Sin feedback no hay paraíso o por qué es tan fácil ser negacionista

Me perdonarán el anglicismo. Feedback suele traducirse por «realimentación», aquí lo usaremos en el sentido de «respuesta que te devuelve el entorno ante una acción». Voy a explicaros por qué nos encanta.

Pensemos en un calentador de agua. Podría ser un recipiente con una resistencia y un botón que lo hiciera encenderse y apagarse. Suficiente. Podríamos mejorarlo con un temporizador, de forma que, después del tiempo programado, se parase.

En ambos casos, la máquina no sabe «qué tal están saliendo las cosas», no recibe feedback, no sabe qué le está pasando al agua. De hecho, podría ser que se nos hubiera olvidado llenarlo.

Mucho más ventajoso es poner un sensor de llenado que nos advierta si hay agua en el recipiente, un sensor de temperatura que nos diga si hay que seguir calentando el agua para llegar a la temperatura que le he marcado, a la que me gusta el té. Esta información sobre el llenado y la temperatura es el feedback.

En vuestras casas, tenéis el «termostato» para la calefacción. Marcáis una temperatura objetivo y la caldera se encenderá hasta que se alcance. Si ese día hace mucho frío se encenderá más, si no, se encenderá menos.

Este es un modo de funcionar muy interesante en automatismos y robótica.

Anda HASTA QUE toques la pared

Calienta HASTA QUE se alcance la temperatura objetivo

Cierra la mano robótica HASTA QUE hagas contacto con el objeto.

Si os fijáis es una orden sencilla pero muy adaptable a variadas circunstancias. En cada ocasión funcionará tanto como sea necesario.

Necesitamos, por lo tanto, sensores que tomen datos del exterior y los pasen al sistema para que evaluemos qué tal vamos y tomar decisiones sobre si seguimos o paramos. Esto se llama trabajar en lazo cerrado.

Fuente

Nuestro cuerpo funciona así gracias a la multitud de sentidos y sensores que van informando a nuestro sistema nervioso de la situación y este pone en marcha medidas y soluciones para problemas tan variados como mantener el equilibrio, regular el azúcar en sangre, sudar, variar el ritmo cardíaco o las hormonas.

Para nuestro razonamiento también necesitamos estos datos… y aquí voy a por la segunda parte del post.

Recuerda que poder tomar decisiones, sin ir a ciegas, tenía que ver con que tuviésemos información de los sensores. Y ahora añado que es fundamental que sea información SUFICIENTE Y DE CALIDAD.

¿Qué pasa si pongo unas verduras al horno, sin saber a qué temperatura está el horno, las saco con los ojos cerrados, se las sirvo a otros, sin probarlas, y no me quedo a escuchar lo que comentan? Pues que no tengo ni repajolera idea de cómo quedaron, pudo ser cualquier valor entre repugnante y exquisito.

En este caso hay una clara voluntad por mi parte de no enterarme de nada pero, ¿qué sucede cuando es la propia naturaleza del sistema la que no nos da datos suficientes? Pues que podemos sacar cualquier conclusión y parecerá igual de válida que otra.

En el caso de la pandemia que vivimos, se trata de una enfermedad que no se contagia con demasiada facilidad ni tampoco tiene una tasa de mortalidad tan elevada como el ébola, por ejemplo. En algunos países, desgraciadamente no en todos, la tasa de vacunados es bastante alta, con lo que la posibilidad de contagio, enfermedad y muerte se reduce aún más. Así que en las últimas veinticuatro horas ha habido gente que ha llevado una conducta muy escrupulosa y no se ha contagiado pero también los hay que no fueron tan cuidadosos y tampoco se han contagiado. De hecho hay un buen puñado de irresponsables que… tampoco se han contagiado. ¿Qué feedback han recibido todos ellos? Que han hecho BIEN. Que FUNCIONA. Para unos habrá funcionado ser muy extremos con sus medidas, otros entenderán que llevan a cabo las medidas sensatas y suficientes. Los restantes quizá crean que todo es mentira porque hacen de todo y no pasa nada.

Esto último se parece mucho a cruzar sin mirar una carretera poco frecuentada. Creo que me entendéis, ¿verdad?

Así son las situaciones donde tenemos pocos datos, o donde hacemos poco caso a los que los tienen. Es imposible que nos hagamos una composición de lugar adecuada. Por esto, una vez, debemos apelar a la ciencia que recopila datos variados, examina su pertinencia, sus sesgos, y busca las respuestas posibles con la mayor objetividad de la que se dispone.

Dicho esto. Vacúnense y cuídense. Ambas cosas sabemos que son necesarias. Arrepentirte después no te valdrá de mucho.

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