Las mentiras repetidas y la realidad

Hace poco mi buen amigo Andrés Rivera dijo lo siguiente:

Algunos creen que la realidad es negociable y su definición depende de nuestra capacidad de prestidigitación verbal

Para los que estamos más acostumbrados a tratar con la ciencia estas cosas nos parecen obvias. La realidad es muy tozuda. Si te empeñas en volar con menos combustible del necesario tendrás un accidente, si construyes unas columnas demasiado débiles el edificio se caerá y, por más intenso que sea tu pensamiento, si tocas un cable sometido a tensión sufrirás una descarga.

Bien, de acuerdo. Entonces una mentira repetida mil veces nunca se convertirá en una verdad y la realidad no es negociable… Espera, Javi, ¿seguro que no?

El otro día andaba pensando en esto y me di cuenta de que nos estábamos equivocando. Hay mundos que no se confrontan tan directamente con la realidad física, que dependen de cómo pensemos o sintamos y, por lo tanto, pueden conformarse.

Un triste ejemplo, es cómo puede conseguirse que en una población diversa surjan grupos que se odien solamente a base de repetir consignas y falsedades, de forma que, en el futuro, se odiarán de veras y podrán incluso acabar en violencia o en guerras genocidas, como ya ha ocurrido.

De hecho, si me convencen de que los fontaneros son gentuza y me odian, empezaré a mirarles mal y dedicarles palabras de desprecio. Pronto conseguiré que me odien, haciendo verdad lo que no lo era, como una profecías autocumplida.

Estamos cada vez más desarmados. Por un lado, damos la espalda a la realidad física pensando que podemos modificarla con nuestro pensamiento. Por otro, los mundos sociales y mentales, que sí pueden conformarse, los hemos abandonado al control de malintencionados en empresas, organizaciones o gobiernos… o a nuestros impulsos y pulsiones sin saber siquiera qué los origina.

El problema de este río revuelto es que beneficia a muy pocos pescadores, entre los que es muy probable que no estés tú porque creo que ellos no suelen leer mi blog.

Toca pararse un momento y reflexionar.

Con la ciencia más básica en la mano puedo saber que no debo construir mi casa en el cauce inundable de un río o que la medicina científica puede salvar mi vida.

También toca pararse a pensar quién está generando los impulsos que sigo, creyéndome libre. Si es eso realmente lo que quiero hacer o si ese gadget, bebida o aparato lo compré por pura inducción siendo más un pelele que una persona.

Y, finalmente, repensar el relato del mundo que me llega. ¿Quién lo escribe? ¿Es modificable? Porque si me pueden inducir a odiar a otro pueblo, etnia, cultura… quizá podamos movernos en dirección contraria, incluso si el odio ya “existe”, quizá pueda ser revertido.

Si los relatos que nos mueven son falsos. Si los impulsos, inducidos. Si nuestra voluntad, ilusoria… somos esclavos.

Yo quiero conocer la leyes de la realidad y, si hay una parte que podemos elegir o moldear de mi mundo, quiero ser yo quien decida cómo debe ser. ¿Qué pastilla eliges tú?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: