¿Confiamos demasiado en la racionalidad?

No os creáis que es sólo por hacer publicidad de La Cordura de Saberse Loco que acabo de publicar, es que creo que no acabamos de tener claro, cuán frágil es esta capacidad nuestra.

Nuestro primer error es pensar en que el razonamiento lógico produce contenidos, que nos puede decir qué cosas del mundo son ciertas y cuáles no. Falso.

La lógica que usamos y estudiamos es una forma de manipular contenidos ya existentes, pero es algo puramente FORMAL. Te dirá que es contradictorio que afirmes a la vez que está lloviendo y que no está lloviendo… pero no te resolverá si está lloviendo o no.

Entre los que nos dedicamos a la divulgación científica y actividades próximas es muy popular hablar de falacias lógicas, donde sí que estamos cometiendo esos errores “formales”. Por ejemplo, entrando en contradicción, como os decía antes, o con argumentos que no constituirían una prueba lógicamente válida, como el argumento de autoridad (Un premio Nobel afirma que…).

Detengámonos un momento en esto. “Un premio Nobel afirma X” es un argumento lógicamente inválido, eso nos dice la lógica, pero no nos dice nada sobre la proposición X, que podría ser cierta o falsa, sólo que así no queda probada.

También es interesante observar que la lógica que usamos tiene sus problemas, por ejemplo, asumir que “No X” es lo contrario de X y que no pueden darse a la vez (principio de no contradicción) podría ser mucho asumir, no es algo deducible lógicamente, es un “principio” que tomamos por bueno. De forma similar, asumir que las cosas pueden ser verdaderas o falsas y nada más, la lógica binaria, también podría ser una imposición demasiado fuerte a la realidad, otro principio que tomamos. Y todo esto sin entrar en el follón que nos metió Godel cuando nos contó que estos sistemas lógicos, como las matemáticas, tienen fallos estructurales de imposible resolución que se asoman en proposiciones autorreferentes como “Esta frase es falsa”.

Si queréis obviemos todo esto por un momento y asumamos que, respetando las leyes de la lógica, podemos producir argumentos sólidos. La cuestión, insisto, es que esto es algo puramente formal y que necesita “comida” para funcionar. Necesita contenidos.

¿De dónde tomamos esos contenidos? ¿Cómo los validamos? Ese es el problema de elegir un criterio de certeza, una piedra de toque que nos dice qué cosas son ciertas y qué cosas no. Para alguien puede ser lo que pone en un libro sagrado, o lo que sus sentimientos le indican, o lo que sus ojos le dicen… en ciencia nosotros tomamos el criterio empírico. Así que desconfiamos de la veracidad de lo que no puede ser medido de forma no subjetiva. Ya veis que aquí hay otro salto filosófico importante.

De acuerdo, ya tenemos la estructura lógica como forma de manipular contenidos y la manera de obtenerlos… pues ya está, ¿no?

Pues no es tan fácil, tampoco. ¿Qué son los datos? ¿Cuándo son suficientes? ¿Cuándo están bien tomados? La propia ciencia ha asumido criterios estadísticos para ver si sus hipótesis sobre el mundo están siendo probadas o descartadas con ciertos experimentos. Aquí tenéis unas interesantísimas precisiones que hace Iñaki Úcar y también son muy conocidas (y apreciadas, por aquí) las críticas al método científico que la gente cree único e infalible, que comparte con frecuencia César Tomé.

La toma de datos siempre será sesgada por limitada, como poco. Decir que vinieron tres chicas a mi cumpleaños es un dato, pero faltan muchas cosas. Imagina que vinieron tres chicos, o trescientos… ¿a que ya no significa lo mismo? ¿Y si te digo que esas tres chicas son las únicas supervivientes de un cataclismo? Contextualizar los datos no es sencillo.

Además en el tratamiento de los datos construimos relatos, que son los que transmiten las ideas que contamos y que se apoyan en ellos, que se apoyan y que son compatibles con ellos, pero no que resultan probadas por ellos.

Me suele molestar cuando dicen que van a enseñar retórica a los alumnos, preferiría que les enseñaran contenidos, porque acentuando una cosa y desatendiendo otra, acabaremos teniendo vende-humos, bien por ignorancia, bien por maldad.

En todo esto aún no hemos mencionado lo frágil que es la memoria y lo afectada que está nuestra “pura” capacidad de razonar por los sesgos cognitivos, con lo que de nuevo se pone muy en tela de juicio los productos de nuestra mente.

Todos los días y en todos los lugares hay personas que han sido convencidas por otras usando estupendas argumentaciones y datos más o menos ciertos, más o menos contextualizados, de las cosas más variadas, ciertas y falsas, buenas y malas… por cierto, ¿qué es bueno? ¿Lo que me favorece a mí? ¿A la sociedad? ¿Lo que me apetece? ¿Lo que no me hace daño? ¿Qué pasa cuando mi interés colisiona con el de otro, con el del grupo?

Insisto, todos los días se nos convence de cosas a todos, de formas poco elegantes en lo científico y en lo formal. ¿Crees que a ti no? Si piensas que eres tan listo, es una prueba de que no lo eres.

¿Estás dispuesto a poner en cuestión tus principios? ¿Todos? ¿Cuáles son inviolables?

¿Estás dispuesto a escuchar los argumentos de Thanos, que opina que hay que cepillarse a la mitad de la población del Universo, porque, en caso contrario, moriremos todos por falta de recursos? Si aceptas sus “datos” su conclusión es bastante buena. ¿Son buenos sus datos? ¿Ves que no es una cuestión formal?

Si tienes principios que no estás dispuesto a discutir, ¿en qué te diferencias de otras personas que llamas “cerradas” cuyos principios indiscutibles tú sí discutes? ¿Cómo te llamaría yo, si pongo en tela de juicio los tuyos? ¿No ves que es sólo una cuestión de que la línea esté un poco más allá o un poco más acá? ¿No ves que es una cuestión de contenidos y no formal? Por ejemplo, para ti podría ser que la vida humana fuera un bien absoluto y no sacrificable por nada, mientras que para otros podría ser algo negociable (por su propia vida, la de su familia o dinero).

Yo tengo mis principios indiscutibles, algunos me los impone la genética, otros mi cultura, otros mi experiencia, otros, creo que son elección mía, pero ninguno es “conclusión lógica” de nada, o si pensáis que lo es, se trata en realidad de una derivada de otro principio más fundamental, que haya sido asumido.

Así que, aunque os parezca poco científico, cerril, o como queráis verlo, no tengo interés en meterme en largas conversaciones sobre si hay que exterminar o no a los judíos, negros, fontaneros por la razones que quiera esgrimir el que hable así, ni a consultar los datos que me quiera presentar… porque soy suficientemente listo para saber que no lo soy, o para creer que estoy más allá de su capacidad de convencerme, y porque no estoy dispuesto a renunciar a ese principio por ningún dato que me aporte.

Por las mismas… tampoco entro en conversaciones con los comerciales.

Supongo que a algunos os resultará descorazonador leerme porque descansabais confiados en la certeza de vuestra mente y la capacidad de razonar. Convengo con vosotros en que es de lo mejor que tenemos y que sus productos son de lo más confiable que nos encontramos por aquí, pero lo que no puedo dejar de deciros es que no hay certezas mentales, y que vivir consiste en cabalgar la incertidumbre.

Feliz lunes.

4 Responses to ¿Confiamos demasiado en la racionalidad?

  1. Javier Castaneda de la Torre dice:

    Como me gusta leerte, amigo. Compartimos las mismas preocupaciones. Hace poco leí un artículo muy interesante en un especial de Mente&Cerebro sobre la toma de decisiones en adolescentes. Al parecer, contra lo que se puede pensar, el que los adolescentes tomen decisiones mas arriesgadas no tiene tanto que ver con la falta de información o que no vean el peligro, sino al contrario. Somo los adultos los que tomábamos decisiones de manera mas binaria, o blanco o negro, y los adolescentes tenían en cuenta el riesgo y decidían arriesgarse. Aquí viene mejor explicado,https://www.investigacionyciencia.es/revistas/cuadernos/adolescencia-750/el-cerebro-adolescente-241, pero sí, hay que conocer nuestros sesgos y saber que al final las conclusiones es un problema de contenido de los principios no un problema de mal razonamiento. Por eso es importante discutir estos, si es posible, aunque probablemente el tener unos principios u otros también tenga que ver con una forma determinada de concebir el mundo y cambiarlos significaría cambiar también esta.

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  2. […] pensado que podría ser interesante meterse en este charco, incidiendo en el asunto del problema de la racionalidad del que hablamos hace nada y juntándolo con el problema de las pruebas empíricas, las explicaciones a los […]

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