No es tan difícil: ni falacias, ni contradicciones.

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Me tortura que no haya una manera formal de distinguir lo cierto de lo falso… pero no la hay.

Por eso acudimos piedras de toque, a criterios de certeza según el gusto de cada uno: revelaciones, doctrinas religiosas y otros argumentos de autoridad, experiencia propia, experiencias internas o el criterio científico, el empírico, el contraste con el mundo que percibimos.

Sé que hay una gran corriente que apela al espíritu crítico una y otra vez, como un criterio abstracto, como una capacidad que, una vez aquirida, puede aplicarse a cualquier disciplina… pero, lamentablemente, no es cierto.

Mirad la siguiente afirmación: “El 5G provoca cáncer”.

¿Cómo decidimos que es cierta o falsa?

¿Vas a creerlo porque lo dice alguien que te cae bien y te gusta como canta?

¿Vas a pensar, a ver qué “te parece”, y abrazar esa postura?

¿Vas a meditar a ver si recibes información directa del Ser?

¿Tienes capacidad experimental para hacer un estudio por tu cuenta?

¿Crees en el consenso científico por la confianza en sus métodos?

En todas esas aproximaciones están eligiendo un criterio de certeza, apelando a un determinado conocimiento experto, no formal, un conocimiento del tema concreto por parte de tu cantante favorito, tu intuición, el Ser supremo o el empirismo. Me extiendo más sobre esto en este post: Al final el espíritu crítico era el conocimiento experto.

Ya, ya… COTEJAR… la palabra mágica. Muy bien, ¿con quién cotejo? ¿Con otros cantantes, personas intuitivas, gurús, otros científicos? ¿Veis que “cotejar” tampoco es un ejercicio formal, sino que apela a contenidos concretos y criterios de certeza concretos?

Pues dicho esto, sí existen elementos formales que podemos comprobar.

Aquí hablamos de ellos a veces, son las falacias lógicas y otros malos usos de las leyes lógicas. Algo que no es especialmente complejo y se enseña a los alumnos de bachillerato, pero que incluso se podría incluir en cursos de la educación obligatoria.

Por ejemplo:

  1. Sé que si llueve la calle se moja.
  2. Veo que está la calle mojada.
  3. Concluyo que ha llovido.

Esto no está bien. Es cierto que si llueve la calle se moja, pero no es la única causa que puede hacer que la calle se moje. Así que no puedo concluir que haya llovido porque la calle esté mojada. No es tan difícil, ¿verdad? Esta falacia se llama “afirmación del consecuente”. En el enlace que os puse podéis ver multitud de ellas y si miráis los mensajes públicos, las noticias, los anuncios… encontraréis montones de ellas. Parece mentira que aún “cuelen”… pero cuelan.

Pero estos malos usos de las leyes de la lógica que sí que te permiten decidir que un argumento es incorrecto pueden ser tan básicos como lo que llamamos el principio de no contradicción: A es lo contrario de “no A”.

Es algo tan simple como que si una proposición es cierta no puede ser falsa y viceversa.

Bueno, pues incluso sobre esto toca discutir.

Ayer me pasó con alguien que considero valioso en la lucha por lo común, lo que me da más miedo aún. Si gente tan formada y con el ánimo de apoyar lo justo para todos, anda enfangada en cosas tan básicas como estas, ¿qué podemos esperar del resto? ¿Cómo vamos a defendernos de los que usan toda su inteligencia y recursos materiales para profundizar la desigualdad y el egoísmo?

Bueno, pues el tema de ayer fue el respeto a las opiniones.

Si queréis leer algo detallado, aquí lo tenéis. Perdóneme, pero yo no respeto opiniones.

Voy a ir directamente a buscar la contradicción que hay en el argumento: Respeto todas las opiniones.

¿Qué ocurre con la opinión de que “no hay que respetar las opiniones”? ¿También la respetas?

¿Qué ocurre con las opiniones contradictorias? ¿Respetas ambas? ¿Qué es ese respeto del que hablamos?

La única manera de poder respetar cosas contradictorias es vaciar de contenido al “respeto” a las ideas. Ese respeto no tendría ningún componente de “aprecio” o “juicio” sobre esa idea. Sólo puedo respetar ideas contrarias si mi respeto no significa nada.

Quizá lo que quiere decir la gente que dice “Respeto todas las opiniones” es “Respeto el derecho de las personas a tener cualquier opinión”, pero eso es algo muuuuuuuy diferente. Eso es respetar a las personas, respetar sus derechos, no a las ideas. De hecho, las ideas no son acreedoras de derechos.

En el respeto a los otros estamos muy de acuerdo, de hecho, aquí pensamos (no como hacen algunos que dicen respetar “opiniones”) que El respeto ni se pide ni se gana, se EXIGE, precisamente porque entendemos que es un derecho humano inalienable.

Buscar la verdad es algo muy complejo y dependiente al final de nuestro criterio de certeza (y sigo cabreado con esto), pero qué menos podemos pedir que razonar y elaborar argumentos que estén libres de falacias lógicas y de contradicciones que, en muchas ocasiones, llegan a suceder incluso dentro de una misma frase. Ayer, en un programa de “citas”, una participante pedía un compañero que no fuera superficial y, al preguntarle cómo le gustaría que fuese, dijo: Más alto que yo, que soy alta y suelo ir con tacones…

4 Responses to No es tan difícil: ni falacias, ni contradicciones.

  1. sukil dice:

    La última frase podría considerarse perfectamente como uno de estos chistes que me gustan a mí, tristemente basados en hechos reales.
    Y sin embargo… Tengo que decir que a estas horas todavía puede que no piense con claridad, pero pensando un poco más en esto, esto me parece que es una Falacia de “y tú también”. Me explicaré:
    ¿Dónde está la contradicción aquí? ¿En que a la mujer no le gusta la gente superficial, pero ella a su vez lo es (y añado la falacia: entonces la crítica se rechaza)? ¿No tenemos nosotros facetas que no nos gustan? Esto me recuerda al médico que le dice al paciente que tiene que dejar de fumar, pero el paciente dice “pero doctor, si usted fuma”.
    Dicho esto, en concreto esta falacia (para mí al menos) es la más difícil de no utilizar, precisamente porque a primera vista y en frío tiene todo el sentido del mundo: “¡Pero cómo me dice este que me tranquilice, si en todas las discusiones se pone hecho un basilisco!”

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    • javierfpanadero dice:

      Pues la contradicción está en lo que no os puse, pero creí se adivinaba. En q hiló un discurso en contra de la superficialidad cuando dijo q no quería a alguien superficial.. y su discurso es contradictorio con su actitud.

      Me gusta

  2. Una opción, que es la que intento trabajar yo en el aula, es la de analizar los argumentos. El primer paso, como indicas, es que no haya falacias ni contradicciones pero se puede analizar varias cosas más: si la afirmación está acotada, si se apoya en pruebas, si se respalda en un conocimiento sólido y si se indican las excepciones donde no se cumple dicha afirmación (las refutaciones). Un esquema que se puede usar es el de Toulmin.

    http://www.cienciaonline.com/2011/05/02/barsa-vs-madrid-y-el-argumento-de-toulmin-en-el-aula/

    Es cierto que por muy bien estructurado que esté un argumento será el tiempo y la acumulación de pruebas lo que de fiabilidad a un cierto conocimiento.

    Un libro que suelo consultar para el tema es este:

    Saludos.

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