La pregunta impertinente

Poneos en situación. Estás hablando a un grupo sobre la importancia de donar, por ejemplo, y se alza una mano:

– ¿Tú donas?

Ahí está, la pregunta impertinente. Aparece en muchos ámbitos y la hace mucha gente.

¿Por qué la tildas de “impertinente”, Panaderito nuestro, no hay insultos, ni ofensas, ni suposiciones…? ¿Por qué?

Porque lo es. Primera definición de la RAE: “Que no viene al caso”.

Si estamos hablando de la importancia de donar, el hecho de que yo lo haga o lo deje de hacer, me muera mañana o done todas mis posesiones es IRRELEVANTE.

Repito: Mi comportamiento personal es irrelevante respecto a la importancia general de esa idea.

Analicemos, aviso de que esto va a ser una lluvia de falacias, Cojan el paraguas.

La primera es pretender que la pregunta es relevante y quitar del foco la idea de la que se hablaba.

La segunda es esperar a que no sea yo una persona perfectamente pura y sabia, como ya sabías (porque nadie lo es), para afianzarte en tu postura de “Nadie lo hace, yo tampoco”. Sesgo de confirmación.

Y, por supuesto, este volver una discusión ideológica hacia una valoración personal es un argumento ad hominem de libro.

Cuando son mis alumnos los que hacen esto les suelo pedir que, ANTES de que yo responda, ellos me digan qué conclusiones o acciones tomarán en un caso y en el otro.

Digamos: ¿Qué vas a hacer si mi respuesta es sí y qué vas a hacer si es no?

Esto pone luz sobre todo ese bosque de falacias y muestra lo que suele ser una manera de justificar una postura previa que no se quiere revisar, o bien una pura curiosidad.

Otro ejemplo:

– ¿Nos darás la nota del examen anterior antes de este?

– ¿Qué vas a hacer si has sacado una buena nota y qué vas a hacer si es mala?

Como suelen disfrazar la verdad diciendo “estudiar” pues no necesitan la respuesta. ¡Estudien!.

En este caso también sirve, precisamente, para evitar que usen esa nota para no estudiar, bien porque ya consideran que está todo ganado o todo perdido. Esta es otra falacia muy común, pretender que no tienen preferencia entre dos opciones, pero esta es sencilla, tiro por la que sabemos todos que es la que no prefieren y a vivir.

A veces, en el fondo, lo que ocurre es otra cosa.

No me apetece discutir con esta persona.

No me apetece argumentar una vez más con esta persona.

No tengo tiempo o ganas de explicar por qué lo que dices no es cierto.

NINGÚN PROBLEMA CON ESTO. NINGUNO.

Es tu libertad no hablar con quien no quieras, pero pretender que el ejercicio de no querer hablar con alguien te concede la razón es tan estúpido, desde el punto de vista del razonamiento lógico, como pretender que tu silencio le otorga la razón al otro.

No me sean falaces… que me enciendo.

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