Elogio de las pruebas externas… o casi

Fuente: Wikipedia

La importancia de la educación como derecho y la vulnerabilidad de los menores, usuarios mayoritarios, sería razón más que suficiente para implantar pruebas externas y de control del proceso educativo.

¿Cuál es el problema?

El de siempre. Una cosa es legislar y otra la concreción de la legislación, y la segunda es decisiva para la provisión de los derechos, aunque sea una de las grandes olvidadas… salvo para los que quieren “tunear” las leyes aunque ya hayan sido aprobadas. Como ejemplo, tenemos al ex presidente Rajoy enorgulleciéndose de contemplar un presupuesto cero para cierta ley e impedir de hecho su cumplimiento. Llamativo que estas cosas no tengan ninguna implicación legal para el susodicho, pero eso es otra historia.

Os ponía otro ejemplo hace tiempo con la evaluación en Dime qué me preguntas y te diré quién soy donde os explicaba que DECIR QUÉ voy a evaluar SIN DECIR CÓMO voy a hacerlo ES NO DECIR NADA.

Vayamos al grano.

Quizá penséis que voy a poner a parir PISA o las Pruebas Externas que pasan otras administraciones educativas, pero no, paso. Hoy voy a ir directo al final del argumento.

Nosotros, los docentes, evaluamos a los alumnos, pero somos constantemente cuestionados, de formas más o menos amables, hasta un nivel (pretendido) de detalle que resulta en una burocracia absurda y paralizante.

Así que, quizá la mejor solución sea… no discutirlo más.

De acuerdo, los docentes no tenemos ni los conocimientos suficientes, ni la ética para aplicarlos de manera justa. Así que, ¿por qué duplicar las pruebas? Hagamos exámenes externos oficiales y los profesores (exhaustos) tomaremos como “correctas” esas evaluaciones. Diriman los padres y estudiantes sus diferencias con la administración y todos a casa.

De mis tiempos como profesor particular (unos ocho años en las materias vas variadas) recuerdo la agradable sensación de ser un “aliado”, de trabajar con el alumno (y él conmigo!) para llegar a un punto en el que pudiera superar el examen que ponía “otro”. No recuerdo a ninguno de ellos que hiciera cosas para “perder clase”, mientras que todos se esforzaban para aprovechar tremendamente el tiempo, llegando a comprender y manejar cosas en unas horas para las que meses en el centro no habían sido suficientes. No tengo duda de que la mayoría de sus profesores serían tan buenos o mejores que yo, pero claro, uno-contra-uno, no es lo mismo que repartirse entre treinta, y es más que probable que ese alumno no hubiera trabajado en clase como lo hacía conmigo… pero ahora éramos aliados.

No he tenido esa sensación como profesor “de grupos” más que en segundo de bachillerato, cuando de nuevo soy más el aliado que les ayuda a pasar la prueba que les pondrán “otros”.  Así que, si toda la evaluación fuera externa, sería curioso ver cómo nos convertíamos en aliados y cómo cosas como “perder clase” se empezaría a percibir como un perjuicio, incluso por los otros estudiantes.

Sin duda la gran pérdida sería una evaluación mucho menos justa, por más objetiva que fuese, mucho menos adaptada a los alumnos y sus características particulares, mucho menos… vaya todo en lo que (la mayoría de) profesores nos esforzamos en hacer por conocimientos y por ética, pero cuyo cuestionamiento constante nos tiene un poco hasta las narices.

Es curioso también que entre las medidas de mejora de la evaluación nunca se contempla la reducción de ratio y de carga docente, que también en esto (qué casualidad) sería una enorme mejora. ¿No os parece que si tengo más tiempo y menos alumnos para evaluar, podré hacerlo de mejor manera? Fíjate que es cierto que podría no hacerlo, pero, no veis que con una carga excesiva, directamente, no puedo hacerlo.

Si os paráis a ver las discusiones en las redes entre los profesores de matemáticas de colegio e instituto sobre cómo enseñar cada cosa, qué beneficios y problemas tienen, os daríais cuenta de lo difícil que es y del volumen de conocimiento necesario para tener opiniones de peso. Y esto os lo dice alguien con muchos mas conocimientos de matemáticas que el ciudadano común, pero se reconoce con mucho aún por aprender en su didáctica, al menos, mucho que aprender de los que saben. Así que, esos debates que os parecen tan naturales y tan obvios sobre “qué ha preguntado y cómo” el profesor en el examen, ni son tan simples ni se está tan preparado para tenerlos como se cree la mayoría. Al igual que yo no lo estoy para discutir cómo me repara el mecánico el coche. La diferencia es que para ciertos trabajos todo el mundo se cree con conocimientos suficientes.

Finalmente, OS ESTÁN ENGAÑANDO.

Claro que necesitamos supervisión y control, IMPRESCINDIBLE, como en la provisión de cualquier derecho, pero de la misma forma que para ver si un médico ha cometido una negligencia necesito el examen de expertos, para esto no vale con la opinión de cualquier padre que viene dando voces enarbolando un examen y unas razones, que desaparecen si se lleva un cinco aunque sea por que se calle y no por las razones que se enarbolaban. De hecho, creo que somos demasiado permisivos con las formas (gritos, agresiones físicas, amenazas) con las que los padres entran en centros públicos y se dirigen a empleados públicos en ejercicio de la función pública. Algo que igual se adapta a ciertos tipos legales bastante graves… pero eso es otra historia.

Como casi nadie sabe de matemáticas o de medida, si le lanzo “cuatro números” a los usuarios y a la administración, todos se quedan tranquilos. Y aquí aparecen las famosas rúbricas, los estándares y todo lo demás. Atomizando lo que es necesariamente global, la comprensión, y poniendo una cortina de “exactitud” mediante los números sobre algo que sigue siendo arbitrario, el modelo. Digamos que todo el mundo repasa las cuentas de los exámenes a ver si se ha sumado mal, pero pocos discuten el margen de error de preguntar sólo algunas cosas y estimar el conocimiento de toda la asignatura con una precisión del uno por ciento.

Y, por cierto, ¿por qué está el aprobado en el cincuenta por ciento de lo que debe saberse?

Resumiendo:

¿No os fiáis de los profesores? Perfecto. Evalúen ustedes. Perjudicarán a los alumnos (serán peor evaluados y tendrán una formación “dirigida” a aprobar). Por nosotros no se preocupen, tendremos menos trabajo, menos cuestionamiento, y nos percibirán como sus aliados.

Empezamos cuando quieran.

2 Responses to Elogio de las pruebas externas… o casi

  1. María Jesús Villarrubia Lorenzo dice:

    ¡Qué razón tienes Javi! Como (casi) siempre…. Yo que soy una afortunada en esto, puedo constatarlo. En Educación Especial, no hay ‘estándares’… bueno sí, se empeñan en las fases obligatorias en que mis compas suden haciendo adaptaciones de los estándares de Primaria y Secundaria, así uno adaptado para cada alumn@ según…. pero yo que soy de FP, y mis programa de transición a la vida adulta no está regulado en cuanto a estas tonterías … pues no tengo exámenes, ni pongo calificaciones al uso. Hacemos pruebas, sí, muchas y diarias, que evaluamos entre todos para ver dónde nos cuesta, y dónde mejorar. Pero tengo 8 alumn@s por clase, a los que veo 10 horas semanales durante 3 años. Y todo eso junto, como aquí nadie suspende, ni aprueba, sino que aprende, se transforma en lo que tú dices, mis alumn@s y yo somos aliados en que ell@s crezcan…. y claro que crecen más. Y sin sufrir
    Un beso, majo

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