Ser un outsider

18 mayo 2010

Empecemos por la estadística.

Ocurre con cierta frecuencia que al tomar datos, aparece algún “punto despistado” fuera de lo que parece ser el comportamiento principal. A esto se le llama outlier.

Una práctica matemáticamente correcta es (bajo ciertas condiciones)… cargárselo y mirar para otro lado. Porque se entiende que ese valor es un error en la medida,  o bien “estadísticamente despreciable” y su inclusión en los cálculos provocaría desviaciones que no representarían bien a la población, o no aproximarían bien lo que se quiere medir.

Por ejemplo, si calculamos el patrimonio medio en un barrio de currantes como el mío no podemos incluir al vecino que le acabe de tocar la primitiva, falseará el resultado.

Desde luego esto de cargarse a los outliers es más que peligroso, porque podemos estar ocultando el verdadero comportamiento de la naturaleza, dejando simplemente los tres o cuatro puntos que nos dicen justo lo que queremos oír.

Los que leáis esto supongo que con frecuencia os sentiréis así, outliers. Para personas se ha popularizado el término outsider.

El otro día mis alumnos me echaban en cara que les dijera que un compañero del Museo de la Ciencia era un outsider, para ellos es como si me estuviera metiendo con él.

El tipo es un experto en varios temas no muy comunes. Hace mucho bien con la información de calidad que aporta… pero es un outsider, qué se le va a hacer.

Aunque hay quien lleva muy a gala ser un outsider (o directamente un friki) y lo usa como marca o algo de lo que estar orgulloso, para mí, debería ser algo más neutro: No coincides con la corriente principal que hay en tu entorno, pues muy bien.

Por otra parte también hay que considerar que en un planeta en el que nos vamos acercando a los 7 000 millones, ser raro es cada vez más difícil. Seguro que habrá miles de personas que se parezcan bastante a cada uno de nosotros, pero eso no quiere decir que estemos dentro de la corriente principal de nuestro entorno.

“Poco común” no es ni malo ni bueno, es simplemente poco común.

Y, bueno, confesaré sin vergüenza ni orgullo, que yo mismo también me siento un poco outsider con frecuencia.

Foto: Wikipedia


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