A cuestas con la vocación y la implicación

Fuente: Wikipedia

Si vas a buscar trabajo y hablan mucho de “implicación”… o estás entrando en una banda de delincuentes o vas a echar más horas que un reloj.

Estos dos términos, vocación e implicación, son de uso muy común en los entornos laborales. Quizá el primero más frecuente en los trabajos que conllevan atención directa a usuarios, como en sanidad o educación, y el segundo, más genérico. Lo puedes oír en un banco o en una fábrica de tornillos.

Les repito mucho a mis alumnos lo siguiente (y lo contaba en ¿Cómo le explico esto a un extraterrestre?):

“Para evitar el miedo abstracto… concrétalo. Arroja luz sobre el monstruo. Así verás cómo es, hasta donde llega y cuáles son sus debilidades”.

Veamos.

Si pregunto “¿necesita un médico vocación para su trabajo?”, la mayoría de la gente me dirá que sí.

Pero, qué me dirían si preguntase: Exactamente, ¿qué parte del trabajo necesita de la vocación? ¿Qué tarea necesaria para esa labor sólo puede hacerse si se posee esa cualidad, supuestamente “imprescindible”?

Y aquí es donde creo que se revelan las miserias del “monstruo”.

Si me dices que:

  • Es que tenías que haber querido ser esa profesión “desde siempre”, que sería la definición del diccionario de vocación que no implica a dios (!), creo que se cae solo, pero vaya, aquí podéis leer más detalle (Profesores por azar).
  • Es que si no te preocupan tus usuarios serán un mal profesional. Correcto. Pero eso se llama empatía y abarca mucho más que profesiones “vocacionales”. Todos hemos sufrido horrores y recibido enorme ayuda de administrativos más o menos empáticos. Benditos sean los buenos con que me he cruzado.
  • Es que un profesional sin vocación no se seguirá formando. Bueno, eso es profesionalidad, no vocación. Por cierto, si esa formación no me la provee aquel para quien trabajo y en horario de trabajo, entonces hablamos de explotación (si no puedo elegirlo) o autoexplotación (si puedo elegirlo).
  • Es que el sistema falla y los “implicados” llenan los huecos. Ah, bien, entonces de nuevo hablamos de “héores” o “mártires” que tapan agujeros del sistema a costa de echar horas y trabajo. Ayudando en lo local, temporalmente, mientras en lo general se perpetúan y tapan deficiencias de un sistema inadecuado, se asumen costes que se ahorra el dueño o el Estado, se destruyen puestos de trabajo a cargo de tu trabajo no remunerado y, en el caso de los docentes, se enseña a los chavales que ser “bueno” es ser un “pringao”, extremo este último por el que digo que los que nos conducimos así de vez en cuando damos mal ejemplo (Los profesores son un mal ejemplo). No hay que olvidar nunca que es un buen sistema lo único que garantiza la provisión del derecho de todos, no un puñado de “héroes comprometidos” y hay que luchar por lo primero en lugar de vanagloriarse de lo segundo.

No olvidemos también que sólo con el corazón no se consiguen las cosas, aunque las corrientes guays modernas aludan constantemente a ello. Sin la “cabeza” suficiente (conocimientos, profesionalidad…) para hacer lo que debe ser hecho, corremos un grave peligro de errar el tiro o incluso ir en dirección contraria. No es nuevo el dicho: El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones o El diablo está en los detalles.

Una buena amiga tuitera señalaba con mucho acierto que es curioso que se le pida vocación a un médico y no a enfermeros o auxiliares, los que van a tener un trato mucho más cercano y delicado con el paciente.

Ronronia

“Es que esto de la vocación es muy tramposo. En Sanidad, por ejemplo, se exige más vocación a médicos que a enfermeros y nadie pretende que auxiliares tengan vocación, siendo que los auxiliares tienen el trato más directo e íntimo con el enfermo”

Luchemos por un sistema que no “necesite” que andemos tapando agujeros con un elevado coste personal y por esas condiciones laborales justas para todos, en lugar de utilizar términos como “vocación” que con tan buenas intenciones nacen y que devienen en explotación y autoexplotación.

Así que, salvo que algún comentarista nos arroje más luz, no nos queda más que concluir que lo que necesitan estas labores “vocacionales (y las demás!) es empatía y profesionalidad, recordando de nuevo que gente muy “implicada” y sin la profesionalidad necesaria podrían estar dando peor servicio al usuario.

2 Responses to A cuestas con la vocación y la implicación

  1. Siempre he sabido que este concepto de la vocación puede ser peligroso, pero nunca lo había visto desde tantos puntos de vista. Muchas gracias por escribir estas líneas, Javier, me has dado nuevos argumentos para desmontar este mito.

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