Soy docente y he pecado

Creo que es momento de hacer examen de conciencia.

Me gusta llegar a casa a comer, de hecho, poder hacerlo también con mi madre o con amigos… pero dejadme seguir.

También me gusta no tener un horario muy amplio que me haga salir y volver de noche y que me permita llevar a cabo otras actividades y quererme con los míos. Puro egoísmo.

Disfruto de los días de vacaciones que tengo y, que dios me perdone, me gustaría tener más. Avaricia sin límite la de mi ansia.

Cuando disfruto de mis días de descanso, fines de semana o festivos, no me siento culpable si no estoy trabajando, y tampoco me siento inflamado en el orgullo docente cuando me veo en la obligación de hacerlo, como debería ser.

No tengo un sueldo malo, pero a veces, en la soledad de mi cuarto, fantaseo con cobrar más, incluso a veces sueño despierto con que me toca la lotería y no tengo que trabajar más. Qué vergüenza que lo sepáis.

Tan pecador soy que me gusta cuando mis jefes y mis alumnos me tratan con respeto y amabilidad, mientras vivo con disgusto lo contrario, en lugar de usar el dolor como la escuela de la virtud.

Me resulta molesto e injustificado cuando cualquiera se siente con derecho a opinar sobre mi profesión o mi desempeño sin tener más formación que lo que “le parece”, cuando humildemente debería aceptar los pensamientos a medio formar que regurgitan como mucho más valiosos que mi formación o experiencia. Soberbia que me ciega.

Veo que muchos sufren de dolores más grandes que los míos y comprendo que será por mi corto entender que no consigo ver cómo mi mal puede aliviar su carga. Que dios perdone mi orgullo intelectual.

En fin, lo siento de verás, no sé por qué soy así, no consigo corregirme…

La carne es débil, muy débil… y yo soy humano, tan humano.

7 respuestas a Soy docente y he pecado

  1. ¡Bravo! Saludos de otro “pecador”. Bernardo.

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  2. José Manuel dice:

    A estas horas y pecando. Me reconozco en cada párrafo. Amén.

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  3. […] Creo que es momento de hacer examen de conciencia. Me gusta llegar a casa a comer, de hecho, poder hacerlo también con mi madre o con amigos… pero dejadme seguir. También me gusta no tener un horario muy amplio que me haga salir y volver de noche y que me permita llevar a cabo otras actividades…  […]

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