Quién eres y quién podrías ser

Me ha llegado por enésima vez el “chiste”, “zasca” o como lo queráis llamar:

– ¡Pateras del carajo, nos quitan el trabajo!

– Pues si alguien sin papeles, formación, contactos y sin hablar el idioma te quita el trabajo, igual eres tú el que no vale un carajo.

Entiendo a lo que se refiere y lo que critica. Ya sabéis, ese inmigrante de Schrödinger, que por un lado no trabaja y vive de paguitas y ayudas, pero que por otro te quita el puesto de trabajo, pero creo que incurre en un error que me gustaría comentar.

La mayoría de nosotros encontramos que tenemos cierto mérito en lo que sabemos hacer o en nuestras capacidades físicas porque, aunque haya una parte innata en algunos talentos, seguro que le hemos dedicado horas y esfuerzos a perfeccionarlos.

En la economía de mercado, la provisión de los derechos básicos nos la “ganamos” a través de la remuneración del trabajo.

Seguro que muchos de vosotros no pensáis en tener que solicitar una cobertura asistencial más que como un hecho temporal, una eventualidad, algo pasajero; aunque no dudo de que otros habéis probado la amargura de la exclusión y marginalidad (parados de larga duración o discapacitados, por ejemplo). Este post va dirigido principalmente a los primeros, a los que se creen seguros y acreedores de derechos, por méritos. Quería proponeros un experimento mental.

Imaginad que de repente toda la población dobla su capacidad intelectual y física. ¿En qué posición social nos deja eso?

Yo soy profesor y divulgador, pero si todo el mundo entiende que aquello que soy capaz de entender y explicar es trivial… mi trabajo se hace innecesario.

¿Qué sería de Rafa Nadal, si ahora cualquier chaval de quince años juega como él?

Y si todos sabemos electricidad, hacernos cualquier peinado, hay máquinas que cargan los pesos, coches que se conducen solos, ¿qué puedo hacer para “ganarme” la vida? ¿Hay algo que pueda hacer por lo que alguien quiera pagar?

Fijaos que en esta situación hipotética yo NO he cambiado. No concurre mérito o demérito alguno por mi parte. Simplemente, todo el mundo corre más rápido que yo y, ahora, con mi misma marca personal, soy el último de la carrera.

Mi esfuerzo es el mismo de siempre y cuando voy a buscar trabajo les aseguro que intentaré aprender lo que sea necesario y me esforzaré al máximo de mi potencial… el único problema es que ambas cosas son poco valoradas económicamente en esa realidad que imaginamos.

Volvamos a nuestro mundo, ¡qué alivio! Aquí (aún) sigo pudiendo cargar (algo de) peso como para trabajar de mozo de almacén, sé más física y matemáticas que muchos, con lo que mis enseñanzas o mi capacidad de hacer trabajos sofisticados son mayores que las de otros, vaya, tengo una (cierta) empleabilidad que me tranquiliza, porque mis necesidades siguen siendo las mismas: vivienda, salud, educación, justicia…

Y así estamos todos, ¿no? No, claro.

Imagina una discapacidad mental, la incapacidad de entender aquello que a todo el mundo le parece evidente o de pasar de cierto nivel de instrucción. Imagina una discapacidad física, una enfermedad incapacitante, una edad avanzada… o simplemente, ser poco agraciado físicamente (post sobre ser feo).

Estas personas están en esa realidad hostil, en este mismo momento, a tu alrededor, no hay que viajar muy lejos.

Podría ser cierto que yo no valiera un “carajo” para ningún empleador, pero quiero colaborar con lo que pueda en mi sociedad, comer y dormir bajo techo. ¿No es un deseo justo?

¿Qué puede hacer un humano, qué debe hacer un humano, para ser acreedor a la provisión de sus derechos más básicos?

¿Seguro que las cacareadas “leyes del mercado” darán la provisión básica a TODOS?

¿Crees que nunca serás ELLOS? ¿Estás protegido ante cualquier eventualidad sanitaria, económica o familiar? ¿Cuánto puedes vivir si se paran tus ingresos en este momento? ¿Y las personas que dependen de ti? ¿Y si a eso le añadimos recortes de servicios públicos que ahora se pagan con impuestos?

Los derechos no se “ganan”, ni se “merecen”, ni se “piden”… los Derechos humanos, no. A esos eres acreedor por tu condición de persona, esos debemos exigirlos. Para nosotros… y para todos.

EXTRA: No contaré detalles para no hacer spoiler, pero os recomiendo un capítulo de Futurama en el que salía Leonardo Da Vinci.

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