PARAS y PORQUÉS, ¿Tengo que justificar mis derechos?

2 enero 2014

Seguro que habéis oído hablar de la Teoría de la evolución de Darwin.

 by Julia Margaret Cameron

Muy resumidito:

1. Los individuos se reproducen

2. La nueva generación está compuesta de individuos, al menos en parte, diferentes a sus progenitores, debido a mutaciones inducidas por el ambiente, aleatorias o, en el caso de la reproducción sexual, por la “mezcla” de genes de los progenitores en los hijos.

3. Dependiendo de las características de cada individuo le resulta más o menos difícil sobrevivir en el ambiente en el que esté y por lo tanto reproducirse, con lo que sus características tienden a desaparecer o a favorecerse en la generación siguiente.

A esto último le llamamos selección natural, la supervivencia de los mejor adaptados (no de los más fuertes, necesariamente).

Ya ves que los individuos no eligen sus características, ni tampoco incluye la teoría una inteligencia superior que dirija las mutaciones o los emparejamientos.

Por lo tanto, no podemos usar la palabra “PARA”.

No podemos decir cosas como:

- La jirafa tiene el cuello más largo PARA llegar a alimentarse de hojas más altas

- Los cocos flotan PARA que puedan llegar a otras islas

- Tenemos visión binocular PARA calcular distancias

Y, ¿qué tendríamos que decir? Pues cosas como…

- Aparecieron individuos jirafas con el cuello más largo y esa característica les ayudó a sobrevivir y por lo tanto a poder reproducirse en ese ambiente en concreto.

Ya, ya… es más largo y más enrevesado. Además, te prometo que incluso los científicos tienen que vigilarse para que no se les cuele al hablar algún “PARA”. La única ventaja es que… es lo correcto.

Esto me ha venido hoy a la cabeza, debido a que alguien ha usado en la tele otra palabra que no debería usarse en el tema del que se trataba: “PORQUE”.

Aparecía una mujer de treinta y tantos años que está sufriendo el paro o contratos en malas condiciones y mal pagados.

Decía que después de todo lo que se había esforzado trabajando anteriormente y formándose MERECÍA un trabajo mejor.

¿Cuál es la idea? ¿MEREZCO un trabajo PORQUE me he esforzado?

Este es un error fundamental. De nuevo el mal uso del lenguaje transmite ideas incorrectas. En este caso no puedo dejar de creer que se hace intencionadamente por parte de determinadas clases acomodadas y políticas.

El trabajo, la vivienda, la sanidad, la educación, la justicia… todo esto son DERECHOS, y los derechos no tengo que merecérmelos. Soy una persona y eso es suficiente para ser acreedor de esos derechos.

¿Crees que soy utópico o que debería remitirme a la legislación vigente?

Venga, de acuerdo.

Puedes consultar la Declaración de los Derechos Humanos que tanto España como otros muchos países han firmado.

¿Qué pasa ahora? ¿Que eso es un documento que nadie se cree y se firma por firmar?

Vale, ¿qué te parece la Constitución Española? ¿Te parece una ley suficientemente seria y de aplicación actual?

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Mira el artículo 35

1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.

La negrita es mía. El DEBER de trabajar…

Desde aquí hacemos un llamamiento a los seis millones de parados que hay en España para que acudan al juzgado más cercano y confiesen que están incumpliendo su deber, a la vez que su deseo de que el Sr. juez les obligue a cumplirlo, buscándoles trabajo.

El artículo 47 también es diver… (la negrita es mía)

Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.

¿Has visto que los poderes públicos tienen la obligación de impedir la especulación del suelo? Comparar esto con la realidad sería cómico si no fuera trágico.

Así que no, queridos, no.

Tú no te mereces un trabajo porque hayas estudiado mucho, o porque te esfuerces mucho. Tú tienes derecho a un trabajo digno, tú y otras personas que no cuentan con tu habilidad, tus talentos, o las oportunidades que has tenido, o que quizá no las han sabido aprovechar como tú. En cualquier caso, todos tenemos derecho al trabajo, todos.

No podemos conformarnos con que nos arrojen una raspa y pelearnos por ella como salvajes, o con que la caridad nos haga el favor de darnos de comer o con alcanzar cierto estatus para merecer los derechos, quedando fuera los demás.

Hace tiempo ya hablamos del derecho al respeto en ¿Por qué tengo que respetarte?

Resumiendo: Siempre que argumentes que mereces un derecho por alguna característica, dejarás fuera de ese derecho a los que no la cumplan.

Imágenes de Wikipedia. La primera del amigo Darwin. La segunda, de la sede del Tribunal Constitucional al que quizá pudieras dirigirte a reclamar tus derechos constitucionales, al igual que se te exigen tus deberes.


Es que el ordenador no me deja…

23 diciembre 2013

Seguro que os han dicho esto mil veces en bancos, administraciones públicas y demás…

Esas pantallas que dan un numerito, un mensaje y parece que venga de Dios mismo…

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Es curiosa esa dualidad que se da en la sociedad, por un lado no se sabe matemáticas básicas para entender estadísticas o probabilidades, pero por otro cualquier cosa acompañada de un número se toma como verdad absoluta y contrastada.

Medida y error

Una de las cosas que casi nunca se tienen en cuenta, en la vida cotidiana, es que cada medida que hacemos lleva asociado un margen de error, siempre. Este error tiene que ver con el sistema de medida que usas y el procedimiento.

Por ejemplo, ¿cuánto mides?  ¿1,75 m? ¿Exactamente? ¿Ni un centímetro más ni uno menos? ¿Ni un milímetro más ni uno menos? ¿Ni una micra más… vale, ya paro.

Si te has medido con el típico metro con dibujitos para chavales, que va de centímetro en centímetro, tu medida sería 175 ± 1 cm

Dirás, vale, pues me mido con un láser y así tengo más precisión. ¿Seguro? ¿Sabes que tu altura cambia a lo largo del día?

¿No me crees? No hay problema, en la ciencia nos gusta la comprobación experimental. Mídete por la mañana y por la noche y verás que hay un cambio en tu altura de entre uno y dos centímetros. Tus discos intervertebrales y articulaciones se comprimen durante el día y se distienden durante la noche. Mide y verás.

Así que un valor “serio” sobre tu altura no se puede dar con más precisión que un centímetro.

Interpolación y Extrapolación

Si a las 17:00 la temperatura era de 15 ºC y a las 18:00 era de 17 ºC puede que no sea raro pensar que a las 17:30 era de 16 ºC . A esto se le llama interpolación: “Adivinar” un valor, entre dos medidas conocidas, suponiendo cómo puede haber sido la variación en ese período.

En cambio, ¿qué temperatura habría a las 19:00? ¿y a las 20:00? Esto se llama extrapolación: intentar “adivinar” el valor que toma una magnitud, más allá del rango en el que se la ha medido, suponiendo que se mantienen comportamientos, tendencias, etc. Normalmente, es mucho suponer.

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Cualquier aparato está diseñado para trabajar dentro de un margen y si le fuerzas a dar una respuesta más allá de ese margen, puede que el resultado tenga poco que ver con la realidad.

Por ejemplo, te dejo como ejercicio mirar para qué velocidad se hacen los tests de los sistemas de seguridad de los automóviles… su uso a mayor velocidad sería extrapolar que su comportamiento va a seguir siendo similar… mucho suponer.

Modelo en el que se basa el proceso de medida

Cuando oyes cosas como “tasa de pobreza”, “índice de precios al consumo”, “cociente intelectual”… piensas que se trata de números que indicarán aquello que está contenido en su nombre. Y no es culpa tuya, eso es lo que quieren que pienses. Pero para calcular ese número es necesario un modelo, una teoría… es decir, la manera en que van a ser calculados.

Sobre la tasa de pobreza ya hablamos en aquel post “Baja la tasa de pobreza, no me jodas!”

Seguro que habéis visto profes que calculan la nota con dos decimales y te ponen un 7,82. Eso es tener los atributos bien gordos. Para que te hagas una idea, significa que puntúa de 0 a 1000, vamos que es capaz de distinguir entre mil niveles distintos de consecución de su asignatura, todo un hacha. Quizá alguno penséis que si pone 1000 preguntas sería posible, pero considerad esto: ¿cómo fueron elegidas las preguntas?, ¿son todas de la misma dificultad? , ¿de la misma importancia en el temario?, ¿hay cosas que se ha dejado de preguntar?, ¿cómo podemos suponer que por saberse unas cosas se hubiera sabido las otras? ¿¿Y con una precisión de un uno por mil??

Para que veáis otro ejemplo. Aquí andamos midiendo masas todo el día, en los laboratorios, en el mercado, en la cocina… pero en realidad no estamos midiendo masas. Estamos pesando, estamos midiendo pesos.

El peso es la fuerza con la que un objeto resulta atraído por el planeta, asteroide o lugar donde te encuentres.

Si te fijas, medimos el peso, por cuánto se baja el platito de la balanza, o la plataforma del peso del cuarto de baño… por cuánto empuja “la cosa esa” hacia “abajo”.

Pero el resultado nos lo da en kilogramos, que sería masa. Lo que hace la báscula es suponer que estamos en la Tierra y tomar un valor de la gravedad promedio que, para nuestras necesidades, es más que suficiente.

En la Luna la báscula mediría seis veces menos peso y supondría que ese objeto tiene seis veces menos masa. Estamos usando un aparato que mide la masa basándose en una premisa, en unas condiciones donde no se cumple esa premisa.

Finalmente…

Cualquier medida, cualquier resultado que aparezca en una pantalla, cualquier indicador…

1. Tiene un margen de error

2. Su cálculo supone ciertas condiciones, suposiciones y márgenes de aplicación.

Digamos que, a lo Ortega y Gasset:

Cada medida es ella misma y sus circunstancias

Ignorar eso es cometer un error, inducir a otros, ser víctima de un engaño o un engañador.

Imágenes de wikipedia 1 y 2


La presentadora del telediario dice que compre noséqué…

11 diciembre 2013

Hoy iba escuchando la radio en el coche y la presentadora de un programa, después de comentar una noticia con un colaborador ha dicho, sin previo aviso (parafraseo un poco, la memoria…): “Se han fijado en que la mayoría de las casas que tienen una pegatina de seguridad, ésta es de…” y ha dicho una marca. Era un anuncio.

Cada vez es más común que presentadores de telediarios y “hombres y mujeres del tiempo”, salgan en anuncios publicitarios, o bien que me casquen la publicidad en medio de un telediario u otra noticia (pretendidamente objetiva).

Igual os parece un detallín, pero está comprobado que nuestras “defensas” psicológicas están bajas frente a gente con “autoridad”, o que simplemente lleven uniformes, batas blancas o similar.

Si no me creéis… ved el espeluznante experimento de Milgram

No sé si habrá estudios específicos, pero diría que a presentadores de telediarios y gente a la que damos por sentado que nos están diciendo “la verdad”  le concedemos un crédito parecido.

Yo, personalmente, siento las defensas de mi coco muy bajas y tengo que hacer un esfuerzo para sobreponerme y oponerme a un empellón publicitario.

Una vez más os digo, compañeros de este manicomio que gira sobre sí mismo y alrededor de una estrella que llamamos Sol…

Pareciera que la única cordura a la que podemos aspirar es a la de sabernos locos

Así que, sabiendo lo manipulables que somos… estemos, al menos, alerta.

Besicos… es por compensar…. como os he llamado locos… pero es que lo estáis, porque mira… bueno espera… ya cuelgo… no, cuelga tú… ¿ya has colgado?…


Yo no trabajo de parado…

28 noviembre 2013

Yo no trabajo de parado, ni de pensionista, ni de docente o investigador despedido, ni de desahuciado viviendo en la calle, ni de empobrecido… Estas cosas no son un trabajo o un hobby, no se hacen de nueve a cinco y una horita para comer, estas cosas las sufres veinticuatro horas al día.

Esto, tan obvio, parece que es necesario repetirlo de nuevo, porque lo que andamos oyendo en los medios de comunicación, en el discurso de muchos de los poderosos que nos oprimen y en el de muchos de los oprimidos que resultan engañados es…

Ese tema ahora “no toca”. No se admiten preguntas sobre aquello.

Este no es lugar adecuado para esa protesta.

No importunen a los políticos en la calle o en el entorno de su domicilio.

Cuando ocurre esto también me viene a la mente la expresión juego político.

Y no puedo dejar de ponerlo todo junto y pensar que quizá para ellos, los que nos roban derechos y nos oprimen para mantener un opulencia inmerecida y vergonzosa, sí que es un juego, un hobby, una ocupación temporal… algo de lo que se ocupan un rato y que luego pasa, porque vuelven a sus vidas acomodadas, a sus casas calientes, a sus mesas repletas… mientras que aquellos que los increpaban en el lugar o momento incorrecto vuelven, en cambio, a sus mesas vacías, a sus penas y sus penurias.

Hablamos de pobreza, de dolor y de muerte y eso es URGENTENo puede esperar a sus horarios, sus tiempos… No puede esperar, en suma, a su indolencia y su desprecio.

Bastante adormecidas y tibias son nuestras protestas… quizá porque los más dañados tienen poca energía parar oponerse y los que aún no hemos sufrido un golpe del que no nos podamos levantar exhibimos también cierta indolencia.

Ojalá actuáramos con coherencia, nos parásemos y dijésemos algo tan sencillo como: Esto no puede ser y no vamos a tolerarlo: No más muertes por hambre en un mundo con recursos, ni por enfermedades con cura sencilla y barata… y de ahí para delante.

Parece una utopía, pero, ¿no se os cae la cara de vergüenza cada vez que un niño nos mira a la cara y nos pregunta por qué dejamos que pasen esas cosas? Bueno, no os preocupéis… cuando sea mayor lo entenderá… como lo entendimos nosotros.

Una vez más comparto con vosotros algunas ideas para parar esta sinrazón que ya publicamos por aquí: Como cambiar el mundo de manera efectiva

 Imagen de Wikipedia


De ligaduras y de hombres

20 noviembre 2013

(Lo publiqué en Naukas hace unos días… pero para los que me leéis por aquí…)

No, no es un post sobre bondage, pero quédate, igual te gusta más… o te deja más secuelas.

Imagina que te digo que elijas dos números. Puedes escoger uno y luego el otro, tienes dos grados de libertad.

¿Y si te digo que elijas dos números, pero que su suma sea 7? Ahora puedes escoger libremente el primero, pero no el segundo. Eso es porque ahora tienes dos variables y una ligadura, lo que te deja sólo con un grado de libertad.

Imagina ahora que te propongo que elijas dos números cuya suma sea 12 y cuya diferencia sea 2. En este caso, no tienes libertad para escogerlos, lo que sí puedes hacer es resolver el sistema de ecuaciones (así lo llamamos), porque sólo hay dos números que cumplan esas dos condiciones.


sistemadeecuaciones

¿Qué ocurriría si impongo más ligaduras que variables?

Pues, o bien las nuevas ligaduras en realidad son una combinación de las antiguas (como en nuestro caso exigir que el producto de los dos números de 35), o bien resultaría imposible encontrar una solución al problema (por ejemplo si exigiéramos también que los números sumasen 45).

También puede ocurrir que con sólo dos ligaduras el problema no tuviera solución, si las ligaduras estuvieran suficientemente “mal puestas”. Por ejemplo, escoge dos números que sumen 12 y, a la vez, que sumen 13.

Y, también puede suceder que esas dos ligaduras fueran en el fondo la misma, o que no tuvieran “fuerza” suficiente para fijar las variables. Por ejemplo, dos números que sumen 5 y que multiplicados por dos, sumen diez (estas dos exigencias, de hecho, son la misma).

Dejamos aquí esto un momento.

Seguro que conocéis la palabra teorema (según el DRAE: Proposición demostrable lógicamente partiendo de axiomas o de otros teoremas ya demostrados, mediante reglas de inferencia aceptadas.)

Dicho más sencillito (quizá menos preciso): Conclusión lógica a partir de ciertos principios.

Todos habréis oído hablar del Teorema de Pitágoras. Aquello de que la suma del cuadrado de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa en un triángulo rectángulo.

Areaspitagoras01

Esto puede demostrarse usando los axiomas de la geometría. Dicho de otro modo, este resultado está implícito en los axiomas. Nosotros simplemente, nos vamos dando cuenta de esas implicaciones lógicas que estaban ocultas en los axiomas que aceptamos.

Es como si alguien te dice: “Cierra por fuera”. Como teorema podemos deducir que debes salir de la habitación.

Y ahora, vamos con la segunda parte del título “de hombres”.

Hay personas que depositan su lealtad en distintos “lugares”: su pareja, sus hijos, su familia, su religión, su patria, la verdad, distintas filosofías, el dinero, el puro bien físico personal, etc.

Podíamos usar el principio de este post para hacer una metáfora. Yo tengo cierta libertad de acción, pero acepto “ligaduras”, depositando mi lealtad en cualquiera de esas cosas que decíamos hace un momento.

Y aquí es donde quería poner yo el acento: ¿Qué ocurre si tus “ligaduras” (tus lealtades) son incompatibles? No puedes servir siempre a tu patria y a la verdad, porque llegará un momento en el que el interés patrio pase por no revelar ciertas cosas.

O, ¿qué ocurre si de tus lealtades (de tus principios o axiomas) se derivan teoremas que iban implícitos en ellos y en los que no habías reparado? Por ejemplo, la adhesión inquebrantable a ciertos preceptos religiosos (como ocurre con las transfusiones de sangre y los testigos de Jehová) podría llevarte a poner en riesgo la salud o la vida de tus hijos, cosa que nos repugna y con la que quizá no contábamos al aceptar esa fe.

Ayer recordaba aquella frase que le decían al Cid “Dios, qué buen vasallo si tuviera buen señor.” Nosotros elegimos dónde vamos a depositar nuestra lealtad y por muy coherentes e íntegros que seamos al seguir nuestros principios, si estos no son buenos (no son un buen señor), nuestro comportamiento no será beneficioso para nosotros ni para nuestro entorno.

Aquí también me venían a la memoria las leyes de la Robótica que ideó Isaac Asimovpensando en que deberían ser incluidas en la programación de cualquier robot que tuviera un comportamiento autónomo… para protegernos a las personas.

Por si alguien no las conoce son:

  1. Un robot no debe dañar a un humano o permitir que sufra daño (Ser buenos)
  2. Un robot debe obedecer las órdenes de un humano (Ser obedientes)
  3. Un robot debe protegerse a sí mismo (No ser imbécil e ir dándose cabezazos…)

Cualquiera que haya leído sobre drones, sabrá que hoy no hacemos ni caso de estas leyes y usamos robots matar gente (aunque nuestros robots no sean autónomos).

Pero a lo que iba, ¿veis que es imposible ser completamente fiel a estos tres “axiomas” a la vez? Hay conflicto si ordenamos a un robot que mate a alguien… cuando salvar a un humano pone en riesgo a un robot…

La manera de solucionar esto es establecer una jerarquía. La primera ley es más fuerte que la segunda y la segunda más que la tercera. Así que un robot obedecerá si no pone en peligro a humanos y se protegerá a sí mismo si no pone en peligro a humanos y si con eso no desobedece ninguna orden.

Concluyendo, y agradeciendo que leáis mis desvaríos, es de extremada importancia dedicar un momento a ver dónde hemos puesto nuestra lealtad, si hay algún tipo de jerarquía entre ellas, qué cosas implican esas lealtades y a qué lugares nos pueden llevar.

De otra forma te puedes encontrar confuso en tu intento de llevar una vida íntegra haciendo cosas como

-          No contarle a nadie que tu pareja te está haciendo daño por respetar la intimidad de la pareja

-          No denunciar delitos que se cometen en tu trabajo por lealtad a tu empresa

-          Llevar a cabo actos con los que no estás de acuerdo moralmente por cumplir con la palabra dada

-          Mentir a personas inocentes y que eso les perjudique por proteger un secreto que te has comprometido guardar

-          Hacer lo que consideras incorrecto moralmente porque es legal, o bien…

-          Dejar de hacer lo que consideras correcto moralmente porque no se ajusta a la ley

Y una larga lista que podéis aumentar en los comentarios…

Este post está dedicado a los chavales de Brunete que junto a Bárbara se pasan por mi blog, a ver qué cosas “me se ocurren”. Espero que os dé un punto de partida para hablar de mates, de robótica y, sobre todo, de vosotros mismos.


Querido ciudadano: las máquinas nos quitan el trabajo

18 noviembre 2013

Querido ciudadano:

Espero que al recibir mi carta estés bien, aunque sé que no.

Unas palabritas, sólo para que no te despisten.

Sí, las máquinas nos quitan el trabajo, el trabajo pesado y duro físicamente, el repetitivo, el peligroso… pero lejos de ser un problema, es una ventaja.

Entre mis planes a corto plazo no se encuentran tirar la lavadora o el lavavajillas por la ventana, ni prender fuego a los tractores, que dejaron sin ocupación a tanta gente en el campo.

El problema es el reparto de riqueza, que del pollo con el que podríamos comer todos, nos den un muslo para repartirnos entre nueve, mientras uno se come todo lo demás.

Sólo por si quieres tenerlo en cuenta…

Y si se te hace corto… hace tiempo te escribí otra carta, que quizá no recibieras: Querido contemporáneo

Besis

Javi

P.S.: Ya hablamos de esto hace tiempo (con vídeo extra de Gema)… pero sigue haciendo falta.


Divulgación y popularización

6 octubre 2013

El enorme Sergio L. Palacios (aka Agatha desde hace poquito) ha hecho una reseña estupenda de mi último libro (podéis leerla aquí) en la que el cariño le nubla lo suficiente como para hablar bien de él… jeje.

Además saca un tema que nos sirve, tanto para compartir ideas, como para echarnos unas risas de tiempo en tiempo: la distinción entre divulgación y popularización.

Por resumiros, aunque lo explica muy bien Sergio en su post, la idea es que la divulgación trata de los últimos avances o temas de más complejidad científica que la popularización, por lo que la divulgación suele hacerse para público ya interesado en la ciencia y en ocasiones con bastantes conocimientos previos, mientras que la popularización suele ocuparse de contenidos más básicos y dirigida a público general, joven o sin conocimientos previos.

Aunque no tengo problema en sentirme popularizador cuando alguien me lo llama, incluso si trata (en algunos casos) de indicar que mi trabajo es menor por ser menos sofisticado, a mí no me acaba de gustar la distinción.

Según el diccionario “divulgar” es “Publicar, extender, poner al alcance del público algo.” Así que los que explicamos a niños la diferencia entre fuerza y presión, estamos divulgando.

Por otra parte alguna divulgación, en el sentido primero, se parece más a una actualización de profesionales que a “poner al alcance del público” un conocimiento. No digo que no sea importante e interesante, digo que no es más divulgación que la de los pequeñitos en conocimientos que hacemos otros. De hecho yo, como profesional necesito a aquellos más informados de los que no dejo de aprender y actualizarme (se lo agradezco una vez más).

Añadiré algunas preguntas…

¿Desde cuál de las dos se consigue captar más a nuevo público para la ciencia?

¿Qué sentido tiene hablarle a alguien de agujeros negros si no sabe lo que es la energía?

¿Es menor o menos importante el trabajo del que enseña algo menos sofisticado? (Un maestro de infantil y un catedrático, p.ej.)

¿Alguien podría leer las complejidades de sus libros sin aquel humilde maestro que le enseñó a leer?

¿No es el público general “la sociedad” que necesita el pensamiento científico para que no la engañen?

Los experimentos y demostraciones, ¿son puro circo, o es mostrar que las leyes de la ciencia resulta que también funcionan fuera del laboratorio… en el puñetero mundo real que se supone que explican?

Así que si alguien me llama popularizador por distinguir las dos labores, pues lo soy, a mucha honra, y ojalá sea de los buenos.

Si es por etiquetarme como un “divulgador de segunda”, pues nada, no hay caso, soy un divulgador que lucha en primera línea y codo a codo con gente estupenda, con grandes compañeros, como Sergio y como miles de profesores, maestros, educadores, que nos criaron a nosotros y ahora lo hacen con nuestros chavales.

Y para finalizar, como no, os casco uno de los cacharritos de mi último libro… no olviden popularizarse y mineralizarse!!

 


De sistemas en bucle cerrado y la gente que no contesta

11 septiembre 2013

Imagina un tostador normal.

Le das al botón y se pone a calentar durante unos segundos, después se para y salta… bueno, no salta nada porque te habías olvidado de poner el pan.

A esa máquina no le importa si has puesto pan fino, grueso, has metido la mano o no hay nada. Recibe una orden y la ejecuta sin comprobar cómo ha sido el resultado. A esto se le llama trabajar en bucle abierto… vamos, sin bucle ninguno.

Lo mismo pasa con las estufas antiguas o sencillas. Las encienden y calientan, punto. Da igual si es verano, invierno, si hay alguien en la habitación o si la casa está en llamas.

Aunque exagere un poco, no es esta la mejor manera en la que pueden funcionar nuestros aparatos.

Al fin y al cabo, nuestro objetivo no es que el tostador caliente, sino que caliente hasta que la tostada esté bien hecha, ni a medias, ni quemada. Tampoco es nuestro objetivo que la estufa caliente, sino que la temperatura de la habitación sea la que hemos elegido.

Esto se arregla si nuestra máquina puede tomar datos del exterior y evaluar hasta qué punto la tarea está completa, para apagarse, seguir funcionando o ponerse en funcionamiento.

Es la función que hacen los sensores. Ellos toman valores de magnitudes físicas (luz, color, temperatura, humedad, posición, etc.) y se la pasan a la máquina para que evalúe si esa magnitud está en el valor deseado o no.

Un ejemplo muy corriente es el termostato que usamos en casa. Elegimos qué temperatura queremos y este manda una señal de arranque a la calefacción cuando se baja de esa temperatura y una señal de paro cuando se sobrepasa.

Otro más reciente, pero ya muy extendido son los acelerómetros de los teléfonos que les hacen saber en qué posición están y tomar decisiones como cambiar la visualización en pantalla, apagar una alarma… lo que se quiera programar. Una cosa es el dato que da el sensor y otra la decisión que toma la máquina.

Si dibujamos el proceso nos queda más o menos así:

Imagen enlazada de aquí

Por eso a esta manera de actuar la llamamos en bucle cerrado, y al proceso de evaluar el resultado a la salida del proceso y enviarlo “hacia atrás”, realimentación, en inglés, feedback.

Uno de los sistemas más interesantes en lazo cerrado es… usted. Tiene el cuerpo lleno de sensores, y no hablo de los “sentidos” tradicionales, o de los sensores de la piel que le informan del calor y demás… también tiene “propioceptores”, sensores internos que toman datos de la tensión arterial, concentración de azúcar en sangre, etc. y que envían esa información a su encéfalo, donde se toman decisiones como variar la frecuencia cardíaca, secretar hormonas, etc.

Si te pones de pie y te observas, verás cómo tus pies corrigen tu posición y postura para que no te la pegues, evaluando en fracciones de segundo la información que aportan tus ojos, tu oído interno y sensores de tus articulaciones… sin tu participación consciente.

Y, ¿la segunda parte del título del post?

También en nuestra comunicación y en nuestra forma de actuar trabajamos de forma parecida, en “bucle cerrado”.

Contamos un chiste y miramos a la audiencia, si se ríe o no, y adaptamos nuestra conducta al efecto que producimos con nuestra primera acción. Por eso funcionan el conocido Condicionamiento operante.

En los niños pequeños es muy curioso ver cómo miran a sus padres justo después de hacer algo para ver su reacción y recibir así feedback.

Y, por fin, llegamos al punto donde se originó la idea de escribir este post, la gente que no contesta, que no da feedback.

Escribes a alguien un SMS, un whatsapp, un email, un tuit dirigido… y no son capaces de decir ni tan siquiera un “Gracias, intentaré echarle un vistazo cuando pueda.” No sé a vosotros, a mí me jode parece una descortesía, sobre todo con lo sencillo que es dar ese acuse de recibo y lo bien que se queda.

En realidad, cuando la vida te interpela no puedes dejar de contestar, porque incluso la ausencia de respuesta es una manera de responder. Aquel “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”, es quizá lo que hace que sintamos que nos desprecian cuando hacen eso con nosotros.

En cualquier caso esto nos sigue confirmando que no podemos elegir las acciones de los demás, que no podemos elegir a nuestros amigos o a quien nos quiere, lo único que está en nuestra mano es elegir las respuestas que damos a lo que los demás nos “propongan”.

Así que afinen sus sensores, tomen datos sobre los resultados generan sus acciones en el mundo y en los otros, observen y elijan su forma de actuar. No le impongamos a la realidad nuestras teorías: observemos y aprendamos.


De gradientes y hombres

5 septiembre 2013

Degradado, gradual, gradación… seguro que os suenan esas palabras tan parecidas a nuestro palabro de hoy, “Gradiente“, y seguro que os suenan a que hay alguna cosa que varía, que cambia, que aumenta o disminuye: la luz, el color, la altura…

A menudo nos interesa saber si alguna magnitud varía, cómo de grande es esa variación y en qué dirección varía más o menos.

Por ejemplo, imagina un día de verano a pleno sol. El suelo está muy caliente, el aire justo encima va estando más frío según nos alejamos del suelo, a eso se le llama un gradiente de temperatura.

Imagina que estamos en el campo, y que el relieve va cambiando, hay una colina, un valle… eso es un gradiente de altura.

Los degradados de color que hacéis en vuestros dibujos o en el maquillaje también son gradientes en este caso de color.

Todas estas magnitudes pueden ser representadas por un número (la temperatura, la altura, el color). Y el gradiente de esta magnitud lo podemos representar como un vector (una flecha) que indique hacia dónde varía más (aumentando) y será más o menos grande ese vector (su módulo) según sea de fuerte la variación.

Por ejemplo, si estamos en la ladera de una colina y pensamos en el gradiente de altura en el punto en el que estamos, será una flecha que apunte “cuesta arriba” hacia donde más pendiente sea la cuesta. Y lo grande que sea la flecha será lo fuerte que sea la subida…

Os vengo con toda esta mierda porque en muchas ocasiones en la naturaleza nos encontramos que las cosas se mueven de manera “natural” siguiendo estas flechas, los gradientes.

Por ejemplo:

Si sueltas una pelota en una colina, caerá en la dirección del gradiente, pero en sentido contrario.

Si hay puntos calientes y puntos fríos, el calor se moverá desde “lo caliente” a “lo frío”, también en la dirección del gradiente, pero en sentido contrario, de nuevo.

Parece haber una tendencia en la Naturaleza a la “homogeneidad”, a equilibrar diferencias, a compensar estos gradientes… esto, dicho muy burdamente, tiene que ver con aquello del aumento de la entropía del Universo, que quizá hayáis oído.

O desde otro punto de vista, hay que hacer “fuerza” para ir a favor del gradiente: para subir una cuesta, para que lo frío se vuelva más frío en un ambiente cálido (véase factura del aire acondicionado), etc.

Hablemos ahora de hombres (y mujeres)…

Este post os toca leerlo por una conversación que he tenido con dos queridos alumnos míos esta mañana, Daniel y Sito (un abrazo).

Me hicieron una pregunta sencilla y los pobres se tragaron una enorme brasa. Dejadme que os cuente y el paralelismo que veo con lo anterior.

A veces se hace un símil con la ley de la inercia para lo humano, al estilo: “Si no haces ninguna fuerza, no te moverás de donde estés.” Pero en mi opinión, esta otra frase es más acertada: “Si no haces nada, las cosas irán justo hacia donde se dirigen.”

Y aquí va el símil, la Vida parece fluir en ciertas direcciones, según ciertas corrientes, que te llevan hacia unos lugares y que te alejan de otros, y no podrás ir “contracorriente” si no nadas, si no haces “fuerza”.

¿Esto significa que hay que dejarse llevar o que hay que dejar que todo vaya hacia donde se dirige?

En absoluto, esto significa para mí dos cosas:

1. A veces quieres ir en la dirección por la que te mueven los “flujos” vitales y los puedes aprovechar.

2. A veces quieres ir contracorriente y eso requiere que seas activo.

Vaya, que si eres un salmón jovencito y te bajas al mar a pasar la vida, pues te puedes dejar llevar, pero si eres más mayorcito y te quieres subir río arriba a echar un polvete, pues entonces tendrás que aplicarte a nadar con ganas. No es una cosa mejor o peor que otra, sólo piensa dónde quieres ir y si merece la pena el esfuerzo y el coste.


Accidentes, probabilidad y protocolos

5 agosto 2013

Este post es nueva colaboración con Naukas, allí podéis leerlo también

¿Cuál es la probabilidad de obtener cara al lanzar una moneda? Cincuenta por ciento, efectivamente, o 1/2, si lo decimos en tanto por uno.

La manera de calcularla es bastante sencilla, casos favorables entre casos posibles.

De esta forma podemos calcular otras probabilidades:

Obtener un cinco al lanzar un dado

- Un caso favorable / seis casos posibles = 1/6 (17%)

Obtener un rey al sacar una carta de la baraja

- Cuatro casos favorables / cuarenta casos posibles = 4/40 (10%)

Si, dame un momentito, ahora llego a lo de los accidentes…

¿Qué pasa si pensamos en dos sucesos?

¿Cuál es la probabilidad de lanzar una moneda sacar cara y luego lanzarla otra vez y sacar otra cara?

En este caso no es un 50%. Si lo pensamos como antes, los casos posibles son cuatro (cara-cara, cara-cruz, cruz-cara y cruz-cruz) y solamente tenemos un caso favorable. De esta manera, la probabilidad de obtener cara-cara después de dos lanzamientos es 1/4 (25%).

Si te fijas, ese resultado, 1/4 coincide con multiplicar 1/2  por 1/2, y no es casualidad.

La probabilidad de que ocurran dos sucesos independientes conjuntamente, es el producto de sus probabilidades.

La probabilidad de tirar una moneda y que salga cara y luego tirar un dado y que salga cinco es:

1/2 ·1/6 = 1/12 (8%)

Y por fin llegamos a los accidentes.

Si un sistema de seguridad tiene una probabilidad de fallo del 1% y le añado otro sistema que también tiene una probabilidad de fallo del 1%, la probabilidad de fallo conjunta no será 0,5% u otra cosa parecida… es mucho menor: 1/100 · 1/100 = 1/10000 (0,01 %) Pequeñísima, como veréis.

Estas son las matemáticas que hay detrás de los protocolos que tanto nos incomodan, que son tan cansinos, nos retrasan y nos cuestan dinero…

Efectivamente es un gasto y un estorbo tener un extintor, para probablemente no llegar a usarlo nunca. ¿Lo quitamos? Aunque la probabilidad de incendio sea pequeña, como te toque, te va tocar “al cien por cien”…

 ¿Qué ocurrirá si la seguridad de algo depende de un solo factor, de una persona, de un dispositivo?

Pues seguramente la pregunta adecuada no es SI el sistema va a fallar, sino CUANDO va a fallar… es sólo una cuestión de tiempo.

La seguridad de los sistemas, sobre todo con la tecnología accesible, no debe, no puede depender solamente de un operario, de que tenga sueño, se despiste, sea incompetente o malintencionado.

Ya habéis visto qué rápidamente baja la probabilidad de fallo conjunta, ¿por qué no se hace entonces?

Bueno, la respuesta es, como tantas veces, el dinero.

Tener un protocolo de actuación o de funcionamiento encarece el coste y hace más lenta la operación, a corto plazo. Queremos que haya más de un operario, o que le apoye un sistema automático, que los conductores descansen, que se limite la velocidad de tránsito… cuando todo eso podría funcionar “con un poco de cuidado” con menos recursos.

A largo plazo, las paradas por fallos, las averías y, sobre todo, los accidentes personales o las víctimas mortales, hace que el coste más alto o, directamente, incalculable.

Hay también una cierta responsabilidad individual, como votantes y consumidores, ya que sobre nosotros se repercutirá el gasto de esos protocolos, y en muchos casos, estamos dispuestos a pagar “mercancía” más barata, aunque sepamos que no se están haciendo las cosas como se debiera. Así, de una manera macabra y oscura, entre ellos y nosotros, pactamos el valor de la seguridad de las personas y de la vida humana, hasta extremos de detalle que os asustaría conocer.

Por último, para nuestra vida cotidiana también es útil tener en cuenta estas cosas. Por ejemplo, si eres despistadete, está bien que dejes de serlo, pero mientras tanto, puedes establecer protocolos que te protejan de tus despistes.

Te pondré unos ejemplos y animamos a que en los comentarios nos contéis más.

- Esconde algunos euros en el coche, por si se te olvida la cartera

- Deja tus llaves y otras cosas siempre en el mismo sitio en casa

- Ten siempre repuestos de bombillas, papel higiénico… Así cuando se gaste, puedes cambiarlo rápidamente y reponer “el backup” sin prisa ya

- O gestiona así tu disco duro y copias de seguridad

Y, como regla general, si trabajas al 120% y tienes cinco pelotas en el aire, igual que les pasa a las máquinas, pronto ocurrirá un fallo o bien se reducirá tu vida útil…


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