Reflexiones… sobre las reflexiones de mis alumnos en la educación confinada

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Este post nace de la siguiente actividad, en la que pedía a los alumnos que formatearan un correo de manera adecuada y que me contasen cómo han visto estos tiempos (en lo educativo, principalmente). Mis objetivos eran por un lado que adquiriesen esa “habilidad TIC básica” (aquí podéis ver videotutoriales de otras) y también conocer su punto de vista, que seguro que ayuda mejorar los sistemas para el curso que viene. Intercalaré mis opiniones propias o soluciones que veo, diferenciando claramente unas cosas de otras. Esto no es la publicación de una encuesta, es una reflexión educativa.

La primera sorpresa es son seres humanos (fíjate tú).

Así que, les gusta que se les considere, que se les pregunte, que se les faciliten las cosas, se animan y se desaniman, se preocupan, procrastinan, tienen vidas aparte de nuestra materia, si les pinchan sangran y esas cosas que nos pasan a todos, y que solemos olvidar cuando “objetivamos” demasiado a la gente. Ellos también lo hacen con nosotros, a veces nos ven como un “objeto” de la clase, se asombran cuando nos encuentran comprando en una tienda y otras actividades de “humano”. Así que, primera cosa a anotar: Hablemos entre nosotros, si nos preocupa nuestro bienestar (fíjate tú, de nuevo). Aunque ya sabíamos que éramos muy parecidos.

La segunda cosa es que, a pasar de ser muy parecidos, son muy diferentes… por lo que cosas que les van bien a unos, no les van bien a otros. Comentaremos ambos aspectos y por qué ocurre, pero a la hora de atenderlos de manera más individualizada nos vemos limitados por… ¿a que no lo adivináis? Efectivamente, la ratio. De hecho, las potenciales respuestas a esta actividad andan en torno a las 250 o más pero las que se han producido han sido unas cien. Aún así, el tiempo para leerlas, pensarlas y responderlas no es desdeñable.

Todos se duelen de la falta de contacto humano directo tanto con sus iguales como con los profesores. Bueno, lo normal.

Con los profesores se da en dos aspectos, por un lado la pura humanidad, claro, pero también ellos detectan (oh, sorpresa, de nuevo) que no es tan sencillo eso de “pues leed el libro” o “todo está en Internet”. Echan de menos a los profesores como facilitadores de conocimiento y, sobre todo, en contenidos nuevos echan de menos la instrucción directa (y siguen las sorpresas).

También es cierto que en las cosas más sencillas han dado pasos en la autoorganización y en la colaboración. Supongo que aquí habrá muchas escalas según la ayuda que puedan tener de familias o el tamaño de su red social.

En este contexto cada vez tengo más claro que hay que distinguir entre aquellas cosas para las que no se necesita un especial talento (poner el nombre y el curso, usar el papel adecuado, poner cierto asunto en un correo) y las cosas que lo necesitan (como dibujar una pieza en perspectiva). Ambas son susceptibles de aprender y de mejorar, pero las primeras creo que debemos ir pensando en que sean requisitos. Sobre todo porque no tener esos hábitos puede darles muchos disgustos en su vida adulta (entregar cosas fuera de plazo, sin los certificados que pedían, etc.)

En mi opinión puede ser tan sencillo como

  1. Explicarlo con detalle y que todo el mundo lo vea claro.
  2. Dejar una referencia de consulta
  3. Exigirlo

El trabajo que te mando analizando las causas de la primera guerra mundial, podrá estar equivocado en su desarrollo, pero no debemos permitir que esté hecho en hojas medio rotas, con manchas de chorizo, se entregue dos días tarde persiguiéndote por un pasillo y venga sin el nombre o con su apodo. Nada de eso necesita talento, cualquiera puede hacerlo mejor si tiene voluntad.

Puede que alguno esté pensando en chavales que hayan tenido problemas puntuales o tengan una situación personal compleja. Son excepciones, y las excepciones son… excepcionales y se pueden contemplar sin problemas. Lo que ocurre en la actualidad (más allá de estos tiempos de confinamiento), y debe dejar de hacerlo, es que se pidan unos requisitos y sea mayoritario el grupo de los que no los cumplen. Así no les educamos.

Respecto al vídeos o clases a través de videoconferencia, hay más diferencias. Hay quien prefiere el contacto más directo con la videoconferencia y quien prefiere tener un vídeo y el plazo para verlo tranquilamente cuando mejor le venga. Además las clases online a veces han tenido dificultades técnicas o por parte de asistentes o “intrusos”.

Aunque yo he optado por los vídeos, creo que deberemos ir a una variante mixta, en la que además las clases puedan grabarse y quedar a disposición de los alumnos, pero ojo, digo mixta y no doble. También habrá que aportar sistemas de videoconferencia que permitan una mejor gestión de los asistentes y tener en cuenta el horario. Concepto este, horario, que se ha revelado como algo de gran importancia.

Hay un problema que permea todo, como siempre ha sido, que es el nivel socioeconómico de las familias. Si vamos a un futuro con una parte ineludible tecnológica y no presencial, habrá que dotar a las familias de los medios y las oportunidades de las que muchas carecen. Porque todo lo que no es presencial (deberes, estas modalidades de enseñanza) profundiza las desigualdades si no te toman las medidas correctoras necesarias.

Tampoco es menor el asunto de la “estructura tecnológica” del sistema, ni de la falta de provisión de medios técnicos a los trabajadores de la educación, pero de esto hablamos en otro momento.

Es curioso, pero los chavales han agradecido que se haya continuado con su educación, no querían estar triscando por ahí sin hacer nada. Al final necesitamos alimento para el espíritu y el aprendizaje lo es, por sí mismo y por las posibilidades de crecimiento que nos da cada puerta que nos abre.

Pero, relacionado con esto, se ha comentado uno de los mayores problemas, la organización.

Es cierto que el virus ha sido algo imprevisto (aunque no imprevisible, mucho ojo), pero es que los sistemas educativos estaban funcionando “de prestado” gracias a tolerar muchas malas condiciones, hacinamiento, multitud de trabajo no remunerado… y esa manera de funcionar no ha sido algo imprevisto por las administraciones, todo lo contrario, ha sido fruto del abandono o de acciones intencionadas para socavar ciertos servicios.

Tener un accidente en una moto es algo imprevisto, pero la cosa irá muy diferente si llevas casco o no. Y eso sí que puede pensarse y hacerse antes de que ocurra nada.

En nuestro caso íbamos tres subidos en una moto con problemas mecánicos y sin casco. Además nos hemos encontrado una enorme piedra en medio de la carretera, y nos hemos dado un golpe bien gordo.

Los problemas de organización se dan a todos los niveles, desde la administración central, hasta los chavales, cada uno tendremos que revisar y ajustar lo que hacemos.

En secundaria se ha visto claramente que necesitamos, además de organizar mejor nuestras asignaturas, coordinarnos más entre todas las materias.

Hay una queja generalizada, y seguro que con razón, de la fluctuación de carga de trabajo y la desproporción (tanto por exceso, como por defecto).

En mi opinión algo que tenemos poco reglado es el tiempo de trabajo no presencial que conllevan nuestras asignaturas, haciendo cada profesor un poco lo que le parece más conveniente, seguro que con las mejores intenciones, pero no siempre con los mejores resultados.

Hace tiempo os contaba en un post cómo creo que podríamos organizarlo. Básicamente es contemplar un horario no presencial y “repartirlo” entre materias, como hacemos con el presencial. Por ejemplo, si tienen seis horas en el centro, supongamos que entendemos que necesitan dos horas más al día en casa. Bueno pues esas 10 horas semanales no presenciales habrá que distribuirlas entre las materias de forma que no se multipliquen hasta el infinito o se acaparen sólo por algunas, aquí os dejo el artículo con más detalle.

Por supuesto que todo esto tiene sus márgenes de error, sus variaciones por curso, sus variaciones por persona, pero tener un marco aproximado seguro que nos ayuda a regular el trabajo no presencial. El horario, de nuevo.

Voy con el horario. Ha sido un disparate para todos. Ayer contestaba a chavales a la una de la mañana porque en esta época me he rendido. También me he pasado noches en vela trabajando porque funcionaba mejor la red, he dormido a deshoras… y los chavales han vivido también estas cosas. Les hemos mandado tareas con prisas, convocado a reuniones en horas que no les venían bien o con poco aviso. Hemos andado todos como pollo sin cabeza y ha sido un horror.

Más de una vez os he hablado de la organización del tiempo y mi convencimiento de que pasa por tener una agenda por tiempos y no por objetivos. Para los que andamos en mil salsas o los perfeccionistas, no limitar los tiempos es un horror. No sabemos cuando parar y no podemos hacerlo, por eso lo mejor es concederle a una tarea el tiempo que “merece” y hacer lo mejor posible con esa restricción.

Después de pagar muchas facturas en salud física y mental por estas cosas, el curso que viene voy asumir el horario y creo que eso nos beneficiará a todos y generará mucha de esa organización que nos ha fallado ahora. (De nuevo, las excepciones son excepcionales y se contemplarán… ya no lo digo más, tenedlo en la cabeza para todo lo que leáis)

Es cierto que destapará muchos problemas y quizá ponga muchas cosas en su sitio, pero vaya, es un desastre que les mande una actividad un viernes por la noche y que el chaval tenga que hacerla para el lunes por la mañana, pero también es un disparate que esté todo el sábado corrigiendo o mandando correos o preparando clases.

Tengamos un horario, presencial y no presencial y adaptemos nuestro trabajo a ello. Ya os decía que esa regulación no presencial se la debemos a los chavales, los profesores, como trabajadores, la tenemos por contrato aunque la incumplamos de manera mayoritaria y sistemática para que el sistema no se caiga. Bueno, pues quizá deba caerse, para que se vea la falta de medios materiales y, sobre todo, humanos.

Esto pasará sin duda por dimensionar tareas. Los chavales se quejan del tiempo que se demoran nuestras correcciones, el feedback que tan necesario es y tan buenos resultados probados tiene como elemento educativo.

Así quizá toca que los docentes echemos cuentas de los alumnos que tenemos, las materias que impartimos, las horas de trabajo disponibles y quizá mandemos menos cosas pero demos realimentación pronta y adecuada, y todos tengamos mejor salud.

Es posible que esto pase por un mayor trabajo en el aula, (difícil con la ratio, insisto), en una mayor necesidad de controlar la disrupción que conculca el derecho a la educación de los que más lo necesitan (esto puede pasar por tener que ser más contundente en la disciplina), en preparar sistemas de autoevaluación para el propio alumno también tenga un feedback de su progreso.

Creo también que toca una organización muy detallada del trabajo en clase, lo que se suele llamar una “programación de aula”. Los que trabajamos en esto sabemos que es algo quimérico y las mil situaciones nos llevan a tener que adaptarnos cada minuto y cambiar de plan constantemente, pero podría ser que no nos quedase más remedio que ser menos flexibles y tener mejor capacidad de reacción a eventos como este. Yo soy de esos superflexibles que podía transformar una clase entera por una pregunta de un chaval, pero quizá ese tiempo ya ha acabado.

Pondré un ejemplo. Si mañana vamos a ver tal cosa y a hacer tal actividad, pues es lo que debe ocurrir… pase lo que pase. Si procuramos que todo el material esté accesible (online y offline) y las tareas definidas, la “clase” podrá hacerse presencial (ojalá), si me pongo enfermo podrán hacerlo con los compañeros de guardia, y si hay un problema como este y nos confinan ese día, podrán hacerlo en casa.

Tenemos que tener los escenarios listos para que se pongan en marcha de manera inmediata, como un generador eléctrico de emergencia. De forma que la clase que tocaba mañana se lleve a cabo, mejor o peor, en cualesquiera circunstancias.

También se quejaban los alumnos de no tener clara la manera en la que se iba a evaluar o a puntuar las tareas. A poco que veáis las noticias, sabréis que esto no era un asunto que partiese de los profesores principalmente.

Los que me leéis sabéis que estoy muy en contra (por poco pedagógico e incorrecto matemáticamente) de toda esta atomización desquiciada de la puntuación en estándares incontables, y creo que lleva a los estudiantes a tener una actitud pesetera (decíamos en mis tiempos), quiero decir más preocupada de ir sumando décimas como sea que en buscar un aprendizaje real. ¿Tendremos también que caer en esa concreción milimétrica y generar comportamientos que ayuden poco al aprendizaje profundo?

También es cierto que a los profesores se nos ha pedido más o menos veladamente y más o menos públicamente hacer lo que las administraciones no se han atrevido a hacer, olvidarse de llegar a una calificación con las mínimas garantías, que los chavales pasen y el año que viene, hablamos. En lo que he venido en llamar un “Aprobado general en diferido con simulación de evaluación”, recordando a cierta figura política.

Así que esta falta de “detalle” sobre la puntuación convive con millones de medidas excepcionales, repescas y recontrapescas, recortes de contenido, trabajillos y demás, para intentar justificar el aprobado que la administración quiere que vaya firmado por mí, por pocas garantías que tenga de que esté midiendo lo que se supone que certifico. Hay chavales que se han quejado de esto, del agravio comparativo que supone, añadiendo las “ayudas” que (los más favorecidos, siempre, claro) tienen en forma de familiares, profesores particulares, dispositivos electrónicos o servicios de pago, directamente.

En mi opinión, esto no tiene solución alguna no presencial. Y muchas de las medidas que se han tomado, simplemente abren de nuevo una brecha tecnológica y socioeconómica, porque nuestras cortapisas se saltan con el suficiente dinero o contactos.

Se lleva toda la vida dando enseñanza a distancia… y toda la vida pasando por exámenes presenciales para obtener la certificación. Creo que no hay otro camino.

A veces se piensa que un suspenso es un “castigo” y la nota ha perdido el valor de certificación de que se domina una materia. Esto es un grave error.

El título de la ESO no es la garantía de haber estado escolarizado, es una certificación de que se tienen ciertas destrezas y conocimientos que facultan para acceder a otros estudios o que pueden ser interesantes en el mundo laboral. Lo mismo para cualquier título. ¿Confiarías tu salud a un médico que nunca hubiera pasado una prueba presencial? Yo tampoco quiero eso para la educación de nuestros chavales.

Si convertimos el título de la ESO en un certificado de escolaridad, es equivalente a que en el DNI ponga que tienes más de 16 y que has vivido en España, que aquí la escolarización es obligatoria. Es un papel inservible.

Si me matriculo en un curso de electricista y falto porque he cogido hepatitis, no entiendo que mi suspenso sea un castigo ni que deban darme el título porque mi falta esté “justificada”. Creo que se me entiende.

Hay algo que no todos contemplan y es el “estado de ánimo” que provocan este tipo de cosas. ¿Cómo pensáis que van a estudiar, a hacer trabajos los chavales, si “da igual”, si no importa? ¿Cómo pensáis que va a degradarse la vida en las aulas? A los que me vengan con que los chavales deben aprender por el gusto y no por las notas y tal, estupendo, mirad al mundo de los adultos maduros, ¿es así como se comportan? Sí, sería lo deseable, pero, ¿son los humanos así? ¿Eres TÚ así? Haces un montón de trabajo voluntario que no se concreta en ninguna ventaja… espera, espera. No el que tú eliges. ¿Haces un montón de trabajo voluntario del tema que a mí me dé la gana? No, sé. Igual vosotros sí, sois personas sin hábitos perjudiciales, con vidas ordenadas y entregados al bien común… pero el resto, no.

Por todo esto entiendo que la evaluación durante el curso será presencial u online, lo mejor que podamos, pero quizá estemos abocados a tener una prueba presencial con garantías, en situaciones donde los periodos online se alarguen mucho. Supongo que habrá que escalonarla, habilitar espacios y demás… pero no veo más lejos, lo demás es dar certificaciones sin saber quién o cómo hace las cosas que evalúas.

Siguiendo con el baño de realidad, los chavales procrastinan. Locamente. Como muchos de nosotros.

Es posible que les enseñemos a mejorar en eso (a ver si lo hacemos nosotros), pero también parece una buena medida generar sistemas y estructuras que favorezca que no se haga. Por esto muchos de ellos piden tareas más cortas, en lugar de plazos más largos, que se acaban comiendo y haciendo las cosas tarde, mal y con agobios. Algunas tareas son por su propia condición de “gran tamaño”, como portfolios o diarios de clase. En esos casos, creo que habría que habilitar entregas intermedias para ayudar a reducir los tiempos y carga de la procrastinación.

Aunque es cierto que hay a quien le encanta y es capaz de organizarse en esas tareas largas. Aquí también reconocer la labor de muchos padres en este cuidado y ayuda a la organización. En esos casos, no creo que le perjudique demasiado adaptarse a las entregas intermedias que coincidirán más o menos con sus repartos.

Sigamos hablando de humanidad y organización. En los medios, se ha mencionado el “síndrome de la cabaña”. Se refieren a esa sensación de algunos que pensaban :”Pues no se está tan mal, aquí en casa, trabajando tranquilamente, con tiempo para los míos, un paseíto y tal”. En mi opinión, poco tiene de síndrome, igual hay quien desarrolla agorafobia, pero da mucho más la impresión de que se trata de gente que igual no andaba tan cómoda en el trabajo y necesita más un abogado que un psicólogo. Por ejemplo, ¿cómo se va a echar de menos pasar dos horas al día metido en transportes, o un jefe abusador, un compañero que acosa? O simplemente, que hay gente más tímida que otra y para un alumno no es tan fácil expresarse entre otros treinta, con algunos muy acaparadores de atención y algunos otros no muy receptivos a las opiniones ajenas.

De esto también hay entre nuestros alumnos, no necesariamente que prefieran esta situación a la otra, como que este cambio les ha mostrado cosas que teníamos normalizadas y no eran normales ni deseables. ¿Seguro que a los adultos que me leéis no os ha pasado igual? Porque a mí, sí.

Un curioso ejemplo es cómo han valorado positivamente la comunicación que han tenido con la mayoría de los profesores, mensajes, chats en vivo. Y es que, es posible que algunos chavales hayan podido preguntar sus dudas y nosotros contestárselas ahora mejor que cuando estábamos en las aulas. ¿No es disparatado?

Sin duda la solución pasa de nuevo, ¿a que lo sabéis? Exactamente, por reducir la ratio. Mientras eso ocurre, y en el futuro, creo que podemos mantener estas vías de comunicación no presencial, pero a veces, rápidas y efectivas (por supuesto, dentro del horario suyo y nuestro).

Quizá nos quedaría organizar de una manera menos informal el intercambio entre iguales a través de foros en los propios sistemas del sistema educativo. Los más mayores, sobre todo, se han organizado por sus redes sociales, pero sabiendo como sabemos que es un buen elemento educativo, quizá podríamos proveerlo de una manera más institucional.

Volviendo a los “contenidos”, me preocupa algo que creo que ha ido en aumento en los últimos tiempos y son los padres que “tienen” que explicar o “hacer” tareas a sus hijos. No voy a buscar culpables ahora, en algunos casos se trata de cosas que mandamos con referencias o explicaciones insuficientes y que los padres se ven en la necesidad de llenar y otras padres que se extralimitan y nos mandan redacciones y problemas hechos con esmero o que incluso compiten en el WhatsApp por quién ha sacado más nota en el trabajo de plástica de sus hijos.

Hay que acabar con esto, es una carga de trabajo a los padres que no necesitan, estropea el (poco) tiempo en común que tienen con ellos, falsea nuestra medida de los conocimientos de los chavales, y vaya, que hacer los “deberes” no es su obligación. Es la obligación de sus hijos. La de los padres es controlar que se hagan, pero ni explicarlos, ni hacerlos.

Como profesor creo que me puedo comprometer a explicar con detalle, dejar material de referencia y mandar trabajo adaptado a ello, mientras pido a los padres que vigilen que su hijo está al día del trabajo y que no se lo hagan. Recordad que a veces es pura comodidad del chaval, que se lo quiere quitar de encima y nos pone a discutir padres con profes.

Es muy posible que un sistema online en el que también los padres pudieran saber las tareas que tiene, las fechas y todo, simplemente consultado facilitara esta circunstancia.

Algo en lo que convenimos todos es la imperiosa falta que nos hace un sistema COMÚN y fiable de enseñanza a distancia. Se ha visto lo que había y lo falto que estaba de recursos y operatividad cuando nos confinamos. También quedó meridianamente clara la falta de conocimientos sobre él, incluido simplemente tener el usuario y la contraseña a mano. Docentes y estudiantes.

Aquí, lo siento, pero es la administración la que debe dar el primer paso, con su mejora y dotación, que nos enseñe a profes, alumnos y padres a usarlo y que nos OBLIGUE a hacerlo.

Llevamos décadas jugando a lo mismo con la administración. Nos dice que usemos lo que no está suficientemente provisto, pero ni nos obliga ni nos “persigue”. Nosotros hacemos lo que podemos por nuestra cuenta y luego nos regañan (ha pasado) por no usar lo suyo o de la manera debida. Es todo un disparate. Lo dicho. Provee, enseña y obliga. Fin. Como los sistemas de cualquier empresa.

Es mi particular intención limitarme a los servicios de mi empleador el año que viene, como siempre debió ser, con la máxima garantía de protección de los datos de los menores, o al menos queda en su responsabilidad. Con la excepción de seguir pagando mi ordenador, mi conexión a Internet, mi tablet, mi móvil… supongo que para que esto se entienda tendrán que pasar décadas (o movilizarnos en serio).

Esta actitud igual destapa de nuevo las vergüenzas del sistema. Quiero decir, haré lo que la plataforma educativa permita, tal y como lo permita y cuando falle pararé… vaya como cualquier trabajador en una empresa medio seria.

Respecto a las plataformas, también se quejaban los alumnos de la locura que ha sido que cada uno usáramos una e incluso que no usáramos sus distintas herramientas adecuadamente, pero vaya, eso también se arregla con la unificación en una plataforma oficial y de la administración.

Finalmente me ha llamado la atención algo que ya ocurría antes. A los alumnos les parece que si les damos material obtenido por Internet, es que nos estamos escaqueando de parte de nuestro trabajo. Es llamativo, porque entonces, ¿tenemos que hacer todos un vídeo de cómo se resuelve un circuito eléctrico en serie? ¿Es mejor que yo haga un vídeo malo, pero que sea mío, a que les enlace uno estupendo de la red? ¿Pensamos lo mismo de los libros de texto, de los apuntes de clase?

Ya sabéis que yo hago muchas cosas que comparto por aquí y que me emociona que uséis. (para un profesor la sensación de que lo que hace no vale para nada está muy presente y saber que a alguien le ha servido una cosa que has hecho, te alegra el corazón un poquito).

Pero dejadme que os confiese que me veo OBLIGADO a hacerlas. No me apetece nada… es mucho curro, mi contrato es de profesor, no de escritor. Las hago porque no encuentro nada que diga todo lo que quiero y cómo lo quiero. Ojalá me pudiera haber ahorrado los cientos de páginas escritas o las horas de vídeo grabadas.

Mi obligación es seleccionar materiales, organizarlos, pero no necesariamente crearlos. De hecho creo que andamos inventando lo mismo en distintos lugares y trabajando en tonto.

En este sentido somos muchos los profesores que pedimos a la administración una programación modelo para que pueda ser adaptada en lugar de tener meses trabajando en ello a miles de profesores, tiempo que nos faltan para otras muchas cosas. Sospechamos que tiene mucho que ver con que multitud de las cosas que se piden son imposibles o contradictorias y si nos presentaran tal documento se caerían algunos velos más.

De la misma manera un repositorio realmente efectivo, bien indexado, una referencia, vaya, a la que acudir antes de ponerte a hacer el enésimo vídeo o apuntes, podría ayudar bastante. Como os decía muchos hacemos material porque no lo encontramos y porque no disponemos del tiempo para buscarlo y que, al final, te toque hacerlo a ti.

Creo que es de pura lógica entender que mis apuntes no serán los mejores por ser míos, y que es posible que me esté perdiendo unas ideas estupendas de algún compañero de las que podría beneficiarme yo, pero sobre todo, mis alumnos.

Quizá la Mediateca sea ese lugar, pero de momento no lo es. Hoy en día es más rápido y efectivo mirar a lo loco en un buscador, preguntar en redes, consultar a expertos concretos…

Hay que plantearse esto en serio y crear ese lugar de referencia para beneficio de todos.

Y LA GRAN PREGUNTA

¿QUIÉN Y CÓMO ESTÁ PREPARANDO EL CURSO QUE VIENE?

Pues este Panadero vuestro no lo sabe, ni oye que nadie lo sepa.

Mi opinión particular es que se esperará a que la necesidad de que los padres vayan a trabajar sea tan imperiosa que se vuelva a las aulas sin posibilidad de discutir ni el cuándo ni el cómo.

No da la impresión de que estén preguntando a los que sabemos de esto, los profesores… y como habéis podido leer, los alumnos. Supongo que hablarán con “expertos”.

Y ya, como reflexión particular.

Ha sido una pena que los meses desde empezado marzo hasta junio en los que miles de profesores, MILES de EXPERTOS en educación, podríamos haber preparado un próximo curso con sus materiales, sus plataformas… nos los hayamos (y aún seguimos) pasado intentando hacer lo imposible, en lugar de rendirnos a los hechos, acompañar a los chavales sin necesidad de agobiarlos y preparar el futuro.

Y que nadie olvide que en septiembre:

  • Nos siguen faltando espacios, METROS CUADRADOS, para que los chavales no corran riesgo de enfermar, de enfermar a sus familias o a los trabajadores de la enseñanza.
  • Nos siguen faltando recursos materiales para que el acceso a la educación sea efectivo e igualitario
  • Nos siguen faltando recursos humanos, profesores suficientes para poder atender debidamente a algo tan importante como nuestros chavales.

Para terminar, agradecer a mis alumnos que hayan puesto sus neuronas al servicio de lo común y aquí os dejo también ese saber destilado y acrecentado con mis propias reflexiones para quien pudiera ser de utilidad.

Un abrazo sincero a toda la Comunidad Educativa, las dos con mayúsculas, para que se sienta aludido todo aquel que trabaje por lo Común y por lo Educativo.

10 Responses to Reflexiones… sobre las reflexiones de mis alumnos en la educación confinada

  1. Amaro dice:

    Cuando dices que “los chavales han agradecido que se haya continuado con su educación, no querían estar triscando por ahí sin hacer nada”, no crees que caes en un cierto sesgo de selección. Los que preferían estar triscando seguramente estén entre los 140 que no contestaron la encuesta.

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    • javierfpanadero dice:

      Es posible. Podría ser posible que tb sea ese sesgoo suponer que no hacer esta actividad es equivalente a no haber hecho otras o haber preferido no tener nada que hacer. O que los que no han hecho mucho haya sido por una decisión voluntaria más que llevados por las circunstancias. Muchas cosas son posibles, yo os doy datos e interpretaciones y sois muy libres de reinterpretar. Saludos

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  2. María Jesús Villarrubia Lorenzo dice:

    Gracias por este post. Mi hermano y yo llevamos varias semanas ‘arreglando el mundo’ dando vueltas a cual sería la mejor forma de plantearnos la vuelta a clase (él como padre de dos niños pequeños, yo como docente). Busco una forma de hacerte llegar el borrador de nuestra ideas gloriosas para que lo machaques con esa mente preclara que te caracteriza… lo había pensado antes de leer este post, pero al leerlo me he dicho ‘deja ya de procrastinar y envíaselo ya, que septiembre está ahí, a la vuelta de la esquina’, Y si entre todos sacamos ideas prácticas y posibles para que esa vuelta sea la mejor posible, pues quién sabe si a alguna nos harán caso

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    • javierfpanadero dice:

      Hola, yo encantado de leer y comentar lo q quieras, eso sí, no soy nadie al q se haga caso, en ningún ámbito, más allá de mis seres queridos o lectores. Ni pincho ni corto en mi centro, en mi DAT, en el ministerio.. asi q, si lo q queréis es una manera de influir, tendréis que buscaros a un youtuber o un gurú. Este señor es un perturbado subido a un cajón. Un abrazo.

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      • María Jesús Villarrubia dice:

        Ya, si tu radio de influencia me la imagino, pero tu opinión, y la que puedas obtener por tu lado amplía la visión y por lo menos a mí me resulta muy valiosa… e igual lo que salga nos facilita y da ideas a nivel interno de los centros para organizarnos mejor. Ya te lo he enviado. Graciasssssss

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  3. mcastigarcia dice:

    Hola Javier
    Están fenomenales estas reflexiones, como se nota que eres profe de verdad, al leerte me reconozco 😉
    Me apunto muchas cosas que expones: explicar, dirigir, pero exigir.. tareas cortas, plazos concretos (para mí y para los chavales). No me gusta concretar milímetros en cada nota, pero algo tendré que claudicar, ya animaré a conocimiento más complejo con algún tipo de trabajo y proyecto (que a mí también me cuesta proponer y dirigir).
    Tengo aulas virtuales, cuando estaba en clase eran muy dispersas, ahora tengo que concretar y ordenar mucho más. Escojo y expongo recursos: vídeos, actividades… También me conecto on line, pero solo comparto documentos, básicamente proyecto mi aula virtual. No me animo a hacer vídeos, hay tantos y tan buenos en la red..

    En resumen, tomo nota.
    Eso sí, tengo unas ganas de ir a reñir por los pasillos ☺️
    Muchas gracias.

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  4. libreoyente dice:

    Cuando sea pequeño, quiero tener un profe como tú. Gracias.

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  5. […] sobre su forma de ser en este periodo (no a través de esta actividad), ya me ocurrió en una actividad anterior. Como apuntaba en el documento, las cosas que nos suceden más o menos graves son oportunidades de […]

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