La granularidad exigible

Vaya títulos os pongo… tenedme paciencia.

Un divertido ejercicio que se hace en clase de matemáticas es el siguiente:

Pedimos a dos alumnos una lista de veinte valores aleatorios (no puede ser un número muy pequeño). Uno los genera lanzando una moneda y el otro los apunta al azar. El profesor no mira quién escribe cada lista, pero después, a la vista de los valores anotados, es capaz de distinguir qué lista ha sido producida por el tiro de la moneda y cuál por el alumno.

Prueba a escribir una tú, yo te pondré dos hechas al azar en una hoja de cálculo

IF(RAND()>0.5, “C”,”+”) Genero un número aleatorio entre 0 y 1, si es menor que 0,5 elijo cara, y elijo cruz para el resto.

CC++C+CC+++CCC+++CC+
+++CCCCCCCCC+++C+C+C

¿Se parecen a las que has escrito tú? Apostaría a que no.

Fíjate en la estructura con poca apariencia de aleatoriedad que tenemos en la primera lista casi al final: tres cruces, tres caras, tres cruces, o en la lista de nueve(!) caras seguidas de la segunda lista. ¿Alguien preguntado por una lista al azar se hubiera atrevido a poner eso? Sin formación matemática, lo dudo mucho.

Si haces una lista más larga te encontrarás con “artefactos” similares en forma de secuencias y patrones, aparentes, porque el azar no implica necesariamente que un lanzamiento sea cara y el siguiente sea cruz.

Si una moneda está equilibrada esperamos aproximadamente un 50% de probabilidad de cada resultado, cuando el número de tiradas sea suficientemente alto. Esto es lo que llamamos la Ley de los grandes números.

Obtener tres caras en cuatro lanzamientos no es sospechoso, obtener tres mil en cuatro mil lanzamientos, lo es. Y mucho.

Así que, como veis, una tendencia general no se cumple necesariamente a cualquier nivel de granularidad, quiero decir, al hacer subconjuntos de cualquier tamaño. De hecho, un conjunto aleatorio generado correctamente producirá inhomogenidades locales.

Y ahora, vamos al charco del día. Voy a hablar de feminismo…

Os confieso que en este tema tiene uno la sensación de hallarse en un campo de minas. No sólo es difícil “acertar”, sino que es resulta peligroso hasta preguntar qué es lo “correcto”, más aún en público.

Gran parte de ese problema es mío. Me he criado en una sociedad machista y no me cabe duda de que tengo aspectos machistas bien por no haber sido capaz de cambiar actitudes o pensamientos, bien por lo recalcitrantes que son los hábitos.

Dicho esto, no hay un discurso único de lo que es “correcto” en más de un aspecto, ni siquiera entre las estudiosas del tema, lo cual dificulta mucho más la labor de reconstruirse. Y no son ligeros matices, en estos momentos hay incluso denuncias entre colectivos y personas de largas trayectorias en la lucha por la igualdad. Digo esto para que nos hagamos una idea de hasta qué punto pueden estar alejadas las posturas.

Bien, hablemos de cuotas.

Supongo que estaréis al tanto del término “discriminación positiva”. Se trata de favorecer intencionadamente a ciertos colectivos para compensar su posición marginal o desfavorecida de origen. Un ejemplo serían las becas por ingresos, por ejemplo.

Se ha discutido también mucho sobre esto, en mi caso, estoy a favor. Eliminar esas becas, por ejemplo, supondría dar a entender que dos estudiantes de muy distinto entorno socioeconómico están en condiciones similares y es un hecho científico que no es así.

Como os decía, hablemos de cuotas. Es también un hecho que las mujeres (y otros colectivos) están infrarrepresentadas en órganos de dirección y en muchos entornos, de hecho incluso las mismas mujeres han sido criadas en ese sesgo y, al ser preguntadas por un experto en un tema, muchas de ellas nombrarán antes a un hombre que a una mujer, simplemente porque las mujeres capaces no están “visibles”.

Cuidado con esto, si queremos organizar un evento, un debate o un grupo de expertos, tener en cuenta la paridad y las cuotas, no significa poner la mitad de hombres capaces que nos vienen a la mente y salir a calle y escoger las primeras mujeres con las que nos crucemos para llenar el resto del cupo. Significa que hagamos el esfuerzo de pensar y buscar mujeres capaces, que estaban siendo obviadas, para esos puestos que estaban siendo ocupados por hombres, en ocasiones menos capaces pero más visibles, y reparar así la injusticia previa.

De hecho, se organizan eventos, concursos y demás encuentros en los que sólo pueden participar mujeres, algo que no resulta discriminatorio para los hombres, en tanto que esa asimetría local está compensando una tendencia general sesgada a favor de ellos.

Como veis, estoy muy a favor… mi problema es la granularidad.

¿Hasta qué nivel de detalle “debe” cumplirse esa paridad? ¿Qué disparidad y en qué volumen total es “admisible” si es nuestra intención apoyar la igualdad entre las personas?

Por ejemplo, si yo doy una conferencia es un acto no paritario. No puede serlo.

¿Y si somos dos? ¿Deben ser hombre y mujer? ¿Dos hombres en un evento es “perpetuar el patriarcado”?

¿Me entendéis? Está claro que hay cosas que dan hasta vergüenza verlas. Hay veces que tenemos “Grupos de gestores” de diez o más, todos hombres, en profesiones cuyos integrantes son en un porcentaje apabullante mujeres. Eso lo vemos claramente todos. Pero en otras ocasiones no está tan claro, y no se explica lo suficiente (al menos para que lo entienda yo, disculpen).

Como os he argumentado, estando de acuerdo con la tendencia general, es normal tener asimetrías locales en ambos sentidos, sobre todo en pequeños números. Si mañana organizara un evento divulgativo con cuatro amigos más, ¿es esto incorrecto? No dudo de que se me montará un pollo tremendo en redes sociales, pero me gustaría que más allá de linchamientos, que nunca son buenos, se me explicara, con un discurso que sea lo más común posible entre expertas, qué granularidad es aceptable. Se agradecería también el detalle sobre cargos públicos y privados, financiación pública y privada, iniciativa empresarial y actos voluntarios… que me da la impresión de que tampoco sea exigible lo mismo.

Cuando queremos que alguien cambie su conducta en cualquier sentido necesitamos marcar una dirección clara y sustentarla con argumentos claros y suficientes, si no es muy difícil… incluso queriendo.

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