¿Cómo salir de la crisis? Lo que a veces no se dice…

17 junio 2014

… o no se dice lo suficientemente alto y/o claro.

Fuente: Wikipedia

1. La redistribución de la riqueza no es buena para todos…

No, no lo es. Desde un punto exclusivamente monetario no lo es. Desde un pensamiento guay, sí que lo es… porque todos somos más felices y tal… pero si estamos aquí es porque no todos somos tan guays.

Si redistribuyo es que le retiro poder a unos para dárselo a otros.

Ya, ya… el enriquecimiento fue injusto, el reparto de rentas está desequilibrado… que sí, que sí…

Sólo aviso, “esos” a lo que les vamos a retirar poder y acceso a más poder… no se van a quedar sentados. Van a luchar, tienen armas (incluso literalmente), tienen medios económicos, tienen conocimiento técnico, tienen poder político y una fuerte motivación (la que les ha llevado hasta allí)

No será un paseo con flores y mariposas. De hecho se matan a millones de personas por retener ese poder y atesorar menos dinero del que pretendéis desviar vosotros.

Como suelo decir, “Si luchas por la Paz y aún no te han disparado, quizá es que no estés haciendo lo suficiente”.

Sin duda, es necesario que surja un poder político que de veras represente los intereses de la sociedad y que, con base en ese poder y representatividad, defienda nuestros derechos frente a quienes tienen más poder y menos escrúpulos.

2. La posibilidad de elegir o de votar no te hace necesariamente libre.

Sin duda profundizar en la democracia, o si queréis con más propiedad, lograr una verdadera democracia, es uno de los temas que más nos ocupan: Participación ciudadana, separación de poderes, etc.

Vale, pero… si no tengo información suficiente o de calidad… ¿QUÉ COÑO ELIJO?

Transgénicos? Nucleares? Auditamos deuda? Cultivos orgánicos? Experimentación animal? Aborto? Educación pública?

¿De qué vale plantear un referendum superchupi para cada cosa si no tenemos ni pajolera idea de qué opción es la que mejor sirve a los intereses de todos, vaya, ni siquiera a los nuestros particulares?

Y además, no es suficiente con que la información sea suficiente y de calidad… sino que además debes saber pensar. Y no, no sabemos, queridos míos. Estamos expuestos a múltiples falacias, gráficos trucados, sesgos cognitivos, sugestiones, etc. Si no te suenan estos conceptos es que si siquiera sabes que estás durmiendo…

3. ¿Quiero que no haya ricos o ser rico yo?

No, queridos míos, el capitalismo no es truco muy sofisticado. No se nos engaña tan fácilmente.

Se parece al timo de la estampita, aquel en el que te timaban por querer timar tú a un pobrecillo.

Aquí nos tiran una raspa para que nos peleemos por ella entre nosotros. Y nos peleamos.

Sabemos que sólo se la llevará uno, pero en la esperanza de que seremos nosotros, no nos preocupa que los demás se queden sin comer.

En el sueño americano en el que acabo ganando la carrera, ¿qué pasa con todos los que quedan en el camino? Pues eso, que les den.

Así que, este “engaño” funciona porque se apoya en nuestro egoísmo y en nuestra indolencia.

Si al lanzamiento de raspa respondiéramos que queremos comida para todos y que otro trato no nos vale, otro gallo cantaría. Pero, ¿habéis oído a alguno de esos que justifica el paro estructural del 15 o 20% ofrecerse voluntario para vivir en él?

No tiene sentido derrocar a un tirano, si hay muchos de nosotros esperando a ocupar el cargo para seguir con una opresión igual o peor. Si estoy esperando a que me toque la lotería para vivir como viven “ellos”, los malos… y despreocuparme de todo…

Piénsalo, igual no eres de izquierdas como dices… simplemente eres POBRE.

LA EDUCACIÓN ES LA CLAVE

No, no me refiero a la formación técnica o capacitación profesional. Así sólo consigo el mismo porcentaje de hijos de puta, pero con más habilidades… lo que es peor aún.

Me refiero a una formación humana, a formar mejores ciudadanos, mejores personas. En un sentido moral.

No existe un sistema político o económico tan bueno que pueda evitar que una sociedad egoísta e indolente lo convierta en una tiranía.

O, desde otro punto de vista:

Individuos buenos construirán una sociedad justa a pesar de cualquier sistema de reglas, porque lo perfeccionarán o eliminarán.

Es evidente que esta guerra, la de mejorarnos como individuos y generar suficiente buena gente para tomar el poder y cambiar las cosas, es a muy largo plazo, si eres tan optimista como yo y lo crees posible.

Creo que incluso si piensas que es imposible, convendrás conmigo en que cualquier paso que andemos en esa dirección conseguirá que este lugar sea algo más habitable, que muera menos gente sin motivo, que se reduzca el sufrimiento… digamos que podamos ostentar con dignidad el título de Humanidad.

A los que habéis llegado hasta aquí: No pretendo decir que todos los esfuerzos que se hacen por buscar sistemas, leyes o partidos políticos que mejoren esto sean malos o estériles. De hecho, aprovecho para dar las gracias a todos los que se ocupan de que este mundo sea un poco mejor. Lo que sí digo, es que no tenemos que perder de vista lo que en realidad está debajo de todo este tinglado y que hay que cambiar si queremos que esto se transforme de forma real y sostenida.


Es que el ordenador no me deja…

23 diciembre 2013

Seguro que os han dicho esto mil veces en bancos, administraciones públicas y demás…

Esas pantallas que dan un numerito, un mensaje y parece que venga de Dios mismo…

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Es curiosa esa dualidad que se da en la sociedad, por un lado no se sabe matemáticas básicas para entender estadísticas o probabilidades, pero por otro cualquier cosa acompañada de un número se toma como verdad absoluta y contrastada.

Medida y error

Una de las cosas que casi nunca se tienen en cuenta, en la vida cotidiana, es que cada medida que hacemos lleva asociado un margen de error, siempre. Este error tiene que ver con el sistema de medida que usas y el procedimiento.

Por ejemplo, ¿cuánto mides?  ¿1,75 m? ¿Exactamente? ¿Ni un centímetro más ni uno menos? ¿Ni un milímetro más ni uno menos? ¿Ni una micra más… vale, ya paro.

Si te has medido con el típico metro con dibujitos para chavales, que va de centímetro en centímetro, tu medida sería 175 ± 1 cm

Dirás, vale, pues me mido con un láser y así tengo más precisión. ¿Seguro? ¿Sabes que tu altura cambia a lo largo del día?

¿No me crees? No hay problema, en la ciencia nos gusta la comprobación experimental. Mídete por la mañana y por la noche y verás que hay un cambio en tu altura de entre uno y dos centímetros. Tus discos intervertebrales y articulaciones se comprimen durante el día y se distienden durante la noche. Mide y verás.

Así que un valor “serio” sobre tu altura no se puede dar con más precisión que un centímetro.

Interpolación y Extrapolación

Si a las 17:00 la temperatura era de 15 ºC y a las 18:00 era de 17 ºC puede que no sea raro pensar que a las 17:30 era de 16 ºC . A esto se le llama interpolación: “Adivinar” un valor, entre dos medidas conocidas, suponiendo cómo puede haber sido la variación en ese período.

En cambio, ¿qué temperatura habría a las 19:00? ¿y a las 20:00? Esto se llama extrapolación: intentar “adivinar” el valor que toma una magnitud, más allá del rango en el que se la ha medido, suponiendo que se mantienen comportamientos, tendencias, etc. Normalmente, es mucho suponer.

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Cualquier aparato está diseñado para trabajar dentro de un margen y si le fuerzas a dar una respuesta más allá de ese margen, puede que el resultado tenga poco que ver con la realidad.

Por ejemplo, te dejo como ejercicio mirar para qué velocidad se hacen los tests de los sistemas de seguridad de los automóviles… su uso a mayor velocidad sería extrapolar que su comportamiento va a seguir siendo similar… mucho suponer.

Modelo en el que se basa el proceso de medida

Cuando oyes cosas como “tasa de pobreza”, “índice de precios al consumo”, “cociente intelectual”… piensas que se trata de números que indicarán aquello que está contenido en su nombre. Y no es culpa tuya, eso es lo que quieren que pienses. Pero para calcular ese número es necesario un modelo, una teoría… es decir, la manera en que van a ser calculados.

Sobre la tasa de pobreza ya hablamos en aquel post “Baja la tasa de pobreza, no me jodas!”

Seguro que habéis visto profes que calculan la nota con dos decimales y te ponen un 7,82. Eso es tener los atributos bien gordos. Para que te hagas una idea, significa que puntúa de 0 a 1000, vamos que es capaz de distinguir entre mil niveles distintos de consecución de su asignatura, todo un hacha. Quizá alguno penséis que si pone 1000 preguntas sería posible, pero considerad esto: ¿cómo fueron elegidas las preguntas?, ¿son todas de la misma dificultad? , ¿de la misma importancia en el temario?, ¿hay cosas que se ha dejado de preguntar?, ¿cómo podemos suponer que por saberse unas cosas se hubiera sabido las otras? ¿¿Y con una precisión de un uno por mil??

Para que veáis otro ejemplo. Aquí andamos midiendo masas todo el día, en los laboratorios, en el mercado, en la cocina… pero en realidad no estamos midiendo masas. Estamos pesando, estamos midiendo pesos.

El peso es la fuerza con la que un objeto resulta atraído por el planeta, asteroide o lugar donde te encuentres.

Si te fijas, medimos el peso, por cuánto se baja el platito de la balanza, o la plataforma del peso del cuarto de baño… por cuánto empuja “la cosa esa” hacia “abajo”.

Pero el resultado nos lo da en kilogramos, que sería masa. Lo que hace la báscula es suponer que estamos en la Tierra y tomar un valor de la gravedad promedio que, para nuestras necesidades, es más que suficiente.

En la Luna la báscula mediría seis veces menos peso y supondría que ese objeto tiene seis veces menos masa. Estamos usando un aparato que mide la masa basándose en una premisa, en unas condiciones donde no se cumple esa premisa.

Finalmente…

Cualquier medida, cualquier resultado que aparezca en una pantalla, cualquier indicador…

1. Tiene un margen de error

2. Su cálculo supone ciertas condiciones, suposiciones y márgenes de aplicación.

Digamos que, a lo Ortega y Gasset:

Cada medida es ella misma y sus circunstancias

Ignorar eso es cometer un error, inducir a otros, ser víctima de un engaño o un engañador.

Imágenes de wikipedia 1 y 2


Lista Forbes, los ricos más ricos

8 marzo 2012

Ayer nos contaban que la lista Forbes de los más ricos en el mundo incluye en el número cinco a nuestro rico patrio, Amancio Ortega, dueño de Zara, que, según la información, ha aumentado su fortuna en 6500 millones de $, llegando a 37 500 millones de $, lo que supone una subida del 17%.

Ayer también decía el dueño de Mercadona, cito de memoria (oído en las noticias) que “el que crea empleo se llama empresario”.

Permtidme que diga unas cuantas obviedades, que al parecer merecen ser recordadas.

Si el que crea empleo se llama empresario, el que crea la riqueza se llama trabajador.

¿No son los millares de “currelas” los que fabrican, transportan, venden la ropa de Zara y los productos de los demás de la lista?

El número de ricos aumenta y sus fortunas también. Si los trabajadores y los empresarios somos partes del mismo proceso (el trabajo),… por qué unos pierden su puesto de trabajo o ven reducidos sus ingresos, mientras otros los aumentan significativamente?

Aquí va otra obviedad

El trabajo no es un privilegio.

Y otra

El empresario no te hace un favor cuando te contrata.

Creo que pasa mucho en España que no se entiende que un contrato de trabajo consiste en que un trabajador realiza un servicio que le produce beneficios a un empresario y éste retribuye este servicio con dinero.

Aquí parece que el empresario te hace un favor permitiéndote engordar su cuenta bancaria, por lo que te paga la voluntad… cosa que debe ser agradecida a diario. Ya está bien…

Y, por último decir que esas cifras que leemos en Forbes, si no se usan para cambiar el mundo, son una vergüenza para ellos y para nosotros como sociedad… os recuerdo que vivimos en un planeta donde cada día mueren millares, no por complejas enfermedades incurables… por diarrea.

Por si cualquier peatón, o alguien que trabaje en educación quiere poner su granito de arena, aquí os dejo de nuevo una actividad que hago con mis alumnos.

LOS OTROS Y TÚ


Sin información no hay decisión

27 diciembre 2011

Quizá por decirlo rápido, quizá por decirlo mal, solemos definir la libertad como la posibilidad de elegir.

Como veremos en la siguiente charla TED, poder escoger entre muchas opciones no incrementa ni tus probabilidades de acertar con la mejor para ti, ni tu satisfacción después de elegir.

La clave está en la información.

Sin información suficiente y de calidad, en realidad, no estamos eligiendo libremente.

Quien te dice lo contrario o bien se engaña, o bien te engaña.

Ya sea cuando compras un producto, cuando participas en cualquier votación, cuando escoges un tratamiento médico o firmas un consentimiento “informado”, tomas una opción profesional… o vital. Sin información de calidad, es pura cuestión de suerte.

¿Están bien formados o bien informados quienes toman decisiones que les perjudican o les hacen más infelices? ¿Por qué en ocasiones decimos de ellos que son inteligentes? ¿Acaso porque suman muy rápido o son eruditos de algún campo?

Hay un mínimo de sabiduría al que no debemos renunciar y es el reconocimiento de nuestra propia limitación (el socrático, Sólo sé que no sé nada)

Cómo también hemos hablado (aquí o aquí), a nuestra limitación de entendimiento también hay que añadir la limitación de nuestra percepción, por distintas razones: sus propias limitaciones físicas o lo que nuestro coco hace con los datos que tomamos del entorno.

En ocasiones, como hablaba con mi compañero Luis (saludito), uno puede confundir “más información” con “mejor información”, olvidando que el hecho de que poseer más datos no significa que esos datos sean ciertos, o que no estén sesgados. De manera que las nuevas conclusiones que emergen del conjunto de datos ampliados son erróneas.

Que sólo nos quedan fragmentos de libertad ya lo sabíamos, el gran problema es cuando nos creemos que decidimos en libertad. Como otras veces hemos hablado, existirán zonas grises, pero hay clarísimos blancos y negros.

En pocos días, en España, nos han anunciado que se tomarán graves decisiones respecto a recortes para encarar la omnipresente crisis. Sin duda esos recortes irán, como siempre, sobre los derechos y el poder adquisitivo de los que menos tienen.

La gran pregunta es: ¿Es esta la única o la mejor manera de encarar la crisis?

Cuando nos dicen que tienen que recortar servicios sociales, la atención sanitaria o educativa porque “no hay más remedio”, ¿es cierto que no hay más remedio? ¿¿Cómo saberlo si no tenemos información suficiente y de calidad??

¿Cómo reaccionar entonces? Podríamos tomar las calles o incluso derrocar un gobierno que estaba haciendo lo único que podía hacer, o (y, quizá más probable) podríamos aceptarlo como inevitable y asumir una vez más que las crisis las paguen los pobres, mientras los ricos no sólo no pierden, sino que sacan partido. ¿Qué hacemos entonces?

El logro de la democracia no se consigue cuando te dan la posibilidad de votar. Hasta que no dispones de buena información y de la habilidad para entenderla, sigues siendo un esclavo, un títere… y lo peor de todo, no lo sabes, por lo que no te moverás. El mayor engaño se produce cuando ignoras que estás equivocado.

A corto plazo y a título individual, infórmate lo mejor que puedas, en la sabiduría de que tu información nunca será completa o suficiente y que tu decisión será lo que contemplas, en ese momento, como la mejor aproximación.

A largo plazo y como civilización, es necesaria la formación del conjunto de la sociedad para que pueda acceder a la información y la comprenda en la mejor medida posible. Esto lo consigue una educación pública de calidad, en la que todos puedan recibir la mejor formación posible.

¿Encontráis alguna pista sobre por qué el acceso a la información de calidad y a la formación de calidad para todos, parece no ser una prioridad para los poderes políticos o económicos?… Pues eso.

Esto que os escribo no es un discurso apocalítico o descreído… se trata de llamar a la acción y a la acción inteligente. De hecho, termino de nuevo deseándoos felices fiestas, ya que lo más inteligente es vivir apostando y rodeándonos de amor, en lo personal y en la labor que cada uno desarrolla.

Os dejo con Barry Schwartz y su “Paradoja de la elección”.

Nota. Aunque ya pusimos este vídeo hoy queríamos darle otro enfoque, aún no nos repetimos mucho…


La comida que desperdiciamos podría evitar el hambre del mundo

15 noviembre 2011

Así lo cuentan en Intermón y resulta de lo más triste leerlo. (Gracias Patricia)

Al menos siguen cayendo los velos. No es la escasez de recursos, no es la dificultad de hacer las cosas, es la omnipresente y pertinaz falta de voluntad para solucionar las cosas.

Historias parecidas oímos sobre medicamentos, energía… pero siguen pasando hambre y muriendo. Hasta cuando?

No olvidamos que los adelantos científicos hacen y pueden hacer que nuestra vida sea más larga, más cómoda y más feliz… pero sólo si tenemos el suficiente nivel humano para usarlos para el bien común.


Cómo salvar millones de vidas

24 febrero 2011

Quería hacer un gran descubrimiento médico que cambiase el mundo y salvase millones de vidas. Después de ver que lo que mata a la gente es el hambre y que habría recursos suficientes para todos si quisiéramos compartirlos… me hice profesor.

Permitidme la licencia literaria…


Tiempo de meditar

10 febrero 2011

Os dejo un texto de Javier Sáez de Ibarra, compañero profesor de Lengua y Literatura y uno de los culpables de que se publiquen mis libros.

Tiempo de meditar

Este es el momento de subir a la montaña y mirar desde arriba lo que se están tejiendo ahí abajo. Las noticias nos bombardean, los escándalos, la propaganda del gobierno y de las empresas, las distracciones y las amenazas… ayer mismo wikileaks revelaba cómo la embajada de EEUU logró que no hubiera medicamentos para pobres en Guatemala (un país mayoritariamente pobre); hace unos días hemos sabido que los ancianos trabajarán más para cobrar menos; hace unos meses el plan Bolonia devaluó los títulos universitarios y obliga a los estudiantes a estudiar pagando más si quieren que su título sirve de algo; los bancos se quedan con el piso del moroso y lo obligan a pagar sus veinticinco o treinta años del crédito que le dieron, ya para nada; nos dicen que entregaremos más dinero por los medicamentos; los funcionarios perdieron sueldo; el poder adquisitivo de todos los trabajadores se ha rebajado un 4% en los últimos diez años. Etcétera.

Es hora de ascender y mirar todo esto como un conjunto. Asistimos a una ofensiva de los poderosos (se decía “la alta burguesía”, cuando este lenguaje no nos había sido aún arrancado) contra los im-potentes: cada vez obtener más beneficios de todo lo que hacemos en nuestra vida: sea trabajar, estudiar, curarnos, entretenernos, envejecer, vivir. Formidables instituciones financieras, políticas, informativas y culturales están de acuerdo en ello; y la codicia que los mueve no conoce la piedad por los que daña. No hay hombres armados en las calles, pero (Weber dixit), son las leyes que han hecho y hacen a su interés las que nos sojuzgan. Nuestro sufrimiento español es, sin embargo, apenas un poquito del que vienen padeciendo desde hace décadas millones de personas en Latinoamérica, por ejemplo, donde la misma ambición impera sostenida por el FMI y el Banco Mundial, las sociedades financieras y las oligarquías (perdón: los grandes partidos y los grandes emprendedores).

Es tiempo de meditar en el sufrimiento, soportable o atroz, según los casos, que esta deriva nos va produciendo. Meditar para no creer mentiras, para saber lo que nos hacen, para no aceptar la propaganda y la desinformación fragmentada, para no votarles, para no necesitar lo que nos venden, para zafarnos de sus camisas de fuerza, para conversar de lo verdadero entre nosotros. Por lo menos, para la revolución silenciosa de nuestros cerebros. Para manifestarnos en la calle. No sé, para no sonreír como bobos, para tocar una felicidad no manipulada. Subir a una montaña aún no privatizada, sentarnos ahí y hablar, y esperar a otros.

Javier Sáez de Ibarra (Vitoria, 1961), vive en un pueblo de Madrid, es profesor de instituto. Ha publicado tres libros de cuentos: El lector de Spinoza (2004), Propuesta imposible (2008) y Mrar al agua. Cuentos plásticos (2009), con el que ganó el I Premio Internacional de narrativa breve Ribera del Duero; todos aparecidos en la editorial Páginas de Espuma. Y ha escrito el poemario Motivos (2004), en editorial Icaria.


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