgrimimos sigue siendo la fuerza o la amenaza de la fuerza. Sí, de acuerdo, hoy no te voy a dar una colleja, pero te voy a quitar un punto, te voy a castigar sin recreo, te voy a poner un parte… ¿No es eso uso de la fuerza?

Me decía un chaval, que funciona mejor el “caramelo” que el “palo”… Vale, bien, ya, condicionamiento positivo, chupi.

Y, ¿qué pasa cuando no me gustan los caramelos, o los que tú me das, o ya he comido bastante…?

¿Qué más me da que me subas un punto, si ya he alcanzado mi nota objetivo?

Supongo que ahora saldrán los de la motivación intrínseca. A mí me parece chupi también y mis lectores saben lo que escribo sobre eso y lo que trabajo eso. Y ahora, decidme, ¿es eso una solución realista para todo el grupo? ¿Para una mayoría?

¿Qué ocurre cuando mandamos un trabajo para casa? Mmmmm, De-be-res

¿Deberes voluntarios sin reflejo en nota? ¿Quién los hace?

¿Deberes voluntarios con reflejo positivo? ¿Con reflejo negativo?

Yo, que me enrolé para enseñar, ¿tengo que andar fiscalizando cuaderno por cuaderno, ejercicio por ejercicio, aquello que dijimos que tenían que hacer? ¿No puedo decir “¿Lo habéis intentado? ¿Alguna duda?”? ¿Tengo que mirar, apuntar, uno por uno, luego hacer la parte proporcional de la nota que subo (o bajo) para conseguir que funcione? ¿Creéis que eso no consume tiempo?

Y, si funciona, ¿cuál es mi éxito si lo han hecho por imperativo genital? ¿He conseguido motivarles, he conseguido que lo odien?

Si dejo mucho tiempo para que puedan hacerlos, ¿lo harán poco a poco o todo el último día? Si dejo poco tiempo, ¿les estoy agobiando a deberes? Si divido la tarea en minitareas que fiscalizo cada día, y repito ese esquema varias veces, ¿dejarán de procrastinar si les mando ahora algo a largo plazo?

Si les tengo todo el día a hostias trabajando en lo mío, ¿conseguirán un buen nivel en mi materia? ¿Y les gustará?

¿Es eso justo? ¿Somos los profes hienas que nos repartimos a mordiscos las horas de la tarde de los muchachos para llevarnos el trozo más grande? ¿El primero que llega se pilla el trozo más grande y que se fastidien los demás?

Si yo no les mato a deberes o le mando cosas voluntarias, ¿qué harán los chavales con mis cosas, si tienen otras que urgen y que se reflejan en la nota de otras materias?

¿No es necesaria una limitación del tiempo total de trabajo no presencial de los chavales? ¿No es necesaria una coordinación para que ese tiempo se reparta de manera razonable entre asignaturas? ¿Tendría ese tiempo que reducirse mucho? ¿Tendría que ser simplemente una hora más en el insti haciendo deberes? ¿Tendría, por lo tanto, el tiempo de casa ser cero?

Si, como barruntamos, los chavales no se embarcan en cosas voluntarias o sin presión, por la presión excesiva que tienen con lo demás, ¿cómo los chavales están condicionando, con eso, el comportamiento de los profes? Quiero decir, si no te pongo un examen cada poco, tú te preocupas de la otra materia (incluso a veces en mi clase). Por lo tanto, estudiante, ¿no me pides, implícitamente, que te machaque para que me hagas caso?

Vuelvo a preguntarme, ¿cómo son los chavales? ¿Cómo son los adultos? ¿Las personas en general?

¿Somos simplemente un bicho más haciendo cuentas de coste/beneficio y obrando en consecuencia?

Creemos que somos una sociedad que se mueve por valores superiores y tal, pero mirad a vuestro alrededor y veréis policías, leyes, cerraduras y demás. Quizá nuestro nivel consiste en que no es necesario en general el uso de la fuerza, porque basta con la amenaza de la misma. A esto no me gusta llamarlo madurez ni evolución.

Me gustaría poder ayudar un poco a construir un mundo mejor, a que mis chavales lo construyeran cuando empiecen a relevarnos en el poder, pero, a veces, me descorazona sentir que lo que se me pide desde arriba y desde los propios chavales es que me dedique a fiscalizar cosas, que quizá deberían enseñarse en la familia, y a enseñarles a hostias más o menos sofisticadas.

Disculpad los que hayáis llegado hasta aquí si no aporto más soluciones que problemas… pero es que estoy chinao. Mecagüentó.

Aquí os dejo un par de artículos relacionados:

Sobre una posible organización racional de LOS DEBERES

Sobre la motivación intrínseca e inculcar el amor por la materia que uno enseña: El ÚNICO DEBER DEL PROFESOR

 


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